

Fic de Twincestoxa
Capítulo 5
—¿Ya viste a las mamis de ahí? Presa fácil, ¿no crees?
—Con las dos y me iría feliz a la cama.
—Nada, que la pechugona me la cojo yo.
Ya llevábamos como más de una hora en este lugar y a decir verdad, yo sentía como si hubiera pasado una eternidad. Estábamos sentados en una de “las mejores mesas del lugar” supongo que se debe a que estos frecuentan tanto aquí que ya hasta se hicieron amigos del gerente quien fue quien los dejó pasar sin hacer fila. Yo… entré gratis.
Lo peor de todo es que de lo único que hablaban era sobre a cuantas chicas iban a follarse esta noche, o cuál de todas tenía mejor cuerpo, cual se movía mejor e inclusive comparaban su forma de bailar a como serían en la cama ¡Por favor! Fue asqueroso de tan sólo escucharlo y más para mí vestido de esta forma pues no dejaban de mirarme de una manera vulgar y sonreírme de la misma manera. Creían que no escuchaba lo que hablaban por lo alto de la música, pero yo era todo oídos.
Lo que sí agradecía era que durante todo el rato que llevaba disfrazado, nadie se había dado cuenta de mi verdadera identidad ni mucho menos que soy hombre, por ese lado estaba satisfecho.
—La que está sentada a mi lado. —¡Oh! Eso no lo esperaba, ¡pero claro! Hablaba de Debbie.
De pronto, todas las miradas se posaron en mí medio vacilantes, como si ya sabían lo que contestaría Tom. Yo en cambio, me deleité mejor con mirar a mi hermano quien me miraba también. Su sonrisa… Imité la suya tímidamente.
¿Cómo Tom podía ser tan encantador a veces? En definitiva ser Debbie me ayudaba a conocerlo mejor.
—¿Ya ves, preciosa? Fidelidad segura con Tom. ¿Quién se apunta? —Keller, ya llevaba más copas que todos los demás, por lo menos tres arriba de nosotros, a lo que no me extrañó para nada ese comportamiento tan atolondrado que empezó a apoderarse de él—. En cambio… —Se fijó en Tom— yo que tú tendría cuidado porque desde que entramos, la competencia no ha quitado la vista de las tetas de tu chica —¿Cómo dijo? Me crucé de brazos instintivamente, por lo menos para sentirme un poco protegido ante ahora las nuevas miradas de mis queridos acompañantes. Qué incómodo.
Al ver el descontento de Tom, Keller apunto con la nariz hacia un punto fijo, dándonos a entender que ahí estaba el problemita. Volker y zelig, sólo se limitaron a alzar la vista, pero en cuanto a Tom y yo, tuvimos que voltear un poco la cabeza para ver con mayor claridad. En efecto, eran tres tipos, jóvenes también, pero se notaban un poco más maduros a comparación con los que yo estaba sentado.
Noté como uno de ellos, descaradamente me hacía señas bastante obvias para que fuera, a lo que respondí con una cara llena de asco. ¡Qué horror! Como que esto ya se estaba saliendo de control. Tener que soportar a estos malandrines ya era mucho, ¿ahora tener que lidiar con más? No lo soportaría.
Tom, al darse cuenta, se acercó más hacia mí y enseguida me abrazó efusivamente. Me dio un beso en la mejilla.
¿Pero qué era un simple beso en este momento? Nada con tal de quitarme a esos tipos de encima. También abracé a Tom e incluso aunque dudé, terminé recargando mi cabeza en su hombro. Con eso es obvio que teníamos una relación, ¿no? Sonreí con tan sólo imaginar el rostro de esos hombres al ver tan encantadora escena. Lo bueno que Tom, era el que estaba conmigo, así no tenía que pasar por todo esto yo solo.
—Pobre de aquel que quiera acercársele.
—Apenas menciono perros y se embravece el lobo. ¿Tanto te jode que te la lleguen a despedazar? —¿A… qué?
—¿Y a quién no? Por ese suculento bistec, hasta me vuelvo caníbal.
—Jamás quiero ni imaginarme en esta situación, ¿yo enamorado? Por favor… —Todos rieron ante el comentario de Zelig, y por primera vez en mucho tiempo yo también ¡JA! ¿Ese tipo enamorado de una chica? Ni siquiera podía tener los ojos fijos en una sola, era algo ilógico de pensar.
