Trente quatre 27

(Nota: A partir de aquí empiezan las explicaciones. Los dialogos del Tom con trenzas con el Bill de rastas estarán con puntos [•] y los diálogos de los otros estarán con la línea [—] habrán separadores para no confundir.)

Fic de WifesKaulitz

Capítulo 27: Vingt sept

• «No estoy seguro pero creo que me la cogí pensando en tí.»

• «Que repulsivo y tierno a la vez, Tom.» – sentí cosquilleos en el estómago cuando después de mucho llorar se rió junto conmigo. Sus ojitos estaban hinchados. Logró hacerme sentir en una montaña rusa, con varias emociones. Me dió muchas ganas de darle un beso. – «Dime que habrá la posibilidad de que no vamos a evitar cometer esos errores cuando volvamos, por favor.»

• «Solo si después de esto quieres seguir conmigo, Bill. Van a pasar muchas cosas y siento que te van a desanimar.»

• «No, Tom. Al ver lo felices que fuimos durante todo ese tiempo me inspira a convivir contigo, casarme y hacerte feliz.»

• «Que la boda sea en privado, esa es mi condición para mí puerta a la felicidad.»

• «Sabes que sí…» – rodeo su cuerpo en mis brazos. Acerqué mis labios a los suyos y así comencé a darle un beso. El corazón latió al punto de querer estallar. – «También te amo.»

• «Mierda, ¿por qué me descontrolas así?» «Yo te amo muchísimas más…»

• «Ahora continua mostrando, ¿sí? ya quiero contarles a mis padres que Tom me pidió matrimonio.» – eso último lo dije en un tono coqueto. Me nalgueó después de soltar un grito animal.

• «Okay… ahí puedes ver a Heidi despertar conmigo en paños menores…

Observo como la mujer se levanta de la cama con una sonrisa. Se dirige hasta el closet y de ella sacó una cámara junto con una cinta. Empieza a vestirse para salir de aquella residencial. Dirigió el auto hasta mi casa y se bajó de este casi derrochando felicidad. Tocó el timbre varias veces hasta que le abrí la puerta de mala gana.

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— 𝖬𝖺𝖾𝗌𝗍𝗋𝖺 𝖪𝗅𝗎𝗆, 𝗍𝗈𝖽𝖺𝗏𝗂́𝖺 𝖾𝗑𝗂𝗌𝗍𝖾… 𝗊𝗎𝖾 𝗌𝗈𝗋𝗉𝗋𝖾𝗌𝖺.

— 𝖵𝖾𝗇𝗀𝗈 𝖺 𝗁𝖺𝖻𝗅𝖺𝗋 𝖼𝗈𝗇𝗍𝗂𝗀𝗈, 𝖡𝗂𝗅𝗅.

— 𝖲𝗂 𝗌𝖺𝖻𝖾 𝗊𝗎𝖾 𝖲𝖺𝗅𝗅𝗒 𝗒𝖺 𝖾𝗇𝗍𝗋𝗈́ 𝖺 𝗅𝖺 𝗎𝗇𝗂𝗏𝖾𝗋𝗌𝗂𝖽𝖺𝖽, 𝖼𝗋𝖾𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝗈 𝖾𝗌 𝗇𝖾𝖼𝖾𝗌𝖺𝗋𝗂𝗈… — ella entró como Pedro por su casa al interior de la mía. Se sentó en el sofá con atrevimiento. — 𝗎𝗁, 𝖼𝗅𝖺𝗋𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗅𝖾 𝗂𝗇𝗏𝗂𝗍𝗈 𝖺 𝗉𝖺𝗌𝖺𝗋.

— 𝖭𝗂 𝗌𝗂𝗊𝗎𝗂𝖾𝗋𝖺 𝗋𝖾𝖼𝗎𝖾𝗋𝖽𝗈 𝖺 𝖲𝖺𝗅𝗅𝗒, 𝗏𝖾𝗇𝗀𝗈 𝗉𝗈𝗋 𝗈𝗍𝗋𝖺 𝖼𝗈𝗌𝖺.

