
Notas: Bueeeeeeeeno, aquí el punto de vista de Tom 😉
Fic de Twincestoxa
Capítulo 3

Tom
—¡Agh! El cuello me duele —Hablando enserio y sin exagerar, ya llevaba esperando como una hora y media…”No me tardo nada” “Salgo en un momento”… Parecía que se las había llevado el viento. Esa cantaleta me la tenía escuchando desde el estúpido momento en el que le hice caso y salí de la habitación. Ya hasta con el tiempo de sobra que tuve, aproveché para meterme a la ducha y alistarme, cosa que no me tomó ni media hora. A diferencia de mi pequeño hermano, me había vestido rápido y un poco sencillo. Playera, pantalón ancho, ambas de color negro y una chamarra del mismo color. Así de fácil y sin ninguna demora. Bueno, el color lo había elegido no por gusto propio, sino para disimular la vestimenta que Bill usaría. Si los dos íbamos de negro, él no resaltaría y ni sería el blanco de los comentarios de mis amigos. ¿De cuándo acá Tom Kaulitz anda con niñas vestidas de funeral?
Tenía que disimularlo.
Lo peor de todo este “pequeño tiempo”, es que Bill aún no salía, ¿qué le podría estar tomando tanto tiempo? Creo que hasta demorarse de más lo protagonizaba tan bien como una chica ¡Qué va!
En primer lugar, me encontraba sentado en las escaleras, un lugar muy incómodo por cierto, pero yo tenía la idea en la cabeza de que saldría en los cinco minutos que me iba prometiendo cada vez que le preguntaba si ya estaba listo. Lo único que hacía para entretenerme era maniobrar con una moneda, la cual no dejaba de girar y girar.
Hasta ése punto había llegado mi ingenio.
—Joder, ¿por qué no se apura? —Me dolía el cuello, la espalda por estar todo encorvado y el trasero de lo plano y duro de las escaleras ¿pero qué más podía hacer? Quizá era el momento de ir y tirarle la puerta en las narices para ver si así salía de una vez— ¡Uff!… ¿Pero que tanto hace? Es lo que me pregunto —La moneda dejó de girar y mi mente la remplazó. Miles de cosas imaginé que podría estar haciendo. Seguro algo no le había quedado bien, me refiero a que tal vez no se puede acomodar la peluca y ahora está haciendo todo un show para lograr que le quede en su sitio o quizá el problema era con el otro “detallito”.
En verdad creo que fui tan cabrón como para casi obligarlo a ponerse semejante estreches y digo, por algunas que otras veces que he desviado la mirada hacia ahí sin querer, me he dado cuenta que mi hermanito está bien dotado, ¿y cómo no si es mi gemelo? Me imagino que será difícil tener que andar con ropa tremendamente entallada que te aprieta los huevos, ¿pero qué más da?
En realidad no importaba si se veía o no el bóxer debajo del vestido, simple gusto mío.
Debo admitir que imaginármelo lucir el vestido de todas las formas que sea, me emocionaba. ¿Funcionará? ¿Cómo lucirá al final? ¿Se verá como tanto lo había imaginado? Lindo, sexy, tierno, ridículo también pero esperaba que sea ésta la última opción al final aunque de eso no me preocupaba mucho, pues Bill en todas sus facetas, es perfecto. Aun usando una baratija sabe hacerlo lucir muy bien en él. Y se lo debo al mérito de que es gracias a la belleza natural que a mí me falta y que a él le sobra. Toda una creación divi…
—¡No! Nononono… ¡Basta Tom, basta! —Sacudí frenéticamente la cabeza, empeñado a desaparecer de inmediato aquellos pensamientos impuros, pero como siempre, era inútil. Si preguntaran no tendría alguna respuesta coherente. No sé cuándo y el porqué de esta sensación, emoción, obsesión que he llegado a tener por Bill, pero a veces llegaba a sentirme perverso. Que estuviera fantaseando con mi propio hermano ¿en qué me convertía? ¿Un maldito pervertido? ¿Un enfermo mental? Creo que hasta eso se queda corto. Pero lo cierto es que había cometido el peor pecado de todos:
Haberme enamorado de mi propio gemelo.