Aunque sólo estuviéramos cinco personas en la mesa, eran más que suficientes para armar un tremendo escándalo. Hablaban entre todos, inclusive con algunas que otras zorritas que se acercaban de vez en cuando a la mesa. Había varias interesadas en estos tipos. Prácticamente el ambiente era apropiado para el lugar. Todo mundo bailaba, reía, gritaba e incluso besos entre lesbianas y homosexuales hubo, en fin, todo un show.
Yo, mientras tanto, sólo me concentraba en no arruinarlo todo. Ya me había acostumbrado a mantener esta pose de niña tímida, por lo que no era nada difícil mantenerme fijo en su conversación. De hecho, pasé la mayor parte del tiempo enrollándome varios mechones de cabello con los dedos, un simple tic que fui adoptando, mientras sonreía fingiendo ser parte de su conversación.
—¡Hey, Tom! —Por lo visto Keller no pretendía dejarnos en paz— Pero qué grosería la tuya, hombre… ¿Por qué eres así con Debbie? —Tom frunció el ceño algo confundido al igual que yo. ¿A qué se refería? Ni yo entendía. Lo cierto era que odiaba cuando la atención se centraba en mí.
—¿Cómo grosero, de qué hablas?… ¿Te he faltado al respeto, linda? —Me preguntó Tom esperando alguna reacción mía. Negué con la cabeza algo extrañado.
—¡Que sí lo has hecho, Tom! La pobre sólo se la pasa mirando a la muchedumbre saltar ¿y ella qué? No la has sacado a bailar. Eso es imperdonable, por lo que si no lo haces tú… —El rubio se levantó de su asiento algo zangoloteado, pero enseguida recuperó la postura. Rápidamente se acercó a mí y extendió una mano. ¡Maldita sea! ¿Por qué no me tragaba la tierra? Así sería todo más sencillo— Vamos a bailar, nena. Tom, se ha portado grosero contigo al no ofrecerlo —¿Bailar yo? Me quedé aturdido tratando de pensar en cómo negarme, porque obviamente con este tipo no daba ni dos pasos.
Al ver mi quietud, se atrevió a tomarme de la mano y comenzó a tirar de mí levemente, instándome a ponerme de pie. Sólo pude sonreír tontamente mientras ponía toda la resistencia posible. ¿Quién se creía? Enrosqué mi brazo libre al de Tom para tomar más fuerza. ¡Tenía que salvarme!
—Que vengas, nena, no te preocupes que Tom no se enoja. —Negué con la cabeza ya que mi voz aquí no valía, pero aun ante mi resistencia pareció no importarle, por lo que hasta el muy descarado se atrevió a casi tirársele a Tom para poder tomarme de la cintura e intentar levantarme de mi asiento. Eso ya no me gustó. Ganas de estamparle un fuerte golpe en la cara de imbécil que tenía me sobraban.
—Ya, tranquilo, ¡me la vas a romper! —Tom me sujetó fuertemente de la cintura, quitando los vivarachos tentáculos de Keller sobre mí. Lo agradecí bastante—. No le gusta bailar.
—¿Cómo que no le va a gustar bailar? No te puedo creer eso. Mírala, ese alto y esbelto cuerpecito que tiene se ha de mover como los dioses —Me encogí sobre mí mismo al ver las escaneadas descaradas de sus dos amiguitos— ¿Es cierto eso, nena? —asentí con la cabeza dándole la razón a Tom. Keller abrió los ojos y la boca en modo exagerado, fingiendo estar sorprendido— Noooo, me estás choreando ¿verdad? Lo más seguro es que no sabes bailar; pero mira que yo profesor y tu mi alumna, te puedo enseñar muuuuy bien. —Y de nuevo esa mirada. Me incomodaba bastante cuando me veía de esa forma tan morbosa. Apreté fuerte el brazo de Tom suplicando porque entendiera el significado de ese gesto.
“Sácalo de aquí”
—Que ya dije. Si quieres bailar ¿por qué no te vas a ligar con alguna de la pista? Aquí no conseguirás nada —acribilló a mi gemelo con su afilada mirada antes de separarse de mí por completo. Por lo visto el alcohol ya empezaba a hacer de las suyas, hasta su aliento fue insoportable para mí.
