Trente quatre 10

Fic de WifesKaulitz

Capítulo 10: Dix

Con rabia hice a un lado las flores junto con el regalo que me estaban entregando y fui hasta Regina. Le separé de MI hombre y le di un golpe en la nariz para poder tomar posesión de él y besarle los labios.
Tom me miraba orgulloso con una sonrisa pero…

todo eso pasó en mi mente.

En la realidad acepto las flores con una sonrisa intacta, lágrimas en los ojos y posaba frente a la cámara mientras nos tomaban las fotos.

Con hipocresía pedí una foto con Judas, le pegué tanto a mi, apretando su cintura y fingía estar emocionado cuando en realidad quería romperle la cara.

Odio a Regina.

— ¡Ahora sí! ¡Continuemos con la fiesta! — salí huyendo del escenario antes de que Tom venga hacia mí con intención de explicar lo que era claro.

Siempre si le gustó esa estúpida y nadie me saca de la cabeza que disfrutó de ese beso tanto como él me hacía disfrutar de los suyos. Al estar lejos por fin agarré el vaso de ponche, le puse una cantidad exagerada de bebida (vodka) y lo tomé así.

Su belleza me duele.

— Bill, no. — regaña Gustav con una expresión de molestia. — Eres la reina del baile, no trates de emborracharte así, niño.

— Déjalo. — dice Georg. — Regina le bajó al galán, ¿o no recuerdas?

— Cierto, Tom dijo estaban saliendo…

— Ajá, ¿también te dijo que Regina es la niña más linda que haya visto, Gustav? no, ¿verdad?

— Recuerdo que contaba con una emoción que contagiaba su alegría, es difícil de creer.

— Cállate. — supliqué en un sollozo ahogado. — Ni siquiera puedo reclamarle porque nunca fuimos ni seremos.

— Que tétrico, si no es así, deja de beber esa mierda adulterada y vamos a otro lugar donde podamos festejar sin que tengas que verle la cara.

— No quiero, Georg. — harto de mezclarlo decidí empezar a tomar el vodka. Lo hice a propósito.

— Okay. — suspira esta vez el rubio quitándome la botella para darle un trago. — Voy a compartir tu dolor…

— Ay, yo también quiero pero no con vodka. Ahí está la barra, vamos a pedir algo con más… gracia.

— Por fin algo digno sale de tu boca, Georg.

Gustav y yo nos burlamos del castaño tomando un rumbo hacia las barras. Mis labios se secaron, no supe decir ni una sola palabra al ver a Andreas como el bartender de la fiesta.

Estaba apenado por rechazarlo así pero ahí mi corazón le pertenecía a otro, ahora es soltero otra vez.

— Señor Kaulitz, que bueno verlo.

— Hola. — sonreí de lado.

— Andreas conoce a todo el mundo. — sonríe Gustav. Mira que entre  Andreas y yo hay como muchas miradas, sonrisas coquetas…

Era guapo, ¿por qué no ir hasta uno de los cubículos?

— Okay, dejemos que este par sigan sonriendo como imbéciles y vamos con el siguiente, ese si que nos va a atender como merecemos, Georg.

— Adiós.

— ¿Sabes? — rompí el silencio posando el codo en la mesa de cristal. — Me recuerdas un poco a Larry del mundo de Gumball, tiene algunos trabajos, eh.

— Quizás soy Larry en caricatura porque si tengo algunos trabajos, Kaulitz.

— Bill, por favor. — sirvió un cóctel, lo llevé a mi boca después de chocar ambas copas y murmurar un «salud». — Hace mucho calor, ¿no quieres ir fuera?

— Me parece bien. — remoja sus labios. A escondidas saca una botella de aguardiente con dos copas de mini shots. Salimos por la puerta trasera del lugar. Sonreí cuando la brisa golpeó en mi rostro, revolviendo mi cabello. Estábamos en un balcón con vista al vacío, miedoso eso sí.

No quería perder tiempo hablando, quería tener acción a pesar de que no se sentiría igual hacer eso con alguien que no es Tom. Me lancé a los labios de Andreas y…

¡Pff!

— Bill.

«Que inoportuno eres, Tom.»

Ni bien iba a empezar. Andreas solo se alejó de mí para tirarme un beso volado e irse. Rodeo los ojos sirviendo del agua ardiente. Estoy muy nervioso de lo que pueda decirme y sé que el alcohol ayudará en parte a lidear con ello.

