Fic de sarahyellow. Traducido por OuterSpace
Capítulo 2: Éxtasis
Tom se tomó su tiempo para descender por la pendiente peligrosa, no tenía ninguna ilusión de que su agilidad para hacerlo se le parecía a la de su compañero inhumano, el cual ya había descendido la cuesta de casi veinte pies de altura y ahora estaba ya abajo nadando. El día de hoy, se encontraban en el punto más alto de la isla, el cual también estaba cerca de la masa de tierra del lado este; extraordinariamente cerca de donde las sirenas hacían sus nidos.
Pero Bill le había asegurado a Tom que Eugenia y sus hermanas nunca se aventuraban más allá de las costas rocosas. Bill había insistido en que emigraran al lugar soleado donde los lechos de roca se disparaban fuera de las colinas y le daban forma a formaciones peñascosas muy por encima del nivel del mar y mucho más adentro de la isla que donde estaban sus primas. En algún lugar invisible había un arroyo y sus aguas eran las que llenaban las grietas y depresiones en la roca, formando así, unas piscinas naturales de poca profundidad.
En ese lugar no había árboles y tampoco crecía escasa maleza, por lo que el sol no tenía ningún obstáculo al chocar sobre la tierra, calentando las rocas sobre las que Tom colocó cuidadosamente sus pies. Cuando finalmente llegó abajo, a la piscina que tenía unos hermosos tonos de colores de joyas en la que Bill estaba sumergido, el marinero se tomó un momento para apreciar su propio logro de no haberse caído, antes de avanzar y entrar en la piscina.
El agua se sentía agradable contra su piel al haber sido calentada por el sol, incluso a pesar de que era un día caluroso. Miró hacia abajo, y Tom pudo ver que el suelo de la piscina se hundía en una pendiente pronunciada; los tonos aqua del agua se iban oscureciendo conforme el ojo se profundizaba más. Podía ver a Bill, que había cambiado de forma estaba ahora nadando en el azul más profundo; sus manos revoloteaban mientras recogía pequeños objetos del fondo rocoso.
El hombre rubio admiró la forma en la que el náyade se movía; su columna, tan alargada debido a la cola de pescado, se movía con gracia haciendo flexiones oscilantes. Los mechones negros de su cabello flotaban en el agua mientras que la parte pálida de sus brazos se estiraba perezosamente para recoger las conchas que estaba recolectando. Era como un baile extraño; hermoso, sereno y extraño. Tom dudo que él se viera así de bien al nadar debajo del agua.
Para evitar los ardientes rayos de sol, el marinero se adentró más en la piscina, hasta que sus hombros se encontraron sumergidos bajo el agua. Había un lugar conveniente a lo largo de la orilla donde se pudo sentar, quedaba a la sombra de una roca que sobresalía por encima de su cabeza. Estando cómodo y contento para esperar, Tom estiró sus piernas en el agua y observó a Bill haciendo su tarea. Momentos después, el otro hombre pareció cansarse de lo que estaba haciendo, y emergió a la superficie del agua con sus manos llenas. Nadó hasta donde el rubio estaba sentado y descargó sus descubrimientos desalentadamente en lo alto del borde de la piscina. Su rostro se veía decaído, carecía del entusiasmo que había tenido hace unos momentos.
—No hay tantas como de costumbre —se quejó.
Bill había explicado desde antes que había un tipo de molusco especial que vivía en el lecho de roca. Eran llevados ahí desde el océano por las aves marinas y éstas los dejaban caer, por lo que solían prosperar en las cálidas piscinas de agua cálida. Sus lindas conchas nacaradas eran lo que el náyade había estado buscando. Había querido hacerle a Tom un collar, pero había encontrado sólo unos pocos animalitos y su captura había sido escasa.
Tom miró por encima para inspeccionar las pequeñas conchas y para cuando volvió a mirar a Bill, éste ya tenía piernas otra vez y se le veía triste. Tom estiró sus brazos para posar sus manos familiarmente en la cintura del náyade.