—No me apetece bailar con ninguna otra más; pero si ella no baila supongo que yo tampoco lo haré hoy. —Sentenció y se desparramó de nuevo.
—Ignóralo preciosa, a éste ya se le subió, así es él. No te preocupes siempre le pasa. —Como si fuera a hacerlo.
—¡Yo no estoy borracho!
—Nadie dijo que lo estés ¿ves? Tú mismo sacas tus propias conclusiones.
—Ya mejor cállense los tres y dejen de discutir sobre lo ebrios que están, mejor disfruten de la noche —Ambos asintieron resignados y como si no hubiera pasado nada, los tres pidieron más cervezas las cuales bebieron como agua. ¿Pero es que ninguno tenía límite? Tom se acercó lo suficiente para poder decirme algo al oído. Ahora no era complicado hablar de esta forma pues la música estaba tan fuerte que la única manera de hablar con los demás era tener que gritarse unos a otros—. Oye, si quieres podemos ir a bailar nosotros dos —¿Pero de que iba? Reí de tan sólo imaginarlo. ¿Bailar yo?, ni en un circo. La simple idea me daba pavor y es que aunque no lo parecía, lo cierto era que bailar era algo que me atormentaba mucho… Me daba vergüenza.
Le di un leve codazo a Tom mientras me apartaba de él un poco para acomodarme sobre mi lugar completamente recto y con las piernas cruzadas, que por cierto, después de todo no fue tan complicado. Tom sólo sonrió y se llevó la bebida a los labios.
Ya era media noche y éstos no parecían tener la menor intención de parar. Todo el rato que había pasado aquí sentado no habían parado de hablar entre ellos, incluido Tom. ¿No las chicas son las que cotorrean más? ¡Error!
Ahora sí, la cabeza la sentía explotar debido a los fuertes retumbos de las bocinas, era como si estuvieran usando la mía como tambor. Lo único para lo que tenía mente era para idealizar un plan de escape, pero lo mejor que se me ocurría era que Tom me llevara, pues salir así vestido de aquí, aunque no quisiera admitirlo me daba terror.
Lo peor de todo es que no había podido abrir la boca durante un buen rato y eso causaba más aburrimiento en mí de lo que tenía, a comparación de Tom quien se mantenía pendiente de la plática, tan animado como si apenas acabara de llegar. Como yo, él sólo llevaba ingerida una cerveza, lo suficiente para entretenerse un rato y para no actuar como un estúpido, exactamente como sus amigos.
—Tom, ¿podemos irnos ya? Estoy cansado —Hice un puchero mientras mi gemelo me miraba algo indeciso, o mejor dicho pensativo. Lo cierto era que parecía no querer irse y eso no me agradaba. Yo ya había cumplido con su apuesta, ¿cuándo me tocaba a mí descansar?
—Sólo un rato más ¿sí? Te prometo que ya pronto nos vamos.
—Pero Tom, estoy muy aburrido.
—No tardaremos, enseguida nos vamos ¿sí? —No me quedó de otra más que cruzarme de brazos y volver a esperar. Sin nada mejor que hacer, recargué mi cabeza sobre mis manos, mirando a todo mundo bailar. Me preguntaba por qué éstos no hacían lo mismo, por lo menos así estaría a solas con Tom, me sentiría más cómodo.
Instintivamente empecé a mover las piernas tratando de engañar a mi vejiga, que sin darme cuenta me empezó a molestar. Genial, lo que me faltaba. ¿Dónde demonios están los baños? Levanté un poco la cabeza tratando de ver más o menos entre la multitud de personas, pero era imposible.
—Tomi, ¿y el baño?
—Está al fondo ¿por qué? ¿Quieres ir?
—Sí.
—¿No puedes esperar a que lleguemos?
—¿Ya nos vamos?
—No, pero ya pronto. —Sí como no.
—No aguantaré. Mejor voy de una vez. —Y es que la panty me apretaba hasta las ideas. Me levanté de mi asiento tras la mirada de todos los presentes y enseguida Tom hizo lo mismo. Antes de que pudiera dar un paso, me sujetó del brazo evitando cualquier movimiento mío— ¿Pasa algo?
