
Fic de TollWriter. Temporada I
Capítulo 3
—Haber mocoso, repite después de mí — me indicó por enésima vez Georg. —Hola, soy Billay Pitz — hizo una imitación de voz de chica muy irritante y chillona. Me tapé los oídos y negué. —¿Qué quieres entonces hablar con esa voz de camionero que tienes.?
— Preferiría eso y no hacer esto.
—culpa a tu tía y a tu madre—, frunció el ceño y se levantó. —Sabías que por esto puedo perder mi trabajo y reputación.
—culpa a tu tía y a tu madre—, repetí lo que me había dicho. Geo puso los ojos en blanco y me indicó que me levantará; así lo hice. Me miró de pies a cabeza, ya vestía las ropas que mi madre y tía habían comprado para mí.
—¿Qué haremos con eso.?— señaló otra vez mi entrepierna. —Tienes que echarlo hacia atrás.
—Tú también, Geo, me dolerá.
—Inténtalo, niño testarudo, y vemos si te duele o no.
—Es que no sé cómo hacerlo— admití con mis mejillas coloradas.
—déjame y te ayudo.
—¡¿Qué?! —No.— negué retrocediendo —. No vas a tocarlo.
—Está bien— bufó —entonces te indico—. Asentí y me metí al baño, me subí el vestido negro que, por cierto, me quedaba ceñido a mi cuerpo y bajé mi ropa interior.
—¡Estoy listo!— grité desde el baño.
—Bien— contestó Geo atrás de la puerta. —tienes que tomar la punta jalarla lo más que puedas y pasarla por entre las piernas hasta atrás luego cerciorarte que quede entre tus glúteos para evitar ya sabes— puse los ojos en blanco e hice lo que dijo tomé mi ropa interior y me lo coloque de nuevo, bajé mi vestido, no me dolía, pero si era bastante incómodo, después de mirarme en el espejo, salí.
—woow— murmuró Geo al verme. —Billay te vez hermosa—.
Fruncí el ceño por el nombre de chica. Pero antes de quejarme, mi madre y tía entraron y se sorprendieron al verme.
—Dios Billay estás bellísima— chilló mi tía Gene, me hizo dar una vuelta y sonrió.
—estás hermoso, Bill— halagó mi madre.
—Billay— corrigió Geo. —Necesito que te mentalices que eres una mujer.
—El lo hará perfecto— interrumpió mi tía Gene, entregándome los zapatos. Los tomé, casi se los arranqué de las manos; los tacones siempre han sido mi debilidad.
—¿Sabes andar en esas cosas?— indagó mi primo.
—Claro que sí, no te preocupes por eso —dije, cuando me los puse comencé a caminar por la habitación. Sabía manejarlos perfectamente, incluso mejor que una mujer.
Di un par de giros para que comprobaran que efectivamente sabía manejarlos.
—Bueno, ya es hora de irnos —dijo Geo, tomando su chaqueta y saliendo de la habitación, seguido de mi madre y mi tía.
Suspiré y tomé el bolso para bajar y comenzar con mi actuación.
Llegué a la planta baja y Geo me esperaba.
—Billay, sabes lo que tienes que decir sobre los documentos —dijo.
Asentí, recordando que debía decir que se me habían olvidado, pero que ya los había enviado por correo electrónico en el registro y que allí estaba toda mi información, una falsa, pero de eso no debían enterarse ellos.
—No hables mucho —me indicó mi primo. Yo lo miré curioso.
—Es que si no hablas, tu manzana de Adán no se moverá y así no lo notarán —continuó instruyéndome, y yo caminaba memorizando todo.
Cuando llegamos al auto, me detuvo y dijo:
—Si ves que soy un poco amistoso, es porque quiero que parezca todo normal. Me comportaré como si estuviera tratando a una chica, una chica desconocida para mí —hizo una pausa y me tomó del brazo con fuerza—. Así que no me llames por mi nombre y no seas demasiado familiar conmigo, ¿de acuerdo?
Asentí, adolorido.
