Traducción de Analif

«Rush»

Bill se detuvo en la plataforma, calando su cigarro ignorando los señalamientos de “No fumar”. En serio, ¿a quién le importa? Había tenido un día terrible y necesitaba un cigarro. La gente se apresuraba de todas direcciones, como hormigas, corriendo hacia algún lugar. El subterráneo estaba frío como siempre,  bajo tierra, con un ligero silbido del viento y luces en un suave amarillo. Hacía que los rostros de las personas lucieran cansados, llamativos, viejos, agotados, enfermos. Donde quiera que Bill mirara, había gente parada, esperando, y el espacio se llenaba cada vez más de personas bajando de las largas escaleras mecánicas.

Odio la hora pico, pensó Bill, tirando el cigarrillo a las vías. El tren llegó entonces, silbando hasta detenerse y abrir sus puertas. Entró con  un suspiro, apresurándose entre la multitud de cuerpos.

Se las arregló para caminar hasta una esquina al final del vagón y se detuvo con la espalda contra la pared. Tenía un largo camino por delante, y aborrecía quedarse al lado de las puertas, con gente entrando, gente saliendo, todos ellos empujándolo y apretándolo y tocándolo.

Eso arruinaba sus vestimentas creando arrugas, sin mencionar que alguien siempre pisaba sus prístinos zapatos. Las personas eran rudas, empujaban y se metían, haciéndolo querer apartarlos, fuerte. Sobre todo, odiaba pararse cerca de alguien, especialmente si esa persona usaba un escandaloso perfume o apestaba a sudor. Lo hacía sentir náuseas.

Paseó la vista alrededor del vagón, su mirada deslizándose entre los pasajeros. Justo frente a él estaba un tipo de pie y mirando por la ventana. Bill sólo podía ver su perfil, esculpido y ligeramente delicado, la pequeña pendiente de su nariz con una suave punta hacia arriba. El chico tenía negras trenzas y vestía ropas amplias, no exactamente el tipo de hombre que a Bill le gustaba. Pero había algo en él, un magnetismo animal, algo que llamaba la atención y Bill se encontró a sí mismo mirándolo.

Parpadeó y apartó la mirada cuando el chico se giró y lo sorprendió, sintiéndose un poco avergonzado. Odiaba cuando alguien le miraba como si fuera algún loco, así que hacerlo a alguien se sentía incorrecto. Se mordió el labio, mirando el suelo. El tren se detuvo anunciando una estación y varias personas se apresuraron a salir. Algunas más a entrar. El vagón se estaba llenando demasiado y cuando Bill miró hacia enfrente se encontró con el de trenzas justo delante suyo. Estaban ojo a ojo y Bill se sorprendió.

— Lo siento — la voz del chico era placenteramente baja y el perfume que usaba olía agradable. — Demasiada gente — se encogió de hombros como si eso explicara el por qué de repente estaban presionados el uno contra el otro. Bill miró sobre el hombro del hombre, notando que sí, la gente estaba apretada como sardinas y no había espacio libre.

Se dio cuenta de que no le importaba. El extraño era atractivo, y para su horror, Bill se encontró deseando presionarse más cerca de ese cuerpo.

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El tren dio un brusco tirón hacia delante dejando la estación y Tom tropezó, sus manos automáticamente agarrando al chico frente a sí. — Demonios, lo siento — le sonrió nervioso al pelinegro, quitando sus manos de las caderas que había tomado como soporte. El chico sólo se encogió de hombros, su cabeza agachándose ligeramente, largas rastas bicolores cayendo hacia delante como una suave onda de seda.

Tom tenía que admitirlo, el chico tenía un algo. Al principio, cuando Tom había sentido la mirada de alguien casi quemándole a través de la piel, pensó que era una linda chica observándole. Entonces, se giró para verla y se dio cuenta de que en realidad era unél. Bueno, no importaba. El extraño era atractivo, el tipo de chicos que entra a un club y obtiene la atención de todo mundo al siguiente segundo; sólo un chasquido de sus dedos, un aleteo de sus largas pestañas y todos en el lugar quieren comprarle una bebida. O cinco. Tom le daría diez. Diablos, botellas enteras.

El chico definitivamente valía la pena. Lo miró, no había nada más qué hacer, de todos modos. Estaban de pie frente a frente al fondo del lugar, casi presionados el uno contra el otro. El tren se detuvo de nuevo y más personas subieron. Alguien lo empujaba desde atrás y Tom quiso girarse y decirle basta. Terminó siendo aplastado contra el chico, haciendo esos oscuros ojos levantarse y encontrar los suyos otra vez.

— Lo siento, de nuevo — sonrió cuando sus cuerpos estuvieron en completo contacto. Eran casi de la misma altura, notó Tom. Los vaporosos ojos le miraron intensamente.