—¿Sabes? No creo que sea buena idea.
—¿Por qué no?
—¿Ya olvidaste cómo vienes vestido? —tomó un mechón de mi cabello entre sus dedos, colocándolo frente a mí, recalcando su argumento.
—Es lo que he tratado pero no, ¿y eso qué?
—¿A qué baño piensas entrar? Porque vestido así, sólo puedo pensar en uno.
¡Oh no! Mi cara de horror hablaba por sí sola. De modo que si quería ir al baño, ¿tenía que entrar al de mujeres? ¡Joder! Eso ya sería muchísimo, una cosa es disfrazarse de mujer y otra muy distinta es tener que acoplarse a la vida de una, yo no podía hacer eso.
—Yo no quiero entrar al baño de mujeres ¡eso ya es demasiado! Mejor entro al de hombres.
—Oh, pero por supuesto que no. ¿En qué piensas? Vestido así sólo serás presa fácil para ebrios vomitando en los baños, si sabes a lo que me refiero… ¡Pensarían que eres mujer! —Eso no me agradó y ahora hasta dudé en ir. Tal vez podía aguantarme ¿no? ¡No!— Bill, si quieres ir al baño tendrás que ir al que ahora te corresponde. —Pataleé algo cabreado. Tom acertaba como siempre. Si entraba al baño vestido así con lo borrachos que están todos… no quería ni pensarlo. ¿La solución?
—Por todo lo que estoy haciendo estás destinado a pagarme toda tu vida.
—Yo no soy quien quiere ir al baño.
—Y tampoco soy yo quien anda haciendo apuestas absurdas —me evadió la mirada algo orgulloso y acojonado, casi como si estuviera de acuerdo conmigo, pero enseguida el resentimiento se fue de su rostro y como si nada recuperó la compostura.
—¿No quieres que te acompañe?
—No, puedo ir solo, gracias —Aunque Tom no estuvo muy de acuerdo con mi respuesta, al final pareció ceder.
—No te tardes ¿quieres? —asentí y como relámpago me dirigí hacia el baño. Antes pude ver a Tom explicándoles el motivo de mi partida al ser interrogado por sus acompañantes que al decirles, parecieron comprender.
Fue difícil caminar teniendo que esquivar a tantas personas que te manosean, pero al fin de cuentas logré llegar.
“Bill, tu puedes hacerlo, no te pongas nervioso y actúa normal”
Respiré profundamente antes de decidirme a entrar, observando entre reojo tan cerca y tan lejos los baños para hombres, a los que hoy no podía ingresar. Lo que agradecí fue que no hubiera ni una sola cola fuera de los baños. Sólo esperaba que estuviera igual por dentro.
Asomé primeramente la cabeza, despacio, con la esperanza de no encontrar a ninguna intrusa por aquí, aunque bueno, si se hablaba de intrusos, el que sobraba aquí era yo, pero ya no importaba. Sentí mi corazón pararse por un segundo al ver mi esperanza desvanecerse.
¡Pero si esto parecía un bazar!
Había mujeres por todos lados, aunque el baño fuera enorme, con tantas chicas aquí lo sentía chiquito. La mayoría se encontraba frente al espejo, otras estaban pasándose ropa entre los cubículos, cómo no, con las puertas medio abiertas… ¡Pero qué imagen! Sentí que me daría algo al no saber ni por donde mirar. Aquí estaba un poco más silencioso, por lo que se podía hablar con claridad sin gritar, cosa que por lo visto sabían demasiado bien pues casi todas hablaban hasta por los codos.
Sin hacer sufrir más a mi pobre vejiga y con falta de confianza, rápidamente traté de pasar lo más desapercibido y sin levantar la mirada, me escabullí dentro de uno de los cubículos vacíos que se encontraba más cerca de mí, cerrando apresuradamente como si de ello asegurara mi vida.
