

Fic de WifesKaulitz
Capítulo 30: Trente
-Mientras tanto con el Tom de 34-
Era el momento más esperado para Bill y para mí. Estaba rodeado de mi familia junto con amigos para arreglar mi traje. Otros corrían de un lado para el otro mientras adornaban el auto y todo lo que se les cruza por el camino ~con decir que ni los perros se salvaron~.
Mi suegra estaba acomodando mi cabello, lo recortó un poco ya que estaba demasiado largo y también la barba a petición de Bill.
Ya no estaba deprimido y no había razón para llevarla.
Sería un nuevo Tom.
— ¡Papá! — suspiré emocionado observando a Bee, mi hija salida de mis entrañas correr hacia mí. Estaba grande, tenía quince años y como dijo la sombra de mis diecisiete, sería igualita a Bill. Sus ojos, piel, nariz, ¡todo! era como una réplica de Bill.
Amaba mucho a Bee.
— Mi papi ya está listo, ¿en qué momento vamos a la iglesia?
— Ahora, bebé.
— Que hermoso estás, te juro. — sonreí mostrando los dientes mientras recibía un abrazo de su parte. Al separarme, justo detrás de ella observo a Bill y a la sombra con un rostro entusiasmado.
— Cariño, ¿me dejas un momento a solas? voy a darme los últimos detalles.
— Okay, no tardes. — besa mi mejilla y sale junto a los demás, dejándome solo con ese par. Respiré hondo mientras abría la ventana para dejarlos pasar. Sentí una corriente escalofriante al tenerlos enfrente de mí.
— Uhm… yo dije que vendría cuando tenga mi hijo con Bill pero no podíamos faltar a nuestra boda en este momento, queríamos acompañar, ¿no hay problema?
— No, sabes que no.
— Tom te quiere decir algo. — observo al pelinegro con intriga. Negué con la cabeza mientras soltaba una carcajada al igual que Bill.
— Mierda, en mi defensa mi prometido tenía que quedarse en la sala conmigo y no correr hacia la habitación a buscar su cámara.
— ¡Yo no lo sabía! él me dijo que era para limpiar las malas vibras y no le tomé importancia, ahora comprendo los vómitos y esas cosas.
— ¿Y dónde está? Le quiero ver…
— No creo que sea momento. — calma Bill acariciando el abdomen de Tom. Mordí mi labio inferior con un poco de melancolía.
Extrañaría esos viajes arriesgados para volver a enamorar a Bill…
— ¡Tom! ¡vámonos ya! — escucho decir a mi madre desde afuera. Mi corazón se sintió entumecido por un momento.
— Estaremos en la iglesia, no te preocupes por nosotros.
— Gracias… — susurré acercándome a ambos para darles un abrazo fuerte. Agarre la flor para colocar en el bolsillo de la chaqueta y salí de la habitación hasta reunirme con los demás. Subí en el auto con los nervios a flor de piel.
Mi hija me miraba con una sonrisa mientras estrecha mi mano entre las suyas con la intención de darme la calma.
— Bill está guapísimo. — dice mi madre con felicidad. — Se ha comprado unos tacos como si fueran zancos de lo grandes que son.
— Es cierto, se ve más grande que tú.
— ¡Pero siempre elegante, eso sí!
— Ya estoy ansioso de verlo. — comenté observando lo cerca que estábamos de la iglesia. — Me muero por darle un beso.
— ¡Uhhh! No comas ansias, lo tendrás solito para ti.
— ¡Bee! — exclamé con el rostro sonrojado. Observo por la ventana mientras deslizo la mano izquierda para aliviar la comezón en mi rostro. La risa de madre y la de la familia me ponía peor, no calma nada.
Al llegar bajamos del auto y observo a todas las personas que nos acompañarían en este momento tan increíble pero también buscaba a Bill, necesito verlo. Aún no me hago a la idea de lo sucedido y siento como si todo fuera un sueño, todo ha pasado rápido.
Si realmente es un sueño, necesito despertar.
— ¡Tom! — apura madre jalando mi antebrazo. — ¡Mueve que no puedes ver al novio! — asentí entrando a su lado para formar la fila en la iglesia. Cómo siempre el novio entraría primero y al último el otro novio. Observo a todas las caritas conocidas en cada una de las bancas y volví a sentir nervios con un toque de felicidad.
Para nada estaba soñando.
Esto es real.
— Ay, que emocionada estoy. — susurra.
