

Fic de TollWriter. Temporada I
Capítulo 4
—¿Estás listo? —le pregunté cuando salí del baño, donde me había confinado desde hacía dos horas.
Giró para verme, me quedé pasmado cuando su vista me recorrió desde los zapatos verdes hasta el vestido del mismo color; este no era tan ceñido al cuerpo, solo en el área del torso. Tom, en cambio, vestía un traje de pantalón de tela, camisa blanca y un saco negro, nada de corbata; muy informal y muy tranquilo.
—¿Qué sucede? —sonrió a mi pregunta y negó con la cabeza; estaba mirando desde el reflejo del espejo con el cabello alborotado.
—Dame cinco minutos, no puedo recoger mi cabello —asentí y tomé el bolso donde guardé mi teléfono. Que por cierto, no había sonado ni una sola vez, y extrañaba que mi mamá y mi tía Gene no estuvieran de intensas.
—¡Rayos! —lo escuché maldecir y reí bajito cuando lo vi luchando con su pelo rebelde.
Me acerqué a él y apoyé mis manos en sus hombros.
—Puedo ayudarte —asintió y me pasó su cepillo. Comencé a peinarlo muy suave porque no quería dejarlo pelón. Además de que su cabello no estaba tan enredado, así que lo cepillé muy poco; después, lo recogí en mi mano y le hice un moño alto, diferente a los que se hacía. Le peiné las hebras restantes para acomodarlo bien.
—Listo —miró su reflejo y asintió. Se levantó de la silla y tomó sus cosas para luego caminar hasta la puerta como el caballero que es. La abrió para mí y yo, encantado, salí moviendo más mis caderas, pero como estaban un poco ocultas bajo mi falda estilo princesa, tuve que exagerar un poquito.
La entrada al restaurante era preciosa; los adornos florales te recibían y las luces bajas y tenues alumbraban tu andar.
Tom me tomó de mi espalda baja y juraría que sentí una leve caricia con unos de sus dedos. No divagué demasiado y solo disfruté de los toques suaves y tímidos que sentía.
Recorrimos a través de las mesas; muy pocas estaban ocupadas, solo veía personas del programa, mi primo Geo, Gustav y los guardaespaldas de Tom, mientras que por las ventanas se veía la cantidad de paparazzi y sus flashes.
El mesero nos indicó nuestra mesa, como lo supuse, elegante pero discreta. Los tonos neutros combinaban con las luces, la vajilla estupenda… no sabía de lujos, pero seguramente esta era carísima. Un adorno de flores blancas y una cantidad de cubiertos puestos pulcramente en la mesa, la botella de champán descansaba en su base y las sillas ligeramente salidas.
Cuando llegamos, Tom me corrió la silla, que con una elegancia muy poco conocida de mí, me dispuse a sentarme.
—Bienvenidos —dijo el camarero a un lado de nosotros, nos tendió el menú y esperó.
Por mi parte, lo abrí y ojeé un poco. La verdad era que no conocía nada de eso. Hubiera preferido que la cena fuera en un Subway.
—Puedo escoger por ti —sugirió Tom, al cual yo asentí nervioso, poniendo el menú a un lado.
Tom me miró con dulzura y sus ojos se desviaron hasta el menú que tenía abierto en sus manos. Leyó un poco y lo cerró.
—Puedes traernos el cordero al horno, la patata bañada en col y el dulce de manzana — pidió.
—Oh, Soy alérgico a la manzana — susurré con timidez.
Tom me miró de nuevo, como haciendo una nota mental, asintió hacia mí y luego miró al camarero.
—Entonces, que sea de fresas —dijo con tono divertido y con una risita tonta que yo ya estaba amando.
El camarero se retiró y se perdió por unas puertas.
—Esto es muy bonito — pronuncié, mirando todo el salón.
—Es bonito, sí
—Debes de estar acostumbrado a todo esto, mientras que yo soy nueva.
—Sí, lo estoy… pero nunca me había sentido tan cómodo y tan tranquilo. Contigo no tengo que aparentar ser quien no soy. Contigo puedo ser yo mismo
—¿Y quién eres tú, Tom Kaulitz? —indagué, mirándolo a los ojos. Por algún motivo, él y yo habíamos creado un tipo de conexión extraña, pero completamente sincera. Al menos en ese momento, así lo pensaba yo.
