
Fic de WifesKaulitz
Capítulo 22: vingt deux
Exploté sin control sobre él pecho de ese desconocido que estaba debajo de mi, tan igual a mí novio físicamente. Me puso loco ver a los dos.
Avergonzado me bajé del cuerpo de ese tipo para cubrir mi cuerpo desnudo con el vestido. Agarré los boxers y salí corriendo hasta el baño para limpiarme, ponerme ropa e irme corriendo a casa.
No lo puedo soportar.
— Bill, sal de ahí. Tenemos que hablar. — no sé cuál de los dos golpeaba la puerta pero me niego a salir a dialogar. No quiero eso, me pone mal.
— En mi maldita defensa ¡yo no sabía que tenías un doble igualito a ti!
— Sal, bonito. Vamos a hablar y si te portas bien, te daremos un premio. — sus palabras sucias endulzaron mi oído. Mandó una ligera descarga eléctrica hacia mí entrepierna y me puso erecto.
Otra vez.
— Solo díganme si son gemelos o no.
— No somos.
— Por eso sal para explicarte, joder y si quieres te cumplimos el sueño que quieres, ¡goloso! — otro golpe bajo hacia mi entrepierna.
— Uhm… pero pido algo.
— ¿Qué?
— Quítense la camisa los dos y así me daré cuenta, ¿está bien? si no, no quiero nada.
— Listo. — abrí la puerta para sacar la cabeza. Efectivamente estaban sin camisa esperando sentados en el sofá para hablar conmigo. Respiré hondo repetidas veces mientras salía del baño a pasos temblorosos hasta sentarme en frente de ellos. Mis ojos viajaban del que tenía tatuaje al que no y viceversa.
¡Son los mismos!
— ¿Qué tal si primero me cumplen y después hablamos?
— ¡Sí!
— ¡No! — ambos se miraron al mismo tiempo enojados. El que se enojó era mi novio.
— Se que lo quiere, puedo sentir lo mismo que él y ahora se hace el loco.
— Me imagino que eso es cosa de gemelos, ¿no?
— Es que no somos gemelos, ¡carajo! somos la misma persona. — arqueé una ceja y tapé una risa con la mano derecha. — No me crees, ¿verdad?
— No.
— Bueno, se intentó… ahora a lo que vamos.
— Que no, carajo.
— Okay… — suspiré tomando los tacones y las demás pertenencias para empezar a salir del departamento. — ¿Saben qué? mejor piensen bonito lo que me van a decir y ahí si hablamos, pero de lo contrario no me busquen porque ahora que me doy cuenta, aquel que me trataba mal es ese tipo sin tatuaje y es una maldita pena que mi novio, que no era mi novio en ese entonces… ¡no me haya defendido! a si que hablamos cuando ya estén listos.
Azoté la puerta y salí corriendo lo más rápido que pude. Llamé al chofer para que venga por mi y en menos de lo que esperaba estaba volviendo a mi casa para tomar un baño, acostarme y dejar de pensar en lo que ví.
No contaba con que a mitad de la noche tuviera el consolador entre mis piernas pensando en ambos.
&
— Los he reunido a ambos aquí para hablar. — observo como Regina rodea los ojos y cruza los brazos molesta. — Tenemos una próxima presentación en un festival intercolegial y pidieron la presentación del grupo BK’s para ese día. Entonces, quería saber si usted, Bill. Incluiría al grupo de Regina al suyo para que sea más grande y no haya problemas.
— ¡No! — gritamos al mismo tiempo. Este se sentó y limpió el sudor con el pañuelo medio estresado.
— Regina ya estuvo mucho tiempo con su grupo, es hora de dar paso a uno nuevo, ¡y no quiero que ella esté en el mío!
— ¡Tampoco quiero estar en el grupo de él! ¡que horror compartir con todas esas personas nacas!
— Señorita George, entonces su grupo junto con todas sus presentaciones se quedan fuera y, bienvenido a su nuevo puesto, Bill. Qué usted y su grupo disfruten mucho.
— Gracias. — con una sonrisa salí hasta el grupo donde se encontraban mis chicos y les di un abrazo de oso a los que mis brazos pudieron alcanzar. — ¡Es nuestro! ¡el puesto es nuestro!
— ¡Siiii! — saltamos una y otra vez dando vueltas por el pasillo mientras que el grupo de Regina nos miraba con envidia.
