“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 7: Sólo tienes una oportunidad
Tomi sentía como si fuera a explotar debido a la rapidez en la que su corazón latía al entrar en el edificio de oficinas. Era tarde y una vez más, todas las luces estaban apagadas, a excepción de la de Bill. Se acercó a la puerta con un extraño tipo de excitación cerniéndose en su estómago, temiendo y anticipando lo que estaba a punto de pasar. Ahora sabía lo que ocurriría con él una vez que pusiera un pie dentro de esa habitación y al recordar lo sucedido en la semana pasada, Tomi se juzgó a sí mismo y decidió que desafortunadamente no estaba preparado.
Se paró frente a la puerta, intentando ser valiente y fuerte a pesar de la mezcla de sensaciones que daban vueltas en su estómago. Tocó a la puerta unas cuántas veces y escuchó. Su corazón casi se ahogó con el sonido de la suave respuesta de Bill.
Tomi abrió la puerta y entró, encontrando a Bill nuevamente en su escritorio. Bill levantó la mirada y Tomi pudo ver cómo sus ojos se oscurecieron inmediatamente. Cerró la puerta detrás de él y se mantuvo ahí parado junto a la puerta, mirando con ojos grandes a Bill. Sabía que si se miraba en un espejo, probablemente vería “cagado de miedo” escrito por toda su cara.
—Tomi, pasa —invitó Bill, sus labios se crisparon en una sonrisa.
Tomi se acercó al escritorio, sus piernas se sentían débiles. Se hundió en una de las sillas, recordando la última vez que había estado sentado ahí. La cabeza de Bill había estado entre sus piernas y había estado en medio de un orgasmo.
—Ahora, me parece que debemos encontrar una solución para sus retardos, Sr. Trumper —dijo Bill, levantándose de su escritorio. Lentamente le dio la vuelta, estando por encima de Tomi con sus botas de tacón. Todavía seguía usando el mismo atuendo de más temprano: un saco de traje sin mangas y sus pantalones con pequeñas y brillantes motitas que destellaban en la luz tenue. Debajo, usaba una camisa negra que revelaba una buena porción de piel suave y pálida.
—Sí, señor —susurró Tomi, sintiendo cómo el aire se evaporaba lentamente de sus pulmones.
—¿Qué crees que debería hacer contigo, eh, chico sucio? —preguntó Bill bajando una mano para agarrar el mentón de Tomi.
Tomi levantó la vista y luego la desvió, encontrando que esa mirada ardiente era demasiado.
—Mírame —ordenó Bill, dándole un tirón a su mentón. Tomi forzó a sus ojos a levantarse, apenas siendo capaz de hacerlo. Luego Bill repitió en un tono suave—. ¿Qué crees que deba hacer?
—No… no sé —chilló.
—Llegar tarde a la clase el primer día, faltar, llegar tarde de nuevo —Bill enlistó sus transgresiones, chasqueando la lengua al concluir—. Creo que todo eso merece algo más que una simple plática.
Tomi respiró pesadamente por sus fosas nasales, tragando con dificultad al susurrar.
—Castígame.
La ceja de Bill se levantó rápidamente, sus fosas nasales se abrieron; la primera reacción fue por sorpresa y la segunda por excitación.
—¿Quieres que lo haga? —preguntó, pasando la uña de su pulgar sobre el labio inferior de Tomi, dejando que la punta rasguñara un poco.
—Sí —Tomi jadeó.
Se estaba volviendo loco con deseo y sabía que Bill iba a hacerlo de cualquier forma. No podía evitar pedirlo, incluso rogar. Antes no se había dado cuenta por completo, pero se estaba muriendo por inclinarse para Bill, sentir los intensos azotes quemando un camino de deseo sobre su piel.
—Bien —murmuró Bill al final, una sonrisa modesta se mostró en sus labios—. Porque hoy traje la tabla.
Soltó su mentón, dándose vuelta hacia el escritorio. Sin embargo, sus palabras dejaron a Tomi dando vueltas y su boca se abrió. Una tabla. Bill tenía una puta tabla. Primero fue atravesado por una conmoción y luego por una excitación intensa, en una rápida sucesión y se encontró a sí mismo forcejeando mientras veía a Bill sacar la tabla de su maletín. Se preguntó con tardío, si la habría estado cargando durante todo el día, esperando por ese momento. Alcanzó a ver la herramienta de castigo y tragó con dificultad. Era de madera, pero un lado estaba cubierto con cuero negro y brillante. Tomi supo, sin siquiera preguntar, cuál era el lado que iba a conocer a su trasero en algunos segundos.