Por más que tratara de sacarme de la cabeza esa idea, esos pensamientos, deseos, no podía. Todo era inverso y al hacer el mayor esfuerzo en sacarlo de esa manera de mi mente, más lo retenía. De nueva cuenta Bill invadía mis pensamientos por completo y no había nada ni nadie que me pudiera sacar de tan asqueroso trance (para algunos) en el que me había encerrado, pero maravillosa pesadilla para mí, porque sí… aún seguía en una, completamente irrealista y hermosa pero no quitaba el hecho de que seguía siendo pesadilla. La mejor de todas.
No sé cómo se le llamará a este tipo de trastorno pero tampoco me importaba saberlo. De todas formas no le estoy haciendo daño a nadie ¿cierto? No si Bill jamás se entera. Lo que me queda, es vivir con este enfermizo dolor permanente, pues lo único que tendré de Bill es una relación completamente de hermandad, porque yo no pensaba hacerle daño ¡jamás!
Aunque creo que ya empecé mal.
Sobre la apuesta, debo admitir que todo esto fue obra mía. A cualquier chica que le hubiera redactado mi plan, aceptaría sin objeción alguna aun sin necesidad de convertirse en mi novia. Conozco a Bill perfectamente. Desde un principio supe que se creería el cuento de “no puedo durar con una sola mujer” al parecer también me conoce, pero creo que no lo suficiente. Y es así que por “casualidad” la única manera que yo mismo me había permitido encontrar, era escoger a mi gemelo como mi novia.
Acostarme con chicas para intentar sacarlo de mi pútrida mente ya me había colmado porque ¡no funcionaba! El único remedio que se me ocurrió fue algo tan simple pero contradictorio: realizar la dura fantasía de tener a Bill como a mi novio, aunque sea por un simple día. Sé que era egoísta pensar sólo en mí pero ¿y, Bill? ¿Qué acaso no me importaba? ¡Claro que sí! Por lo mismo si él se hubiera quedado con la respuesta negativa, yo no insistiría de nuevo en el tema, ni mucho menos lo obligaría. No tenía el derecho. Sé que es patético tener que llegar a estos extremos para tenerlo cerca por un día, pero en mi lugar otra persona haría lo mismo.
Quizá seré un monstruo, pero aun así no perdía nada con intentarlo. Pero ya, como si Bill fuera el único al que le han pasado cosas desagradables, eso tendría que decirlo yo. Y por muy enamorado que esté de él, eso no quita que aún sigamos siendo hermanos, que viéndolo desde ese punto, me debía bastantes. Por lo que pensando de esa manera, no me sentía tan culpable. ¡Bill, es todo un canijo!
—¡Ya estuvo bueno! —Me levanté de un volón de las escaleras, harto de tener que esperar y a causa de ello hacer lo que menos me gustaba: pensar. Así que me fui directo hasta su puerta.
Toc… Toc… Toc…
—¡Bill! ¿Ya estás? ¡Ya te tardaste muchísimo! ¡Te advertí que entraría a buscarte si no te apurabas así que quítate de la puerta que la voy a tirar! —empecé a aporrear la puerta con golpes algo fuertes, pero no con otra intención, simplemente para asustarlo, cosa que funcionó.
—No hagas esooo, ya en un minuto saaalgoooo.
—¡Eso mismo dijiste hace una hora, a lo que ahora tengo que medir el minuto en 3,600 segundos! ¿Sabes cuánto es eso? ¡Es una eternidad y no estoy dispuesto a esperar tanto! ¡Ahí voy! —Y de nuevo los golpes.
—¡Nooo Tom, espera! ¡Te prometo que salgo en uuun minutooooo! —respiré exhausto. No pensaba tirar la puerta, así que la única opción que me quedaba era entrar por la ventana, pero hacer eso sería demasiado complicado. Así que mejor me tuve que conformar con esperar. Pero con que se tarde…
&
—¡No, no, no dejes de girar! —Quince minutos y de nuevo me encontraba desparramado en las escaleras, jugando con la misma moneda de hace un rato. Empezaba a sospechar que quizás el motivo de su tardanza era que a lo mejor se sentía acojonado. Me refiero a que no puedo imaginar lo sencillo que sería abrir esa puerta y salir vestido de esa manera. Conociendo lo penoso que es, tenía que considerar esa opción—. Pues que se relaje entonces.
