Traducción autorizada de la historia «Don’t be an idiot, Tomi» escrita por cynicall_terror y undrockroll. Parte de la serie «Don´t» que te tenemos completa «Aquí«. Disfruta la lectura

«No seas tonto, Tomi»
Tom se enrosca más cerca, riéndose sobre el cuello de Bill.
– Tomi – dice Bill, intentando alejarlo. Tom se ríe más fuerte y le hace cosquillas en los costados. – Tomi, no.
Pero sus desanimadas manos son demasiado amables para ser en serio, su voz suave y seductora.
Tom está demasiado bebido como para pensar, lame el cuello de Bill y rueda hasta ponerse sobre él.
– Quita eso – dice Tom en voz baja, gesticulando hacia la computadora portátil.
– Pero iba a… – Bill sonríe y cierra los ojos, disfrutando las largas, húmedas lamidas. – Iba a despedirme.
Tom rueda los ojos, sonriendo de lado. – Vamos.
Bill busca el teclado, siendo apenas capaz de escribir algo. – ¡Tomi!
Tom gruñe e inmoviliza los brazos de Bill, mirándolo a los ojos. Los dos están respirando cálida, pesadamente. Ambos están temblando un poco.
– Sólo… conmigo, por un segundo – murmura Tom. – Olvídale a él.
Bill mira la pantalla, pero cuando observa a Tom, su rostro parece encenderse con una brillante, suave sonrisa. – Estás ebrio.
– Naah – responde Tom, acariciando con su cabeza la curva entre el cuello y el hombro de Bill. – Ebrio no.
– Muy ebrio – Bill se burla. – Mmm, Tomi, me haces cosquillas y hueles a whiskey.
Tom muerde el cuello de Bill, clavando su boca en la de su hermano. Bill ni siquiera finge alejar a Tom, que no lo desea.
– Te gusta más que a yo – dice Tom, justo sobre la boca del otro, entre fuertes, húmedos besos. – Te… te gusta mááááááás que yo.
– Dios, no – jadea Bill. – De ninguna manera.
Tom asiente, sus ojos brumosos. Tiene a Bill atrapado por las muñecas y se cierne sobre él. – Si es cierto, sé que sí.
– Tomi, no seas tonto – replica Bill. – Ni siquiera es… real. Tú eres real.
– Como todos esos otros chicos.
– No eran reales.
– Soy tu hermano – dice Tom seriamente. – Tu hermano.
– Lo sé – susurra Bill.
– Entonces no puedo tenerte.
– Estás siendo un tonto de nuevo – dice Bill en voz baja. Tiene una pequeña sonrisa en su rostro y sus manos están libres, acariciando ambos costados de Tom, deslizando sus dedos bajo la playera de su gemelo. Tom deja salir un suspiro y se agacha, besando a Bill, justo a la izquierda de sus labios.
Cuando se alejan, ambos están temblando, mirándose.
– De verdad me desea – susurra Bill. Tom suelta un gruñidos, sus labios curvándose. – Mucho, Tomi. Mucho.
– Lo que sea – rezonga Tom. Se inclina hacia abajo con fuerza y le muerde la barbilla.
– Dijo que quería lamer–
Tom estrella sus labios contra los de Bill, abriendo la boca y devorándolo. Nunca se habían dejado perder así, nunca se habían acercado tanto sin alejarse. Las caderas de Tom oprimían contra las de Bill; está duro.
– Oh, oh, Tomi – exhala. El pantalón de franela que usa como pijama se desliza bajo sus caderas, exponiendo su tatuaje. – Me deseas.
– Jesús – dice Tom. Embiste contra Bill y ambos gimen. – Bill, deja de jugar conmigo, no puedo tenerlo. Joder, no puedo tenerlo.
– Me necesitas – dice Bill. – Me deseas tanto y me necesitas.
– Ugh, Bill. Detente.
– Sé bueno conmigo, sé bueno conmigo o me iré a charlar con él de nuevo.
Tom frunce el ceño y pone una mano sobre el rostro de Bill, manteniéndola firmemente ahí y mirándolo directamente a los ojos. – No hagas eso.
– ¿No quieres que lo haga? – pregunta Bill sin aliento.
– Lo odio – rechina los dientes. – Joder, lo odio.
