
«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif
Capítulo 2
Bill pasó una gran cantidad de tiempo decidiendo que podría ponerse para molestar lo más posible a su hermano. Se quedó con una playera que había dejado de usar el año pasado, era ajustada y negra con una gran rosa roja derramando sangre al frente. Tom pensaba que era ridícula. Eligió sus jeans más desgarrados, un largo corte arriba de uno de los bolsillos traseros exponía su ropa interior y Tom le gritaba cada vez que los usaba en público. Se puso demasiados accesorios, se aplicó delineador con mano pesada e incluso se puso un poco de sombra brillante tonificando su piel que encontró en la bolsa de maquillaje de su madre. Se alació el flequillo y dejó el resto de su cabello ondulado –el estilo que Tom nunca fallaba en llamar de niña.
Andreas apenas lo miró y Bill comenzó a preocuparse hasta que llegaron a la casa de Erich. – ¿Es demasiado?
– ¿Qué? – Andreas preguntó, sus ojos puestos en la banqueta.
– ¿Cómo me veo? – aclaró.
– Oh, um – murmuró Andreas. – Te ves… bien. No sé. Lindo.
– ¿Me veo lindo? – Bill estaba extremadamente complacido con la idea. – Bien.
Andreas se rió entre dientes y se adelantó para abrirle la puerta. – Las damas primero – se burló. El chiste no molestó a Bill de la manera en que lo hubiera hecho si lo dijera Tom.
Eran los chicos más jóvenes en la fiesta, por como se veían las cosas, pero Bill ya estaba acostumbrado. Esquivaron latas de cerveza y deambularon por ahí, mirando la casa. Andreas ya había estado ahí antes, pero Bill no. – ¿Dónde están sus padres?
– Siempre están fuera de la ciudad – respondió Andreas. – Hay un futbolito en la sala del piso superior. Vamos por otra cerveza y después a jugar.
El futbolito estaba rodeado por una pequeña multitud mirando el juego en turno. Andreas retó al ganador. Bill quería verlo mientras esperaba, pero eventualmente se aburrió y fue a sentarse en el sofá. Erich estaba ahí. – ¡Hey, Bill!
– Hey – contestó, sentándose a su lado. – ¿Dónde está tu cachorro?
– Baxter está en la habitación de mis padres. No quería que tanta gente lo asustara – Erich le sonrió, así que Bill sonrió de vuelta. – Me alegra que hayas podido venir.
– Sí, pude hacer un hueco en mi apretada agenda – bromeó.
Erich soltó una carcajada. – Genial – se sentaron en silencio por un rato, Bill concentrándose en beber y en no retorcerse bajo la mirada de Erich. – ¿Cómo es que nunca habías venido?
– Nunca me has invitado – respondió Bill francamente.
– Le dije a Tom que te trajera alguna vez – protestó Erich.
Bill mantuvo la mirada en su cerveza. – Sí, bueno, él me odia.
– ¿Quién podría odiarte? – preguntó Erich, el tono en su voz era uno que Bill sólo había escuchado ser empleado por las chicas, en su mayoría dirigido a Tom. Tendía a ser más que amistoso y a Bill lo puso algo nervioso. Su cerveza se había terminado, así que retorció la lata y la aplastó. – ¿Quieres otra?
– Uh, seguro – contestó Bill. Erich se levantó y extendió su mano. Sus dedos se rozaron cuando Bill le entregó la lata vacía.
– Hey, ¿qué hay? – Tom estaba ahí de repente. Lucía molesto.
– Nada nuevo. ¿Necesitas una cerveza? – Erich golpeó el hombro de Tom. – Regreso enseguida. No te vayas a ningún lado – le pidió a Bill, pero por la forma en que lo dijo, el menor sabía que era más que una sugerencia. Asintió.
– ¿Qué diablos estás haciendo aquí? – siseó Tom tan pronto Erich estaba fuera de la vista.
– Nada – dijo Bill, hundiéndose en el sofá.
Los ojos de Tom se entrecerraron. – ¿Cuántas cervezas has bebido?
– No es de tu incumbencia – contestó Bill, cruzándose de brazos.
– No te quiero alrededor de mis amigos – dijo Tom. – Estas son personas con las que yo salgo para poder alejarme de ti, joder.
Bill giró el rostro para que Tom no pudiera ver lo mucho que eso le hería. – Joder, ¿por qué no te largas ahora? Sólo finge que no existo. Eres bueno en eso.
– ¿Por qué no sólo te vas a casa? No te quiero aquí – exclamó Tom.
Bill se levantó, cansado de que su hermano lo tratara como mierda sin razón alguna. – No me importa lo que quieras. Yo tampoco te quiero aquí. Eres un jodido cabrón – intentó irse, pero Tom se lo impidió, tomándole del brazo.
– Maldita sea, ¿qué traes puesto?
Bill trató de soltarse; Tom lo apretó más fuerte. – Suéltame.
– Esa playera es demasiado pequeña para ti.
– Sí, ¡y tu ropa te queda como una manopla! – le respondió burlón. – Maldita sea, suéltame.
Tom lo jaló, acercando sus rostros. – ¿Te pusiste sombra en los ojos? – susurró, furioso. – Mírate. ¿Por qué lo haces? ¿Sabes qué pareces?
Bill rodó los ojos. Sabía lo que seguía. – Por favor, dímelo. Me muero por saberlo.
– Pareces una jodida niña – acusó Tom.
– Nunca había escuchado eso antes – se burló Bill. – Creí que te gustaban las niñas, Tomi.
El agarre de Tom se volvió como de tornillo. Bill chilló.
– Joder, ¿viste eso? Gané tres juegos seguidos – se jactó Andreas uniéndoseles. Notó sus posturas y su sonrisa cayó. – ¿Están peleando?
Tom por fin lo liberó y Bill se frotó su dolorido brazo. – ¿Cuándo no? – dijo amargamente. – Él me odia.
– Yo no… hey. ¡Bill! ¡Regresa aquí! – gritó Tom tras él mientras salía corriendo.
Continuará…
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Pobre Bill quiero abrazarlo 🥺😭😭