— Lo sé, la hora pico apesta — dijo el extraño con voz melodiosa. Tom amó sentir el largo, ligero cuerpo contra el suyo y amó la forma en que olía el otro, sus brillantes labios abiertos lanzando aire caliente contra la mandíbula y boca de Tom. Su boca, que estaba extremadamente seca mientras más miraba el hermoso rostro. Tenía que conocer su nombre.

— Soy Tom — dijo.

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Bill lo miró por una fracción de segundo, viendo la manera en que su aro en el labio centelleaba por las luces. Sacudió un poco la cabeza, sonriendo. — Bill. Te daría la mano y eso, pero…

Tom le sonrió, un fuego encendiéndose en sus ojos castaños, volviéndolos del color de chocolate oscuro derretido. Tom posó una mano contra la pared, justo al lado de su cabeza, mientras la otra tocaba brevemente las caderas de Bill otra vez, haciendo su aliento entrecortarse por la emoción. Porque había algo acerca de estar en un tren lleno de gente, presionado contra un muy sexy chico y ser realmente incapaz de alejarse. La mano de Tom encontró la suya, atrapando sus dedos, hasta que fue capaz de sacudirla.

Los ojos del extraño estaban sonriendo, arrugas apareciendo en las esquinas. — Ves, ahora que nos hemos dado la mano, somos oficialmente conocidos.

Bill se mordió los labios, irrumpiendo en risas. — Supongo — su mal humor desapareciendo rápidamente. Suspiró ligeramente cuando la callosa mano de Tom apretó por última vez la suya antes de soltarla. El tren se inclinó hacia un lado girando en una esquina, las luces parpadearon por un segundo y Tom se presionó contra él aún más, ambos ruborizándose juntos. El corazón de Bill estaba acelerado. Comenzaba a excitarse. Mucho. Y este no era el momento ni el lugar. Maldijo, sin aliento.

— Demonios — Tom suspiró en su oído, aliento caliente recorriendo la sensible piel de Bill. Lo hizo estremecerse y agitarse. Levantó una mano y la colocó tentativamente a un costado de Tom, como algún tipo de soporte. El cuerpo bajo esas ropas se sentía tenso. Bill se estremeció otra vez. — Lo siento, creo que ya lo he dicho muchas veces — Tom se rió y Bill quiso gemir.

— Está bien. Quiero decir, comprendo… — susurró, relamiéndose los labios.

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Tom retrocedió un poco para mirar el sonrojado rostro. Esculpidos pómulos ligeramente rosados, que sólo hacían lucir a Bill más atractivo. Labios abiertos, el inferior rojo de haberlo mordido, llamaba a Tom para lamerlo y destrozarlo en un fuerte beso. Era definitivamente lo que quería y casi lo hacía, pero se detuvo a sí mismo. Esto no era un sueño húmedo donde podía hacer cualquier cosa. Era el mundo real y no quería que el chico se enfadara y le diera un rodillazo en sus partes nobles. Hablando de ello, su sangre comenzaba a viajar hacia el sur, emoción y excitación recorriendo sus venas.

Sabía que un par de segundos más como esos y estaría medio duro. Si no es que completamente duro y doloroso. El tren hizo una chirriante, brusca parada y Bill fue arrojado hacia delante. Tom no pudo hacer nada más que agarrarlo por la cintura para estabilizarlo y evitar que cayera. Bill usaba algún tipo de playera militar, o dos, bajo una corta chaqueta de cuero. Los dedos de Tom se deslizaron un poco bajo el suave algodón del la playera de Bill y tocaron la suave, caliente piel. Estaban tan juntos que pronto, Bill podría sentir el creciente bulto en los pantalones de Tom.

— Cuidado — Tom susurró en el oído del joven, inhalando su aroma. Bill olía bien. Tom quería sumergir su nariz en ese largo cabello, lamer ese cuello de cisne, tocarlo por todos lados. Su agarre se tensó, dedos hundiéndose inconscientemente en la tierna piel hasta que escuchó un pequeño suspiro. Oh Dios, me estoy volviendo loco, pensó, debo soltarlo, y de verdad iba a hacerlo, pero entonces más personas entraron al tren y quedaron sin espacio para moverse. Estaban atrapados. Tom ni siquiera podía levantar sus brazos.

