“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 1: Primer día
Tomi Trümper supo que era un chico bastante privilegiado al pasar a través de las puertas de la Universidad de Música y Teatro de Hamburgo por primera vez como estudiante. Pudo sentir los efectos del dinero de sus padres mientras el auto pasaba por el prestigioso edificio blanco que estaba justo en el centro de la universidad. Pero aun así, eso no le impidió mirar dicho edificio con unos ojos que echaban fuego, y encorvarse más abajo en su asiento.
La estúpida corbata que estaba alrededor de su cuello lo estaba asfixiando y la chaqueta de color azul marino estaba demasiado caliente. Sus pantalones estaban demasiado ajustados, rozándolo en todos los sitios equivocados, y al tener puesto el uniforme de la escuela, ni siquiera podía usar su típica gorra New Era. Sus rastas estaban amarradas atrás de su cabeza con una banda gruesa, que se estiraba por el peso de las gruesas y anudadas hebras.
—¡Ahí está! —chilló su madre desde el asiento delantero. Casi estaba rebotando en su lugar; Tomi habría chocado su mano contra su propia cara si su madre hubiese empezado también a aplaudir. Estaba más emocionada que él porque Tomi iba a asistir a semejante escuela tan renombrada. ¡Por Dios! Amaba la música, pero no estaba seguro de que pudiera lograrlo. Al mirar hacia afuera, a los estudiantes que caminaban con remilgo por la acera sin siquiera voltear a verlo, Tomi supo que esto sería como repetir la preparatoria otra vez. La universidad no sería diferente. Era la misma mierda, sólo con una nueva ubicación. ¿A quién demonios le importaba si eran un año más grandes? De todas formas podían actuar como si fueran mocosos maleducados de dieciséis años, ¿no?
Tomi resopló fuertemente y se dejó hundir más en su asiento mientras cruzaba sus brazos de forma apretada.
Tomi había tenido sueños. Sueños de verdad acerca de tocar en una banda real. Había formado una pequeña banda junto con sus amigos y, aunque los miembros habían cambiado constantemente, habían estado practicado en su sótano desde que tenía memoria. A pesar de la inestable calidad de su “banda”, Tomi había estado completamente seguro de que hubieran podido llegar lejos. Sus padres habían destrozado esa noción cuando le aplicaron mano dura con las aplicaciones para la universidad. Incluso desde antes de que su penúltimo año en la preparatoria terminara, Tomi había sido obligado a llenar un montón de aplicaciones y entregarlas. Era un buen estudiante, lograba calificaciones altas en todas sus clases y fue aceptado rápidamente. Sus padres habían estado más que dispuestos a gastar miles de dólares al año con tal de que su único hijo asistiera a la universidad.
Tomi no quería ser un ingrato, pero ¡por todos los cielos, nunca se le había dado siquiera una opción! Había estado más que indispuesto cada vez que sus padres hablaban de la “Hochschule für Müsik und Theater”. Todo parecería demasiado genial para los babosos creídos que querían ir a una universidad importante, obtener un título y salir de fiesta mientras lo hacían… sin embargo, Tomi simplemente no quería sentarse en un salón de clases por otros cuatro años, aprendiendo cosas que ya sabía. Al menos sus padres le habían permitido ir a la escuela para estudiar algo que sí le gustaba. No podía decirse que menospreciaban sus sueños de tener una banda, pero querían que su hijo tuviera bajo la manga algo más que sólo una fallida banda que sólo tocaba en sótanos. Tomi lo entendía, pero eso no lo hacía más fácil.
Al ver a un grupo de chicas que pasaban, se sintió como si estuviera descendiendo al infierno. Sus faldas escocesas les llegaban hasta las rodillas, los cuellos de sus blusas estaban abotonados hasta arriba, a cal y canto. ¿Qué acaso las faldas no podían ser unos centímetros más cortas? Sentía como si estuviera viendo una aglomeración católica en vez de un grupo de chicas dando una caminata por el campus.
—¡Tomi, siéntate derecho! —sermoneó su madre desde el asiento delantero.
