Notas: Sobre la traducción del título.
Novelty: algo que tiene la cualidad de ser nuevo, original o inusual.
Lust: deseo sexual incontrolable o ilícito.

Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
«Novellust»
El día había comenzado a oscurecer, tornándose de un color ámbar cuando dos ojos parpadearon para abrirse en medio de un silencio sombrío. Unos rayos de luz color cervato se arrastraron por la recámara a través de las cortinas entreabiertas, derramándose sobre la alfombra afelpada y posándose perezosamente sobre una cama cobijada por sábanas blancas. Esbozaron el rostro del solitario ocupante de la recámara, incitándolo a despertar con su gentil calidez cuando los ojos de este parpadearon para saludarlos.
Con pereza y confusión, Tom Kaulitz frotó sus ojos con el reverso de una mano mientras tronaba y estiraba su espalda contra el colchón que estaba bajo su cuerpo. Olisqueó por un momento, preguntándose qué lo había despertado.
Permaneció recostado en la calma durante un momento, abriendo y cerrando los ojos para ajustar su vista. Al mirar la pared que estaba frente a él liberó un suspiro; el reloj digital marcaba las 7:01 pm. Solo tuvo un fragmento de segundo para preguntarse por qué se había quedado dormido antes de fruncir el ceño, como si acabara de recordar algo.
—Oh, mierda —masculló, tomando su teléfono que había estado escondido bajo la almohada libre junto a él. Deslizó su dedo hacia la izquierda para acceder a su pantalla de inicio y sus ojos se posaron sobre un mensaje solitario que esperaba por él.
Entonces hizo una mueca.
Está aquí.
Las malditas palabras de su secretaria parecían burlarse de él en el silencio.
—Carajo —murmuró Tom, sintiéndose como un idiota. Se dio cuenta de que se había quedado dormido durante una hora, aunque no había sido su intención. Se sentó y se estiró hacia arriba e hizo las cobijas a un lado para caminar con prisa sobre la alfombra en dirección al baño.
Encendió la luz y ajustó el espejo que estaba sobre el lavabo, echándole un vistazo a su complexión. Frunció el ceño al notar las bolsas debajo de sus ojos. Se veía cansado.
Aunque pensándolo bien, se vería cansado sin importar qué. Tom se estiró para alcanzar las gotas para ojos que conservaba en el lavabo y las aplicó en ambos conductos lagrimales, emitiendo un pequeño siseo cuando el mentol los hizo arder. Sin embargo, no debió haberse quedado dormido por tanto tiempo en realidad. Su cabello aún estaba arreglado, seguía engominado y atado en forma de rodete, lo cual prefería usar. Acomodó su barba con sus manos y decidió que lucía lo suficientemente presentable, a pesar de que su pecho estaba desnudo y llevaba puestos unos pantalones deportivos dentro de los cuales su pene colgaba libre.
Aunque no es que importase, pensó. Una pequeña sonrisa levantó sus labios. No los usaría por mucho tiempo.
Y aunque de alguna manera se las había arreglado para quedarse dormido en el tiempo de espera, recordó con un revoloteo alegre en su estómago que había ordenado la compañía de alguien para esa noche. Volvió a la cama, tomó su teléfono y envió su respuesta.
Dile que suba.
Una sonrisa reveladora se extendió en su rostro cuando la expectación comenzó a mordisquearlo, llenándolo con una sensación de inquietud, incluso tras ponerse cómodo sobre un montículo de almohadas.
«—Necesito a alguien esta noche —recuerda haberle dicho al auricular de su teléfono, apenas una hora antes—. Y debe tener al menos siete meses de embarazo».
Una petición extraña, supuso… pero sin duda no era poco común para él. Y era emocionante, por decir poco, haber podido conseguir a alguien.
Aunque no era precisamente raro en sí, el hecho de encontrar a un acompañante varón embarazado que encajara con sus criterios en ocasiones sí resultaba ser una tarea abrumadora. Y encontrar a uno dispuesto a acceder de un momento a otro era aún más difícil. Sin embargo, parecía que esa noche podría salirse con la suya, y era algo que necesitaba bastante después de un día particularmente agotador que ciertamente no lo había dejado deseando una cama vacía.
