

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif
Capítulo 13 (P.2)
Simone entró a la habitación de Bill a las siete y prendió la luz. —Feliz cumpleaños, mis bebés. Hora de levantarse.
Bill se enterró en su almohada. Levantó la cabeza, adormilado y enojado, cuando ella apagó la música. —Hey, estaba escuchando eso.
—¿Lo dejaron prendido toda la noche? —preguntó Simone.
Dejó caer su cabeza en la almohada. A su lado, Tom se hacía el dormido.
—Si no se levantan ahora no les dará tiempo de bañarse —advirtió su madre.
Gruñó, sentándose con un largo y sufrido suspiro.
—Les prepararé un delicioso desayuno —les propuso.
Gruñó. Seguía enojado por tener que ir al lugar que más odiaba —la escuela— el día de su cumpleaños. Tomaría más que waffles el compensarle. Esperó hasta que su mamá se fue para salir completamente de la cama e ir a ducharse. Despertó a Tom saltando sobre él, todavía mojado. Tom le gritó groserías, y después se levantó para tomar su turno en el baño.
A Bill le gustaba vestirse mejor en su cumpleaños, y tomó mucho tiempo en aplicarse su delineador, acomodarse el pelo y elegir su atuendo. Todavía estaba decidiéndose por su playera cuando Tom entró a su habitación, bañado y vestido.
—¿Vamos a comer? —le dijo, estudiando las playeras que Bill tenía en las manos—. Me gusta la que no tiene mangas.
Bill se la puso y le siguió a la planta baja. Simone había hecho waffles, salchichas y papas fritas. Vasos de jugo de naranja y tazas de café con leche les esperaban también.
—Feliz cumpleaños —les saludó Gordon.
—Gracias —contestaron simultáneamente, tomando sus asientos.
Comieron tanto como pudieron en el poco tiempo que tenían antes de correr para alcanzar el autobús. Simone y Gordon se ofrecieron a llevarlos a donde quisieran para cenar, y después por un helado. Bill se sorprendió por lo fácil que Tom parecía haber olvidado el que les obligaran a ir a la escuela, pero siguió a su hermano. De verdad no quería enojarse en su cumpleaños, especialmente no con aquellos que por lo general eran fantásticos padres.
El camino a la escuela fue como siempre; personas cansadas y resignadas a iniciar una nueva semana. Bill saltó del autobús primero y caminó hacia el edificio de la escuela, mirando atrás con curiosidad cuando Tom le tomó del brazo.
—Por acá —dijo, guiándole a atravesar la calle, lejos de allí. Bill le siguió a la parada de autobuses donde normalmente tomaban el que les llevaba a su lugar de ensayos en el pueblo.
Bill ladeó la cabeza, curioso, a pesar de estar seguro de las intenciones de su hermano.
—No iremos a la escuela en nuestro cumpleaños —confirmó Tom.
Bill sonrió radiante, aferrándose al brazo de Tom agradecido.
—Traje nuestro disco, un par de cigarros y algo de dinero para pedir pizza para el almuerzo —dijo Tom, agitando su bolso.
Bill miró en ambas direcciones, y al no ver a nadie, se dio un rápido beso en los labios. Agradecía tener un hermano mayor tan inteligente. El trayecto en autobús lo hicieron en silencio, no deseando atraer la atención, y corrieron el resto del camino hasta su lugar de prácticas. Tom abrió la puerta y entraron, encerrándose dentro y dejando al resto del mundo fuera.
—¡Yay! —Bill bailó alrededor.
Tom fue directo al estéreo y puso su disco. Estaban obsesionados, ¿pero quién no lo estaría?
Miraron por la colección de comics de Gustav, comieron dulces, y hablaron sin cesar sobre todo y sobre nada. Para dos personas que habían vivido juntas desde el nacimiento, nunca se les acababan los temas de conversación. Era una constante fuente de entretenimiento para ellos y, a veces, una fuente de molestia para los demás.
Hablaron sobre sus futuras giras, a las que estaban seguros irían una vez consiguieran un contrato de grabación. Viajarían por toda Alemania, tocando en estadios y festivales de música. Darían entrevistas, caminarían por alfombras rojas, y ganarían un Comet.
Bill saltó sobre su pequeño escenario de prácticas, puso la mano alrededor de un micrófono invisible y cantó junto con la canción que escuchaba del estéreo. Tom se le unió tocando una guitarra de aire.
—Finge que hay mil personas ahí —dijo Bill, señalando la habitación vacía.
—Cien mil —le recordó Tom.
—Cien mil —repitió Bill. Era difícil imaginarse una multitud tan grande.
—Pero no creo que haya un estadio en Alemania que pueda albergar a cien mil personas —dijo Tom.
—Quizá es un festival al aire libre —dijo Bill.
—De acuerdo —aceptó Tom, regresando a su concierto.
Bill se desplazó por todo el escenario, poniendo un codo en el hombro de Tom, cantándole a su hermano. Tom le miró y sonrió. Bill le sonrió de regreso, todavía cantando, y se deslizó hacia enfrente, intentando pasar. No pudo hacerlo porque el guitarrista le empujó al suelo.
