Trente quatre 15

Fic de WifesKaulitz

Capítulo 15: Quinze

— ¡Agh!

Ahí estábamos sentados los dos, en los vestidores.

Tom estaba en frente de mi sobando el tobillo hinchado con suavidad mientras me escuchaba quejar una y otra vez cada que pasaba su dedo pulgar por la parte adolorida.

— ¡UAAAH!

— No es tan… grave.

— ¡Mhmm! yo… yo siento que sí.

— Perdón… creo que… tengo la culpa por invitarte a formar parte del equipo pero me hacía ilusión y en serio… me… sorprendió verte.

— Ajá. — cruzo los brazos mirando para cualquier lado menos a él. — Tanto que me trataste mal…

— Es mi trabajo. — suspiró pesadamente. No me había dado cuenta que sus caricias subían más allá del tobillo. Estaba despertando esas ganas locas de querer lanzarme hacia él y encerrarnos en los vestidores. — Si ya no obedecen, no puedo tener consideración alguna.

— ¿Y si se trata de mí?

— Tampoco.

— Ah… — relamí los labios mientras sonreía sin poder evitar. — Yo creo que así te desquitas conmigo por rechazarte… ¡au! — aplastó muy fuerte en la zona afectada y rápido se puso nervioso al escucharme gritar. Quería insultarle en todos los idiomas pero solo lloriqueaba, era mucho dolor para mí.

— Lo siento…

— Ya. — dije dedicándole una caricia en la mejilla. Tom se sonrojó mucho, hasta las orejas. — No puedo creer que una pelota me haya agredido de esa forma.

Y no mentía.

Pelota: 1.

Bill: 0.

— Creo que es necesario que compre mentol, una venda y pastillas para el dolor. Podrás con eso. — antes de que pudiera responder él ya había desaparecido de mi vista por los pasillos con una rapidez impresionante. Reposé mi cabeza en el casillero más cercano que estaba a mi espalda y solté un suspiro. Esto se iba a volver más difícil de lo que pensaba.

Después, unos lloriqueos provenientes del otro lado de los vestidores llamaron mi atención. De inmediato me puse la media y el tenis que me rozaba de una forma jodida en el tobillo para forzarme a caminar. No quería quefarme así por mucho tiempo.

Me moriría.

Seguí hasta encontrar la persona dueña de tan horroroso lloriqueo.

Al encontrarlo, me crucé de brazos frente a ella.

— Kat, ¿todo bien?

— No…

— ¿Qué pasó..? — levanté ambas cejas.

Katia era mi mejor amiga cuando cursaba primero. Nos hicimos buenos amigos, lastimosamente nos alejamos. Las actitudes que tomaba por querer estar cerca de las niñas fresa me molestaba tanto que terminé por revelarme y decirle cosas feas y reales al mismo tiempo. No me agradan para nada las personas que quieren sobajar a los demás y peor humillando.

— Es Regina.

— No sé por qué no me sorprende. — arqueé una ceja. — ¿Qué pasa con tu ídola?

— No me aceptó en el grupo de cheerleaders porque dice que una chica llena de tatuajes en las piernas no puede lucir una minifalda y peor el top, ¡no sabes cómo le odio! — sin querer estallé en carcajadas mientras negaba con la cabeza. — No le veo la gracia, Bill.

— Uh, ya… perdón…

Que delicada.

— Estoy pasando por un mal momento… no solo me dijo eso, también mi cuerpo, dijo que no podía pasar de los cincuenta kilos y yo peso cincuenta y cuatro.

— Que estupidez. — susurré mientras tomaba impulso para sentarme en el lavamanos. El pie me estaba matando y me palpitaba como loco pidiendo descanso. Casi lo estaba matando con mi peso. — ¿Siempre es así cuando se trata de eso?

— Es la primera vez que me postulé para eso… había practicado mucho.

— Uhm. — entrecerré los ojos observando a Kat. Miraba de arriba abajo su cuerpo. No tenía nada de malo su cuerpo y los tatuajes que tenía. Jugaban bien con su piel pálida aterciopelada. — Katia.

— ¿Qué?

— ¿Cuántas personas fueron rechazadas?

— Más de la mitad.

— ¿Existe alguna posibilidad de que reúnas a todas esas personas en el viejo edificio en este momento? Diles quien les comunica y ya luego iré, tengo un asunto pendiente que arreglar.