—Ya déjalo —dijo mi madre, indicándome que subiera, y así lo hice. El vestido negro era corto y se alzaba en mi trasero; era demasiado estresante tener que bajarlo constantemente para no mostrar mis calzones.
En el auto iba mi madre y mi tía Gene conduciendo; mi primo se iría en su auto para llegar separados. El trayecto fue sofocante; el vestido era demasiado ajustado, o así lo sentía por estar nervioso.
Finalmente llegamos al hotel donde sería el concurso. Como lo intuí, había una interminable fila y muchas niñas gritonas. Me tapé los oídos y busqué mi sitio, que por suerte era casi en la entrada del hotel. No duré mucho tiempo afuera y entré. Mi madre y tía me desearon suerte, pero no las dejaron seguir.
El teléfono sonó cuando llegué a un salón donde el primer grupo de niñas estaba reunidas. Leí el mensaje; era de mi madre, recordándome que tenía que dar la dirección del restaurante.
El del staff me indicó que tenía que guardar el teléfono y me colocó mi nombre en el vestido para identificarme. Nos dijeron que tomáramos asiento para contestar unas preguntas. Me extrañó cuando nos dieron papel y lápiz, sin embargo, respondí todas y cada una.
En cinco minutos, entregué el sobre y me senté de nuevo, esperando por la siguiente prueba. Como ya había terminado, me distraje mirando videos edit de Tom, hasta que la voz irritante de Georg se escuchó.
—Buenas tardes, chicas. Como no podemos extender más el tiempo, necesito que las chicas que no han terminado con las preguntas salgan del salón. Lo siento, desde el inicio se les indicó el tiempo —
Las niñas se quejaron, pero debían salir. El miembro del staff agrupó a las demás y yo me situé casi llegando a la tarima.
—Bien, el siguiente paso es que los jueces estarán leyendo sus respuestas y la que sacó más puntajes será la ganadora. Es algo sencillo y rápido porque Tom lo ha decidido así. Otro punto: si por alguna razón hay empate, él tendrá que decidir con cuál será su cita —hizo una pausa y tomó una tabla de apuntes, y continuó—. Mientras esperamos, les voy a informar qué es lo del premio… Tendrás una reunión con Tom, luego irán a cenar, un rato en la piscina o en el jacuzzi, y luego compartirán la habitación para descansar hasta el día siguiente, cuando se levante, los espera un magnífico desayuno y luego una pequeña entrevista para así dar por terminada la cita.
Las chicas aullaron como perras hambrientas, mientras que yo me debatía en cómo haría para ponerme un jodido vestido de baño.
Las caras que me hacía Geo arriba de la tarima eran demasiado chistosas, pero en ese momento no podía reírme.
Una a una, fueron sacando del salón seguramente a las que habían fallado en el examen. Mientras veía cómo se vaciaba el sitio, mandé el mensaje a mi madre, ya que la cena sería en este mismo hotel. Reí por las expresiones de frustración que estarían haciendo al enterarse de esto, pero no era culpa mía.
Cuando solo quedamos diez niñas, nos hicieron sentar en la primera fila, y entonces fue allí que conocí lo que era estar verdaderamente nervioso. Ese día lo tengo grabado en mi cabeza; ese día nunca lo voy a olvidar. Ver a Tom Kaulitz tan cerca de mí, estar en el mismo espacio y respirar el mismo aire fue lo mejor que me pudo haber pasado. Así pensaba en ese momento; ahora tengo otro concepto sobre lo que significa Tom Kaulitz para mí.
Salió atrás de bambalinas y saludó con un gesto de mano; su calidez se hizo presente con la gran sonrisa que dibujó en sus labios. Era un sueño, mi sueño hecho realidad.
Geo, Robert, Gustav y Tom conversaban en voz baja, nos miraban por momentos y revisaban la tabla de apuntes, hasta que sus preciosos ojos miel se conectaron con los míos. Al pasear su vista por mi anatomía, me hizo sentir pequeño y muy nervioso. ¿Será que se había dado cuenta de que era hombre? Borre esa idea y solo esperé.
—Tom ha decidido. Gracias a las demás niñas que vinieron, gracias por participar. Estén pendientes de más concursos que pronto estarán disponibles en nuestra página. Billay Pitz, puedes acercarte — expresó mi primo, terminando de hablar.