—Hey —Bill hizo un puchero. Tom se rió y se inclinó por un beso. Bill respondió con entusiasmo, y pronto estaban tirando de la ropa del otro—. Hagámoslo en el escenario.
—¿Todo? —preguntó Tom.
—Sí, anda —dijo Bill, quitándose la ropa interior.
—¿Ya no te duele? —revisó Tom.
—Nah, está bien —dijo Bill—. Pero ten cuidado.
—¡De acuerdo! —Tom se puso de pie— Déjame ir por el aceite en mi bolso.
Bill levantó una ceja. —¿Traes aceite en tu bolso?
—Por si acaso —dijo Tom tímidamente. Mientras estaba de pie, tomó la manta que tenían en el sofá y la llevó al escenario. Juntos, la extendieron. No era muy gruesa, pero era mejor que nada.
Bill se recostó en su espalda, piernas abiertas, y jaló a Tom para que se le subiera encima, canturreando contento cuando el mayor introdujo el primer dedo.
—¿De verdad te gusta esto, eh? —le preguntó Tom.
—Me gusta, sí —respondió Bill sin aire—. Me gusta, Tom. Dame más.
Tom lamió un camino hasta la boca de Bill, metiendo ahora dos dedos. Le abrió gradualmente, con cuidado, hasta que Bill comenzó a suplicar.
—Por favor —jadeaba.
Tom entró pocos centímetros, acariciándole el rostro y el cabello y el pecho, cubriéndole con dulces besos. Bill apenas y podía soportar tanta ternura; hacía que su corazón creciera. Cuando Tom estuvo completamente dentro, se detuvo, se miraron a los ojos mientras salía lentamente, casi del todo, y comenzaba una serie de suaves, poco profundas embestidas.
Bill estiraba el cuello, levantando las caderas para buscar el rudo trato que le gustaba. Presionó con una mano la espalda baja de Tom, intentando obligarle a ir más profundo, pero Tom tomó esa mano y la llevó por encima de la cabeza de Bill, deteniéndole ahí. Hizo lo mismo con su otra mano.
La manera en la que Tom giraba las caderas en cada embestida era deliciosa, tanto como los mordiscos y succiones que depositaba a todo lo largo del cuello de Bill. El menor se atragantó en un grito, sus piernas se enredaron en la cintura de su hermano por propia voluntad, cuando Tom golpeó un punto en su interior haciendo que estrellas explotaran tras sus párpados.
—Hazlo de nuevo —demandó, arqueando su cuerpo ansioso. Tom lo intentó, a veces le atinaba y a veces no; eso era suficiente para tener a Bill justo en el borde.
—Casi… —dijo, gritando cuando por fin aumentaron el ritmo—. Sí, sí. ¡Oh, Dios!
—Joder, te voy a follar, te voy a follar —murmuraba Tom, enterrando sus dientes en el hombro del otro—. Te voy a follar, Bill.
—M-me estás follando —jadeó—. Me estás follando, Tom. Fóllame.
Escuchar a Bill decir eso mando a Tom al borde; su agarre en las muñecas del menor se apretó y comenzó a clavar a su hermanito con más velocidad contra el suelo.
—¡Joder! —gritó bruscamente, y se congeló, todavía profundamente enterrado en Bill, estremeciéndose y llegando al máximo. Bill lo sintió: calientes chorros, la calidez extendiéndose; era increíble. Tom colapsó sobre su cuerpo y Bill liberó sus brazos del firme agarre.
Tom estaba haciéndose flácido en su interior; otra nueva sensación, solo que menos placentera. Se entristeció cuando Tom salió de su cuerpo y chilló alarmado cuando algo comenzó a salir de sus entrañas. Como leyendo sus pensamientos, Tom bajó una mano, frotando sus dedos sobre todo el desastre y volviéndolo a meter en su cuerpo.
—Tom —susurró Bill, presionando su erección en el estómago de su hermano.
Tom sacó los dedos y le instó a girarse. Bill se recostó sobre su estómago y se levantó en sus codos, preguntándose qué haría Tom ahora. Las manos del guitarrista separaron sus nalgas. Bill contuvo el aliento preguntándose que haría ahora… Seguro no sería eso, no cuando…
Buscó en qué sostenerse, tomando la manta entre sus puños mientras la lengua de su gemelo probaba su tierno agujero. Su mandíbula se abrió ante lo increíble que era; incluso mejor que la última vez. Quería tocarse, pero no podía moverse. Estaba paralizado a causa del placer. Todo lo que podía hacer era jadear por aire como un pez haría fuera del agua y rogar porque Tom no se detuviera.
Tom presionó la parte plana de su lengua contra la entrada de Bill y lamió hacia arriba de sus nalgas, todo el camino hasta la espalda baja. Bill respiraba con fuerza, temía comenzar a hiperventilar. Las manos de Tom estaban en sus caderas, guiándole a arquear la espalda, a sacar más su trasero al aire. Bill sostuvo su peso en sus rodillas para adquirir el ángulo que Tom deseaba. Gritó cuando Tom succionó su pequeño agujerito rosado, lamiéndolo después.