—Creo que conseguiste suficientes —consoló—. No hagas pucheros.
Bill era tan hermoso cuando estaba feliz, que rápidamente se estaba convirtiendo en lo que más le gustaba ver al marinero.
Solo, en la desolada isla, Bill era una criatura fuera de lo común pues amaba el contacto humano. Dejándose llevar por el toque de las manos contra su piel, no pasó mucho tiempo antes de que el náyade se trepara al pequeño banco que Tom había encontrado y se sentó a horcajadas sobre el regazo del otro hombre. A pesar de que sabía que para el otro varón, eso no era algo sexual, para Tom, la posición le resultaba abiertamente íntima, y su pulso se aceleró.
El marinero razonó que al no haber tenido más compañía que la del atractivo náyade por ya más de un año, ningún hombre hubiese podido evitar formar un vínculo de cariño. No había vergüenza para el rubio en admitir que encontraba a Bill hermoso; ya en el pasado había llegado a tener ese tipo de sentimientos por otros hombres. El verdadero reto era que en los últimos meses, había contemplado más mucho más. Últimamente, Tom había estado sopesando la idea de que sus sentimientos por el náyade podrían ir un poco más allá que pura atracción física. ¿Por qué la risa de Bill lo inspiraría, y por qué las rarezas de su personalidad lo harían sonreír si no fuera porque una afección más grande ya habitaba en su corazón? Era una realidad algo difícil de aceptar. Tom siempre estaba intentando convencerse a sí mismo de que la situación era temporal, que pronto se iría de la isla.
Pero por el momento, con Bill en sus brazos como lo estaba ahora, Tom estaba convencido de que nunca querría irse. Habían pasado meses besándose, pero nada más; y el marinero no lo pensó dos veces antes de acercar más al hombre animoso para unir sus bocas. El agua se derramó fuera de la piscina cuando Bill levantó sus brazos, inmediatamente entusiasta al darse cuenta de las intenciones del marinero. Presionándose y haciendo un sonido de satisfacción en su garganta, Bill se contoneó en donde estaba sentado, encantado de estar llevando acabo la única intimidad que habían estado disfrutando hasta ese entonces, y amando cada momento de ella.
Tom intentó no gruñir al tener todo su regazo ocupado con el Bill encantador que no dejaba de contonearse sobre él y sus dedos se aferraron más fuerte a los lados de su cintura. Tom no tenía duda alguna de que Bill quería ir más allá, hacer más. Solamente que el náyade no sabía cómo pedirlo. Se besaban, y ambos terminaban excitados y duros, Bill hacía sonidos que hablaban de necesidad y súplica que volvían loco a Tom, pero el náyade no tenía conocimiento de las cualidades físicas del sexo, y por lo tanto, nunca pedía más.
Hasta entonces Tom no había llevado las cosas más lejos, pero era sólo por pura voluntad propia. De alguna forma, siempre imaginaba que terminaría sintiéndose como un pervertido corruptor por introducir al inocente y joven náyade al sexo; y peor aún, en secreto, tenía miedo de que Bill se sintiera repugnado una vez que se diera cuenta de a lo que Tom los estaba llevando.
Pero en ese momento, Bill ciertamente no parecía estar asqueado en lo más mínimo; al menos eso es lo que decían los ansiosos movimientos posesivos que hacía, pues se movía como si estuviera intentando encontrar la forma de treparse más sigilosamente al otro hombre, incluso cuando ya estaban lo más cerca que podían estar. Bill se movía, guiado puramente por la emoción y el deseo, completamente entusiasmado y con poca sutileza. A Tom no le importaba, de hecho, le encantaba. Hizo que las comisuras de sus labios se levantaran con un poco de diversión, mientras algo, más abajo en su vientre se apretaba y sus manos reinaban el cuerpo del náyade sin experiencia, mostrándole la forma de conseguir lo que quería.
