

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif
Capítulo 5
El clima soleado calentaba el auto y ponía a los chicos dentro demasiado cómodos para su propio bien. En el asiento del copiloto, Gustav roncaba suavemente. Atrás, Georg y Tom dormitaban. Sólo Bill seguía despierto. Su celular sonó, indicando que acababa de recibir un mensaje, y lo deslizó para abrirlo. Era de Erich.
“¿A qué hora llegan? No olvides que hay fiesta en mi casa mañana. Por favor ven, ¡tengo siglos sin verte!”
Les echó un vistazo a Georg y Tom, asegurándose que seguían dormidos, y puso su teléfono de tal forma que no pudieran ver la pantalla, por si las dudas.
“Salimos hace una hora, así que nos faltan dos más de camino. Ha sido menos de una semana… ¡no siglos! :D”
Ni un minuto después, su teléfono sonó de nuevo.
“Se siente como si fueran siglos 🙁 Desearía que vinieras esta noche pero sé que comerás con tu tía por su cumpleaños. ¡Andi viene mañana, deberías venir también! Te extrañamos… especialmente yo ;)”
Sonrió y escribió su respuesta.
“¡Bien, bien, deja de molestarme! ¡Sólo bromeo! Claro que iré. ¡Necesito un DESCANSO! Amo trabajar pero es agotador”
Erich escribió de regreso.
“Te gusta cuando te molesto ;P Está bien, te dejaré en paz… ¡POR AHORA! 😉 Llámame más tarde, si puedes… No llamaste ayer. ¡¡Sé que estás ocupado, pero hecho de menos tu linda voz!!”
Bill le contestó un “está bien” y cerró su teléfono, guardándolo en su bolsillo. No había visto a Erich desde el domingo pasado, cuando el mayor había asistido a su ensayo. El lunes, la banda recibió una llamada de los productores con los que trabajaban, Peter, David y Pat. Sus vacaciones de verano, explicó Peter, eran la oportunidad perfecta para grabar a tiempo completo. Se les pidió a los chicos mudarse al departamento que estaba arriba de su estudio.
El resto del día lunes lo pasaron empacando y afinando detalles con sus padres. El martes la hermana de Gustav, Franzsiska, los llevó a su primera semana de trabajo. Había accedido a pasar por ellos los domingos, llevarlos a su estudio, y recogerlos todos los viernes por el resto del verano. Le pagaban la gasolina, por supuesto, pero aún así eran doce horas a la semana en la carretera que Franzsiska iba a pasar gracias a la bondad de su corazón. Bill le aseguró que una vez fueran estrellas de rock, ricos y famosos, obtendría entradas gratis para todos sus increíbles conciertos.
Franz tenía diecinueve años, era callada y tranquila, pero muy agradable y siempre encontrabas cosas divertidas en su bolso, como sombra para ojos o esmalte para uñas. Bill abrió sus manos, admirando la pintura negra con brillantes que Franzsiska le había ayudado a aplicarse esa mañana. La cabeza de Tom cayó en el hombro de Bill y el menor escuchó un suave resoplido. Bajó la mirada y vio que su hermano había despertado y que miraba de soslayo su manicura. Levantó el hombro un poquito, empujando a su hermano, interrogante.
– ¿Por qué? – murmuró Tom soñoliento.
– Es lindo – susurró, golpeándole el rostro. – Lindo Bill, lindo Bill.
– Lindo Bill – repitió Tom, apoderándose de una de sus manos. Le mordió una uña. Bill soltó un quejido y trató de liberarse. Tom no lo permitió, bajando sus manos entrelazadas hacia su regazo y cerrando los ojos de nuevo. Bill descansó la cabeza sobre la de su hermano y se la pasó dormitando el resto del camino.
&
Tan luego llegaron a casa, Simone les ordenó limpiar sus habitaciones, bañarse y vestirse con algo decente. – Aw, mamá – gimoteó Tom. – Danos un descanso. Acabamos de atravesar la maldita puerta.
– ¿Y por qué tenemos que limpiar nuestras habitaciones? No es como si alguien subiese las escaleras alguna vez – se quejó Bill.
Simone dejó de limpiar la mesa y colocó ambas manos sobre sus caderas. – Dejaron sus recámaras hechas un desastre. Sólo vayan a recoger las cosas del suelo y háganlas lucir decentes.
– Vístanse con algo decente, hagan lucir sus habitaciones decentes – la imitó Bill. – ¿Por qué te obsesiona la decencia cada vez que tenemos visitas? Ni siquiera tenemos algo decente.
– Sí, deje mi tuxedo en Hamburgo – se burló Tom.