—¡Uff! Lo bueno que ya estoy dentro, lo más difícil ya pasó. —Con cuidado me levanté el vestido hasta arriba de la cintura, atorándolo entre mi barbilla y mi cuello para evitar que se resbalara— bien y ahora… —Cuando estuve a punto de bajarme el apretado y torturador calzón, me percaté de algo, ¿haría mucho ruido a la hora de orinar? Lo digo porque echar agua a una distancia considerada hace ruido y bastante, con lo cerrado que estaba aquí hasta se podría escuchar un simple escupitajo en el váter, no dudo que esto no se escuche, ¿por qué no hablaban con más fuerza? Tal vez así no oirían, aunque temo decir que el baño parecía estarse vaciando al ya no escuchar tanta bulla. No se quedarían por siempre aquí, ¿cierto? Pero con suerte si meo de a poco no se escuchará… ¡Claro que se escuchará! Idéntico a como si dejaran una llave abierta, muy notorio. ¡Rayos! ¿Y ahora qué hago? Sea lo que sea tenía que pensar pero a la voz de ya. ¿Y si esperaba a que salieran todas? No estaba seguro de cuánto tiempo podría seguir aguantando, así que eso no—. Tal vez ya no haya tanta gente —Con cuidado me asomé por una de las rendijas de la puerta, pero lo que vi no me gustó nada… ¡Esto estaba repleto de chicas! ¿No algunas ya se habían ido? Claro que llegaron más, a esa pelinegra no la vi cuando entré. ¡Demonios!
Tenía una opción en la mente pero no quería reconocerla ni mucho menos aceptarla. Lo único que me faltaría para representar excelente el roll de chica. Mi salvación más rápida que se me pudo ocurrir.
—Nonono… no puedo creer que vaya a hacer estoooo —Sin tener otra sugerencia mejor a la mano y sintiendo mi vejiga estrujarse cada vez más, me bajé rápidamente los calzones y sin pensármelo dos veces, me senté en el retrete. Eso sí, antes lo limpié un poco aunque por lo menos era mucho más higiénico que el de los hombres.
Antes de sentarme, incluso cerré los ojos como si así fuera menos bochornoso. ¿Qué tiene? Total, nadie me veía, por lo que este suceso no iba a salir de aquí.
Tratando de relajarme, comencé a orinar pausadamente.
—Bill, no pasa nada, tranquilízate —No podía creer que me estuviera pasando esto. Me sentía completamente humillado. ¡Si alguien se enterara!… Ni Dios lo mande.
La meada fue silenciosa. Por lo menos esta opción desagradable funcionó. Apenas terminé, me levanté enseguida y me subí de nuevo la incómoda ropa sin pensarlo, para después acomodarme el vestido antes de salir, pero primero le bajé al baño.
Salí cautelosamente del cubículo completamente rojo de vergüenza, aunque nadie se había dado cuenta, yo sabía lo que había hecho y eso me desgraciaba. Pero al no ver ninguna fea reacción hacia mí, me dirigí más confiado hacia los lavamanos. Casi todos estaban ocupados, pero logré ver uno vacío. Me lavé las manos mientras me miraba al espejo; enserio que parecía una chica, debo admitirlo. Me alivié un poco. A un lado mío se encontraba una muchachita vestida de rojo y el cabello rubio amarrado en una coleta algo despeinada, debía tener como unos dieciocho años si no es que más. Vi con atención cómo se estaba retocando el maquillaje, primero las pestañas y luego siguió colocando un poco de polvo en su nariz, incluido en las mejillas.
Eché un pequeño vistazo a mi alrededor y me di cuenta que todas hacían lo mismo. Ahora entendía por qué se tardaban tanto en el baño.
Me enfoqué en mi reflejo una vez más, clavándome fijamente en mi rostro. En cuanto a mis ojos, aún lucían perfectos, la piel de mi cara ya empezaba a verse un poco grasa, quizá por el bochorno del lugar y qué decir de mis labios, ese color rojizo con el que había llegado, había desaparecido por completo. ¿Por qué no había traído yo mi propio neceser? Hasta ya los tenía partidos de tanto relamerlos.
Miré de reojo una vez más a la chica que estaba a un lado mío e instintivamente miré sus cosméticos; ella sí tenía brillo labial, con eso me conformaba, ¿pero cómo conseguirlo? Quizá si se lo pido me lo preste. ¡Oh, por dios! ¿Qué me estaba pasando? Se supone que no debía preocuparme por algo así. Aunque bueno, debo admitir que de eso aun siendo hombre me preocupo. Yo me maquillo y me gusta verme bien, con ser chica no era diferente pero aun así no confiaba en pedir nada. ¿Pero y si Tom me veía feo o desarreglado? Tampoco quería que me viera así.
