Regalo gratis con su compra

«Free gift with purchase»

(Fic de undrockroll, traducido por Crazy4Bill)

—Estos broches de platino son exquisitos —dijo la alegre rubia presentadora frente a la cámara—. Hemos vendido dos mil de estos, sólo imagínense, ¡dos mil!  Cuando regresemos de nuestro corte tendremos unas hermosas perlas y rubíes  para mostrar. ¡Tomen su descanso y sus pasabocas ahora!

Bill Kaulitz estaba parado atrás del estudio, mirando a la presentadora tomar un vaso de agua y ser mimada por unos de los maquilladores del estudio.  Su nombre era Linda Bauer y era una de las presentadoras TOP del Home Shopping Channel en Alemania.

—Sería mucho mejor que ella —dijo Bill tranquilamente a Natalie Franz, una de las maquilladoras del HSC. Ella asintió dándole un codazo a Bill. Ella era una rubia bonita y delgada, unos pocos años mayor que Bill—. Sí, lucirías mejor.

—Mhm —Bill asintió ausentemente.

Linda miró a Bill y la sonrisa desapareció de su cara. — Ben —le dijo— tráeme café, ¿bien?

—¿Perdón? —dijo Bill frunciendo el ceño

—Café, Ben —dijo Linda fríamente—. Casi salimos al aire nuevamente

—Es BILL —le respondió pesadamente, Natalie rodó sus ojos y Bill se dirigió al buffet donde sirvió café para Linda añadiéndole dos de azúcar y crema, de la forma que a ella le gustaba. Cuando le dio su café, ella ni siquiera le agradeció pero Bill le dio un gélido A la orden.

Bill regresó a su posición atrás del estudio junto a Natalie y cruzó sus brazos. Tenía 21 años y era estudiante de comunicaciones de la Universidad de Hamburgo y quería estar en televisión algún día y llegar a ser el próximo Anderson Cooper u Oprah, y estaba haciendo su práctica en la HSC como presentador y vendedor.

Había estado muy contento ante la perspectiva de estar en televisión, era su sueño y HSC le había dado la oportunidad de tener el pie en la puerta. Esa emoción se había esfumado rápidamente, sólo estaba al aire a la media noche de una a dos de la mañana cuando casi nadie estaba viendo, lo que era una pena porque la apariencia de Bill era realmente buena, era alto y esbelto con piel de porcelana que le hacían conjunto con sus ojos cafés.  La gente le decía que podría ser modelo.  Su cabello negro lo mantenía rapado a los lados y siempre se peinaba con elegante copete; le encantaba maquillarse y usar joyas y su apariencia era muy extrema.  Estaba perdido entre la multitud de gente con insomnio y peor, presentando el más espantoso artículo que había visto.

—Bill —le llamó una voz más allá del set, era David Jost el jefe de comunicaciones del estudio— ¿puedes venir un momento para hablar?

Bill se quejó en voz baja, por lo menos era un escape al ojo de Linda que presentaba una llamativa mercancía. —Sí, voy David —le respondió.

Reunió sus cosas y bostezó caminando a la oficina de David, esta estaba llena de mercancía vieja, cosas que habían sido usadas como muestras o abandonadas y nunca reclamadas después que sus fabricantes las habían dejado.  Los presentadores del HSC no podían llevarse a sus casas las muestras pero David siempre decía que si podían porque ¿qué estaban haciendo? ¿Estorbando en la oficina?

Bill se sentó frente al escritorio de David y tomó un pedazo de pan de Calabaza que un presentador había vendido al aire unas horas antes.  A Bill le encantaba vender comida.  Cuando vendía vulgar joyería o artículos innecesarios, tenía que fingir  que eran las mejores cosas y eso lo dejaba exhausto, con la comida era algo delicioso y no tenía que fingir ese sentimiento ni un poco.

—Hola Bill —dijo David desde detrás del escritorio, le sonrió y señaló al pan—. Llévate el resto a casa, tengo algo de Gluten y no puedo comerlo

—Gracias —le dijo Bill y tomó la caja de pan y se lo guardó en su bolso— ¿De qué querías hablar?

—Tengo una oferta —le dijo David—, sé que la próxima semana es Navidad y nadie quiere trabajar hasta tarde pero te ofrezco dos horas cada noche de fin de semana previos a noche buena, sería para empezar a las once de la noche y terminar a la una de la mañana, podrías presentar una variedad de cosas y algunos de los fabricantes más representativos estarán contigo también.  ¿Qué opinas?

Bill hizo caras. —¿Es por qué soy un practicante no remunerado y técnicamente no puedo decir No?

David se encogió de hombros—. Bie…bien…

—No importa —le dijo Bill con una sonrisa—, lo haré

—Grandioso, no sabes cómo me salvas, si hubieses dicho que no, quizá tendría que ir yo al aire y sabes cómo es.

Bill rió, él sabía cómo era David, no le importaba nada de las cosas que se vendían en  HSC y a él no le daba temor mostrarlas, era sarcástico al aire haciendo bromas de la mercancía y discutiendo con los que llamaban sobre por qué malgastaban su dinero en cosas inútiles.

—Bien, gracias por la oportunidad —dijo Bill, de hecho se sentía emocionado; normalmente no podía ni siquiera soñar con estar en el aire antes de la medianoche.

—No hay problema, empiezas el lunes y como Navidad es el sábado este año, tus segmentos estarán hasta el viernes —le dijo David—. Tendrás Sábado y Domingo libre para disfrutar con tu familia, si eso es lo tuyo.

—Eso es —le respondió Bill—. Gracias

Bill se llevó un par de cosas más de la oficina de David y salió del estudio.  Caminó hasta su carro para empezar su viaje a casa.  Vivía en un condominio con su padre Jorg quien era camionero.  Jorg casi nunca estaba en casa pero le había prometido estar en casa para Navidad y Bill quería realmente verlo.  Adoraba a su padre y ellos eran todo lo que el otro tenía.

Cuando Bill llegó a casa, se quitó sus botas y se tiró en el sofá tomando una rebanada de pan de calabaza de su maleta; mientras masticaba, pensaba en la ropa que podría usar la siguiente semana que estuviera al aire y hacia nota mental de llamar a Natalie y planear algún excitante look para su maquillaje.  David le había insinuado sutilmente que le bajara el tono a su maquillaje cuando estuviera al aire, argumentaba que no tenía problema con eso pero que algún cliente potencial se sentiría intimidado, Bill no estuvo de acuerdo y mantuvo su mismo estilo.

Bill había dado dos mordidas al pan de Calabaza  y cayó en un sueño profundo, soñando que vendía bisutería y cerditos bailarines de porcelana.

&

El siguiente día era sábado y Bill había dejado el tiempo para trabajar en tareas y documentos finales.  Tenía un curso intenso en la universidad ese semestre y sumado a la práctica en HSC, era pesado, quería tener todo su trabajo listo antes de empezar esa larga semana en el HSC.

Miró sus notas de uno de sus trabajos finales (una investigación sobre la evolución del mercadeo a través de la televisión) y suspiró, adoraba su especialización pero el trabajo era muy tedioso.

Su teléfono timbró y miró la pantalla e inmediatamente sonrió, era su padre.

—Hola papá —saludó con una gran sonrisa.

—Hola Billy —respondió Jörg, se escuchaba cansado y Bill frunció el cejo, estaba preocupado por su padre y sus largas horas en camino—. ¿Cómo está mi aspirante a estrella de televisión?

—Ya no más un aspirante —le dijo Bill alegremente—, tengo muy buenas noticias del HSC y traje a casa unas gran cantidad de aperitivos para que comamos en Navidad, alguien estuvo vendiendo Jamón hace unos días y sé que te gusta, así que voy a ver si puedo tomar uno.

Jörg rió. —Gracias, tú como siempre pensando en mí. ¿Cuáles son las buenas noticias?

—Voy a tener toda una semana saliendo al aire con segmentos de dos horas nocturnas, empezando a las Once, ¡las ONCE!, usualmente no me dejan estar frente a la cámara antes de media noche.

—Eso es realmente grandioso, estoy realmente orgulloso de ti —respondió Jörg.

—Te extraño —le dijo Bill—. ¿Estás camino a casa, cierto?

—Mi última entrega en Viena es sobre el 23, así que creo que estaré en casa hasta la víspera de Navidad. No puedo esperar, voy a dormir por días.

Bill sonrió y le respondió con un Ok.

—Bueno, debo dejarte para volver al trabajo —le dijo Jörg—. Te amo

—Te amo también, adiós papi.

Colgaron y Bill miró sus documentos de la investigación nuevamente, suspiró y estiró sus piernas golpeando su mochila de trabajo donde salieron unas  fresas gourmet cubiertas de chocolate; se metió una a la boca y se dispuso a trabajar.

&

—No querrás perderte esta oportunidad —dijo Bill con una brillante sonrisa en su rostro—. Si llamas ahora, recibirás el 30 por ciento de descuento en tu siguiente orden, ¡no puedes dejar pasarlo!

Sostenía uno de los ítems arriba, un gato de cerámica que venía con diferentes accesorios para vestirlo para las diferentes estaciones y festividades, era completamente espantoso y Bill apenas quería siquiera tocarlo.

—Miren que precioso, el regalo perfecto para alguien de la oficina y por supuesto tenemos nuestros ejemplares aquí vestidos con temas de invierno, ya que estamos en nuestras festividades decembrinas. Y he aquí Santa Cat —Bill levantó la figura de un anaranjado y gordo gato con un extraño sombrero de santa en su cabeza—. Y ¿qué sería de santa sin la ayuda de sus elfos? —alzó otro gato con un sombrero con campanillas ladeado sobre su cabeza—. Oh miren, ¡KwanzaaCat! Esto no se ve todos los días.