— Hecho.

&

—…entonces, no me parece justo que Regina siga dirigiendo el grupo de las porristas cuando se supone que ahora soy yo la nueva figura de la escuela y tengo que tener el mando en todos esos asuntos, ¿no cree?

— Lo tengo clarísimo, Kaulitz.

— Necesito que le aclare las cosas a Regina. — el director respiró mientras se ponía de pie. Caminó hasta posarse detrás de mí y dijo:

— El problema es que la señorita George tiene su grupo dirigido, las porristas saben cómo presentarse, son la presentación canon en el momento de los deportes.

Bufé con molestia.

— ¿Qué tiempo necesito para demostrarle que mi grupo también tiene esa posibilidad de desenvolverse como el de Regina?

— Kaulitz…

— ¿Qué tiempo? — insistí en un tono demandante y seguro de mi mismo. — No solo habrá señoritas, siempre hay que hacer algo nuevo, no lo mismo de siempre. — caminó hasta dejarse ver en frente de mi una vez más. Buscó en su laptop y después me indicó un cronogramas de las actividades deportivas.

Solo tenía dos meses para lograr el mismo efecto ~o mejor~ que el grupo de mi rival.

Estaba ansioso de ver su rostro.

Sin decirle más salí cojeando de su sala. Tuve que ir a pasos lentos hasta donde ya deben de estar los chicos reunidos esperándome. Me desesperaba porque sentía que no iba a llegar nunca hasta que me encontré a Georg en el camino. Él me ayudó a llegar hasta allá y después se fue apresurado, quizás a darse una ducha.

Sonreí de lado al ver a aquellas personas.

Eran dos cursos de aproximadamente cuarentena estudiantes.

— Bill, ya estamos aquí.

Me senté en una grada antes de hablar:

— Voy a ser directo, no me gusta andar con rodeos. Todos ustedes formarán parte de mi nuevo grupo de cheerleaders. Yo sé que no tenemos el mismo reconocimiento que tiene el grupo de Regina pero con esfuerzo podremos ser mejor. Con esto quiero romper los estereotipos… aquí no nos importa el peso, si hay tatuajes o no, el color de piel, si no sabes bailar te ayudaremos y todo para darle su merecido a esa perra. — mientras hablo observo cada una de las caritas con las que me he cruzado en el receso.

Entre ellas personas que me caían mal pero era suficiente si estaban en contra de Regina.

— Quién está de acuerdo que levante la mano y el que no, pues… que se retire.

Para mi sorpresa alzaron todos las manos. Sonreí con satisfacción al ver que estaban decididos a dar lo mejor de ellos para demostrar su potencial.
Eso implica que yo también tenía que aprender cosas de ellos y no me molestaba en lo absoluto.

Ya maquinaba una y mil ideas para la presentación.

— ¿Quién nos va a dirigir?

— Bill, si nos permites…

— Tenemos conocimiento en coreografías. — comentó un par de gemelas morochas de cabello rizado.
Yo no estaba dispuesto a negarme para nada las propuestas e ideas que tenían.

— Pues ya está.

Estoy demasiado contento, todo está yendo bien…

de momento.

— Si no les gusta la idea recuerden que estoy abierto a escuchar sus propuestas y hablaremos hasta llegar a un acuerdo, somos un equipo y entre equipo nos ayudamos.

Cómo nadie dijo nada consideré que la idea estaba bien. Sin más les pedí que aquí se pongan a repasar en secreto todos los días sin que nadie los descubra. También empezábamos a discutir la música para repasar hasta que quedamos en que todos traeríamos una pista para ver con cuál se quedaba. Finalmente todos se fueron emocionados y me agradecían por esta oportunidad.

— ¿Qué haces? — levanté la mirada hacia Tom con cierto recelo. — Georg me dijo que estabas aquí, ¿haciendo que?

— Me gusta venir aquí cuando no me siento bien. — en parte no mentía. Este edificio era muy solitario para escaparse un momento de las clases, tener un momento a solas y respirar tranquilo por el silencio… muy lejos de la bulla de los estudiantes.

— ¿Cómo sigues de tu pie?

