
Traducción autorizada del fic «Don’t fight me » escrito por cynicall_terror. Parte de la serie «Don´t» que tenemos completa «Aquí«. Disfruta la lectura.

«No pelees conmigo»
Pelean porque les gusta. Cada mordida marca un comienzo, cada sonrisa el preludio a un beso. Estaba jodido, pero así estaban ellos.
Eso es lo que Tom piensa. Lo que Bill piensa, Tom no está muy seguro.
Nunca se habían golpeado entre ellos. Nunca dejaban salir la furia, esa pasión desbordante, en golpes o fuertes empujones. Todo era palabras entre ellos.
A veces Tom va muy lejos, a veces sus palabras muerden demasiado profundo y no es por los besos, no es por llegar al fondo de una buena follada, ya no. Es por lastimar a Bill. Y, joder, a veces sólo quiere saber que puede hacerlo. Quiere saber que puede provocar emoción en su gemelo, quiere saber que a Bill le importa que esté enojado, asustado, lastimado.
De vez en cuando Bill puede parecer inofensivo y manso, pero otras veces, después de una ronda de gritos con Tom, sus palabras se vuelven ácidas y queman. Bill puede decir las cosas más dolorosas.
Tom piensa que no puede follar a Bill sin estar enfadado, no cree que pueda ser dulce y seducirlo de otra forma más tierna. La furia quema a través de la vergüenza. No deberían estar haciendo esto. Nadie puede saber que lo hacen.
Y Bill puede ser tan dulce como una tarta, todo ojos enormes y sonrisas amplias. Puede acurrucarse cerca de Tom durante una entrevista y volverse de azúcar frente a las cámaras. Pero eso no es seducción, ni siquiera coqueteo. Bill ama genuinamente a su hermano, Tom lo sabe. Sabe que se aman el uno al otro como los hermanos lo hacen, al menos la mayoría del tiempo.
Bill le coquetea diciéndole que se vaya a la mierda. Esa es una buena forma de conseguir ser follado, ser besado hasta que les duelan los labios y las lenguas.
Sus compañeros de banda piensan que tienen una relación tumultuosa; a veces Georg cree que Tom de verdad odia a Bill. A veces Gustav los escucha gritar desde su litera y se pregunta cómo es que pueden soportarse.
Sólo Tom sabe lo difícil y fácil que Bill lo pone con algunas cuantas palabras violentas.
—¡Joder, no te entiendo! —grita Bill justo en medio de una buena pelea. Tienen su propia habitación en un hotel, pueden ser escandalosos. Nadie está escuchando; hay muy buenas y gruesas paredes en estos nuevos, caros hoteles.
—¡Yo no te entiendo! —grita Tom. Está duro, quiere que la pelea se dirija directo al besuqueo. Pronto. El lubricante está en su bolsillo, está listo. Ha estado listo por días. No habían tenido una razón para pelear, alguien tenía que joderla.
Así que Tom jodió con una chica.
—Es una zorra, —dice Bill mordiendo las palabras—. Una puta en busca de atención.
—Tú eres la puta que desea atención. —Tom sabe que esa es buena, los ojos de Bill se abren mucho, confundidos—. Lo sabes también.
—Prefieres follarla a ella que a tu propio hermano.
Tom se ríe ante lo absurdo que es. —Sí. Ella es perfecta, Bill. Da buenas mamadas y sabe callarse.
Bill se ríe en respuesta. —Bien. Ve a follarla, entonces. Sé que te ha seguido de concierto en concierto como un perrito perdido.
Tom podría ir a follarla pero esta pelea es demasiado buena que tiene que convertirse en algo más o los botones de sus pantalones reventarán.
—Quizá lo haga.
—Entonces hazlo y déjame solo, joder, —sisea Bill.
Casi luce como si lo dijera en serio. Tom quiere descubrir la mentira. Está bastante seguro de que ganará, pero ¿y si no? ¿Y si se va y Bill no lo detiene?
Tom se gira y dice: —Adiós, —y se dirige a la puerta.
Un paso y Bill cruza los brazos y observa. Dos pasos, aprieta los dientes. Tres pasos, se coloca justo frente a la puerta, en el camino de Tom.
—Lo siento, —dice.
Tom sabe que no es una disculpa.
—No lo sientes, —responde.
Bill asiente. —No.