Nunca fuimos nada.

No es nadie.

Esas palabras las llevaría bien en alto y si es necesario en la frente para para evitar cruzar la línea.

— ¿Qué fue eso?

— ¿Quién? ¿El rubio?

— Sí… — susurra estando de frente. Se arrima en el barandal, sirviéndose una copa. — Estabas por besarle.

— No tiene importancia, un culito que surgió en la noche como pasatiempo, así como… tú… — callé porque el estómago estaba pidiendo auxilio por lo fuerte de la bebida. Terminaría vomitando todo muy pronto. — ¿Qué tal Regina?

— ¿Qué pasa con ella?

— Bueno, hagamos como que no ví que te besó y que te dejaste, no reaccionaste ni nada. — ignoré el millón de insultos que salieron de su boca. Lo que menos quería ahora es que venga a hacerse el loco. Le iba a romper la boca del manotazo dónde se atreva a soltar alguna palabra que trate de ocultar la mierda que me hicieron frente a todos.

— ¿Me odias?

— Imagínate… quería proponerte esta noche que seas mi chico, Tom, pero así se van arruinando las cosas.

— Es muy pronto y acabas de decir que fui tu puto pasatiempo.

— ¡Pero estaba interesado en ti! ¡maldita sea! — su tranquilidad comenzaba a alterar la mía. Apretaba la botella en mi mano, soy capaz de reventarla gracias a la fuerza que comenzaba a salir. Observaba un poco borroso a causa del mareo que tenía. — ¡No tenías que dejarte besar! ¡tampoco decirme que la perra esa era la chica que te gustaba!

— Bill, Regina NO me gusta, que te quede claro.

— ¡Claro que te gusta! ¡por eso te dejaste besar en mi cara!

— ¡Sí! — chilla cabreado. — ¡Me gusta, me encanta, me vuelve loco!

— Ay. — me tapé la boca, dolido. — Tú…

— ¿Entonces por qué carajos preguntaste ese día si después ibas a estar así? — interrumpe. — Diré la verdad, no, no fue una broma, si me GUSTABA, tiempo PASADO. El idiota que vive en mis pensamientos se la pasa preocupado e inseguro de lo que pueda pasar y no sabe aprovechar lo que tiene ahora.

— Ahora no tengo nada porque ya probaste, ¡ya sabes cómo son sus besos!

— Y mira que buscaste una excusa perfecta para ir a buscarte otro que me reemplazara, Billy. — dejé caer la botella, parpadeo lento, avergonzado… — Fue tu maldito error aceptar ser la reina del baile y todo para hacerle ver qué eres mejor que ella, ¿sabes? ahora por eso no va a dejarte en paz y va a venir a molestarme y ¿qué es lo mejor de todo? ¡que voy a saber aprovechar la situación para revolcarme con ella!

Levanté la mano cabreado y le agredí, uno recto en el pómulo izquierdo que le hizo retroceder unos cuantos pasos.

— Eres un idiota, Tom. ¡Estaba enamorado de tí! ¡no podía evitar sentir esa inseguridad si eres un chico guapo! ¡Me pone jodidamente mal porque siento que con el que tienes que probar todo eso es conmigo! ¡AGH!

— Pues pensaste mal. — dijo, con voz grave. Demandante, fuerte y fría. — Siempre Miguel me dijo que era una mala idea asociarme contigo, que pena de no escucharlo y hacerle caso… ahora aguanta lo que va a venir, Bill. Soporta verme al lado de Regina siendo feliz.

Justo en el momento que Tom decide irse yo lo sigo atrás para emborracharme hasta que mi cuerpo no soporte más. Ojalá pudiera odiarte, Tom. En serio me hubiera gustado no toparme contigo ahí en la ducha y hacer todo eso hasta ahora, me siento lastimado, herido…

Aún así te necesito.

— Ya no tomes más. — comenta Andreas besándome en la frente. — Parece que no tienes control…

Ya ni siquiera podía hablar, estaba diciendo cosas incoherentes pero sin parar de sonreír.

— Déjame llevarte hasta tu casa.

— ¡No! — grité dándole un manotazo en la mano que iba a rodear mi cintura. Observo a Andreas como si fuera la cosa más repulsivo del planeta y salí corriendo de su vista hasta salir a la calle. — Tom tiene la culpa de que me sienta así. — buscaba en mi móvil su número de teléfono para llamarlo, necesitaba escucharlo a si sea un rato ya que buscarlo en la fiesta no podía, se había ido.

