Notas de MizukyChan: Y comenzamos con una nueva aventura. Esto me emociona, porque el fic original está en ruso, luego pasó al inglés y ahora al español. Así que espero que puedan reír igual con las escenas de la historia. Recuerda que en este fic los personajes tienen otros nombres.
Son: Thomas Mayer, Tom.
Wilhelm Rohau, Bill.
Jay o Jamie, es el amigo rubio de Tom.
Udo, es un tipo colorín que trabaja en “Stil”.

“Yes, boss” Capítulo 1
—Hey. ¡Despierta princesa, o llegarás tarde a la cita con tu príncipe! —Un chico rubio quitó la manta de encima de su compañero de cuarto y le dio una nalgada a sus firmes cachetes, ocultos bajo bóxer blancos—. ¡Despierta y brilla, vaquero!
—Jay, más vale que te decidas. ¿Qué soy para ti: una princesa o un vaquero? —Murmuró somnoliento su amigo y envolvió con sus manos la almohada, enterrando su nariz en ella.
—De hecho serías mi princesa, si jugara para ese lado, pero como solo me gustan las mujeres, serás mi vaquero. Vamos. ¡Despierta!
Oyendo un sonoro ronquido de su amigo, corrió a la cocina y tomó una botella de agua fría gasificada y la agitó, sonriendo maliciosamente.
—Te castigaré por todo el bullying.
Su amigo, sintiendo que algo andaba mal, giró sobre su espalda y comenzó a roncar incluso más fuerte al haberse desparramado sobre la cama como una estrella de mar. Jamie miró a la botella y luego a la relajada cara de su amigo y se acercó al velador, para coger un plumón negro.
—¡Toma eso, tío! Todavía no me he olvidado de aquel día que pasé con las palabras “una hora a 10 euros” escritas en mi frente —murmuró el chico, mientras escribía con letra cursiva. Jay bajó de la cama, mirando la brillante inscripción por última vez. Tomó la botella, la destapó y arrojó la punzante agua helada sobre el cuerpo bronceado.
Un fuerte grito recorrió todo el departamento, sorprendiendo incluso a Jay. El tipo rubio gritó como una niña y salió corriendo de la habitación, huyendo de su molesto compañero. Pero, como siempre, no se dio cuenta de la protuberancia en el suelo y trastabilló, cayendo y hundiéndose en la alfombra beige oscuro. Su compañero de habitación, de inmediato, lo pegó en el suelo, maldiciendo.
—Oh, te voy a follar de una forma particularmente dolorosa, perra. —El joven montó a su derrotado enemigo, como un caballo y con las manos empapadas, frotó su polla en el trasero de su amigo—. Había deseado esto por mucho tiempo. Ahora es el momento de hacerlo.
—¡To-o-o-m! Deja de moverte. Mi trasero heterosexual se desmayará de terror.
—Me gustaría verlo. —Tom agarró las manos de su amigo con una sola mano y bajó la otra hacia el trasero de Jay—. Oh, tu culo está feliz por lo que va a pasar. Tu cerebro heterosexual está confundido.
—Maldición, Mayer, quítame de encima tus manos lujuriosas. ¡Tus bromas gay me cabrean a morir!
—Tú también me cabreaste. ¿Por qué mierda me despertaste tan temprano? ¡Quiero dormir! —Thomas se movió con resentimiento y se quitó de encima de su alborotado amigo en el suelo.
—¿Quieres dormir? ¿De qué rayos estás hablando? —Jay rodó sobre su cuerpo y gateó lejos de su compañero—. ¿No te estás olvidando de algo? ¿Soy yo el que hoy tiene una cita con el editor en jefe de “Stil”, Wilhelm Rohau?
—¡La entrevista… con Wilhelm! —Gritó Tom con los ojos muy abiertos. De un salto se levantó y comenzó a correr por la habitación, buscando sus ropas.
Después de graduarse con honores de la facultad de periodismo en la Universidad de Dortmund, el joven de 22 años pensó que todas las puertas estarían abiertas para él y que cualquier oficina editorial le daría la bienvenida con los brazos abiertos, como el graduado de la mejor universidad. Pero rápidamente se dio cuenta que había muchos “genios” como él y no muchas vacantes. Y, aunque Tom sobresalía del montón gracias a su encantadora apariencia, su figura elegante y su lengua rápida, había, como siempre, alguien mejor. “Te llamaremos”, la frase que en un principio le había dado esperanzas, se había convertido en una de rechazo, llevándolo a la depresión.