— Lo he obligado a caminar. — comenté quitándome el zapato y señalando lo feo que se había hinchado. — Duele mucho pero ahí está…

— Lo voy a vendar y lamento decirte pero no puedes entrenar así. — asentí observando como le quitaba la media a mi pie. De una forma muy tierna lo llevó hasta sus labios para plantar un beso en el lugar y sonreírme. Observé atento como untaba el mentol chino en su dedo índice y medio para hacer masajes en el pie.

Ahora sentía un dolor más rico del que sentí antes.

— Aunque si te voy a tener en cuenta en la competencia de atletismo. — gemí adolorido justo en el momento que empezó a vendar hasta que mi pie quedó cubierto de la tela. — Eres rápido, correríamos igual en postas también.

— ¿Sabes en qué también soy rápido?

Tom remojó sus labios con parsimonia. Me tentó demasiado a morderle como la primera vez hasta que le hice sangrar.

Que bonitos recuerdos.

— No tengo idea. — susurró.

— ¿Te gustaría saber?

Tom asintió con lentitud.

Le indiqué que se acerque a mí con el dedo índice. Al ver que obedeció como un perro le tomé de la camisa tan fuerte que se asustó. Se le pusieron rojitas las orejas cuando le dediqué una mirada llena, dándole a entender lo que quería con eso.

Hice uno sus labios con los míos. Me abrió la boca de una manera sensual que por poco y me roba el aliento.
Le acariciaba las rastas mientras dejaba que se abriera espacio entre mis piernas. Tiré de su cabeza hacia atrás, aproveché la oportunidad con ese movimiento brusco para morderle. Tom no se quejó. Al contrario. Relamió sus labios para probar aquel líquido bermellón que salía de su labio inferior. Tenía una mirada lasciva, coqueta.

— Hazme tuyo… — casi supliqué mientras tomaba el borde de su camisa para levantar un poco y así poder meter mano en su entrepierna.

Tom asustado detuvo la misma antes de que pudiera tocar. — ¿Qué?

— Estoy sucio, aún no me baño y que p- pena q-qué… tu m- me toques así…

— ¿Y qué? es sudor nada más, no es cosa del otro mundo. — en sus ojos podía ver cómo batallaba entre que si y entre que no, a si que, subí la mano hasta su pecho para tocar todo el sudor y su piel pegajosa, en realidad no me molesta.

Me gusta el olor que tiene cuando suda. El perfume se le mezcla y le da un toque suave que podría pasar horas oliendo y no le haría el feo.

— Uhm, mejor paso. — suspiró tratando de verse calmado. Yo sé que mis caricias lo iban a volver loco en cualquier momento y que me iba a tomar. — Somos amigos, ¿lo recuerdas? y los amigos… — me dió un manotazo en el antebrazo. Sentí un ligero escozor en la zona afectada, poco a poco se volvía roja por la fuerza que me dió y yo aún así, no cedí. — No se manosean, ¡NO se besan!

— En ningún momento dije que aceptaba ser tu amigo, solo no era momento para…

— Cállate. — interrumpió con enojo. — Solo me confundes y me haces sentir que no sabes lo que quieres… puedo entender lo de tu papá, sabes que yo te apoyo en todo momento pero, ¿después? ¿realmente quieres algo conmigo o solo sientes atracción por mi físico?

— Tom… — susurré sintiendo como mi corazón se apretujaba en mi pecho. El dolor que sentía era tres veces más intenso que el de mi pie.

Me dolía.

— No, Bill. Desde que me descubriste sin esos lentes no puedes parar de usarme para complacerte. Las primeras veces fueron buenas y ya después ¿qué? quizás el tonto enamorado solo fui yo y me duele porque…

Estaba respirando sin control.

— Olvídalo. — suspiró alejándose de mi. — Te llevo a casa, ¿está bien? después perderemos contacto alguno, me haces daño… en serio no sabes lo que quieres. Niño inmaduro.

Miré a un punto fijo en el suelo. Los ojos me picaban porque las lágrimas estaban por salir y yo me negaba a dejarles salir.

Yo si quería algo pero tenía mucho miedo de lo que pueda pasar, aún mi padre no me ha dicho nada con respecto a ello y me hace dudar mucho de las cosas.

A si que todo rastro de valentía y pensamientos de hace un momento de tenerlo conmigo se esfumaron.

Me arruinó.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 15»

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