Bill jaló su silla del escritorio y le indicó que se acercara a él.
—Ven aquí —dijo, dándole unas palmaditas a su pierna.
Por la puta madre, pensó Tomi al levantarse sobre sus piernas débiles. Llegó al lado de Bill con su corazón retumbándole y con su cuerpo entero hirviendo, pero especialmente su rostro y su entrepierna.
—Arrodíllate —ordenó Bill—. Sobre mi pierna.
¡Mierda! Pensó, un lloriqueo escapó de sus labios al ponerse de rodillas con lentitud. Los pantalones de Bill ya estaban envolviendo una erección de buen tamaño y la vista hizo que el estómago de Tomi se retorciera con excitación.
—Bájate los pantalones —demandó Bill y Tomi miró al profesor con ojos bien abiertos.
—P-pero… —empezó, preguntándose cómo se sentiría la tabla contra su piel desnuda. Probablemente muchísimo peor que la mano de Bill.
Bill negó con su cabeza, presionando uno de sus largos dedos contra los labios de Tomi.
—Ahora, mi dulce chico.
Tomi tragó con pesar, y bajó su cabeza mientras batallaba con sus pantalones. Los bajó lentamente, mordiéndose su labio inferior al encontrarse igual de excitado que Bill. Se sonrojo incluso más al bajar sus bóxers, dejando su erección completamente al descubierto ante los ojos de Bill.
Bill lo agarró, obviamente cansándose su lentitud. Con un movimiento rápido lo jaló sobre su pierna y Tomi se encontró a sí mismo gimoteando, prácticamente hiperventilando mientras Bill lo presionaba con una mano firme. La tabla chasqueó contra su piel y Tomi dio una sacudida, gritando inmediatamente antes de que el aire dejara sus pulmones. Boqueó y sus dedos arañaron en busca de soporte. Se agarró del brazo de la silla de Bill y de su pierna; su cuerpo repentinamente gritaba un dolor intenso, pero dulce.
Crack. Bill lo azotó de nuevo, forzando otro gemido de los labios de Tomi. La intensidad del dolor parecía robar cualquier otro sonido y Tomi pestañeó rápidamente. Su visión se nubló y respiró pesadamente, intentando no llorar.
Cuando Bill lo golpeó por tercera vez, se sacudió sobre su pierna, gritando un sollozo ahogado. Bill lo reacomodó sobre su rodilla con su mano firme y dominante mientras le daba otro azote castigador.
—Mierda, mierda —jadeó Tomi, sus dedos jalaban el tapizado de la silla y se hundían en la pierna de Bill. Las lágrimas se apresuraron rápidamente a sus ojos, escociendo en respuesta al dolor en su retaguardia. Parpadeó, intentando ir en contra de la emoción ofensiva e intentando ponerse al corriente con las reacciones enredadas de su cuerpo ante el castigo.
Sin embargo, Bill apenas y le dio un momento para reponerse, y en lugar de eso, azotó el cuero de la tabla contra su trasero una vez más.
—Coño… mierda —maldijo Tomi de nuevo, antes de que lograra lloriquear—, Bill, por favor.
Bill chasqueó su lengua suavemente, la mano que tenía en su espalda lo acarició con suavidad.
—Lo lamento, Tomi, pero los chicos sucios obtienen muchas nalgadas y muy fuertes.
Tomi gimoteó, presionando su cara hacia abajo en el muslo de Bill, aferrándose a la piel cálida y delgada. Soportó cuando Bill lo golpeó una vez más, enviando un dolor insoportable por todos sus glúteos. Aguantó sólo unos cuantos azotes más antes de volver a gritar.
—¡Bill, por favor! —su voz se convirtió en un chillido—. Por favor, ya… me duele mucho.
—¿Has aprendido tu lección? —le preguntó Bill suavemente, quitando algunas rastas de su cuello sudado. Comenzó a mover su pierna, meciendo a Tomi ligeramente mientras se inclinaba para colocar un beso en su nuca.
—Sí, señor, sí… —gimoteó.
—Mmm, bien —dijo Bill al poner la tabla a un lado, haciendo que Tomi se colapsara sobre su pierna, aliviado. Con una mano, acarició su espalda hasta que llegó a sus nalgas rojas y dolientes. Apretó una y sus dedos largos masajearon lentamente, calmando el dolor.
—Ése es mi chico bueno —elogió suavemente mientras Tomi se arqueaba contra su pierna. Lo acercó más, haciendo que presionara su rostro contra su pecho mientras pasaba sus dedos entre sus nalgas.