Y aunque reconocía que su atracción era extraña, cayendo casi al borde de un fetiche, no sentía aprensión por sumergirse en ello. Para él, el hambre nunca parecía saciarse del todo— nunca parecía tener suficiente. Tan solo pensar en un hombre embarazado le resultaba irresistible, por muchas razones que lo mantenían en exploración. Aunque no es que hubiese mucho qué explorar después de haber tenido ya tantas oportunidades de estar con ellos.
Y mientras esperaba sentado en la cama, volteando hacia la puerta de su habitación cada vez que escuchaba el más mínimo sonido, sintió que la emoción conquistó a su lasitud menguante.
Sin embargo, no le hicieron esperar por mucho tiempo. Su oreja se levantó al sonido de la puerta de la recámara abriéndose tras unos momentos de paciencia gratificante. El movimiento fue lento; parecía combinar el aire sombrío y su anticipación curiosa. Al momento, una corriente de luz tenue se adentró a través del nuevo espacio abierto, revelándole al principio solo una sombra. Una sombra alta que se movió sin prisa a través del umbral, como si estuviese atravesando un pasillo largo.
Tom se relamió los labios. Escuchó atentamente cómo el aire cambiaba a su alrededor y escuchó también el sonido de unos pies que caminaron sobre la alfombra de manera casi inaudible. Y entonces, observó con interés al rostro que se reveló desde la pared que obstruía la puerta.
Su compañero para esa noche era uno que casi le hizo preguntarse si su secretaria había malinterpretado sus órdenes. Aun así, con un ceño fruncido, Tom observó el rostro con aprecio… los pómulos altos y los ojos de cordero, labios pálidos y una quijada bien definida. Su cabello era largo y negro, y caía sobre sus hombros como una cascada oscura.
Después Tom permitió que sus ojos descendieran por la delgada estructura de su compañero; primero comenzando por unos hombros pequeños y un pecho plano delator. Posteriormente, bajó a su abdomen prominente, donde su camisa batallaba para mantenerse ajustada a él.
Tom dejó escapar una exhalación que había estado conteniendo… era absolutamente hermoso. Casi se sintió avergonzado por haberse quedado dormido cuando una criatura tan impresionante había estado esperando por él.
Su acompañante se acercó con pasos trépidos, aunque la expresión en su rostro era sensual, incluso traviesa. Y Tom se sorprendió a sí mismo teniendo problemas para saber en dónde concentrar su atención, si en el fuego en los ojos del otro hombre, o en la panza protuberante frente a él, la cual rebotaba poco a poco con su caminar.
Incorporándose, Tom dejó que las sábanas cayeran hasta la parte inferior de su cuerpo y se movió para sentarse en la orilla de la cama. Lentamente, estiró su mano cuando la distancia entre ellos se cerró y sonrió cuando el otro hombre la tomó.
—Hola —Tom exhaló su saludo, dándose cuenta de lo difícil que era desviar la vista de la curvatura que se cernía a unas pulgadas lejos de él.
—Hola —recibió como respuesta en un tono suave que mandó un estremecimiento por su columna. Tenía una voz suave como el casimir, justo como asumió que se sentiría también la piel de su compañero.
—¿Cómo te llamas? —quiso saber, mirando los ojos color ámbar oscuro que lo miraban a él. La mirada era curiosa, aunque invitante al mismo tiempo. Tan enigmática, y al mismo tiempo inmaculada.
—Bill —le respondió el otro hombre, a lo cual Tom soltó su mano y se movió para sostenerlo ligeramente por la cadera.
—Tom —dijo él, ahora moviendo su otra mano para acariciar el otro lado de su pequeña, pero saltona complexión. Estaba entusiasta, aunque pensó que sería grosero. Quería deslizar sus manos por su piel de porcelana, encima del área donde su suave piel se estiraba para proteger los contenidos que albergaba.