Bill suspiró, no podía creer que desagradable y ridículo era su trabajo.

—Pero por supuesto que uno de mis favoritos es el AngelCat —dijo con fingido entusiasmo.  Tomó un par de brillantes alas del contenedor y las posó sobre los cuerpos de los gatos de cerámica. Después agregó un poco de pegante—. ¿Pueden ver esto? Vamos, díganme que no es la cosa más perfecta, ¡el mejor regalo… para cualquiera! Por dios, ¡yo quiero uno!

El camarógrafo rio en voz baja. Su nombre era Gustav Schäfer y era otro practicante de la Universidad de Hamburgo, haciendo su práctica para su curso de videografía. Bill y Gustav habían sido amigos desde el primer día que se conocieron en el HSC.

Bill apretó su sonrisa y miró a Gustav a los ojos. —El AngelCat realmente trae el espíritu de la Navidad, no importa como la celebres —dijo Bill. Miró al apuntador y aplaudió— ¡Ustedes deberían de comprarlo ahora! Empezamos con tres mil gatos de cerámica y ¡Ahora tenemos mil doscientos! ¡Rápido, rápido!

Ese era un truco de venta, solo se habían vendido cien pero para los presentadores del HSC se les instó a actuar como si los artículos eran vendidos tan rápidamente que vaciaban las estanterías, también les decían que debían actuar como si estos artículos fueran las más fascinantes, hermosas y deseables cosas que hayan visto.  Bill nunca estudió actuación pero descubrió que era realmente muy bueno en eso.

—Sólo tres cómodas cuotas de pago de 17 Euros —dijo Bill tiernamente—, ese es un precio exclusivo de HSC, no lo podrá ver en otra parte —pausó y se mordió el labio por un momento al ver una luz verde encenderse en la pantalla del apuntador—. Oh ¡vamos con nuestros televidentes que nos llaman! Tenemos a Gretchen de Berlín. ¡Hola Gretchen!

—Hola querido — dijo una voz cansada y pesada de una mujer que parecía muy anciana.

—Hola —respondió Bill con una sonrisa— ¿Compró ya su gato de cerámica?

—Tú sabes que sí —respondió Gretchen— sólo que no tengo suficiente de ellos, los compré hace 3 años y tú tienes nuevos colores y accesorios, estoy impresionada.

Bill asintió. —Cuáles colores tienes, ¡cuéntanos!

—Tengo el persa, el atigrado y el siamés —respondió Gretchen encantada—, acabo de comprar el gato con Esmoquin con los accesorios de los elfos de santa y el equipo de snowboard.  Le regalé uno a mi hermana el año pasado y le encantó.  Mi sobrina elogia mi atigrado todo el año y a mis nietos les encanta vestirlos.

—Es maravilloso escuchar eso —dijo Bill aunque por dentro pensaba Usted es de las personas más patéticas que he conocido—.  El pequeño equipo de snowboard, ¡¿pueden creerlo?!

—Espero mi envío para tenerlo en estas festividades; estaré sentada aquí cada noche en el sofá esperando que algo tan maravilloso salga nuevamente.  Muchas gracias por estos tesoros.

—Un placer —Bill respondió pomposamente—. Gracias por llamarnos, Gretchen.

—Felices fiestas querido y tengo planes para usar ese 30% de descuento en mi próxima orden tan pronto sea posible.

—Oh, estoy seguro que lo obtendrás —le dijo Bill—, apreciamos a nuestros frecuentes compradores como usted.

—¡Gracias! ¡Adiós!

La risa de Bill se amplió.

—Durante nuestra charla con Gretchen, ¡unos cientos más se vendieron! No estoy bromeando cuando digo que esos se venden solos.

Una luz amarilla llegó del apuntador anunciando cortes comerciales.  Bill apoyó sus manos en el mostrador y sonrió alegremente hacia la cámara— ¡Bien, volveremos con más botas navideñas, puntas para su árbol y más cosas que causarán sensación!

Una luz roja se iluminó anunciado que estaban fuera del aire en anuncios comerciales y Bill enterró su cara en sus manos gruñendo audiblemente. —Voy a morir

Gustav se quitó sus audífonos y se alejó de la cámara. —¡Nah! No lo harás, no sé cómo lo haces hombre.

Bill levantó uno de los gatos de cerámica y frunció el ceño. —Yo tampoco, estas cosas son patéticas  y repugnantes.

—Aw son unas cosas tiernas —dijo Gustav con un guiño—. A mi tía abuela quizá le encantaría, ¿los empleados tendremos un descuento?

Bill le hizo una mueca a su amigo y fue abordado por Natalie quien empolvó las mejillas de Bill mirando hacia atrás y adelante, apreciando su tez.

—Estás un poco sonrojado —murmuró— ¿Emocionado por los gatos de cerámica?

Bill le saco la lengua. —¡Mentirosa!

—Nada que un poco de polvo traslucido no pueda arreglar —le dijo Natalie, quien siguió con la cara de Bill y la voz de Gustav dando la señal de 30 segundos para estar al aire de nuevo.

—Sólo trata de no exagerar, ¿de acuerdo? Cuando finges emoción por estas cosas estúpidas cosas, tus mejillas se llenan de manchas.

—Cállate, ¿quieres?

Natalie rio y desapareció dentro de la sala de maquillaje, Gustav se puso sus audífonos y Bill tomó un gran respiro tomando su lugar tras el mostrador nuevamente.

—Regresamos —dijo Bill ante la cámara—. Justo durante los comerciales, alguien me contó que su Tía Abuela le encantarían los gatos de cerámica.  Esto es una maravillosa revelación, apuesto que todos tienen en su vida a alguien que le encante que le den una de estos como regalo.

Gustav hizo una expresión de vomito tras la cámara y Bill aguanto la necesidad de reírse.

—Mi favorito —dijo Bill tomando una figura del mostrador— es este pequeño gato blanco y gris, creo que es precioso, miren la artesanía.  Cada figura ha sido pintada por artistas locales de Hamburgo.  Pusieron el mayor cuidado y atención en cada raya y bigotes.

Sostuvo el gato para que Gustav hiciera un acercamiento por un momento.  Las luces del estudio danzaron sobre el gato haciéndole brillar.

—Muy bien —prosiguió Bill, devolviendo el gato al mostrador notando la luz verde en el apuntador —¡Oh y hay alguien más en línea con nosotros! Es… uh… Tom de aquí mismo… en Hamburgo, bien, eso es interesante, Hola Tom de Hamburgo, estas al aire con HSC.

Hubo un silencio en la línea y los ojos de Bill miraron al apuntador.

—Hola, ¿Tom? —dijo nuevamente.

—Hola —respondió una voz masculina— gracias por contestarme.

Bill sonrió brillantemente. —¿Así que eres fan de los gatos de cerámica?

—Te podría decir que quizás —respondió Tom con una risa, su voz era juvenil y burlona— tienen realmente su algo.

—Por supuesto que lo tienen —dijo Bill— tantos para elegir, ¿cuál escogiste?

—Ah, no lo sé, les dije que me sorprendieran.

La risa de Bill se congeló y miró a Gustav quien tenía las mejillas rojas de contener la risa.

—Así que eres fan del trabajo del artista en general —dijo Bill de manera agradable— Entiendo, es una verdadera obra de arte.

—¿Realmente lo crees? ¿En serio?  —le preguntó Tom.

—Sí —dijo Bill firmemente tomando de nuevo el gato gris y blanco—. Sólo basta con verlos, tan cariñosos.

—Bien, sin duda me lo vendiste —dijo Tom—, eres un gran vendedor.

—Gracias.

—Sólo tengo una pregunta sobre los gatos —dijo de nuevo Tom.

—¿Oh? —Bill sintió que la parte trasera de su cuello transpiraba.

—Como ordené una de esas cosas, ¿Tú vienes incluido?

—¿Qué? —Bill se echó a reír.

—Bueno, no sabría qué hacer con un gato de Cerámica de Santa pero tengo unas cuantas ideas de lo que podría hacer contigo —Tom dijo en tono arrogante.

Bill apagó un poco su risa mientras que los hombros de Gustav se sacudían detrás de la cámara.

—Okey, chico listo —dijo Bill sonriendo tan ampliamente que le dolieron sus mejillas—. Gracias por llamar y espero disfrutes tus gatos de cerámica.

—¡No lo dudes! —dijo Tom antes que los operadores cortaran la línea.

Bill trató de cesar su risa y tomó unas cuantas de respiraciones profundas, recordando lo que le dijo Natalie sobre las manchas.

—¡Oh cielos! —dijo Bill a medida que su risa se apaciguaba— La emoción de la televisión en vivo —se recostó contra el mostrador sacudiendo su cabeza—. Muy bien, nos estamos quedando sin tiempo esta noche, pero no se pueden perder la oportunidad de tener estas hermosas figuras felinas y recuerden, ustedes siempre pueden ir a la página web de HSC para ordenar lo que presentamos al aire.  Búsquenos en Facebook y Twitter para ofertas exclusivas.  Como siempre, ¡gracias por vernos! Regresaremos mañana en la noche, buenas noches y felices fiestas.

La luz roja se prendió y Bill salió riéndose. —¿Quién demonios le dejó pasar? —preguntó.