En ningún momento aparté la mirada de la suya. Tom me contó cosas que nunca me imaginé que podía hacer. Aparte de su vida actoral, a Tom le gustaba la música, pero sobre todo la guitarra. Expresó que si podría elegir, hubiera preferido ser un músico de rock, y aunque yo le dije que todavía había tiempo, él, muy tajante, me dijo que esta era la vida que debía vivir. No entendí y no quise indagar más.
El mesero nos trajo nuestra cena y muy a gusto la devoramos. Ahora faltaba el postre que ansiaba poder comer.
—Preparada para el jacuzzi, Billay
Sonreí y asentí tímidamente.
—No quiero enfermar, así que estaré afuera mientras que tú te das ese baño —propuse.
—Oh, no, el baño es con agua caliente. Hasta podemos echar sales al agua para que te sientas mejor de la garganta
No contesté porque…
—Disculpen, aquí está el postre. ¡Oh, por Dios! —escuché a mi lado esa voz, esas risitas y esa expresión no eran más que de mi…
—¿Tía Gene? —expresé mirando a la señora loca con un uniforme de mesero, pero con un cubrebocas en su rostro.
—¿Qué haces? — susurré entre dientes.
—Tu madre me obligó —dijo, señalando a mi mamá que igualmente vestía como los meseros. Mi madre ya se abrazaba a Tom, que no entendía nada.
—Ya basta, que lo estás asustando —expresó mi tía, alejando a mi madre, que sollozaba sin hacer ningún ruido. Mi tía sacó un papel y un bolígrafo.
—¿Podrás darnos tu autógrafo? —preguntó con el pulsó temblando.
Tom lo tomó nervioso y firmó.
—A nombre de…
—Eugene Pitz—dijo mi tía, que por primera vez la veía cohibida.
—También para Simone —murmuró en euforia mi mamá.
—Ay, Billay
Tom frunció el ceño cuando mi madre me nombró, pero después sonrió cuando me vio como mi rostro se volvió todo rojo de la vergüenza. Con mis ojos le pedía disculpas, y como si fuéramos uno solo, él me entendió asintiendo.
Mi madre y mi tía se volvieron locas tomando fotos y videos, pero para muy mala suerte, los guardaespaldas las tuvieron que sacar. Tom omitió el hecho de que eran mis familiares y solo las dejaron ir.
—Ya, todo está bien, no importa lo que hicieron Simone y Gene
Puse los ojos en blanco por la familiaridad con la que Tom llamaba a ese par de locas. Con ellas también había hecho un clic. Era como si Tom estuviera amoldado a nuestra familia, pero más a mí. No me quería hacer ilusiones, sin embargo, en ese momento vivía de ilusiones por ser un adolescente y un fanboy.
Después de hablar mucho y de conocernos un poco, Tom y yo subimos a la habitación para cambiar nuestro vestuario por el vestido de baño.
Que coloqué en la privacidad del baño, el tonto de Geo me había llamado para cerciorarse de que mi «amiguito» estuviera entre mis nalgas. Dios, esto era tan humillante, pero debía seguir con la farsa. Solo me metería allí sin que Tom me viera vestido así.
Suspiré un par de veces y tomé el pestillo de la puerta, abrí lentamente hasta asomar mi cabeza, miré a todos lados y no lo vi. Suspiré aliviado.
Salí completamente y caminé en puntitas hasta la puerta donde se encontraba el jacuzzi. Entre, pero lo que no contaba era que Tom estuviera ya sumergido en el agua que estaba caliente por el vapor que desprendía de ella. Tom me miró asombrado, más por mi cara de espanto que por haberlo asustado.
Como un conejito asustado, caminé hasta llegar al borde y bajé las escaleras con cuidado para que no se me saliera. No era divertido en ese momento, sin embargo ahora, tres años después, sí que lo era.
Me reí al recordarlo, pero seguí escribiendo.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
yo soy la mamá y la tía, no tengo pena de aceptarlo
y tomi, vive tu vida como quieras
Te apoyo..