Pero un día, recibió una llamada de vuelta, de la más grande de las casas de publicación de Stella Rohau. “Stil”, su revista, era considerada la más prestigiosa y no solo en Berlín, estaba dentro de las top ten de las revistas mundiales. Stella era la dueña de esta casa editorial, pero en realidad su hijo, Wilhelm, era quien estaba a cargo. Un chico que causó euforia en el alma de Tom solo por existir en el planeta.
Comenzando una carrera como modelo a la edad de 13 años, Wilhelm había logrado gran fama. Su apariencia andrógina, sus gustos puros y sus brillantes ojos de gato, lo pusieron en lo más alto de los tabloides de celebridades en todo el mundo. Las agencias de modelos más famosas le ofrecieron contratos, los grandes diseñadores de modas se quitaban el sombrero ante él y los anuncios comerciales con él costaban mucho más de lo que Thomas hubiera soñado jamás. A la edad de 16 años, Wilhelm ya era tan conocido, que solo la gente de provincias no sabía de él.
Mayer recordó el día en que lo vio en un gran anuncio de billboard para un perfume “Eau de toilette” de Christian Dior a la edad de 12 años. Los oscuros ojos café penetraron en el alma de Tom con tanta fuerza, que cuando Tom volvió a casa se sentó frente a su laptop y se quedó dormido sobre el teclado con la siguiente imagen del joven de cabello largo.
Mayer vivía una vida común y corriente, con problemas y preocupaciones. La admiración y adoración por su ídolo solo creció con los años. Pero Tom nunca había vivido el sueño de que algún día conocería a Rohau y que éste se enamoraría de él y que tomados de las manos, correrían hacia el atardecer. Él salía con personas, se enamoraba, rompía, lo terminaban y terminaba. Pero este chico increíble, con largo cabello negro, siempre estaba en la mente de Tom como un ideal imposible.
Él seguía la vida de Bill con devoción reverente. Cada tarde iba al foro más grande sobre Rohau y siempre escribía comentarios cálidos debajo de cada nueva fotografía. Cuando, a la edad de 20, Wilhelm anunció que quería dejar su carrera de modelaje, Tom de verdad se puso histérico. Estaba terriblemente asustado de que ahora no podría ser capaz de estar con él a través de la pantalla de su laptop. Pero Rohau sorprendió a todo el mundo al convertirse en el editor de la revista de modas de su madre. A la edad de 26 años, Bill había ganado reconocimiento y respeto en todo el mundo y Thomas seguía siendo fan del chico, ahora rubio de cabello largo.
Y ahora Thomas estaba en camino a una entrevista personal con el hombre que había hecho que se masturbara frente a la pantalla del laptop tantas veces.
Mayer bajó del auto, tímidamente caminó hacia el rascacielos de 24 pisos y se quedó de pie en la entrada, luciendo descontento con su propio reflejo que se mostraba como espejo en la superficie de la puerta. Sus jeans obviamente habían pasado sus mejores días y eran demasiado grandes. El chaleco oscuro y holgado, hacía imposible ver lo musculoso y en forma que estaba, además del gorro con un dibujo desteñido, que se había puesto para ocultar las desastrosas raíces de sus rastas negras.
¿Así que viniste al templo de la moda luciendo así, eh? A conocer al hombre cuyo lema de vida es “Un hombre debe ser hermoso en todas las formas”. Thomas, estás jodidamente loco.
El chico negó con la cabeza y estiró la mano para acomodarse el gorro que escondía la mitad de su cabeza.
—¿Eres tú, Thomas Mayer? —Un hombre bajito con una trenza naranja, sacudió la manga de Tom y lo miró con sus grandes y brillantes gafas naranja—. ¿Por qué no respondes? ¿No eres Tom? ¡Mierda! ¿Dónde está el jodido asistente? El jefe llegará en unos pocos minutos y el chico todavía no está aquí.
—Estoy aquí. —Tom se las arregló para recuperar la compostura y estiró su mano, sonriendo dulcemente al nervioso extraño—. Soy el asistente de medio tiempo que estará a prueba.
—Yo no estaría tan confiado con esa apariencia. —El tipo examinó con desprecio las andrajosas ropas de Tom y lo arrastró dentro del edificio.
—El jefe odia a los tipos como tú, pero quién soy yo para tomar decisiones por él. Dejemos que él te lo diga personalmente. —El hombre colorín giró y le dio una sonrisita burlesca—. Pero quién sabe, puede que hoy tengas suerte. —El extraño rió, sin creer sus propias palabras.
El cuerpo de Tom tembló de terror cuando pensó en la inminente reunión.
& Continuará &
Una historia rusa, eh…
A leerla se dijo…
Cierto, y muy divertida