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Bill a agradecía que el tren estuviera tan lleno que le evitara el movimiento, porque de otro modo se habría desmayado. Se sentía tan condenadamente bien estar apretado contra el sólido y musculoso cuerpo. Es tan sexy, ¿por qué usa ropas tan grandes? Apuesto que hay un abdomen marcado aquí abajo. Me encantaría lamerlo. Oh Dios…

Ya no podía evitarlo. Bill sabía que estaba a punto de estar duro y pronto Tom lo notaría también. No iba a ser capaz de esconderlo. No con la forma en que estaban tan juntos, no había ni tres centímetros de espacio libre entre sus cuerpos. Y ahí estaban las callosas manos de Tom apretando suavemente su cintura, un poco más abajo y estaría tocando mi culo, pensó Bill mordiéndose el labio inferior y tragándose un gemido. Quería venirse, mucho, ni siquiera le importaba la gente a su alrededor. Las manos de Tom se deslizaron un poco más y apretaron la espalda de Bill.

Ahora, Bill estaba jadeando justo en el cuello de Tom y ya ni siquiera le importaba. Toda la vergüenza que podía sentir se había diluido en ardiente deseo y en la necesidad tan fuerte de correrse que sentía las rodillas débiles y le dolía el vientre. Quería que Tom lo girara, le arrancara los pantalones y lo follara justo ahí en el vagón de tren. Lo habría dejado, que se jodieran todos los demás pasajeros. El deseo era tan fuerte que nada más le importaba.

Dios, ¿quién iba a saber que soy toda una puta? Pero lo deseo tanto. Cualquier cosa. Necesito esa polla dentro de mí. El tren se sacudió otra vez, las luces parpadeando y las caderas de Tom agitándose contra las suyas. Bill no pudo contener el jadeo que salió de sus labios.

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Tom estaba volviéndose loco de necesidad. El hermoso extraño no parecía enojado o enfadado, al contrario. Tom apostaría sus ahorros completos a que el chico lo pedía también. La manera en que se frotaba contra él, la forma en que su aliento se había roto y cómo lamía esos pecaminosos labios, hacían a Tom arder en llamas. Debo tenerlo, pensó desesperadamente. Era enloquecedor. Se empujó un poco más contra Bill y decidió que vería de una vez por todos si estaba solo en su deseo.

Deslizó sus manos hacía arriba de la espalda de Bill un  poco más fuerte. No un sutil toque, como el viento, no. Era una obvia caricia. Deslizó sus dedos bajo la tela de la playera tocando abiertamente la caliente piel. Frotó sus manos de arriba abajo por la columna de Bill sintiéndolo estremecerse. La cabeza de Bill cayó hacia enfrente, el rostro oscurecido. Tom sintió unos húmedos labios tocando su cuello, cálido aliento saliendo en entrecortadas bocanadas. Oh, sí, cariño, me deseas también. Muy bien. Te sientes tan jodidamente bien.

Apenas podía contenerse a sí mismo, dejando sus caderas moverse, sus entrepiernas frotarse juntas. Las manos de Tom se deslizaron más abajo y agarraron el culo de Bill sin vergüenza. Escuchó una fuerte aspiración y entonces, un desesperado gemido bajo antes de que la boca de Bill se abriera en su cuello, chupando su piel.

— Oh, joder, sí — gruñó Tom. — Cariño, te sientes tan bien — susurró lascivamente en el oído del otro, apretando su culo rudamente. Lo quería. Lo deseaba demasiado.

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Bill se empujó contra Tom, necesitado, y deslizó sus brazos alrededor del cuello del otro. Lo miró, sus ojos encontrándose y estremeciéndose por la forma en que el otro lo miraba, oscurecidos con franca lujuria. Bill suspiró sin aliento, inclinándose hacia enfrente, sus labios encontrándose en un húmedo, arrasador beso, lenguas enredándose. Las manos de Tom vagaban por su espalda, tocando su culo, frotando sus costados volviéndolo loco. Podía sentir la dura polla de Tom presionándose contra su propio bulto, apenas creyéndose lo que estaba pasando.

Estaba enredándose con un completo extraño en el tren. Bill sabía que la gente probablemente los estaba mirando, pero no le importó. Tom se sentía tan bien, sabía delicioso, lo besaba de forma ruda y demandante, como si muriese de hambre. La manera tan hambrienta en que tocaba a Bill, cómo acariciaba su piel, añadía combustible al creciente fuego dentro de sí.

Entonces, los dedos de Tom se deslizaron por la cinturilla de sus jeans hacia su entrada. Gimió. El tren iba a través de un oscuro túnel y de repente, las luces se apagaron y todo se detuvo. Bill estaba jadeando, Tom se presionaba contra él, dominantes dedos palpando su abertura. Apenas escuchó el altavoz diciendo que era una pequeña parada y que no hubiera pánico, de todos modos no le importó. Estaba a punto de correrse. Fuerte.

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— Dios, voltéate — gruñó Tom en su oreja. — ¿Por favor? Necesito… tocarte. Tan caliente, tan responsivo…

Bill maulló, el sonido mandando fuego en la sangre de Tom. Ayudó al chico a girarse, lo que no fue tarea fácil. Se presionó desde atrás, frotando su dura polla contra el apretado culo de Bill. Desearía solamente estar completamente desnudos para poder deslizarse en la estrecha entrada de Bill y follarlo. Fuerte y rápido.