Sus largos y perfectos dedos acariciaron el agujerito apretado de Tomi y éste jadeó, levantando las manos para agarrarse a las solapas del saco de Bill.
—Bill —exhaló, su corazón latía con fuerza. Nadie nunca lo había tocado ahí, y el toque envió sensaciones calientes y palpitantes por su pene.
—¿Te gusta? —susurró Bill en su oído.
—Sí —Tomi gruñó, no tan reticente a admitir qué tan bien se sentían los dedos de Bill.
—¿Los quieres dentro de ti? —preguntó Bill, su voz era baja y tan jodidamente excitante.
—Mierda —Tomi chilló, casi trepándose al regazo de Bill mientras los dedos de éste acariciaban con más fuerza su entrada, tentando la pequeña abertura—. Sí, mierda, sí.
—Entonces tendrás que ser un buen chico y relajarte —le dijo Bill, acariciando sus rastas.
Tomi levantó su cabeza cuando Bill se inclinó hacia su portafolio nuevamente. Se preguntó qué sacaría esta vez, su mente pensó en toda clase de cosas extrañas antes de darse cuenta de que era sólo una pequeña botella de lubricante. Dejó caer su cabeza de nuevo sobre el pecho de Bill, gimiendo en tono bajito.
—Voltéate —ordenó Bill.
Tomi no quería abandonar la comodidad de su pecho, pero hizo lo que se le ordenó, volteándose para enfrentar el escritorio. Sus piernas ya se sentían débiles y todavía ni siquiera había llegado al clímax. Su trasero todavía ardía por los azotes, pero al bajar la vista a su erección, Tomi supo que estos habían hecho más por excitarlo que para castigarlo por sus retardos.
Una de las suaves manos de Bill se presionó contra su cadera y Tomi mordió su labio inferior, se agarró de la orilla del escritorio, inclinándose para sacar su trasero hacia donde estaba Bill.
—Perfecto —Bill murmuró, enviando una oleada de escalofríos por el pecho de Tomi.
Después, sus dedos lubricados acariciaron desde su perineo hasta su coxis. Tomi gimió, su cuerpo se tensó con excitación y anticipación. Recordando las palabras de Bill, hizo su mejor esfuerzo para relajarse y dejar que los dedos hicieran su magia.
Bill lo acarició de nuevo antes de dejar que sus dedos se concentraran en su entrada. Tomi se sintió a sí mismo prácticamente estremeciéndose mientras Bill frotaba insistentemente el pequeño agujero con la punta de su dedo medio. Se inclinó más sobre el escritorio, apretando sus ojos mientras Bill lo metía. El dedo se hundió más, deslizándose gracias a la humedad del lubricante. Tomi jadeó, su corazón se tropezaba consigo mismo al intentar captar las sensaciones que lo inundaban.
Bill se acercó y Tomi pudo sentir su cálido aliento rozar sobre una de sus nalgas. Ya estaba estremeciéndose, pero la idea de la boca de Bill tocándolo ahí atrás le hizo querer caerse en el piso como un montón de extremidades débiles y excitadas.
—Buen chico —Bill lo elogiaba suavemente mientras bombeaba su dedo de adentro hacia afuera—. Ábrete para mí.
—Yo… yo… Bill —Tomi intentó hablar, pero sólo pudo tartamudear mientras Bill lo tocaba de esa forma tan maravillosa.
La mano de Bill cubrió su nalga, apretándola con fuerza para separarla. Metió otro dedo en él, y los dos lo estiraron un poco.
—Oh… oh, por dios, Bill —Tomi gimió, mientras el dedo entraba más profundo. Sin embargo, Bill lo mantuvo agarrado, sus dedos sólo lo penetraban con más fuerza por cada centímetro que Tomi se alejaba. Cayó sobre el escritorio, gimiendo y casi sollozando mientras Bill separaba sus piernas y continuaba forzando sus dedos dentro de él. Entraban y salían; el lubricante creaba unos sonidos candentes y húmedos con cada movimiento que sólo servían para que Tomi se desesperara más por el clímax.
—Bill, Bill, por favor… —gimió, ya estaba dispuesto a rogar.
Los dedos disminuyeron un poco su velocidad, comenzando con caricias largas dentro de él. Tomi jadeó, arqueándose bruscamente contra el escritorio mientras Bill acariciaba cada centímetro de sus paredes internas antes de encontrar a su próstata. Los dedos tentaron la bolita, causando que Tomi rasgara la suave madera de la superficie del escritorio.