—Hijo, esta es una oportunidad única en la vida —entonó su padre—. Te estamos dando la oportunidad de tener una buena formación académica, y un lugar en el mundo.
—Ya sé, papá —respondió Tomi en un tono suave mientras continuaba mirando por la ventana. Deslizó su lengua hacia afuera, para jugar con su perforación de labio en la esquina izquierda de su boca. Al menos se le había permitido conservar eso.
—No es como si te estuviéramos cortando el brazo, jovencito.
Tom ni siquiera levantó la vista para ver a su padre mandándole una mirada condescendiente por el espejo retrovisor.
—Ya sé —repitió Tomi.
—Ay, Gordon. Dale tiempo para asimilarlo todo —aconsejó su mamá—. Mudarte a un nuevo lugar sin tu familia debe ser un gran trauma.
Tomi formó una pistola con sus manos y la puso contra su sien, apretando el gatillo imaginario. Apenas llevaba dos segundos en la vida universitaria, y ya quería darse un tiro.
Miró de nuevo por la ventana, esperando ver más chicas con faldas que les llegaran hasta los tobillos. Pero tuvo que mirar dos veces cuando se fijó en la persona que estaba ahora caminando por la acera. Por un momento, Tomi no supo si la persona era un hombre o una mujer, pero el cabello corto, la altura extrema y la estructura ósea delgada, le confirmaron que era de género masculino. La ropa le dio a Tomi una idea, estaba tan fuera de lugar, en contraste al resto de la atmósfera sosa y estoica de la Universidad de Hamburgo. De hecho, si se le veía bien, se podía apreciar que el hombre, de hecho estaba usando un traje, pero era de un color plateado-azulado que se reflejaba bruscamente bajo los rayos del sol. Las mangas del saco estaban dobladas, y revelaban unos brazos delgados y pálidos, y uno de ellos, tenía el antebrazo decorado con tinta negra.
Tomi se irguió lentamente en su asiento mientras miraba al extraño, caminando. Usaba un collar que era bastante femenino, a opinión de Tomi; una cadena de plata, que tenía una docena de púas colgantes de metal. Tomi entrecerró los ojos cuando reparó en los pies del hombre, los cuales tenían puestos un par de botas con un tacón bastante alto.
—¿Pero qué mierda? —murmuró Tomi para sí mismo. Tal vez estaba empezando a alucinar, porque esa extraña criatura ciertamente no pertenecía a ese lugar.
Su coche continuó en marcha y Tomi perdió de vista al hombre extraño. Se hundió en su asiento nuevamente, y una curiosidad insistente comenzó a molestarle. Por alguna razón, quería ver a esa persona de nuevo, tal vez sólo para convencerse a sí mismo de que no era el único ahí que quería ser libre.
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Georg Listing era el nombre del compañero de cuarto de Tomi, y a Tomi sólo le tomó un instante para llevarse bien con él. Era un chico relajado y gracioso, de una manera que resultaba refrescante. Tomi se alivió al ver que no era el único hombre en el campus que tenía cabello largo. Georg tenía cabello hermoso, largo y castaño que parecía caer sobre su rostro como si fueran olas suaves, como las de una cascada. Tenía unos cautivantes ojos verdes y una boca que parecía hacer pucheros y que estaba seguro que debería atraer la atención de las chicas, sin mencionar que parecía que se ejercitaba… mucho.
Georg estaba en último año y le dijo a Tomi que no era “tan malo” estar en esa universidad, pero sólo si “sabías a dónde ir”. Georg le lanzó una mirada conspiradora.
Los padres de Tomi se despidieron, su madre lo hizo entre lágrimas y su padre con un firme apretón de manos. No quería admitirlo, pero se había sentido un poco solitario al verlos irse. Ya se sentía nostálgico y todavía ni siquiera desempacaba.
Georg le ayudó con eso, haciendo que se pusiera un poco más a gusto.
—Hablan de todo esto de la educación superior y de formar estudiantes honorables y de excelencia o una de esas estupideces —rio Georg—. Pero créeme, cuando oscurece, este lugar puede llegar a ser divertido. Hay fiestas privadas por todos lados.
