No me beses

Traducción autorizada del fic «Don’t kiss me » escrito por undrockroll. Parte de la serie «Don´t» que tenemos completa «Aquí«. Disfruta tu lectura.

«No me beses»

Todo comenzó cuando Bill entró al autobús y encontró a su hermano en una posición muy comprometedora.

—¿Qué estás haciendo?

Tom se congeló inclinado para recoger una pieza de pan que había caído al suelo.

—¿Qué? —preguntó. Su mano se deslizó hacia abajo lentamente y tomó la rebanada de pan.

—¿Eso es de mi emparedado de hace rato? —preguntó Bill.

—No sé, ¿te hiciste un emparedado antes? —Tom alzó una ceja y le sacudió el polvo al pan.

Bill entrecerró los ojos. —Sí, un emparedado de queso y mayonesa.

—Oh. ¿Estaba bueno?

—Nada mal, pero había una pequeñísima mota de moho en el pan y no pude comerlo, —dijo Bill. Vio a Tom inspeccionar el pan y después encogerse de hombros.

—Como digas, se ve bien para mí. —Tom alzó la pieza de pan y se la llevó a la boca. Bill hizo una mueca.

—Eso fue asqueroso, creía haberlo tirado a la basura, —dijo Bill—. No sé ni siquiera cómo salió de ahí.

Tom se encogió de hombros otra vez y comió otro poco. —A mí me sabe bien.

Bill tan sólo negó con la cabeza y lo empujó al dirigirse a la parte trasera del autobús. —No dejaré que me beses, —murmuró mientras le golpeaba el hombro.

&

Bill se estiró en el sofá de su casa y dejó que su gato, Kasimir, subiera a su regazo. Se sentía muy relajado. Él y Tom estaban en casa por un raro fin de semana sin conciertos o entrevistas y sesiones de fotos, y su madre había echo escándalo sin parar. Era casi más estresante que la vida en la carretera.

Estaba a punto de usar el elusivo momento para dormir cuando Tom entró saltando a la habitación con su perro Scotty corriendo tras él y ladrando.

—¡Tom! —gruñó Bill. Kasimir le clavó las garras en sus muslos y después salió disparado del lugar—. Tom, ¿qué diablos haces?

Tom se tiró al suelo y dejó que Scotty se le subiera encima. —¿Qué?

—Eres muy ruidoso, —respondió Bill tirándole un cojín a la cara y acurrucándose más en los almohadones del sofá.

—Tú también, —dijo Tom—. Vamos, chico. Anda. —Tom provocaba al animal jalándole la cola y apretando un juguete chillante—. ¡Anda, ven por él!

—Ugh, —gimió Bill. Dio un vistazo entre los cojines y miró a su hermano. El perro le mordía el cabello, su gorra estaba completamente olvidada. Bill tenía que admitirlo, era medio divertido—. ¿No puedes irte a otro lado?

—No quiero. —Scotty ladró fuerte, un agudo sonido que llegó directo a los oídos de Bill, recordándole por qué le gustaban más los gatos.

—Scotty, largo, —dijo Bill, agachándose y recogiendo el juguete chillante. Lo apretó una vez y lo aventó hacia la cocina. Cayó en el suelo con un chillido. Scotty no fue tras él, estaba muy ocupado peleando con Tom.

—Anda, tonto perro. —Tom se reía. Encerró al animal entre sus brazos y le acarició con fuerza la cabeza—. Mira, le gusta.

Bill rodó los ojos. —Deja de alentarlo.

—Nah, está bien, —dijo Tom.

—Le estaba hablando al perro. —Bill suspiró y se rodó de lado, mirando la escena. Tom se inclinó hacia enfrente y le apretó un muslo—. Ouch.

—Endeble.

Compartieron una mirada y sonrieron. Bill deslizó una mano hacia abajo y acarició los nudillos de Tom suavemente.

Entonces, Scotty saltó sobre Bill y comenzó a removerse, moviendo su cola feliz.