El beso era rápido, pero no tan rudo como pudiera ser. Cuando Bill quiso tomar el control y sus labios comenzaron a moverse una y otra vez para capturar y dominar, Tom le hizo disminuir el ritmo al levantar sus manos para tomar su rostro y usar movimientos muy pausados para mostrarle que hacerlo rápido no siempre era lo mejor. Bill gimoteó con impaciencia, pero eventualmente pareció avivarse de una forma distinta cuando entendió el punto de Tom y que podría conseguir el placer que estaba buscando cuando se quedó quieto una vez que sus bocas volvieron a unirse, antes de abrirse para hacerlo de nuevo.
Las manos de Bill subieron para aferrarse al reverso de su cuello y se impulsó hacia adelante; con el acercamiento, sus pechos se presionaron juntos. Bill se había levantado sobre sus propias rodillas, y de esa forma, la cabeza de Tom quedaba inclinándose hacia arriba. Las manos de Tom se deslizaron a lo largo de la espalda desnuda del náyade, cuando sintió la lengua exploradora del otro contra sus labios. Sonrió, y Bill presionó más fuerte, queriendo que se le diera acceso. Después de haber prolongado un poco más la espera del náyade tan ansioso, Tom finalmente abrió sus labios y le concedió la entrada. Bill hizo un sonido de triunfo y deslizó su lengua dentro, satisfecho de haberse salido con la suya. Tom enterró sus dedos en los omóplatos del chico y lo acercó con rudeza haciendo que sus cuerpos se presionaran juntos con más fuerza
Bill gimió de sorpresa debido al movimiento, sus caderas tartajearon hacia adelante donde sus erecciones se encontraban; donde se juntaban las durezas de las que Tom ahora estaba repentinamente más consciente. Este era el punto en el que, normalmente, Tom se detendría. Pero en vez de echarse para atrás y terminar con ese acercamiento que se había incrementado con la intensificación de los sucesos, algo alentó al marinero a seguir, y se movió hacia arriba, para encontrar la embestida de Bill hacia abajo; aprovechándose de la boca abierta del náyade y metiéndole su propia lengua. Por los sonidos que hacía, Bill parecía disfrutar la intrusión y dejó que Tom explorara su boca como quisiera hacerlo. Tom estaba tan concentrado en el juego enérgico de sus lenguas y labios, y en la satisfacción que esto derivaba, que no notó cuando las manos ansiosas del náyade se desplazaron hacia abajo por entre sus cuerpos.
Fue hasta que Bill tomo ambos miembros en su mano y jaló, cuando Tom, impactado, se hizo para atrás haciendo un gemido y sus ojos revolotearon. Cuando levantó su mirada sorprendida para ver a Bill, el otro hombre tenía su propio labio hinchado atrapado entre sus dientes y su rostro hablaba de deseo pero también de duda.
—¿Puedo? —preguntó, inseguro de que semejantes toques estuviesen permitidos, pero queriéndolos con demasía.
Por dentro, Tom estaba muriendo por la excitación. Bill en su regazo, desnudo, mojado y hermoso, pidiéndole esas cosas, era como llegar al límite de todos los deseos que había tenido durante los meses pasados. Reprimiendo sus ansias de asentir su confirmación, Tom habló.
—¿Esto es lo que quieres? ¿Quieres tener sexo?
Los ojos de Bill estaban llenos de lujuria, pero con las palabras de Tom, se llenaron con una emoción resplandeciente.
—¿Esto es sexo? —preguntó. Su mano se apretó y volvió a moverla, haciendo que los dos gruñeran.
Las manos de Tom encontraron apoyo en las caderas del náyade, y se movió contra él, obteniendo un delicioso gemido de la garganta de Bill.
—Es parte de —dijo atragantándose mientras Bill continuaba retorciendo y moviendo su mano, apretando sus penes juntos con la presión perfecta.
—Entonces sí —y Bill dio un asentimiento rápido con su cabeza; su aliento comenzaba a salir más rápidamente—. Lo quiero. Quiero tener sexo.
