Thirteen 7

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif

Capítulo 7

Simone había cocinado en enormes cantidades celebrando que los chicos por fin tenían algo de tiempo libre. Habían trabajado las dos pasadas semanas preparándose para su primera entrevista en televisión. Grabaron un pequeño documental, que los mostraba fingiendo hacer sus tareas de todos los días, como comprar ropa y provisiones, cocinar, dormir e incluso asearse en el baño de su departamento. Peter también les había hecho tocar un tema acústico y responder algunas preguntas sobre la banda. Todo había salido muy bien, y Bill estaba ansioso por mostrarles a todos su copia del programa.

La cinta también le había sido dada al reportero que había accedido a entrevistarlos, y extractos de ella se incluían en la trasmisión de esa noche. Eran unos cuantos minutos en un reportaje de un canal local, pero Bill estaba eufórico. Era un paso más cerca de la fama de verdad. Era la primera vez que aparecían en televisión como una banda; con sólo una breve mención de su paso por Star Search.

Gustav, Georg  y Franz se habían quedado a cenar para poder ver la entrevista juntos, cuando fuera trasmitida en el noticiero de la tarde. Estuvieron en completo silencio mirándola, pero tan pronto terminó, estallaron en vítores. Simone la grabó, y la vieron tres veces más antes de que Franz anunciara que debían irse. El teléfono sonó sin parar por el siguiente par de horas, con amigos y familiares llamando para felicitarlos. Cuando todo se tranquilizó, los gemelos vieron la entrevista muchas veces más, analizándola hasta el hastío, pero luego Tom se fue a la cama. Bill arrastró a su mamá y a Gordon de regreso a la sala y los hizo ver la entrevista con él. Eventualmente, ambos adultos comenzaron a bostezar y, con muchos abrazos y besos de felicitación, le dieron las buenas noches.

Consideró hablarle a Andreas, pero lo que en realidad quería era a alguien con quien desahogarse en persona. Lo que de verdad quería era a Tom. Subió saltando las escaleras, feliz cuando vio un rayo de luz bajo la puerta de Tom. Eso significaba que la lámpara de noche estaba encendida, lo que a su vez indicaba que el mayor aún no estaba dormido. Bill irrumpió sin molestarse en tocar, retrocediendo cuando Tom gritó y se revolvió en su cama.

Le tomó un minuto darse cuenta de por qué Tom estaba rojo y le gritaba. —Oh, Dios mío, —dijo sonriendo. —¿Te estabas masturbando?

—¡CIERRA LA BOOCA!, —espetó Tom. —¡LÁRGATE DE AQUÍ! —Se aproximó a gran velocidad con la clara intención de sacarlo a empujones.

Bill se agachó y se hizo a un lado, carcajeándose mientras evadía el agarre de su hermano. Saltó sobre la cama, corriendo hacia un lado y hacia otro evadiendo a Tom que lo perseguía. El de rastas lo fulminaba con la mirada, exigiéndole: —¡Lárgate de mi habitación, imbécil!

—Lo qué digas, ¡Cara de Pene! Deberías avisarme cuando tengas una cita con Palmita y sus cinco hermanitas, —ululó Bill. —Deberías advertirme de que vas a lijar tu palito. Deberías decirme que vas a tocar tu flauta de piel… ¡Aah!

Finalmente Tom logró atraparlo y lo bajó bruscamente de la cama. Bill cayó en el suelo con un ruido sordo, demasiado ocupado en levantarse como para ver a Tom encima de su cuerpo. Eso fue hasta que el mayor le atrapó ambas muñecas con una mano y con la le retorcía un pezón bajo su playera. —Owww, ¡ow, joder! Está bien, está bien, ¡lo siento! Suéltame, —gritó Bill, tratando de retorcerse lejos de la mano que apretaba su pezón sin compasión.

—No hasta que aprendas la lección, —le dijo Tom sombrío, cambiando de pezón.

Bill logró liberar sus  manos, pero Tom las volvió a atrapar bruscamente. —En serio, detente, —imploró Bill, su espalda arqueándose de dolor.

—En serio, detente, —imitó Tom. —Joder, nunca tocas la puerta. Ya no somos niños, estúpido. No puedes entrar cuando tú quieras.

—Porque podrías estar asfixiando a tu pollito, —Bill no pudo evitar la burla, y apretó sus ojos cerrados mientras se preparaba a sí mismo a recibir un castigo peor.

Que para su sorpresa, nunca llegó. Cuando el silencio se prolongó demasiado, había una tensión extraña en el aire; una tensión nueva. Tom habló, con una peculiar, baja voz, —Sí, tal vez.