—Mierda, por dios… —gimió Tomi, hundiendo su rostro en el escritorio.
Bill apretó su nalga en una mano, su boca volvió para posar un beso contra su piel dolorida y azotada. Sus labios eran suaves, cálidos y un poco húmedos. Tomi gimoteó calladamente mientras Bill continuaba su tortuoso toqueteo y mientras sus labios dejaban besos por todo su trasero hasta que llegaron a su entrada, tocando justo a un lado de sus dedos penetrantes.
—Dios… —murmuró—. Podría simplemente cogerte.
Tomi gimió más fuerte, sus caderas saltaron cuando Bill acarició nuevamente su próstata.
—Sí, por favor, Bill… —divagó sin pensar.
Sólo podía imaginarse cómo el gran pene de Bill se sentiría dentro de él… el placer que provocarían sus movimientos, azotándose contra su próstata…
Sin embargo, Bill permaneció sentado detrás de él; sus dedos lo penetraban con un ritmo estable. Giraban y se retorcían en su interior, acuchillándolo profundamente y dándole placer hasta que Tomi sintió que el orgasmo comenzaba a hincharse dentro de él. Era demasiado, pero no suficiente. Apenas podía soportar el lento y tortuoso placer, y no quería esperar quién sabe cuánto tiempo antes de tener un orgasmo de esa forma.
—Bill, por favor… —susurró—. Por favor… tócame.
—¿Quieres que te haga acabar? —preguntó Bill, sacando sus dedos para trazar círculos perezosos alrededor de su entrada. Tomi gimió, retorciéndose ante la sensación.
—¡Sí! —gritó en respuesta.
Uno de los dedos de Bill volvió a entrar y Tomi se arqueó contra él.
—Bill, por favor —exhaló—. Por favor, me duele… duele… por favor…
—Mmm —Bill murmuró, volviendo a meter dos dedos.
—Bill, no, ¡por favor! —chilló Tomi, colgando su cabeza entre sus brazos mientras los dedos de Bill lo penetraban de nuevo. Cuando metió un tercero, Tomi gritó entrecortadamente.
—Si no puedes con mis dedos —dijo Bill tranquilamente—, nunca podrás con mi pene.
Tomi jadeó mirando hacia el escritorio. Se forzó a sí mismo a estar tranquilo y recibir los dedos de Bill como un buen chico. Tenía que hacer lo que Bill dijera, o si no, nunca conseguiría lo que quería.
Los dedos de Bill lo penetraron una y otra vez, torturando su punto g hasta que se convirtió en un desastre, gimiendo y completamente excitado. El clímax comenzó a aproximarse, lentamente, dolorosamente; cerniéndose tan cerca hasta que Tomi sollozó y comenzó a retorcerse. Se aferró a los primeros indicios del orgasmo y su cuerpo se tensó, preparándose. Los dedos comenzaron a moverse con más rapidez, rozando su próstata insistentemente, llevando a Tomi al límite. Se sacudió contra el escritorio, gritando en cuanto el placer lo devastó, rápido y fuerte. Gimió, convulsionando mientras su pene, que no había sido tocado, comenzó a derramar semen, fluyendo de él intensamente por unos momentos. Al final, se hundió en el suelo sobre sus rodillas, todavía sosteniéndose débilmente del borde del escritorio.
Los dedos de Bill habían salido de él y el profesor se mantuvo sentado en su silla. Cuando Tomi lo miró, sus ojos estaban oscuros como el carbón y estaba abriéndose sus pantalones. Tomi batalló para ponerse de frente a él, arrastrándose a su regazo sobre sus manos y sus rodillas. Todavía estaba jadeando por su orgasmo, gimiendo con deseo una vez más cuando Bill le ofreció una mano. La tomó y Bill agarró la parte trasera de su cabeza, haciendo que su boca se dirigiera a su pene largo y palpitante.
Bill lo alimentó con su doliente longitud de carne, suspirando con placer mientras la boca de Tomi lo envolvía. Tomi lo chupó inmediatamente, levantando sus manos entusiastas por tocar piel desnuda. Se agarró de las caderas de Bill, los pequeños huesos encajaban perfectamente en sus palmas. Apretó la suave y maleable piel, gimiendo en placer mientras el pene de Bill lo llenaba.
—Sí, sí… —Bill susurró desde arriba, sus caderas se impulsaban contra su boca.
