Fic de WifesKaulitz
Capítulo 17: Dix-Sept
— Gustav, creo que voy a llevarme a Bill a su casa, ¿te parece? Está muy mal.
— Sí, por favor… yo tampoco estoy en mis cabales y no podría llevarlo así, confío en ti.
Escuchaba borroso pero de lo que si me daba cuenta era de que Andreas estaba cansado de mi actitud pero en ningún momento me dejaba solo.
Metía copa tras copa a mi boca mientras escuchaba las mierdas que hablaba Isaac junto al nombre de papel higiénico.
Scott.
Todo me daba risa.
— … ¡entonces me la metió hasta la garganta y decía que era tímido!
— ¡Si me pasó y ese era Tom! — chillé en medio de carcajadas. — ¡Tom también me hizo lo mismo! ¡Es Tom!
— Bill, ya… vamos.
— ¡No!
— ¡Zorro no te lo lleves!
— Shhh, niños. — sonreí de lado. — El alma de la fiesta tiene una casa y un par de hijos, ¡es responsable! mañana nos vemos, ya saben.
— Bill, te vamos a extrañar.
— Meh, yo no.
— De una vez. — este me sacó casi arrastrando del bar.
— ¡Andreas puedo caminar! ¡no me duele el pie! ¡wiiii!
— ¿Y qué tienes en el pie?
— ¿Qué te importa?
— Solo pregunto… — respiró molesto. Yo reí mientras miraba al suelo. Mi pie se veía perfectamente caminando. — ¿A dónde quieres ir?
— A casa de Tom, le quiero ver. El edificio creo que es…
— Lo conozco.
.
By Tom
Envolví mi cuerpo en la toalla de baño y salí de la ducha directo a la cocina. Dejé un camino de agua por mis pies descalzos. Era la una de la madrugada y no lograba conseguir sueño. Creí que con un baño se iba a bajar el estrés pero nada. Seguía ahí y más potente.
Saqué del refrigerador un poco de avena para beber. Tuve que dejarlo ahí porque sabía lo que venía. Al estar frente de la puerta le abrí para dejar pasar a Bill. Se veía sudoroso.
— Uy. — Bill se lanzó a mis brazos casi cayéndose. Me acariciaba la espalda con torpeza. — Gracias, Andreas. Ya puedes irte.
El supuesto Andreas y yo nos miramos al mismo tiempo.
Sabía perfectamente que no es el cuidador de perros, si no la sombra que ha estado ahí todo el tiempo con él según para cuidarlo pero lo trae así, ¿de qué me sirve que lo vigile?
Cargué a Bill en mis brazos y lo subí a la habitación para que se recueste en la cama. Él me miraba como un niño regañado entre mis brazos haciendo que mi pecho se sienta oprimido. Toda la angustia se esfumó.
— Tom… no te vayas.
— Voy a volver.
— No tardes… — asentí con la cabeza saliendo de la habitación. Cerré la puerta y fui hasta donde me esperaba el otro Tom acostado en el sofá con los brazos debajo de su cabeza.
Recogí las rastas en una coleta mientras negaba con la cabeza en desaprobación.
— Se supone que Andreas evitaría a toda costa que Bill beba así.
— No solo eso. — suspiró rabioso. — Esos hijos de puta que tiene por amigos lo drogaron ¡y solo fui por bebida! quería darle algo más tranquilo pero ese tan Scott ya le había dado la droga.
— Eres un imbécil, ¿por qué crees que se suicidó en…?
— Somos. — suspiró derrotado. Callé mi boca porque si seguía hablando lo iba a golpear. — Todo por nuestra culpa.
— ¿Mía? — fruncí el ceño. — ¡Fuiste tú quien le hizo sentir mal con las palabras grotescas que le dices y siempre quedo mal yo! ¡Deja de decir que Bill es un niño inmaduro!
— ¿Y lo que hizo qué es, eh? Drogarse porque si, contestarme como más le da la gana y tener que aguantarme porque no estoy en tu papel si no en el de alguien más.