Bill abrió la boca para replicar, pero se detuvo cuando escuchó el susurro de tela. Sintió que su playera era alzada hasta sus axilas, exponiendo su torso entero. —¿Tom? —murmuró, aún sin abrir los ojos. Después le llegaron sonidos que eran familiares y aterrorizantes a la vez. Familiares porque los había escuchado muchas veces antes; aterrorizantes porque sólo los había oído cuando estaba solo. Era el sonido de piel contra piel. El sonido de suaves gruñidos y saliva siendo usada como lubricante.

Esto no estaba pasando en lo absoluto. Bill imaginaba cosas. Los sonidos debían ser algo más, porque lo que pensaba justo en ese momento era imposible. No había forma de que…

Entonces lo sintió. Sintió la resbaladiza cabeza de la polla de su hermano contra su estómago. Jadeó, sus ojos abriéndose abruptamente, y rápidamente mirando la escena frente a sus ojos. Tom encima de su cuerpo, jadeando, con los pantalones abajo. Gotas de sudor formándose en sus sientes mientras su brazo trabajaba, y la mirada de Bill siguió los músculos flexionándose en la extremidad de su gemelo hasta que vio lo que ya podía sentir: a Tom acariciándose; a Tom frotando la cabeza de su pene contra el vientre de Bill.

Los pezones de Bill estaban expuestos, rojos por el reciente abuso, y su estómago subía y bajaba al ritmo de su respiración. Observó sin palabras. No se le ocurrió luchar o pedirle a Tom que se detuviera. No se le ocurrió gritar por sus padres. Se sintió confundido, desconcertado, pero no asustado. Tom deslizó su miembro hasta la mitad del pecho del menor, dejando un rastro pegajoso. Se hizo hacia arriba para poder rozar uno de los pezones de Bill, luego el otro. Las sensaciones que causaba… eran nada que el menor hubiese conocido.

Hasta entonces, Tom mantenía su atención firmemente estancada en sus propias acciones. Cuando sus ojos se movieron hacia la boca de Bill, el menor chilló. Tom dudó, pareciendo contemplar su siguiente movimiento. Soltó su pene y cubrió la boca de Bill con su mano. No era necesario hablar, Bill sabía lo que le pedía. Juntó saliva y lamió la palma de su gemelo. Se sentía salada, extraño pero no repugnante. Tom alejó su mano y volvió a acariciarse a sí mismo, esta vez más rápido. Bill podía sentir la mirada de su hermano en su rostro y levantó los ojos, sus miradas por fin encontrándose.

De pronto notó su propia erección. No sabía cuándo había pasado, pero no le sorprendía. Esta era la situación más sexual en la que había estado, aún cuando era con su propio hermano. La respiración de Tom se volvió más fuerte, su brazo se movía sin parar, y Bill sabía lo que estaba a punto de pasar. Cerró los ojos anticipándolo y se lamió los labios, nervioso. Escuchó a Tom gritar al mismo tiempo que calientes chorros golpeaban su cuello y barbilla. Un poco había caído en su boca y cerró firmemente los labios, no queriendo que algo entrase.

Por un minuto, fue como si el mundo se detuviese. Se quedó ahí recostado, escuchando sus respiraciones. Entonces sintió que Tom se levantaba, y después escuchó agitada actividad, pero no se atrevió a dar un vistazo hasta que la puerta estuvo cerrada y él a solas. Se sentó y se limpió con su playera. Estaba pegajoso y quería deshacerse de la sensación. Caminó hacia la puerta con cuidado y presionó su oído contra la madera. Escuchó que alguien abría el grifo del lavabo y luego lo cerraba, la puerta del baño abriéndose y a Tom bajando las escaleras. Fue sólo entonces que Bill se arriesgó a entrar al baño, mojar rápidamente una toalla pequeña y llevarla hacia su habitación.

&

Se removió inquieto toda la noche, durmiéndose muy cerca del amanecer y despertando pasadas las tres de la tarde. Estaba comiendo cereal cuando su madre le preguntó, —¿Dónde está Tom?

—No sé, —murmuró, mirando su desayuno. Se sentía culpable, como si ella pudiese saber lo que los gemelos habían hecho con tan sólo mirarle.

—No lo he visto en todo el día, —dijo ella. —¿No te dijo algo?

—Dios, mamá, no sé, —espetó. —¿Qué soy, su vocero?

—Cuida lo que dices, —respondió ella, dándole una Mirada de Madre.

—Lo siento, —dijo en voz baja.

Simone se sentó en la silla a su lado. —¿Pelearon anoche?