Bill había querido tener sexo con Tom desde que el humano le había confirmado la descripción que le había dicho Eugenia acerca de que era un acto íntimo y placentero. El náyade nunca había sido tan unido a alguien, y desde la llegada de Tom a la isla, su vida había mejorado enormemente a comparación de antes. Bill sabía que lo que sentía por el marinero era amor, pues su corazón daba saltos cada vez que compartían besos.
Y ahora, con sus cuerpos duros y presionados tan juntos, Bill estaba pensando que el sexo definitivamente debía ser algo divino, si lo que estaban haciendo se sentía ya tan bien, a pesar de que era sólo “una parte” del acto, como Tom había dicho. Se inclinó pocos centímetros hacia enfrente para amoldar juntos sus labios de nuevo. Soltando el agarre que tenía en ambos, Bill llevó de vuelta sus manos hacia arriba para aferrarse de los hombros de Tom mientras movía sus caderas incluso más, meciéndose juntos, en respuesta a los movimientos del cuerpo del otro hombre.
Ambos se quedaron callados, a excepción de las respiraciones cada vez más dificultosas que daban mientras se movían más rápido para obtener el placer que buscaban. Bill gritó cuando un ligero cambio de posición se sintió muy bien, y bajó su cabeza para descansarla en el cuello de Tom, donde también besó su piel húmeda.
—Esto es mucho mejor contigo —dijo Bill bajo la impresión de que sólo seguirían frotándose juntos hasta que llegaran al clímax.
Los movimientos de Tom disminuyeron su ritmo con esas palabras, y Bill se aferró más fuerte para embestirse a sí mismo hacia abajo con más fuerza, intentando que el otro hombre volviera a moverse. Las palabras que el náyade estuvo a punto de pronunciar por la impaciencia, fueron interrumpidas por la voz de Tom, que se había intensificado debido a la excitación.
—¿Mejor? —preguntó Tom; creía tener una idea, una que hizo que su estómago se apretujara, pero quería escucharlo de la boca de Bill.
—Mejor que cuando me toco yo mismo —contestó Bill—. Nuca se siente así de… ¡ah!
Su explicación fue interrumpida por la reacción ansiosa que recibió debido a sus palabras: un torrente de movimientos que le hicieron sentirse ansioso con un éxtasis renovado.
Tom podría jurar que se puso más duro con tan sólo imaginarse a Bill en algún escenario donde hubiese agua, con las piernas abiertas, masturbándose. Gruñendo, reacomodó su agarre en el otro hombre, envolviendo sus brazos alrededor de su cuerpo y posando besos succionadores en la piel de su mandíbula. Subió hasta la concha de la oreja de Bill, donde una lamida en el punto exacto hizo que el otro hombre se estremeciera, y ambos se quedaron quietos nuevamente.
—Vamos —dijo con voz ronca—. Nos vamos.
Bill gimoteó cuando Tom se lo quitó del regazo e hizo que ambos se pusieran de pie en el agua; la repentina falta de contacto corporal era exactamente lo opuesto a lo que él quería.
—No —se quejó—. ¿Por qué?
Sus brazos se colgaron del cuello del humano, aun buscando juntarse a ambos, incluso cuando Tom comenzó a caminar hacia atrás.
—Porque… —respondió Tom entre besitos breves y conciliadores—. Necesitamos un lugar para recostarnos si vamos a tener sexo.
Bill pareció satisfecho con esa respuesta y sus movimientos pasaron de ser de oposición a ser entusiastas para ponerse a buscar el dichoso lugar.
—Por aquí —dijo, jalando a Tom del brazo.
Aparte del hecho de que sus erecciones todavía se levantaban de entre sus piernas mientras hacían su camino entre las formaciones rocosas sobresalientes, la desnudez completa en la situación no era inusual. Meses atrás, Tom había dejado de usar los trozos restantes de su ropa. Era el calor del momento lo que hacía que los ojos del marinero se pasearan por el cuerpo del náyade; la idea de lo que estaban a punto de hacer creaba una tensión anticipada tan grande que apenas y podía soportar pasar algunos segundos sin tocar todo lo de Bill que pudiese tocar.