— Tranquila, mamá. — susurré de vuelta con una sonrisa mientras ya empezaba a caminar.
— Te adoro, de verdad… y amo la forma en la que Bill te hace feliz, discúlpame por mis errores.
— Está bien, pero no es momento de hablar de eso…
Al llegar al altar sonreí y me dispuse a esperar a Bill. Cada vez podía ver más de cerca su bonita cabellera rubia suelta en hondas que lo hacen ver precioso. También lleva un smoking blanco con un velo largo que carga Bee y Sally. Realmente se ve demasiado grande a comparación de cualquier persona presente y eso me encanta, no lo puedo negar.
Cuando lo tengo en frente de mi, tomé su mano y la besé sin dejar de observar sus ojos.
Qué enamorado estoy de Bill.
Amo a Bill.
— Tom, que guapo estás.
— No te quedas atrás, Billy.
— Queridos hermanos aquí presentes, nos hemos reunido hoy para unir a Tom y a Bill en sagrado matrimonio. — Bill sostiene mi mano con fuerza, casi clavando sus uñas en la piel de mi mano. Atendemos a cada palabra que dice la persona en frente de nosotros con una sonrisa. Mi novio no deja de llorar de la emoción, siempre tan sensible y fuerte a la vez.
Me encanta eso, definitivamente.
Luego de tanta palabra llegó la pregunta que los dos ansiábamos.
— Tom Trümper, recibe usted a este hombre para ser su esposo, para vivir juntos en sagrado matrimonio, para amarlo, honrarlo, consolarlo y
cuidarlo, en salud y en enfermedad, guardándole fidelidad, durante el tiempo que duren sus vidas?
— Sí quiero.
— Bill Kaulitz, recibe usted a este hombre para ser su esposo, para vivir juntos en sagrado matrimonio, para amarlo, honrarlo, consolarlo y
cuidarlo, en salud y en enfermedad, guardándole fidelidad, durante el tiempo que duren sus vidas?
— ¡Sí! sí quiero, ¡hasta la pregunta sobra!
Todos rieron con él, igual de escandaloso.
— Entonces, en virtud de la autoridad que me conceden las leyes los declaro esposos. Puedes besar al novio. — agarré a Bill de la cintura, la otra mano en su mandíbula y planté un suave beso en su boca. Mi esposo rodea sus manos alrededor de mi cuello para profundizar mientras el público aplaudía.
— Te amo. — susurró. — ¡Mucho, mucho, mucho!
— También te amo, precioso. Eres lo mejor que me ha pasado en esta vida y en la otra, ¡y las que siguen!
— ¡Wooo! — observo al público y entre ellos están nuestras versiones de adolescentes felices.
Para el momento de la fiesta si que la familia echó la casa por la ventana y Bill me bailaba en todo momento. Lo único que a mí me encantaba de las fiestas es cuando tocaba la torta pero en este caso, ¡no la quería partir! se veía hermoso porque tenía la mitad de Batman y la otra de color blanco para perder el toque formal.
— ¡Tom!
— Billy… — sonreí de lado. — Dejemos a estas personas y ¡vamos a la cama! ¡te deseo!
No lo pensé tanto y me fui con él.
.
By Bill
[9 𝒎𝒆𝒔𝒆𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔.]
¿¡Por qué a Bee se le ocurre nacer justo ahora!?
Estaba en un maldito viaje en el cual iba a cerrar un negocio importante para comprar la casa de mis sueños y me llama mi madre a decirme que Tom ya estaba entrando a la sala de parto.
Obviamente dejé todo tirado sin dar explicación alguna y corrí hasta el hospital en el que estaba. Estuve en carretera como una hora máximo, siempre pendiente en el móvil.
Cuando uno está apurado es ahí donde la gente se pone más torpe todavía.
¡Quiero destruir todo a mi paso!
— ¡Bill! ¿¡dónde carajos estás!? ¡Tom no quiere entrar a sala si no estás!
— Mamá, ¡ya voy! ¡el tráfico está horrible!
— Rap… — colgué la llamada mientras ponía el auto en el estacionamiento y corrí lo más rápido hasta llegar a la sala de emergencias. Mi madre me señaló la sala mas cercana y fui. Una enfermera me ayudó con un delantal junto con cosas para entrar con Tom.