—Eres de lo peor. —Tom intenta empujarlo y eso es todo, la pelea se termina porque los brazos de Bill están alrededor de Tom y se están besando. Los besos se vuelven bruscos y ambos se tambalean hacia la cama, bocas pegadas.
Bill sabe encontrar el lubricante en el bolsillo de Tom, sabe que necesitan hacerlo antes de que el enfado se apague. Bill rasga su ropa, aprieta el lubricante e inserta inmediatamente dos dedos en su cuerpo cuando se le presenta la oportunidad.
Tom rechina los dientes y se quita su propia ropa.
—Apúrate, eres muy lento, —le dice. Bill le insulta y presiona más dedos dentro. Tom sabe que está casi listo, sabe que ni siquiera necesita estar muy preparado. Bill puede soportarlo.
Antes de que Tom se ponga todo tierno y dulce, gemidos produce Bill y el mayor aparta sus dedos y los remplaza con su polla.
De inmediato Bill cae hacia enfrente, agarrándose del cabecero, y se empuja hacia atrás contra su hermano.
—Dios, —gime—. Ni siquiera pudiste esperar.
Tom recorre con una mano la sudorosa espalda de Bill y embiste con fuerza. La primera penetración siempre es la mejor.
—Aguanta, —dice Tom. las manos de Bill se aprietan en el cabecero y gime. Intenta mantenerse quieto pero Tom lo arruina y se desliza hacia enfrente, su frente se golpea contra la madera.
Tom gruñe y jala a Bill hacia atrás de las caderas. —Es algo difícil follar a una víctima que se mueve, —dice entre bruscas exhalaciones. Bill se queja y suelta el cabecero. Se endereza hasta que su espalda se nivela con el pecho de Tom. El mayor gruñe su aprobación a la nueva posición y enreda sus brazos en la cintura del otro y lo folla de verdad.
Ambos están de rodillas, entonces, y Tom le da estocadas cortas, duras, furiosas.
—¡Joder, sí! —grita Bill. Ese es el ángulo perfecto para él y para Tom también. Se estremecen y se agitan juntos, los dos tan resbaladizos por el sudor que casi se deslizan lejos uno del otro mientras se mueven. Bill aguanta la respiración y su cabeza cae en el hombro de Tom. Deja salir un abrasador aliento en el cuello del otro—. Más.
Tom sólo puede gruñir. Bill siempre quiere más. Bill es más necesitado que cualquier chica que Tom hubiese follado. Pero a diferencia de esas chicas, a Tom le importa su hermano, así que desliza sus manos hacia abajo y encuentra la dura polla del menor. Va a darle a Bill hasta que grite.
El cantante casi suelta un grito cuando las manos de Tom rodean su erección y le dan un tirón. —Tom, Tom, Tom… —canturrea sin aliento. Tom lo tiene; el pequeño rockero quedará satisfecho. Bill es difícil de complacer, siempre, pero Tom sabe cómo manejarlo. Lo ha estado haciendo desde que eran pequeños.
Casi olvida su propio placer mientras masturba a Bill, pero siente el fuego que surge en su entrepierna y comienza a embestir más rápido. El final está cerca, Bill está temblando y jadeando y apretándose alrededor de Tom. Joder, eso es algo bueno, han estado peleando por alrededor de una hora y Tom está apunto de reventar.
—Justo. Ahí. —Bill cae hacia enfrente y se corre, casi sacando a Tom de su cuerpo. Pero Tom está concentrado en su propio placer ahora, tan concentrado que folla a su hermano hasta que Bill le suplica que se detenga. El pelinegro siempre queda muy sensible al terminar.
Tom se desploma después de cinco cortas embestidas más y se mantiene dentro de su gemelo, tan sólo jadeando agitado.
—¿Tratabas de matarme? —pregunta Bill, sus palabras ahogadas por las sábanas. Tom se ríe y sale. La pelea ha terminado. Son hermanos de nuevo. Tom se recuesta a su lado y le pellizca el hombro.
—El concierto subió mi adrenalina, —dice en el brazo del menor. Bill estira las piernas y bosteza.
—Si no hubiera sido tan bueno, joder, te patearía el trasero. Tenemos que levantarnos en tres horas.
Tom lo muerde otra vez. —No podrías patear mi trasero si quisieras hacerlo.
Bill resopla. —No eres mucho más grande que yo, ¿sabes?
—Soy más grande en lo que cuenta, —responde y Bill rueda los ojos.
—De acuerdo, fuera de mi habitación.
