
Fic de WifesKaulitz
Capítulo 7: Sept
Al llegar me acosté en mi cama. Revisaba una y otra vez el móvil, buscando las fotos que le tomé a Tom ese día en la cancha, por alguna extraña razón no las encontraba en la fecha indicada.
Dejé de mortificarme por eso. Lo conecto al cargador y me acuesto en la cama con los brazos abiertos, con la mirada en el techo, admiraba una y otra vez el dibujo que yo mismo había pintado pero esta vez con la cabeza teniendo un nombre en específico.
Tom.
— ¡Billy, Billy!
— Hola, Sally. — sonreí al ver como mi hermana entra corriendo hacia mi. Se tira a mis brazos y llena de besos mi rostro logrando que sonriera con muchas ganas. — ¿A qué se debe tu exceso de amor? ¿necesitas algo?
— Bueno, yo no en realidad.
— ¿Entonces?
— Es que… Tomvinoadejarunramograndedefloresparati…
— ¿Qué? — arqueo una ceja sin comprender. — ¿Porqué hablas así, Sally? No entiendo.
— Tomestáabajoesperandoteytambiénmedijoquebajes.
— ¡Sally! — exclamó su nombre con indignación.
— Ya, lo siento… ¿por qué no bajas a ver?— cruza los brazos en modo de seriedad, después se baja para arreglarse el cabello mientras se mira al espejo. — Roba novios. — susurra.
— Te escuché. — entonces sale corriendo de manera juguetona de mi habitación. No dudé en salir detras de ella. — ¿¡Qué te robé yo a ti!? — nos dirigimos hacia la sala. Por poco y resbaló en la cerámica por los nervios de ver a Tom ahí, sentado tomando el té con mi madre y más allá un hermoso ramo de flores blancas, grande y pomposo.
— Buenas noches, Billy. — a pasos lentos me acerco a saludar a mi madre de un beso en la mejilla y para Tom, solo decidí ignorarlo. — Tu novio ha venido a visitarte.
— ¡No es su novio!
— Silencio, Sally.
— Ash… — rodea los ojos volviendo a sentarse en el suelo para jugar con sus muñecas.
— Los dejo, ¿está bien?
— Gracias, ma.
— Tom, siente como si estuvieras en tu casa. — coloca muy amable la mano sobre la de Tom antes de levantarse para irse con Sally para darle su baño de la noche. De mi parte admiraba tratando de ocultar una sonrisa al ver las flores. Estás tenían un sobre adicional.
— Las flores son tuyas, Bill.
— Ah. — sonreí de lado. — ¿De verdad?
— Sí… — sentí como Tom se levantó y se colocó detrás de mí. Me agaché intencionalmente para inhalar su aroma y también para pegarle el trasero en la entrepierna. Tom soltó un suspiro, posando las manos en mis caderas y apretando sin brusquedad. — ¿Por qué te fuiste así? que sufrimiento estar con ella…
— Me sentí algo aturdido. — comento luego de un silencio ensordecedor. Saco una rosa del ramo, le quito las espinas, corto un poco el tallo y volteo para ver a Tom. Aprovecho para meter la rosa debajo de ese pañuelo negro y luego sonreírle por lo lindo que se ve.
— ¿Sobre qué? sabes que puedes decirme, ¿verdad? — asiento explorando desde el abdomen, ascendiendo hasta el cuello con la intención de quitarme la duda. Levanto un poco el escaso cabello y me acerco para besar en esa parte.
Pues ahí está el tatuaje, intacto y de tinta roja.
Me iba a volver loco.
— ¿Has visto como se ponen los pavos reales cuando elevan esas bonitas plumas, como si se encrespara?
— Sí…
— Así me siento yo cada que me miras, me besas o te tengo así de cerca. — para ocultar mi rostro sonrojado le abracé con todas mis fuerzas. Tom corresponde de la misma manera.
— Esta tarde en el vestidor no ví tu tatuaje, fue muy extraño.
— ¿De verdad? — asentí con la cabeza, tratando de esconder más en el hueco que forma su cuello y el hombro.
— Quizás porque es de tinta roja y la oscuridad en el vestidor no te permitió ver bien.
— Lo creo… — estaba embriagado con el maravilloso olor de Tom. Tenía un toque de sudor con perfume, estos se mezclan dando un aroma suave. — Tom…
— ¿Sí? — nos separamos para vernos a los ojos. Analizaba cada parte de su rostro con una sonrisa boba.