– Lo sé – Bill está sonriendo, sus mejillas sonrosadas, y sus pantalones de deslizan más debajo de su cuerpo. Sus labios se conectan de nuevo y se besan por mucho tiempo y de forma dura mientras las manos de Tom se deslizan por el pecho desnudo de Bill, hacia abajo, hacia los lados, y hasta las caderas de ambos. Lo toma de las caderas y lo jala hacia arriba, frotando sus pollas juntas.
Los dos jadean, se separan y se encogen. Se siente tan bien, y Tom se retuerce contra Bill, llevando los pantalones del menor todavía más abajo.
– Quiero quitarte la ropa – susurra Tom, ruborizándose profundamente. – Dios, quiero… quiero sentirlo.
– Te lo dije antes, puedes hacer lo que desees–
Tom le tapa la boca con una mano y agita la cabeza. – Shh.
– Mmph – Bill sonríe y le lame los dedos. Tom retrae su mano y lo besa en los labios, frotándose desesperadamente contra su hermano.
El delgado pijama de Bill ahora está por debajo de su trasero, y Tom casi no puede verlo; tiene miedo, miedo de lo que están haciendo y, joder, de lo bien que se siente.
– No lo odias – dice Bill.
– Deja de hablar de él – le responde Tom. – Ahora, sólo tú y yo.
– Pero últimamente hablas de él tanto como yo– dice Bill.
Tom le da un tirón a los pantalones de Bill hasta dejarlos por debajo de sus muslos. – Te estoy mirando, así que cállate. Sólo cállate.
– No seas grosero – Bill hace un puchero y le acaricia el culo. – Sé bueno y tócame. Tócame, Tomi.
Tom niega con la cabeza pero Bill no le hace caso. Se empuja hacia enfrente, forzando a Tom a recostarse sobre su espalda. Los ojos de Tom se abren a más no poder cuando Bill se deshace de sus pantalones. Ahora está desnudo y duro y Tom traga con dificultad.
– Déjame tocarte – pide Bill. Sube la playera de Tom y se aferra a la cinturilla de sus bóxers.
– Bill…
– ¿Me dejarás aunque sea verlo? Quiero verlo duro – ruega Bill. – Sólo quiero verlo, nada más.
– Oh, Dios – gime Tom. Incluso en su ebrio estado sabe que están yendo muy lejos. Se siente extraño e incorrecto y caliente y maravilloso. Los dedos de Bill son ligeros y suaves.
– Está bien – dice por fin. – B-bien, pero… sólo eso.
Los ojos de Bill se abren mucho y desliza sus dedos bajo el borde de los pantaloncillos de Tom. Jala lentamente, sus nudillos acariciando la cadera, y después un pequeño montoncito de rizos rubio oscuro. Tom se está ruborizando profundamente, sus orejas están ardiendo y su polla se está endureciendo más a cada segundo.
Lo desea, lo desea más y más.
– Oh – dice Bill en voz baja. Baja aún más la prenda, y pronto, su pene está expuesto, duro y húmedo y rosa. Bill lo mira por un momento, Tom mira el rostro de Bill ansiosamente.
– Y… – Tom le incita a hablar.
Bill se inclina hacia enfrente y frota su vientre contra la punta del miembro de Tom. Tom gime, sus caderas se sacuden y todo su cuerpo se estremece. Bill se hace hacia atrás, sus ojos abiertos de par en par.
– ¿Puedo? – pregunta Bill en voz baja. – Seré rápido.
– No – responde Tom. – No seas rápido.
El vistazo de una sonrisa aparece en las facciones de Bill cuando se inclina de nuevo, frotando su vientre contra la erección de Tom. Las caderas de Tom comienzan a moverse, empieza a embestir lentamente contra Bill. Cuando Tom baja más la mirada, puede ver la polla de Bill, dura y casi idéntica a la suya. Traga con dificultad.
– Se ve tan bien – dice Bill en voz baja. – ¿Yo me veo bien?
– Joder, sí, sí – exclama Tom. Bill se desliza hacia abajo por el torso de su hermano, deteniéndose para mirar al otro. Tom jadea, sus caderas sacudiéndose hacia arriba, la punta de su polla golpeando un pezón de Bill. – Mierda… Bill… – Bill se desliza más abajo y con un rápido aliento, sumerge su cabeza y lame la erección de su gemelo.