— ¿𝖰𝗎𝖾́? — arqueo las cejas y cruzo los brazos.

— 𝖳𝗈𝗆…

— 𝖠𝗁…

— 𝖲𝗂́, ¿𝖽𝗈́𝗇𝖽𝖾 𝗉𝗎𝖾𝖽𝗈 𝗋𝖾𝗉𝗋𝗈𝖽𝗎𝖼𝗂𝗋 𝗎𝗇 𝗏𝗂𝖽𝖾𝗈? 𝗇𝗈𝗌 𝖼𝗈𝗇𝗏𝗂𝖾𝗇𝖾 𝖺 𝖺𝗆𝖻𝗈𝗌. — señalé la enorme TV. Ella sacó de su bolsa una cinta para poder reproducirla. Tomé asiento en el sofá de enfrente y sentí que iba a morir.

Tom estaba teniendo sexo con ella.

— ¿𝖰𝗎𝖾́ 𝖼𝗅𝖺𝗌𝖾 𝖽𝖾 𝗉𝖾𝗋𝗌𝗈𝗇𝖺 𝖾𝗋𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗏𝖾𝗇𝗂𝗋 𝖺 𝗏𝖾𝗇𝗍𝗂𝗅𝖺𝗋 𝗅𝖺 𝗂𝗇𝗍𝗂𝗆𝗂𝖽𝖺𝖽 𝖽𝖾 𝗆𝗂 𝖾𝗑 𝖼𝗈𝗇𝗍𝗂𝗀𝗈, 𝖾𝗁?

— 𝖴𝗇𝖺 𝗆𝗎𝗃𝖾𝗋 𝖽𝗂𝗌𝗉𝗎𝖾𝗌𝗍𝖺 𝖺 𝗍𝗈𝖽𝗈, 𝖡𝗂𝗅𝗅. 𝖠𝗅𝗀𝗎𝗂𝖾𝗇 𝗊𝗎𝖾 𝗌𝗂 𝗉𝗎𝖾𝖽𝖾 𝗁𝖺𝖼𝖾𝗋𝗅𝖾 𝖿𝖾𝗅𝗂𝗓 𝖺 𝖳𝗈𝗆 𝗒 𝖽𝖺𝗋𝗅𝖾 𝖾𝗅 𝗆𝖺𝗍𝗋𝗂𝗆𝗈𝗇𝗂𝗈 𝖼𝗈𝗆𝗈 𝗌𝗎𝗌 𝗉𝖺𝖽𝗋𝖾𝗌 𝗅𝗈 𝖽𝖾𝗌𝖾𝖺𝗇. 𝖫𝗈𝗌 𝖼𝗈𝗇𝗈𝗓𝖼𝗈 𝗆𝖾𝗃𝗈𝗋 𝗒 𝗆𝖾 𝖺𝖽𝗈𝗋𝖺𝗇, 𝗇𝗈 𝗉𝖺𝗋𝖺𝗇 𝖽𝖾 𝖻𝖺𝗃𝖺𝗋𝗆𝖾 𝖾𝗅 𝖼𝗂𝖾𝗅𝗈 𝖽𝗂𝖼𝗂𝖾𝗇𝖽𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗊𝗎𝗂𝗌𝗂𝖾𝗋𝖺𝗇 𝗏𝖾𝗋𝗆𝖾 𝖼𝗈𝗆𝗉𝗋𝗈𝗆𝖾𝗍𝗂𝖽𝖺 𝖼𝗈𝗇 𝗌𝗎 𝗁𝗂𝗃𝗈.

