Trente quatre 11

Fic de WifesKaulitz

Capítulo 11: Onze

— Creí que dormías… — negué con la cabeza al mismo tiempo que me senté en sus piernas y acerqué lo suficiente a su rostro para besarle la boca pero se aleja, evitando un beso. — Me da cólera tu olor…

— Lo siento.

— Mhmm, Bill… no creo que sea momento. — susurra al ver que quité el buzo que cubría el cuerpo y lo tiré por alguna parte de la sala.

— ¿Por qué no? — volví a acercarme a él. Necesitaba besarle pero agarró fuerte mi mandíbula que rápido se puso tensa, me mira con unos ojos enojados y después me besó desesperado, metiendo sus manos debajo la tela del calentador para masajear mis glúteos.

Muy salvaje.

— Ah…

Me levantó en sus brazos para acostarme en el sofá luego de batallar en si hacerlo o no, tocaba mi erección sobre la tela al mismo tiempo que lo veía quitarse la ropa. Tom quedó como dios lo trajo al mundo y yo baboseaba necesitado de él.
Era mi turno de quitarme lo único que tenía de ropa y él se encargó de hacerlo. Relamió sus labios mientras me miraba el cuerpo desnudo.

Me puse peor.

— Voy a comerte el culo, precioso, abre mucho las piernas para mí.

Obedecí su orden y me abrí para él, se arrodilló, acercó mis nalgas lo suficiente hacia su rostro y pronto sentí su músculo húmedo jugando en mi entrada. Elevando mi cuerpo al cielo de una forma muy intensa o quizás lo sentí así porque estaba ebrio…

No lo sé.

— ¡Mhmm, Tom! — era extraño sentir su boca en ese lugar pero a la vez muy sucio… para demostrarle que me estaba gustando apreté su cabeza ahí y se hunda tanto como pueda, pero, no hay nada comparado con su pene.
Ese le gana y sí que me hacía sentir mejor. — Creo que… te quiero dentro de mí, ¡ah!

— Agh, precioso. — gimotea con una voz muy diferente, más madura, ronca y pastoza. — Bill, tienes un culo hermoso y ahora acabé de descubrir lo excitante que es comerlo antes de introducir mi polla tiesa.

— No me molesta. — respondí con mucho encanto. Parece que es este Tom frío quien me lo está diciendo y ¡para nada me incomoda! — ¡Mhmm! — dejó de lamer, buscó en no se donde un preservativo que lo colocó al instante para penetrar mi agujero. Ambos gemidos al mismo tiempo deseosos.

No quería que pierda el tiempo en recuperar su aliento, moví mis caderas de adelante hacia atrás para que me follara y lo hizo. Lo hizo como quería, como me gusta, como me encanta.

— ¡Ah! ¡Mhmm!

— Sin duda el mejor de todos.

Rápido, profundo y duro.

Tomé impulso y recargué mi peso en mis codos, con dificultad veía como su miembro entraba y salía de mí. Mi pene expulsó una cantidad exagerada de líquido pre seminal.

Aproveché para tocar, escupí un poco en mi mano y derechito la bajé hasta mi miembro, me tocaba con la misma velocidad que sus penetraciones.
Las piernas temblaban de puro gusto.

— ¡Oh! — eché mi cabeza hacia atrás, Tom colocó su mano en mi cuello apretando con tanta fuerza, casi no respiraba. Contraje mi entrada sin querer al sentir mi orgasmo a punto de llegar. — ¡Tom..!

— ¡Mierda! — jadeó. Volteó mi cuerpo para ponerme en cuatro. Supe que se se sacó la camisa porque la lanzó en frente de mi. Tom gemía ruidoso apegando su frente a mi cuerpo sudoroso. Estaba cegado, las únicas neuronas que me funcionaban también estaban calentonas por la polla que estaba abusando de mí trasero.

¡No podía hablar !

— Joder. — en el interior sentí como me golpeó, el cuerpo se desestabilizó y me dolió durísimo, en pocas palabras me desgarró. — Bill.

— ¡Sigue! — chillé, que eso no sea  impedimento para seguir haciéndolo, que se siga moviendo como una puta bestia. Estaba gritando sin control.
¡Lo disfrutaba mucho, mucho, muchísimo!

—  ¡Tooom, siiiiiii!

— ¡Toma!