—¡Scotty! —amonestó Bill, sentándose y empujando al perro para quitárselo. Tom rió y jaló al animal hasta su regazo.

—Eres un idiota, —le dijo a su hermano, abrazando al perrito—. ¿Verdad que sí? Sí, es un idiota.

Bill volvió a rodar los ojos, sacudiéndose el pelo de perro de su playera. Pelo de gato, podía lidiar con eso. No el de perro.— Los dos son tan…

Se detuvo porque en ese momento, Tom lentamente llevó su rostro a la cara del perro y Scotty le lamió la boca. Tom rió, y Bill pudo haber jurado que la lengua del perro de verdad había entrado a la boca de su gemelo.

—¡Ewww! —gimoteó Bill, rodando y poniéndose un cojín sobre la cabeza—. ¡Tom!

—¿Qué?

—¿Tú qué crees? —preguntó—. Asqueroso.

Escuchó al perro trotar fuera del cuarto y después sintió un par de manos en su espalda. —Bill…

—No.

—Bill, mamá y Gordon no están en casa, anda.

No. Ve a besuquearte con tu perro.

Tom lo hizo rodar sobre su espalda y se sentó en sus muslos. —Prefiero besuquearme contigo.

Bill hizo un gesto. —Pudiste haberme engañado.

—Tranquilo, —dijo Tom, ya jugando con el cinturón de Bill—. Anda, chico.

—No soy un perro, —se quejó Bill.

Tom le desabrochó los pantalones y comenzó a meter los dedos bajo la tela. —Tienes razón, pareces más un gato.

A pesar de todo, Bill rió. —De acuerdo. Pero eso fue asqueroso y no dejaré que me beses.

—Vamos, chico…

&

Bill se sentó sobre sus piernas en la parte trasera del autobús del tour, estudiando sus uñas. El resto de la banda estaba haciendo pruebas de sonido, y Bill había optado por quedarse atrás y arreglarse las uñas. Con cuidado las colocó en delicados arcos, e intentó decidir qué pintar sobre ellos.

Estrellas. Una línea. Pequeños cráneos.

—¿Bill?      

Levantó la mirada. Tom entró por la pequeña puerta y la cerró tras de sí. Se sentó en el sofá y puso sus pies sobre la mesa.

—Eh, —murmuró Bill, fulminando con los ojos los sucios zapatos sobre la superficie donde comían—. ¿Cómo estuvo la prueba de sonido?

Tom se encogió de hombros. —Ya pasó.

—De acuerdo, —dijo Bill, mordiéndose la lengua con los labios mientras se concentraba. Comenzó a pintarse puntas francesas con cuidado, su vieja moda—. ¿Qué haces aquí?

—Quería verte, —Tom se dejó caer en su asiento y cruzó las piernas—. Pero tú te estás haciendo las putas uñas.

—¿Y?

—Y… —Tom se le acercó—. Pásame el cortaúñas.

—Lo estoy usando…

—No es cierto, —dijo Tom. Le jaló del codo y Bill gritó, golpeándole en la muñeca—. De acuerdo, de acuerdo.

Tom descansó una mano en la rodilla de su hermano y apretó. Bill se estremeció y le miró enojado. La expresión de Tom era absolutamente perversa.

—Tom…

—Déjame hacerlo, —murmuró Tom. Bill alzó las manos, dejando sus uñas secarse al aire mientras Tom colocaba ambas manos en cada lado de la delgada cintura de su gemelo. Cerró los ojos y suspiró. No podía tocar al guitarrista porque sus uñas todavía estaban frescas y era meticuloso en querer siempre tenerlas bien pintadas. En lugar de eso, se dejó ser acariciado.

Bill levantó las caderas y Tom se sentó en sus muslos. —Tu ropa es enorme, joder, —dijo el cantante frunciendo el ceño. Tom se inclinó y Bill movió las manos hacia atrás; la manga de la playera de Tom casi arruinaba su trabajo tan preciso.