Bill no se movió. No dio ninguna señal de resentimiento ante el toque, lo cual Tom encontró emocionante. Había algo muy cautivante en una figura que florecía con la maternidad, algo muy inocente y él lo deseaba.
Y mientras sentía cómo se hinchaba por dentro con alegría debido a lo que tenía entre sus manos, notó al mismo tiempo que su entrepierna se había endurecido con la misma intensidad. Esto era lo que había estado esperando desde el momento que había estado solo. Bill superaba todas sus expectativas después de haber pasado un día pesado sentado tras un escritorio. Y Tom quería sentirlo, a todo él.
—¿Puedo? —preguntó, mirando con ojos esperanzadores cuando las puntas de sus dedos comenzaron a dirigirse con cautela a la tela de la camisa de ajustada de Bill.
Sin responder, Bill sonrió y tomó una de las manos de Tom con las suyas y la colocó directamente en el centro de su estómago. Tom, dejando que su mano se ajustara a la protuberancia convexa, permitió que su palma sintiera la piel dura y con tacto muscular, tan provocativa y frágil al mismo tiempo. No sintió algún revoloteó o golpe desde el interior, pero de cualquier manera apreció la exposición.
Se levantó, después de unos momentos, y descubrió que era más alto que el otro hombre. Con una de las manos finas de Bill posando en la suya, lo movió de manera que este estuviera dándole la espalda a la cama.
—Acuéstate —invitó Tom, ayudándolo a acomodarse mientras Bill descendía delicadamente en el centro del colchón. Él lo siguió, teniendo cuidado de respetar la vulnerabilidad del otro hombre al recostarse. Bill estaba enorme, tanto que Tom no podría colocarse apropiadamente encima de él, pero no fue mucho problema ya que encontró una posición cómoda posicionándose más hacia un costado.
El borde de la camisa de Bill se había levantado sobre su piel refinada en el proceso, revelando la hinchazón debajo de ella y su ombligo, cosa que Tom agradeció. Lo hizo sentir con más derecho, así que deslizó su mano justo por debajo del borde de la camisa de Bill, la cual levantó para reposar su mano en la cima de su estómago. Su mano descansó directamente en el punto más alto y la dejó ahí, permitiéndose a sí mismo sentirse autorizado.
Había algo en un cuerpo en procreación que encontraba igualmente irresistible y pícaro. Lo suficiente como para pagar en repetidas ocasiones por ello. Quizás porque planeaba invadir un cuerpo que florecía a la maternidad, o podría ser el hecho de que pretendía ensuciar algo que se suponía que pertenecía a alguien más. Podría ser la fragilidad y la inocencia lo que lo llamaba más… la responsabilidad de albergar su placer y lograr hacer uso de su control para no dañar al otro.
Y tenía suficiente experiencia como para saber que las hormonas del embarazo eran un hermoso catalizador para el sexo.
Pero aunque su mano estaba ocupada con el bebé no nacido, para su sorpresa sus ojos parecieron quedar fijos en el rostro de Bill. Tenía rasgos hermosos; rasgos que, a pesar de ser masculinos, daban lugar a un chico hermoso. Estaba usando rímel sin delineador, adornando sus ojos color ocre en forma almendrada, en los cuales brillaba un vivo color ámbar justo en el centro. Sus labios eran exuberantes, estaban bien acondicionados y formaban un perfecto puchero que Tom imaginaba que se sentía suave. Suave como su piel de porcelana y seguramente como la piel de seda para la cual todavía no había pedido permiso para tocar.
Siendo un caballero, a pesar de que ya había pagado por entretenimiento, también quería cuidar de ello también. En este caso eso significaba no ser demasiado tosco, todo debía ser personal.
Lo cual lo llevó a inclinarse, acercando sus alientos para pedir silenciosamente un beso. Estaban avanzando con rapidez, aunque las acciones eran lentas, pero Bill concedió sin reproche, dejando que sus labios se encontrasen.
—No estaba esperando a alguien tan hermoso —elogió Tom con un tono grave cuando se separaron y sus ojos chispearon con asombro al recibir una sonrisa tímida.