Terminaron bajo el arco de un farallón de piedra con una forma extraña. Bill había logrado encontrar un lugar con sombra donde el agua tenía sólo algunos centímetros de profundidad, la roca era suave y Tom no perdió tiempo en pegarse a Bill de nuevo al tomarlo en sus brazos y volver a conectar. Chupó el abultamiento que formaba el labio inferior de Bill y lo mordió con gentileza, antes de soltarlo para entrar en la cálida humedad de su boca, presionando juntas sus lenguas con un movimiento que lograba apretujar sus ingles y que hizo que el hombre menos experimentado gruñera en el beso.
Sin separar sus bocas, Tom guio sus cuerpos hacia abajo y después de un poco de tiempo, tuvo a Bill recostado en el agua, medio cubierto con su propio cuerpo. Aun besándolo lentamente, Tom bajó una mano a donde estaba la erección de Bill, tan dura y bonita, igual que el resto de él. El rostro del náyade se retorció con goce cuando lo envolvió con sus dedos y jaló; Tom pensó que Bill nunca se había visto tan hermoso como ahora que estaba siendo complacido.
—Bill —dijo dentro del beso, teniendo que detener sus caricias y simplemente posando su mano contra la cadera del otro hombre antes de poder ganar alguna semblanza de atención.
Bill le pestañeó con ojos oscurecidos y Tom bajó sus dedos, detrás de los testículos de Bill y un poco más allá, donde estaba su entrada. La respiración de Bill se aceleró casi imperceptiblemente por el toque, pero sus ojos se veían entusiasmados, sin miedo.
—Aquí es en donde voy a entrar —dijo Tom suavemente, queriendo darle una pista al náyade de lo que iba a suceder. Presionó su dedo, masajeando el pequeño punto, pero sin entrar—. Justo aquí.
Con sus labios torciéndose un poco, Bill inclinó sus caderas hacia la presión e hizo un sonido lastimero causado por la sensación.
—Sí —aceptó Bill—. Oh.
Presionando sólo un dedo para entrar, Tom encontró que el otro hombre ya estaba caliente y lubricado por dentro; era un atributo distintivo y no humano del que se abstuvo de comentar. En lugar de eso, se concentró en sacar su dedo y volver a meterlo otra vez, para curvarlo y, con esperanza, hacer sentir bien a Bill.
Bill respiró rápidamente cuando Tom empezó a mover su dedo dentro de él, y a pesar de que iba lento, todo se sentía tan nuevo e intenso y tan rápido.
—Oh, oh… —jadeó, avasallado por lo extraño que se sentía el ser tocado de semejante forma—. Eso es…
Era extraño, pero también se sentía muy bien; los movimientos buscones que hacía con su cadera lo evidenciaban. Hubo una chispa de placer cuando Tom movió su mano en una forma en la que no lo había hecho antes, y la respiración de Bill tartajeó mientras bajaba una mano para tomar la muñeca de Tom. Bill se lamió los labios, y, levantando la vista para encontrarse con la mirada del otro hombre, pidió:
—Ju…justo así.
Los ojos de Tom se oscurecieron incluso más, si eso era posible, y asintió, moviendo su mano, sólo para añadir otro dedo. Continuó dándole placer a Bill con su mano, acariciándolo en su interior y haciéndole retorcerse; mientras él disfrutaba inmensamente del espectáculo. Bill hizo un gemido desesperado cuando tres dedos entraron en él y un punto en específico dentro de fue tocado una y otra vez; ya había sido localizado en el mapa. Con la cabeza de Bill ladeándose hacia atrás por el éxtasis, Tom se inclinó y besó su mentón, frotando la cabeza de su propia erección contra el muslo del náyade. Movió su mano, penetrando a Bill con sus dedos con un ritmo constante y amando su increíble estrechez tan cálida. Tom supo que debía entrar en él. Dejó de moverse, obteniendo la atención del náyade rápidamente.
