

Fic de WifesKaulitz
Capítulo 20: Vingt
Remojé mis labios observando los ojos de Tom. Esos ojos oscuros que me reflejaban total sinceridad ante las palabras que estaba diciendo. No me estaba mintiendo y suspiré. Lo tomé de ambas mejillas para juntar su frente con la mía.
— No quiero arruinar el momento pero debes tomar la pastilla. — sonreí plantando un beso en la punta de su nariz. Tom agarró la tableta de pastillas para sacar una y ponerla en mi boca. Deslicé la pastilla sin necesidad de agua y suspiré.
Tom tenía abierta la boca de par en par, asustado.
— Yo no podría tragar esa mierda así, Bill. Que loco.
— Odio tomar las pastillas con agua. — reí por lo bajo. Tom se puso de pie y me cargó entre sus brazos para subir hasta la habitación. — ¿Quieres ducharte conmigo? — Tom sonríe de lado. Al estar dentro de la habitación me recuesta en la cama y me encargo de quitar el albornoz mientras le ponía seguro a la puerta. Quedé totalmente expuesto. Tom se acerca a mi para tocar mi pie, empezar a masajear.
— ¿Cómo lo sientes?
— Hace un rato me dolía horrible Pero ahora no tanto, ¿qué pastillas son esas? — Tom sonrió dedicándome una mirada tranquila.
— Solo no olvides tomarla cada ocho horas, ¿está bien? creo que ya puedes andar un poco, obviamente sin tanto esfuerzo. — asentí tomando el borde de su camisa cuando se levantó. La aventé por algún lugar y seguí con sus pantalones. Del resto ya se encargó de quitarse él para ayudarme a pasos lentos a ir hasta la ducha. — ¿Crees que a tu papá le agrade? No quiero causar una mala impresión.
— Bueno, te confieso que fue demasiado extraño porque de un momento a otro me lo dijo y… no estoy muy convencido. — cerré los ojos dejando que Tom deslice sus manos sobre mi cabello para ayudar a que el agua lo humedezca. — Pero le daré la oportunidad, si no… me iré de la casa.
— ¿A dónde pues?
— Contigo. — Tom frunció el ceño y se volvió algo pensativo. — Tu casa es mi casa.
— Sí…
.
By Tom
Debo admitir que las pastillas que le pedí a Tom ayudaron demasiado para la inflamación. Bill ya podía asentar el pie y se veía bastante aliviado.
Nos duchamos en completo silencio. Tocamos algunas partes prohibidas de ambos y me sonrojaba.
¿Cuando se le metió la idea a Bill de querer meterme el dedo por ahí atrás?
Tenía que hablarle seriamente al Tom para evitar algo así. No quiero imaginarme siendo abusado por mi propio novio. La sombra es demasiado lanzada cuando se trata de la intimidad y lo he visto.
Por eso era mejor prevenir que lamentar.
Estábamos yendo a la escuela de Sally.
Nos pasamos cinco minutos de la hora porque Bill me retuvo en la cama con sus besos calientes y terminamos en una masturbación intensa. Cada uno recorriendo el cuerpo del otro con delicadeza.
Al llegar bajé yo del auto ya que Bill se sentía indispuesto. Entré y busqué el salón de Sally. Por lo que veo aquí solo se manejaban por números, así que corrí al sexto. Ahí estaba ella pero alguien más que yo conocía.
Esa era mi esposa.
Heidi.
Me puse pálido cuando nuestras miradas chocaron y sentí por un momento desfallecer.
¿Cómo pude olvidar aquel detalle tan importante al momento de venir?
Conocí a Heidi por esta misma razón, era maestra de Sally en este año y fue dónde empezamos a ser amigos, a salir. Obviamente respetando la relación que tenía con Bill porque no existía nadie más ante mis ojos, solo él. Ahora había una gran diferencia porque es mi pareja actual y en pocas palabras le estoy siendo infiel con el primer amor de mi vida.
— ¡Tom!
— Un momento Sally. — interrumpió Heidi saliendo del salón hasta acercarse a mí. Me mira con ojos rabiosos, de dolor y me abofeteó. No me atreví a mirarle a los ojos después de eso. Siento demasiada pena, vergüenza y temor.
Algo que nunca había sentido en mucho tiempo con ella.
— Este momento es el que más me avergüenzo de ser tu esposa, ¿por qué, eh? ¿por qué?
— No es momento para hablar, por favor.
— ¡Claro que lo es! — susurró/gritó. — ¡Soy tu esposa!
