Advertencia: La clasificación de esta historia incluye el uso de drogas en este capítulo. ¡DI NO A LAS DROGAS!

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif

Capítulo 6

–¿Así que tienes una fiesta cada fin de semana? –preguntó Bill mientras se deshacía de su lata vacía. Estaban solos en la cocina, pero tenía que levantar la voz para poder ser escuchado por sobre el ruido que venía de la sala.

–Normalmente, sí –respondió Erich–. Tengo amigos que son lo suficientemente mayores para comprar alcohol y padres que me dan una exagerada mesada para calmar la culpa que sienten por estar siempre fuera de la ciudad. ¿Tú no harías lo mismo?

Bill negó con la cabeza. –Creo que me hartaría de tener tanta gente a mi alrededor todo el tiempo. Tampoco quisiera limpiar el desastre que queda… y me preocuparía que destruyeran la casa.

–Me gusta tener gente alrededor. –Erich sacó una cerveza para cada uno del refrigerador–. De otra manera, aquí se siente muy vacío.

Bill pensó  en cuán solitario sería vivir básicamente solo en tan enorme casa. Si sólo Erich tuviera un hermano gemelo que le hiciera compañía…

–A veces destruyen cosas –admitió Erich acercándose para poder bajar la voz y extenderle una cerveza–. ¿Viste lo que pasó aquí el fin de semana pasado?

Bill abrió la lata, mirando alrededor del lugar buscando algún daño visible. –No. Estaba aquí, pero no noté nada.

–Aventaron un vaso contra la pared y se rompió regando vidrios por todos lados. Creo que alguien se emborrachó y se alocó. No sé, nadie vio quién lo hizo, –dijo Erich, guiando el camino hacia el patrio trasero.

Bill tragó, recordando que había peleado con Tom en la cocina y el estruendo que escuchó mientras se alejaba. –¿Era un vaso muy costoso? ¿Cómo una herencia familiar o algo así?

Erich lo miró extrañado, manteniendo la puerta de atrás abierta para que pasara. –No, era un vaso común para beber. No es un gran problema; un pequeño sacrificio para el dios de las fiestas.

–Nunca dejas que algo te moleste, ¿verdad? –dijo Bill, saliendo.

–¡Nope! –Erich le rodeó los hombros con un brazo mientras hacían su camino para unirse a la multitud de chicos donde Andreas se encontraba–. La vida es demasiado corta; no hay tiempo para preocuparse por las pequeñas cosas. Ahora bien, tú… por un lado, eres completamente optimista e inocente, lo cuál me encanta. Pero por el otro lado, dejas que la menor de las pequeñeces te moleste. Deberías aceptar que nada ni nadie es perfecto –incluyéndote.

–No puedo evitarlo –clamó Bill–. Soy perfeccionista por naturaleza. Tengo estándares muy altos y soy controlador compulsivo. También Tom.

–Es por eso que pelean tanto: son dos tipos de la misma clase, –dijo Erich.

Bill soltó una risita. –Bueno, duh.

–Qué mal que no son del tipo hippie-paz-y-amor. Si fuera así, nunca pelearían, –bromeó Erich.

–Probablemente pelearíamos sobre quién es más pacífico amoroso, –dijo Bill, sarcástico.

–Pelearían por sacos para patear e incienso, –dijo Erich.

–Y por quién abraza más árboles, –agregó Bill.

Rieron.

–¡Hey, tú! –Andreas saludó contento, cuando llegó a su lado–. ¿Dónde estuvieron escondiéndose?

–Acabo de llegar hace quince minutos. Mi mamá me obligó a limpiar mi habitación antes de salir, –dijo Bill.

–¡Sí, ajá! Seguramente estuviste saltando por todos lados probándote millones de atuendos, –le acusó Andreas, bromista.

–No, en serio. Mi mamá trató de obligarme a hacerlo ayer tan luego llegué a casa. Totalmente estúpido, –se quejó Bill–. Apenas tengo tiempo libre y ella quiere que lo gaste limpiando. Digo, llevo desde la mitad del viernes, todo el sábado, pero el domingo en la tarde-

–No pienses en eso ahora, –dijo Andreas–. De todos modos, suena genial para mí. Tienes tu propio departamento y eso. Eres como un músico de verdad.