– No tengo tiempo para su rutina de comedia – dijo Simone. – Sólo faltan tres horas y todavía tengo que lavar la ropa y terminar la cena. Necesito que ustedes, pequeños pilluelos, se bañen ahora para que haya agua caliente cuando yo lo haga más tarde. Ahora piérdanse, antes de que los obligue a ayudarme a limpiar.
Eso hizo desaparecer a los chicos de ahí. Bill se dirigió a su habitación y se dejó caer en su cama con un gemido. De verdad era un desastre ahí y no estaba de humor para hacer algo remotamente productivo. Todo lo que quería era relajarse y disfrutar su fin de semana. Le alegraba tener una cena familiar, porque podría descansar, comer en enormes cantidades y dormir a sus anchas.
Gustav era alguien madrugador, pero los demás odiaban despertarse, así que los días de trabajo en Hamburgo no comenzaban sino pasado el medio día, y terminaban alrededor de la una o dos de la madrugada. Era un ciclo sin fin de ordenar comida para llevar, ensayar, trabajar en el nuevo material y aprender nuevas habilidades, como posar en fotografías.
Eran carismáticos por naturaleza, les aseguró Pat, pero había ciertos movimientos que podrían emplear para lucir más refinados. Peter fingía hacerles entrevistas, preguntándoles cosas que responderían en el futuro, aconsejándoles nunca ser groseros con un reportero, incluso si el entrevistador era rudo primero. – Hay muchos idiotas que lo serán sólo para obtener una reacción de ustedes – les advirtió.
Los hombres habían escrito nuevas canciones, muchas basadas en la poesía y letras de la carpeta de Bill. El pelinegro siempre había estado orgulloso de sus propias canciones; era extraño que otros las hicieran por él. Aún así, no podía negar que eran buenas y que se sentía identificado con ellas. Tom le consolaba diciendo que las canciones eran escritas especialmente para él, así que aún eran sus canciones. Sin embargo, Bill estaba dispuesto a cantar el diccionario si eso significaba que podría ser una estrella.
Aún no habían peleas en la banda, porque era la primera semana y seguían emocionados por tener su propio departamento. Georg se había quejado cuando Tom y Bill pidieron las camas individuales, dejándolo a él y a Gustav el tener que compartir la cama matrimonial, pero en realidad no había insistido en el asunto. De todas formas, a Gustav no le importaba, lo que explicaba por qué Bill se hizo de la vista gorda cuando el rubio se terminó sus caramelos de gomita sin pedirlos primero. Definitivamente, no era fácil actuar como adulto.
Tocaron su puerta y la voz de Tom se escuchó. – Tu turno.
Reticente, Bill se levantó para darse un baño.
&
– Es viernes trece – se dio cuenta Bill, mientras estaba con su gemelo en la sala viendo televisión, esperando la llegada de los invitados. Había un maratón de películas de terror en honor a la fecha.
– Jason vendrá por ti – le asustó Tom sin levantar la mirada de la pantalla de su celular.
– ¿Saldrás esta noche? No me dejes solo con Emily – le pidió Bill, refiriéndose a su prima. Era un año mayor que ellos y odiosa como mil demonios. – Quédate a ver películas de terror conmigo.
– Emily da más miedo que Jason – dijo Tom. Bill le puso ojitos de cachorro hasta que su hermano cedió. – Supongo que estoy algo cansado, así que…
– ¡Sí! – bailó el menor por toda la sala. – Quizá Andi pueda venir cuando todo mundo se vaya.
Tom lo miró divertido. – Puede ser.
– Le preguntaré a mamá – dijo Bill, saltando para encontrarla.
&
La comida estuvo deliciosa y el pastel para su tía aún más. Todo mundo estaba de buen humor, y Emily había llevando a una amiga, así que eso la mantenía ocupada. Los adultos estaban en la cocina, bebiendo café y lavando los platos, y los niños seguían en el comedor disfrutando el postre. Se estaba volviendo una noche muy divertida hasta que la amiga de Emily, Johanna, dijo. – Yo voté por ti.
– Bill. Te está hablando – le indicó Emily.
– ¿Hmm? – preguntó el pelinegro, concentrado en su segunda rebanada de pastel.
– Cuando estuviste en Star Search, yo voté por ti – repitió tímidamente evitando su mirada. – Eras genial.
– Oh, gracias – respondió, estudiando el rostro de la chica por primera vez. Era linda en la dulce manera que a Bill le gustaban las chicas. Su cabello castaño se veía brillante y limpio.
– ¿Todavía cantas? – le preguntó.
– Sí, en nuestra banda – respondió Bill. Se había asegurado de que las cámaras de Star Search documentaran sus ensayos con Devilish, y ello había desencadenado en que Peter, en equipo con David y Pat, los descubrieran.
– Oh, cierto. Creí que la habías dejado cuando entraste a Star Search – dijo ella.
– Lo hizo – interrumpió Tom.