– Bill, Bill, Billllllllllll – gime Tom. – No puedes–
Bill agarra la erección con una mano. – Puedo hacer lo que yo quiera – y la lleva directo a su boca.
Tom grita y deja de embestir y ahogar a Bill. Por nada iba a detener a Bill ahora, era demasiado bueno, demasiado intenso, y él estaba muy ebrio, de whiskey y de Bill.
Bill le succiona ruidosamente, gimiendo alrededor de la polla de Tom y frotándose a sí mismo contra las mantas.
– Eso es bueno, joder, muy bueno – los dedos de Tom se enredan en el suave, oscuro cabello de Bill, quien se derrite en las sábanas. – Dios, Bill… Dios…
– ¿Se siente bien? – dice Bill contra su pene, sus labios haciéndolo hormiguear placenteramente. – ¿Yo me siento bien?
Tom no tiene palabras, todo lo que puede hacer es gemir en respuesta, jalando con delicadeza el cabello de Bill. Baja la mirada y lo observa. Es surreal; su hermanito tiene su boca firmemente prendida a su polla. Tom ni siquiera puede creerlo. Está tan confuso y cálido, y tal vez ni lo recuerde por la mañana.
– Bill – logra decir. – N-no…
Bill lo mira con ojos oscurecidos. Incluso si Tom dice que no, está seguro que no es en serio, y Bill lo sabe muy bien. Toma a Tom profundo en su garganta, torpemente lamiendo la longitud, apretando los labios haciendo los más deliciosos y húmedos sonidos. Tom le suelta el pelo y se agarra a la cabecera tras él.
– Joder, Bill, Bill, tan b-bueno… Oh, Dios mío – gime, los dedos de sus pies curvándose. Bill deja salir pequeños gemiditos, frotándose contra las sábanas y retorciéndose salvajemente. – Bill–
– Mmm – murmura el menor, sus ojos enfocados casi totalmente negros. Envuelve la base del pene de Tom con una mano y hace fricción con el pulgar, apretando, chupando con fuerza.
Tom se corre al instante, caderas embistiendo fuerte, deshecho en un tembloroso desastre bajo Bill sobre la cama.
Cuando se tranquiliza, sonríe y suelta una carcajada, dándose cuenta de que Bill ha tragado. Bill se tragó su corrida. Y por la mirada en su rostro, parece lo disfrutó.
– Mmm – dice Bill, removiéndose, frotándose contra una pierna de Tom. – Sabes bien, lo sabía.
– Joder, ¿habías estado pensando en esto? – Tom levanta una temblorosa mano para acariciarle la cara.
– Probablemente casi tanto como tú – responde Bill en voz baja. Gira la cabeza y besa los dedos de Tom. – ¿Sigues ebrio?
Tom se ríe otra vez y jala a Bill a su encuentro. – Billll, hueles tan bien.
– También tú – dice Bill, satisfecho con la feliz mirada en el rostro del otro. Tom está siendo muy dulce, tocándolo tan suavemente. Así es como debe ser, Tom acurrucado a su lado, tocándolo, amándolo.
Las manos de Tom le agarran el culo y Bill se mueve ante el toque. – Puedes tenerlo todo – le dice Bill. – No quiero que nadie más me posea.
– Sí – responde Tom. Se siente pesado, cansado. Sus dedos recorren la hendidura de Bill mientras cierra los ojos. – Lo haré, lo haré… pronto, lo haré.
– ¿Lo prometes? – pregunta Bill. Sigue duro y frotándose contra Tom.
– Mmm, lo prometo – responde.
– No te duermas sobre mí, yo– Tom ronca suavemente y Bill hace un puchero, soltando una maldición. – ¡Tomi!
Bill bufa, mirando duramente a Tom, pero en realidad no está enfadado. Sólo está caliente. Se retuerce sobre Tom una vez más y después se acurruca a su lado. – Será mejor que seas bueno y me termines la próxima vez – dice en voz baja, apretándose a sí mismo. Necesita correrse, y lo hará, pero por su propia mano.
La próxima vez, Tom no estará borracho y más le valía darle a Bill lo que quiere.
F I N
Gracias por leer.