—No, por favor, no te detengas —dijo Bill inmediatamente, pero Tom lo calló con besos lentos y quitó su mano.
—No lo haré —prometió, quitando un mechón de cabello del rostro de Bill—. Ahora voy a entrar en ti, ¿está bien?
Si le había preocupado que Bill no entendiera su mensaje, dejó de hacerlo cuando los ojos del otro hombre se dispararon hasta su estómago donde descansaba su pene, ansioso por obtener algo de atención.
—En mí… —repitió Bill con suavidad; su tono casi sonó maravillado cuando terminó de entender el acto que estaban a punto de hacer—. Oh, sí.
Accedió, volviendo a mirar a Tom como si estuviese agradecido por tan perfecta insinuación.
—Sí. Ahora —su declaración fue enfatizada con un levantamiento alentador de sus caderas; un movimiento que hizo que el vientre de Tom se arremolinara, y el rubio se apresuró a ponerse entre la perfecta separación de las piernas de Bill, abriéndolas más y haciéndolas para arriba hasta que pudo ver la pequeña estrella que formaba su entrada; el lugar en donde estaría en un momento. Tomando su propio miembro en mano, Tom sostuvo su respiración y rezó poder hacerlo sin lastimar a la increíble criatura que estaba debajo de él, y entonces comenzó a presionar.
Sus ojos se cerraron en el momento en el que comenzó a entrar en el paraíso más cálido, estrecho, lubricado y perfecto que había conocido, y lo único que delató la reacción de Bill fueron los sonidos que hizo. El náyade, que estaba debajo de él, jadeó de una forma que pudo ser interpretada como de dolor o placer; pero fue el gruñido largo y extenso que hizo después, de un tono grave que igualó el que hizo Tom, lo que le dijo al marinero que a Bill no le había dolido.
Una rápida mirada que le dio Tom, le dijo que estaba lejos de eso; pero eso fue hasta que se controló a sí mismo lo suficiente como para abrir sus ojos. Pausando lo suficiente para pasar un pulgar sobre la mejilla de Bill, Tom logró que el otro hombre lo mirara a los ojos, y una vez logrado eso, empujó sus caderas hacia adelante, hundiéndose más en el cuerpo de Bill, hasta que estuvieron tan juntos como podían. Se mantuvo sin moverse, compartiendo su aliento con el hombre que estaba debajo de él, y se inclinó hacia abajo para unir sus labios.
Bill suspiró y movió su boca contra la de Tom, el beso se sentía como si fuera la única forma en la que podía expresar adecuadamente lo que estaba sintiendo. Se sentía tan, tan lleno, y era Tom el que lo llenaba. Tom, quien estaba dentro de él en la forma más íntima. Bill metió su lengua en la boca de Tom y la usó para decirle lo irresistiblemente perfecto que era; Tom lo besó de la misma forma y le dijo lo mismo. El saber exactamente lo que el otro pensaba, era lo más cercano que habían estado el uno del otro.
Juntos, movieron sus bocas, dándose besos repetitivos y con fuerza, y cuando se detuvieron para respirar, Tom ya estaba empujando al punto donde sus cuerpos se unían. Una sacudida de las caderas de Bill fue todo lo que se necesitó para que Tom saliera por primera vez, y Bill gimió fuertemente cuando sintió la primera embestida, sorprendido por lo mucho mejor que ese solo movimiento había logrado hacerle sentir.
—Oh —jadeó cuando Tom volvió a embestirlo una y otra vez—. Mmn…
Las piernas de Bill se enrollaron en la cintura de Tom, sus tobillos se juntaron para poder responder el vaivén al levantar sus caderas. Fue fácil encontrar un ritmo, y una vez que éste estuvo establecido, los proveyó con un nivel de satisfacción que no habían logrado conseguir previamente, y que crecía predeciblemente, cada vez que sus cuerpos se unían. Bill se mordió su labio y se retorció un poco; ya se sentía bien, pero estaba seguro de que si se movía un poco podría hacer que se sintiera incluso mejor.