Era estupendo lo que comenzaba a sentir.
— ¿Pasa algo? — agarro sus manos y las beso teniendo la grande pena de la cosa que le iba a pedir. — Quisiera ser yo quien haga eso.
— ¿Quieresquedarteadormirconmigo? — hablé de la misma forma en la que lo hizo Sally hace un momento conmigo, obviamente iba a ser generoso y le iba a repetir.
— Mierda. — levanta las cejas y se quita los lentes para ponerlos en mis ojos. No eran tan fuertes como creía pero si logró marearme con exageración. — ¿Puedes repetirlo? Es que no comprendí.
— Ay. — entrelacé su mano con la mía para guiarlo hasta mi habitación después de que apagué las luces de la planta baja. — Dije que… — hago una pausa. Voy y le pongo seguro a la puerta. — … si quieres dormir conmigo…
— Claro que quiero, Billy. Me encantaría.
— ¿Pero…? — le quito de a poco la chompa para su comodidad, seguido de eso la camisa que ~como me encantaba su olor~ decidí que esta vez sería mi pijama por hoy. Recorro con el dedo índice esa serpiente.
No me atrevía a preguntar cuál era su significado.
— ¿Tu mamá?
— No le va a importar, casi ni se da cuenta de las cosas que hago… — en medio de un suspiro me desnudé yo para poder poner en mi cuerpo su camisa.
— Entonces no tengo problema pero… ¿con qué voy a dormir yo? — remoje mis labios con una sonrisa. Fui hasta el armario para buscar uno de mis pantalones favoritos ~en secreto~ de pijama.
Tenía huellas de gatitos lila y el fondo rosita.
— ¿En serio?
— O el de hello Kitty.
— Prefiero el de Kitty. — me arrebata la pijama de la mano con una sonrisa.
Lo eligió nada más porque el fondo de la tela era negro y la imagen de la Kitty la tenía en el trasero. — ¿Te gusta como se me ve?
— Tom, te queda mejor que a mí.
— Uff, que nadie se entere que dormí con esto.
— ¡Ay! — doy un manotazo de lleno en sus nalgas. Tom sonríe motivado. Agarra mi trasero para levantarme en sus fuertes brazos. Reposa la espalda en la cama. Me observa el rostro y en el puedo ver un brillo particular, las pupilas se encuentran dilatadas.
A Tom le gusta lo que ve.
— Haz que tus labios bailen con los míos, Tom. — ladea una sonrisa llena de coquetería. Abre espacio entre mis piernas para tener más acceso en mi. Agacha su cabeza con lentitud, puedo sentir su respiración mezclarse con la mía hasta que nos fundimos en un beso.
Para asegurarme de que no se aleje, atrapó sus caderas con mis piernas.
— Faltó la música…
— La música son los chasquidos que salen. — bromeo guiando las manos hacia las rastas para soltarlas. Me emocioné demasiado que caigan directo a mi rostro, llenando mi nariz con el olor a selva tropical del shampoo que usa.
— ¿Ahora sí podemos dormir? Me siento fatigado.
— Sí, ven. — entre los dos decidimos destender la cama para poder acostarnos. Esta vez fui yo quien abrazó a Tom, colocando la cabeza en su pecho, con los ojos bien cerrados y con una sonrisa me dormí.
.
[𝙼𝚊𝚛𝚝𝚎𝚜]
Abrí los ojos de golpe en el momento que me removí buscando el cuerpo que debe descansar a mi lado, vi a Tom parado en la ventana de la habitación fumando tabaco. Desperecé el cuerpo y me levanté como pude para poder abrazarlo por la espalda.
Recostó su cabeza en la mía y expulsó el humo con facilidad.
— Buenos días, ¿cómo amaneciste?
— Me duele un tanto el cuello.
— Te hago masajes. — lo que queda del cigarro es tirado por la ventana. Volteó para verme a la cara, sus ojos estaban algo rojos y yo supuse que era por el humo. Pone las manos en mi cuello para masajear en una parte que se sintió placentera.
Hice ruidos por el placer que sentía de sus manos en ese lugar.
— Duermes como un bebé.
— ¿Qué tal dormiste tú, Tom? — sube para acariciar los sentidos con los dedos pulgares.
Tom tenía dotes de masajista.
