Trente quatre 4

Fic de WifesKaulitz

Capítulo Quatre

Comí muy poco por la tristeza que sentía de haber borrado el número. Traté de localizarlo por redes sociales pero no tenía ninguna a menos que esté con otro nombre y yo no lo sepa.

Para la noche acepté ir con Georg y sus amigos a la fiesta de Matt creyendo que Tom estaría ahí pero me estrellé horrible. Según Gustav, a Tom no le gustan las fiestas y que era un tipo más de estar en casa. Dijo que si lo invitaron pero los rechazó por esa razón.

Estaba decidido a ir hasta su casa pero el problema es que muy poco me acordaba las calles y menos en el estado que estaba. Me sentía muy triste e inquieto. No estaba disfrutando para nada el estar sentado junto a un par de tortolitos que me provocaban celos, se besaban entre ellos sin importar lo que digan los demás, ¿por qué no puedo estar así con Tom?

¿Cuál era el miedo? o ¿cuál era mi miedo?

— ¡Bill! ¡vamos a bailar!

— No, gracias. — sigo por otra lata de cerveza. Voy en dirección al baño para encerrarme ahí y mirar el suelo.
Tengo un horrible presentimiento acompañado de las enormes ganas que tenía de estar a su lado.

No precisamente para comernos, si no para abrazarlo, guardarlo en mi pecho y protegerle de cualquier cosa que pudiera hacerle daño.

Nunca me sentí tan conectado con alguien así como lo siento con Tom (aunque parezca apresurado).
Saco un cigarro para fumar. Estoy muy desesperado y para nada me gusta esa sensación.
La música de jazz interrumpe mis pensamientos. Lo tomo con desinterés sin ver el nombre.

— ¿Hola?

— Bill, mhmm… disculpa que interrumpa tu diversión pero me siento muy solo, ven a mi casa. — doy un suspiro emocionado. Salgo del baño casi corriendo hasta salir de la casa.

— Ahorita, ¿cuál es la dirección?

— Edificio San Luis, tercer piso…

— Iré lo más pronto. — cuelgo la línea. Paré un taxista para que me lleve a aquel edificio. Lo más importante debía hacerlo ahora, guardar su número telefónico para no volver a perderlo.

Así el que lo llamaría con excusas para poder verlo sería yo.

Me ha emocionado mucho la idea de que me haya buscado para ser su compañía esta noche.

Sorpresivamente su casa no quedaba tan lejos. Pude haber llegado solo preguntando pero bueno, le pagué al taxista lo que le debía y entro corriendo hasta el elevador. Pulso el número tres. Espero paciente a que llegue para poder salir corriendo a golpear su puerta como un loco.
Al instante se deja ver un Tom con las rastas sueltas, los ojos algo rojos, la nariz hinchada y el labio superior igual de hinchado.

— ¿Tom?

— Si viniste. — entro con el ceño fruncido, la respiración se me descontroló en el momento que me voltea para abrazarme. Mirando a un punto fijo correspondí a su abrazo.

Que dolor me daba oírlo llorar así y no saber la razón…

— ¿Qué tienes?

— Creo que un colapso… nervioso… siento que me vuelvo loco.

— Ven. — nos separamos con lentitud. Limpio sus lágrimas con mis pulgares, guío sus pasos a la habitación. Hago que se recueste en la cama y yo a su lado. Esconde su rostro en mi pecho, no dejo de abrazarlo en ningún momento. Le hago mimos suaves en el cabello e inhalo su aroma. — ¿Qué te hace sentir bien?

— Tú…

Joder, sabe cómo darme justo en el pecho.

— ¿Qué haces los fines de semana?

— Estar e- encerrado.

— Pues eso va a cambiar, yo personalmente me ofrezco a acompañarte los fines de semana, salir contigo, hacer cosas… incluso llevarte a mi casa si es necesario para que no pienses mucho en eso, ¿sí?

— Por favor.

Enternecido le di un beso en la frente.
Poco a poco Tom caía en sueño. Quizás no fue bueno pero me saqué algunas fotos porque la pose en la que estábamos era muy adorable. No paré de hacerle cariñitos toda la noche, aproveché para ver películas en su tele hasta que también me dormí.

&

La mañana siguiente desperté por el fuerte dolor del cuello que tenía. Los brazos adormecidos y con el maquillaje corrido. Bajo la mirada hacia Tom, el sigue descansando en la misma posición con tranquilidad.

