Thirteen 10

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif

Capítulo 10

Era la noche del sábado y estaban en Hamburgo trabajando ese fin de semana. David había arreglado una presentación en el Micrófono Libre de un pequeño, asqueroso club. Afortunadamente, estaban acostumbrados a tocar en noches de Micrófono Libre en pequeños, asquerosos clubs. Desafortunadamente, eso no evitaba que la banda estuviese cubierta de sudor frío en el backstage antes de salir al show.

—Somos la banda más nerviosa del mundo, lo juro, —dijo Bill inquieto, sentándose en el brazo del sofá que los otros compartían—. A lo mejor cuando seamos famosos, estaremos tan acostumbrados a dar conciertos que ya no estaremos nerviosos.

—Psssh, —resopló Georg—. ¿Hay como, qué, treinta personas esta noche y ya nos estamos cagando en los pantalones? Cuando seamos famosos, tocaremos frente a mil personas. ¡Será peor!

—¿Mil fans? —dijo Gustav—. ¡Eso sería… increíble!

Bill imaginó una multitud así de grande animándolos. El pensamiento lo ponía nervioso, en una maravillosa manera. Un día, eso sería realidad. Un día, un día…

Una mano se cerró en torno a su codo, y Bill bajó la mirada para encontrar el rostro de su hermano. Sabía que el toque era un pedido para calmar los nervios de Tom, así que empezó a cantar. Tom siempre se quejaba de que el menor cantaba demasiado, todo el día, y que nunca se callaba. Era verdad; Bill cantaba demasiado. También era verdad que nada tranquilizaba mejor al de rastas cuando estaba estresado que escuchar a su hermano hacer ruido. Tal vez, reflexionaba Bill, era como cuando los recién nacidos se calmaba al escuchar el latido de un corazón, porque era algo que estaban acostumbrados a oír.

Intentó cantar Monsoon, una nueva canción que habían estado grabando en el estudio el jueves, pero con trabajo recordaba toda la letra, así que optó por el coro de The Bare Necessities de The Jungle Book. Gustav se colocó los audífonos y puso Metallica. Georg fue a buscar un baño. Ya no eran bebés recién nacidos, para nada.

Los dedos de Tom frotaban el codo de Bill en un silencioso agradecimiento, mientras Bill se concentraba en I Wan’na Be Like You.

&

Más tarde esa misma noche, un Bill exhausto y hambriento se apuraba en secar su recién lavado cabello esperando que la pizza estuviese lista pronto. Había perdido en el «piedra, papel o tijeras» y tuvo que bañarse al último, lo que significaba que el suelo estaba cubierto en toallas mal colgadas y ropa sucia. Frunció el ceño al ver el perchero para toallas vacío. Estaba seguro de que había colgado sus pijamas limpias ahí antes de entrar a la ducha. Abrió la puerta del baño y gritó, —¿Tom? ¿Podrías traerme algo de ropa?

—Seguro, —gritó Tom de regreso. Un minuto más tarde, entró al baño con las pijamas de su hermano y una sonrisa engreída en el rostro. Inmediatamente se deshizo de las pijamas del menor y jaló a Bill para besarlo.

—Tramposo, —dijo Bill alegre. Se abrazaron ansiosos, Tom aprovechando la oportunidad de recorrer con sus manos todo el cuerpo de su hermano, de pellizcándole los pezones y apretándole las nalgas.

—Te estuve viendo en el escenario —murmuró el rubio entre besos—, me hiciste querer hacerte cosas sucias.

—Tu siempre quieres hacerme cosas sucias, —le acusó Bill, juguetón.

Tom levantó ambas cejas. —¿Quieres que te la chupe?

—Sí, —respondió Bill, gimiendo cuando Tom se puso de rodillas y le acarició los muslos. Habían estado yendo un poco más lejos cada vez, y las pocas mamadas que había compartido estaban en su mente constantemente. Parecía como si en todo lo que pudiera pensar ahora fuese en como tener la boca de su hermano alrededor de su polla. Tom le dio una larga lamida en el muslo interior, desde la rodilla hasta justo sobre su entrepierna, haciéndole aferrarse a sus rastas siseando. —¡Sólo hazlo!

Tom le sonrió. —¿Hacer qué?

