
Fic de WifesKaulitz
Capítulo 13: Treize
— Eso creí, rubia estúpida. — volteo para irme del lugar y no seguir escuchando las mierdas que salen de su sucia boca.
— ¿¡Qué tatuaje, Bill Kaulitz!? ¡Tom no tiene ningún tatuaje porque los odia! — le escuché gritar a lo lejos. Yo reí a carcajadas mientras entraba al coliseo otra vez para ponerle atención a mi hermana no sin antes entrelazar la mano de Tom con la mía y pegar mi cabeza a su hombro.
— Tardaste.
— Había mucha gente.
Seguí mirando lo bien que se desenvolvía Sally en la pista en su turno de hacer el trabajo sola. Podría jurar que es una de las mejores bailarinas de todas sus compañeras y sinceramente espero que ella gane el premio.
Aplaudimos mucho cuando finalizó y entre Tom y yo pegamos gritos para hacernos notar. Puedo jurar que el único aliento que le importaba era el de Tom y no el de su familia porque la niña para coqueta…
Jum.
Ni mandada a hacer.
— Con esto damos por finalizado el show.
— Aquí tenemos a las tres participantes finalistas que esperan ansiosas los resultados por parte del juez. — estaba por morderme las uñas en ese momento. Le apretaba la mano a Tom y le mordía el pulgar (sin ser grosero) para descargar lo que sentía, para todo le meten mucho suspenso y ¡lo odio!
— Tranquilo, Billy. Sally va a ganar.
— ¡Eso espero!
— Como tercer lugar tenemos a Taylor Gómez.
— En segundo lugar tenemos a… ¡tatatatatan!
— Compañero que complicado, ¡las dos niñas eran buenas pero siempre hay una mejor!
— ¡Hablen rápido! — chillaba mi mamá histérica. Ahorita que me doy cuenta, ¿a qué rato se cambió la camisa por una del mismo color que tenía Sally? ¿y por qué no me dijo para ponerme una también?
— En segundo está Cady George y en primer lugar, ¡Sally Kaulitz!
Y grité con todo lo que daba mi garganta.
Mis padres se abrazan con emoción y yo besé a Tom por la emoción y también porque sabía que Regina nos estaba mirando. Bajamos para estar cerca de ella. Grabar el momento en que recibe el premio para tener en los recuerdos.
— ¡Tom! — claro que al verlo iba a venir corriendo hacia él. El mencionado cargó a mi hermana en sus brazos y le besó la mejilla muy feliz.
— Felicidades.
— Gracias pero quiero que el premio sea tuyo, cuñado.
— ¡Hey! — exclamé sonrojado a más no poder. Lo acaba de decir en frente de mi papá y no sabía cómo podía reaccionar. Me daba un poquito de miedo. — Shh…
— Lo siento.
— ¿Además para qué otro premio? — comenta mi madre con la intención de apoyarme y hacerme sentir bien al ver que mi padre solo se fue… — Bill es suficiente para Tom.
— Ay.
— Bueno, ¿qué esperamos? vamos a festejar.
Para ese entonces los ánimos se habían ido. Me alejé de ellos con la intención de correr hasta donde estaba mi padre. Buscaba su auto en el estacionamiento y al verlo me acerqué a pasos lentos. Jörg fumaba un cigarro habano, lo supe por el olor que salía de este.
Tenía mucho miedo de lo que pueda pensar de mí.
— Pa…
— Ahora no, Bill. Estoy… asustado. No puedo creer que mi único hijo varón sea una nena más.
— ¿Es en serio? — temblaba de frío al escuchar la voz de mi madre con enojo. — ¿Sigues con tus ideas a la antigua?
— Mujer no armes un escándalo.
— ¡No! claro que lo haré…
— Bill. — Tom y Sally me jalaron a un lado para llevarme. Quería ponerme a llorar de la impotencia que sentí. Las palabras no salían de mi boca, estaba atemorizado, ido… estaban peleando por mi culpa y no era la primera vez que pasaba eso. Solo ruego que no cause un problema serio porque me iba a joder.
Volví en sí al sentir la mano de Tom enlazarse con la mía. Su calidez me hacía bien. Por el camino que tomábamos supe que era la casa de Tom. Vaya que si era un lugar seguro para mí y lejos de los problemas familiares.
