Trente quatre 3

Fic de WifesKaulitz

Capítulo Trois

¡El hombre es como el oso mientras más feo más hermoso!
¡por eso a mí no me importa que tú seas tan horroroso!

Tarareaba la canción mientras me daba una ducha ya en mi casa. Entré a las siete ~que nadie está~ para salir por las mismas hacia la escuela. Me voy a esforzar en el look de hoy.
Al salir fui a mi habitación empiezo por mi rutina de cremas, sigo por la ropa y finalmente el rostro. Agarro las llaves. Me monto en el auto donde el chofer me espera y voy a la escuela muy ansioso.

Al llegar compré una caja de chocolates que vendía un señor a la salida. Continuo mi camino y me recibe Georg con Gustav como siempre. En medio de risas caminamos hacia nuestra aula para la primera clase.

Lo triste de todo esto era tener que esperar a los recesos, horas de deportes u horas libres para ver a Tom. Según mis cálculos, él junto a Miguel y su perro cursaba un grado más que el que yo estaba.

Lo que no sabía era en cuál de todos los paralelos.

Cómo mi buen amigo de hermosa cabellera se juntaba con él, decido mandarle un papelito en dónde cuestionó sobre qué paralelo está su amigo «el feo».

— ¡Pss! Georg. — señalo el papel caído a su lado. Lo recoge y al leerlo suelta una carcajada disimulada. Devuelve el papel y lo leo:

«𝐐𝐮𝐢𝐧𝐭𝐨 𝐃»

— Profe. — levanto la mano.

— ¿Si, Kaulitz?

— ¿Puedo salir un momento?

— Rápido. — asiento agarrando mis cosas. Tengo que ir corriendo al segundo piso porque ahí son los cursos superiores. Camino, camino hasta estar en frente de la puerta. Curioseo por la ventana y puedo verlo sentado en primer lugar anotando concentrado en su clase. Doy brincos para captar su atención, una vez que me ve me escondo con una sonrisa. Espero a que salga de su clase con permiso.

— ¿Todo bien? — asiento con la cabeza, ruborizado. — Que bueno… — busco en mi mochila algo apresurado la caja de chocolates.

— Toma, son para tí…— me dió gracia la forma en la que reaccionó. — Nos vemos en las duchas en el receso. — se vuelve un tomate recibiendo la caja y dejando que le bese en la mejilla. Luego de mi cometido salgo huyendo del lugar y no a dónde debería, si no a la cafetería.

Compro un café frío y dediqué mi tiempo a hacer un retrato de Tom en una hoja de papel Bond.

— El hombre es como el oso… — seguía cantando. No supe cuánto tiempo llevó hacer el dibujo pero finalmente lo terminé dándole unos detalles extras que no tenía pero que yo los imaginaba como si fuera así.

Necesitas una perforación…

— ¿Y ese? — nervioso guardo el dibujo en mi carpeta. Me hice el desentendido para que no siga cuestionando sobre el dibujo.

¿Cómo le explico que es el feo (no tan feo) de quinto D?

No me iba a creer.

— Hola, Gina.

— ¿Quién es? — rodeo los ojos estresado, ¿por qué tiene que andarme cuestionando? ¿a ella qué le importa?

— Un amor platónico, Gina.

— Ah… — toma asiento frente a mí con el resto de sus amigas. Su mirada acosadora me inquieta mucho, ¿por qué no solo habla y ya?

— ¿Qué?

— Ayer te vimos en el cine con el feo de Trümper…

— ¿Y ese quién es? — arqueo una ceja, confundido. ¿Será que hablaba de Tom…?

Joder, lo que me faltaba.

Creo que el que me haya ruborizado, no la mire y me quedé callado fue una aprobación a qué si estaba con él, ¿cómo negarlo? si de lejos nomás nos reconocerían por la pinta.

— ¿Qué honda contigo? ¿Acaso no vez lo feo que es?

— Uhm, ¿qué tiene? es solo mi amigo.

«Amigos que a penas cruzaron algunas palabras y ya cogieron dos veces en el día.»

¡Pff!

Grande, Bill.

— ¿Cuando…

— Gina, no quiero seguir escuchando, ya me voy. — recogí mis cosas para avanzar lejos. No quería escuchar su típico discurso de niña rica diciendo lo que es bueno para mí o no.