Gustav rió. —Tú no puedes predecir lo que alguien va a hacer una vez que estén al aire. Probablemente sonó muy sincero con los operadores y para ser honesto, también pensé que era muy sincero. Y para ser franco, el realmente quería meterse en tus pantalones.

Bill rodó sus ojos. —Si claro, probablemente una broma.

—Una broma muy cara —señaló Gustav—, esos gatos de mierda cuestan 51 euros cada uno más impuestos más envío y manejo.

—No lo sé, la gente es rara —respondió Bill tomando un poco de su botella de agua y mirando la hora.  Eran pasadas la una de la mañana y estaba listo para irse a casa y dormir.

David salió de su oficina con su chaqueta y llaves del carro en mano. —Buen trabajo Bill.

—Gracias —le respondió— fue divertido, no puedo esperar hasta mañana.

—Estaré fuera de la oficina por el resto de la semana —le dijo David—. Si tienes algunas preguntas, tienes el número de mi casa; trata de no usarlo mucho, he esperado por esta semana de vacaciones por meses.

—No te preocupes, todo irá bien.

David asintió. —Es bueno saber que tus trajes estrafalarios no están asustando a los clientes, hiciste ventas impresionantes

—Um… gracias —dijo Bill, pero sabía que  David tenía buenas intenciones.

—Ten unas buenas vacaciones.

—Mhmm… adiós por ahora —David pasó por delante de Bill y se despidió de los otros.

Bill se volteó hacia Gustav y le dio una simpática mirada. —Estás aquí hasta las cuatro, ¿verdad?

—Oh sí —dijo Gustav decaído—. Las chimeneas artesanales Amish son los próximos, ahí es cuando comienza la diversión

—Te veo mañana —le dijo Bill despidiéndose.

Bill se sintió mejor tan pronto abandonó el edificio y se dirigió a casa; en el camino, pensó en Tom de Hamburgo y casi se echa a reír nuevamente.  No había tomado su trabajo en la HSC del todo en serio.  Seguro, tenía un pie en la puerta para convertirse en una personalidad de la televisión, pero no era una noticia contundente, todo era consumismo.  Las cosas se ponían increíblemente aburridas así que las llamadas que le hacían reír eran bienvenidas.

Se preguntó que le traería el resto de la semana.

&

Martes en la noche y Bill ya estaba listo, vestido con un jersey de cachemira ceñido negro,  jeans negros ajustados y tirantes brillantes de plata. Natalie le había peinado impecable, y le maquilló los ojos ahumados y las mejillas color rosa. Se adornó con colgantes de plata, y estaba listo para salir.

—Nuestro próximo producto es una hermoso y atento regalo para alguien especial en tu vida —habló Bill hacia la cámara.  Pasó una mano por el soporte de collares de terciopelo negro donde se exhibía un colgante de piedras preciosas falsas—. Este colgante mágico pondrá una sonrisa en el rostro de la persona que lo reciba, o mejor aún, ¡que te des el gusto de tenerlo!

El colgante rodó en una pequeña pantalla motorizada y Gustav hizo un acercamiento al artículo.  Bill suspiró y le dio una mirada a su reloj, eran casi la una de la mañana y su noche estaba que terminaba, solo veinte minutos más para dejar esta mierda.

—Es cien por ciento plata —continúo Bill—, es un buen artículo, no va  a dejar su cuello verde, ¿no odias eso? La peor parte de eso, es que todos se enteran que es joyería barata, bien, eso no va a pasar con esta pieza, ¡se los garantizo!

Bill apenas tocó las piedras preciosas y resistió hacer una cara terrible. —Te miraran y harás voltear cabezas. Llévalo a la fiesta de la empresa o  la de fin de año, es perfecto para toda ocasión incluso con jeans y zapatillas deportivas, ¡toma el riesgo!

Una luz verde parpadeo en el apuntador y Bill asintió

—Tenemos una llamada, estamos al aire con…. —miró al apuntador y no lo podía creer— Tom de Hamburgo.

—Hola —respondió Tom amablemente en ese tono de broma.

Bill cambio miradas con Gustav, quien alzó un hombro.

—Entonces, Tom, ¿ya compraste uno de esos hermosos pendientes?

—Sí —dijo Tom.

Bill sonrió ante la cámara— ¿De veras?

—Me encantó —respondió Tom graciosamente.

—Dinos porqué —le instó Bill.

Tom rio, con un sonido amistoso y juguetón. —Oh, ya sabes, me atraen las cosas brillantes.

—Conozco ese sentimiento —le dijo Bill.

—Pero ese no es el artículo brillante que me inspiro a llamar esta noche —continuó Tom— el artículo que me gustaría es mucho más brillante.

Bill sonrió. —Bien, la única cosa que estamos vendiendo en este momento es el pendiente, de hecho, hay algunos anillos que hacen juego en el siguiente segmento que te serían muy interesantes.

—¿Los presentarás tú?

—No.

—Entones, nah, no estoy interesado, sólo el pendiente de esta noche creo.

—¿Haciendo tus compras navideñas de último minuto? —Preguntó Bill— mejor deberías apurar todos tus envíos

—Vivo cerca al estudio, así que será rápido de todas maneras —respondió Tom— ¿Quizá podrías entregarlo personalmente?

—No es mi trabajo —le dijo Bill con descaro.

—Oh que mal.

—¿Para quién es el pendiente? Si se puede saber —Bill sabía que no debería hacer las llamadas más largas al aire, pero ya estaba casi por terminar su turno y Tom estaba claramente coqueteando con él.

—Se lo regalaré a mi tía —respondió Tom— le encantan las cosas de mal gusto.

Bill puso una mano sobre su boca y soltó un bufido. —Bueno, para un hombre de mal gusto hay otro hombre…

— ¿Feo? —Tom acotó.

Bill sintió que sus orejas se calentaron y sonrió encantadoramente.

—Creo que es hermoso —mintió Bill—, claramente no tienes buen gusto.

—No en joyería —respondió Tom— pero tengo buen gusto en gatos de cerámica con accesorios navideños.

—Como un leal comprador —dijo Bill—. Me temo que es todo el tiempo que tenemos. Gracias por llamar de nuevo Tom de Hamburgo.

—Nos vemos —dijo Tom tristemente y la línea se cortó.

Bill sonrió para sí mismo y miró hacia la cámara.

—Bien, estaré toda la semana vendiendo regalos navideños de último minuto para que ustedes lo tengan.  Gracias por vernos y nos veremos la próxima vez, el mismo lugar mañana en la noche.

La luz amarilla del apuntador cambió  a Rojo  y Bill rio.  Gustav apagó la cámara y sacudió su cabeza y salió para fumar un cigarrillo.  Bill salió del estudio y fue hacia la sala de operadores. Se adentró al área de prueba de sonido la cual estaba llena de varios operadores tomando llamadas, y teléfonos timbrando y una música suave de fondo.

Bill divisó a Georg Listing, uno de los operadores que conocía y se sentó a su lado.  Georg era uno de los encargados de decidir que llamadas iban al aire  para comentar su compra.  Tenía sus audífonos sobre los hombros a la altura de su cabello castaño y sus ojos brillaban con aire de culpabilidad cuando llego Bill.

—Sé que fuiste tú —dijo Bill claramente.

—No tengo idea de lo que hablas —respondió Georg.

—Tom de Hamburgo —Bill pinchó el hombro de Georg

—El seguro tiene algo contigo —dijo Georg riendo—. No lo pude evitar, ¡es divertido!

—Sí —admitió Bill— ¿De verdad compro esas cosas?

—Dijo que compraría siempre y cuando hablara con el sexy chico que estaba vendiendo esas mierdas —dijo Georg— fueron sus palabras no las mías. Hablé con él un poco, va a la universidad de Viena y está de vacaciones de Navidad, se suponía que iría con sus amigos de la escuela a esquiar pero algo de último minuto le hizo quedarse en casa. Chico agradable, de hecho, se ve un poco calmado.

—Agradable para ser un acosador.

Georg hizo un ruido con su lengua —Aww creo que es un admirador no tan secreto.

Bill rio fuertemente haciendo que los demás operadores le miraran y le dieran una señal de silencio.

—Ok Ok… —dijo tranquilamente— Yo terminé por esta noche.

—Te veo mañana —le dijo Georg meneando sus cejas.

Bill salió del estudio esa noche sintiéndose liviano. Era agradable ser admirado.

&

La siguiente noche, Bill llegó al estudio más temprano para arreglar unos documentos de su práctica.  Era casi final de diciembre y quería aplicar a una extensión, especialmente desde que había tenido la oportunidad de estar al aire regularmente.  Aunque tuviera que presentar las mercancías más patéticas y la demografía de los compradores eran mujeres ancianas, le gustaba la sensación que le daba la cámara.  Sabía que era bueno en eso.

Bill terminó de llenar la aplicación a la extensión y la puso en el correo de David. Miró su reloj y vio que tenía dos horas hasta que saliera al aire. Anduvo por los vestuarios y divisó a Natalie limpiando su área de trabajo.

—Hey —le saludo Bill, se sentó en una de las sillas del director, frente al espejo, y le sonrió a Natalie.

—Hey muñeco —respondió la rubia.  Dejó unos cuantos pinceles de maquillaje y se paró frente a Bill— Uh Uh… creo que te va a salir un grano.

—¿Dónde? —dijo Bill mirándose en el espejo.

—Justo ahí —Natalie le tocó la piel en la sien izquierda haciendo que Bill se inclinara un poco para observarlo—. ¿Ves?

