“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 6: Noche larga
2 años antes
La sala estaba tan caliente que sofocaba, y la fila de los ceñudos miembros del consejo se parecían a los jueces de alguna sentencia para una bruja de Salem; sus miradas eran escépticas y juiciosas. Bill casi esperaba verlos usando batas negras y pelucas rizadas, pero se recordó a sí mismo, con una sonrisa, que él tenía más que un poco de magia negra bajo la manga.
Se plantó frente a ellos, vestido en su traje completamente negro. Tan solo el saco de Armani le había costado cerca de 600 dólares. Se sentía bastante superior mientras caminaba de un lado a otro en sus botas Rick Owens y los veía con una mirada oscura y escudriñadora. Estaban intentando intimidarlo, pero Bill sabía que, así como él tenía el mejor traje, también los tenía en la palma de su mano.
—Creo que sería un gran error de su parte si no aceptaran mi solicitud, mis queridos señores —Bill sonrió.
—No sea tan engreído, profesor Kaulitz —dijo con sarcasmo el líder del consejo, Peter Hoffman, como si no considerara que Bill mereciera su título.
—Les aseguro —dijo Bill, acercándose a la mesa y viéndolos desde arriba a todos ellos—, que estoy bastante calificado. ¿Quisieran que recite mis licenciaturas una vez más?… aunque, todos sabemos qué es lo que ustedes quieren saber.
Levantó una ceja, rogándoles que lo contradijeran.
Hubo un murmuro colectivo entre los miembros del consejo y Bill miró cada uno de sus rostros; sus labios gruesos seguían levantándose en las esquinas. En realidad era bastante divertido cómo todos intentaban actuar como si fueran tan importantes, como si no lo necesitaran.
—Sólo porque su padre tiene suficiente dinero para comprar esta universidad, no significa que debamos darle trabajo —dijo otro miembro del consejo. Bill giró su cabeza en esa dirección, encontrando al que lo había dicho, David Jost.
—Señor Jost —dijo Bill—. ¿Está intentando insinuar que soy un consentido y creído niño mimado?
Jost se mofó y se recargó contra el respaldo de su silla.
—¿No es lo que estás demostrando, hijo?
—Hijo —Bill sonrió con eso y avanzó hacia él—. Si ganarse tres títulos en tres años es ser un consentido niño mimado y creído, entonces sí.
Sonrió, encantadoramente.
—Pero de nuevo, ustedes están interesados en mi dinero ¿no? Tal vez pueda vender este traje que estoy usando ahora mismo y darles el dinero para esa donación que tanto necesitan.
—Suficiente —explotó alterado Patrick Benzner, otro de los miembros—. No estamos aquí para chacharear.
—Tiene razón —dijo Bill—. Estoy aquí por un trabajo, y ustedes por el dinero. Debería ser un acuerdo sencillo.
—Consideramos que este colegio es muy valorado por su gran reputación —dijo Hoffman—, y Bill apretó sus manos detrás de su espalda. Su pecho ardió y batalló para mantener una expresión calmada.
—Su reputación está a salvo conmigo —logró decir entre dientes.
—¿Lo está? —preguntó Jost—. Pudiste perder tu doctorado por ese incidente en Hanns Eisler.
Bill apretó los dientes, disparando una mirada irritante en dirección al hombre.
—Deje las cosas pasadas en el pasado, señor Jost. Prometo que seré el mejor profesor que honre esta universidad.
—Entonces votaremos —dijo Hoffman.
—Gracias —dijo Bill, sonriéndole con gentileza al hombre—. Les agradezco a todos ustedes por su tiempo, caballeros.
Inclinó su cabeza antes de darse vuelta y marchar hacia las puertas dobles del consejo. Abrió las dos, dejando la sala con su cabeza bien en alto.
Estaba confiado por los resultados de la votación, y no sería arrastrado en el polvo otra vez. Podía apostar su joyería de Dolce and Gabanna por eso.