— ¡𝖯𝗎𝖾𝗌 𝗏𝖾, 𝗓𝗈𝗋𝗋𝖺 𝖾𝗌𝗍𝗎́𝗉𝗂𝖽𝖺! — le agarré del antebrazo para hacerle salir de mi casa. — ¡𝖳𝗂𝖾𝗇𝖾𝗌 𝖾𝗅 𝖼𝖺𝗆𝗂𝗇𝗈 𝗅𝗂𝖻𝗋𝖾 𝖼𝗈𝗇 𝖾́𝗅 𝗒 𝗁𝖺𝗀𝖺𝗇 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗌𝖾 𝗅𝖾𝗌 𝖽𝖾 𝗅𝖺 𝗉𝖾𝗋𝗋𝖺 𝗀𝖺𝗇𝖺 𝗒 𝖽𝖾́𝗃𝖾𝗇𝗆𝖾 𝖾𝗇 𝗉𝖺𝗓! ¡𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖾𝗇𝗌𝖾 𝗊𝗎𝖾 𝖾𝗑𝗂𝗌𝗍𝗈! — cerré la puerta de golpe y corrí hasta aquella grabación. Me negaba a seguir viendo y teniendo lazos que me relacionen con Tom. Agarré las llaves, mi abrigo, una bolsa junto con la maldita grabación y salí de la casa directo hasta donde Tom se estaba quedando: la pequeña casa donde empezó nuestra bonita relación.

Al llegar toqué la puerta.

Detrás de ella se dejó ver un Tom descuidado, una barba un poco más larga y el cabello alborotado. Olía a licor.

— 𝖡𝗂𝗅𝗅…

— ¡𝖣𝗂𝗅𝖾 𝖺 𝗅𝖺 𝗓𝗈𝗋𝗋𝖺 𝖽𝖾 𝖧𝖾𝗂𝖽𝗂 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝗈 𝗏𝖺𝗒𝖺 𝖺 𝗆𝗂 𝖼𝖺𝗌𝖺 𝖺 𝖾𝗌𝗍𝖺𝗋 𝗆𝗈𝗌𝗍𝗋𝖺𝗇𝖽𝗈 𝗌𝗎𝗌 𝗆𝗂𝖾𝗋𝖽𝖺𝗌!

— ¿𝖣𝖾 𝗊𝗎𝖾́ 𝗁𝖺𝖻𝗅𝖺𝗌?

— ¡𝖤𝗌𝖺 𝖻𝖺𝗌𝗎𝗋𝖺, 𝖳𝗈𝗆 𝖳𝗋𝗎̈𝗆𝗉𝖾𝗋! — le pegué fuerte en el pecho con la cinta. Tom retrocedió dos pasos a ojos cerrados, intentando calmar su ira y tristeza.

— 𝖬𝖺́𝗌 𝗍𝖺𝗋𝖽𝖾 𝗅𝗈 𝗏𝖾𝗋𝖾́…

— 𝖭𝗈 𝗆𝖾 𝗂𝗆𝗉𝗈𝗋𝗍𝖺, 𝗍𝖺𝗆𝖻𝗂𝖾́𝗇 𝗁𝖾 𝗍𝗈𝗆𝖺𝖽𝗈 𝗅𝖺 𝖽𝖾𝖼𝗂𝗌𝗂𝗈́𝗇 𝖽𝖾 𝗍𝖾𝗋𝗆𝗂𝗇𝖺𝗋 𝖼𝗈𝗇𝗍𝗂𝗀𝗈. 𝖠𝗊𝗎𝗂́ 𝖽𝖾𝗃𝖺𝗆𝗈𝗌 𝗍𝗈𝖽𝗈 𝗒 𝗇𝗈 𝗆𝖾 𝖻𝗎𝗌𝗊𝗎𝖾𝗌 ¡𝗇𝗎𝗇𝖼𝖺 𝖾𝗇 𝗍𝗎 𝗆𝖺𝗅𝖽𝗂𝗍𝖺 𝗏𝗂𝖽𝖺!

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• «Aquí te voy a ser demasiado sincero.» – agarró mi mano y la besó. – «Tenía mucha rabia acumulada en el pecho, tanto dolor, soledad y la única forma para no pensar en ti fue pedirle a Heidi una relación para que me ayude a olvidar lo que tuve contigo.» «Puse de parte, fui a terapias constantes y me ayudaba demasiado. Heidi me hizo sentir bien en todo sentido pero todavía sentía mi corazón vacío a falta de tu presencia.» «Ella quiso dar el siguiente paso unos cuantos meses después, tres para ser exactos. Los mismos que no supe nada de ti y supuse que ya hiciste tu vida. Dolió hacerme a la idea pero ahí estaba, preparándolo todo…»

• «¿Y yo me enteré de eso, Tom?»