—No —dijo Bill— pero cúbrelo de todas maneras, quiero lucir impresionante esta noche.

Natalie asintió. —¿Para Tom de Hamburgo?

—¿Quién más? —Bill rodó sus ojos.

Natalie sonrió y empezó a aplicar crema hidratante en la cara de Bill.

—Quién quita y ya tengas tu propio fan club, ¿ah?

—Con un miembro —dijo Bill—. Ese es el pequeño club más triste que he escuchado.

Natalie estuvo de acuerdo y prestó atención a la espinilla que empezaba a salir. —Donde hay fuego…

—¿Qué quieres decir? —preguntó Bill.

—No te muevas —ordenó Natalie.

Bill le permitió a Natalie convertirlo en su muñeco personal por la siguiente hora, y luego fue para empezar el programa esa noche.  Tenía que admitirlo, lucia muy bien, Natalie hizo que la piel de Bill prácticamente brillase y con sus ojos desorbitantes. Ella le había aplicado un sutil gloss en sus labios y Bill se sintió listo para comerse al mundo, bueno, sobre todo a Tom de Hamburgo.

—Bienvenidos —dijo Bill hacia la cámara con una sonrisa deslumbrante —Estamos cada vez más y más cerca de Navidad, pero aún no es tarde para comprar algo especial para esa personal especial, les aseguro que encontraran ese algo en HSC.

Bill levantó el papel y miró e primer artículo. —Muy bien, esta noche tenemos un trato, no sólo venderé cosas únicas y excitantes, sino que el talentoso artista que los hace a mano estará conmigo.  Tenemos a Ingrid Spreckels, co propietaria de SprecklesHoly Replicas.

Las pocas personas en el set empezaron a aplaudir y la cámara enfocó a la anciana sonriendo y sosteniendo una caja de madera. Bill caminó hacia ella, sonriendo y estrecharon sus manos.

—Señora Spreckles, cuéntenos ¿Qué hace usted? —le preguntó Bill.

—Oh sí, es una réplica hecha a mano de los eventos de la biblia en madera y perlas.

Bill tragó duro para tragarse su desprecio. —Oh, eso suena maravilloso, por favor, muéstrenos su trabajo.

La cámara enfoco a la mesa llena de artículos y a Ingrid y Bill tras ellos. Ingrid levantó una réplica de un pesebre completo tallado en madera y decorado con perlas brillosas.

—Mi esposo y yo hicimos estos —explicó Ingrid—. Hemos hecho estos por años.  Él hace las escenas en el más fino cedro y yo les doy vida con perlas.  Este es el nacimiento de Cristo.

Gustav acercó la cámara al artículo y Bill cruzó sus brazos cubriendo su boca con su puño.

—Maravilloso —dijo Bill—. Mira la artesanía incrustada.

—Cada pieza toma horas —Ingrid dijo de manera importante— ¿Por qué? Simplemente tallar y decorar al niño Jesús lleva horas.

—Oh… —dijo Bill, no sabía que más decir.

—Y aquí la réplica de la anunciación —continuó Ingrid levantando la figura de una mujer presumiblemente la Virgen María, siendo rodeada de Ángeles—. Mi esposo le colocó sangre real, sudor y lágrimas en estas piezas.

Ew pensó Bill

—Bien, creo que cada artista pone una parte de su alma en su trabajo.

—Sí —dijo Ingrid— Ahora me gustaría mostrar una pieza del Arca de Noé, tiene al menos ochenta piezas todas removibles.

Bill dejó salir un suspiro y se abstuvo de rodar los ojos.  Dejo que Ingrid hablara sobre sus obras de arte y cuando había pasado media hora, Bill sonrió brillantemente.

—Bien, volveremos con algo único y excitante —dijo Bill ante la cámara—. Ahora unas palabras de nuestros patrocinadores.

La luz amarilla se volvió Roja y Bill se alejó del mostrador de ventas.  Estaba pensando en Tom de Hamburgo y no estaba sorprendido que aún no hubiera llamado, la compra de un collar o un gato de cerámica era una cosa, pero la réplicas de las escenas de la Biblia costaban varios cientos de Euros, sin mencionar otras cosas.

Natalie aplicó más polvos en la cara de Bill y arregló su cabello. —NO toques tu cabello —le reprendió—, tiene suficiente spry y no se moverá.

—Lo siento, no estaba pensando —respondió Bill.

—Labios —murmuró ella y le volvió a aplicar más gloss en ellos y luego se tocó la barbilla—. Listo, impresiónalos y noquéalos.

Bill se paró tras un nuevo mostrador de ventas esperando por el conteo regresivo y  la señal de Gustav. Cuando la luz verde se iluminó, Bill sonrió.

—Regresamos. Si se perdieron el último segmento, pueden ir a nuestra página web ahora mismos y verlo.  SprecklesHoly Replicas, realmente impresionante, y un gran regalo para los que están… emm… realmente metidos en la iglesia.

Gustav se rio y meneó su cabeza.

—Ya saben, realmente dentro de Dios y Jesus y ….—Bill se fue apagando y tuvo que cambiar de tema.

—Bien, estoy realmente emocionado por el próximo producto.

La cámara enfocó hacia abajo y reveló un grupo de pequeños suéteres y collares para perros con correa a juego.  Bill sonrió y levantó un mini traje de Santa Claus.

—¡Ropa de Navidad para su perro!— sonrió ampliamente— Son siempre la mejor compra, así que usted querrá llamar ahora. ¡Oh miren! Este sueter hará que su cachorro luzca como el Grinch.  Bien, normalmente el Grinch es una mala opción, pero su cachorro se verá tierno, como un botoncito en ese diminuto traje de Grinch.

Gustav enfocó toda la colección y Bill levanto un collar con campanillas alrededor, lo sacudió un par de veces y se hecho a reír.

—Ustedes nunca perderán el rastro de su pequeño Rino-Perro con este collar —dijo Bill sintiéndose ridículamente cursi.  Levantó otro collar que parecía una bufanda con pingüinos en skies—. ¿Quién dijo que sólo los humanos podían llevarse toda la diversión con la moda? Estoy seguro que mi a pequeño perro le encantaran estas ropas.

Gustav le hizo gestos a Bill y este se dio cuenta que tenía una llamada para él.  El estómago de Bill  se revolvía y trago saliva antes de contestar. —Bien, tenemos una llamada.

Gustav de nuevo hizo un plano general de la mercancía mientras que Bill miraba el apuntador y por supuesto que era… —Tom de Hamburgo —dijo Bill con una sonrisa pervertida— ¿Cómo estás hoy?

—Muy bien, gracias y ¿tú? —dijo Tom con voz arrogante.

—Estoy bien —respondió Bill— Así que, ¿Cuál de las ropas para perritos compraste esta noche?

—Compré el traje de Santa para mi Setter Ingles —dijo Tom, su voz fue miel para los oídos de Bill—. Ya es muy grande para eso, creo que probablemente le dé algo más; Reggie, ese es su nombre, le gusta estar desnudo de todas maneras.

—Bien, él se lo pierde —dijo Bill—. Mi Dachsy le encanta el traje de Santa.  Ella casi nunca está sin ropa de algún tipo.

—¿Cuál es el nombre de ella? —preguntó Tom.

—Scarlet, bien, ese es su nombre oficial, como ara cuando la llevo al veterinario y eso. Pero por alguna razón, la llamamos Burbuja.

—¿Por qué Burbuja?

Bill encogió los hombros. —No lo recuerdo.   Ella es mi princesa y la adoro.

—Ella es afortunada de tenerte —le dijo Tom con seriedad.

Bill se sonrojó. —Bien, ella no vive conmigo ahora, esta con mi tía porque en mi edificio no permiten…. —se calló y frunció el ceño.  Estaba dando demasiada información personal al aire y no se sentía cómodo con eso—. Bueno, quiero decir, que te van a encantar tu traje de Santa para tu perro.

Tom rió entre dientes. —Eres tierno.

Bill abrió su boca para decir algo, pero se dio cuenta que no tenía palabras.  Se quedó mirando tontamente a la cámara con el estúpido collar de perro en sus manos.

—Gracias —dijo Bill suavemente.

—Y veo que de hecho te gusta este producto —continúo Tom.

Bill hizo mueca. —Me gustan todos los productos.

—Oh, vamos —dijo Tom inexpresivo.

—De veras —insistió Bill— ¡Y aparentemente a ti también!

Tom se rió. —Bill, compraría cualquier cosa si eso significa que me hables.

Bill no dijo nada con sus mejillas estaban rosas. — ¿De verdad?

—Dentro de lo razonable —Tom respondió— por cierto, te ves realmente sexy esta noche.

Bill tosió, cerca de ahogarse con una risa estridente y tomó uno de los suéteres de perros para ocupar sus manos. —Bien… um… gracias de nuevo por llamar

—No lo puedo resistir —dijo Tom.

—Eres muy amable —respondió Bill, sonrió con la idea en su interior de que Tom de Hamburgo estaba afuera en algún lugar viéndolo en ese momento—. Ten unas lindas fiestas.

—Gracias —dijo Tom—. Hasta que nos veamos de nuevo.

La línea se cortó y Bill dejó escapar un gran suspiro.  Cerró sus ojos y trató de controlarse.  Así como Tom de Hamburgo le estaba viendo, miles de otros estaban viéndoletambién.

—¡Ok! —Bill miró a la cámara y supo que sus mejillas estaban coloradas.  Natalie estaba detrás de Gustav, con una mano tapando su risa—. Si no hay más llamadas…

Gustav meneó su cabeza.