— Te voy a romper la cara.
— A ver pues. — me abalancé sobre él para darle el primer golpe en la cara. Este no se dejó y también me devolvía los golpes con la misma fuerza que yo le daba o quizás peor. Estábamos cegados por la ira hasta que la voz débil de Bill nos hizo vernos asustados al mismo tiempo.
— ¿Qué mierda? Lo que estoy viendo es una cosa de locos.
— ¡Bill! — corrí ignorando que la toalla se me cayó al suelo para atrapar su cuerpo entre mis brazos. Pues se había desmayado y el estar en las escaleras pudo causar un mal golpe.
Lo coloqué en el sofá.
No puedo negar que estoy asustado.
— Mierda, ponte eso, que vergüenza tu culo, ¿así de plano me veo?
— Gracias, pero no es momento. — acepté el calentador de la pijama y me puse de inmediato mientras movía la mano para darle aire. — Nos vió.
— Está drogado, lo va a olvidar.
— Tom… — susurró abriendo los ojos con lentitud. Estos viajaron de mí hacia la sombra y sonrió como un desquiciado puesto que el efecto de las drogas estaba reluciendo. — Si no estuviera drogado juraría que hay dos aquí, se ve muy real.
— ¿Dónde? — pregunté haciéndome el loco. — Solo estamos tú y yo…
— A él. — y lo apuntaba con el dedo índice. Le hice muecas para que se vaya pero no. Se hizo a la idea de hacerse notar en frente de mi y eso me estaba poniendo nervioso. — Que emocionante.
— Vamos a la cama… — propuse acariciando su cabello con delicadeza.
Quería relajarme solo sintiendo su presencia aquí y me gustaban los efectos.
— ¿Puede venir ese Tom también? quiero dormir con los dos y también… un trío… quiero un trío. — bajé la mirada a su rostro. Bill estaba sonrojado por lo que había dicho. Sin querer me erizó la piel y se removió algo entre mis pantalones.
— Puedo sentir lo mismo que tú. — susurró la sombra a mi lado. — Si tienes intenciones hazlo, de una vez. No me emociones.
— Estás loco…
— Creo que me excita… — continua Bill. — Los quiero a los dos…
— No hay nadie más. — cargué su cuerpo entre mis brazos para subir a la habitación. Agradecí que ese Tom haya apagado las luces para ahorrarme otro viaje.
— Nos está siguiendo. — rió. — Hace muecas burlándose de ti. — rodeo los ojos irritado sin decir nada hasta que llegamos a la habitación. Recosté a Bill una vez más en la cama. Empecé por sacarle los zapatos. Hice una mueca de dolor al ver que su pie estaba en unos tonos morados y súper grueso.
Cómo le iba a doler de feo mañana.
Seguí por la camisa y después los pantalones. Saqué del cajón una de mis camisas para ponerle y duerma más cómodo.
— Acuéstate tu también, Tom. — levanté la mirada hacia él, esa molesta sombra estaba ocupando mi lugar al lado de Bill. — Mhmm… — sonrío al sentir mi cuerpo al lado del suyo. Me obligó a pegarme tanto a él hasta que pude sentir su trasero en mi entrepierna.
Y me puso duro.
— No sé quién es quién… tampoco es algo de lo que deba preocuparme, ¿o sí?
— No. — susurró.
Bill cómo pudo se sentó sobre él, casi poniéndome celoso. El Tom aprovechó para acariciarle el muslo hasta tocarle la nalga por debajo del boxer. Empezó por restregarse sobre el miembro de este y pequeños gemidos empezaban a salir de su boca. Llegaban a mis oídos y como si de una corriente eléctrica se tratara, recorrían todo mi cuerpo hasta centrarse en un punto en específico.
— Esto me molesta. — le sacó con brusquedad la camisa y le lanzó por ahí. Acercó el cuerpo de Bill hasta el suyo para poder besarle en el cuello.