—¿Qué importa si tus uñas no están bien? —dijo Tom justo en su oído. Bill giró la cara y sus labios se encontraron brevemente. El mayor se movió un poco hacia arriba y alineó sus entrepiernas, frotándose contra él. Bill jadeó y dejó que su cabeza cayera hacia atrás exponiendo su garganta. Tom presionó sus labios en el espacio dispuesto y chupó la piel de ahí.

—Quítate, —dijo Bill moviendo las manos. Tom se sentó bien y lo miró resentido.

—¿Quítate?

—Mis uñas, —respondió Bill, preguntándose si se veía tan ruborizado como se sentía—. Un par de minutos más.

—Tus putas uñas. —Tom se le quitó de encima y se sentó en el sofá. Levantó sus dedos, inspeccionándolos—. A mí nunca me importó el cuidado de mis putas uñas.

Bill lo miró y continuó soplándose las suyas. Regresó la mirada a sus manos. Las puntas blancas, decidió, estaban algo irregulares. Trabajaba mejor a solas. Entonces, escuchó un sonido que hizo que sus huesos se helaran y lo hicieran estremecerse.

Tom se estaba mordiendo las uñas.

—¡Tom! —siseó.

—¿Qué? —Tom pausó sus mordidas y Bill pudo jurar que estaba limpiándose las uñas con la parte delantera de sus dientes.

—Tom… ¿Te estás limpiando… las uñas con tus… dientes? —jadeó.

—Sip.

Bill se estremeció de nuevo cuando lo escuchó morderse con fuerza una uña. —Eso es asqueroso.

Tom escupió algo y le hizo una mueca. —¿De qué otra podría hacerlo?

—Podrías lavarte las manos —sugirió el menor.

—Nah —Tom se mordió las uñas de nuevo y Bill pudo decir que sostenía lo que había cortado en su boca. Hizo que su estómago se revolviera.

—Tom…

—¿Si?

—No dejaré que me beses.

Tom levantó la mirada. —Eres muy raro, Bill.

&

—¿No tengo elección?

Bill estaba sentado en el área de la sala del autobús, sosteniendo un vaso corto lleno de puro vodka. Georg y Gustav le asentían y Tom vaciaba su propio vaso.

—No, te negaste a hacer tu reto. Tienes que cumplir —dijo Georg. Fulminó a Tom con la mirada—.  ni siquiera tenías que hacerlo.

—Quería tomar —Tom se encogió de hombros, hipando.

Bill rió y negó con la cabeza. —No puedo. Me desmayaré tan pronto trague esto.

—Bien —dijo Gustav.

—No, no lo haré —dijo Bill. Le extendió el vaso a Tom, quien lo tomó al instante. Bill lo golpeó—. ¿Quién sigue?

—Tom —respondió Georg.

—¿Qué? —Tom parpadeó. Había estado tomando vodka toda la noche pero seguía consciente—. ¿Ahora qué?

—Bien, yo tengo uno —dijo Georg, inclinándose hacia enfrente. Gesticuló hacia el vaso vacío de Tom—. Te reto a que bebas agua del inodoro.

—¿Cuánta? —preguntó arrastrando las palabras. Bill resopló e hizo una mueca.

—No lo harás —dijo.

—Un vaso corto lleno —sugirió Gustav.

—De acuerdo —respondió Tom.

—¡¡Tom!! —gritó Bill, gruñendo.

—Ya regreso —dijo Tom, levantándose. Comenzó a alejarse caminando pero el movimiento del autobús hacía que se tambaleara.

Bill gruñó y lo siguió. —Tom…

El susodicho ya estaba en el pequeño baño, levantando la tapa del excusado. Bill lo jaló por el cuello de la playera—. ¡No beberás eso!

Tom lo miró con ojos desenfocados. —Fui desafiado… No será tan malo. Ya ni siquiera puedo saborear a mi propia lengua.