—Basta con mirar este equipo sugarplum para su perro — dijo Bill levantando un pequeño tutu de lentejuelas que brillaban con las luces del estudio —Ella o él serán una lindura en este vestido.

&

— ¿Llegaras tarde la noche de Navidad? —dijo Bill con el ceño fruncido— Pero, ¿por qué? Trabajo todo el día de hoy y mañana y quiero pasar el día de Navidad contigo.

— ¿Estás trabajando casi en Navidad? —Jorg le preguntó— ¿Qué pasó?

—Te lo dije, soy una estrella de TV ahora —le dijo Bill con un puchero

Jorge sólo sonrió.

—Sólo ven a casa, ¿ok? No me importa estar en casa solo, pero no en Navidad, es patético, te traje Jamón y otras cosas.

—Ahí estaré —le respondió Jörg—. Tengo que salir ahora, la última entrega de la noche.

—Te amo — le dijo Bill.

—Te amo también, Billy.

Bill cortó la llamada y suspiró y entró al estudio de HSC; dejó su mochila y su chaqueta en su casillero.  Había planeado su vestuario muy cuidadosamente ese día, y todo era para Tom de Hamburgo.  No sabía mucho sobre el otro chico, pero le gustaba lo que le hacía sentir ese Tom.  Vestía un traje de acuerdo al tema de lo que se vendería esa noche y que también acapararía la atención de Tom de Hamburgo.

Bill tomó ventaja el hecho que David estaba fuera de la oficina esa semana para vestir algo más fuera de lo normal.  Llevaba una camiseta negra sin mangas y ajustada y unos leggins de Leopardo, un grueso cinturón de cuero adornaba su cintura y aunque no se veía al aire, traía unas botas altas que le llegaban a la rodilla y algunos brazaletes de plata adornaban su cuello y muñecas.

Camino hacia la mesa de comida donde Georg y Gustav estaban comiendo donas y levantaron sus cejas cuando vieron a Bill

—Bien… bien —dijo Georg—. Mírate

— ¿Demasiado? —preguntó Bill— vamos a vender disfraces para los niños esta noche, orejas de animales y otras cosas y quería estar a tono.

Gustav solo se rió. —Eres afortunado que David no esté aquí.

—Me veo bien —dijo Bill confiado sirviéndose un poco de café y mirando su reloj, tenía una hora antes de salir al aire así que se tomó su café lentamente.

—Bill —le llamo Georg—. quiero hablarte de algo.  Noté que anoche, uh, estabas un poco nervioso después de que Tom de Hamburgo salió al aire.  Osea, pienso que fue divertido al principio, el coqueteo fue grandioso, pero ahora veo que él te hace sentir un poco incómodo.

Bill bajo su taza de café y frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Estabas un poco rojo después de la llamada anoche —dijo Georg—. Me gusta molestarte, pero si quieres que no te pase más sus llamadas no lo haré.

Bill negó. —No, está bien, puedo manejarlo.

—Creo que le gustas —dijo Gustav bromeando.

—No —Bill replicó— es sólo… es un buen cambio de todos los patéticos que llaman, eso es todo.

—Bill tiene novio —dijo Gustav con voz cantarina.

—No —dijo Bill burlándose.

Georg y Gustav molestaron a Bill cuando se alejó de la mesa y no se detuvo hasta que llego a la sala de maquillaje y se sentó frente a Natalie solemnemente.

—Hola tú —dijo Natalie— ¿Trabajando en un nuevo look? Me gusta mucho, esos leggis son fantásticos.

—Gracias —dijo Bill un poco resentido.

—No frunzas tanto el ceño, te saldrán arrugas —le dijo Natalie tomando una brocha,empezó a esparcir polvo por la cara de Bill—. Creo que necesitaremos poner polvo en los hombros también

— ¿Por qué?

—Porque cuando termine con tu cara y cuello, tus hombros no encajaran —murmuró Natalie mirándole a la cara, Bill cerró los ojos y suspiró; cuando Natalie terminó de maquillarle Bill se miró al espejo quedándose sin aliento.  Natalie le había dado unos ojos felinos.

—¿Qué fue esto? —preguntó Bill.

—Sólo unos sutiles ojos de gato, por el tema de hoy —le dijo Natalie sonriendo.

—Ah, Gracias —Bill miró su reloj y abrió sus ojos, en dos minutos salía al aire—. ¡Debo darme prisa!

Bill corrió hacia el otro lado del estudio y casi muere de la risa cuando vio las ventas en el mostrador.  Estaba cubierta de disfraces para niñas, varitas mágicas y orejas de gato. El piso detrás de él estaba decorado como un castillo de dulce.  Bill miro a Gustav quien se rio.

—Si sacas todo eso, te compraré una cerveza —le dijo Gustav.

—Lo necesitaré —replicó Bill.  La luz amarilla del apuntador se encendió y el show comenzó.  Bill sonrió a la cámara y puso sus manos en el mostrador.

—Buenas noches —dijo agradablemente—. Gracias por sintonizarnos esta noche.  Tenemos una selección muy especial para todos los pequeños soñadores.  Yo sé que estarán pensando, que es un poco tarde para presentar cosas para niños. Bien, yo creo que es una locura pero es el momento perfecto para presentar cosas para niños.  ¿Cómo puede comprar en secreto sus regalos de Navidad y esconderlos debajo del árbol para la mañana?

Bill levantó una varita mágica y presiono el botón en el extremo la cual hizo un sonido floreciente e se ilumino brillantemente — ¿Pueden ver esto? Yo sé que hay muchas princesitas afuera que han perdido sus varitas.  También tenemos sombreros y capas de princesas. Para todas esas hadas princesas, también tenemos alas.

Mostro un par de brillantes alas de color rosa y azul.  Gustav acercó la cámara lentamente al material.

—Qué hermoso —dijo Bill— son extremadamente durables también, con doble costura, hechos de elástico reforzado. Oh y veo que se venden rápido.  Trescientos se han vendido en los últimos cinco minutos.

Extendió algunos tutus brillantes y zapatos de jugar relucientes, y sonrió encantadoramente.

—Cuando era niño, me encantaba disfrazarme, bueno, no como una princesa, lo siento si los desilusioné, me encantaba jugar a pretender —escogió dentro de las prendas de vestir, un par de orejas de gato y una cola—. Esto a más conmigo, me encantaba fingir ser un animal, como un gato o un perro.

Bill devolvió las orejas y la cola al mostrador mientras Gustav hacia un acercamiento a los productos.

—Tenemos las orejas y la cola en rosado, azul, leopardo, mi favorito como pueden ver, y el negro con lentejuelas —levantó cada uno de los colores, cuidadosamente colgados en el tablero detrás de él para mostrar—. Y esto no es sólo para niñas. Los niños pueden jugar a disfrazarse, también.

Una luz verde se prendió en el apuntador y Bill sonrió. —Creo que tenemos una llamada.

Gustav le dio el visto bueno y Bill sonrió. —Hola, estás al aire.

—Tenemos que dejar de encontrarnos así.

Bill rodó sus ojos y se inclinó contra el mostrador, cruzando los brazos. —Tom de Hamburgo.

—No puedo tener suficiente de este material —dijo Tom.

—No me digas que compraste un conjunto de vestido —preguntó Bill.

—Sí —respondió Tom—. Me gusta lo que dijiste, no sólo para niñas pequeñas.

—¿Así que te gusta jugar a disfrazarte? —preguntó Bill.

—Nah, es para mi sobrina, le encantaran.  Tengo una curiosidad, ¿puedes mostrarme el set de orejas rosas nuevamente?

Bill se volteó y tomó las orejas rosas del mostrador y las sostuvo a la cámara— ¿Ves? Toda niña le encantará el rosado intenso. Estoy seguro que a tu sobrina también.

—Quizás si me muestras el leopardo —solicitó Tom.

Bill lanzó una mirada a la cámara y se volteó para tomar el juego de orejas de leopardo.  Se volteó nuevamente y las mostró a la cámara — Es de piel falsa pero….

—No, no — interrumpió Tom — No he mirado bien al leopardo.

Bill acercó las orejas a la cámara. —¿Ves?

—Quiero decir, el otro leopardo —dijo Tom —no las orejas, más la cola, creo.

—No sé…. — Bill se apagó y se sonrojó cuando se dio cuenta lo que Tom quería decir.  Los leggins de leopardo. Tom estaba verificando su trasero al aire—. Okeyokeyokey, nos estamos saliendo del tema.

Tom solo reía.

Bill suspiró sacudiendo su cabeza divertido. —¿Alguna otra pregunta?

—Hmmm… sí, muéstrame las orejas negras.

Bill con mucho agrado se volteó mostrando su trasero a la cámara para buscar las orejas negras se dio vuelta nuevamente y sonrió dulcemente blandiendo las orejas. —¿Te gusta lo que ves?

—Dios, sí —dijo Tom— ahora, ponte las orejas

—Um… no, creo que eso no va a pasar —dijo Bill.

—Aw, vamos, ¿Cómo sabré como lucen si no me muestras?

Bill puso una mano en su cadera —Bien, puedes ir a nuestra página web donde hay fotos de los modelos usando cada set.

—Soy muy perezoso para tomar mi laptop, ¡vamos! —Tom imploró.

Bill dejo escapar un suspiro y se puso las orejas de gato negras con lentejuelas.  Eran un poco pequeñas y tallaban su cabeza, pero miró hacia la cámara.  Se sintió travieso, como si le estuviera haciendo algún tipo de show privado a Tom de Hamburgo.