Era como si Bill fuese difidente y seguro al mismo tiempo.
—Gracias —susurró haciendo que Tom se sintiera ansioso al observar sus labios cuando formaron las palabras.
Decidió que había sido una buena elección de su secretaria y lo confirmó cuando una chispa de placer subió por su columna. Aunque lo único que Tom había pedido era un cuerpo para disfrutar esa noche, no esperaba que conocer a esa persona sería tan cruel; y es que Bill era perfectamente tímido, estaba completamente a su disposición y Tom se encontró a sí mismo entusiasmado por ello.
De manera cariñosa y distraída, Tom acarició el costado del estómago de Bill, descubriendo que no odiaba la idea de querer hablar con él.
—¿Cuántos meses tienes?
Para Bill, podría parecer una pregunta insignificante, aunque no lo demostró, pues miró a Tom atentamente.
—Veintiocho semanas —confirmó, citando el número mágico.
—Perfecto —Tom se inclinó de nuevo, más feliz y revigorizado por la respuesta. Una parte de él lo hacía sentir como un pervertido por sentirse atraído por hombres embarazados en su último trimestre, pero una parte más grande batalló para darle importancia. Era algo que iba más allá que la atracción, algo que solo podía describirse como una lujuria incontrolable.
Y justo en el momento en el que su lengua se deslizó dentro de los labios del otro, su mano se movió para levantar la camisa de Bill hasta su pecho y después más arriba hasta que tuvieron que interrumpir momentáneamente el beso para retirar la prenda de su cuerpo.
Bill no dijo nada, pero invitaba cada una de sus acciones. Sus ojos miraron a Tom con consentimiento mensurable permitiéndole tocar un pezón erecto sobre un montículo de piel creciente. La hinchazón de un pecho masculino nunca era demasiado grande, en ocasiones ni siquiera se hinchaba, pero el de Bill por ejemplo, se había inflado lo suficiente como para darle algo con qué jugar.
De cualquier manera, siempre eran sensibles, eso lo sabía, y Tom notó que Bill no era la excepción en ese aspecto al ver cómo sus pestañas revolotearon. Pero Tom no era una animal… planeaba tomarse su tiempo y relajar al otro para hacer el amor. Tenía la suficiente experiencia para saber que un individuo embarazado no iba a apreciar la urgencia o la fuerza; debía pensar en las posiciones adecuadas y tener cuidado; debía tener el control de la necesidad y el deseo.
Descendió hasta el pecho y su lengua salió para encontrarse con el pezón endurecido de Bill mientras masajeaba el otro con su mano y al mismo tiempo apreció el sonido de sorpresa que Bill emitió a cambió.
—Oh —gimió, como si no hubiese estado preparado para que tuviesen tanto cuidado con él, y Tom observó con admiración cómo el rostro del otro se retorció. Había comenzado a succionar con delicadeza el pezón mientras atrapaba el otro entre su pulgar y su dedo índice. Se aseguró de no usar mucha presión ya que no quería lastimar a Bill, pero estaba más que dispuesto a chupar y girar el pequeño peso entre sus dientes, usando los bonitos suspiros de Bill como motivación.
Sabía que algunos reaccionaban de manera violenta a esa simple tortura y otros, aparentemente, no reaccionaban a ello en absoluto, pero Bill no fue ninguno de esos casos. Su delgada espalda se elevó del colchón, de manera que presionó su suave pecho contra la boca ansiosa de Tom y él aprovechó la acción, abriendo su boca para aceptar la hinchazón en un calor delicioso y húmedo mientras su mano se deslizaba para acariciar nuevamente su estómago. Se maravilló al ver cómo los músculos de Bill se movieron debajo de su toque y cómo con las simples atenciones de su boca tenía a Bill jadeando tan intensamente.
—¿Te gusta? —preguntó Tom con audacia, mirando los ojos cerrados y los labios entreabiertos de Bill.
—Sí —le contestó entre jadeos mientras Tom descendía más hasta el borde de sus pantalones.