— Tan caliente, me pones salvaje — susurró Tom deslizando sus manos alrededor de su cintura, tocando y palmeando su plano abdomen. Coló los dedos bajo la playera de Bill, levantándola. Nadie podía verlos, así que apartó la tela revelando los duros pezones del de rastas. Los frotó y gimió suavemente cuando encontró a uno con una perforación. Jaló el arito y Bill jadeó.

Tom bajó más las manos abriendo sus pantalones. Bill estaba casi retorciéndose en sus brazos. El de trenzas mordió su cuello, tomando la dura polla a través de su ropa interior. La espalda de Bill se arqueó un poco mientras dejaba salir un ahogado gemido. — ¿Así, cariño? Sí. Tan perfecto… Joder.

— Sí… — vino el bajo siseo. Tom comenzó a apretar el duro pene, amando cómo se sentía y cómo Bill desesperadamente trataba de contener sus gritos de placer. En lugar de eso, hacía pequeños sonidos que excitaban más a Tom. Se frotaba contra el culo de Bill queriendo liberarse, necesitándolo. No le tomaría mucho tiempo. El tren estaba oscuro y seguía inmóvil, pero pronto arrancaría de nuevo. Tom se empujó más fuerte contra el cuerpo de Bill, acariciándolo casi dolorosamente.

— Vamos, córrete para mí, precioso.

Bill se mordía los labios tan fuerte que pudo probar su sangre. Sentir las fuertes manos de Tom en sí, en su polla, era lo mejor. Se preguntaba cómo se sentiría el contacto piel contra piel si sólo estos toques a través de la ropa lo estaban derritiendo. Quería gritar y rogarle a Tom que lo follara justo ahí.

Su cabeza cayó hacia atrás contra el hombro de Tom y atrapó sus labios. Se besaron húmedamente, lenguas deslizándose juntas. A Bill le encantaba la forma en que las manos de Tom agarraban sus caderas, acariciándolas. Gimió haciéndose hacia atrás un poco.

— Desearía que me follaras — susurró en el cuello de Tom, lamiendo la sudorosa piel. — Quiero tu polla dentro de mí. También quiero chupártela.

— Joder, joder — Tom gruñó en voz baja, apretando y frotándolo más rápido hasta que Bill arqueó la espalda y se vino tan fuerte que casi se desvanece, mordiendo el cuello de Tom para evitar gritar de placer y dejar que todo el mundo escuchara cuán de bueno había sido. Tom se frotó contra él más fuerte y entonces, se quedó quieto.

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Cuando el tren avanzó de nuevo, las luces regresando, Tom había girado a Bill de nuevo y ya le había abrochado los pantalones. Sus bóxers estaban húmedos y sabía que su perfecto extraño estaba en un estado similar. Ambos se sonrojaron y sonrieron, Bill queriéndolo besar de nuevo.

El tren se detuvo y Tom arrastró a Bill fuera hacia la fría plataforma. Las rastas bicolores batieron alrededor del rostro de Bill mientras reía ante la forma de Tom de jalarlo entre la multitud de ceñudos pasajeros al encaminarse a la salida. Una nuevo nivel de caminar sobre la vergüenza, pensó.

— ¿Qué haces? — preguntó Bill cuando Tom lo metió en los elevadores para guiarlo hacia el soleado día.

Tom sonrió, apretando su mano gentilmente. — Te llevo a casa conmigo. Creo que me prometiste algo — le guiñó un ojo. Bill dejó salir una animada, despreocupada risa. Ojalá todos sus malos días terminaran tan espléndidamente, pero sospechaba que no tendría muchos de ahora en adelante, mientras estuviera con Tom. Había tomado la mano de un extraño y no pensaba dejarla ir.

F I N

Aquí va un poco de porno. XDDDD

por Analif

Traductora del Fandom

5 comentario en “Rush”
  1. Agua!!!! Dios mío qué apretazon, que tocadera y que frotamiento!!! Buenismo OS, de esos que te retuercen ^\\^…
    Esto es lo que extraño del fandom ahora.. autoras y títulos!
    Gracias por postear otro de mis favoritos! Recuerdo que en el foro del blog twc Kaulitz, Analif nos preguntaba si queríamos porno jajajajaja y fue cuando tradujo este OS, y en ese entonces trabajaba con la serie de Beautiful dedaster y nos dijó que se venía un lemon, además de la serie «No» y empezó la traducción de «a los trece»…*suspira por los buenos tiempos*
    Gracias Mizu por mantener caliente mi flama twc en los fics!

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