— ¡Ya era hora! ¿¡tanto tardas para llegar a un maldito hospital!? ¿¡qué es más importante!? ¿¡tu hija o tus malditos negocios!? — tomé su mano entre las mías y apreté con suavidad mientras sonreía. Acaricié la frente sudorosa de Tom con calma.
— Dejé todo ahí, carajo. Ya vine por ti, ¿entendiste?
— ¡Es que tú no me quieres! ¡ahhh! — acaricié su abdomen hinchado. Ya ponían a andar la camilla para meterlo a la sala de partos.
— Claro que no te quiero, ¡yo te amo!
— ¡Mentira! — grita apretando mi mano. — ¡No es cierto!
Tom las últimas semanas de embarazo estaba muy sensible y todo le afectaba. Se ponía a llorar por todo. Me volvía loco porque no sabía que hacer. Trataba de cumplir con cualquier capricho para hacerle sentir bien pero nunca se conformaba con nada.
En el momento que nos casamos pidió que fuera una boda íntima, nada comparado con la boda que nos dimos a los treinta y cuatro. Fue tranquilo, una pequeña cena en familia y la luna de miel fue en cama porque no quería viajar a ningún lado.
¿Por qué es tan complicado?
— ¡Bill Kaulitz deja de pensar en tu maldita amante y céntrate en mí!
— Si, cariño. Dejaré de pensar en mi amante. — bufé estresado.
— Okay, señor Trümper. Es hora. — entré en una crisis al ver las expresiones de dolor que hacía Tom. El pujaba con todas sus fuerzas y yo miraba hasta tal punto de querer desmayarme, era demasiado para mis ojitos. — ¡Puje!
— ¡Eso hago, zorra estúpida!
Dios mío.
— ¡Estoy pujando con mis malditas fuerzas y la perra no quiere salir!
— ¡Tom! — exclamé pero callé ante su mirada asesina.
— ¡Puje! — repitió.
— ¡Mierda, eso hago! ¡AGHHH! ¡Juro que voy a dejar de ver manifestaciones en internet! ¡Lo juro! ¡ahhh! — no pude evitar reír a carcajadas ante su confesión.
Ahora que lo veo… me he librado de un dolor tan sofocante como el de un parto. No me imagino siendo yo el que esté en esa cama y no Tom.
De solo pensar mi abdomen se contrae y duele.
Entonces el lloriqueo de la bebé debilitó mi corazón y me hizo llorar. La enfermera coloca a la niña sobre el pecho de Tom para el contacto primerizo. Parpadeo lentamente observando aquella cosita diminuta en los brazos de mi esposo y lloré como nunca.
— Joder, cuánto dueles mujer.
— Bienvenida a la familia, Bee. — me acerqué lo suficiente a Tom para darle un beso suave en la mejilla y otro en la cabecita de la niña. De inmediato calmó su llanto e hizo sonreír a Tom.
— Mierda, esto es una maldita locura.
— Permítame un momento. — agarraron a la niña para envolverla en algunas cobijas y llevársela en lo que preparaban a Tom para poder salir. Yo lo hice primero para comentarle a mi madre lo emocionado que estaba de ver a mi hija.
— Será la nieta consentida, ¡lo prometo!
— Y yo seré la tía soltera, obvio. La que le va a traer cositas de sus viajes. — bromea mientras me abraza. — Felicidades, de verdad. Tom es una gran persona y te ama demasiado.
¿Cuanto me fui para que Sally hablara así?
— Yo le compré unas cositas desde Hamburgo, pasaba con mi esposo y vimos mucha ropa de bebé y le dedicamos una maleta entera solo para ella.
— Gracias, Gissel. Te adoro. — abracé a cada una de las personas presentes en la sala.
El resto de la noche me dediqué a esperar. Me permitieron entrar junto a Tom hasta la habitación para hacerle compañía. Todavía no le pasaba lo sensible porque no dejaba de llorar por más que le daba ánimos.
No comprendía su estado de ánimo.
— Bill, promete que no vas a dejarme nunca, por favor. — suspiro besando sus labios.
— No, nunca. Ya lo viste. Te amo demasiado como para irme de tu vida.
— Tampoco quiero que las cosas cambien entre los dos, siempre seré tu hombre, ¿okay? por más que te haya dado una bebé.
Después de reír a carcajadas junto con él, le respondí: — Bueno, cariño. Lo que tú digas.
— Gracias, te amo.
F I N
Sí ha terminado, pero continúa, sólo sigue leyendo y te darás cuenta 😉
nmms que tom role tips para manifestar alv