&
En la actualidad
Tomi despertó de un sueño muy húmedo por culpa de Georg, quien entró tropezándose, todavía con por la fiesta de la noche anterior. Tomi dio un respingo en su cama, su corazón ya estaba palpitante debido al intenso y visceral sueño. Estaba todo sudado y sus rastas se le pegaban de forma especial a la parte trasera de su cuello y a su rostro. Estaba tumbado sobre su costado y las rastas se esparcían en su rostro como una manta. Gimió, quitándoselas de la cara y dándose la vuelta con lentitud. Ni siquiera tenía que bajar la vista para saber que ya estaba medio excitado, y llegando a tener una feroz erección matutina.
—Mierda, Georg —gimió mientras su compañero entraba, caminando fatigosamente. Llevaba unas gafas de sol sobre sus ojos y su cabello típica y perfectamente liso estaba enredado y enmarañado. Seguía usando la misma ropa del día anterior y Tomi inmediatamente pudo oler el alcohol y el cigarro.
—Maldición —gimió Georg yendo directamente a su cama y tirándose boca abajo.
—¿No tienes que estar en clase en una hora? —preguntó Tomi, juntando las sábanas alrededor de su entrepierna para cubrir su erección.
—Sí… creo que no voy a ir.
—Ayer faltaste.
—Ok, Sr. Chico Bueno —contestó Georg sarcásticamente—. Tú no tuviste una noche larga como yo.
Tomi tragó con dificultad, pestañeando rápidamente ante la avalancha de recuerdos. Georg no tenía idea de lo larga que había sido su noche, o con quién la había pasado. Tomi se sintió abrumado y entró un poco en pánico al recordar su momento con el profesor Kaulitz. De verdad no tenía idea de en qué se había metido, y no había forma posible de contarle a nadie.
—Sí, lo que digas —murmuró Tomi en respuesta, saltando de su cama hacia el baño, mientras intentaba mantener el borde de su camisa por encima de su entrepierna. Llegó ahí y cerró la puerta detrás de él, recargándose sobre ella con un pesado suspiro. Bajó la vista a sus bóxers, los cuales todavía formaban una carpa. Los estímulos de su sueño todavía continuaban y Tomi cerró sus ojos y palmeó su pene a través del suave algodón.
La noche anterior había sido, tal vez, la más candente que había tenido. Apenas podía creer que había sido él el que se había arrodillado frente al profesor Kaulitz… Bill. Le había dicho que lo llamara Bill. No podía creer que él había sido el que se había inclinado sobre el escritorio y que su pene hubiera sido chupado por esa persona perfecta y terriblemente hermosa.
Tomi gimió y apoyó su cabeza contra la puerta. Los recuerdos también eran demasiado calientes como para soportarlos y no dudó en quitarse su ropa y meterse a la ducha, dispuesto a tocarse. Abrió el agua caliente y se puso de pie bajo la regadera, recargado en la pared mientras dejaba que sus dedos se rodearan a sí mismo. Sosteniéndose con la resbalosa pared de baldosas, intentó no gemir demasiado alto mientras el placer se expandía en su interior. El agua le proporcionó una lubricación rápida y su palma se frutaba de arriba abajo con facilidad.
—Sí, sí —jadeó suavemente al cerrar sus ojos y recordar la forma en la que Bill lo había nalgueado tan fuertemente; su firme palma había convertido su trasero en una masa doliente de terminaciones nerviosas antes de hacerle sentarse y chuparlo con esos hermosos labios gruesos—. Mmm, oh…
Tomi gimió, tenía tantas ganas de decir su nombre. Estaba justo ahí, en la punta de su lengua, esperando ser expulsado mientras se acercaba más y más al orgasmo. Su cuerpo estaba rígido, cada músculo de su cuerpo se tensaba mientas movía su puño rápidamente sobre su pene palpitante. Sus piernas comenzaron a temblar debajo de él; su cuerpo entero se estremecía al acercarse con rapidez al clímax. Llegó casi demasiado rápido, y las piernas de Tomi flaqueron. Cayó de rodillas, gimiendo y retorciéndose.
—Bill, oh… Bill… —repitió el corto y suave nombre una y otra vez, recordando cómo se sentían las manos del otro sobre todo su cuerpo, tocando y complaciéndolo hasta que se desplomó contra la pared de la ducha, exprimido de toda fuerza.
Se encontró a sí mismo jadeando, con su corazón latiendo fuertemente. Sus rastas se estaban mojando, pero logró a duras penas levantarse y terminar de ducharse.
