“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 5: Dime Bill
Todo el campus estaba oscuro cuando Tomi tomó su mochila y se dirigió los dormitorios. Estaba perdido en sus pensamientos; su mente le daba vueltas a su encuentro con el profesor Kaulitz. Sabía, ya sin duda alguna, que lo deseaba; y estaba bastante seguro de que el profesor también lo deseaba a él. No hacía nada para disfrazar el hambre que siempre parecía descansar en sus ojos oscuros y maquillados.
Tomi levantó la vista al pasar por el edificio en donde estaban todas las oficinas del personal. Se detuvo afuera, preguntándose si el profesor Kaulitz todavía estaría ahí. Ya era bastante tarde, así que era probable que para esa hora ya se hubiese ido a casa. Tomi vaciló sobre la acera, antes de caminar con rapidez hacia la puerta, rindiéndose ante cualquier tipo de autocontrol.
La recepcionista ya se había ido, y Tomi caminó de puntitas por el pasillo, leyendo los nombres de las puertas. Más adelante, una llamó su atención; desde adentro, todavía emanaba una ligera luz a través de los cristales opacos. El corazón de Tomi retumbó cuando vio el nombre que estaba escrito: Profesor Bill Kaulitz.
Se detuvo justo afuera, su corazón latía con fuerza. Se estaba poniendo a sí mismo en una situación bastante precaria. No había nadie más en todo el edificio, y no era muy probable que alguien fuese a entrar. Si Tomi ponía un pie adentro, esencialmente estarían completamente a solas. Mandando todo al carajo y abandonando toda precaución, Tomi tocó a la puerta.
—Adelante —la voz grave y melodiosa del profesor flotó a través de la puerta, y Tomi sintió que su respiración se detenía. Envolvió sus dedos temblorosos y sudorosos en torno a la perilla y abrió la puerta lentamente. Se asomó adentro y vio al profesor Kaulitz sentado detrás de su escritorio, revisando lo que parecían ser trabajos y tareas. Levantó su cabeza, cuando Tomi se detuvo en la puerta.
—Tomi, pasa, por favor —dijo, sonriendo suavemente, de esa forma que hacía que la entrepierna de Tomi se endureciera. El hecho de que lo hubiese llamado por su primer nombre en vez de su usual “Señor Trumper”, hizo que su corazón se tropezara consigo mismo.
Tomi entró, y la puerta se cerró detrás de él.
—Me alegra que vinieras —dijo el profesor, recargándose en el respaldo de su silla y dejando sobre el escritorio el lapicero con el que había estado trabajando.
Su sonrisa se había esfumado, y miraba a Tomi por detrás de sus pestañas largas, su mirada parecía quemar su piel.
—Escuché lo que dijeron tus amigos —continuó—. Me preguntaba si vendrías.
Tom tragó saliva.
—¿Los… los escuchó?
Una sonrisa breve y sin humor pasó por los labios del profesor.
—¿Y tú qué piensas de mí, Tomi?
—Eh, yo… —Tomi susurró.
—¿Eso es lo que piensas de mí? —preguntó, levantando una ceja.
—No, yo, eh… —Tomi balbuceó, porque eso era exactamente lo que pensaba. Es lo que se imaginaba cada noche; lo que lo llevaba al orgasmo cuando se encerraba a sí mismo en el baño.
—Dime, ¿qué has escuchado? —el profesor Kaulitz preguntó, levantándose de la silla. Comenzó a pasearse alrededor del escritorio; sus manos estaban unidas detrás de su espalda. Tomi se encogió más en la silla cuando el profesor dominó desde la altura.
—Me dijeron… eh, me dijeron que usted es… uhm, que usted, eh… —Tomi tartamudeó, mirando hacia el suelo. No podía repetir las cosas que Georg le había dicho. Simplemente no podía. No con el profesor estando de pie frente a él, mirándolo con esos ojos…
—Te dijeron que hago cosas, ¿verdad? —su volumen de voz bajó—. Que les hago cosas a chicos como tú.
Tomi sintió como si un lazo hubiese sido repentinamente cinchado alrededor de su garganta, cortándole el oxígeno. Cuando levantó la vista, el profesor estaba de pie justo a su lado, mirándolo con una mirada negra, ensombrecida.
—Sí —gimoteó.
—Mmm… —el profesor Kaulitz levantó su mano, sus dedos tocaron ligeramente la mandíbula de Tomi. Su pulgar rozó por encima de su mentón; su uña larga y perfecta trazó su labio inferior.
—Eres bastante exquisito, ¿eh? —murmuró; sus ojos ardían.
Tomi se quedó congelado en su lugar y se aferró a los brazos de la silla.
—Eres un buen chico, ¿verdad? —preguntó, y Tomi se preguntó vagamente cuál era su fascinación con ese tema.