—¿En serio? —preguntó Tomi, animado.
—Sí, y cada año se hace una para los recién llegados. Para darles la bienvenida —Georg le guiñó un ojo.
Tomi apartó la vista rápidamente, mordiendo su labio para esconder una sonrisa tímida. ¿Acaso Georg estaba coqueteando con él?
Desde hace un tiempo, Tomi se había dado cuenta de que le gustaban ambos: chicos y chicas; pero en realidad, era algo que todavía no había explorado. En su casa, donde las personas esperaban de él que fuera heterosexual, siempre se había sentido cómodo escondiéndose en su apariencia ruda y gangster. Aquí en la universidad, estaba por su cuenta, y no había nada familiar a su alrededor de donde pudiera obtener una imagen estable y cómoda. La forma en la que Georg seguía guiñándole un ojo y sonriéndole, hacía que su interior se calentara un poco, recordándole que se había rendido con su última novia hace meses.
—¿Y por qué estás aquí? —preguntó Georg mientras acomodaban todo—. ¿Teatro o música?
—Música —dijo Tomi, sentándose en su cama. No era tan cómoda como la que tenía en su casa, pero tendría que acostumbrarse.
—¿Instrumentos, canto… qué quieres hacer?
—Toco guitarra —contestó Tomi—. Y canto. Así que estoy tomando clases para las dos.
La voz de Georg se volvió maliciosa.
—¿Ya tienes tu horario?
—Sí —dijo Tomi con lentitud—. ¿Por qué?
—Déjame ver —dijo Georg sonriendo socarronamente mientras se levantaba de la cama. Tomi rebuscó en su mochila y sacó su horario de su carpeta.
—¡No jodas! —Georg dejó salir una carcajada.
—¿Qué? —preguntó Tomi, jalando el borde de la hoja hacia abajo para ver qué estaba viendo Georg—. ¿De qué te ríes?
—¿Ves esta clase de aquí? —Georg señaló la que decía “Composición y Teoría de la Música”.
—Sí.
—El profe está jodido. En serio, está enfermo —a pesar de que eran los únicos en la habitación, Georg bajó su voz como si le estuviera diciendo un secreto.
—¿Cómo que “enfermo”? —preguntó Tomi haciéndose para atrás.
—Es que lo despidieron de la última universidad en donde trabajó por hacer cosas con los alumnos —dijo Georg, sus cejas rebotaron mientras repetía el chisme.
—¿Qué? —exclamó Tomi con un tono ahogado.
Le arrebató la hoja a Georg para ver el nombre otra vez.
—Dijeron que es el mejor profesor que pudieron conseguir para esa clase —dijo Tomi confundido mientras pasaba un dedo por el nombre escrito en la hoja—. Lo elogiaron como si fuera algún tipo de gurú de la música o algo así.
—Sí, eso sí —Georg se encogió de hombros—. No puedo negar que sabe lo suyo, pero ¡oh, hombre! Cuando escuches los rumores…
Georg dejó de hablar, sonriendo. Tomi se lamió sus labios repentinamente secos.
—¿Como… como qué? —preguntó, sintiéndose una mala persona por ser tan curioso ante los errores del pasado de otra persona.
—Es como un maniaco sexual —suministró Georg con rapidez—. Escuché que puso a una chica sobre su escritorio y la golpeó con una regla, algo así como la típica fantasía entre alumno/maestro.
Tomi tragó saliva, removiéndose en la cama. Sabía que ya tenía diecinueve años, pero no se había expuesto mucho a ese tipo de cosas. Estaba bien informado respecto al sexo, pero nunca había estado metido en ningún tipo de manías sexuales. Claro que había visto porno, pero todo eso era falso, ¿no? Si los rumores eran ciertos…
—Santa mierda —susurró Tomi.
—Sí, eso mismo —dijo Georg—. Y oí que también le gustan los hombres. Dicen que le metió un dildo en el culo a un chico y que le hizo sentarse con él durante toda la clase.
—Mierda —dijo Tomi, antes de levantar la vista hacia Georg—. ¿Cómo sabes todo eso?