— ¡Agh! — sacudió mi cuerpo con esas nalgadas burras que me daba solo en el glúteo izquierdo. Por la buena cruda que traía esas no las sentí, posiblemente quedarían marcas y no lo recordaría tan bien pero vaya, ¡amo el sexo grosero!  — ¡Maaaás! ¡más!

— Santo Dios… — guío la mano hasta mi boca para meter dos dedos ahí y que yo los chupe como si fuera su miembro. — Bill… ¡mhmm!

— ¡Highjo de… ahgg! — explotaba todo en el sofá, llorando y riendo al mismo tiempo. Sintiendo las babas caer a los lados de mi boca y gran parte por su mano. Las sacó para limpiarse en el sofá y abrazarme por atrás. — ¿Acabaste?

— Sí… — susurró. Casi me molesté por el puto preservativo, así no tiene gracia, no pude sentir si el acabó o no.
Yo quería sentirlo todito adentro pero no era momento para reclamar, estaba agotado. — Billy…

— ¿Mhmm?

— Descansa. — tuve que hacerlo porque sentía mis ojos pesados y de a poco comencé a cerrarlos hasta caer en un sueño profundo.

&

Juro que no más tragos en mi vida, joder… me dolía la cabeza como nunca en la vida.

Abrí los ojos lento y luego me senté en la cama, no sé en qué momento subí a la habitación y menos recuerdo que se haya quedado a dormir conmigo aquí arriba. Que dolor sentía en el culo, en las piernas y gran parte del cuello.

— Mhmm. — se quejaba Tom despertando a mi lado, estiró su brazo lo suficiente para rodear mi cintura y atraerme hacia él. Me acosté con dificultad. Estaba a su lado de espaldas, medio extrañado por su actitud. Tom subió un poco más para recostar su mentón en el hueco que forma mi cuello y el hombro.  — ¿A dónde vas?

— A casa…

— ¿No estás enojado por lo que te dije ayer?

— Ni siquiera lo recuerdo con exactitud…

— Perdóname, ¿sí? créeme que no fue mi intención gritarte y decirte esas cosas feas, Billy.

— Está bien… — besó mi mejilla y entrelazó su mano con la mía. Sonreí con tranquilidad. Amaba despertar con él a su lado. — ¿Qué día es hoy?

— Es jueves, descansamos todos…

— ¿Y los deportes?

— Uhm, empiezan el lunes.

— Ah, está bien… — acariciaba con el pulgar la piel de su mano. Estaba fuera de conocimiento cualquier cosa que haya echo ayer, ojalá no sea alguna estupidez. En media de un silencio volteo a verle el rostro a Tom con una expresión neutral. Ahora que lo pienso siento mucha vergüenza de que me haya visto en ese estado, tan ebrio que tal vez ni podía pararme.

— ¿Qué sucede?

— Nada… tal vez mamá ha de estar preocupada por mí.

— Llámale y dile que estás conmigo, Billy.

— No sé dónde está el móvil… — reí. — Se va a poner histérica si no le aviso.

— Te presto el mío…

— Okay. — estiró la mano hacia la mesita de noche para darme su móvil. Aflojó su agarre de mi cintura para dejarme ir hasta la ventana con la intención de darme privacidad. Craneaba el número de mi madre hasta que vagamente recordé. Al instante contestó pero me apuré en hablar: — Mamá, soy Bill.

— Bill, ¿estás bien?

— Sí, ma…

— ¿Dónde estás?

— Con Tom, quizás me quede todo el día aquí.

— Ah, está bien, cielo. Le mando saludos y cualquier cosa no dudes en llamarme.

— Gracias. — colgué la llamada. Mordí mi labio inferior con fuerza y apreté el móvil en mi mano.
Luego de dar un suspiro voltee para ver a Tom. Mi boca se entreabrió cuando trató de ocultar lo que yo ya había visto. Sin más dejé el teléfono a un lado para cruzarme de brazos y tirarle una sonrisa coqueta.

— ¿Qué dijo?

— ¿Qué estabas haciendo?

— Uhm… hay un dicho que dice… si la vida te da la espalda, tócale las nalgas y como no pude tocarlas me estaba haciendo una paja. — sonrió de lado. — Pero no te preocupes ya se me… — levantó la cobija para revisar. —… bajó.

— ¿No quieres que te masturbe? — solté directo mientras caminaba a la cama y me metía bajo las cobijas.
Quería darle sus buenos días a su amiguito porque podré enojarme con el pero jamás con su entrepierna.