En estos momentos yo me preguntaba si solo debía observar o también participar. Me daba mucho morbo verme a mi mismo con él así. Es algo que jamás imaginé.
— ¡Mhmm! — azotó el trasero de Bill con fuerza y yo lo miré mal.
— No te enojes, a él le gusta lo bruto que soy.
— Tom. — Bill estiró la mano a mi entrepierna. Dejé escapar un suspiro al sentir su mano delgada frotar sobre la tela del calentador.
«Maldición, no quiero hacerlo pero es que Bill me provoca.»
— Deja de pensarlo mucho porque entre más piensas más raro se pone.
— No puedo. — pegué un brinco de la cama y caminé hasta que mi espalda chocó con la fría pared. Estaba respirando sin control. Mi pene rogaba por su atención pero no me parece bien porque está drogado y tampoco me creo el cuento de que no lo va a recordar. Me asusta a millones.
Solo puedo observar con evidente molestia como tira a Bill a la cama de forma violenta. Este se posiciona en cuatro, con la vista hacia mi. Le quita los boxers. Abrí mucho los ojos al ver como Tom baja dando besos desde los hombros, la espina dorsal hasta llegar a las nalgas. Vuelve a golpearlo a manos llenas y Bill gime con los ojos cerrados. Deslizo saliva por mi garganta. Nunca se me cruzó por la mente lamer esa parte prohibida de Bill como lo hace él.
El pelinegro parece disfrutarlo por la forma en la que abre la boca, aprieta los ojos y trata de rasgar las sábanas con sus uñas.
— ¡Mhmm! — mi corazón golpea fuerte en el pecho por la vista tan erótica que tengo frente a mis ojos. Bajé la mirada a mi pene y este estaba más despierto que un bebé a media noche. — ¡Tom! — su vista se dirigió hacia mí. — ¡Oh!
Respiré entrecortado.
— Tom, quiero que calles a Billy con tu pene, ¿podrías hacerme el favor?
— Ah, si… es una buena idea, ¡ven! — giré la cabeza hacia el lado derecho pero no podía dejar de ver de reojo.
Nuevamente el grito de Bill me hizo reaccionar. Estiró la mano hacia a mi y a pasos lentos me acerqué para que me toque la entrepierna. El pelinegro sonreía como nunca cuando bajé el calentador hasta las rodillas y mi entrepierna golpeó en su nariz. No esperó mucho para meterse a la boca.
Suspiré.
Acariciaba su cabello hasta recogerlo todo en una coleta y guiar sus movimientos. Adelante hacia atrás. Suave. Tampoco quería ser muy brusco con él. Podría ahogarlo.
Eché la cabeza hacia atrás. La lengua de Bill se movía de una manera espectacular en el glande. Me excitaba de manera incontrolable la forma en la que ese piercing se paseaba ahí.
— ¿Cómo lo quieres, Billy?
Sacó mi pene de su boca y habló: — Duro. — este sonrió mirándome a mi.
Esa era la diferencia entre ambos. Que yo no era tan brusco en el momento de hacerlo pero él si.
Tom volteó el cuerpo de Bill para que su espalda quede recostada sobre la esponja. Bill observó como este se masturbó antes de entrar en él de golpe. Y gritó. Gritó como nunca. Provocó que mi pene empiece a gotear espesas gotas de líquido seminal. Tuve que quitar el calentador para estar desnudo de una vez. Me subí en la cama y comencé a masturbarme en su cara. Los ojos del pelinegro iban y venían de mí hacia de Tom y reía como un desquiciado. Lágrimas también se escapaban de sus ojos mientras se tocaba la entrepierna.
— Esto es muy loco pero me encanta. — balbuceaba. — Veo abajo es Tom, veo arriba, ¡también es Tom! ¡Ah!
Decidí que era momento de tocarlo. Me agaché para darle un beso en la nariz, en los labios. Mordía con suavidad su mejilla. Bajé hasta el cuello y succioné. También probé de su sudor y continuo por los pechos. Mientras chupaba uno estimulaba el otro. Bill estaba gritando cosas sin sentido porque le gustaba. Seguí ahora repartiendo besos hasta llegar a su erección que palpitaba por atención. No dudé en darle una lamida.