—De por ahí —Georg se encogió de hombros—. He estado aquí por tres años y sé todo lo que pasa y quién lo sabe.
—¿Y cómo lo dejan trabajar aquí si tiene esa reputación? —se preguntó Tomi.
—Es alguien importante, y siempre lo están encubriendo porque tiene varias conexiones… además de que es excelente en su trabajo; aparentemente, los padres lo aman —Georg rio—. ¿Te lo imaginas? Estar sentado en una reunión con él, con tu hijo a un lado de ti y el pobre tiene un dildo metido en el culo, y que la mamá diga: “¡qué buen maestro!”.
Georg empezó a reír a carcajadas, golpeando su muslo con una mano.
—Eso es… ¡es horrible! —exclamó Tomi, pero también se estaba riendo. Era un escenario ridículo, y al mirar de vuelta a su horario, Tomi se preguntó si todo eso verdaderamente era posible. Tal vez, después de todo, había una razón para asistir a la clase de Composición y Teoría de la Música del Profesor Bill Kaulitz.
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Todos los nuevos alumnos estaban reunidos en una asamblea con el director y el consejo de la universidad, pero Tomi se pasó la mayor parte del tiempo dormido o soñando despierto. Su mente estaba en otro lado, pensando en lo que Georg le había contado.
Ahora tenía un repentino y ansiado interés por conocer a su profesor de composición y teoría. Había algo acerca de las historias que Georg le había contado, que bajaba hasta el fondo de su estómago e iba directo a su cerebro, enredándose ahí y no soltándose.
En la preparatoria, el grupo de amigos de Tomi había consistido sólo de chicos, algo así como un club de “no se permiten chicas”. Incluso al crecer, no salían con chicas, a pesar de que todos ya habían perdido la virginidad cuando eran más jóvenes. Las chicas eran algo para divertirse, y cuando todos se juntaban, tocaban música, y eso era algo que sí se tomaban en serio. Tomi nunca había conocido a alguien como el profesor Kaulitz en la vida real, y su curiosidad prácticamente lo estaba volviendo loco.
Nunca había estado tan interesado en entrar a una clase, pero no podía esperar a asistir a Composición y Teoría de la Música en unos días.
Tomi volvió su atención a la asamblea para darse cuenta de que ya se estaba terminando. Se encogió de hombros y se levantó de su asiento. Estaba cansado de usar ese maldito uniforme y no podía esperar a llegar a su habitación para cambiárselo. Georg había prometido que lo llevaría a una fiesta esa noche, y Tomi se moría por librarse de la tensión y energía que había estado acumulando en los últimos días.
Se encontró a Georg afuera de su dormitorio y Georg le dijo que iba a salir a almorzar con unos de sus amigos.
—Si quieres, puedes venir —invitó Georg.
—Seguro —dijo Tomi—. Primero deja voy por algo de dinero y a quitarme este puto uniforme.
—¡Seguro!
Rápidamente, Tomi subió y se despojó del uniforme restrictivo que traía puesto y lo cambió por un par de pantalones holgados, una camisa demasiado grande, y una gorra NY New Era, completando su atuendo con un par de Reeboks que combinaban con todo. Cuando volvió, Georg levantó una ceja.
—Te queda bien el look de rapero blanco pobretón.
—¿Gracias? —dijo Tomi, sarcásticamente.
—Anda, vamos —dijo Georg riendo.
El grupo de amigos de Georg era variado y algo interesante. A Tomi le agradaron todos rápidamente.
Gustav, un estudiante de segundo año en la facultad, tocaba la batería y tenía un sentido del humor inexpresivo que a Tomi le pareció hilarante. Andreas, un rubio alto, que también era de segundo, pero llegó a Hamburgo para estudiar teatro. Tomi supo por qué al ver lo dramático y exuberante de su actitud. El lado femenino del grupo de Georg incluía a dos chicas jóvenes, una de último año y una de segundo. Natalie, la más grande, tenía cabello rubio, ojos azules y una cara dulce y atractiva. Tenía un sentido de la moda que Tomi agradecía en la atmósfera poco natural de la Universidad. Ria era sin duda la más hermosa del grupo, mitad vietnamita con ojos almendrados, labios carnosos y piel aceitunada.