—Prueba la mía —murmuró Bill se inclinó y besó a Tom, lamiendo con su lengua todo el interior de los labios del mayor. El de rastas dejó caer el vaso y puso una mano en la cintura de su hermano. Regresó el beso, atrayendo la lengua de Bill en su boca. El cantante podía saborear perfectamente el alcohol en la boca de su hermano y casi se sentía embriagado por ello.

—Sí, sabe bien —Tom deslizó una mano al trasero cubierto de Bill y apretó—. ¿Por qué me seguiste?

—Para decirte que si bebes eso, nunca más dejaré que me beses —Bill empujó sus caderas hacia adelante, presionando su polla contra el muslo de Tom. El mayor gimió y mordió ligeramente la lengua de Bill.

—¿Pero me dejarás follarte?

Bill exhaló y lo empujó. —No beberás eso.

Tom se encogió de hombros y deslizó su mano por los pantalones de Bill. Levantó el vaso caído y lo metió al inodoro.

—¿Ni siquiera le jalas a la cadena, sólo por si acaso? —Bill ya no pudo mirar. Dejó el baño y fue de regreso a la sala. Georg y Gustav le observaron.

—¿Dónde está? ¿Se desmayó? —preguntó Georg.

—No —respondió Bill sentándose de brazos cruzados. Tom regresó, sin vaso.

—¿Ya lo hiciste? Tenemos que verlo —dijo Gustav.

Tom negó con la cabeza. —De ninguna manera.

—¡Pero aceptaste hacerlo!

—Elijan algo más —dijo Tom. Bill sonrió satisfecho.

—Bien, bien. ¿Recuerdas la comida que está hasta atrás en el refrigerador? Está en ese contenedor, cerrado desde hace siglos. Te reto a ir por él y comerlo —dijo Georg.

Tom ya estaba de camino al refrigerador. —¿Cuánto tiempo tiene?

—Ha estado ahí desde el inicio del tour —dijo Gustav, arrugando la nariz.

Tom se encogió de hombros y miró el refrigerador. Sacó un contenedor de plástico blanco y lo abrió. Al momento, un asqueroso olor penetró las narinas de todos.

—Ew, ciérralo —se agitó Bill, jalando su playera para cubrirse la nariz. Georg y Gustav tenían las manos sobre sus narices.

Pero Tom… Tom simplemente lo olfateó y le dio una probadita.

—No está tan mal —dijo, tragando sin siquiera hacer una mueca—. Creo que es camarón viejo… ¿Cuándo comimos mariscos? Esperen, quizá no son camarones… ¿Debería comer más?

—¡No! —gritó Bill. Georg y Gustav estaban riendo tan fuerte como para sostener una conversación. Tom sólo se encogió de hombros otra vez y tiró la pequeña caja de plástico a la basura.

Fue a sentarse al lado de su gemelo. Bill lo fulminó con la mirada desde el cuello de su playera. —No dejaré que me beses —murmuró para que sólo Tom pudiera escuchar.

Tom sonrió y se limpió la boca con el antebrazo. —Perfecto, ¿quién sigue?

&

Bill recorrió con sus uñas la espalda desnuda de Tom, hundiéndolas en la carne, aferrándose y dejando que su cabeza cayera hacia atrás mientras maullaba. Tom le agarró el trasero, acercándolo más y lamiéndole el pecho. Bill dejó salir un grito y se apretó contra Tom. Las letras en relieve de la playera del mayor le hacían cosquillas en su pecho desnudo.

—Quítatela —susurró Bill, deslizando las manos bajo la tela—. Y la puta gorra también.

—Uno de estos días me la dejaré puesta —respondió Tom, soltándolo para poderse quitar la playera—. Y te va a encantar.

—Joder, no —gruñó Bill. Se inclinó y asintió hacia abajo—. Estoy muy duro, no sé si puedas verlo.

Tom rió. —Puedo sentirlo… ¿Qué quieres que haga al respecto?

