Notas de la traductora: Las aventuras de los gemelos ebrios continúan.

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif

Capítulo 3

Bill bajó corriendo las escaleras y atravesó el recibidor, recargándose contra la pared con la cabeza entre sus manos. Saltó cuando escuchó que le llamaban por su nombre. Erich estaba parado al final del pasillo, tres cervezas sostenidas con un brazo. – ¿Me estabas buscando?

– No – dijo Bill. – Yo sólo…

– Estaba revisando a Baxter – dijo Erich. – ¿Quieres saludarlo?

– Oh, seguro – Bill lo siguió hasta la recámara principal. – De verdad tienes una linda casa.

– Gracias – respondió Erich, abriendo la puerta del baño. El cachorro salió corriendo, ladrando emocionado. Bill soltó una carcajada y se sentó en el suelo para poder abrazarlo. Erich se sentó también, acariciando al perro en el regazo de Bill. – Le agradas.

Bill sonrió. – Es adorable.

– Tú también – dijo Erich.

Bill agachó la cabeza para esconder la manera en que sus mejillas se estaban coloreando. Le encantaba recibir halagos. – Gracias.

– ¿Tienes novia?

Bill negó con la cabeza, dejando que el cachorro lamiera su nariz.

– Apuesto a que un montón de chicas andan tras de ti.

Bill alejó su cabeza para que Baxter no lamiera su boca. – Nah, les gusta más Tom.

– Tú eres más lindo que Tom.

Bill lo miró por el rabillo del ojo. – ¿Tú crees?

– Definitivamente – le aseguró Erich. – Tus ojos, tu cabello, todo. No se ven para nada igual.

Bill se erizó ante eso. – Somos idénticos.

– No, lo sé. Sólo que tú eres mejor. Eres como que la versión tierna – dijo Erich. – El más lindo.

Bill soltó una carcajada. – Eres la segunda persona que me llama lindo esta noche. Quizá Tom tenga razón.

– ¿Sobre qué?

– Dice que parezco una niña – dijo Bill, acariciando el estómago del perrito.

– Claro que no – respondió Erich. – ¿Sabes por qué?

– ¿Por qué? – preguntó Bill, alzando la mirada cuando Erich no contestó inmediatamente. Se estremeció cuando se dio cuenta de qué tan cerca estaban sus rostros.

– Porque a mí no me gustan las niñas – dijo Erich en voz baja. – Pero me gustas tú.

Bill tragó. – ¿De verdad?

– Sí, de verdad… – susurró Erich, acercándose aún más.

Bill entró en pánico, se puso de pie tan rápidamente que el cachorro se asustó y saltó fuera de sus brazos.

– Lo siento – Erich se levantó también. Era unas buenas cuatro pulgadas más alto que Bill. Era guapo, de ojos azules y líneas marcadas. Bill no lo conocía mucho, sabía que tenía un perro, luces moradas en el cabello, que sus padres se ausentaban frecuentemente, y que aparentemente era gay.

– ¿Cuántos años tienes? – preguntó Bill abruptamente.

– Cumpliré dieciséis en agosto – Erich se sentó en la cama de sus padres, abriendo una de las cervezas. – ¿Quieres una? Se calentarán si no nos las tomamos.

– Gracias – Bill la aceptó, abriéndola y mirándolo tímidamente. – ¿Estabas intentando besarme?

Erich rió un poco, tomando un largo trago de su propia cerveza. – Lo intentaba, sí.

– Hmm… – Bill miró alrededor, acariciando al cachorrito con sus pies.

Bebieron en silencio por un par de minutos. – Estás en una banda, ¿cierto?

Bill se iluminó al instante. – Sí, vamos a ser famosos. Estamos trabajando en nuestro primer álbum.

Erich lucía divertido. – Ahora todo lo que necesitan es un contrato de grabación.

– Bueno, debes tener un álbum antes de que te acerques a las compañías. Grabamos en Hamburgo con nuestro propio equipo de productores – contó Bill.

Los ojos de Erich se abrieron sorprendidos. – ¿En serio? Tom nunca mencionó todo eso.

– ¿Qué es lo que ha dicho? – preguntó Bill cuidadosamente.

– Que toca guitarra en una banda y que su hermano gemelo es el cantante.

Bill tomó un enorme trago de cerveza y eructó. – ¿Qué más dijo de mí?

Erich palmeó la cama. – Siéntate.

Bill levantó al perrito con un brazo y se sentó a su lado. – Dime.

– No lo sé – Erich terminó su cerveza y abrió la tercera y última. – Que eres menor que él. Y que eres un muy buen cantante.

Su vientre se sentía cálido. Se preguntó si era producto del alcohol. – ¿Dijo eso?