Me levanté con esfuerzo, me entraron ganas de mear y decidí mejor ir al baño. También necesitaba mojarme un poco la cara para poder despejarme y no caer en sueño. Eso me disponía a hacer, pero al momento de dar el primer paso, pisé la condenada agujeta que se me había desamarrado y…
—¡IAAAAAH! —Inevitablemente caí de bruces al suelo. Con lo que me dolió el golpe— ¡Demonios!
—¡Tom! ¿Estás bien?
—Sí, como no… ¡Me duelen las rodillas! —Y es que fue con lo primero que caí. Seguro me saldrán moratones a causa del duro golpe. Pero como no me fije antes que la aguj… ¡Un momento!… Su voz. Como una lagartija retorciéndose, giré el cuerpo de inmediato quedando boca arriba—. Oh, oh dios…
—¡¿Qué pasa?! —Y por fin, ahí estaba él. Parado a un lado de la puerta, usando como había dicho sus botas que le llegaban casi rozando las rodillas, luciendo su cuerpo con ése delicado vestido negro en el que ambos habíamos concordado. El pecho, el cual lo cubría el vestido, estaba perfectamente acomodado y muy natural. Tendrían que acostarse con él para saber que era tontamente falso.
Por debajo de éste y arriba de la cintura, tenía una delgada cinta de color grisácea, el cual le había dado un toque muy mono al convertirlo en moño, sosteniendo el vestido. El cabello largo lo tenía puesto por delante de los hombros, colgando como cortinas negras. Pero me perdí de verdad cuando me concentré en lo más primordial.
Su rostro.
Era demasiado hermoso aun estando contraído al haberse preocupado por mi caída. En definitiva debí de haber tomado antes alguna precaución. ¡El corazón se me estaba saliendo del pecho! Me quedé bastante asombrado al ver tan majestuoso trabajo. Era todo una muñequita de colección.
Su rostro lucía más fino de lo que ya era y su carita asombrada al verme aún en el piso era todo un arco iris.
Se había pintado los ojos de negro como de costumbre, pero de una manera más femenina. Esta vez no usó tanto maquillaje e incluso había utilizado sombras más claras, casi grises. Les había dado un toque expresivo al haberse puesto pestañas largas y enchinadas, totalmente perfecto. Sus mejillas ahora polveadas con un leve color rosado como toda típica señorita, encajaron a la perfección en él. Lucía hasta más joven y expresivo. Y qué decir de sus labios; brillaban de un color cereza verdaderamente apetitoso. La peluca ayudaba bastante, lo hacía lucir más femenino al haberse sacado el fleco, creo que le había cortado un poco lo cual lo hizo ver aún más adorable. En pocas palabras, el Bill que había imaginado infinidad de veces dentro de aquel vestido, se quedaba corto con el de la realidad. Un ángel. Y por esta noche era todo mío.
—¿Tom…?
—Te ves… precioso —Rápidamente me levanté del suelo y aún más lo contemplé.
Bill, que al principio no había caído en la cuenta que ya me había deleitado con su encantadora presencia y que no me había pasado nada, se mordió los labios, un tanto tímido y se tapó la cara con las dos manos, pero sólo por un segundo ya que al final se dignó a sonreírme al no poder retenerla más.
—Querrás decir preciosa.
—¿Qué? ¡Ah!… sí, eso mismo —Él era el equivocado, no yo. Amplió más la sonrisa mientras se balanceaba de un lado a otro sobre sí mismo, un gesto claro de timidez. Toda una monada.
—Pero ¿sabes? Aún me siento un poco extraño vestido así, digo, no es de extrañarse pero la sola idea de salir a la calle de esta forma me da un poco de miedo. ¡Uyyy! Y es que, ¿qué tal que alguien me vea? ¿Y si me reconoce? No quiero ni imaginar que explicación le daría, sería todo un alboroto y más si… —Sus palabras se fueron convirtiendo en susurros al atravesar mis oídos. La verdad no le podía prestar atención, estaba tan ensimismado con él que no prestaba el más mínimo interés en lo que me estaba relatando. Lo miraba sólo moviendo la boca, hablando y hablando, diciendo no sé qué tantas cosas, haciéndose caireles con los dedos en las puntas de la peluca por inercia, sonriendo y mirándome. No tenía palabras para describirlo. Bill, era más de lo que yo me había imaginado— …y con el viento se me levante el vestido, eso sería otro grande problema ¿no, Tom?