–Siempre fui un músico de verdad, –contestó Bill ofendido, aunque internamente coincidía con ello–. Es completamente genial; no me estoy quejando del trabajo. Es sólo que es horrible regresar después de vivir por mi cuenta, de poder hacer lo que quiera cuando quiera, y que mi madre me obligue a limpiar mi habitación.

–Bueno, una vez que seas famoso, podrás pagar a alguien para que limpie tu habitación, –se burló Erich.

–Una vez que seamos famosos, vamos a andar en tours por todo el mundo y sin parar, y viviremos en hoteles, –dijo Bill–. Y no importará si hacemos mucho desastre, porque ahí habrá gente que limpie.

–¿Tours por todo el mundo y sin parar? Planeas ser una gran estrella, eh –dijo Erich, sonriendo indulgente.

Bill sólo asintió y le dio un sorbo a su cerveza. Erich no lo entendía. Bill no quería ser una estrella; quería ser un universo entero. Georg y Gustav lo entendían, porque ellos también lo sentían así. Quizá no en el mismo grado de necesidad, pero sí compartían su ambición por volver famosa su banda. Nada los detendría. Si una puerta se les cerraba en la cara, abrirían otra. Si eso no funcionaba, entonces romperían una ventana. Bill estaría en las portadas de las revistas algún día, llueva, truene o relampaguee[1]. Caminaría por alfombras rojas. Saludaría a sus fans. Multitudes corearían su nombre. Sólo pensar en ello, en que anhelaba –moría por ello, lo hacía sentir que su piel le apretaba.

Sólo Tom verdaderamente lo entendía. Sólo Tom amaba ser el foco de atención tanto como Bill, o al menos se acercaba.

–Hey, ¿quieres droga? –Andreas le puso un pequeño envase de plástico en la mano.

–¿Qué es esto? –preguntó Bill–. ¿Gelatina?

–Es un golpe de gelatina[2] –dijo Andreas, llevándose su propio envase a la boca–. Lo envuelves con tu lengua así, –le mostró–, y luego te lo pasas.

Bill lo hizo, su cara contorsionándose por el sabor de la “gelatina” y del vodka barato. –¡Ugh, qué asco!

–Te acostumbras, –le aseguró Andreas, pasándole otro.

&

Erich abrazaba a una chica, Bill no recordaba su nombre, que estaba completamente ida. Balbuceaba algo acerca de su ex novio y cómo ella se iba a ir a casa con él pero no iban a acostarse juntos. –¡No me dejes follarlo! ¡Lo haré! ¡Aah! ¡Sólo bromeo! –la chica era algo escalofriante. Al final, ella le puso algo en la mano a Erich y se despidió.

–Es muy agradable cuando está sobria, –le dijo Erich cuando vio la expresión de Bill–. Y, hey, me dio esto. –Le extendió un porro–. ¿Quieres que vayamos a fumarlo?

Bill había probado la marihuana muchas veces; incluso con cerveza, pero nunca la había mezclada con licor. –Me va a dar sueño, –dijo Bill preocupada.

–Nah, estarás bien, –Erich le restó importancia–. Vamos.

–Está bien, –aceptó, jalando a Andreas de la manga para atraer su atención e invitarlo. El trío atravesó la casa hasta llegar a la cochera, el área destinada para fumar. Justo llegaban a la puerta cuando esta se abrió, y un pequeño grupo de chicos salió del lugar. Wolfie y Tom estaban entre ellos. Bill se erizó, esperando el usual sermón de que no debería estar ahí, bla, bla, bla.

Tom lo miró dos veces, parpadeando con sus ojos inyectados en sangre como si pensara que estaba imaginando cosas. –¿Bill?

–¿Sí? –preguntó con cuidado.

–Biiiill, –canturreó–. Bill… ¿vas a entrar ahí, Bill? Bill, ¿vas a fumar? ¿Bill?