¿Entonces qué hago?
—Amiga, ¿necesitas algo? —No me había fijado que aún la seguía mirando o más bien, sus pertenencias. ¡Pero es que hasta tenía la marca que yo uso! Rápidamente la miré, me sonreía con normalidad, nada fuera de lo común.
—Eeemh…yo… —¿Y ahora qué le decía?
—¿Quieres que te preste algo? —La vista se me desvió de nuevo hacia sus cosméticos, mirando el labial que necesitaba de urgencia. La chica, al ver mi obviedad, sonrió y tomó el brillo— ¿Quieres usarlo? —No me lo esperaba, pero sí, ¡sí quería usarlo!
—Eeehh…S-sí. Por favor —La pena que tenía que pasar con tal de que Tom no me vea con mala cara. Tosí un par de veces. La voz aún se me notaba grave, se me era casi imposible agudizarla por lo que tenía que hablar un poco más bajo que ella.
—Toma. —Le tendí la mano y me lo dio en la palma muy amable.
—Gracias —Enserio que llegué a pensar que me mandaría por un tubo, que lindo de su parte.
Ella continúo polveándose la nariz mientras que yo me entretuve colocándome el brillo en los labios. Perfectos. Cuando terminé lo sostuve en la mano, esperando a que ella terminara con lo suyo para poder dárselo. Cuando por fin me miró se lo di.
—¿Quieres un poco de polvo?
—Mmmh ¿no te molesta que lo use? —pregunté algo sorprendido ante su generosa oferta y mi efusiva respuesta.
—Para nada, es más, tengo otra esponjita sin usar, ya sabes, para prevenir eso de los granos en la cara por compartir cosas —asentí y sonreí por el detalle. Era muy linda esta niña—. Aquí tienes.
—Eres muy amable —tomé un poco de polvo y me esparcí una pequeña cantidad por las mejillas, la frente y por encima de la nariz, desapareciendo todo el brillo de mi piel. Obtuve un mejor aspecto—. Muchas gracias.
—Nena, estás ronca ¿verdad? —¡Coño! ¿Ya lo había notado? En definitiva era un asco para hablar hoy, a lo que de nuevo asentí— no te preocupes —comenzó a guardar todos sus chunches, observándola en silencio— yo tengo un buen remedio. Ahora que salgas del baño, tómate un buen trago de tequila con limón y sal, y verás cómo se te quita el malestar de inmediato, te lo aseguro.
—Oh, eso haré. Gracias.
—Descuida. Oye, fue un gusto hablar contigo… ¿Cómo te llamas?
—Debbie.
—Mucho gusto, Debbie, soy Katia.
—Coff… coff… un gusto. —No, en definitiva lo agudo no me salía ¡Parecía un travesti!
—Bueno, tengo que irme, me están esperando. Diviértete mucho esta noche y no dejes que esa ronquera te impida hacerlo. ¡Disfruta la noche! —Y salió del baño.
Divertirme, eh. Me quedé pensando. ¿Por qué no podía divertirme hoy? ¿Quién lo impedía? ¡Nadie! No sólo por estar vestido de esta forma ya me iba a arruinar toda la noche, a fin de cuentas ya me estaba acostumbrando.
¿Acaso Tom era el único que podía pasarla bien? Por supuesto que no. Yo también tenía derecho a distraerme un rato e iba a hacerlo. Después de todo soy joven y la noche también.
Salí del baño más animado que cuando entré. De nuevo la música se apoderó de mis oídos pero en esta ocasión en vez de despreciarla, decidí recibirla con gusto, meneando la cabeza hacia ambos lados conforme a la música e ir jugando con la peluca, sacudiéndola coquetamente mientras saltaba al escabullirme entre la multitud. Unos de los meseros de aquella discoteca pasó por mi lado y yo sin dudarlo tomé una copa de la bandeja que tenía alzando, me la llevé a los labios y continúe saltando alegremente, procurando que el vestido no se me alzara de más.