—Tal vez chuparla —dijo Bill—. Tocarla, jalarla. No me importa.

—¿Jalarla?

—Tom —gimió Bill. Sus jeans estaban demasiado apretados para su comodidad. Comenzó a desabrocharse el cinturón y luego se recostó de nuevo—. Ahora tú.

Tom se cruzó de brazos y Bill se alejó. —Quiero ver que tú lo hagas.

Bill entrecerró los ojos. —Eso no… es divertido.

—No para ti, no —sonrió Tom—. Anda, mis dedos me duelen por haber tocado toda la noche.

—Pobre Tomi —ronroneó Bill, tomando una mano de su hermano. Beso los dedos, sin quitar la vista del mayor, y luego metió uno a su boca. Vio al guitarrista cerrar los ojos y morderse el labio, y sintió todo el cuerpo de Tom tensarse—. Lo ves, lo deseas.

—Mucho —admitió Tom abriendo los ojos.

—Si consigo esa reacción chupando tu dedo, me pregunto qué pasará cuando te la chupe… —dijo Bill, sonriendo e inclinándose en Tom. Lo besó sonoramente y sintió las manos del mayor aferrarse a su culo de nuevo. Bill se removió sintiendo su entrepierna tirante—. Anda, Tom, te necesito. Yo te la chupe toda la mañana…

—No toda la mañana…

Bill le mordió el hombro y Tom se volvió a tensar. El menor sonrió. —Tienes suerte de que me encante hacerlo. Te chuparía todo el día.

—Lo tendré en mente —respondió Tom, casi sin aliento. Bill masajeaba su pene sobre sus pantalones, recorriéndolo en pequeños y rápidos círculos. Sabía lo que hacía, sabía cómo mandar a Tom justo al borde—. Joder.

—¿Qué? —dijo Bill con tono inocente. Presionó su palma en la entrepierna de su gemelo.

Tom negó con la cabeza, su rostro se coloreó.

—Joder. Nuevo plan —dijo—. Tan sólo voy a follarte.

—¡Tom! —se quejó Bill, soltándole—. No puedes sólo…

Bill fue interrumpido porque Tom levantó sus caderas y lo recostó en la rasposa cama del hotel. Bill chilló y le sonrió. —Quiero que dure más de cinco minutos —dijo.

—¿Puedes durar cinco minutos? —preguntó Tom. Se deslizó fuera de la cama y para quitarse los jeans. Bill lo miró pelear con ellos hasta que se rindió y se los quitó sin desabrocharlos. Después de patear sus bóxers, Tom regresó a la cama, y sobre Bill.

Bill le sonrió y enredó sus piernas en la cintura del otro, jalándolo hacia su cuerpo. Levantó una mano y la colocó en la espalda de Tom, apretando la piel allí, masajeando con sus palmas los omóplatos de su hermano. La parte favorita de Bill era la espalda de Tom. Estaba tonificada lo suficiente y era fuerte, pero no tan marcada. Bill amaba cómo se movía la espalda de Tom.

Tom gruñó. Bill sabía que a Tom le encantaba cuando le clavaba las uñas. —Joder —dijo Tom otra vez—. Quiero que te des la vuelta.

Bill levantó una pierna todavía vestida en mezclilla, señalándola. El dolor en su entrepierna era casi insoportable. —Tom, quítame la ropa —jadeó suavecito—. Yo no puedo hacerlo.

—¿Qué dices?

—Sólo hazlo —suplicó Bill. Tom rió y se sentó. Deslizó sus dedos en los jeans de Bill e intentó jalarlos fuera de sus caderas, pero no cedían—. Tom, por favor.

—Sí, sí, eso intento —Tom trabajó en el cierre—. Está atorado.

—No puede ser que esté atorado —dijo Bill en tono jadeante. Palmeó su pene para intentar liberar algo de tensión, pero sólo empeoró las cosas—. Oh, Dios.