—Esos lucen bien —remarcó Tom— ¿Supongo que no te convenceré de ponerte la cola?

—No —dijo Bill rotundamente.  Sonrió y acarició una de las orejas—. Por sólo 20 Euros estos pueden ser suyos junto con la cola a juego. Los sueños de cada niña se harán realidad con estos juegos de vestir.  Tom de Hamburgo apuesto que a tu novia lo encantaba jugar a vestirse cuando era pequeña.

—No podría saberlo, no tengo novia — respondió Tom.

Bill sonrió mucho más. — ¿No?

—Nope.

—¿Alguien especial en tu vida? —Bill preguntó inocentemente.

—Seguro, de hecho, la razón por la que estoy en casa toda esta semana de vacaciones de Navidad en vez de estar de vacaciones con mis amigos es porque le hice una promesa a una persona especial.

—Oh… —dijo Bill inexpresivamente, de repente no sintiéndose más alegre.  Tom de Hamburgo estaba involucrado con alguien.  Se paró sin saber que decir en ese momento tratando de ordenar sus ideas, cuando vio a Gustav que le hacía señas de que ya termianara.

—Uh… en fin, espero que disfrutes tu compra, quiero decir, espero que tu sobrina la disfrute —dijo finalmente.

—Vale cada centavo —dijo Tom—. Hey, te digo algo más: compraré dos sets más si haces algo por mí.

Bill cruzó sus brazos y levanto una ceja ante la cámara. — ¿Sí?

—Haz MIAU por mí.

Bill se echó a reír y sacudió su cabeza. —Okey Tom de Hamburgo, muchas gracias por llamar. Tenemos tiempo para otra llamada antes de irnos para comerciales.

Gustav casi se cae al piso de la risa y Bill quitó las orejas de su cabeza.  Se alisó el cabello y su camisa y sonrió. —Estamos al aire con Jacqui de Münich.

—Hola ahí —dijo una voz agradable y airosa de mujer —Primero que todo, quiero decir que he disfrutado tus segmentos esta semana, verdaderamente tienes pasión por lo que haces.

Bill resopló pensando en Tom, ¿Por qué tenía que ser tan lindo? —Gracias.

—Y tú te veías adorable con esas orejas, de hecho, eso fue lo que finalmente me empujó a comprar un set para mi nieta, tiene casi siete años y acaba de tener su primer gatito.  Su nombre es Glinda como la bruja buena del Mago de Oz. Oh, le encanta esa historia, de hecho, llamé a principios del mes para comprar el set de ornamentos del Mago de Oz que alguien de tu equipo estaba vendiendo.

—Eso es bueno —dijo Bill sonriendo levantando las orejas de gato negro sobando las lentejuelas con su pulgar preguntándose como luciría Tom, ciertamente parecía sexy, le encantaba la arrogancia y el tono de su voz.

Gustav le hizo señas a Bill sacándolo de su ensoñación, dejo el set de orejas de gato y sonrió. —Bien, gracias por llamar Jacqui, espero que tu nieta le encante el set de vestidos.  Regresaremos después de unos mensajes de nuestro patrocinador.

La luz del apuntador se tornó roja y Bill dejo salir un tembloroso suspiro

&

Bill estaba parado frente a la cámara en la última noche.  Era  agridulce, estaba esperando por su tiempo libre y por su padre que estaría en casa pronto.  Su solicitud para la extensión de su práctica estaba bajo revisión y había recibido un e-mail de David diciendo que las oportunidades eran buenas.

Lo mejor de todo, Bill vestía tan irresistible que incluso Georg y Gustav le habían golpeado por error cuando entro al estudio. Sus vaqueros ajustados sostenidos por sus caderas y su camisa mostraba un poco de piel cuando levantaba los brazos.  Estaba de muerte.

No podía quitarse esa rara sensación de que extrañaría  a Tom de Hamburgo una vez que la noche terminara, nunca se habían conocido y de hecho Tom estaba acosando sexualmente a Bill al aire, pero Bill no lo veía como tal, le hizo sentir a Bill que era deseable y especial como si realmente fuera una estrella.

—Salimos en 30 segundos —Gustav le dijo a Bill con una seña,  quien ahora tenía un sombrero de Santa sobre su gorra de béisbol de marca—, hagamos una buena noche.

Bill asintió y miró sus anotaciones, hizo caras a los productos que estaban para la venta y de pronto la luz verde que daba el anuncio del aire se encendió.

—Buenas noches y feliz pre noche buena —dijo Bill cariñoso.  Caminó saliendo detrás del mostrador y mostró todo su cuerpo a la cámara

—Bienvenidos a las últimas ventas de esta noche,  tenemos maravillosos productos y si se quedan conmigo, creo que pasaremos un buen rato.

Cruzó los brazos dejando expuesto sólo un poco de estómago y cadera y regreso detrás del mostrador. —Esta noche es Navidad y nuestro estudio ha estado muy ocupado haciendo preparaciones. ¿Qué hay en tu lista de deseos? Tal vez tendremos algunos de esos artículos esta noche.

Bill hizo un gesto a la mesa con aperitivos gourmet. —Primero, tenemos un producto popular.  Esta cesta de delicadeces gourmet es un regalo delicioso e ideal para los que no tienen idea que regalar. Nadie dice no a los quesos, galletas saladas y maní y hay galletas también. Si eres alérgico a los frutos secos, entonces le interesará nuestra canasta sin maní.

Tomó algunos de los paquetes de la canasta, y sonrió. —Aunque, estoy bastante seguro de que hay alguien por ahí que está muy interesado en mis nueces.

Gustav resopló y le dio una señal con su dedo.  La luz verde parpadeó en el apuntador y Bill sonrió ampliamente.

—Tenemos una llamada —dijo Bill mientras pensaba Inhala, exhala, aplomo—. Hola, estás al aire en HSC.

—Hola —se escuchó la voz suave de una mujer, leyó en el apuntador Lydia de Leipzig y Bill frunció el ceño.

—Hola —dijo Bill— Gracias por llamar.

—Compro esas canastas para mis nietas todos los años —contó la mujer— son perfectas.

—Sí—dijo Bill intercambiando una mirada con Gustav quien sólo alzó sus hombros—. Oh… uhm… ¿cuál canasta compró?

—Mi yerno es alérgico al maní, así que me gustó la que tiene queso, galletas y café —dijo Lydia.

—Ya veo —contestó Bill sin entusiasmo—. Bien, gracias por llamar y feliz Navidad.

—Lo mismo —respondió Lydia.

Bill forzó una sonrisa y levantó su cabeza. —Bien, nos encanta escuchar de nuestros clientes que han comprado una canasta, esta es la mejor parte del trabajo, ya saben, interactuar con todos ustedes.

La luz verde volvió a parpadear nuevamente y Bill sonrió. —Y tenemos otra llamada, esta vez es… —su sonrisa vaciló— Johannes de Berlín.

—Me alegro de estar al aire —Johannes dijo amablemente—. Ordené tres de las canastas con salchicha y mostaza de Dijon, mi esposa y yo se las damos a nuestros socios.

—Oh sí, ofrecemos variedades de estas canastas —le dijo Bill—. Hay cuatro tipos de canastas. ¿Se muestran en la pantalla?

Gustav asintió.

—Bien —dijo Bill vagamente, sonrió y tocó una de las canastas—. Pero por supuesto mi favorito es la que tiene mani, ¿Hay alguien quien quiera mis nueces? —pestañeó inocentemente

—Bien, no —dijo Johannes — hay mucha gente que es alérgico a las nueces por estos días.

—Gracias Johannes de Berlín —dijo Bill, forzando una sonrisa en su cara y mirando su reloj.  Faltaba Hora y cuarto para que su programa se acabara—. Alguien más que tenga un comentario o pregunta sobre nuestros productos debe llamar ahora.

Gustav le hizo una señal que continuara y Bill mordió su labio.

—Muy bien, volveremos en unos momentos con más emocionantes productos —dijo Bill—.

 Por favor no se vayan.

Bill miró a la pantalla negra preguntándose si Tom de Hamburgo estaba sintonizado.  Tomó un poco de agua y dejo a Natalie que le polvoreara su piel.  Una hora después y Tom aun no había llamado y Bill se sentía como una flor marchita.

El último segmento del programa estaba un poco extraño, Bill estaba vendiendo una colección de muñecas TinyMiracles que eran muñecos hechos a mano para que se parecieran a bebes reales. Era quizá la más espeluznante cosa que haya vendido o visto aún y esperaba sinceramente que Tom no llamará y comprara uno de esos. Sería realmente extraño.

—Tenemos en la línea a Cynthia de Dortmund —dijo Bill mirando con cautela a un bebé de pelo negro en su cuna, e hizo una mueca a la cámara—. Hola, Cynthia.

—Hola cariño —dijo Cinthia— estoy tan feliz de llamar y he disfrutado viéndote toda la semana.

—Gracias —dijo Bill con una media sonrisa—. Cuéntanos, ¿compraste una de estas cosas? Er… ¿estos hermosos muñecos?

—Los colecciono —Cinthia se derritió — He adquirido cada bebe de cada etnia y compré el bebé nativo Americano.  Mi novia le fabrica hermosas ropas para bebes y me prometió un Papoose genuino para esta preciosidad.

Bill asintió. —Eso es… especial.

—Lo sé muy bien, no quiero demorar, es tarde y estoy segura que necesitas ir a casa, ¿me harías un favor? —le preguntó Cinthia.