Durante mí recorrido varios hombres trataron de colarse frente a mí para “bailar conmigo” pero yo sin ser grosero les sonreía y me desviaba de su camino hasta que logré visualizar la mesa y claro, a mi hermano. Tom, estaba parado, mirando hacia ambos lados algo nervioso, hasta que me vio. Con su cara de pocos amigos, me tomó fuerte del brazo cuando me acerqué y enseguida me apartó un poco de sus amigos.
—¡Joder, Bill! Ya te habías tardado bastante, ¿dónde estabas? Me preocupé. Estuve a punto de irte a buscar. ¿Por qué la demora?
—No es nada sencillo ir al baño en este estado, entiéndelo. —Me solté y bebí hasta el fondo toda la copa.
—¿De dónde tomaste eso?
—De un camarero. Tenía sed —Le di la copa vacía y él algo enfurruñado la dejó en la mesa.
—Entiendo. Oye, si quieres podemos irnos ya. Estos ya están más para atrás que nada.
—¿Y a mí qué? Yo quiero quedarme, todavía es temprano. —El careto que puso Tom, dijo mucho. Se le notaba bastante sorprendido por mi respuesta y no era para menos. Seguro pensó que con gusto me largaría de aquí, y quizá sí lo habría hecho antes, pero ahora era mi turno de divertirme.
—¿Quieres seguir aquí?
—Sí. Tomi, quiero otra bebida.
—Te acabas de tomar una, ya es suficiente ¿no crees? —Me acomodó un poco la peluca, escondiendo un verdadero cabello mío por debajo de ésta.
—Sólo será un trago más, anda ¿sí? —Se le notaba angustiado, al parecer la idea no le había gustado en lo más mínimo, pero ni modo, no había nada que él pudiera hacer para impedirlo. De alguna manera algo de quedarme más tiempo aquí era porque sabía que él estaría conmigo, y yo como su novia.
—¿Qué quiere la nena? —Keller, se aproximó más para tratar de escuchar lo que estaba diciéndole a Tom, y sin importarme un comino ya lo que pensara, esta vez fui yo quien contestó a su pregunta.
—¡Quiero otra bebida! —Tuve que alzar un poco la voz debido al ruido de la música, claro que aun tratando de fingirla pero para lo bueno que soy; pero fue suficiente para que Keller pudiera escucharme. Ya no me importaba si notaba algo raro en mi voz, a fin de cuentas ¿se supone que estoy ronca, no? Para nada me agradaba la cara de Tom, por eso traté de evitarla al hablar. Juro que me podía asesinar con su simple y penetrante mirada. El rubio, abrió los ojos expresivo, pero fue lo único que hizo ante mi valentía de pronunciar palabra.
—Woooooh, eso es todo. Pide lo que quieras, nena. Es más, yo mismo te la traigo. —Se encaminó directamente hacia la barra mientras yo esperaba.
—¿Qué? ¿Ya no te preocupa que te escuchen hablar?
—No, la música la distorsiona un poco, no te preocupes. —Frunció la boca. Parecía algo inquieto, como si quisiera decirme algo, pero no lo hizo. Cinco minutos después, Keller llegó junto con mi bebida en mano.
—Aquí tienes, preciosa. —Alcé la copa y le sonreí para agradecerle. Enseguida me llevé todo el trago a la boca y lo bebí como si se tratase de agua, lo cierto es que después de la meada, estaba algo sediento—. Wow, muy bien Debbie, te lo has tomado hasta el fondo —alzó la mano con la palma extendida, instándome a que chocara la mía con la suya y simplemente le seguí la corriente—. Genial, ¿quieres que te traiga otra?
—¡No, ella ya no va a tomar más! —Por el tono de voz de Tom, pude notar su disgusto. Yo no estaba haciendo nada malo, ¿qué acaso no era lo que esperaba que hiciera? Me acerqué a Tom, lo suficiente como para parame frente a él y tomarlo de la cintura de apoyo al hablarle al oído. Simple impulso.
—¿Por qué te enojas? ¿No desde un inicio querías que me divirtiera? ¡Estoy tratando de hacerlo por ti!
Tom me miró serio sin mencionar palabra. Y retiró mis manos de su cintura.
Me cansé.