Erich le dio un codazo. – Me gustaría escucharte alguna vez.

– Ensayamos un montón – dijo Bill. – Casi todos los días. Puedes venir a vernos si quieres.

Erich parecía complacido por la invitación. – ¿Van a ensayar mañana?

– Um, sí. En nuestro estudio. Puedes llegar ahí o a mí casa a las dos de la tarde, de ahí nos vamos – ofreció Bill.

– Bien, genial. ¿A las dos? Bien. Sí, estaré ahí – dijo Erich. – ¿Quieres otra cerveza? – Bill ya estaba un poco bebido, pero asintió e hizo amago de levantarse. Erich lo detuvo. – No, yo voy por ellas. Tú espera aquí con Bax.

Bill observó a Erich salir, cerrando la puerta tras él. Miró alrededor por la habitación. Era grande, algo elegante, y se sintió fuera de lugar. Entonces recordó que había olvidado completamente a Andreas. – ¡Mierda! – se levantó y puso al perrito en el baño. – Nos vemos luego – le dijo.

Revisó en la sala del piso superior primero, después en la de la primera planta pero no tuvo suerte. Estaba a punto de ir a mirar la cochera cuando alguien lo jaló desde atrás con tanta fuerza que casi se cae sobre su trasero. Se giró para encontrar a su gemelo fulminándolo con la mirada. – ¿Adónde diablos fuiste?

– A ningún lugar – respondió. – Me estás lastimando.

Tom le soltó el brazo pero no se alejó. – Te fuiste.

– No me fui – sostuvo Bill. – Estuve aquí todo el tiempo. ¿Has visto a Andreas?

– Está en el patio trasero – dijo Tom. – ¿Entonces dónde estabas? Revisé los baños.

– En la recámara principal – respondió Bill. – Voy a buscar a Andreas. Adiós.

Tom le siguió, implacable. – ¿Por qué estabas en una recámara? ¿Te sientes mal?

Bill tropezó y Tom lo tomó del brazo otra vez, esta vez ayudándole. Bill estaba algo mareado y la atención prestada por su gemelo le hizo sonreír. Se inclinó, arrugó la nariz y declaró – ¡No, me siento genial!

Tom le sonrió. Abrió la boca para decir algo pero antes de que lo hiciera, Erich apareció y le extendió a Bill una cerveza. – ¡Aquí estás! ¿Por qué te fuiste?

– Tengo que encontrar a Andi – le dijo Bill, gritando cuando las uñas de Tom se le clavaron en la piel. – Ow, ¿qué coño?

– Hey, ten cuidado – amonestó Erich gentilmente, poniendo un brazo alrededor de Bill, salvándolo del agarre de Tom.

Tom parecía a punto de sermonearlo. Trató de tomar la muñeca de Bill pero el menor no lo dejó. – Necesito hablar contigo – le dijo entre dientes apretados.

– No – se negó Bill, derramando cerveza por su mentó mientras tomaba. – Sólo me vas a gritar. Quiero ir al patio trasero.

– Necesito decirte algo. Es importante – dijo Tom duramente.

– Amigo, relájate – dijo Erich, guiado a Bill hacia la puerta trasera. – Es una fiesta.

– ¡Sí, relájate! – Bill le enseñó la lengua. Dejó que Erich lo llevara fuera y que le ayudara a encontrar a Andreas entre la multitud de adolescentes ahí.

– Gracias por olvidarte de mí – se quejó Andreas, pero no lo decía en serio. Lucía ebrio y alegre.

– Lo siento – se rió Bill, inclinando la cabeza como saludo cuando Erich lo presentó ante todo mundo. Se estaba divirtiendo, riéndose por cualquier tontería que Andreas balbuceaba, pero podía sentir a alguien observándolo. Miró sobre su hombro y encontró a Tom viéndole desde el otro lado. Wolfie estaba junto a él, colgada de Tom; lucía como si quisiera engatusarlo. Bill no podía escuchar lo que ella decía, pero podía verla besando insistentemente el rostro de Tom y señalando la puerta de entrada a la casa.

Andreas notó hacia dónde miraba Bill y soltó – Me alegra que podamos salir los tres esta noche.

– Lo que digas – Bill se encogió de hombros. – Necesito otra cerveza – cuando se movió, Erich se ofreció a proveérsela, pero Bill negó con la cabeza. – No, ya lo has hecho toda la noche. Es mi turno.

– No me molesta – dijo Erich.

– A mí tampoco – replicó alegremente. – Andi, ¿quieres una?

– Sí – respondió Andreas distraído, extendiendo un cigarrillo que había estado disfrutando hacia una chica con la que estaba hablando sobre pintarse el cabello.