El miembro del staff me tendió la mano para ayudarme a subir a la tarima; torpemente lo hice y caminé hasta llegar al grupo de hombres. Podía sentir el asombro de ellos, pero la mirada de Tom era la que me ponía realmente nervioso.
Me tendió la mano y la recibí delicadamente; luego la llevó a sus labios, donde dejó un beso en ellas.
—Por aquí —dijo su manager, caminando hasta perderse detrás de las cortinas.
Tom y yo caminamos detrás de Gustav; nuestros hombros se rozaban un poco por estar en un estrecho pasillo. Su manager se detuvo y abrió la puerta de una suite; ingresé primero y Tom después. Seguramente me estaba viendo el trasero, ya que el bendito vestido se subía, pero no me importaba; quería que viera mi belleza, aunque fuera vestida de mujer.
Había una mesa donde estaban unas copas; Gustav me dio una y otra se la dio a Tom, para después brindar, chocándolas en el aire. Mi primer champán y no quería parecer un tonto, así que disimulé cuando sentí el amargo, quemado mi garganta; entonces recordé la manzana de Adán y traté de no moverla mucho.
—Bueno, los dejo solos. Vendré a las siete por ustedes —murmuró su mánager, fue al clóset y sacó un vestido y me lo entregó.
—Esto es para la cena de hoy. Allí también encontrarás el vestido de baño y la pijama que usarás más tarde, también otro vestido para mañana en el desayuno y para la entrevista —dijo, se dio vuelta y se dirigió a Tom.
—No se te olvide lo que hablamos —dijo y salió, cerrando la puerta.
Estábamos solos en una habitación con una cama enorme y ya mi vestido me picaba para quitármelo, pero recordé el detallito que tenía prisionero en mis nalgas y me sentí terrible.
—Bien, cuéntame de ti —me dijo, y no pude hablar porque sencillamente no había ensayado la maldita voz de mujer. Me quedé solo mirándolo como un estúpido tonto.
—¿Eres muda? —preguntó, a lo cual reí por la pregunta. Negué con la cabeza.
—Lo siento, es que estoy un poco mal de la garganta —hice mi mayor esfuerzo para que mi voz saliera entre femenina pero constipada—. Estuve gritando mucho afuera y este clima tampoco me ha ayudado.
—Oh, bien, si no puedes hablar, entonces yo te cuento algo de mí
—Creo que ya lo sé todo
—Solo sabes lo que la prensa dice de mí
—Eso es verdad… ¿Y acaso no eres la misma persona que dice la prensa? —pregunté.
—Hay cosas que debo mantener en secreto, Billay
—¿Como cuáles?
—Que odio esto
—¿Odias ser actor?
—No, la fama la odio. Quiero tener una vida normal, salir a comer, tener amigos, una novia
—¿Y no lo puedes hacer por ser famoso?
—Es el maldito problema, Billay. Si lo puedo hacer, pero antes de elegir una chica, me tocaría que antes la aceptaran por mí la agencia, que sea de buena familia o que al menos se mueva por el mundo del entretenimiento, y una chica así es frívola y superficial
—Yo creo que todos debemos tener las riendas de nuestras vidas. No porque seas famoso tienes que vivir una vida que no quieres. Hay cosas que no puedes renunciar, y esa es tu paz y la sensación de que estás haciendo lo correcto
—Tienes razón, Billay, pero mi vida se ha manejado así por mucho tiempo y es imposible cambiar.
—Entonces deberías cambiar de agencia —reí por lo absurdo.
La agencia que manejaba a Tom fue la misma que lo descubrió y la que lo hizo famoso. Claro que él también tuvo algo de crédito en ese ascenso de su carrera, pero la mayoría era resultado de tener como manager a Gustav Schafer.
Seguimos charlando más hasta que se hizo las seis y media, y nos separamos para poder alistarnos para la cena.
Continúa…
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importa si es fic o realidad, las empresas de los famosos siempre se pueden ir a la mierda por verlos coml productos en vez de humanos