Ni para moverme.

Me gusta en la posición que estamos.

Me encanta lo lindo que se ve a la luz del sol y como la piel le brilla por la poca grasa que tiene. A diferencia de mi, ojalá no se asuste al verme.

— Mhmm. — se remueve poco a poco. Abre los ojos con lentitud, mira mi rostro y sonríe divertido. Ya me esperaba eso de su parte. — Que bonito, Billy. Buenos días…

— Hola, ¿cómo estás? — correspondí al besito que me dió en la boca, con mucha dulzura.

— Bien… dormí rico por primera vez… uhm, n- no me levanté para nada.

— Me alegro saberlo.

Tuve un gran vacío a mi lado en el momento que se levantó para desperezar su cuerpo. Yo también hice lo mismo, me tronaron algunos huesos y sentía la ropa algo incómoda.

Debía bañarme de urgencia.

— ¿Quieres desayunar? p- puedo invitarte a c- comer fuera…

— ¿Qué tal si vamos a mi casa? comemos ahí, le pedimos al chofer que nos de un aventón en el centro y ya.

— ¿C- cuáles son tus planes conmigo? Mhmm, estoy… asustado.

— ¿Viste la perforación que le hice al dibujo?

— Sí…

— Eso quiero.

— Me parece bien… aunque no… va conmigo.

— Vas a ver qué sí. — Tom en silencio me da la espalda para ir al baño. Regresa con unos paños húmedos para limpiarme. — Gracias.

— Okay, ahm… estás en tu casa, Bill. — asiento con la cabeza. Agarra una toalla de un cajón para ir a la ducha a bañarse. Me tiré como un costal de papas, aburrido. Miraba el techo pensando.

¿Por qué no me meto con él a bañarme?

¡Sí! – quito la ropa de mi cuerpo a gran velocidad. También cogí una toalla del mismo lugar y la envuelvo en mi cuerpo. Camino con nervios hasta la puerta de este, tenía miedo de que estuviera cerrada y quede mal.
Sorpresivamente, al tomar el cerrojo, esta se abre sin hacer el mínimo ruido. Mis ojos se deleitaron, a través de es vitrina Tom estaba dando la espalda mientras jabona su cuerpo. Quito la tela del mío.

Voy más cerca hasta entrar por el espacio que quedaba de la puerta corrediza. Pongo las manos en su espalda, hice un recorrido hasta meterlas por debajo de sus axilas y acaricio el pecho.

Tom echa su cabeza hacia atrás.

— ¿Crees que estoy invadiendo tu espacio, Tom? — la mano izquierda vuelve a hacer un recorrido hasta tocarle la entrepierna. La muevo de adelante hacia atrás al mismo tiempo que reparto besos en el hombro.

— No, que pereza el desinterés.

— ¿Entonces voy bien si quiero conquistarte?

— Excelente. — obligo a su cuerpo a voltear para quedar de frente. — Pero no entiendo el por qué quieres conquistarme. — encogí de hombros restándole importancia. Hace que la espuma se vaya para limpiar su rostro. Cierra el grifo de agua. Puedo mirarlo con ojos de inocente, que se note las ganas que le tengo. Rodeo su cuello con ambas manos para poder unir sus labios a los míos. En el proceso cierro los ojos y ladeamos la cabeza.

Tom en ningún momento deja pasar la oportunidad de tocarme el trasero y lo hace.

— Quiero hacerlo, Bill, pero también tengo hambre.

— Ah. — agacho la cabeza sonrojado. Se sale riendo de la ducha para dejarme bañar solo.

Soy yo, ¿o se resistió?

&

— ¿Hola? — entro diciendo a la casa luego de cerrar la puerta. — ¿Mamá?

— ¡Billy!

— Hola, preciosa. — cargo a Sally en la espalda. Doy un par de vueltas para luego dejarla en el suelo. — ¿Cómo estás?

— Bien, mami no está pero dijo que te dejaba el desayuno dónde ya sabes, también me encargó que observé bien que comas porque ayer no lo hiciste.

— Ahora si lo haré, no te preocupes…

— Ah, bueno. — coloca las manos hacia atrás, mueve su pie de una forma juguetona mirando a Tom. — Billy, ¿no me presentas a tu amigooo?