— ¿Eres casado? — más que una pregunta lo afirmó en medio de un susurró. Sally tenía un rostro de confusión. La miré con ojos preocupados.
Esto no estaba en mis planes.
— Nos mentiste, ¿por qué?
— Sally… — tragué grueso la saliva. Estoy seguro que le iría con el cuento a Bill sobre lo que escuchó y no va a querer verme nunca.
— Ya no te quiero, Tom. No sabes lo mal que me cae la maestra Klum y resulta que eres su esposo, ¡que mierda! ¡sobre todo porque engañaste a Bill! ¡me mentiste a mí! — estaba por salir corriendo detrás de ella pero Heidi lo evitó. No sé en dónde me tocó pero volví de vuelta a mi realidad en menos de lo que esperaba. Me miré al espejo. Estaba nuevamente en el cuerpo de aquel hombre embarbado.
Me levanté de la cama y di un golpe en la mesa. Heidi me miraba asustada mientras lloraba.
— ¿¡Te das cuenta lo que hiciste!? — chillé con molestia. — ¡Ya lo tenía! ¡Al fin iba a poder cambiar su destino!
— ¡Estás casado conmigo! ¡Quiero un maldito esposo real no uno que se la pase postrado en una cama viviendo una vida que ya no le pertenece! ¡Tienes treinta y cuatro! ¡No diecisiete!
Me puse a llorar de la rabia que sentía. No traía el cubo conmigo. Ya no podía volver con Bill. No podría explicarle, joder. Me va a odiar, no lo puedo soportar.
¡Mierda!
— Quiero que te largues de mi casa, Heidi. No te soporto, ¡es más! ¡quiero el puto divorcio!
— ¡No! — chilló de vuelta. — Quiero a mi marido y le voy a ayudar… le voy a ayudar a superar la muerte de esa persona, ¡mañana buscaremos terapia para pareja! ¿¡oíste!?
— ¡No quiero nada! ¡a ti no te conviene que yo haga todo eso porque se te va todo el dinero, la fama! ¡y volverías a ser una maldita maestra de primera que no le alcanza el sueldo para vivir! — tumbé las cosas del closet hacia la cama. Al ver que eran suficientes busqué la maleta más grande que tenía y la abrí.
— ¿Q-qué haces, cariño?
— ¡Me voy de la casa! ¡Necesito a la persona que amo!
— ¡Está muerta!
— ¡No! — exclamé. — La persona que está muerta para mí eres tú.
— ¡No! — Heidi se lanzó hacia mi espalda y caímos al suelo. Ella me abrazaba mientras lloraba al igual conmigo. Estábamos forcejeando. Quería que me suelte. Necesitaba ir a mi refugio para no sentir esto. Hablar sobre la tumba de Bill me hace bien, me alivia, me gusta… — Te amo, no me dejes… ¡por favor!
— No, esto no está bien. Nunca estuvo bien. Amo a Bill, nunca dejé de hacerlo. — susurré zafándome de su agarre. Agarré la maleta y guarde las cosas como vayan. Estaba por salir dela habitación hasta que su grito me interrumpió. Giré para verla. Me asusté mucho al ver el cuchillo apuntando hacia su garganta. — Heidi…
— Si me amas vas a evitar que lo haga. Sálvame a mi, por favor. — me sentí comprometido.
De mi dependía que Heidi siga con vida y solté la maleta en el suelo. Dejé caer mi cuerpo rendido. Mi esposa soltó el cuchillo al suelo y corrió a abrazarme. Correspondí su abrazo mirando hacia la ventana.
Así mismo una noche en la que yo celebraba mi compromiso con Heidi, Bill estaba acabando con su vida gracias a una sobredosis de cocaína…
— Buscaremos terapia, ¿está bien? no quiero perder mi matrimonio. — no le dije nada y solo suspiré. No paraba de llorar.
¿Con qué cara volvería a ver a Bill?
Me va a odiar.
Era mejor que deje mi obsesión por él y mejore mi matrimonio.
Bill ya no existe.
Está muerto.
.
[𝑼𝒏𝒐𝒔 𝒅𝒊́𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔…]
— Buenos días. — saluda el psicólogo al verme entrar después de Heidi. Por suerte las primeras sesiones serían por separado y no tendría que retener lo que necesitaba sacar externamente. — ¿Cómo estás?
— No muy bien.
— Cuéntame, Tom. — motiva dándome una paleta roja para que se me bajen los nervios. — Te escucho.