—¿Quieres más? —comenzaba a sentirse hambriento, ondeando con un profundo deseo que había comenzado a agitarse dentro de su pecho. Tenía a una criatura deslumbrante casi retorciéndose debajo de él, que gemía suavemente y se sentía como terciopelo contra su lengua. Era como una fruta prohibida que aunque alguien más ya había mordido, requería de atención, y Tom pensó que eso era una lástima.
Bill gimió con el tono de un gatito e hizo que el pene de Tom se crispara debajo de sus pantalones.
—¿Dónde me quieres?
Con un fuego que quemaba en sus ojos oscurecidos, Tom se movió por el costado de Bill para tenerlo de frente. Retiró unos mechones de cabello de su rostro y movió su pulgar a lo largo de la perfecta curva que formaba el pómulo de Bill.
—Justo aquí —dijo antes de inclinarse y tomar los labios de Bill en un beso. Su mano continuaba deslizándose por la orilla de los pantalones ajustables que cubrían el torso inferior de Bill. Estaba acariciando la piel delicada con el reverso de sus dedos, asegurándose de robar la atención de Bill con su boca mientras trabajaba para hacer pequeños avances a fin de bajar la prenda que deseaba quitar desvergonzadamente.
Se dio cuenta de que Bill no estaba usando ropa interior y para él eso estaba perfecto.
Fue fácil decidir mientras Bill gemía contra sus labios, aunque su mente le daba vueltas al hecho de que como compañía, Bill era un espécimen ideal. Uno en el que planeaba desenvolverse y devorarlo con éxtasis sensual, e incluso parecía estar contento por hacerlo con cortesía. Era obvio que ambos sabían para qué estaban ahí: sexo pagado y formalizado; pero Tom nunca daba nada por hecho.
Bill no hablaba mucho ni daba órdenes. Sus ojos, así como los pequeños ruidos que escapaban de su garganta, expresaban casi todas sus palabras incluso con el poco contacto que habían tenido hasta ese momento. Ya fuese que tuviera o no una particular base de clientes que compartieran o no el mismo fetiche que Tom, tenía suficiente experiencia en su oficio. El sexo en el embarazo, como Tom había aprendido mediante muchas aventuras, era íntimamente personal. Más que cualquier otro tipo que hubiera podido desear. Le gustaba la confianza que conllevaba, la química y el vínculo, uno en el que Bill y él parecían no tener problema para adentrarse.
Tom terminó el beso cuando se cansó de esperar y se movió para sentarse sobre sus rodillas mientras Bill se elevaba sobre sus codos cautelosamente. Con ambas manos, Tom quitó los pantalones de Bill de sus piernas, dejando expuesto un torso completamente desnudo y el pene erecto de Bill, amenazando con tensarse derecho contra su cadera.
Tom se lamió los labios ante la vista. Sin embargo, antes de atreverse a tocar, sus ojos se levantaron a la expresión expectante de Bill para pedir permiso.
—Dime si me muevo demasiado rápido —pidió Tom mientras su mano se deslizaba precariamente hacia arriba sobre el muslo desnudo de Bill. Observó cómo la piel reaccionaba y se erizaba en respuesta a su acción, sintiendo también cómo Bill se tensaba entre más se acercaba su mano a la parte superior de su muslo interno. Utilizó un toque tan ligero que apenas pudiese sentir, avanzando sigilosamente sobre piel sensible y satinada de la manera más incitante que pudo mientras se acercaba a las extremidades expectantes de Bill.
Todo él era hermoso, una vista pura para contemplar. Bill estaba moldeado de manera perfecta y con el tamaño perfecto, en todo aspecto. Además, incircunciso, lo cual fue gratificante para Tom. Sin dejar de observar la mirada penetrante de los ojos de Bill, Tom tomó su pene y lo sostuvo firmemente, ganándose una repentina inhalación de parte del otro.
Las primeras caricias lograron que la cabeza de Bill colgara hacia atrás con la boca abierta y provocaron gimoteos de gatito que hicieron que su propio pene palpitara con excitación. Siguió con la misma acción durante un tiempo, simplemente gozando de observar cómo el rostro de Bill se retorcía y cómo su espalda se arqueaba mientras sus propias manos sostenían y amasaban sus pechos.