—Claro, porque no. ¿Qué favor quieres? —le preguntó Bill.

—¿Puedes decirle hola a mis muñecas bebes que tengo en casa? —Cinthia sonaba realmente encantada—. A ellos les encantaría.

Bill miró a la cámara, sin habla.

—¿Perdón?

—Que saludes a mis muñecas —repitió Cinthia.

Gustav meneó su cabeza arrugando su nariz.

—Uh… —Bill se encogió de hombros— Hola muñecas… bebes. Espero… que tengan una buena Navidad junto a Cinthia.

Cynthia se rió estridentemente. —¡Gracias amor! ¡Buenas noches!

Bill se frotó la frente por un momento y miró de nuevo a la cámara. —Bien, eso completa mi transmisión. Oficialmente es noche de Navidad y espero que todos ustedes tengan unas maravillosas fiestas. He disfrutado pasar estas noches con ustedes.

Pausó y sonrió. —Y realmente me ha encantado hablar con alguno de ustedes. Uno de ustedes en particular. Quiero decir, ha sido grandioso. Muchas gracias por acogerme en sus hogares y disfruten el resto del año. Buenas noches.

La luz roja se iluminó y Gustav sonrió ampliamente.

—¡Lo hiciste! —Le dijo dándole un pequeño golpe.

Bill asintió. — Sí, se siente raro.

—Bien, probablemente tendrás una extensión a tu práctica —le dijo Gustav— Haremos esto nuevamente.

Bill sonrió suavemente. —Sí, probablemente.  Bien, ten un buen descanso, ¿está bien?

—Tú también, estoy aquí hasta las cuatro de nuevo —le dijo Gustav rodando sus ojos— compradores navideños de último momento nunca descansarán.

Bill sonrió y salió del set. No pudo creer cuan abatido se sentía porque Tom de Hamburgo no haya llamado en su última noche. Probablemente nunca volvería hablar con él nuevamente.

&

Natalie esparció una crema hidratante sobre la frente y mejillas de Bill. Este suspiró en voz baja. Se sentó en la silla de maquillaje mirando a su reflejo.  Natalie removió todo su maquillaje y había perdido todo su brillo y glamour. Él incluso había cambiado su vestuario y usaba unos pantalones deportivos y una vieja camiseta de banda que tenía en su casillero. Estaba cansado, decepcionado y se sentía completamente ridículo.

—No frunzas el ceño tan fuerte —le dijo Natalie—. Estarás tan molesto cuando tengas arrugas prematuras.

—No me importa —respondió Bill— estoy cansado.

—Estás de mal humor —remarcó Natalie— y sé por qué.

Bill se encogió de hombros y se dejó caer en la silla.

—Porque Tom de Hamburgo no llamó esta noche —le dijo Natalie—. Cariño, olvídate de él.

— ¿Por qué? —preguntó Bill— era divertido.

—Seguro, pero muchos chicos son divertidos —dijo Natalie peinando el cabello de Bill y sacando la laca hasta que estuvo suave—. Y muchos chicos, de hecho, muestran su cara.

Bill gruñó y Natalie rodó los ojos. —Quédate quieto, hay algo de mascara en tu mejilla.

Cuando Natalie terminó, Bill le dio un abrazo y un beso en la mejilla. —Te veo después de las fiestas —le dijo Bill—. Te enviaré un email y esas cosas.

—Hidratante —le dijo Natalie—. No quiero ver tu piel con un aspecto menos perfecta de lo que es ahora.

Bill frunció el ceño tan duro como pudo, arrugando la nariz, y Natalie lo pellizcó en el costado. —Te veo pronto.

Bill estaba a punto de salir del edificio pero recordó despedirse de Georg. Entro a la sala insonorizada de operadores y robó una silla cerca de Georg quién estaba tomando una llamada de un cliente. Espero a que Georg terminara su llamada. Luego vio cómo se quitaba los audífonos y sonrió.

— ¿A qué debo el placer? —le dijo Georg

—Hora de irme — contestó Bill — Sólo quería decir adiós y …etc…

Georg sonrió. —Patrañas.

—Tal vez —dijo Bill encogiéndose de hombros inocentemente.

Georg le dio una dura mirada y cruzo sus brazos. —Oh Bill.

—¿Qué?

—Está triste porque tu novio de al aire no te llamo esta noche —le dijo Georg—. Lo sé, es muy obvio.

—Cállate —contestó Bill— vine para despedirme, para nada más.

—Bien —dijo Georg levantando sus manos—. Bien, ten una buena Navidad.

—Tú también —le dijo Bill—. Te veo luego.

Georg asintió. —Oh, y quizá quieras esto —le pasó a Bill un pedazo de papel con un número escrito. Bill levantó una ceja.

— ¿Qué? —Bill tomó el papel y lo miró.

—Por supuesto que llamó —le dijo Georg sonriendo—, llamó tan pronto empezaste a hablar sobre tus nueces, le pregunté si quería ir al aire nuevamente y dijo que no, no quería intimidarte. Así que el siguiente movimiento es todo tuyo, semental.

Bill esbozó una sonrisa. —¡No lo voy a llamar!

—¡Oh vamos Bill! —le dijo Georg— Él ha hecho todo el trabajo hasta ahora.  Creo que puedes gestionar una pequeña llamada.

—Quizá —Bill arrugó el papel en su mano y lo guardó en su bolsillo—. Gracias, ten unas buenas fiestas.

—¡Ah! Ven aquí —Georg empujó a Bill en un abrazo y un apretón. Cuando se separaron, Bill golpeó a Georg en el hombro y rodó los ojos.

—Asno —le dijo Bill. Sonrió y salió del estudio.  Cuando entró a su carro, se sentó por un momento sin poner la llave en el encendido.  Sacó el pedazo de papel arrugado de su bolsillo y suspiró.

Tom de Hamburgo se leía con la letra de Georg con un número escrito debajo. Bill miró hacía la ventana y sonrió. Incluso no conocía a Tom. Por todo lo que sabía, Tom podría ser una clase de asesino sicótico, podría tener una deformidad severa, no haciéndolo apto para la sociedad.  Podría ser verdaderamente feo.

Si Bill llamaba, realmente no significaba nada. Sólo era la continuación de un inocente coqueteo. Podría ser la primera interacción con un fan. A Bill le gustaba como sonaba eso.

Bill tomó su celular y  marcó el número de Tom. Cerró los ojos fuertemente y oprimió la tecla de llamar, su estómago se arremolinaba locamente mientras sostenía el auricular a la oreja.

El teléfono timbró y timbró y Bill esperó que hubiera marcado mal o se fuera al correo de voz, pero eso no sucedió.

—¿Hola? —llegó una voz familiar y Bill casi se echó a reír.

—Hola —respondió Bill— ¿Es Tom de Hamburgo?

Tom rió, y el sonido estaba mucho más cerca de la oreja de Bill, mucho más íntimo y cálido de lo que había estado en el estudio.

—Sí —le dijo— ¿Quién quiere saber?

—Ya sabes —le dijo Bill, con toda su cara enrojecida, y sus manos se sentían frías y húmedas—, no me hagas decirlo.

—¡No puedo creer que me hayas llamado! —le dijo Tom— Sinceramente, no lo veía venir. Te dejé mi número como este acto loco de la fe, y luego vi el resto de tu emisión con un corazón roto.

—No lo hiciste —Bill se rió—. Eres un cabrón.

—¿Es eso lo que querías decir al aire pero no pudiste? —preguntó Tom.

—Sí —dijo Bill firmemente—, te pasaste toda la semana acosándome.

—Lo sé —dijo Tom—. Lo siento.

Bill sonrió. —Perdonado ¿De veras compraste todas esas cosas repugnantes?

—Mhhm… —contestó Tom— Es una gran cosa, considerando que soy un estudiante universitario en quiebra. ¿Qué diablos voy a hacer con una canasta de frutos secos gourmet?

—¡Tú querías mis nueces! —exclamó Bill— ¡Lo sabía!

—Entonces, vamos por Wafles.

Bill frunció el ceño. —¿Qué?

—Tengo hambre —dijo Tom— conozco una grandiosa casa de waffles. Abren las 24 horas y tienen un millón de diferentes sabores.

—¿Me estás invitando a salir? —preguntó Bill levantando una ceja.

—No —dijo Tom suavemente— sólo estoy sugiriendo que vayamos a comer waffles.

—¿Cómo puedo verte para ir a comer waffles? Ni siquiera sé qué aspecto tienes —dijo Bill.

—Haremos que funcione. Te envió la dirección de la casa de Waffles en un mensaje de texto. ¿Podemos encontrarnos allí en media hora?

—Eres persistente —dijo Bill.

—Sé lo que quiero —contestó Tom.

—¿Y qué es eso?

—Waffles

Bill rio. —Está bien chico listo. Te veo en media hora.

—Adiós Bill.

Bill tembló cuando colgó y un momento después su teléfono vibró con un nuevo mensaje.  Era de Tom y tenía la dirección de la casa de waffles que había ido un par de veces.  Sonrió y encendió su carro y empezó a manejar.

&

Bill se sentó en el parqueadero de la casa de waffles hasta que estuvo 10 minutos tarde. Estaba temblando de nervios y casi le envía un mensaje a Tom para cancelar y separarse para siempre. Pero él no quería hacer eso. Había algo emocionante sobre este encuentro.

Salió del carro y se abrigó fuertemente. Estaba helado afuera y las ventanas de la casa de waffles estaban empañadas. Trató de mirar dentro del lugar pero no podía ver bien, de modo que suspiró y entró al edificio.