— ¿Qué pasa, Bill?

«¿Bill y no Billy?»

Lloré como un niño pequeño.

— Mierda, ¿sigues metido en esa puta fiesta?

— ¡Si!

— ¿Por qué lloras así?

— ¡Por tu culpa, Tom! — suspiró estresado. — Estoy en la calle fuera del bar, ¿vas a venir a verme? dime que sí… — sollozo sin dejar de sacar lágrimas.

— Sí, ahorita. — colgó y yo tomé asiento en la acera. No voy a tomar más vodka purito, lo prometo.
Tampoco voy a mezclar las bebidas así a lo loco, me están matando.

— ¡Bill! — llamó Georg caminando con una mujer alta de cabello negro. — ¿Qué haces aquí?

— Ya vienen por mí… — balbuceo.

— Está bien, con cuidado, yo voy a ir con esta dama hacia un lugar más privado.

— Está bien. — se llevó lo que quedaba de la bebida que estábamos tomando y siguió su camino hasta perderse. Mas rato a mi móvil le llegó un mensaje de Tom diciendo que se encontraba cerca y que me haga ver.

Me apoyaba en la pared para poder levantarme, parecía que todo conspira en mi contra ya que estaba por darme un contra el suelo. Lo bueno es que no fue así porque lo vi acercarse a mí a paso rápido ~después de bajarse del taxi~ para sujetarme.

— Tom…

— No hables. — saltaba molesto.

— Pero no me regañes… — estoy mal como para saber si el de la personalidad de ahora es el Tom bueno…

No sé nada.

— Estoy bien cabreado, te juro.

— Es que…

— Solo quedate en silencio y ya. — interrumpió una segunda vez. — Voy a llevarte a casa para que te des un baño y duermas.

— ¿Vas a quedarte conmigo, Tom?

— No.

— Entonces no quiero ir a casa.

— Por dios, deja de comportarte como un niño, Bill.

— Pero así soy.

— Por eso no me gusta liarme con tipos de mi misma edad.

Abrí la boca, ardido.

— Si no te gusta liarte con tipos de tu misma edad, ¿¡para que carajo aceptaste venir a buscarme!?

— Ni yo mismo sé para que lo hice, Bill.

— Déjame aquí. — murmuré. — ¡Ya!

Claro que no iba a ceder a dejarme aquí, me obligó a meterme en el auto para poder irnos hasta su casa. Muy en el fondo mi conciente le agradecía por ir a su departamento, que pena que mi madre me vea en ese estado y en el peor de los casos por culpa del imbécil cuatro ojos que tuvo una jodida discusión.

— Estás mal. — acaricia mi pelo ya casi sudado. El perfecto planchado estaba arruinado por el sudor de estar encerrado en un lugar con un montón de gente. No había nada de aire acondicionado para poder liberar todos los olores que se acumulan ahí.

Buenos y malos.

No se cuanto pasó pero si se que ahora mi cuerpo adormitado es cargado por sus fuertes brazos, no paraba de llorar, lo gracioso de todo es que ya no me salían lagrimas.

— Sí me sentí celoso, lo admito. — me aferré a su cuello para que no me soltara.

— No hablaba en serio. — susurró. — Me dolió que hayas dicho que soy tu pasatiempo.

No le dije nada y cerré los ojos por completo, sintiéndome un imbécil. Caminó hasta que sentí la comodidad de una cama, suspiré encogiendo mis piernas en posición fetal para mantenerme un poco caliente.

— Estás en mi casa, Bill, cualquier cosa que necesites buscame en la sala, yo dormiré ahí. — afirmé con la cabeza. — En el closet hay pijamas abrigadas por si deseas ponerte una.

Salió de la habitación apurado, como pude me levanté hacia el closet para sacar una pijama, era negra con huellas de gatitos. Sin ganas me la puse y salí descalzo por el pasillo.

Estaba acostado en el sofá, tapado con la gorra mientras sus manos posaban sobre su abdomen.

Con temor acaricié sus manos, se levantó de golpe sosteniendo la mía al mismo tiempo que se sentaba,  provocando que la gorra caiga al suelo y sus ojos me miren serios.

— Tom…

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 10»

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