Sin embargo, después de un rato lo soltó y su mano bajó a una zona más prometedora antes de que Bill pudiera acercarse al clímax; ahí, Tom lo tentó utilizando un solo dedo para tocar su entrada.
—Mm— gimió Bill, mientras Tom lo ayudaba a ponerse de costado cuidadosamente, tras decidir que sería la posición más segura y más cómoda para el otro. En un escenario perfecto, hubiera preferido tomarlo en sus brazos, cara a cara, pero con siete meses, Bill era más grande que algunos y no había manera de hacerlo sin apretarlo demasiado. Y Tom, de ninguna manera se arriesgaría a dejarlo caer.
Se tomó su tiempo para masajear uno de sus pequeños glúteos y al final le dio una pequeña nalgada. Bill gimió en respuesta a la acción ligeramente más severa, casi tentando a Tom a hacerlo de nuevo, pero Tom se contuvo. No se dejaría llevar por esto.
Con movimientos fluidos, humedeció un dedo con el lubricante que sacó de debajo de su almohada y lo llevó a la entrada de Bill. Encontró el orificio y lo rodeó una vez con la punta de su dedo antes de meterlo. Se percató de la respiración de Bill: la de sorpresa cuando Tom metió su dedo y las respiraciones dificultosas que hizo mientras Tom retorcía y curvaba su dedo dentro de él, prestando especial atención a su próstata.
Tom iba a entrar pronto, por primera vez esa noche. El mero pensamiento hizo que la sangre de Tom hiciera retumbar su sistema, entre más lentos se volvían sus movimientos y más elegía saborear los momentos con el hermoso chico que estaba junto a él: perfectamente desnudo, expuesto y dispuesto a dejarlo entrar en algo sagrado. Por esa noche, Tom lo poseía. Bill había servido como una ilusión perfecta en su cabeza para una fantasía que hasta el momento había ido sin respuesta. Caricias cuidadosas, jugar como amantes… le gustaba simular que el bebé que estaba dentro de su compañero era suyo y que estaban celebrando el vínculo que tenían entre ambos.
Hacía que las cosas parecieran un ensueño más íntimo en su mente, y que no fuese tan vacío como el sexo sin amor.
—¿Estás listo? —susurró Tom en la oreja de Bill tras decidir que la preparación era ya adecuada y de que sus pantalones deportivos hubiesen caído al suelo. Con su mano seca, acarició la línea donde nacían los cabellos de Bill, alejando los mechones que cosquilleaban su piel y terminó acariciándolo. Se maravilló por lo suave y liso que era, perfecto, al igual que el resto de él.
Su nariz había bajado para descansar en el cuello de Bill y sintió las vibraciones de la sangre en su garganta y sus respiraciones medidas.
—Sí —escuchó en un tono dulce mientras Bill giraba ligeramente. Al levantar la mirada, Tom se encontró con los ojos oscuros con textura de casimir de Bill y luego la bajó a sus labios.
Se mantuvo alejado por milímetros mientras tomaba una de sus nalgas y se adentró, observando la boca de Bill que se abrió y dejó escapar un gemido. Tom, en cambio, hizo un pequeño gruñido sin dejar de observar con interés cómo Bill volvía a batir sus pestañas, antes de dejar que su cabeza cayera en el colchón.
No empujó al momento de entrar, solo se movió para acariciar el costado del cuerpo de Bill, esperando.
—¿Estás bien? —Tom quiso asegurarse de ello y posteriormente observó la cabeza de Bill asentir fervorosamente.
—¡Sí! —jadeó, antes de suplicar y agarrar en un puño las sábanas de Tom—. Dios, por favor, muévete.
