Yes, boss” Capítulo 2

Si llegaras a empezar a trabajar como asistente, debes recordar tres reglas simples. —El chico colorín empujó a Mayer hacia el ascensor y presionó el número 24—. Primero, nunca, bajo ninguna circunstancia, trates de hablarle a Wilhelm de temas personales. Y más te vale mantenerte fuera de su vista, a menos que él te llame. Él despide gente más rápido de lo que tardamos en cambiar el stock de temporada. Segundo, “Stil” es una revista de modas y cada empleado está simplemente obligado a estar interesado en lo que se escribe allí.

¿Y por qué crees que yo no…? —Comenzó Thomas, tomando los bordes de su desgastado chaleco.

¿Te has mirado a ti mismo en el espejo? —El colorín sonrió y se cruzó de brazos, dándole una mirada incrédula a la desgarbada figura en esa ropa sin dimensiones.

¡¿Y qué tal si este es mi estilo?! —Respondió Mayer, desafiante, levantando su barbilla con orgullo.

Tu estilo apesta. —El extraño sonrió con malicia y salió del ascensor—. Tercero, y métete bien esto en tu estúpida cabeza: ¡Nunca discutas con él cuando te de órdenes! Si él te pide una estrella del cielo, tú vuelas y la traes. Si te pide una manzana con sabor a plátano, te mueres pero la encuentras. No existe el “No puedo” para ti, solo el “Sí, jefe”. —El colorín empujó la puerta de la entrada principal y se quedó congelado en sus pasos.

Thomas, por inercia, dio un paso al frente y chocó con su espalda. Levantó la cabeza y jadeó por la sorpresa. Era el verdadero fin del mundo en esa habitación. Gente corría de una mesa a otra, empujándose y mirándose de frente. Chicas despeinadas, estaban retocando su maquillaje con manos temblorosas. Hombres de traje, ajustaban sus corbatas tiesas y arreglaban frenéticamente sus peinados. Un par de chicos, con trajes muy a la moda, estaban comiendo rápidamente alrededor de una mesa los restos de una pizza y limpiaron velozmente lo que quedaba y unos paquetes de papas fritas. El aire en la habitación estaba, literalmente, electrizado y el nerviosismo del staff pasó de inmediato a Tom, haciéndolo mover un pie con impaciencia.

¡¿Ya viene?! —Preguntó el extraño y corrió por el corredor, después de recibir un asentimiento de uno de los chicos—. ¡Mierda! Se supone que llegaría a las nueve. ¡Mierda, mierda, mierda! —Murmuró el joven y corrió para atravesar la enorme habitación. Sacó una pequeña botella de “Veen” del refrigerador y vertió un poco en una copa de cristal.

¡Wow! ¡Esa pequeña botella de agua, cuesta veinte euros! Pensó Tom.

El pelirrojo sacó de uno de los cajones, una caja de habanos cubanos y la puso sobre el escritorio.

¡Veintitrés mil euros por caja! Thomas silbó al reconocer la caja que había sido puesta en una subasta de Christie como copia única.

Mientras tanto, el tipo extraño, tomó de otro de los cajones, una botella del perfume “Caron Poivre” y esparció un poco en el aire.

Dos mil euros por frasco. Tom reconoció el aroma con facilidad.

Como estudiante, solía hacer listas con los diez productos más costosos del momento en el mundo. Todo lo que Mayer estaba viendo ahora estaba dentro de esa lista de los top ten y su corazón latía dolorosamente. Se dio un vistazo a sí mismo e hizo una mueca de frustración. Tom se dejó caer en una silla, sintiéndose como un pedazo de mierda en medio de lirios blancos.

¡Deliya, asegúrate de que los pedidos sean entregados a tiempo! Y contacta con Lagerfeld. Tenemos que discutir los términos de la inminente sesión de fotos. Espero que ya estén seleccionados los modelos. ¿O tendré que hacer el trabajo por ti, otra vez?

Thomas podría reconocer la voz que se aproximaba entre mil voces. ¡Wilhelm! Tom se puso de pie de un salto, limpiando sus manos en sus pantalones nerviosamente y, apenas se las arregló para moverse a un lado de la puerta abierta, cuando un alto chico rubio, en un traje Brioni, entró caminando a la habitación.

Cuarenta y tres mil dólares. Notó Mayer automáticamente, mirando fijamente y con la boca abierta al imponente hombre.

El cabello largo de Bill se había ido. Su nuevo cabello corto, estaba cuidadosamente modelado con gel. Se había hecho más piercings en los labios y orejas. Y había enrollado sus mangas para dejar a la vista algunos de sus nuevos tatuajes.

Te puedes ir, Deliya. —Wilhelm dejó caer sobre la mesa, la gruesa carpeta de papeles y se sentó en la gran silla de cuero con un gruñido de alivio—. ¿Udo, has encontrado un asistente para mí?