— Uhm… es que todo es muy extraño ahora que lo pienso mejor. — fruncí el ceño. — Recuerdo que conocí a Bill en la escuela a los diecisiete años, empezamos a salir por un largo tiempo como novios. Se podría decir que éramos la pareja perfecta. Estábamos por casarnos. — sonreí melancólico. — Mis padres estaban felices por la idea hasta que me animé a presentar a mi prometido a la familia. Yo no sabía que eran homofóbicos y mucho menos que nos iban a hacer pasar un mal rato con comentarios fuera de lugar. Gordon, mi padre, era una persona con mucha influencia y me amenazó con hacerle daño a Bill si continuaba con esa relación y yo era muy rebelde. No me gustaba hacerle caso y seguí. Después de unos días el comportamiento de Bill cambió y todo se fue por la borda… me pidió tiempo y yo, en todo ese dolor recurrí a una persona que siempre ha estado ahí, amiga conocida y tuvimos una noche de intimidad. Estaba borracho. Al siguiente día Bill llegó a mi casa con una grabación en manos y así dió por terminada nuestra relación.
— ¿Qué había en la grabación?
— Heidi y yo, teniendo intimidad…
—Ah…
— Sí… no volví a saber nada de él sino hasta un día en la cena en dónde le pedí la mano a Heidi para unirnos en matrimonio. Georg, mi mejor amigo entró gritando desesperado que Bill se había suicidado y yo sentí morirme. Fue peor porque ni siquiera su familia me dejó entrar al funeral. Dijeron que toda era mi culpa que si no quería que me refundan en la cárcel, era mejor que no me aparezca… — miré a la ventana tratando de aguantar las lágrimas. — Perdón que me ponga así de sentimental pero es que realmente lo amo e hice una puta locura que me trajo a esto…
— Que ridículo te vez. — abrí los ojos de par en par. En vez de estar el doctor ahí sentado en frente de mi estaba mi yo de diecisiete años, con las piernas subidas sobre él escritorio y jugaba con una bolita antiestres.
— ¿Cómo está Bill? Seguramente me odia.
— Tuve que hacer algo que no deseaba pero la situación me obligó. Tuve que tocar profundo en la mente de Sally para que se le olvide lo que sucedió, a si que… le dijo a Bill que Tom tuvo una emergencia en Francia con sus padres y que no podrá estar presente unos cuantos días, obviamente Bill se molestó porque su novio no fue a despedirse de él y está derrochando ira con todo el que se le cruza en frente. — entonces el ruido del móvil nos hizo callar a ambos. Lo saqué de mi bolsillo y miré la pantalla de este. Me dió unos cuantos escalofríos al ver el nombre de Bill en él. Tragué saliva pensando demasiado. — Yo si contestaría, eh.
Cerré los ojos y contesté: — ¿Hola?
— 𝘏𝘰𝘭𝘢… ¿𝘦𝘴𝘵𝘰𝘺 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭 𝘵𝘦𝘭𝘦́𝘧𝘰𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘛𝘰𝘮?
— Sí…
— 𝘋𝘪́𝘨𝘢𝘭𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘶𝘯𝘪𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘮𝘪𝘨𝘰 𝘭𝘰 𝘮𝘢́𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘯𝘵𝘰 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦 ¡𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘭𝘰 𝘷𝘰𝘺 𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝘢𝘳 𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢!
— Okay…
— 𝘎𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢𝘴, 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢 𝘶𝘯 𝘣𝘶𝘦𝘯 𝘥𝘪́𝘢. — el Tom con rastas empezó a reír sin control ante mi rostro de desconcierto. Me rasqué el cabello sin comprender lo que había sucedido y suspiré.
— Vamos, hay que volver. Que se joda Heidi y todos. Bill es nuestra prioridad.
— No. — suspiré con tristeza. — Mi vida es aquí, ¿si? Ya no más Bill y voy a dar lo mejor para tener un matrimonio estable.
— Estás diciéndome que te has rendido, ¿en serio? ¡yo no quiero terminar con Bill!
— Pues ya no es mi problema, ahora devuélveme al psicólogo que necesito seguir…
— Ajá. — lo ví sacar de soslayo el cubo Rubik y lo colocó en la mesa. Mis ojos brillaron emocionados pero no quería defraudar a Heidi en mi segunda oportunidad. — Piénsalo.
Y desapareció.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
wey, cómo un one shot de ellos dos cogiendo se convirtió en la trama más pinche compleja de todas 😦😦😦