Al llegar Sally corrió a abrazar a la husky. Le pusimos seguro en la puerta principal y le dijimos que se quede quieta porque Tom y yo íbamos a hablar en la habitación. Tom miraba por la ventana, empezando a quitarse la ropa para ponerse una cómoda. Yo esperaba sentado mirando hacia el suelo.
— Tu papá no lo sabía, ¿verdad?
— No, me siento muy nervioso de lo que pueda pensar.
— Uhm… — se arrodilló en frente de mi para tomar ambas manos con las suyas. Besó en el dorso de estas. Me estremecí ante el contacto de sus labios. Provocó un suspiro de enamorado en mí y rápido me olvidé todo sentimiento negativo. No comprendía pero él parece tener un control sobre mí impresionante. — A algunos les cuesta entender eso, Bill. Sé cómo se siente y…
— No digas nada… — incliné mi cuerpo para estar cerca. Su frente rozaba con la mía y cerré los ojos. — Todos mis problemas se me olvidan cuando estamos juntos y me tratas así de bonito.
&
Me gustaba ser el lugar seguro de Bill, tanto que me inspiraba a contarle la verdad pero no me atrevía, me daba miedo y me asusta lo que pueda llegar a pasar. Amo mucho estar con él porque es una persona tan pura y noble que no merece pasar por un mal momento como estos.
Pude besarle los labios con un poco de recelo.
Aún me pone nervioso aunque no lo demuestre.
— Tus ojitos están cansados, Billy, ¿quieres acostarte?
— Sí, pero abrázame. Lo necesito. — antes de hacer eso fui para buscarle una pijama y pañitos húmedos al baño. Al bajar ví a Sally dormida en el sofá, abrazada a la perrita. Tuve que hacer dos viajes para llevar lo necesario para Bill y después a ella para que duerma con calma en la cama también. — Sally duerme mal. — susurra Bill al ver que le recosté a su lado. — Me va a poner un pie en el rostro.
— Bueno, ahí tenemos que acomodarnos, Billy.
— ¿Y cielo?
— Duerme en la sala, no te preocupes.
— Genial. — apagué las luces de la habitación. Me abrió espacio a su lado para recostar mi cuerpo y poder abrazarlo. Le acariciaba el cabello mientras pensaba.
Necesitaba hacer algo para ayudarle.
Esperaba ansioso a qué Bill entre en un sueño profundo y al conseguirlo tuve que ir hasta la sala. Miré el reloj del móvil. Eran casi doce de la noche. Una buena hora para hacerlo.
Sin más, busqué un par de veladoras negras, apagué todas las luces de la sala que encendí y me posé frente a la puerta corrediza que daba a la lavandería. Atemorizado encendí las veladoras y murmuré un «trente quatre (treinta y cuatro)».
Al abrir los ojos esperaba ansioso su respiración cerca de mi nuca. Sin querer me acostumbré a ello porque siempre lo hacía. Las veladoras se apagaron al instante y supe que el ya estaba aquí conmigo. Apreté los puños al sentir su respiración en el lugar de siempre y suspiré.
— Ya era hora, casi me vuelvo uno con la pared.
— Antes de decir lo que quiero necesito reclamarte. — volteo a ver al Tom con seriedad mientras cruzo los brazos. Este se tira en el sofá con una expresión divertida.
— A ver.
— El día de la fiesta, Tom. Yo me fuí antes y te encargué a Bill cuando desarrollabas tu papel de Andreas, ¿se puede saber qué hiciste, eh?
— Casi no me acuerdo… imitar al cuidador de perros es un fastidio y quería alegrarme usando tu imagen, recuerdo que… Regina me dió una bebida que me puso alegre y después me ví en el baño, desnudo…
— ¡Tu estupidez casi me cuesta la relación!
— ¿Cuál? — burló con esa sonrisa fría y una mirada vacía. Ese Tom no tenía sentimiento alguno. Es una presencia maligna que me ayudó a acercarme a Bill nada más. — Si hasta ahorita no tienes los huevos para hacerlo, marica, ya mismo lo hago yo y ahí te jodes.
— No me gusta que te metas con Bill, ¿sabes? se supone que yo le rogué al universo, las constelaciones, la vía láctea que se fije en mí y ahora… ¿quieres joderlo? — suspiré sintiendo mi corazón alterarse porque con el no podía hablar, todo era broma.