Bill hizo su camino hacia la casa, gruñendo cuando se dio cuenta de que Tom estaba sobre sus talones. – Si odias estar tanto conmigo, ¿por qué sigues molestándome?

– Acompáñame al baño – demandó Tom.

– No quiero – replicó Bill.

– Necesito hablar contigo en privado – Tom sonaba frustrado.

– ¿A quién le importa eso? – Bill tomó tres cervezas del refrigerador.

Tom lo arrinconó contra la barra de la cocina. – Se supone que debes escucharme.

Bill resopló. – ¿Por qué debería hacerlo?

– Soy tu hermano mayor. Intento cuidarte – insistió Tom.

– Oh, cuidarme – se rió ácidamente. – Intentas deshacerte de mí. Sólo estás preocupado porque te avergüence frente a tus amigos. Esta es la casa de Erich y él me quiere aquí, así que no importa lo que pienses. Ahora, fuera de mi camino.

Tom no le cedió el paso. – Aléjate de Erich.

Bill rodó los ojos y trató de empujarlo para pasar. Tom le empujó de vuelta hasta que Bill gritó, golpeándose contra la orilla de la barra dolorosamente. – Lo digo en serio. Él… – Tom revisó sobre su hombro para asegurarse de que estaban solos y bajó su voz hasta convertirla en un susurro. – Es gay.

– No, duh – respondió Bill exasperado. – Deja de apachurrarme, loco estúpido. Voy a tener moretones por toda la espalda.

Tom dio un paso hacia atrás, frunciendo el ceño cuando Bill pasó a su lado. – Será mejor que tengas cuidado. Joder, es probable que esté enamorado de ti.

– ¿Y qué con eso? – desafió Bill. – Deja de acosarme, maldita sea. Es espeluznante – escuchó un estrepitoso sonido mientras salía de la cocina. Su primer instinto fue girarse y asegurarse de que Tom no estuviera lastimado, pero no se lo permitió a sí mismo.

&

Varias horas más tarde, fuera de la fiesta y contento de estar en casa, Bill estaba en su cama con un gigantesco vaso de agua y una bolsa de galletas sobre su regazo. Sus pantalones, zapatos y uno de sus calcetines estaban regados por todo el suelo. Casi se atraganta con una galleta de mantequilla cuando Tom abrió la puerta.

– ¿Puedo entrar?

Bill estaba demasiado ocupado tomando agua como para contestar. Se sorprendió cuando Tom agregó – ¿Por favor?

– Claro – graznó Bill, colocando el vaso vacío sobre su mesita de noche y haciéndose a un lado para hacerle espacio a Tom cuando se sentó a su lado. Le extendió una galleta y Tom abrió la boca. Bill rió y lo alimentó. Tom sonrió, acercándose más. Olía a alcohol y cigarro.

Tom se removió, quitando la bolsa de galletas del regazo de Bill para poder recostar su cabeza ahí. Abrió la boca pidiendo otra galleta y Bill obedeció. – Estás siendo tierno – le dijo Bill.

– Tú estás siendo más tierno – retrucó Tom, pellizcándole la nariz. Bill la arrugó, y Tom lo pellizcó de nuevo.

– To-mi – se quejó.

– Bil-li – le imitó Tom. Con un dedo le picó el estómago, el punto donde tenía más cosquillas.

– Tom, nooo – chilló, tratando de alejarse. Tom se le subió encima, atacando sus axilas. – To-o-om – jadeó por aire. – ¡No puedo respirar!

– Sí puedes – dijo Tom, acomodándole el pelo hacia atrás y tomándole el rostro entre sus manos.

Bill jadeó, radiante. – Me gustas cuando eres así de dulce.

Tom lo estaba estudiando, sus ojos brumosos y cansados pero curiosamente atentos. – ¿Te gusto?

Bill se mordió el labio mientras Tom le acariciaba el cuello. – Sí…

Tom le besó el cuello, y Bill se estremeció. – ¿Puedo dormir aquí esta noche?

– ¿Hmm? – Bill examinó su cama. – Tiramos las galletas.

– No me importa – masculló Tom, deslizando sus brazos bajo Bill y acurrucándose contra él como si fuera un oso de peluche gigante.

– Está bien – Bill suspiró, abrazando a su hermano de vuelta y cerrando los ojos.

Continuará…

Notas de la Autora: ¡Los comentarios son apreciados! Recuerden, cada vez que dejan un comentario, ¡un Jumbie obtiene sus alas! Y cada vez que no dejan comentario, un Jumbie se atasca en las vigas (;_;)

Notas de la Traductora: ¡Jajajajaja! Ya saben, si no quieren que un pobre Jumbie sufra, dejen comentarios XDDDDD

por Analif

Traductora del Fandom

3 comentario en “Thirteen 3”

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