Tom se hizo un poco para atrás al sentir lo que Bill estaba haciendo, y cuando volvió a embestir y el hombre que estaba debajo de él gritó más fuerte que antes, supo que Bill había logrado conseguir un mejor ángulo. Tom le sonrió al náyade, y después puso sus manos detrás de sus hombros para asumir un ritmo más rápido que antes. Ahora Bill jadeaba y gritaba debajo de él cada pocos segundos, y Tom no podía evitar dejar salir también algún gemido ocasional entre su respiración agitada.
Mantuvieron contacto visual a través de sus ojos llenos de placer, y el mirar al otro mientras empujaban y embestían, meciéndose juntos para ayudarse mutuamente a sentirse bien fue el mejor giro de todos. Los llevó más lejos, haciéndolos luchar por alcanzar esa cumbre deslumbrante a la que ambos sabían que podían llegar, hasta que Tom estuvo seguro de que casi llegaban a ella. Bill se veía perfecto debajo de él: bañado en sudor, desesperado y extasiado. Tom quería verlo caer primero. Quería hacerlo correrse. Juntó nuevamente sus bocas para otro beso, la presión de sus labios pareció inexperta debido al ritmo frenético de sus caderas. Tom miró directo a los ojos del náyade mientras sus respiraciones se mezclaban, y sin dejar de mirarlo, bajó su mano entre sus estómagos para poder agarrar el miembro duro del otro hombre y comenzar a masturbarlo con caricias rápidas y obteniendo gritos inmediatos.
Los ojos de Bill se cerraron cuando sintió que Tom lo tomó en su mano, envolviendo su pene en una estrechez deliciosa y apretante. Comenzó también a moverse hacia arriba, así como también hacia abajo; su mente estaba nublada y no podía decidir qué dirección era mejor. Una opresión insoportable en su interior creció increíblemente, y su respiración se atrapó en su garganta al sentir que el placer dentro de él se unía en una bola relucientemente perfecta, ardiendo al rojo vivo por un instante antes de estallar súbitamente. Sus caderas se alzaron y se paralizó cuando la onda explotó dentro de él, y sólo Tom se dio cuenta de sus gritos de satisfacción cuando se corrió contra su estómago.
El placer del náyade reverberó a través de sus cuerpos, y Tom también lo sintió. Esa pizca de sensación deliciosa extra, llevó al marinero a su final; su gemido de satisfacción quedó ahogado en el hombro del otro hombre. Bill alzó sus manos suaves para acariciar su espalda, pero en realidad, el náyade continuaba flotando en algún lugar en los cielos. Tom se dio cuenta de esto mientras recuperaba algo de fuerza para poder levantar su peso sobre sus brazos flexionados, viendo un brillo estrellado en la superficie de los ojos del otro hombre. Se inclinó hacia abajo por un beso; un distractor mientras salía de Bill y Bill hizo un mohín que pudo sentirse a través de sus labios unidos. Cuando Tom se hizo para atrás, recibió una mirada en la que las estrellas de aturdimiento habían sido reemplazadas con una adoración que ya no tenía obstáculos. Tom no tenía idea de lo parecida que era su propia expresión a la del hombre que estaba debajo de él, pero no había forma de negar que su corazón correspondía los sentimientos.
Continuará…
Este capítulo se lo dedico a todas las personas que dejaron un comentario en el capítulo anterior. Espero que les guste. ^^ Y así, sólo nos queda un capítulo más para terminar.
Muchas gracias por leer y un agradecimiento especial a los que comentan. 🙂 Que pasen un lindo fin de semana. ¡Saludos!

Su primer encuentro. Ya estaban enamorados. .eran felices sólo ellos dos. ..cry