– ¡No es cierto! – Bill le dirigió una mala mirada a su hermano. – Siempre estuve en la banda; sólo que me fui por un tiempo.
– Si hubieras ganado… – comenzó Tom.
– ¡Si hubiera ganado, todavía estaría en el grupo! Deja de decir estupideces – dijo Bill. Después se dirigió a Johanna. – Lo hice por la banda.
– Excepto que nadie en la banda quería que lo hicieras – refutó Tom, levantándose y caminando hacia la cocina con su plato sucio.
Bill rodó los ojos. – Ignora a mi gemelo malvado.
Johanna soltó una risita. – Sólo está celoso de que eres más sexy que él.
Bill se ruborizó. Nadie lo había llamado sexy antes. Lindo, adorable, tierno –obtenía esos calificativos todo el tiempo. – Tú también eres sexy – respondió, saboreando las palabras en su boca.
– Ew, ¿podrían parar? – dijo Emily. – Estoy tratando de comer.
Johanna le sonrió y Bill le sonrió de vuelta.
– ¿Te gustan las películas de terror? – preguntó el pelinegro. – Hay un maratón de Viernes 13 en la televisión.
Ella negó vehementemente con la cabeza. – ¡No las soporto! Tendré pesadillas.
– No seas una gallina – dijo Emily. – Esas películas ni siquiera dan miedo.
– Está bien – se rindió la otra, mirando de soslayo a Bill, coqueta. – Pero tendrás que sentarte a mi lado en caso de que me asuste.
Su estómago dio un tirón. Las chicas usualmente le decían ese tipo de cosas a Tom, no a él. – Levantaré todo esto y las veré en la sala – y recogió los platos. Se sorprendió al encontrar solamente adultos en la cocina. –¿Dónde está Tom?
Gordon le respondió. – Salió.
– ¿Adónde fue? – Bill miró por la ventana de la puerta trasera.
– Con sus amigos – dijo Simone. – ¿Andreas va a venir? Deberías llamarle antes de que sea más tarde.
– Nah, olvídalo. Estoy cansado. Lo veré mañana – dijo abatido. – Buenas noches.
Besó a su tía y a su tío y se encaminó hacia las escaleras. Las chicas lo notaron y le llamaron. – Um, estoy algo cansado. Creo que me iré a dormir.
– Pero se suponía que protegerías a Jo del hombre del costal – le recordó Emily.
Dudó, y Johanna dijo. – No, si estás cansado está bien. Ya será en otra ocasión – levantó su teléfono, así que intercambiaron números antes que Bill se escabullese a su habitación.
&
Estaba en su cama, mensajeándose con Erich y con Andreas y escuchando Nena en su iPod, cuando escuchó que abrían la puerta principal. Se quitó los audífonos, oyendo con atención los pasos de Tom. Cuando la puerta frente a la suya se cerró, mandó un mensaje:
“Tengo miedo”
Esperó cinco minutos sin respuesta. Miró hacia la ventana malhumorado, sintiéndose abandonado. Bien podría ser huérfano. Su puerta se abrió, y su cabeza se levantó, sintiendo su corazón elevarse aliviado cuando vio a Tom de pie ahí. Abrió sus mantas, invitándole.
– Gallina – le acusó Tom en voz baja, deslizándose a su lado.
– Ajá – aceptó, mirando a su hermano con enormes, felices ojos.
– Si Jason entra, me matará primero, así que no te preocupes. Duérmete – Tom se giró dándole la espalda.
Bill arrugó la frente, insatisfecho. Buscó el hombro de su hermano y lo jaló hasta que el mayor quedó acostado de espaldas. Entonces Bill se pegó a su cuerpo.
– ¿Dónde estabas? – preguntó.
– Sólo… salí por un rato – dijo Tom, en un tono que Bill no pudo interpretar.
No hace mucho tiempo Tom nunca abandonaría a su hermano, mucho menos para salir con sus tontos amigos. Ese era el antiguo Tom. Bill no pudo evitar pensar con esperanza que quizá el viejo Tom se había ido también por un rato, y que algún día regresaría.
Continuará…
Notas de la Autora: ¡Los comentarios son apreciados! Recuerden, cada vez que dejan un mensaje, Georg se pone ropa interior limpia. Y cada vez que se van sin comentar, el castaño voltea su ropa sucia al revés y se la vuelve a poner 6_6
Para su información, en este momento del fic, Devilish está trabajando en “Schrei” con Peter Hoffman, Patrick Benzner y David Jost, ¡pero aún no tienen un contrato de grabación!
Notas de la Traductora: ¡Jajajajaja! Hey, no queremos que Georg se ponga la misma ropa interior, ¿verdad? XDDDD
Ay no , comento porque pobrecito esos calzones hediondos jajaja por cierto, a cómo dijo Billito, este Tom me confunde