—Bill, lo digo en serio —dijo Tom, sonando irritado. Jaló el cierre otra vez, y después gritó—. ¡Maldición!

—¿Qué? —Bill se sentó y lo miró. Tom agitaba su dedo maldiciendo en voz alta. Bill lo tomó del brazo para calmarlo—. Tom, tranquilízate. ¿Qué pasó?

—Tu puto cierre —respondió Tom apretando los dientes. Bill miró hacia abajo.

Oh. ¿Se ve mal? —Tomó su dedo. Estaba sangrando mucho—. Mierda.

—Está escurriendo por todos lados —dijo Tom desesperado. Agitó el dedo de nuevo.

—¿Crees que necesites puntos? —Bill frunció el ceño.

—Sí, Bill. Hola, me corté el dedo intentando follar a mi hermanito. ¿Qué hago? —Fulminó a Bill con la mirada por un segundo y luego comenzó a reír.

—¿Intentabas follarme?

Tom rió más fuerte. —Joder con esto —dijo.

Se metió el dedo a la boca y comenzó a chupar.

—Tom… —Bill sintió que su estómago se retorcía—. Tom, ¿estás chupando tu propia sangre?

Tom se sacó el dedo de la boca. —¿Quieres?

—¡No!

Tom se encogió de hombros. —Como quieras. Eso detendrá el sangrado —sonrió—. Creí que te gustaban los vampiros.

—En teoría, Tom, en teoría. ¡Y tú no eres un vampiro! —Bill de verdad empalideció.

—¿No crees que es sexy? —Tom estudió su dedo—. Espero que se haga una costra.

Bill se levantó de la cama poniendo una mano en su cadera. Tom siguió chupando su dedo, mirando a Bill. El menor gruñó.

—No dejaré que me beses.

—Sí, sí.

&

—Tom.

—Uh. ¿Sí?

—Sólo… —Bill lo jaló hacia abajo y enterró el rostro bajo su barbilla. Estaban  perfectamente desnudos, deslizándose juntos en sudor, desesperados por fundir sus extremidades. Bill movió sus caderas hacia arriba y sus penes se encontraron, presionándose juntos en un satisfactorio dolor—. Gírame.

Tom clavó su erección más fuerte y levantó la cabeza. —No, aún no.

—Sí —respondió Bill. El mayor le sonrió y se alejó. El pelinegro se quejó—. Tomi, eres un idiota.

—Eso es muy dulce —Tom lo besó con fuerza y Bill protestó, alejándose de su hermano girando sobre su estómago. Tom se sentó y le golpeó en el trasero.

—¡Tom!

—Te dije que no te giraras —dijo. Bill enterró la cabeza entre sus brazos y gimió, patético. Tom puso ambas manos en la cintura de su hermano y lo volteó otra vez. Bill lo miró, ruborizado—. Ahora quédate quieto.

Bill intentó girarse de nuevo pero Tom se sentó en sus piernas, clavándolo en las sábanas. —Quiero que me folles —dijo Bill, los ojos completamente abiertos.

—Lo haré —Tom sujetó su pene y apretó—. Justo ahora, estamos jugando.

—¡No quiero jugar!

Tom se inclinó hacia abajo y presionó su frente contra la de Bill. —Entonces supongo que iré a buscar a alguna chica que quiera hacerlo.

Bill suspiró audiblemente y lo pateó para quitárselo de encima. —Odio eso. Sabes que lo odio.

Tom rió y se levantó. Lo jaló y enredó sus piernas alrededor de Bill. —Sé que lo odias, lo siento.

—Uff —Bill le clavó las uñas en la espalda y tensó los dedos. Tom gruñó—. Compénsame.

—¿Cómo?

—Piensa en algo.

Tom entrecerró los ojos y desenterró las uñas de Bill encogiéndose de hombros. —Te follaré.

—Puedes hacer eso en cualquier momento. Piensa en algo más.