— ¿Cómo debo responder a eso?

— Con un sí o un… ¿sí? — se sonrió. Eso hizo que suspire. Estaba muy linda la vista que tenía desde aquí abajo, podía ver su entrepierna, el abdomen que se le veía bien marcado gracias a la camisa apretada que tenía y el rostro angelical (lagañoso).

— Oye, tampoco me dejas otra alternativa.

— Ah, ¿no quieres?

— Uhm, yo… ¡oye! — no terminó de decir la oración en la cual yo creo que iba a negarse porque empecé a tocar desde la punta hasta la base. — Joder, Bill, quiero resistirme un poco más. — enojado miró al techo y cerró los ojos. Reí divertido por su reacción.

— Hola, precioso, papi va a darte unos cuantos masajes con su boca. — Tom arqueó una ceja, quizás pensando que era muy ridículo pero no, no era con esa intención. — Solo tienes que despertar con estos masajes que te estoy dando. — su intento de resistirse no le estaba funcionando, se estaba poniendo dura y no podía evitarlo. Reí con picardía esta vez quitándome las cobijas de encima. La vista que Tom tenía de mi rostro ahora atragantándose con su pene lo puso mal. Lo ví ponerse muy rojito. Tuvo que recoger mi cabello lacio y espolvoreado hacia atrás para que le dejen tener mejor vista, movió sus caderas simulando una penetración en mi boca.

Su mano izquierda me acariciaba la mejilla con ternura. Se sintió bien porque no estaban frías.

— Ay, tu piel me gusta. — murmura con una sonrisa coqueta. En mi caso seguí haciéndole una mamada más intensa, mi cabeza sube y baja a un ritmo acelerado, sin parar. Era tan buena que le hice poner los pelos de punta. — ¡Ah! mierda… — lamí la puntita, en su abdomen vi como algo se sacudió con fuerza, estaba a punto. — Sí… — mordió su labio inferior. — Que bonitos ojos tienes, Bill. — en el momento que succioné el glande con fuerza, Tom no se contuvo más y explotó. Él lo sacó apresurado de mi boca para que el resto de su esperma me cayera en la cara. — Eres muy ardiente. — respiraba agitado. Yo solo podía observarle muy entusiasmado. Amaba esa imagen sudorosa que tenía de él frente a mis ojos.

— ¿Qué esperas para limpiarme? — dió un salto para levantarse de la cama, fue hasta el baño para traer papel higiénico. Se acercó hasta mi para quitar el líquido que tenía impregnado con suavidad.

— Listo, muy lindo te vez. — asentí con la cabeza en silencio. Este se sentó a mi lado y me besó en la boca, yo creo que con la intención de probar… — Te noto raro, Billy… ¿qué pasó?

— Sigo inquieto por lo de Regina.

— Que Regina y todos se jodan, me interesas tú, por favor… entiende. — acarició con ese toque de dulzura, cerré los ojos disfrutando de sus caricias que tanto me gustan. — Te quiero mucho… no sé cuando ni cómo pasó pero… Tom adora a Bill.

— Mentira. — susurré.

— De verdad, también Tom adora dormir con Bill.

Jum.

Volteo a verlo con los ojos entrecerrados.

— Si Tom adora dormir con Bill… ¿qué le parece a Tom si Bill se queda a dormir con él los fines de semana que tiene libre? Ya Bill lo dijo la otra vez en la casa, espera que está vez no sea una respuesta negativa.

Tom me miró con una sonrisa. Luego algo le impulsó para abrazarme con cuidado de no asfixiarme. No sabía si eso era una respuesta a lo que le acababa de proponer.

— A Tom le gusta la idea, Tom si quiere. — genial, ahora solo me faltaba venir a dejar ropa aquí para marcar territorio definitivamente y llevar ropa suya a mi casa de igual forma pero sin que se de cuenta. — Tengo hambre, ¿vamos a preparar algo? — asentí, con toda la libertad del mundo bajé hasta la sala desnudo.

— ¿Qué tienes? — le pregunté mientras caminaba a la cocina y abría las puertas del refrigerador.

— Todo… ¿qué tienes en mente?

— Un batido de chocolate por el momento…

— Perfecto, lindo, tu haces el batido y yo preparo tostadas con jamón y queso.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 11»

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