• «No lo sé… cortamos todo lazo que nos use.»

• «¿Me dejas ver?»

• «Sí…»

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Estaba en mi casa, rodeado de todos los perritos que dormían plácidamente en el sofá. Eran alrededor de las seis de la tarde y estaba ansioso. Salí un momento al jardín para fumar un poco. El corazón no dejaba de latir agitado todo el tiempo, parecía que tenía una mala impresión.

Entonces después supe el por qué.

— 𝖣𝖾𝗌𝗉𝗎𝖾́𝗌 𝖽𝖾 𝗁𝖺𝖼𝖾𝗋𝗍𝖾 𝖾𝗌𝗈 𝗃𝗎𝗋𝖾́ 𝗇𝗈 𝗏𝗈𝗅𝗏𝖾𝗋 𝖺 𝗆𝗈𝗅𝖾𝗌𝗍𝖺𝗋𝗍𝖾 𝗉𝖾𝗋𝗈 𝗇𝖾𝖼𝖾𝗌𝗂𝗍𝗈 𝗋𝖾𝗌𝗍𝗋𝖾𝗀𝖺𝗋𝗍𝖾 𝖾𝗇 𝗅𝖺 𝖼𝖺𝗋𝖺 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗉𝖺𝗌𝖺𝗋𝖺́ 𝖾𝗌𝗍𝖺 𝗇𝗈𝖼𝗁𝖾 𝖾𝗇 𝖾𝗅 𝗀𝗋𝖺𝗇 𝗋𝖾𝗌𝗍𝖺𝗎𝗋𝖺𝗇𝗍𝖾 «𝖲𝗂𝖿𝗂».

— 𝖲𝖾𝗇̃𝗈𝗋 𝖳𝗋𝗎̈𝗆𝗉𝖾𝗋, 𝗉𝗈𝗋 𝖿𝖺𝗏𝗈𝗋 𝗒𝖺 𝗇𝗈 𝗆𝖺́𝗌… 𝗌𝗂 𝗏𝗎𝖾𝗅𝗏𝖾 𝖺 𝗍𝗈𝖼𝖺𝗋𝗆𝖾 𝗏𝗈𝗒 𝖺 𝗅𝗅𝖺𝗆𝖺𝗋 𝖺 𝗅𝖺 𝗉𝗈𝗅𝗂𝖼𝗂́𝖺 𝗒 𝗅𝗈 𝖺𝖼𝗎𝗌𝖺𝗋𝖾́. — respondí tratando de que el susto no me delate. No quiero que los nervios y mi seguridad me abandonen. Me niego a que me toque otra vez, ¡no lo soportaría!

— 𝖭𝖺𝖽𝗂𝖾 𝗍𝖾 𝗏𝖺 𝖺 𝖼𝗋𝖾𝖾𝗋.

— 𝖣𝗂𝗀𝖺 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗍𝖾𝗇𝗀𝖺 𝗊𝗎𝖾 𝖽𝖾𝖼𝗂𝗋 𝗒 𝗏𝖺́𝗒𝖺𝗌𝖾 𝖽𝖾 𝗆𝗂 𝖼𝖺𝗌𝖺.

No lo pensó dos veces y dijo: — 𝖳𝗈𝗆 𝗁𝖺 𝖾𝗇𝖼𝗈𝗇𝗍𝗋𝖺𝖽𝗈 𝗌𝗎 𝗈𝗍𝗋𝖺 𝗆𝗂𝗍𝖺𝖽, 𝗎𝗇𝖺 𝗆𝗎𝗃𝖾𝗋 𝗆𝗎𝗒 𝖻𝗈𝗇𝗂𝗍𝖺 𝗒 𝗋𝖾𝗌𝗉𝖾𝗍𝗎𝗈𝗌𝖺. 𝖴𝗇𝖺 𝖽𝗂𝗀𝗇𝖺 𝗌𝖾𝗇̃𝗈𝗋𝖺… ¿𝖺𝖽𝗂𝗏𝗂𝗇𝖺 𝗊𝗎𝖾́? ¡𝖾𝗌𝗍𝖺 𝗇𝗈𝖼𝗁𝖾 𝗌𝖾 𝗏𝖺𝗇 𝖺 𝖼𝗈𝗆𝗉𝗋𝗈𝗆𝖾𝗍𝖾𝗋!