—¿Eh? —desperté— ah sí, sí, como digas —¿Qué había dicho? Oh, claro— no te preocupes, no te verán y si así lo hicieran estoy seguro de que nadie te reconocerá. Ahora ven para que te amarre bien la cinta ¿quieres? —Bill suspiró, y más bien lo vi como a una chica un poco acomplejada. ¡ME DERRETÍA! —En verdad que quedaste hermoso, hermosa.
—Sí, gracias —asintió y me hipnotizó con esa encantadora sonrisa la cual le devolví.
Esto ya no era pesadilla, ahora era un verdadero sueño. Sueño que no duró nada para volverse pesadilla nuevamente. Mi sonrisa fue desapareciendo con apenas verlo dar dos simples pasos.
Todo el encanto se esfumó de él de volada.
En primer lugar, caminó todo abierto, casi jorobado, jalándose una y otra vez el vestido y acomodándose el relleno, claro, metiéndose mano.
—¡Ush! Me molesta tener que usar esto. No se quiere quedar en su sitio —Y cuando pensé que lo peor había quedado atrás, casi me abalanzo contra él para reprenderlo cuando lo vi llevarse una mano “ahí”, restregándosela con ganas supongo yo, para acomodarse el paquete, jalándose por encima del vestido haciendo caras de disgusto.
Que le apretaba el calzón le apretaba y lo entendía, pues qué es más cómodo que un bóxer del cual hay tanta libertad y por mucho que se nos mueva o algo, lo preferimos mil veces antes que una trusa. Y ahora tener que usar ropa interior de mujer era bastante malo. Se le transparentaban un poco las piernas a causa de lo transparente del vestido y ni que decir de lo demás, por suerte sólo se le notaba la silueta de la panty y no más allá de ésta; pero pese a eso, era imperdonable que se comportara de ésta manera.
¡Se supone que está protagonizando el papel de una chica, y para nada se comportaba como una!
—¡Bill! Pero…
—Esto me empieza a picar —se llevó las manos a la cabeza, acomodándose la peluca, moviéndola de un lado a otro varias veces hasta que por fin encontró una adecuada postura— listo.
—¡Nunca! Escúchame bien, ¡nunca te vayas a comportar de ésta manera vestido así! —Me acerqué dos pasos y él abrió los ojos demasiado, con una clara señal de no entender nada de lo que le estaba hablando—. Se supone que eres una “dama”, no una vulgar. Tienes que tener más cuidado con tus movimientos, vamos, Bill, ¿acaso no puedes actuar como una chica?
—¿Cómo quieres que actúe como una si no lo soy? Esto ya es demasiado para mí y encima de eso me pides a gritos y regaños que me comporte como una dama. ¡Por favor!
—Siempre te sales por la tangente ¿verdad? Yo no te estoy reprochando nada, sólo que no había tomado en cuenta algo.
—Hermanito… —Lo tomé de los hombros y lo miré cautelosamente— necesitas clases de modales femeninos. —Una cara atolondrada es lo que ahora tenía en frente; pero enseguida desapareció cuando entendió de qué hablaba.
En cierto modo yo no me consideraba un experto en cuanto a este tema del comportamiento de las chicas, pero de una u otra forma me había fijado bastante en los detalles de las chicas con las que he salido y de algo estoy seguro, ¡para nada se comportarían como Bill lo hizo hace un momento!
Aún nos quedaba una hora para estar listos, lo suficiente como para que le enseñara algo, aunque sea lo básico sería suficiente.
Conforme pasó la hora de volada, vimos los temas principales, desde caminar recto e ir fingiendo que caminaba sobre una línea recta para contonearse un poco, cosa que al principio resultó un poco complicado pero al final, sus largas piernas le facilitaron el trabajo y logró hacerlo bien. ¡Coño, hasta podría hacerse pasar por modelo! También repasamos como podría mantenerse siempre recto y sin nada de encorvarse, cosa sencilla de hacer. Y lo peor y más importante, tratar de evitar estarse acomodando la entrepierna, por muy incómodo que se encontrara tendría que aguantarse. Lo bueno que pareció comprender. Por último, aclaramos también como debe sentarse: con las piernas cerradas y si era necesario, cruzadas.