A pesar de que eran casi las dos de la mañana, la casa de waffles estaba llena de actividad. Olía maravilloso.  Bill cerró sus ojos e inhaló las esencias, sintiendo el calor se aferra a su piel fría y calentando sus entrañas. Se acercó al mostrador y le sonrió a la chica detrás de él.

— ¿Cuántos estarán en tu fiesta esta noche? —le preguntó ella.

—Oh, me encontraré con alguien —le dijo Bill—, creo que ya está aquí.

—Seguro, adelante y mira —le dijo ella con una sonrisa.

Bill se deslizó más allá del mostrador para explorar la zona del comedor. Habían unas 50 personas ahí.  3 de ellos estaban sentados solos y uno de ellos era un joven.  Bill miró al joven tratando de mantenerse oculto.

Él realmente era muy guapo.  Tenía un largo cuello y piel bronceada con algunos lunares.  Sus ojos castaños eran cálidos con grandes pestañas y cejas gruesas. Tenía cabello negro que estaba atado en trenzas cortas.  Todo en él era delgado y masculino pero elegante. En el labio inferior tenía un pircing.  Llevaba una chaqueta sencilla de lana negra con una bufanda verde y leía el menú.

No podía ser Tom.  Este chico era muy maravilloso para ser Tom.  Quien fuera quien estuvo viendo HSC toda la semana, llamando y comprando basura inútil, tenía que ser un perdedor.

Suspiró y se sentó en un puesto vacío. Estaba realmente empezando a arrepentirse de haber llamado a Tom.

—Bienvenido a la casa de los waffles —le dijo una mesera deteniéndose en el puesto de Bill— ¿puedo tomarle su orden?

—Un poco de café, por favor —le dijo Bill. Le sonrió y empezó a quitarse su abrigo cuando la mesera se alejó de su mesa. Y justo cuando dejaba su abrigo en la silla junto a él, alguien llegó parándose al pie de la mesa.

Era el chico guapo de trenzas y le sonrió.

—¿Hola? —dijo Bill.

El hombre se sentó frente a él y cruzo sus brazos en la mesa. —No pensé que fueras a venir.

—¿Tom de Hamburgo? —dijo Bill abriendo su boca.

Tom asintió, toda su cara se iluminó mientras sonreía.  Bill no podía creer que este guapo chico fuera SU Tom de Hamburgo.  La mesera regresó con una jarra de café y dejó dos tazas en la mesa con un tazón con crema y azúcar.

—No puedo creer esto — murmuró Bill, Todo su rostro se sonrojó y apenas se atrevía a mirar a Tom en el ojo, él era ese guapo chico.

—Bien, déjame empezar diciendo que soy Tom de Hamburgo —dijo Tom—, de hecho es sólo Tom Trümper.

—Bill Kaulitz —respondió Bill extendiendo su mano, se estrecharon las manos y sintieron un choque eléctrico y Bill sonrió.  Examinó la cara de Tom y meneó su cabeza.

—¿Por qué? ¿Por qué estabas viendo HSC toda semana?

Tom se rio y vertió un poco de crema en su café.

—Bien, estoy de vacaciones de la universidad.  Se suponía que iría con un grupo de amigos a esquiar.

—Verdad —interrumpió Bill—. Te quedaste en casa a último minuto por alguien especial.

Tom se inclinó un poco hacía adelante y miró a Bill indiferente. — Sí, él es especial.

Bill bebió un sorbo de café para contenerse de no gemir. —¿Ah?

—De hecho le prometí que no iría a ningún lado en las vacaciones de Navidad —Tom dijo casualmente—. ¿Quieres ver una foto?

Bill se encogió de hombros.

Tom sacó su iPhone y le mostró a Bill una foto.  Era de un niño vestido como un reno, rodeado de otros niños vestidos de hombre de nieve, santa y elfos.

Bill frunció el ceño confundido.

—Es mi sobrino Stephen —dijo Tom afectuosamente— tiene siete años. Cree que soy muy cool por alguna razón, así que cuando descubrió que no estaría en la ciudad para ver su recital navideño sacó su chantaje emocional que fue demasiado para mí.

—¿En serio? —preguntó Bill.

—De modo que he estado en casa, muy aburrido, con un severo caso de insomnio —continuó Tom—. Una noche estaba cambiando de canales y estabas ahí. No pude dejar de mirar.

Bill sonrió.

—Y estamos aquí —finalizó Tom encogiéndose de hombros y bebiendo un poco de café.

Bill suspiró. —No debiste haber comprado toda esa basura.

—Ahora él me lo dice —Tom sonrió mientras la camarera regresaba a la mesa.

—Chicos, ¿están listos para ordenar? —les preguntó.

Tom abrió la boca pero Bill interrumpió. —Sí, tomaremos cada uno de los sabores de waffles— le respondió—. Huevos revueltos, mucha crema batida, y gran cantidad de jarabe.

—Está bien — dijo la camarera— ¿y serán dos cuentas separadas?

—No, yo pagaré —dijo Bill con una sonrisa— se lo debo a este chico.

Cuando la camarera se retiró, Tom rodó sus ojos. —No me debes nada.

—Sí —insistió Bill—, compraste ese desagradable gato de cerámica.

—Oh sí —dijo Tom haciendo caras— me debes unos cuantos waffles.

—Entonces, ¿de casualidad viste cuando esa señora me hizo decir hola a sus muñecas?

Tom se rio. —Sí, estaba agradecido que vendieras las nueces antes que esas muñecas porque no podría haber comprado uno de esos. Esos son un lio.

—Te hubiera juzgado —dijo Bill— a lo grande.

—Bien, la cosa buena fue que tus nueces llegaron, ¿ah?

Bill sonrió. —Bien, aún no los tienes.

—Oh de veras —dijo Tom asintiendo—. De tres a cinco días de envío y despacho. Demonios, no llegarán a tiempo para Navidad.

Bill sólo rio. La camarera llegó con un impresionante plato con waffles y huevos, y pronto cada centímetro de la mesa estaba cubierta por un plato de delicias. Bill y Tom se atrincheraron y charlaron de todo hasta el amanecer durante la siguiente hora, y cuando habían terminado todos los platos y Bill pagado la cuenta, se quedaron fuera de la puerta de la casa de Waffles.

—Gracias por invitarme a salir, la pase realmente muy bien, me siento un poco enfermo ahora, pero tú estabas bien —le dijo Bill sonriendo.

Tom ladeó su cabeza un poco y levantó su mano para acariciar la mejilla de Bill. —Me encanta verte sin maquillaje.  Eres mucho más hermoso. No lo creía imposible.

—Gracias —dijo Bill arrugando la nariz.

—Quiero decir que me enamoré de ti casi de inmediato —dijo Tom con una suave sonrisa.

Bill se mordió el labio, y luego se inclinó hacia delante y besó a Tom en la esquina de sus labios. Tom envolvió con sus brazos la cintura de Bill y se besaron en el escalón de la entrada de la casa de los waffles, intercambiaron calor entre ellos en el frío. Los labios de Tom sabían a café y galletas con sabor a waffles y cuando se separaron, se rieron.

—Me siento un poco enfermo —confesó Bill

Tom asintió. —¿Cenas conmigo?

—¿Más comida? —Bill palideció, y Tom se echó a reír.

—Mañana —le dijo Tom.

—Mañana es noche buena —dijo Bill—. Cena con papá.

—Después de Navidad —sugirió Tom.

Bill asintió. —Está mejor.

Se besaron de nuevo y esta vez Bill no se sintió enfermo, se sintió bien y cómodo y realmente no podía esperar para volver a Tom de Hamburgo nuevamente. Después de cinco minutos, se separaron y se despidieron.  Bill empezó a regresar a su carro cuando Tom corrió tras de él.

— ¿Qué? —preguntó Bill sin aliento.

—Es sólo que… — Tom se metió las manos en los bolsillos, sus mejillas y la nariz enrojecidos por el frío—. Bueno…

—¿Qué? —Bill volvió a preguntar, con el ceño fruncido.

—¿Con quién debo hablar para devolver todo eso?

La boca de Bill se quedó boquiabierta. —Tom de Hamburgo, no deberías.

Tom se encogió de hombros. —Bie… bien, lo que quería no costó nada.

Bill rodó sus ojos y besó de nuevo a Tom. —De ninguna manera.

—Nos vemos el día después de mañana—dijo Tom.

—Quizás.

Tom movió sus cejas. —Y no dudes en aparecer debajo de mi árbol de Navidad.

—Ja, ja—dijo Bill, regresando a su carro.

—Vamos, Bill —dijo Tom con ojos juguetones—. He esperado toda la semana.

Bill sonrió cuando llegó a su carro  y abrió la puerta. —Tengo que ir a casa.

—Está bien —dijo Tom— Feliz Navidad, Bill.

Bill subió a su auto y comenzó a manejar. Observó a Tom en su espejo retrovisor y cuando se detuvo en una señal de alto en la calle, sacó su celular y tomó una foto rápida de sí mismo. La adjuntó a un mensaje de texto y escribió » Feliz Navidad, Tom”.

& Fin &

Gracias por leer.

por Crazy4Bill

Traductora del Fandom

4 comentario en “Regalo gratis con su compra”
  1. Que historia tan maravillosa y qué increíble trabajo de Crazy4Bill, imaginen es un one-shot de más de 10.000 palabras. Aparte de lo maravilloso del fic, esta historia se merece muchas lecturas y comentarios por el inmenso trabajo de ella.

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