— Mhmm… no es mi amigo, Sally. — nos dirigimos al comedor. Había lo suficiente para compartir con Tom el desayuno, empiezo por calentar primero su plato para que se siente. Lo mejor es que decide esperar a que el mío esté listo para que empecemos a comer.

— ¿Entonces?

— Déjame comer…

Se sienta junto a Tom sin parar de observarlo. Le pide permiso muy coqueta para usar sus lentes y puedo ver cómo se emociona. El rostro se le ruboriza, los ojos los tiene muy abiertos y no para de sonreír.

«Cosa que me molestó.»

Quería gritarle que se vaya.

— Más vale que sea tu amigo porque me acabo de enamorar y no lo quiero compartir.

— ¿Puedes irte a tu habitación?

— ¿Cómo te llamas? Yo soy Sally. — ignora las palabras que le digo. Mi rabia aumenta en el momento en que Tom decide seguirle la conversación sin tartamudear.

— Tom, mucho gusto.

— ¿Soltero, casado, con hijos, divorciado…?

— Soltero… — molesto, le doy un zape en la pierna, aún así continuó haciéndose el galán.

Me estaba ardiendo.

— Genial, yo también. ¿Crees que para el amor no hay edad?

— Pues no… siempre y cuando sea sincero, que ambas partes actúen con madurez y se amen mutuamente.

— Ay, ya te amo, Tom. — acabé de comer a la fuerza. Después muy enojado voy corriendo a mi habitación para alistarme rápido, no tolero a Sally y mucho menos ahora que acaba de descubrir que Tom es atractivo.

No quiero que nadie lo sepa, solo yo, así no lo pueden enamorar y seré el único en su vida. Quizás tengo pensamientos egoístas pero se siente bien que hasta ahora nadie le ha puesto el ojo porque no se han dado la oportunidad de conocerlo, de descubrir su linda personalidad… nadie me lo va a quitar, ninguna resbalosa se le meterá por los ojos.

Aunque ahora que me acabo de dar cuenta, ¿será que a Tom le ha gustado alguien?

— Mierda. — termino de arreglarme. Agarro dinero de mi escondite secreto para emergencias, lo pongo en mi billetera y voy hasta donde se encuentra sentado de brazos cruzados.

Al menos Sally lo dejó tranquilo.

— ¿Dónde está?

— Tu mamá vino a verla para sus clases de ballet.

— Mhmm, lástima, ¿nos vamos?

— Sí. — guié a Tom hacia el estacionamiento de los coches. El mío esperaba a que yo salga para que nos pueda llevar hasta el centro comercial de la ciudad. Al llegar, el primerito que pisamos fue la sala de perforaciones. No fue difícil convencer a Tom de que se lo haga en el labio y yo me hiciera uno en el pezón. Lo sentí clarito, traspasa mi carne para poner la bonita argolla.
Me observo en el espejo con una mueca de dolor.

Seguimos para el patio de juegos, nos subimos a algunos, apostamos y ganamos en otros perdimos pero siempre con la actitud positiva.
Para rematar caminábamos de la mano por el parque, era como las seis de la tarde. Llegamos hasta sentarnos en una banca y mirábamos el atardecer.

Nunca se me hizo bonito verlo hasta que lo hice acompañado de Tom, sin soltar las manos y con mi cabeza reposada en su hombro.

— Oye…

— ¿Mhmm?

— ¿Te ha gustado alguna chica o un chico?

— Sí… — aprieta mi mano, juega nervioso con ella antes de seguir hablando. — Pero… ante sus ojos no soy nadie, no existo.

— ¿Quién? — aunque el dolor en mi interior estaba carcomiendo mi corazón, me mostré sereno. No era yo la persona que le gustaba y eso pude notarlo desde que se puso nervioso.
Solo éramos amigos que se daban revolcones con a penas dos días, amigos que hicieron muchas cosas en esos dos días…

El nudo en mi garganta se formaba con cada minuto que pasaba por su silencio, ¿por qué iba a llorar? no es nada mío y yo no soy nada suyo a pesar de saber que tengo la ventaja porque he estado en el momento que más necesitaba de una persona.

— No te enojes.

Enojado ya estaba.

— ¿Quién? — vuelvo a insistir, desesperado.

— Regina, Bill… Regina es la niña más bonita que mis ojos miopes han visto.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 4»

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