Tom estaba más que feliz de obedecer a su petición; así que se deslizó hacia afuera y volvió a entrar con bombeos moderados, al principio sin entrar muy profundo. Pero las penetraciones se volvieron más profundas conforme su deseo se volvía más dominante, Bill era terriblemente apretado y sabía cómo utilizarlo a su ventaja. Mientras hacía su mejor intento por mecerse a su ritmo desde la posición en la que estaba, Bill se turnó para apretar su anillo de músculos en torno al pene de Tom, haciéndolo gruñir.
La mano de Bill cubrió la de Tom cuando esta se deslizó sobre su pecho para mantenerlo en posición y Tom besó su hombre porque se le dio la gana hacerlo. Se sentía demasiado bien, tan apretado, suave y Bill lo tenía bajo un arrobo total. Unas pequeñas chispas volaron a la base de su cerebro sin límite por el permiso que les otorgó y por los hermosos ruidos que escapaban del otro hombre que estaba frente a él.
Parte de él no quería correrse jamás, y parte de él quería correrse varias veces en abundancia mientras se retorcían juntos. La cabeza de Bill giró lo suficiente para dejar que la lengua de Tom se deslizara entre sus labios gruesos. Tom lo saboreó como a un dulce mientras masajeaba el suave pecho de Bill con su mano y amó verdaderamente cuando el brazo de Bill subió para dejar que su mano se agarrara del costado de su rostro en una caricia.
Un fuego había comenzado a subir dentro de él, pero no quería ser el primero en aceptar su descarga, en vez de eso, utilizó penetraciones más rápidas, sin tener aprensión para pellizcar el pezón de Bill entre sus dedos aunque hizo sisear al otro en su boca.
—Córrete para mí —pidió, jadeando acaloradamente en la boca del otro mientras la lengua de Bill salía rápidamente.
—Estoy cerca —susurró con en el entrecejo fruncido y los ojos cerrados. Gimió, comenzando a respirar más fuerte y pesado, hasta que finalmente la mano de Bill voló a su propio pene y masajeó su piel pocas veces antes de gritar, derramando semen en sus propios dedos.
Tom lo siguió de cerca, exprimiéndose a sí mismo lo más que pudo aunque su cuerpo se tensó. Se mantuvieron recostados en su posición por unos momentos, recuperando sus alientos antes de que Tom se separara y se recostara de espalda, mientras Bill se volteaba sobe su costado contrario.
Entonces se miraron a los ojos con cierto cariño, antes de que la mano de Tom subiera al rostro de Bill una vez más y tirara de él para besarlo.
En algún momento más tarde esa misma noche, se encontraron debajo de las cobijas cuando el sol ya se había ido. Solo una pequeña lámpara en la mesilla de noche iluminaba la atmósfera en el anochecer de la recamara mientras sus cuerpos cálidos se mantenían juntos, abrazados en el colchón como si fueran el uno para el otro.
La mano de Tom descansaba de manera protectora en el abdomen hinchado de Bill mientras se dedicaba a observar las pestañas de Bill que revoloteaban para llevarlo a dormir.
Y Tom había estado a punto de hacer lo mismo cuando sintió algo en la palma de su mano. Asombrado, bajó la vista por unos segundos, internalizando por primera vez que en realidad había un bebé ahí dentro.
No pareció perturbar a Bill, pero a Tom le hizo sonreír el hecho de tener una parte de su fantasía ya contestada. Ahora, al estar ahí recostado en la cama junto a alguien que deseaba poder abrazar mil noches más, se permitió sentir al bebé moviéndose dentro de Bill, fingiendo que le pertenecían indefinidamente, en vez de solo por una noche.
Era una triste fantasía, tal vez… una que no podría conservar. Pero al menos, era un pensamiento lo suficientemente placentero para hacerle descansar. Para él, esta vida no tenía que ser una realidad, siempre y cuando fuera suficiente. Y mientras estaba acostado ahí, contento, por primera vez pareció que podría ser realidad.
F I N
Notas de OuterSpace: Después de mucho tiempo, finalmente logré sacar esta traducción que tenía archivada; espero que sin muchos errores. Saludos a todos de parte de Schmingg.
Lástima que sólo fue por una noche y ahí empezó y acabo todo.
😘