— De lo mejor. — suspiró con cierto toque de emoción. Hice que deje de tocar para poder acercarme más a él y abrazarlo. Mis manos estrechan su cintura. Me encantó eso de tener su abdomen bien trabajado pegado al mío. — Necesito más noches así.
— ¿Qué te parece si está noche dormimos en tu casa, luego en la mía y así nos vamos alternando?
— No pasa nada, Billy. No es necesario.
— Uhm… — dejo escapar una sonrisa boba, claro que era necesario estar pegado a él pareciendo un chicle. Así ya no iba a tener ese sentimiento de soledad, porque estamos el uno para el otro. — ¿Acaso tú sufres de insomnio?
— Sí, las únicas veces que dormí bien fue esa vez en mi casa, rodeado de tus brazos porque me das un sentimiento de protección y ahora aquí…
Solo por eso ya me quería ir a vivir con él.
— Te quiero, Tom… — centré mis ojos en los suyos. — Muchísimo.
— También te quiero a ti, Billy. — uní sus labios de forma impulsiva. Subí ambas manos, acariciando su espalda desnuda. Tom solo pone las suyas en mis mejillas. Al saber que el beso se tornó serio, profundo y húmedo guió la mano derecha para enredarle en mi cabello. Su lengua por poco y tocaba cada rincón de mi boca. Esa fue la excusa perfecta para que la erección mañanera tuviera una razón para estar más dura.
Quise restregarle con el propósito de sentir el suyo entre esos pantalones de Kitty y jadeó.
Hace que retroceda hasta que mis piernas tocaron la cama. Agarra la camisa para poder sacarla y dejarme al desnudo ya que ni siquiera traía boxers. Me empuja con suavidad hacia atrás. Caí a la cama con los brazos abiertos, sin dejar de mirarlo.
— Te quiero dar los buenos días a mi manera.
— Tengo vaselina en el cajón. — susurré con un sonrisa apenada. Tom solo estiró el brazo para poder abrir el cajón. Se me hizo agua la boca en el momento que este se bajó los pantalones y su intimidad rebotó demás dura.
— Ven aquí. — obedecí sentándome en frente de él. Recogió mi cabello en una coleta e hizo que lo mire. — Quiero tu boca otra vez ahí. — besé en la punta, deleitandome con el sabor saladito y logrando que mis labios se pongan un poco brillantes.
Después de hacer eso abrí la boca para tragarme su polla. No perdí de vista en ningún momento los gestos y ruidos que hacía para callar.
— Mhmm. — muerde el labio inferior. Estira su cabeza hacia atrás, mirando el techo. Continuaba mirando como desliza saliva y su nuez sube y baja.
Yo besaría esa parte de ahí, quiero pasarle la lengua, todo…
— Ah. — impulsa de adelante hacia atrás, marcando un ritmo delicado. La respiración se le descontrola cuando succionó y aprieto tanto la boca alrededor de su pene.
Tengo una mano acariciando el pezón de Tom y la otra jugando con sus gemelos de ahí abajo.
— Bill… agh… — le hice ojitos de manera coqueta. Saca su entrepierna de mi boca para agacharse. En vez de besarme Tom deslizó su lengua por mis labios y humedeciendo mi nariz. — Con esa carita hermosa me dan ganas de dominarte, hacerte mío… — rápido le ofrecí el trasero para que quede a su total disposición. Agarré una almohada para taparme la cara con ella. El calor empezaba a bañar mi cuerpo.
— Aiñ. — aprieto los ojos con solo sentir la yema de sus dedos lubricando mi entrada con la vaselina de bebé.
— Oh…
— Tom. — esta vez apegué la mejilla a la almohada, para poder ver desde mi ángulo como alineaba su polla, lista para entrar.
— Maldita sea, Bill.
— Eso, así…
La satisfacción de sentir como vuelve a abrirme con su caliente falo hizo que deje liberar una risa acompañada de un gemido. Asegura una mano en mi cadera, la otra en mi cabello y así se mueve suave.
Quizás por el pensamiento de que mamá aún seguía en casa.
— Ahm… — mordí el dedo pulgar, estaba por llegar a un punto hasta de quererlo chupar.
Lastimosamente me enojé por el fastidioso ruido de su celular.
Interrumpían NUESTRO momento.
Continúa…
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yo también quiero esos buenos días
a todo eso, o el tatuaje es una maldición q le hace q salga su doble personalidad o no me explico como rayos se desaparece