—Pero va a ser muy incómodo estar con las piernas cruzadas, sabes a que me refiero.
—Bueno, entonces no lo hagas. Sólo procura no abrir las piernas más de la cuenta ¿ok?
—Captado.
—Vale. Mmmh… creo que es todo —miré el reloj de pared. Con el tiempo justo—. Ya estás listo Bill, así que llegó la hora de irnos.
—¡Qué fastidio será todo esto! —Gritó y yo me quedé de a cuadros.
¡Maldita sea! ¿Cómo no lo noté antes? ¿Cómo se me pudo pasar algo tan notorio?
—Bill, tu voz… ¡TU VOZ! —Tanto como yo, él se quedó petrificado.
—Oh, por dios, ¿ahora qué haremos?
—¿Qué más hacer? Tendrás que fingir la voz, sé que puedes hacerlo no es tan difícil. Sólo agudízala un poco, haber inténtalo.
—¿Qué digo?
—Lo que sea, invéntate algo.
—Ok, ok —carraspeó un par de veces e incluso tosió también preparándose para su actuación— aam… hola, Tom —Un desastre. Se le escuchaba tan fingida que cualquiera se daría cuenta de eso.
—¿Qué fue eso, Bill? Vamos, sé que puedes hacerlo mejor, y procura esta vez no imitar la voz de burbuja.
—No puedo hacerlo, yo no soy un actor. —Nos quedamos callados, mirándonos, pensando en cualquier solución que se nos viniera a la mente, pero al único que al parecer se le ocurrió algo fue a mí, la cosa más obvia pero al cabo era una idea, ¿no?
—Lo siento Bill, pero ahora las cosas cambiaron.
—Escucho.
—Tendrás que protagonizar el papel de una chica tímida, ¿sí sabes a lo que me refiero? Entenderás que te mantendrás con la boca cerrada todo lo que te sea posible. Si es necesario yo contestaré por ti. Es lo único que se me ocurre.
—¿Cómo los vas a conocer? Claro que no, ni siquiera les he hablado de ti.
—Oh, gracias —pareció un poco ofendido por el tono totalmente sarcástico que escuché pero yo no mentía. Siempre procuraba no mencionar a Bill con nadie con los que salía, el propósito de estas huidas era para despejarme de él. No podía mencionarlo— ¿Y entonces?
—Saldremos con Keller, Volker y Zelig.
-—¡¿Qué?! No juegues. ¿Esos pervertidos amigos tuyos que se pasan morboseando a las mujeres? ¿Son los mismos de los que me has hablado? Si lo hubiese sabido antes juro que no te hubiera ayudado en esto —Se cruzó de brazos, poniéndose a la defensiva.
—¿Por qué crees que no te dije? Ya, Bill, estaré contigo todo el tiempo, no te pasará nada. —A mis “amigos” no se los tragaba Bill, y eso que no los conocía en persona. Yo le platicaba algunas veces con quien salía ya que me sometía casi a un interrogatorio para saber en dónde y con quien me había metido cuando llegaba tarde a casa, ya ni mamá hacía eso. Pero yo era honesto con él y no omitía nada al relatarle algunas de mis anécdotas nocturnas con ese trío. Y digamos que las cosas que le conté fueron grandes razones para lograr inculcar un claro desprecio en Bill hacia ellos.
—Vaya, como si eso fuera hacerme sentir mejor —El claro desagrado de Bill se podía notar desde a kilómetros de distancia; por eso me limité a finalizar esta pequeña conversación con miedo a que él se echara para atrás. No quería eso.
—Sí, como sea. Ahora vámonos que llegaremos tarde —Le tendí la mano para que se acercara y no puedo negar que me asombró verlo… lo hizo. Tomó mi mano algo indeciso pero en sí aceptó— ¿Listo para ser mi novia?
—No del todo, ¿pero tengo opción? Por mí preferiría quedarme en casa toda la noche a tener que pasar por esta vergüenza.
—Tomaré eso como un sí.
—Sólo espero que esto nos salga bien.
—Ya verás que sí, tú no te preocupes —Y enseguida la puerta de la casa fue cerrada y ambos cogidos de las manos nos encaminamos a nuestro destino.
Continúa…
Pobre Bill ¡lo que uno hace por amor! xD Bueno, no se pierdan del siguiente ;D