Cuando salió, Georg estaba muerto en su cama y Tomi negó con su cabeza, dejándolo ahí.
Tomi tuvo dos clases antes de Composición y Teoría y le costó bastante concentrarse. No podía imaginarse cómo podría aguantar la clase de Bill sin excitarse de alguna forma horrible e insoportable. Sin duda, el profesor sólo le haría las cosas más difíciles y no tendría piedad por él. Continuaría como siempre, enviándole esas miradas, llamándole la atención y haciéndole quedarse después de clases. Sólo dios sabía qué pasaría ahora. Básicamente habían destrozado todas las barreras que había entre ellos la noche anterior y Tomi no tenía idea de lo que Bill iba a hacer. Diablos, ni siquiera sabía lo que iba a hacer él mismo.
Estaba a la mitad de su clase de canto cuando llegó a la conclusión de que simplemente no había una puta forma de que pudiera hacerlo. Para cuando miró su reloj, la clase ya había terminado. Tomi estaba levantándose de su silla cuando vio a un hombre alto, con piernas largas y elegantemente vestido saliendo del edificio de música Rauhe. Tomi inmediatamente reconoció la figura de Bill, y su forma elegante de vestir, y se echó a correr antes de que Bill siquiera pudiera verlo. Estaba jadeando y un poco aterrorizado por alguna razón que no podía explicar cuando se escondió en la esquina de un edificio y vio cómo la silueta de Bill desaparecía dentro del edificio de oficinas.
—¡Hey!, ¿juegas a las escondidas? —una voz lo sobresaltó, y Tomi casi gritó, dándose la vuelta.
—Maldita sea, Georg, me asustaste —jadeó, airadamente. El otro chico se veía más activo que en la mañana y tenía su típica sonrisa en el rostro.
—Veo que ya se te está quitando la resaca —dijo Tom, venenosamente.
—Uh, parece que alguien está de mal humor —dijo Georg—. ¿Te levantaste del lado izquierdo de la cama?
—Cállate de una puta vez —dijo Tomi. Todavía estaba irritado con Georg por haberle contado a Andreas por su crush con el profesor Kaulitz. El día anterior los dos se habían burlado de él después de haberse enterado de sus reuniones con Bill después de clases. Ninguno de los dos tenía ni la más mínima idea de que unas horas después de eso pasaría a ser más que un crush.
—Sí, malhumorado —concluyó Georg—. Vamos, creo que necesitas relajarte, amigo mío. Algunos de nosotros vamos a ir a la sala de receso, por si quieres venir.
—En realidad no… —Tomi empezó.
—Anda —Georg pasó un brazo sobre sus hombros—. Somos unos excelentes jugadores de ping pong.
Tomi suspiró, pero se dejó llevar. Tal vez pasar un rato con Georg y sus amigos le ayudarían a dejar de pensar en Bill y en el predicamento en el que se encontraba. Tal vez era mejor que torturarse a sí mismo con los “¿qué pasaría sí…?”.
El fin de semana le dio a Tomi tiempo para pensar en qué hacer y para cuando llegó el lunes, decidió que tenía que regresar a su clase de Composición y Teoría. Era una de sus clases más importantes, y a pesar del maestro, de verdad tenía que asistir y lograr buenas notas. Y no sólo eso… Tomi se estaba desesperando por ver a Bill de nuevo. Era un masoquista en el sentido de que volvería a ponerse en esa situación voluntariamente una y otra vez sólo para sentir la mirada de Bill sobre él, llena de esa lujuria y deseo.
Sin embargo, Tomi vaciló el lunes por la tarde mientras estaba de pie afuera del edificio Rauhe. Se debatía con sentimientos encontrados y sentía como si diera un paso y retrocediera dos cada vez que intentaba entrar por las puertas principales. La hora de la clase se aproximaba con rapidez y entró en pánico al acercarse al edificio. Bajó la vista a su reloj y se dio cuenta de que iba a llegar tarde de nuevo si no se apresuraba.
En cuanto a lo de llegar tarde, la voz de Bill resonó en su cabeza por el primer día de clases. “Sólo tienen una oportunidad”.
Mierda, pensó Tomi al apresurar el paso. Su corazón empezó a latir un poco más rápido al preguntarse qué haría Bill con él por haber llegado tarde una segunda vez.