—Bill…

Bill se rodó sobre su estómago. Tom recorrió con una mano su espalda y la descansó sobre su trasero. Bill se sintió derretir bajo el toque de su hermano pero intentó permanecer estoico. No iba a dejar que Tom se saliera airoso tan rápido por lo que había dicho. Sabía que su hermano follaba chicas, pero tenían un acuerdo de no hablar sobre ello.

—De acuerdo, jugaré —dijo Bill, mirándole sobre el hombro—. Pero quiero que me folles.

—Por supuesto —Tom se subió sobre su espalda y presionó su erección contra la piel de Bill. El menor sintió la dureza y su estómago se retorció. Cuidadosamente se giró, bajo Tom, y estuvo frente a frente con ese pene. Tom se presentaba ante su hermano, queriendo que se la chupara. Bill entrecerró los ojos y sin palabras, tomó ese miembro en su boca.

Bill chupó con fuerza y Tom gimió sonoramente. El menor sabía que era condenadamente bueno chupando la polla de Tom. Sabía exactamente cómo terminarlo y sabía exactamente cuándo alejarse para que Tom se muriera de ganas por metérsela. Si el de rastas pensaba que a Bill no le gustaba jugar, estaba muy equivocado. Esta era la idea que el cantante tenía sobre un juego. Un juego que él siempre ganaba. El truco era dejar que Tom creyera que él tomaba todas las decisiones.

—Joder —murmuró Tom, mirándole. Bill sintió los ojos de su hermano sobre su cuerpo y levantó la mirada, sintiendo que su pene se estremecía. Había algo sutilmente delicioso en los gestos que su hermano hacía cuando se corría. Bill casi podía venirse con sólo verle—. Bill, joder.

Alejó su boca y se encogió de hombros. —Eso es todo lo que obtendrás.

—Joderrrrrr —Tom le picó la barbilla con su duro miembro, pero Bill giró la cabeza.

—Ahora es tu turno.

—¿Eh?

—Tomi, vamos. Hice todo por ti —dijo. Sonrió y aleteó las pestañas. Tom rodó los ojos y se le quitó de encima.

—Gírate…

Bill chilló e hizo lo que le pidió. Se giró y se levantó en sus codos, casi temblando de anticipación. Esperó por la familiar sensación del pene de Tom tocando su entrada, pero nunca llegó. Cuando miró sobre su hombro, vio a su hermano sentado en cunclillas, mirando su culo de forma pensativa.

—¿Tom?

—Sí, sí. Espera.

Bill hizo una mueca y se giró de regreso. —Fóllame, no entiendo por qué es tan difícil.

Bill sintió las manos de Tom en su trasero, abriéndolo. Bill abrió mucho los ojos.. ¿Qué hacía su gemelo?

Y luego, sintió humedad en su agujero. La lengua de Tom estaba… en él.

—¡Tom!

—¿Qué?

Su estómago se retorcía como nunca y su pecho revoloteaba como nada que hubiera sentido antes. Tom estaba lamiendo su culo. Bill estaba completamente sorprendido, casi demasiado como para darse cuenta de lo bien que se sentía.

Tom empujó su rostro justo contra su culo y su lengua fue más profundo, lamiendo algo dentro de Bill. El cantante ni podía hablar. Su hermano nunca lo había echo antes, era algo que había escuchado y se había preguntado cómo se sentía.

—¿Se siente bien? —preguntó Tom.

Bill abrió la boca y negó con la cabeza. Todo lo que sabía era que la forma en que Tom le hacía sentirse le provocaba quedarse sin palabras.

—Tom —dijo al fin, suspirando y temblando —. Pones tu boca en cualquier cosa.

—No en cualquier cosa —respondió su hermano con voz ahogada. Las vibraciones de las palabras hicieron que el pelinegro se estremeciera, y tuvo que mirar a su gemelo sobre el hombro. Cuando lo hizo, vio que la mitad del rostro de Tom estaba oculta. Enterrada en su trasero. Se le atoró el aliento en la garganta y Bill casi se atraganta.