— Estoy asombrado que no se haya dado cuenta.
— ¿De qué?
— Mientras estabas preocupado en tu otra vida pues… volví a casa con él y me lo cogí en medio de toda esa sensación que provocó la bebida… — mi ojo empezó a parpadear sin control por si solo. — Siento que fui muy brusco… ¿le dañé?
— ¡Claro, idiota! Le rompiste el culo.
— Corrección, le rompimos el culo a ese niño. — sonríe con perversión. Ese idiota me provoca unas ganas de romperle la boca. — Pero no hablemos más de eso que me pongo erecto, ¿qué se te ofrece?
— No quiero que te acerques a Bill, por favor…
— Imposible, también me gusta. — respiraba agitado por la rabia que tenía pero debía controlar y aguantar porque si no todo se jodería. No quiero eso porque en serio siento muchas cosas por él y no quiero decepcionarlo, en serio que no.
Ese Tom de esa realidad es como mi maldita sombra.
— ¿Para que soy bueno? — tomé un respiro hondo antes de hablar:
— Tiene problemas en la casa con su papá, creo que no acepta que es gay…
— Uff, por eso no me lío con niños de esta edad, eh.
¿Estaba bromeando?
— ¿Abrá alguna posibilidad de hacer que lo entienda y le acepte? — terminé de decir antes de iniciar una discusión.
— ¿Por qué no haces lo mismo con nuestros papás, Tom? — nos miramos fijamente a los ojos. Quedé frío ante su pregunta y claro que me negaba a responder a pesar de que sabía lo que pensaba, lo que sentía y necesitaba.
No quería saber nada de ellos en realidad.
— No estamos hablando de nosotros.
— Bueno, haré lo que pueda porque tampoco quiero verle triste.
— Gracias…
— ¿Tom?
Vaya que si me puse nervioso al escuchar la voz de Bill venir desde arriba. Todo desapareció y me eché en el sofá con los ojos cerrados. Haciéndome el dormido. Rogaba porque no haya escuchado nada de lo que hablé porque si no estaba jodido.
¿Qué explicación le iba a dar?
Que soy un hombre de treinta y cuatro años en mi verdadera realidad, que soy casado con una mujer que no es de mi edad y todo para que no me quiten la herencia, que soy padrastro y que hice todo esto con la intención de volver a revivir con él nuestro momento para hacer las cosas bien porque se suicidó por mi culpa.
No podría decir más.
El dinero me quitó mi felicidad y estaba pagando alto el precio de haber alterado la situación.
— Oye… — abrir los ojos lentamente, tratando de verme somnoliento y le sonreí.
— Billy…
— ¿Qué haces aquí? Vamos a la cama.
— Sally y tú duermen igual. — susurré sentándome en el sofá y atrayendo su cuerpo delgado hacia mí. Lo abracé con todas mis fuerzas. Pegué mi cabeza a su abdomen. Sin querer mi mirada chocó con aquella sombra y este me saludó.
Una vez más olvidé meterlo en su lugar.
— Es cosa de familia. — bromea acariciando las rastas mientras reía por lo bajo.
— ¿Ya no tienes sueño?
— Si tengo mucho sueño y quiero dormir contigo.
— Ve a traer unas cobijas para acomodarnos aquí, ¿sí? Que Sally ocupe toda la cama, no importa. — Bill sonríe como un niño pequeño y obediente va a traer lo que le pido.
En mi cabeza puedo escuchar como la sombra me habla diciendo: «Haré las cosas bien, mantendré una distancia con Regina en los momentos que no estés porque Bill no merece algo así.»
Y yo le agradecí desde lo más profundo de mi corazón porque no quería perder a Bill una vez más, me niego a hacerlo.
— Listo, abrázame. — como pude le hice un espacio a mi lado. Casi quedó encima de mi pero no había problema con ello, podría soportarlo. Le di el beso de las buenas noches mientras acariciaba su espalda una y otra vez. Me gustaba Bill y quiero tener algo en serio con él.
Continúa…
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… qué
wey QUÉ
WTF?? DE TODO LO QUE PODÍA JUSTIFICAR A TOM, PURA MADRE ME ESPERABA ESO WTF WTF