—¿De verdad vas a correrme después de que hice que hasta tu cerebro se corriera? —pregunta. Casi se siente ofendido, pero Bill sonríe y no puede evitar sonreír también—. Vaya hermano que eres.
—Tengo que dormir, —dice Bill—. Había olvidado lo agotador que puedes llegar a ser, joder.
Los ojos de Tom se oscurecen. —Yo había olvidado lo estrecho que estás.
Sus ojos se encuentran y Tom piensa que puede ver a Bill derretirse de verdad. Tom se coloca encima, todo predador de nuevo, y sus narices chocan.
—Eres tan fácil, —le dice en voz baja sobre su boca y Bill se arquea y deja que Tom deslice tres dedos dentro de su cuerpo. Tom le acaricia su interior hasta que jadea y gime.
—Jódete, —dice Bill.
Tom empuja sus dedos más profundo y las mejillas de Bill se colorean.
—Tú jódete, —le dice.
Los ojos de Bill se cierra y sonríe. —Largo de aquí. Ve a follarte a esa niña.
Tom sabe que no irá a ningún lado, no esa noche al menos. Va a follar a Bill hasta terminar la pelea.
Pueden volver a ser hermanos por la mañana.
**
Ese es el otro tipo de pelea, en la que Bill de verdad está enojado y Tom no se da cuenta hasta que ya están hasta el fondo.
Es acerca de la misma chica y esta vez Bill no está muy complacido de que Tom la haya follado. No, en realidad no le importa si se la coge. Tom no cree que eso sea todo.
—¡Sólo admite que te gusta! —grita Bill. No están en su agradable, segura pequeña habitación de hotel. Están en la parte trasera del autobús, Georg y Gustav se han refugiado en sus literas. Ambos se habían aislado con audífonos y una película desde hacía horas.
—No me importa ni una mierda, —contesta Tom—. Nunca me han importado.
—Hablas de esta… todo el tiempo, —dice Bill. Tom aprieta los dientes—. Todo el puto tiempo.
Tom piensa que Bill celoso es atractivo. Normalmente. Le gustan los velados celos de Bill. Eso es lo que le gusta. No le gusta cuando Bill escupe veneno, cuando Bill está obviamente necesitado.
Le gusta cuando pretenden que Bill no está celoso. Le gusta alimentar esos celos, hacerlo explotar.
Pero es un juego peligroso, una fina línea que cruzar. Tom se da cuenta, mientras ve las manos de Bill temblar, que él domina ese juego. Se pregunta por milésima vez si es el único jugándolo.
—La favoreces, —dice Bill.
Tom quiere preguntar ¿Por encima de quién?, pero está apenado. Esta pelea durará toda la noche.
—Olvídalo, —sugiere Tom, cansado—. ¿Sí?
Los ojos de Bill relampaguean. —¿Por qué? Te gusta gritarme.
Tom no quiere hablar de las cosas que le gustan. Está claramente avergonzado ahora, se cubre el rostro con las manos. ¿Qué tipo de enfermo juego está jugando y para qué final? Se cierra en sí mismo.
—No encuentro placer alguno en esto, —responde calmado. Esa es la verdad. Se da la vuelta y sale de la habitación.
Esta vez Bill no lo sigue.
**
Tom ha dejado de jugar porque es enfermo y está mal. Su boca está seca, se ha hartado de pensar.
Ha dejado de jugar, será un hermano de verdad de ahora en adelante.
Se sienta en su litera, la agonía grabada en su rostro, su cuerpo inclinado hacia delante. Están en una nueva ciudad, dejaron otra pelea atrás. Está a salvo; ni siquiera se han mirado el uno al otro.
Los autos y las ciudades pasan fuera de la ventana. ¿Quién se mueve y quién se queda quieto, pegado a la tierra? Los ojos de Tom están desenfocados; ya salieron de la ciudad y los árboles corren a cada lado del autobús tratando de no rezagarse.
Está a punto de dormir, son las tres de la mañana, y entonces Bill abre sus cortinas. Entra en su litera y hace un desorden de cobijas. Tom está demasiado cansado para negarse.
Bill no dice nada, no hace movimiento alguno, así que Tom se deja ir, viéndolo difuminarse mientras cierra los ojos lentamente.
En cierto punto Bill se esconde bajo las mantas, se acurruca en su calor, y dice justo en el oído de Tom. —No pelees conmigo.
Pero quizá todo es un sueño y en la mañana Tom no recordará nada.
F I N
Gracias por leer.