–Sí, –contestó el menor–. Deja de decir mi nombre.

–De acuerdo, –le respondió Tom decidido–. Iré contigo, no te preocupes, Bill.

–No estoy preocupado. No tienes que venir conmigo, –protestó, pero esperó a que Tom le dijera a Wolfie que la vería más tarde. Los cuatro chicos entraron a la cochera llena de humo y cerraron la puerta.

Los gemelos se sentaron contra la pared, Erich y Andreas tomaron lugar frente a ellos. Prendieron el cigarro y fumaron por un rato, debatiendo qué videojuego era mejor: Halo o Grand Theft Auto. Bill no decía mucho. Él prefería Super Mario Bros.

Dejó que su mente vagara, pensando en los dibujos animados de los Ositos de Gomita. Amaba ese programa. Desearía estarlo viendo… mientras comía ositos de gomita. ¡Ositos de gomita rellenos de jugo de gomi-moras! ¡Y entonces podría saltar en un pie por todos lados! ¡Salta! ¡Salta! Salta, salta-salta-salta–

–¿Quieres que te de un disparo? –le preguntó Erich, interrumpiendo su fantasía.

–¿Qué? –respondió.

–No puede, –Tom respondió por Bill–. Ya sabes, gérmenes. Está grabando; no puede enfermarse ahora.

–Oh, –Erich lucía decepcionado.

–¿Un arma? –preguntó Bill a nadie en particular.

Andreas se puso de pie de repente. –¡Joder, tengo hambre! ¡Joder…! Sí. Nos vemos.

–¡Espera! –le llamó Bill, un par de segundos tarde. Andreas ya se había ido–. Oh, no, –dijo con tristeza–. Tengo sed. Se suponía que Andreas me iba a traer una bebida pero ni siquiera lo sabe.

–Yo iré, –se ofreció Erich–. Igual tengo que ir a mear.

Una vez a solas, Tom le dijo. –Ven aquí. Yo te daré un disparo.

–Primero dime lo que es, –inquirió Bill.

–Te lo mostraré. Inhala cuando te lo diga, ¿de acuerdo? –Tom puso un extremo del cigarrillo en su boca y le indicó a Bill que se acercara. Cuando no se movió, Tom le tomó de la barbilla y lo guió su boca al otro extremo. Sus labios estaban muy cerca, sólo separados por centímetros. Los dedos de Tom le apretaban a Bill la mandíbula, y el menor inhaló cuando Tom sopló, forzando el humo a entrar hasta los pulmones de Bill. [3]

Tom se volvió a sentar, quitando el porro de los labios de Bill y dándole una calada. Cuando el pelinegro finalmente exhaló, de golpe tuvo una sensación de ligereza total–. ¿Eso es un disparo?

Tom asintió. –Esa es una forma de hacerlo.

–Muéstrame la otra manera.

Tom lo miró de arriba abajo. –¿Mostrarte?

–Sí, –respondió, acercándose a su hermano.

Tom lo alejó de un empujón. –Sólo te digo cómo es.

–¿Por qué? –Bill hizo un puchero. Vio que su estrategia funcionaba, así que amplificó el factor de ternura inclinando la cabeza hacia un lado y batiendo las pestañas–. ¿Por favor?

–Um, –Tom dirigió la vista hacia la puerta cerrada–. Está bien, sí. Ven… aquí.

Bill se acercó triunfante y esperó por instrucciones.

–Sólo… –Tom le tomó por la barbilla de nuevo, inclinando su cabeza un poquito–. Abre la boca, –le indicó en voz baja.

Bill lo hizo, mirando con interés mientras Tom tomaba una larga calada del cigarrillo. Sus ojos se abrieron de par en par cuando Tom juntó sus bocas abiertas, presionándolas. Le tomó un momento notar que su mandíbula estaba siendo apretada. Obedientemente, inhaló el humo que Tom exhalaba en su boca.

Tom dejó de soplar, y Bill cerró la boca, pero ninguno se alejó. –Mantenlo, –indicó Tom, sus labios frotándose mientras hablaban. Sus miradas se encontraron, y Bill podía sentir sus latidos retumbar en sus oídos.