— M-mierda… ¡sí! — solté un jadeo cuando sentí la mano de Bill tocarme las nalgas con descaro. Aprovecho para tocarme a mi y darle una mamada a él. — ¡Oh, Tom! ¡Carajo!
— Joder, que puerco y rico… ¡también lo quiero probar!
— ¡Dame más!
Mi cabeza se movía a un ritmo constante, acelerado. Tanto que sentía debajo de mi brazo como su abdomen se contraía. Estaba por correrse y aún no le doy yo. Apreté la punta de glande para evitar que se corra.
— ¡No, Tom! ¡Noo! ¡Quiero acabar una y otra vez! ¡Agh!
— ¡Shh!
— ¡Aah! — acariciaba los testículos que estaban resbalosos por mi saliva. — Estoy tan caliente que podría cogerme a los dos.
— ¿Acaso hablas de…
— ¡Siiii! — explotó en mi boca y yo me tragué su esperma del susto.
— Uy, si quiero… — yo lo fulminé con la mirada cayendo al lado de Bill. La sombra dejó de follarlo y este se sube encima de mí. Guió mi pene hasta su entrada para meterlo en su interior. Apreté los deditos de los pies al sentir como me recibían sus paredes. Demasiado húmedas y tuve que retener una corrida precoz. Me avergonzaría. A mi lado estaba Tom, frotándose la polla mientras observaba como Bill me montaba.
— Joder, Bill…
— ¡Ah, sí! ¡Mhmm! — acariciaba sus caderas hasta que puse las manos en sus nalgas.
— Pégale. — obedecí sin rechistar y Bill me apretó de una forma sorprendente. Me movía sin control alguno dentro de él. Ya no podía aguantarme las ganas de follarlo como un loco. Subí las manos a su cuello para apretarlo con una fuerza considerable.
Bill se veía demasiado atractivo con el cabello pegado a la frente. El rostro rojo y una parte del pecho también. Mi pelvis chocaba y sacaba ruidos secos por lo fuerte que chocaba.
Bill lloraba pero a la vez tenía una sonrisa en la cara.
— ¡Aahh! — ahí fue dónde sentí su límite. Bill se corrió y cayó rendido en mi pecho mientras yo daba una y otra vez su punto. Me rasguñó en el hombro y finalmente me corrí. — Creo que… n-no estaba recuperado del todo… volviste a dañarme.
Esta vez si fui yo.
Bill se bajó de mi cuerpo y yo me senté en la cama arrepintiéndome de todos mis pecados. Mi pene seguía duro.
— Quiero que se den un beso. — susurró. — Sigo caliente y quiero correrme viendo eso. — lentamente me puse de pie a la par de Tom. Nos miramos fijamente.
— No vas a… — no me dejó terminar de hablar y me besó. Me quedé estático.
¡Me estaba besando a mi mismo!
Ese Tom bajó la mano hacia mi entrepierna para tocar y bueno. Por darle un gran espectáculo a Bill también lo hice. Los dos nos estábamos tocando de una forma descomunal. Gemía en la boca de él al igual que él en la mía.
— Dios, que guais… ¡mhmm! — metió su lengua en mi boca de una manera experta y lo recibí con calma. — ¡Joder, sí..! — Bill se quedó ronco al soltar ese gemido que nos hizo separar y verlo. Se había corrido en abundancia sobre su pecho.
— Hay que darle su cremita facial.
Deduje sus intenciones y le seguí. Bill abrió la boca como nunca. Me masturbé igual de rápido que Tom y pronto nos estábamos viniendo en su rostro.
— Mierda, que se repita… — negué con la cabeza exhausto. No hice mucho pero vaya que lo disfruté.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
😦😦😦😦😦😦😦
no mames, quien fuera ese cabrón para tener un trío con dos tom