¡Yo no soy de su propiedad!

¡Quiero gritarle a la cara que no me gustan las niñas, Dios! Solo para que deje de fastidiar.
Yo quiero seguir comiéndome a Tom las veces que sean necesarias, nadie me va a quitar mi nuevo objetivo.

Es solo mío.

No voy a desperdiciar mi oportunidad de ser el primero en todo en su vida, ¡ya lo dije!

Paseaba por las instalaciones haciendo mi recorrido, llegué hasta las duchas. Me miré frente al espejo para arreglarme un poco, coloqué algo de brillo con sabor a fresa en mis labios. Minutos después llega Tom muy tímido a sacar la cabeza. Le hago una señal para que entre y le ponga seguro a la puerta.

Doy pasos de manera seductora hacia él. Agarro su camisa para guiarlo al cubículo más cercano del lugar. Pego su cuerpo a la fría pared. Me agacho hasta quedar a la altura de su entrepierna. Tom hace un ruido de nervios total.

— Bill. — ignoro su llamado, desabrocho el botón del jean y meto mano. — Oye, hazme caso… — bufé estresado volviendo hasta quedar a su altura. Cuando estoy por besarlo evita que lo haga.
En mi interior algo se removió con desagrado.

— ¿Qué tienes?

— ¿P- por qué no di- dijiste que tenías novia? — crucé los brazos ofendido y molesto, ¿cuál era la novia imaginaria que me estaba dando Tom en su puta cabeza? — ¡No quiero q-qué me reconozcan como… el hombre que le bajó el n- novio a Regina! — susurró/gritó con enojo.

Ya sabía por dónde iba la cosa.

— Es que yo nada que ver con ella, ahora resulta que tengo una novia y yo no lo sabía.

— Como sea… me da igual… — acomoda los lentes mirándome con seriedad. No puedo mantener el contacto visual con él porque lejos de ponerme nervioso me pone cachondo.
Para no demostrarle, cambio mi expresión a una de molestia fingida, busco en la mochila el dibujo que hice de él y se lo lanzo con un golpe ~para nada grosero~ en el pecho.

— Tragatelo, ando más pendiente pensando en ti que en cualquier otra pendejada, allá muy tu problema si tú vas a creer las babosadas que dicen, adiós. — salgo del baño echo una furia. Me meto a mi clase para esperar a la hora de que acabe el receso.
Estaría pasando desapercibido si Mía no hubiera echo esa babosada.

Me confortaba que sería fin de semana y como suponía que Tom no iba a querer saber nada de mí. Tres días bastaban para superar su increíble tatuaje, su rostro, actitud, todo…

&

— ¿A dónde vamos a ir esta noche, Bill? — salía al último acompañado de Georg y Gustav para ir a casa.

— ¿Les parece a la fiesta de Matt? Temática de San Valentín, amor, chicas… para Bill chicos, ¿qué dicen?

— Yo jalo, ¿qué hay de ti, Bill? — en el momento que iba a responder, esta vez fue a mi a quien le jalaron el cabello y le taparon la boca. — ¿Bill?

— Agh, ahora es mago…

Observo a Tom con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada.
Sigue en silencio hasta que dejan de escucharse los pasos de los estudiantes pero para estar seguro de ello saca la cabeza. Mira de izquierda a derecha y vuelve hacia mí. Acaricia mi brazo con la mano libre y la otra que está en mi boca baja a mi cuello.
Impulsa a que nos volvamos a unir en un beso fogoso, puedo abrazarlo por la cintura, profundizando y reviviendo la lujuria que sentía en el momento. Friccioné mi entrepierna con la suya volviendole loco. Despeina mi cabello con ambas manos.
Empiezo a soltar ruidos placenteros al estar con la punta del pene a mil.
Deja de lado mi cabello para bajar a mi trasero, lo empuja contra sus caderas para friccionar conmigo.

— Vamos al baño. — no le di tiempo a nada, ni siquiera a recoger las cosas. Salimos corriendo hasta el baño más cercano del lugar. Al entrar le puse seguro a la puerta.