Mi vista se nubló. Tiré el cigarrillo y salí corriendo dentro de la casa para agarrar las llaves del auto. Necesito impedir eso. Tom no se puede casar. Me niego.

Lo amo y quiero estar con él.

Fui demasiado tonto al dejarle ir y hacer esas barbaridades.

— ¿𝖠 𝖽𝗈́𝗇𝖽𝖾 𝖼𝗋𝖾𝖾𝗌 𝗊𝗎𝖾 𝗏𝖺𝗌? — evitó que saliera de la casa. Retrocedí unos cuantos pasos hacia atrás hasta chocar con la pared.

— 𝖳𝗈𝗆 𝗇𝗈 𝗌𝖾 𝗏𝖺 𝖺 𝖼𝗈𝗆𝗉𝗋𝗈𝗆𝖾𝗍𝖾𝗋 𝖼𝗈𝗇 𝖧𝖾𝗂𝖽𝗂, ¡𝗉𝗋𝗂𝗆𝖾𝗋𝗈 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗍𝗈! ¡𝖾́𝗅 𝗆𝖾 𝖺𝗆𝖺 𝖺 𝗆𝗂́!

Se me olvida como respirar al ver una pistola.

— 𝖤𝗇𝗍𝗈𝗇𝖼𝖾𝗌 𝗇𝗈 𝗍𝖾𝗇𝗀𝗈 𝗉𝗋𝗈𝖻𝗅𝖾𝗆𝖺 𝖾𝗇 𝖺𝖼𝖺𝖻𝖺𝗋 𝖼𝗈𝗇 𝗍𝗎 𝗏𝗂𝖽𝖺 𝗒 𝖼𝗈𝗇 𝗅𝖺 𝖾𝗇𝖿𝖾𝗋𝗆𝖾𝖽𝖺𝖽 𝗁𝗈𝗆𝗈𝗌𝖾𝗑𝗎𝖺𝗅 𝖽𝖾 𝗍𝗎 𝖼𝗎𝖾𝗋𝗉𝗈. 𝖣𝗂𝗅𝖾 𝖼𝗁𝖺𝗈 𝖺 𝗍𝗎𝗌 𝗉𝖾𝗋𝗋𝗂𝗍𝗈𝗌.

Y disparó.

Gordon me disparó sin contemplación, sin piedad y sin pensar.

Observa mi cuerpo con una sonrisa. Saca el móvil y guarda el arma. Realiza una llamada mientras empieza a salir de la casa, dejando la puerta con seguro.