Se puso rígido. —No.

—Se han estado llevando muy bien desde que viven en el departamento, ¿no es cierto? Menos peleas hasta ahora. Sé que ha sido un año difícil para ambos, pero…

—Mamá, por favor, —suplicó.

La mujer dejó de hablar, pero todavía podía sentirla estudiándole. Se deslizó hacia abajo en su silla. —Está bien, —le concedió. —Pero si quieres hablar…

Lo sé, —dijo Bill, agregando con un gruñido. —Gracias.

—Entonces, ¿cuáles son tus planes para hoy? —preguntó, habiendo sido obligada a cambiar el tema.

—Um, Andreas y yo iremos a casa de Erich.

—Has estado yendo ahí mucho últimamente, —puntualizó Simone.

El menor soltó un gruñido, sin afirmarlo o negarlo.

—Creí que era un amigo de Tom. ¿A Tom no le importa que estés ahí también?

Soltó la cuchara dentro de su cereal, unas cuantas gotas de leche salpicando. —Sólo porque es amigo de Tom no significa que le pertenezca a mi hermano. De todos modos, le agrado más que Tom.

—Está bien, caray. Sólo fue una pregunta. —La mujer se levantó. —¿A qué hora llegarás a casa?

—Probablemente pase la noche en casa de Andreas. Apenas tengo tiempo de verlo, —dijo, a pesar de que el principal motivo que tenía era evadir a Tom un poco más.

—Asegúrate de regresar antes de que Franz venga mañana. No quieres hacerla esperar a que…

Mamá, —se quejó.

—Bien, bien, —sonrió Simone. —Voy a llamarle a tu hermano.

&

—…puedo creer que haya dormido ahí, —terminó Andreas.

—Lo siento, ¿qué? —dijo Bill. Había estado distraído toda la noche, siendo apenas capaz de mantener una conversación con alguien en la fiesta. Estaba al filo de la navaja, preguntándose si su hermano iría, y que debería hacer cuando lo viera. ¿Ir a algún lugar para hablar a solas? ¿Fingir que nada sucedió?

—La Libre, —repitió Andreas. —No puedo creer que Tom se haya quedado ahí anoche.

—¿Eso hizo? —La Libre era una casa abandonada donde algunos de los nuevos amigos de Tom se reunían, incluyendo a Wolfie. Era un refugio para punks que no se bañaban, quienes le habían conectado electricidad y la usaban como un lugar para consumir drogas, beber cerveza barata y quedarse cuando peleaban con sus padres. Bill nunca había estado ahí y particularmente, no tenía la intención de ir. Se veía sucia y peligrosa, como si estuviera llena de ratas e insectos y se pudiese derrumbar en cualquier momento.

—Eso fue lo que me escribió en un mensaje, —dijo Andreas. —Se va a quedar ahí hoy también.

Aún tan nervioso como Bill estaba por verlo, no quería que Tom se quedara en ese cuchitril. —¿Por qué quiere quedarse ahí? Ese lugar es asqueroso.

—No lo sé, ¿por qué es idiota? —el rubio se encogió de hombros. —Está con Wolfie, así que ¿a quién le importa?

Bill se mordió los labios, intentando no preocuparse por su hermano.

Andreas le dio un suave codazo. —Estará bien.

—Lo sé, —dijo Bill, aún no muy convencido. Ante la expresión en el rostro del otro, el pelinegro terminó de un trago su ron con Coca Cola y dijo: —Bien, es tiempo de otra ronda.

—¡Ese es el espíritu! —lo animó Andreas. Estaban en la sala del piso superior de la casa de Erich, así que bajaron las escaleras para llegar a la cocina. Después de rellenar sus vasos, se dirigieron al patio trasero. Bill notó entonces una figura familiar.

—Hey, —dijo. —Conozco a esa chica.

—¿A cuál? —Andreas siguió su mirada. —Es muy linda. ¿Cómo es que la conoces?

—Es amiga de mi prima Emily, —respondió Bill. —Vamos a saludarla.

Cuando le tocó el hombro a la chica, ella se giró, su rostro iluminándose. —¡Vaya, qué agradable es encontrarte aquí!

Bill le presentó a Andreas, y después dijo, —No sabía que conocías a Erich.

—¿Erich? —dijo Johanna confundida.

—Esta es su casa, —le explicó Bill. —Erich está en medio de un torneo de futbolito, en el piso superior.

—¡Oh! —se rió la chica. —No lo conozco, en realidad. Vine aquí con Max Althoff. ¿Lo conoces?

Negó con la cabeza. —¿Es tu novio?