— Discúlpame por reclamarte eso. — la voz ronca que se le sale hace que mi culo se apriete con necesidad. Desabrocho nuevamente su jean y luego el mío. Hace que me siente en el lavamanos para poder quitarlo junto a los boxers. Ambos observamos mi pene erecto. — Soy muy inseguro… — lo toma en su mano para tocarme.

— N- necesito saber quién… te lo dijo, ¡mhmm!

— Regina. — lo veo mal encarado. Tom sigue concentrado esta vez en tocarse él, escupir su pene para lubricar y después meterlo. Lleva mis piernas a los hombros, eleva la camisa y la sostiene con el mentón. Se mueve rápido, cómo me gusta.

Baja tanto para que nuestros rostros queden cerca. Sonríe al ver como le quito los lentes y los dejo a un lado.
Observo cada parte de su rostro sudoroso.

— ¡Oh! — Tom gruñe como un animal.
Echa su cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, la boca entreabierta…
La vista que tenía me impulsó a masturbarme. Acelera los movimientos al ritmo que lo hago en mi mano.

Está profundo, muy dentro, golpeando una y otra vez mi próstata.

— ¡Mhmm! ¡Tom, sí!

— ¿Sabes?

— ¿Qué? — baja las piernas para colocarlas en sus antebrazos. Me abre más ante sus ojos y continua. — No me… cansaría de darte y darte siempre.

Ahí estaba otra vez ese Tom.

Es como si tuviera algunas personalidades…

— ¿Solo a mí? — fingir inocencia en un momento como este. — ¿Uhm?

— Sí, joder… — esto era lo que esperaba para que saque su esperma sobre mi pene y lo vuelva a introducir. — Solo a tí…

— ¡Ah… Tom! — mi cuerpo se sacudió tembloroso y exploté como un loco manchandonos a los dos. Respiraba violentamente. — Maldición… — sale de mi interior para acomodarse y ayudarme a vestir. Necesitaba un baño urgente pero en la comodidad de mi casa.

— Perdón…

— No pasa nada. — tomo los lentes para ponerlos en su lugar. Termino con un beso en la mejilla para salir por nuestras cosas. Me sentí triste al ver al chofer esperándome en la salida, quería irme con Tom a su casa.

— ¿Te vas?

— ¿Quieres que vaya contigo?

— N- no, está bien… nos vemos el lunes. — fruncí la boca triste.

— ¿Nos podemos comunicar?

— Sí… — saca del bolsillo de su mochila un bolígrafo. Le anoto mi número en la mano y él anota el suyo en la mía. Devuelvo su pluma para poder ir cada uno a su casa. Antes de que pueda subir al auto me detengo por su llamado. — ¡Bill! — volteo a verlo. Da unos pasos decidido a besarme en la mejilla.

Cierro los ojos a penas sentí sus labios tibios y suspiré.

— Adiós…

— Adiós, Tom. — otro suspiro mientras me subo al auto.

— ¿Sabe cómo le llamamos a eso por allá en mis tierras? — reí por lo bajo. Niego con la cabeza mirando su número telefónico. — Estar enamorado.

— ¡No! — le doy un golpe al asiento. Ricardo ríe divertido de mi expresión como un loco. Me queman las orejas, las mejillas y siento calor.

¿Cómo se atreve a decir eso?

Abanicos mi mano para darme airecito, estoy que me ahogo con lo que dijo. Si solo llevamos como dos días ¿o uno? no sé, el tiempo es corto, muy, muy corto para decir que estamos enamorados.
No me molestará si con el tiempo llega a pasar algo entre los dos, no tengo mucho que perder desde de todo.
Siento que me llevaría dos en uno: el tímido y el pervertido.

Al llegar a casa voy directo a saludar a mamá y a Sally, mi hermanita menor de once años. Ambas me reciben con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.

— Ve a lavarte las manos para que almuerces, ¿está bien?

— Sí…

— ¡Te acompaño! — cargo entre mis brazos a la pelinegra y voy hasta el baño de la plantilla baja.

Me di la cabeza contra la cerámica al ver la tontería que hice de no anotar el número, ahora estaba de cero porque no podía llamarle para hablarle y saber cómo llegó a casa.

— ¿Qué te pasa?

— ¿Por qué soy tan idiota?

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 3»

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