— ¿𝖶𝗂𝗅𝗅𝗒? 𝖲𝗈𝗒 𝖦𝗈𝗋𝖽𝗈𝗇, ¿𝖼𝗈́𝗆𝗈 𝖾𝗌𝗍𝖺́𝗌 𝗊𝗎𝖾𝗋𝗂𝖽𝗈 𝖺𝗆𝗂𝗀𝗈?… 𝗌𝗂́… 𝖺𝖼𝖺𝖻𝗈 𝖽𝖾 𝗆𝖺𝗍𝖺𝗋 𝖺𝗅 𝖻𝖺𝗌𝗍𝖺𝗋𝖽𝗈 𝖾𝗑 𝗇𝗈𝗏𝗂𝗈 𝖽𝖾 𝗆𝗂 𝗁𝗂𝗃𝗈, 𝗁𝖺𝗓𝗍𝖾 𝖼𝖺𝗋𝗀𝗈 𝗍𝗎́ 𝗌𝗂 𝗅𝗈 𝗅𝗅𝖾𝗏𝖺𝗇 𝖺 𝗅𝖺 𝗆𝗈𝗋𝗀𝗎𝖾, ¿𝖻𝗂𝖾𝗇?… 𝗅𝖾𝗌 𝖼𝗈𝗇𝗏𝖾𝗇𝖼𝖾𝗌 𝖺 𝗍𝗈𝖽𝖺 𝖾𝗌𝖺 𝖻𝗈𝗅𝖺 𝖽𝖾 𝗉𝗈𝗅𝗂𝖼𝗂́𝖺𝗌 𝖼𝗈𝗇 𝖽𝗂𝗇𝖾𝗋𝗈 𝗒 𝗊𝗎𝖾 𝖾𝗇 𝗌𝗎 𝖺𝖼𝗍𝖺 𝖽𝖾 𝖽𝖾𝖿𝗎𝗇𝖼𝗂𝗈́𝗇 𝖽𝗂𝗀𝖺𝗇 𝗊𝗎𝖾 𝗆𝗎𝗋𝗂𝗈́ 𝖽𝖾 𝗎𝗇𝖺 𝗌𝗈𝖻𝗋𝖾𝖽𝗈𝗌𝗂𝗌… ¿𝗌𝗂́? 𝗀𝗋𝖺𝖼𝗂𝖺𝗌. — colgó la llamada para hacer otra. — ¿𝖧𝗈𝗅𝖺? 𝖼𝗈𝗆𝗂𝗌𝖺𝗋𝗂𝗈 𝖲𝗍𝖾𝗏𝖾𝗇, 𝗌𝗈𝗒 𝖦𝗈𝗋𝖽𝗈𝗇… 𝗏𝖺𝗒𝖺 𝖺 𝗋𝖾𝗌𝗈𝗅𝗏𝖾𝗋 𝖺𝗊𝗎𝖾𝗅 𝖼𝖺𝗌𝗈 𝖾𝗇 𝗅𝖺 𝖼𝖺𝗌𝖺 𝖽𝖾 𝖡𝗂𝗅𝗅 𝖪𝖺𝗎𝗅𝗂𝗍𝗓, 𝗒𝗈 𝗒𝖺 𝗁𝖺𝖻𝗅𝖾́ 𝖼𝗈𝗇 𝖶𝗂𝗅𝗅𝗒. 𝖲𝗈𝗇 𝗍𝗋𝖾𝗌 𝗆𝗂𝗅 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝖼𝖺𝖽𝖺 𝗎𝗇𝗈… 𝗀𝖾𝗇𝗂𝖺𝗅, 𝗀𝗋𝖺𝖼𝗂𝖺𝗌.

El señor comenzó a reír como un loco mientras se montaba al auto y último dijo: — 𝖬𝖺𝗅𝖽𝗂𝗍𝗈 𝖽𝗋𝗈𝗀𝖺𝖽𝗂𝖼𝗍𝗈.

ೋ❀❀ೋ═══ • – • ═══ೋ❀❀ೋ

Tom y yo nos quedamos fríos.

• «Sácame de aquí, Tom.» – comencé a hiperventilar. Empecé a ver pequeños puntos negros. Este tocó mi frente y ví un túnel blanco.

&

Desperté tosiendo como un loco. Tom estaba ventilándome en el rostro con un cuaderno para que me llegue aire. La vista me pegó demasiado fuerte. El cabello estaba pegado a mi frente, tenía fiebre y sudaba como nunca.

— No puedo quedarme mucho tiempo, Bill. Necesito hablar con Tom, por favor… ponte bien y ayúdame. Jamás te suicidaste como nos hicieron creer y también me cayó como bomba, maldición.

— S- sí… pero tienes que volver conmigo, por favor… no me dejes, estoy me ha dejado muy… traumado.

— Sí, no te preocupes. — dió un último beso en mis labios y desapareció.

.

By Tom

Desaparecí de repente de la habitación de Bill porque sentí a Heidi intervenir. Hubo un desequilibrio en la realidad y me ví obligado a volver.

Al despertar en mí propio cuerpo, pude ver cómo Heidi traía el cubo Rubik en sus manos. Me siento en la cama lentamente, sintiendo como si estuviera amenazado.