—Por favor, —gimoteó Bill—. Por favorcito…

Tom acarició con su cara la erección de Bill, lamiendo sus testículos y el tronco con pereza. Las rodillas del cantante estaban por rendirse, y se sintió agradecido cuando el mayor lo guió a recargarse contra la puerta cerrada. Reprimió un gemido cuando Tom por fin tragó su miembro entero y comenzó a chupársela propiamente. Era difícil no dejar caer su cabeza hacia atrás a causa del éxtasis, pero no quería romper contacto visual. Le encantaba cuán oscura y predadora se ponía la mirada de su hermano cuando lo tocaba así. Tocó con suavidad las mejillas de Tom, viendo su pene desaparecer en la húmeda, lastimada boca de su hermano. No iba a durar; nunca lo hacía. Todavía era todo demasiado nuevo, y demasiado bueno.

Gustav gritó que la pizza estaba lista. Tom se detuvo y Bill negó frenéticamente con la cabeza.

—Por favorcito, —susurró.

Tom comenzó a acariciarle rápidamente con una mano y a rodar sus testículos en la palma de la otra, haciendo círculos con la lengua en la erección de Bill. En segundos, el pelinegro se corría en la lengua, labios y mentón de su hermano. Se puso las pijamas distraídamente, todavía torpe en su post orgásmico estupor, mientras Tom iba al lavabo para escupir y lavarse la boca. El menor se paró a su lado para echarse agua en su sonrojado rostro, y Tom los secó a ambos y le dio a su hermano un casto beso en los labios.

Abrió la puerta del baño justo cuando Georg entraba y decía, —La pizza está lista. ¿Qué hacían, le ayudabas a vestirse?

—Tengo que ayudarle en todo, —clamó Tom—. Ni siquiera sabía cómo nacer hasta que me vio hacerlo primero.

Bill resopló. —Estaba haciéndome compañía, hablábamos del show.

—¿Hablaban acerca de cómo destruiste completamente la letra de It’s So Hard to Live? —dijo Georg guiando el camino hacia la cocina.

—¡No la destruí! —objetó Bill—. La rescribí la semana pasada, tarado.

—Sí, claro, —dijo Georg tomando asiento en la mesa.

—¡Es cierto! ¡Pregúntale a Tom! —dijo el cantante, buscando un plato.

—No recuerdo eso, —negó Tom.

Arrasaron con la pizza, discutiendo quién había arruinado qué parte durante la presentación. David y Peter estaba ahí, mirándolos divertidos tomar turnos para acusarse los unos a los otros y defenderse a sí mismos. Eventualmente, David cortó la batalla. —Tendrán una oportunidad de reivindicar todos sus errores el próximo sábado, porque ya he arreglado otra fecha.

—¡Tienes que estar bromeando! ¿Por qué no podemos dar un concierto entre semana? Quiero ir a casa, —se quejó Georg.

—Micrófono Libre es solamente los sábados, así que actuaremos en sábado, —dijo David estricto—. Será mejor que se acostumbren a extrañar a sus mamitas si quieren ser una banda exitosa.

—David tiene razón, —agregó Bill—. El éxito viene con sacrificios. Valdrá la pena una vez seamos famosos.

—Sí, —Tom estuvo de acuerdo.

—Seguro, pero hasta entonces, es un asco, —refunfuñó Georg.

&

Cuando por fin regresaron a Magdeburgo, Andreas esperaba a los gemelos frente a su casa. Chocó manos con Tom antes de abrazar a Bill con fuerza. —¡Idiotas, me abandonaron por todo un mes! ¿Saben lo horrible que es tener a mis dos mejores amigos lejos durante las vacaciones de verano?

—¡No es nuestra culpa! ¡Hubo una tormenta, luego nos quedamos con nuestros abuelos, y luego dimos conciertos los pasados dos fines de semana! —defendió Bill.

—Lo sé, lo sé, —dijo Andreas—. Será aún peor cuando consigan un contrato con una disquera y comiencen a dar tours… ¡Entonces no los veré de nuevo!

—¡Por supuesto que no! Puedes ir a los tours con nosotros, —dijo Bill—. Podrías ser mi asistente o algo así.

—Muchas gracias, —rió Andreas—. ¿Puedo ser tu sirviente?

—Bill ya trata a todo mundo como su sirviente, —dijo Tom, acomodando las dos enormes mochilas que cargaba sobre su hombro.

Bill decidió no pelear, considerando que una de esas mochilas era suya. —¿Entonces qué quieres ser? Podrías vivir en la carretera.