Bill tomó un lado del rostro de Tomi, antes de que su mano se deslizara a donde sus cuerpos se conectaban. Sus dedos largos se envolvieron en torno a la parte más caliente de su cuerpo, frotando la base lentamente mientras la saliva de Tomi chorreaba para lubricarlo.
—Chúpame —susurró—. Chúpamelo como el travieso y sucio chico que sé que eres.
Tomi gimió, tomándolo incluso más ardientemente en su boca. Bombeó de arriba hacia abajo, saboreando el pre-semen que salía de su punta. Se echó para atrás para lamer la cabeza chorreante, empujando su lengua debajo del prepucio.
—Ahh… —las caderas de Bill se levantaron de la silla y Tomi levantó una mano para agarrar su miembro.
Pasó su pulgar sobre la punta, jalando el prepucio hacia abajo para lamer con su lengua firme la mojada y pequeña hendidura.
—Mmm, oh, Tomi…. —murmuró Bill en un tono ronco. Tomi miró al profesor, parpadeándole con sus ojos color miel y sus pestañas gruesas y oscuras. El rostro de Bill se retorció y dejó escapar un gemido gutural. Agarró las rastas de Tomi, haciéndolo bajar por su pene de nuevo. Sus caderas se mecieron con más fuerza y su cuerpo comenzó a temblar.
—Sí… mierda, tómalo —dijo entre dientes, empujando su pene más adentro. Tomi casi se atragantó con el grueso y palpitante miembro antes de que Bill se retirara. Se frotó a sí mismo con una mano rápida y eficiente y su cuerpo se estremeció cuando se vino. Su caliente descarga salpicó sobre la boca abierta de Tomi y su mentón, decorando sus mejillas y la punta de su nariz. Bill gimió, pasando su pene sobre el desastre húmedo que acababa de hacer. Lentamente quedó flácido hasta que descansó inofensivamente contra la mejilla de Tomi.
—Oh… —murmuró, hundiéndose en su silla. Abrió sus ojos nebulosos, mirando la cara de Tomi, que estaba toda manchada de semen—. Oh, es hermoso.
Tomi volteó su rostro hacia el pene de Bill y lamió su carne gastada mientas le mandaba una mirada candente.
—Mierda, está sensible —Bill maldijo, sus dedos se apretaron en las rastas de Tomi para alejarlo. Tomi se resistió, aferrándose de los muslos de Bill.
—Quiero chuparlo de nuevo —susurró.
Los ojos de Bill se encendieron y Tomi pudo ver su manzana de Adán subiendo y bajando.
—Eres… —dijo, entrecerrando sus ojos—. Eres tan sucio.
Tomi lamió sus labios, saboreando el semen que había en ellos.
—Sí —susurró.
—Entonces para la próxima puedes esperar un castigo peor —dijo Bill en un tono bajo. El corazón de Tomi tartamudeó y tragó con dificultad.
—¿Peor que la tabla? —susurró.
Los ojos de Bill brillaron y se lamió sus labios rosados.
—Oh, sí.
El estómago de Tomi ya estaba volviendo a llenarse de excitación; su cuerpo palpitaba tan sólo con la idea de ser golpeado incluso peor de lo que ya había sido.
Sin embargo, Bill, se subió la cremallera y tomó su maletín. Metió el lubricante y la tabla, y aventó un paquete de toallitas húmedas en la dirección de Tomi.
—Límpiate tu cara, chico sucio —sonrió al decirlo y Tomi tuvo la impresión de que a Bill le gustaba marcar su rostro con su semen; después de todo, esta era la segunda vez que lo hacía.
Tomi abrió el paquete e hizo su mejor esfuerzo por limpiarse. Para cuando terminó y volvió a vestirse, Bill había vuelto a su silla a calificar trabajos, como si nunca hubiera dejado de hacerlo.
—Que tengas una buena noche, Tomi —dijo, sin levantar su vista de los papeles.
Tomi salió de la habitación rápidamente y su corazón palpitaba con fuerza. Sólo podía pensar en la promesa de Bill para la próxima ocasión, y se preguntó cuándo sería. Lo único que sabía era que sería una tortura esperar hasta ser convocado de nuevo a la oficina del profesor. Pero tal vez, ese había sido el plan de Bill…
& Continuará &
Gracias por la visita
Pero por supuesto que ese era el plan de Bill, decirle para que se vuelva loco de la anticipación. Si que esta vez Bill fue rudo y no me imagino cómo va a ser la próxima vez. Ese tracero de Tom le va a estar doliendo por días
😂😂😄😄
Uff que historia es de las mejores que he leído 🔥🔥🔥