—No, yo no tengo de esos, —le respondió ella, dándole una mirada coqueta.

—Bueno, —Andreas sonrió ampliamente. —Voy a… ir a… hacer algo. Encuéntrame cuando estés listo para irnos.

—De acuerdo, —dijo Bill lentamente. Andreas alzó las cejas juguetón mientras se alejaba. Bill lo miró como si estuviera loco.

Johanna miró a Bill a través de sus pestañas. —Me decepcionó un poco que no me llamaras.

—He estado muy ocupado con la banda, —dijo incómodo.

—Lo supuse. Te vi en televisión anoche, —dijo ella, golpeándolo ligeramente con un brazo. —No puedo creer que tengas tu propio departamento.

—Sí, es genial, —respondió.

Max, el amigo de Johanna, regresó de donde sea que estuviese y los invitó a la cocina a tomar unos Lemon Drop Shots[1]. Bill tenía un gusto particular por esas bebidas porque sabían muy dulce. Tomó unos cuantos, aceptando más cada vez que Max preparaba otra ronda, hasta que se les acabaron los limones.

—Vamos a fumar, —alguien sugirió, y Max y el resto de los jóvenes en la cocina salieron. Bill no tenía interés en seguirlos. Johanna decidió quedarse también.

Ella estaba innecesariamente muy cerca de Bill. —¿Qué otras habitaciones hay, además de las salas?

—Uh… ¿los baños? —respondió.

La chica se acercó aún más y lo jaló un poco por la playera. —¿Me enseñas?

—Mmm bien, —dijo, apunto de tropezar con sus propios pies al empujar el banco en el que estaba recargado. La guió por el largo corredor. —Um, esta es la habitación principal. Tiene un baño, pero hay un cachorrito ahí.

—Aw, ¿un cachorrito? —dijo emocionada. —¡Vamos a verlo!

—Oh… de acuerdo. —Le tomó un minuto pelear para que el pomo de la puerta funcionara propiamente, y una vez que lo hizo, rápidamente entró y se desplomó en la cama. Intentó no pensar en lo que había hecho la última vez que estuvo en ese lugar.

—Es una habitación muy linda, —dijo Johanna, cerrando la puerta. —¿Está bien si apago la luz?

—Seguro, —contestó Bill, pensando en que se quedaría dormido si no había luz, pero no importándole.

La habitación se oscureció, y las mantas se estiraron cuando Johanna se recostó a su lado. —¿Bill?

—¿Sí?

—¿Quieres besarme? —susurró ella.

—¿Ahora? —Estaba muy cansado.

—Sí.

Suspiró, debatiendo si valía la pena o no levantarse. Antes de que pudiera decidirse, ella se puso de lado, se inclinó hacia enfrente y lo besó en la barbilla. Se removió en la oscuridad para quitar su cabello del camino y encontrar sus labios. Ella le acariciaba una mejilla, lo que era agradable. Su mano era delicada y suave. Los besos eran… simples. Bill nunca había entendido el gusto de dos bocas frotándose juntas. Quizá las chicas que él había besado, que no eran muchas, eran todas malísimas en ello.

Consideraba alejarla cuando de pronto las luces se encendieron. Se alejaron de un salto, y una vez los ojos de Bill se ajustaron a la luz, vio a Erich en la puerta, su rostro pálido de la sorpresa.

Continuará…

[1] Lemon Drop shots.

La verdad, no tengo traducción a esta bebida. Lo más cercano sería “Limonazos” XDDD. Se prepara con limones (jugo y ralladura) como ingrediente ‘principal’, se le agrega vodka, hielo y algún endulzante, que va desde azúcar, granadina, otro licor dulce, jugo de frutas, entre otros ingredientes. Se sirve en vasos tequileros.

En México, tienen similitud con los Muppets, que son tequila, limón y sal. No saben dulce, pero me atrevo a decir que ambas bebidas, Lemon Drop shots y Muppets, son fuertes y embriagan rápidamente.

Igual, aquí la imagen explicativa XDD

 Notas de la Autora: ¡Los comentarios son apreciados!

Encuesta al lector: Algunas personas me han mencionado que les gusta Erich. Claro, este fic es Tom/Bill, pero me gustaría tomar sus sentimientos en consideración también.

Eres del Equipo:

(1)   ¡Tom para siempre!

(2)   ¡Erich para siempre!

(3)   ¿Por qué Bill no puede tener a ambos?

Tu opinión cuenta y afectará el siguiente capítulo, así que hagan ruido ^_^

por Analif

Traductora del Fandom

2 comentario en “Thirteen 7”

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