—¿Sabes? Estoy harto de ser un aguafiestas. Me cansé de arruinarte y arruinarme la noche, porque aunque sea difícil y no sea verdad, quiero esforzarme para quedar como la mejor novia que has tenido frente a tus amigos. Quiero ayudarte y no quiero que pierdas la apuesta. Porque no entiendo el impulso qu-que me incita a querer seguir jugando con esto… —Mi voz inesperadamente comenzó a quebrarse cuando un nudo se atravesó por mi garganta mientras inconscientemente me aferré con más fuerza a Tom. De un momento a otro, mi conciencia había decidido dejar hablar al Bill que sí era valiente, el que sí se atrevía a ver con la verdad y aunque fuera difícil, a no engañarse más. Y vaya, el valiente estaba vestido de chica. ¡El maldito alcohol quizá!— Q-quiero quedarme porque en casa sólo podemos ser hermanos y…y… ¡no sabes cuánto lo detesto!
Oooh sí, lo que antes no podía ver, ahora lo tenía claro. El porqué de mi nerviosismo al tenerlo cerca, cuando me toca, cuando me sonríe o me habla. El porqué de todas mis reacciones tensas al verlo solamente o al celarlo cuando habla con chicas. Pero, ¿por qué él? Algo dentro de mí latió con fuerza.
¡Bum, bum! ¡Bum, bum! ¡Bum, bum! ¡Bum, bum! ¡Bum, bum! ¡Bum, bum!
¿Por qué apenas lo descubrí? ¿Por qué no pude prevenirlo antes? Fácil: porque no quería. Amaba demasiado a mi gemelo, y no del modo adecuado. Lo peor es que aun sabiéndolo, ahora no me desagradaba del todo; pero no podía soportarlo. De alguna forma me sentía patético.
Antes de que pudiera reaccionar, me separé violentamente de él. Parpadeé varias veces para que lo húmedo de mis ojos se desvaneciera y no me avergonzara más de lo que ya estaba. Tom, no dejaba de mirarme, casi me sentía succionado por esos dos ojos oscuros que aparentaban ser agujeros negros dispuestos a tragarse todo lo que había dicho. Por su reacción incongruente y asustada, supe rápidamente una cosa: había metido la pata hasta el fondo por haber hablado de más.
Me di la vuelta con la respiración a mil y directamente mi atención se centró en la barra. Comencé a caminar ignorando al ebrio de Keller y a mi gemelo.
—¡Bi…! este… ¡Debbie! ¡Espera! ¿A dónde vas?
—¡Por un trago! —O dos, tres…— Ahora vuelvo.
—Te acompaño. —Me detuve sin voltearme.
—No es necesario, Tom. Mejor encárgate de que ninguno de tus amigos me siga ¿sí? ya regreso.
—Quiero hablar contigo, por favor —cerré los ojos con fuerza.
—Necesito despejarme un poco. Te aseguro, no tardo —Tom pareció muy poco convencido ya que no escuché una sola palabra más de su boca.
Ejercí de nuevo el paso, tratando de no chocar con alguien en el camino. O era yo o todas las personas comenzaron a balancearse de lado a lado, hasta el piso parecía moverse; no, yo era el mareado. Pero a decir verdad, moría de ganas por tomar otro trago. ¿Qué había hecho? O lo peor, ¿qué había descubierto? Ahora prefería haberme quedado en la negatividad. Ahora me sentía muy mal, tenía ganas hasta de llorar. De todas las personas de las que pude haberme enamorado… ¿Por qué Tom?
De inmediato me sujeté de la barra. Podía notar las luces moviéndose a sus anchas por todo el lugar pero a una velocidad raramente vista, comencé a carcajearme. Parecían luciérnagas que huían a toda marcha de insecticidas, me mareaban. Estaba empezando a sudar y la vista me daba vueeeeltas ¿o era la pista la que se movía? Cuando me senté todo se volvió más tranquilo, aunque las personas seguían moviéndose de un lado a otro, ¿qué la música cambió que todos comenzaron a bailar baladas?, sacudí la cabeza. No pensaba tardarme aquí, sólo quería despejarme y beber algo un ratito.
De todas formas, ¿que serán sólo cinco minutos sin él?
Continúa…
¡Te equivocas, Bill! Todo puede pasar…