—Tengo una vida propia, sabes, —dijo Andreas—. A lo mejor estaré en la universidad para entonces, o tendré un empleo. Los visitaré a veces.

—¿Universidad? —Bill arrugó la nariz en repulsión—. ¡Será mejor que nos volvamos famosos antes de que vayas a la universidad! No puedo esperar tanto tiempo.

—Entremos para que pueda soltar toda esta mierda, —dijo Tom—. Mi brazo está a punto de caerse.

Andreas abrió la puerta y dejó pasar primero a los gemelos. —¿Quieren ver los DVD que acabo de comprar?

Bill estaba demasiado ocupado olisqueando el aire como para responder. —Oh, Dios, ¿eso que huelo es lasagna?

Tom dejó caer ambas mochilas en el vestíbulo y los dos corrieron a la cocina para encontrar a Simone sacando una enorme charola de pasta del horno. —¡Mamá! ¡Te queremos! —Bill la abrazó.

—Es gracioso cómo me quieren más cuando les cocino, —dijo ella con ironía.

—Eso no es verdad, —dijo Tom, abrazándola también—. Te queremos más cuando nos compras cosas.

—Tarado, —sonrió la mujer, besando ambas frentes—. No hay cena hasta que traigan su ropa sucia.

—Está en el vestíbulo, —dijo Tom, sacando platos mientras Bill se ocupaba de los cubiertos y Andreas extraía bebidas del refrigerador.

—Y tiene que estar en el cuarto de lavado, —dijo Simone firmemente.

Tom miró a su hermano. —Tú hazlo.

Bill hizo un puchero, pero Tom se volteó a buscar una espátula. Dirigió su puchero a Andreas, quien rodó los ojos y dijo, —De acuerdo, pero tú ayudas.

Juntos llevaron las mochilas al cuarto de lavado y revisaron su contenido, vaciando bolsillos de pantalones y volteando las playeras al revés. —Hey, um, —comenzó Andreas—. Voy a ir a la fiesta de cumpleaños de Erich mañana. Quiero decir, lo siento, pero es que me lo pidió y también soy su amigo, así que…

—…¿De acuerdo? —dijo Bill. No sabía que era el cumpleaños de Erich y estaba un poquito ofendido de que no lo hubiese invitado. Ahora que pensaba sobre ello, Erich no lo había contactado en las pasadas cinco semanas—. ¿Por qué me lo dices de esa forma?

—Porque tú como que lo odias o algo así, —dijo Andreas.

—¿De qué estás hablando? —dudó Bill—. ¿Por qué lo odiaría?

—No lo sé, —respondió Andreas incómodo—. También él me preguntó por qué, pero le dije que tú nunca habías mencionado algo. No quería preguntarte. Es obvio que le gustas así que me imaginé que tenía algo que ver con eso…

—¿Pero por qué piensa que lo odio? —se preguntó Bill.

—Um, porque le mandas un mensaje pidiéndole que borrara tu número de celular, —dijo Andreas.

¿Qué? No, yo no… —Se detuvo, recordando que Tom había borrado el número de Erich y todos los mensajes del celular de Bill—. ¡Ese bastardo!

Andreas lo miró sorprendido. —¿Qué te hizo?

—Erich no… ¡Tom! —dijo Bill—. Tom le mandó ese mensaje, no yo. No quiere que sea amigo de Erich.

—Bien, sé que no le gusta que te juntes con sus amigos, pero es ir demasiado lejos, —dijo Andreas con aire reprobatorio—. Erich estaba muy decaído; es raro verlo así. Siempre está todo feliz y contento.

—Oh, Dios, —expresó Bill, culpable. Erich había pasado todo ese tiempo pensando que Bill no quería hablar con él de nuevo. Aún cuando ya había planeado no volver a ser amigo de Erich para complacer a Tom, no quería ser tan grosero al respecto.

—No te sientas mal. No tenías forma de saber que Tom hizo eso, ¿cierto? Ven conmigo a la fiesta y discúlpate. Estoy seguro de que Erich estará feliz de verte. Me preguntaba todo el tiempo cómo estabas, —dijo Andreas.

—¿En serio? —Eso hizo que Bill se sintiera aún peor—. De acuerdo, sí, iré. Pero no le digas a Tom.

—Probablemente el también vaya, —advirtió el rubio.

—No me importa, —espetó Bill—. ¡No tenía el derecho de hacer eso!