— Te dije que la próxima vez que vuelvas con Bill haría lo que sea para evitarlo y… — le dió un contra el suelo al cubo.

— ¡Heidi! — quedé perplejo y cada pieza salió volando por cualquier parte de la habitación. Corri para buscar cada una con la intención de volver a armarlo mientras sentía mi rostro arder.

— Ya le dije que tienes una esposa, dudo que quiera continuar en esa asquerosa vida adolescente contigo, ya no eres nadie, Tom. ¡Nadie!

— ¿Qué mierda hiciste perra? — la sombra abofeteó a Heidi con el reverso de su mano haciendo que caiga al suelo asustada. Esta me miraba a mi buscando una explicación. Al terminar de recoger las piernas partidas en treinta y cuatro pedazos los tendí en la cama.

— Lo rompió.

— Hija de perra, agradece que vengo con otros planes porque no sabes lo que te espera, a eso sumado la rabia que tengo porque ¡fuiste tú quien planeó la separación de Bill y mía con el video de mierda que le llevaste!

— ¿Qué carajo has dicho? — susurré.

— ¡Ya vimos como fueron las cosas en su totalidad! ¡esa perra, tu padre y ese hijo de puta de Scott fueron los causantes de toda esta basura! ¡de qué tú estés así!

— Es cierto. — dice mientras se levanta del suelo, sin dejar de sobar su mejilla. Miraba a Heidi con mucho odio. — ¿Y qué vas a hacer, eh? ¿¡qué!?

Tom le volvió a pegar. Un hilo de sangre descendió de su nariz. Yo no me atrevía a hacer nada o decir algo. Estoy en un trance increíble.

— No puedes hacer nada, Bill está muerto, ¡muerto!

— Heidi, cállate. No quiero oír más.

— Lárgate de aquí, perra sucia. — le agarra del antebrazo para sacarle de la habitación. Cerró la puerta con seguro y volvió hacia mí, con ira. — ¿Cómo dejaste que pasara para allá?

— Ha descubierto el cubo junto con las dos palabras que se dice, creo que me escuchó.

— Bien, no importa… aquí… la cosa es que… Bill jamás se suicidó, nunca murió de una sobredosis como le dijeron a Georg en aquella llamada por parte de ese tal médico forense William Torres.

— ¿Por qué tocas ese tema? me duele hablar de eso.

— ¡Qué Bill no se suicidó! ¡a Bill le quitaron la vida esa noche! ¡y fue nuestro papá! ¡el mismísimo Gordon Trümper en la casa campera que compartimos con él, maldición!

La voz de mi yo retumba dentro de mí cabeza con esas palabras. De inmediato empecé a golpear la cama, la almohada. Corrí y destruí aquel espejo. Tiré las cosas de Heidi por la ventana. Destruí toda la habitación sin parar de llorar.

Tom no hacía nada para detenerme porque sabe bien lo que estoy sintiendo y la forma tan dolorosa que me ha caído la noticia.

— Ese hijo de puta…

— No solo lo mató, también abusó de él mientras no estábamos en la ciudad, justo unos días antes de que nos pida tiempo, Tom. Que carajo…

— Dime que existe una maldita solución para eso, por favor. No quiero que me hagan daño a mi Bill, dios mío…

— Sí… si la hay, pero… el cubo, necesitamos armarlo.

— No puedo, mi mente está nublada.

— Hay que seguir el orden de los colores, Tom. — con una fuerza sobrenatural levantó las piezas sin tocar. Empezó a susurrar los colores que estaban presentes en el cubo: azul, rojo, amarillo, blanco. — ¿Cuál esa última letra de abecedario?

— La z.

— Imbécil, es la o.

— ¡No estamos para tus chistes rancios, Tom!

— ¿Y quién dijo que era un chiste! ¡vamos, dime! ¿¡cuál es la última letra de abecedario!? ¡rápido!

— ¡La o, carajo! ¡La o! — el cubo se armó perfectamente dándole un color sombrío con tonos blancos.

— Bingo. — susurró.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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