— ¿Vamos a celebrar? — todos asintieron menos yo porque no tenía ánimos de nada. Yo sé que dije que no iba a pensar mucho en lo sucedido pero lo pensé toda la noche y no dormí nada. — ¿Y tú, Bill?
— No, prefiero descansar. Celebren por mi. — les dediqué una última sonrisa antes de seguir con mi camino. Debía quitarme la mini falda para reemplazar por una ropa cómoda, era momento de volver a casa. En lo que iba caminando alguien me jaló hasta el baño para encerrarse conmigo.
Miré a Scott con seriedad.
— ¿Qué?
— No me mires así.
— ¿Qué quieres?
— Tengo un polvito mágico. — sonríe mientras pone la bolsa del contenido blanco ante mis ojos. Tragué saliva con muchos nervios y cerré los ojos.
Le prometí a Tom que no iba a volver a pasar, que no lo volvería a hacer y quiero cumplir pero ahora me siento demasiado confundido. El me mintió y jugó conmigo. Me siento mal. — Un poquito nos hará bien, ¿vamos a mi casa?
— No. — murmuré con inseguridad. Si quería probar pero no quiero probar. — No quiero tu porquería. — dije al final. Después de pensarlo mucho. Traté de salir del baño con la intención de huir pero Scott lo evitó.
Se puso en la puerta, evitando que saliera.
— Solo dale a una línea y es suficiente, ¿por qué me dejas solo en esto? somos amigos y los amigos están en todo momento.
Entrecerré los ojos.
— Bien, pon solo un poco. — levanté la mano para que ponga en el dorso de la misma. Scott fue el primero en inhalar y cuando cerré los ojos para hacerlo yo, él idiota sopló el polvo y me hizo toser. Abrí los ojos para insultarle pero callé al instante al ver a Tom en frente de mí.
Muy serio y con los brazos cruzados.
¡Trágame tierra!
— ¿Cómo carajos entraste, Kaulitz?
— ¿¡Me estás siguiendo!? — exclamé dándole un golpe en el pecho con toda mi fuerza, ignorando el echo de que se apareció de la nada o… ¿realmente me drogué? — ¡Déjame en paz! ¡no te quiero cerca de mí!
— ¿Quieres ver lo que les sucede a los drogadictos como Scott, Billy?
— No… — susurré con la cabeza baja. — Es solo que… — solté el aire de mis pulmones al ver como Tom le agarró de la camisa a Scott, haciendo que el polvo se riegue de la bolsa y caiga al suelo. De inmediato empezó a temblar bajo la mirada intimidante de Tom. Esa fría que solía darme a veces que me causaba escalofríos.
— Oye, tranquilo. Billy es mi amigo y solo estaba acompañándome en mi dolor, no iba a consumir.
— ¡De verdad no lo iba a hacer! ¡olvídalo! — ahora sí salí del baño a pasos rápidos para ir hasta donde estaban mis cosas e ir a casa.
Estaba medio perdido de la cabeza.
Escuché unos gritos como si le estuvieran torturando a alguien en aquel edificio que estaba pero juro que no había nadie.
Estoy solo.
Salí con la cabeza baja, casi tambaleando hasta donde me esperaba el chofer. Me desestabilicé por un momento y sentí enormes ganas de vomitar. Al llegar a casa corrí hasta el refrigerador para sacar un limón, partir por la mitad y chupar con los ojos cerrados.
Dicen que ayuda con los mareos.
— ¿Cómo te fue? — entra diciendo Jörg con una sonrisa tranquila.
— Bien, pa…
— Genial, tu madre y yo hicimos compras esta mañana. Ya puedes decirle a Tom que lo quiero conocer mañana mismo, ¡te aviso con anticipación!
— ¿¡Tom ya llegó!? — exclama Sally muy feliz saltando a mis brazos. Asentí con una sonrisa. — ¿Y mi regalo? ¡me dijo que me iba a traer una Kitty gigante!
— Papá, con respecto a lo de la cena creo que…
— No, Bill. Mañana mismo, otro día no puedo. Estoy desesperado por conocerlo. — asentí mirando a un punto específico. Todo era muy extraño. Después se escucharon los tacones de mi madre retumbar por la cerámica de la cocina hasta dejarse ver con preocupación.
— Dime que tu no consumes porquerías, Bill.