¡No fui yo! —Exclamó el colorín como disculpándose. Sujetó al tembloroso Tom y lo puso en medio de la habitación—. Fueron los del departamento de Recursos Humanos. ¡Yo no lo habría escogido ni para salvar mi vida!

Bill sonrió de lado, dándole un vistazo a Mayer y luego dio un sorbo a su copa de agua, sin perder de vista, ni un momento, el hermoso rostro frente a él. Nariz respingona y labios sensuales, con un aro en el labio inferior, era todo lo que podía ver bajo la visera del gorro desteñido. Rohau asintió a su asistente frente a la puerta y se puso de pie, para acercarse más al hombre encorvado.

Cuéntame de ti —pidió Bill, acercándose más a Tom, envolviéndolo con el aroma de su costoso perfume. No pudo evitar sonreír de lado, cuando Thomas, avergonzado, bajó la vista al suelo.

Bill sabía que causaba esa impresión en las personas. Había aprendido a la mala, sobre todos los encantos de la traición, las mentiras, hipocresía y odios ocultos mezclados con la envidia, desde sus años de juventud. Muchas veces él había sido víctima de viles intrigas y, algunas veces, agresiones directas de sus colegas. Pero todo aquello lo había vuelto más fuerte y le enseñó a ver a través de la gente, a reconocer sus verdaderas emociones, ocultas detrás de una sonrisa de complacencia.

¿Por qué te quedas callado? Estoy esperando. —Mandó Wilhelm, poderosa, pero calmadamente. Se alejó un poco del desconcertado chico y volvió a sentarse en su silla, cruzando las piernas.

Mi nombre es Thomas Mayer, tengo 22 años y me gradué de la Universidad de Dortmund, en la facultad de periodismo. No tengo experiencia, pero era el mejor de mi grupo y tengo un par de cartas de recomendación…

Todas esas cosas no importan, Thomas. ¿Por qué escogiste “Stil”? —Bill se inclinó hacia adelante y sacó uno de los habanos de la caja, cortó la punta y lo encendió maravillosamente.

Bueno… anteriormente he postulado… ah, es más fácil decir a qué lugares no he postulado. Y en todas partes he escuchado “Te llamaremos”. Estaba desesperado, así que miré la sección de Recursos Humanos y…

¡Espera un minuto! ¿Viniste aquí por desesperación, y porque nadie quería contratarte? —Bill achinó los ojos peligrosamente y miró fijamente al chico, que estaba completamente confundido.

Oh. ¡No, no! —Tom finalmente dejó de mirar al suelo. Estaba horrorizado al darse cuenta de la mierda que había dicho—. Por supuesto que no, yo solo…

Te puedes ir, Thomas. —Wilhelm se apoyó en el respaldo de su silla, relajándose y tomando una profunda calada, soltando el humo azul por su nariz—. La entrevista terminó. Tú no estás capacitado para este puesto.

¿Qué? Pero… yo… yo… —Mayer tomó una respiración profunda, para no gritar de frustración y empuñó fuertemente sus manos. Mirando a Rohau obstinadamente.

Quítate el gorro —demandó de pronto Bill y Tom cumplió instantáneamente su petición, dejando que sus rastas cayeran por sobre sus hombros. La reacción de Wilhelm le pareció bastante extraña a Mayer. Primero se ahogó con el humo y empezó a toser fuertemente. Luego miró a Tom, sorprendido, por unos buenos tres minutos, esforzándose mucho por no sonreír. Al final, simplemente estalló en carcajadas, señalándole a Tom la salida.

Tom suspiró pesadamente y caminó lento hasta la puerta, maldiciéndose a sí mismo por no haber ido a la peluquería a ajustar sus rastas.

Cuando llegó al pasillo, escuchó algo—. Mañana a las ocho. Y no llegues tarde. —Directo por su espalda. Con un zumbido en su cabeza y caos en su alma, caminó hacia el ascensor, estrujando el gorro entre sus manos. Apoyó su frente contra el espejo, marcando el primer piso. Mientras el elevador bajaba, Mayer miró en blanco a su reflejo en el espejo. ¿Qué le había parecido tan divertido a Wilhelm de su apariencia? ¿Y qué lo hizo cambiar de opinión? ¿Qué era? ¿Eran sus rastas? Thomas dio un paso atrás y se dio una mirada crítica. Y luego se congeló, olvidando hasta cómo respirar. ¡Había una inscripción en su frente! Con grandes letras cursivas, se leía “Tómame” y una carita triste bajo todo ese desastre, como punto final.

¡Jay, espérate, bruto!

Mayer salió de un salto del ascensor y se apresuró hasta la salida, volviendo a ponerse el gorro. Todavía no sabía qué iba a hacer con su compañero de cuarto: matarlo o agradecerle.

& Continuará &

Jajajaja, pobre Tom, llegó con una carita triste pintada en la frente XDD Al menos consiguió el empleo, aunque este es solo el inicio de los problemas de Tom con la diva, Bill.

por Mizuky

Traductora del fandom

Un comentario en «Yes, boss 2»

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