Quería la polla de Tom otra vez, mucho. Deseaba que volviera a clavársela, profundo. Sabía que se vendría si tan sólo obtuviera una caricia más dentro. Sintió a Tom levantarse en sus rodillas a su espalda y miró hacia atrás, esperanzado, canturreando triunfante cuando encontró a Tom erecto. El mayor alejó sus manos y se posicionó en su entrada, y Bill estaba tan listo, tan hambriento y agradecido por ello, que se estremeció y se corrió a la primera gloriosa embestida que Tom dio con su carne dentro de su húmedo agujero.
Estaba temblando, aturdido mientras Tom se enterraba en su interior. Tom le abrazó el pecho, acomodándole para unir sus cuerpos con cuidado hasta que se colocaron de lado, abrazados. Bill recargó su cabeza en un brazo y abrió las piernas un poco, poniéndose cómodo en su posición. Estaba guiándose por sus instintos, en las nubes, dócil. Una mano de Tom estaba sobre su estómago, manteniéndole en su lugar, y Bill puso un brazo sobre el de Tom, entrelazando los dedos. El hecho de que pudieran sentirse el uno al otro de ese modo era alucinante. Juntos eran mágicos, imparables, una fuerza de la naturaleza. Bill observó la habitación vacía, imaginando una multitud cantando, salvajes de adoración. Mil, cien mil, quinientos mil fans, tantos como el ojo humano pudiera ver.
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Bill nunca había probado una pizza mejor, probablemente porque ahora mismo se moría de hambre. Ambos lo estaban, por lo que ordenaron una pizza extra grande. Y ya más de la mitad se habían comido.
—Pásame una servilleta —dijo, muy adolorido como para inclinarse y agarrar una pro sí mismo. Tom tenía un porro y un encendedor esperando para ayudarle con las molestias, pero Bill quería comer primero.
—Toma —dijo Tom, extendiéndosela—. ¿Quieres otra rebanada?
—Sí —respondió, dándole su plato.
—Tenemos que tomar el autobús en un par de horas —dijo Tom, y Bill podía escuchar la preocupación en su voz.
—Estoy bien —dijo—. No es tan malo. Es sólo que me gusta darte órdenes.
Tom resopló, cerrando la caja de pizza. —No más para ti.
—¡Oye! —Bill frunció el ceño, fingiendo.
—Ven por ella —le dijo Tom.
—¡Se supone que tú haces todo por mí! Soy tu hermano menor —dijo Bill—. Te necesito.
—¿Me necesitas? —repitió Tom, suavizando sus gestos. Le sirvió a Bill otra rebanada—. Sí, supongo que me necesitas. Eres demasiado retardado como para valerte por ti mismo.
Bill rodó los ojos, pero intentó imaginarse su vida sin Tom. No pudo. Cada parte de su existencia era la vida de Tom también. Cada problema, cada bendición, cada fracaso y cada éxito les pertenecía a ambos de igual manera. Estaría completamente indefenso sin Tom ahí a su lado; no tenía idea de cómo navegar en su vida sin su co-capitán.
—¿Qué hay de ti? —espetó, y Tom le miró por sobre su comida, confundido—. ¿Dónde crees que estarías sin mi?
—En ninguna parte —respondió Tom con sinceridad—. No estaría en ninguna parte sin ti.
F I N
Notas finales de la Autora: De verdad quiero agradecer a todas las personas que dejaron comentarios, por su amabilidad y su invaluable apoyo. Hice mi mejor esfuerzo en terminar esto bien para ustedes. Espero les haya gustado.
¡Es extraño terminar esta historia! Me divertí mucho escribiéndola y extrañaré “salir a pasear” con los jovencitos Bill y Tom. Hubo muchas fuentes de inspiración para este fic; videos de TH, entrevistas y fotos. Por ejemplo, este extracto del Blog Oficial de Tom:
04.10.2009 Bill y yo solíamos ir a nadar por las noches y escabullirnos en las piscinas con nuestros amigos. Bill —torpe como él solo— se lastimó una mano una vez en una cerca, se cayó en el lodo y desde entonces tiene una piedrita negra bajo la piel… ¡Todavía puedes sentirá y verla! 😀
Siempre creí que era una historia muy tierna y quería incluirla en el fic (n_n)
Notas finales de la Traductora: ¡Hemos terminado! Mi historia de Puberto! Bill y Puberto! Tom favorita por fin está completa en español, hahahaha. Espero les haya gustado tanto como a mí.
Les agradezco, una vez más, a todos por los comentarios, buenos deseos y incluso regaños que me ofrecieron. También, gracias a mcpofife por permitirme compartir su maravilloso fic con todo el público hispano parlante.
¡Y seguiremos viéndonos, señores! ¡Aquí tenemos Analí para rato! xDDDD
Me encanto que linda
Awww 🥹 no puedo creer que ya la termine ✨🤧 me gustó el final, aunque no lo esperaba tan pronto, me gustó mucho , gracias por compartirla🌹