La puerta se abrió de repente, haciendo que Tom se alejara de un salto y Bill se atragantara por la sorpresa. Sus ojos se aguaron al toser. –Hey, parece que llegué justo a tiempo, –dijo Erich, ofreciéndole una cerveza.

Bill la tomó agradecido, tratando de no ahogarse.

–¿Estás bien? –Erich tomó la lata vacía una vez que Bill la terminó–. Andreas tiene algo de pizza. ¿Tienes hambre?

Tom alejó el cigarrillo de su boca. Se levantó, evitando hacer contacto visual con su hermano y le extendió el porro a Erich.

–Toma. Voy a… buscar a mi novia.

Bill observó a su hermano irse. –Vamos, –le apuró Erich, ofreciéndole una mano. Bill la tomó y se puso de pie.

–¿Estás bien? –quiso comprobar Erich–. ¿Fumaste demasiado?

Bill negó con la cabeza. –Estoy bien.

En lugar de ir a la cocina, Erich lo llevó a la habitación de sus padres para visitar a Baxter. En realidad, Bill no estaba en condiciones de jugar con un cachorrito, pero parecía que no podía hacer que su boca funcionara lo suficiente para hablar. Estaba aliviado cuando vio la cama de los padres de Erich. No desperdició el tiempo y se sentó en la orilla de las sábanas, recostándose. El techo le daba vueltas. Definitivamente, Bill se sentía muy drogado, o ebrio, o alguna combinación de ambos.

Erich regresó del baño con Bax en sus brazos. Se sentó al lado de Bill en la cama. –¿Puedo preguntarte algo?

Bill no respondió. No podía. Había una horrible presión subiendo por su garganta.

–Me siento como un idiota preguntando esto, pero… ¿tú…? quiero decir…

Bill cerró los ojos, intentando concentrarse en Baxter lamiendo su mano e ignorando la forma en que su estómago se revolvía.

–Sabes que me gustas. –Erich seguía hablando–. Creo que es muy obvio, ¿cierto? Pero no puedo decir si… quiero decir, no sé si no te importa cuando coqueteo contigo o si te gusta… ¿Te gusto como amigo o puedes vernos como… no sé, como algo más?

Bill sintió que iba a hipar. No podía dejar que eso sucediera. Tenía que aguantar.

–¿Bill?

Baxter saltó sobre su estómago. Bill se sentó, hipó, y vomitó sobre todas las mantas.

El perro comenzó a comer de ahí.

Continuará… 

[1] ‘Llueva, truene o relampaguee’ = Pase lo que pase.

Lamento si no en todo el mundo conocen la frase, pero no encontré alguna otra que se acercara a lo que el texto quería decir.

[2] Golpe de Gelatina (en inglés, Jell-O shot). No sé mucho de drogas, la verdad, lo más cercano que he probado es el Red Bull XDD

Pero bueno, haciendo algo de investigación, los Jell-O shots son drogas sintéticas preparadas en casa que tienen consistencia de gelatina. Sus ingredientes principales son la cafeína o la taurina.

Aquí hay una imagen, para que puedan apreciarlas.

[3] Disparo (en inglés ‘shotgun’). Espero la descripción haya quedado clara. Sino, aquí una imagen explicativa.

Y para los que se preguntan, no, tampoco he probado la marihuana. ^^

¡DI NO A LAS DROGAS!

Notas de la Autora: ¡Los comentarios son apreciados! Recuerden, ¡cada vez que dejan un comentario, Bill va a una dulcería! Y cada vez que se van sin comentar, se le terminan los Skittles 6_6.

Notas de la Traductora: Pero bueno, yo los quiero y les traigo un capítulo más de este divertido fic. Y para los que preguntan, por fin en el próximo capítulo sale el primer ‘roce’ entre los gemelos. Aunque si a mí me lo preguntan, no es un ‘roce’, es más que eso 😉  Ah, y también hay algo de het. Lo sé, lo sé… iuck XDDDD

por Analif

Traductora del Fandom

Un comentario en «Thirteen 6»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!