—No puedo creer que estés haciendo esto —dijo tembloroso—. Oh, Dios.

—¿Por qué? Se siente bien —Tom tensó la lengua y Bill soltó un chillido, levantando las caderas al ritmo de los movimientos del mayor—. Joder.

—¿Qué? —exhaló Bill mordiéndose el labio.

—Te voy a follar ahora.

—Uh —gruñó el menor suavemente. Su pene estaba muy duro después de lo que Tom había estado haciendo, y se sentía completamente inútil—. Siempre y cuando tú hagas todo el trabajo.

—Sí. —Tom se arrodilló sobre Bill y untó su pene con lubricante. Después, el cantante por fin sintió lo que había deseado desde el principio —el pene de Tom en su culo. El guitarrista empujó su miembro con fuerza y Bill gritó. Tom tomó con una mano el pene de su hermano, haciendo círculos con el pulgar en la punta. Bill temblaba bajo el mayor, a punto de liberarse cuando recordó la lengua de Tom en su culo, se hizo hacia enfrente, cayendo de cara sobre las sábanas.

El miembro de Tom estaba recorriendo su interior y tuvo que apretarlo, tensando sus músculos. Iba a ser una rápida follada porque los preliminares habían sido deliciosos. Bill se hizo hacia atrás y se aferró a los muslos de Tom, clavando sus uñas en la piel. Tom gimió por lo bajo. Casi salió del otro, pero Bill se tensó con fuerza a su alrededor y Tom se vino dentro de jalón.

Bill sintió el aletazo de calidez golpear su estómago y se quedó sin aliento. Tom se inclinó sobre él, todavía acariciando su pene y rodándolo en su mano. Tom siempre se venía primero pero Bill agradecía que a él nunca lo dejaba desatendido. Siempre lo terminaba.

Salió de Bill y se agachó, metiendo la polla de Bill en su boca. Los ojos del menor rodaron y gritó, tomando a su hermano del cabello y jalando. Tom levantó la mirada y sus ojos se encontraron. Bill se vino en su boca, y Tom tragó todo, incluso chupó buscando más.

Bill se giró, jadeando. Se sentía completamente exhausto. —Tom.

—Sí.

—Pusiste tu lengua en mi culo.

—Sí —Tom sonrió y se movió, a punto de besarlo. Bill levantó una mano y negó rápidamente con la cabeza.

—¡No! No dejaré que me beses —dijo, haciendo una mueca—. Mi culo.

—Aw, tienes buen sabor.

—Ugh. Ve a tomar agua y lo pensaré —Bill abrazó sus rodillas y levantó una ceja. Tom rodó los ojos y fue al baño por un vaso con agua. Caminó de regreso, tomando un largo trago del vaso y después lo puso sobre su mesita de noche.

—De acuerdo, ¿y ahora? —preguntó.

—Espera —dijo Bill. Se inclinó y tomó el vaso con agua, y tomó un sorbo. Cuando lo puso en su lugar y miró a Tom, el  mayor tenía una expresión de horror en el rostro—. ¿Qué?

—Acabas… de beber de mi vaso.

—¿Y?

—Eso es asqueroso —dijo Tom, gruñendo sonoramente—. ¿Tienes una idea de qué tan asqueroso es eso?

—Tom… ¿En serio? —Bill frunció el ceño.

—No puedes beber de los vasos de otras personas —se quejó, levantándose de la cama y caminando alrededor—. Ugh.

—¡¡Tú comiste comida del suelo!! —gritó Bill—. Casi bebes agua del inodoro. ¡Metiste tu lengua en mi culo!

—Voy a vomitar, no puedo creer que bebiste de mi vaso —Tom se sentó y negó con la cabeza—. No dejaré que me beses.

Bien.

F I N

Gracias por leer.

por Analif

Traductora del Fandom

Un comentario en «No me beses»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!