Todos parecían llevarse bien y Tomi se sintió un poco incómodo al principio. Sin embargo, Georg rápidamente le dio un empujoncito, presentándolo ante su grupo de amigos. Todos eran muy agradables, y antes de que Tomi se diera cuenta, ya estaban sentados alrededor de una mesa de un restaurante, riendo y platicando.
Cuando la conversación dio un giro, Natalie, la amable rubia mayor, le preguntó a Tomi en qué se iba a especializar.
—Música —dijo él—. Toco guitarra y también canto.
—Y adivinen qué —añadió Georg, sus ojos bailoteaban—. Está en la clase de Composición y Teoría de la Música.
Todas las cabezas de la mesa se giraron para verlo con sus bocas abiertas antes de que empezaran a reírse.
—¡Oh, por dios! Le tocó con el profe Bill Chupavergas —resopló Andreas.
Tomi sintió que su rostro se enrojecía, a pesar de la atmosfera leve y humorística, y se removió en su asiento con la mirada clavada en su plato.
—Será mejor que te cuides, o hará que te sientes en una regla —Andreas empezó a reírse incluso más fuerte con una carcajada a la que también se unió Georg, ambos se mecían de adelante hacia atrás y se agarraban sus costados.
—Ay, por dios —Ria rodó sus ojos.
—O sea, ¿cómo saben que eso es cierto? —preguntó Natalie, picando su ensalada y mandándoles miradas inquisitivas a los dos chicos que se reían tontamente.
—En todo rumor… —dijo Gustav, asintiendo.
—Hay algo de verdad, ya lo sé. Pero en serio, chicos, algo. No todo puede ser cierto —dijo ella.
Tomi no dijo nada, pero estaba casi agradecido de que ella estuviera defendiendo al profesor. Todo el campus debía estar riéndose de él a sus espaldas.
—No, en serio, Tomi —dijo Andreas, inclinándose sobre Georg para verlo—. Cuando entres a la clase de ese tipo, lo sabrás.
—¿Cómo que lo sabré?
—Sí, tiene una pinche vibra rara que te hace sentir taaaan incómodo —Andreas asintió—. Yo tuve clase con él el año pasado, y ¡puta madre! No lo aguantaba. Cada vez que te mira, te dan ganas de taparte con una capa o algo así, porque se siente como si pudiera ver a través de tu ropa.
—Ok, pero el hecho de que haya perfeccionado la violación con la mirada no significa que haya hecho todas esas cosas —Ria intervino.
—Como quieras, pero tú nunca has tenido clase con él —señaló Andreas.
—Pero lo he visto en el campus —Ria se encogió de hombros.
—¿Y no te has sentido así? —preguntó Andreas.
—No —dijo Ria—. Tal vez sólo piensa que eres muy lindo, Andi. O tal vez te sientes así porque te gusta.
—Ay, por favor, Ria —Andreas se hizo hacia atrás, disgustado—. ¿De verdad tenías que decir eso? ¿Por qué putas todos piensan que soy gay?
Toda la mesa estalló en risas y Tomi tuvo que reír también, mirando el cabello rubio y largo del chico, al igual que sus pantalones ajustados.
El resto de la noche continuó de la misma forma, aunque el tema de conversación del profesor Kaulitz no reemergió. Tomi estaba un poco agradecido por eso. De alguna forma, lo ponía incómodo hablar tan mal de una persona que ni siquiera conocía. Todavía ni siquiera había visto al profesor, mucho menos hubiera podido imaginar esa mirada aparentemente tan penetrante.
& Continuará &
Ésta es una historia totalmente BotTom.
Recuerdo haber leído este fic pero no lo terminé de leer y ahora es mi oportunidad.
Lo único que me saca medio de onda es Tomi ya que no estoy acostumbrada a leer que lo nombren así pero igual esta bueno el fic 😊😊
A ver qué tal es el profesor Bill.
Oye me morí con lo de perfeccionó la violación con la mirada. 😂😂😂😂