Al entrar corriendo al edificio Rauhe, notó que era uno de los pocos que quedaban en el pasillo y su respiración se agitó. Empezó a casi correr por el pasillo, deslizándose y deteniéndose en frente del salón de Teoría y Composición de la Música. Había llegado tarde, maldita sea, lo supo incluso antes de poner un pie adentro. Se detuvo al entrar, un poco agitado por su carrera en el pasillo. Tuvo un doloroso momento de dejà vu cuando todos los ojos voltearon a verlo.
Bill se volteó de la pizarra, al frente del salón. Su ceja derecha se levantó pronunciadamente y Tomi sintió que sus mejillas ardieron inmediatamente.
—Sr. Trumper —dijo Bill—. Llega tarde… de nuevo.
—Lo lamento —murmuró Tomi, moviéndose hacia un asiento vacío.
—Aunque es agradable que se nos una el día de hoy —dijo Bill, con su voz dulce, pero llena de sarcasmo. Tom se hundió en su silla, levantando la mirada para ver a Bill, quien lo miraba con la mirada más intensa.
—Lo lamento —repitió en un susurro y escuchó un resoplido de risa a su izquierda. Cerró sus ojos y le rogó a dios que se lo tragara la tierra en ese instante.
Bill volvió a su trabajo y Tomi se hundió incluso más en su asiento. Estaba feliz de que Bill no le hubiese dicho otra palabra durante el resto de la clase y que apenas y lo hubiera mirado. Sin embargo, cuando la clase se terminó, Bill curvó un dedo hacia él.
—Sr. Trumper, venga aquí.
Tomi gimió por dentro, pero se caminó fatigosamente de su silla hasta el escritorio mientras el resto de los estudiantes abandonaban la habitación, mirando hacia atrás con curiosidad.
—El último cierre la puerta —les dijo Bill, haciendo un pequeño ademán con la mano.
Todos fruncieron el ceño pues sus oportunidades de escucharlos desaparecieron. Al final, la puerta se cerró, y Bill se le quedó viendo al piso, jugueteando con el botón de la manga de la chaqueta de su uniforme.
—Tomi —la voz de Bill fue baja y Tomi quiso gimotear y caerse al piso justo en ese momento. En vez de eso, inhaló y exhaló con pesar y su corazón se aceleró—. Mírame.
Bill murmuró y Tomi levantó su mirada lentamente, mordiéndose su labio inferior. Los ojos oscuros de Bill se encontraron con los suyos, y Tomi pudo ver el sentido de la lujuria quemando sus profunidades.
—Creo que tal vez deberíamos tener otra discusión en mi oficina —Bill levantó una ceja—. Acerca de por qué sigues llegando tarde a mi clase.
—S- sólo han sido dos veces —susurró con una voz débil.
—Hmm —dijo Bill, pareciendo no importarle—. ¿Acaso no dije al principio del curso que no toleraba los retardos?
—Sí —admitió Tomi, su estómago dio un vuelco. Intentó no pensar en la forma en la que sus pantalones se apretaban o lo caliente que se sentía la habitación ante la mirada de Bill.
—Sí, lo hice —dijo Bill, rápidamente—. Tenías una oportunidad, y ya la perdiste.
Tomi tragó con dificultad, su corazón latía rápidamente. No podía pensar en algo qué decir, así que finalmente sólo susurró:
—Sí, señor.
—Bien —dijo Bill, levantándose del escritorio y tomando su maletín—. Entonces te veo esta noche.
—Sí, señor —repitió Tomi, casi gimoteando.
Bill asintió firmemente y le invitó a salir primero del salón. Tomi se le adelantó, intentando salir lo más rápido posible. A duras penas miró hacia atrás al dejar el edificio. Su corazón seguía golpeándolo a morir al llegar a la acera. Se sentó en una banca cercana y acunó su rostro entre sus manos. No sabía cuánto tiempo podría soportar eso. Sentía como si el poder de la sexualidad de Bill iba a matarlo uno de esos días, probablemente más temprano que tarde.
& Continuará &
Gracias por la visita
Pobre Tom , no tiene escapatoria y me temo que él tampoco quiere salir de esa situación.
Y ahora lo va a castigar, espero sea igual de placentera que la vez pasada 😈😈😄😄