—¿Pero podrían, por favor, no pelear esta noche? —pidió Andreas—. No lo he visto en siglos y esperaba ansioso esta noche para estar juntos los tres, como los viejos tiempos.

—¡¿Quieres que finja que todo está bien?! —preguntó Bill, incrédulo—. ¡No se lo merece!

—Sí, —dijo Andreas—. Pero después de un año estando en medio de todas las peleas de mis amigos, ¿no crees que yo lo merezca?

—Oh, dios, Andi, —gimoteó Bill, porque sabía que era verdad.

&

Estaban tirados en la sala, rodeados de cojines y comida chatarra. Andreas y Bill descansaban sobre sus estómagos en el suelo, Tom estaba en el sofá, y Titanic en el reproductor de DVD. Bill adoraba las películas románticas, y en esta ocasión la película lo distraía efectivamente de su enfado. Sintió el pie de Tom tocar el suyo y miró sobre su hombro, en muda pregunta. Tom palmeó el sitio vacío a su lado, pidiéndole sin palabras que se le uniera en el sofá. Bill negó con la cabeza y se giró. Estaba dispuesto a ser agradable por el bien de Andreas, pero no quería acurrucarse con su hermano.

Apretó los dientes cuando Tom se levantó de su lugar y se acostó a su lado, tan cerca que se tocaban. La tímida, coqueta sonrisa en el rostro de Tom y la forma en que pegaba sus hombros hacía que Bill quisiera arrancarle el arete en su labio y metérselo por la nariz. Fulminaba con la mirada la nariz de su hermano, intentando decidir de qué lado se lo metería, cuando Tom arqueó una ceja y le susurró, —¿Qué sucede?

Bill le dio un vistazo a Andreas y se forzó a decir, —Nada. —Se levantó, al parecer para levantar una bolsa de cerecitas ácidas del suelo, justo al lado del sillón, y se sentó en el mueble en lugar de regresar a su lugar. Tom lo miró, claramente confundido. Bill mantuvo tercamente los ojos pegados al televisor. A pesar de que no le obsesionaban los pechos como a la mayoría de los chicos, se estremeció un poquito cuando Kate Winslet apareció desnuda en la pantalla.

—Sus tetas son geniales, —dijo Andreas.

—Sí, son grandes, —Tom estuvo de acuerdo.

—Wolfie también las tiene grandes. ¿Las suyas se ven así? —preguntó Andreas.

—Algo, —respondió Tom.

Bill rodó una cereza entre sus dedos, sin importarle que sus yemas se comenzaran a poner rojas. No le gustaba pensar en Tom viendo las tetas de Wolfie. Sabía que su hermano nunca había pasado de primera base con una chica cuando los gemelos tenían doce años, porque Tom le contaba todo en ese entonces. Pero ahora no tenía idea de qué tan lejos había ido con Wolfie. Ella tenía quince años y no era difícil. Dudaba que hubiesen tenido sexo, porque no importando qué tan distantes hubiesen estado los gemelos ese año, no creía que Tom fuese capaz de resistir el restregarle que había perdido su virginidad.

—¿Cómo está, por cierto? ¿No te reclamó el haberte ido por tanto tiempo? —dijo Andreas.

—No sé, supongo. No he hablado mucho con ella, —Tom se encogió de hombros—. Estoy seguro de que la veré mañana.

Bill había decidido hablarle a su gemelo lo mínimo posible, pero no pudo evitar preguntar.

—¿Vas a salir con ella mañana?

—Uh, sí, probablemente. Es el cumpleaños de un amigo, —dijo Tom evadiendo sus ojos.

—Oh, ¿en serio? —preguntó Bill interesado—. ¿Qué amigo?

—Un amigo, —Tom acarició con la lengua el arete en su labio; un tic nervioso.

—¿Puedo ir? —presionó Bill.

—Um, ¿por qué? Ni siquiera lo conoces, —dijo Tom—. Además es en el terreno baldío. Odias ese lugar.

—Es cierto, —dijo Bill lentamente—. Bien, no importa. Supongo que Andi y yo tendremos otra noche de películas.

—Buena idea, —dijo Tom luciendo aliviado—. No estaré fuera mucho tiempo. Regresaré con unos porros y podremos ir a fumar al parque.

Bill miró a Andreas, quien observaba a los gemelos con cautela. —Suena genial, —dijo Bill dulcemente, echando humo por dentro.

Continuará…

Gracias por leer 🙂

por Analif

Traductora del Fandom

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