Me puse pálido.
— Uhm, no… ¿por qué? ¿qué te pasa? — fruncí el ceño molesto pero solo era para ocultar los nervios que salieron a flor de piel. Simone me abrazó fuerte mientras intentaba controlar su respiración. — ¿Todo bien?
— El director comunicó al grupo de padres que un compañero tuyo lo encontraron en su habitación casi muriendo por una sobredosis. Lo bueno es que está fuera de peligro pero está en un trance, no quiere ver ni hablar con nadie… probablemente le metan a rehabilitación.
— Tal vez está traumado. — comenta mi padre a mi detrás con una voz extraña. Dejé a Sally de lado para salir de la cocina hasta la habitación. Coloqué seguro a la puerta y agarré el móvil para llamar a Tom que no esperó mucho para contestar.
— Entonces… ¿de verdad no son gemelos?
— No, Bill. ¿Quieres que nos veamos está noche para hablar de eso?
— No. — susurré. — Mañana, por favor… mi padre quiere cenar contigo mañana y después de eso hablamos.
— Estoy de acuerdo.
— Super…
— ¿Algo más?
— ¿Con cuál de los dos estoy hablando? — cuestioné jugando con las notas de la cobija. Las arrancaba y tiraba al suelo. — ¿Tatuaje o sin?
— Estamos los dos aquí, ¿por qué?
— Es que…
— ¡Tom sabe lo que intentaste hacer en el baño, precioso! — le escuché gritar a lo lejos con todas sus fuerzas. Aprieto el móvil en mi mano. La sangre se me subió a la cara y me picaba de una forma intensa.
— También hablaremos de eso. — colgué la llamada asustado antes de que continúe con un sermón y suspiré con fuerza. Me eché de cabeza en la cama. Tapé mi rostro molesto con la almohada y grité todo lo que podía.
¡Maldito chismoso!
¿¡Qué le cuesta callar!?
Bueno pero en parte le agradezco que haya estado ahí para evitar que lo hiciera. Mamá se hubiera dado cuenta muy pronto y no quería ser la vergüenza de la familia. No quiero darle un mal ejemplo a mi hermana menor, es muy vergonzoso porque dice que quiere ser buena persona así como yo y me daría mucha pena que ya no piense así.
&
El siguiente día fue muy productivo para mí. Después de los entrenamientos fui con un par de amigas al centro comercial para comprar ropa para la cena de esta noche. Quería verme elegante. También pasamos por la peluquería para darnos unos retoques en el cabello. El mío estaba demasiado grande por lo cual me cortaron las puntas e hice que también retoquen los rayitos blancos en él.
Para la ocasión me pusieron un maquillaje más oscuro con tonos azul marino y estaba per-fec-to.
Al salir nos dirigimos a una heladería para matar el tiempo.
— Hoy voy a salir con Jacob.
— ¿Jacob? — cuestioné con el ceño fruncido.
— ¡Sí! — Lizeth exclama con total felicidad. — Jacob Klum, es el amigo de mi hermano y es todo un amor. Es más, ya debería estar aquí, se supone que iríamos al cine. Le dije que lo esperaba aquí pero nada que llega.
— Ah. — reí. — Que pena por ti, Jacob siempre es así de impuntual.
— ¿Y tú cómo sabes?
— Jacob Klum es el ex de Bill Kaulitz, ¡pum! — metí una buena porción de helado a mi boca para no hablar. El cerebro se me congeló por un momento. Lizeth estaba con la boca muy abierta y sonrojada.
— ¿En serio?
— Que pena que lo reconozcan así… que horror. Yo no soy ex de nadie, si le vi, no le conozco y paso.
— Yo no lo sabía.
— Cuando terminaron creo que recién entraste a la escuela, tranquila.
— Solo te puedo decir que en la cama, ¡pff! malo, malo, malo… — Liz asintió dejando el recipiente de su helado ya vacío y suspiró. Creo que acabo de quemarlo sin querer. Los tres observamos a la izquierda al mismo tiempo gracias al grito que pegó el tipo.
Siempre tan naco.
Acompañado de él llegó la maestra de Sally, ¿sería mucha coincidencia?
— Bill Kaulitz, ¿podemos hablar, por favor?
Continúa…
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y es así, como bill entró en una relación poliamorosa que a la vez es monogámica
COMO CHINGAS, HEIDI NETA