—Sí —chilló, cuando las uñas del profesor se hundieron en su mentón.
—Pero los chicos buenos van a decirle a sus papás, ¿no? —preguntó.
—No, no… —Tomi jadeó—. No lo haré…
—Entonces eso te hace un chico sucio —el profesor levantó una ceja, chasqueando su lengua con suavidad—. Oh, Tomi, los chicos buenos no chupan pene. Eso es para los chicos que son muy, muy malos.
Tomi sintió que un lloriqueo escapaba de sus labios, y antes de darse cuenta, estaba arqueándose ante el toque del profesor; sus labios se abrieron debajo de la caricia de su pulgar. La punta se deslizó dentro de su boca y Tomi chupó; sus fosas nasales se abrieron ante el sabor de la piel suave y cálida que acariciaba su lengua. Por encima, la cabeza del profesor Kaulitz se inclinó hacia atrás; su boca se abrió mientras Tomi chupaba su pulgar. Cuando bajó la mirada, alejó su mano, dejando a Tomi jadeando.
—Profesor… —empezó.
—Shh —levantó un dedo a los labios de Tomi—. Dime Bill.
Tomi tragó la saliva que se había acumulado en su boca, intentando controlar el salvaje latir de su corazón y el pulsar doloroso en sus pantalones.
—Bill —susurró, saboreando en su lengua el nombre corto y simple, como si fuera un manjar deleitable.
Bill le sonrió desde arriba, acariciando su mejilla.
—Los chicos sucios se castigan, Tomi.
Tomi sintió que su corazón se le subía hasta la garganta; su estómago se aguijoneaba con placer. Asintió rápidamente, mirando a Bill con lujuria extrema.
—No me importa —susurró.
La ceja de Bill se levantó por un momento antes de sentarse contra el escritorio, halando a Tom.
—Entonces sácalo —ordenó simplemente.
Las manos de Tomi estaban temblando cuando las levantó para quitarle el cinturón a Bill. Lo abrió de una forma torpe antes de abrir el botón y el cierre. Debajo, los boxers de Bill estaban estirándose y Tomi pudo ver que una gota de pre-semen los manchaba. Los jaló con rapidez, bajándolos lo suficiente como para liberar su miembro completamente excitado. El corazón de Tomi dio varios vuelcos mientras observaba su longitud larga y dura; oscurecida con excitación.
Los dedos de Bill se hundieron en sus rastas, acercándolo más. Tenía sus pies separados plantados en el suelo cuando se inclinó sobre el escritorio y puso a Tomi de rodillas, frente a él. Tomi bajó fácilmente, deslizándose desde la silla, hasta sus rodillas. La cabeza caliente e hinchada chocó contra sus labios. Los abrió, gimiendo inmediatamente en cuanto Bill hizo sus caderas hacia adelante. Penetró su boca, hundiéndose hasta adentro. Respiró desesperadamente por la nariz, intentando acostumbrarse a que el miembro caliente y duro de Bill llenara su boca.
A pesar de todas las fantasías que Tom tenía, nunca había chupado un pene en su vida. Nunca había hecho algo sexual con otro hombre, punto. Antes, nunca había tenido el coraje, pero ahora se encontraba a sí mismo sin inhibiciones, dispuesto a ponerse de rodillas y abrir la boca para recibir al miembro duro y caliente de Bill.
Por encima, Bill gimió suavemente; una de sus manos apretó las rastas de Tomi, y la otra se aferró de la orilla del escritorio. Sus caderas se arquearon contra la boca de Tomi, impulsando su pene de adentro hacia afuera mientras lo mantenía firmemente agarrado del cabello. Tomi no se atrevió a moverse, sólo se aferró a los muslos de Bill para estabilizarse a sí mismo mientras Bill comenzaba a penetrar su boca lentamente, pero con firmeza. La piel debajo de sus manos era cálida y sus músculos delgados estaban tonificados. A Tomi le gustaba la forma en la que sus piernas se tensaban bajo su agarre. Logró chupar en torno el pene de Bill mientras el profesor se balanceaba contra él, gimiendo silenciosamente durante todo ese tiempo.
Tomi levantó la vista, alcanzando a ver la expresión excitada de Bill; su rostro brillaba con sudor, sus ojos estaban cerrados y su mandíbula apretada.
—Sí, sí… —gruñó—. Sí, tómame.
Jadeó; su cabeza cayó, su mentón se apoyó contra su pecho mientras sus caderas lo embestían con más fuerza. Tom movió sus rodillas, casi ahogándose con el pene de Bill mientras él se impulsaba con más fuerza y con más rapidez. Los ojos de Bill se abrieron, desenfocados y anieblados al encontrarse con los de Tomi.
—¿Te gusta cuando penetro tu boca? —preguntó con una voz ronca y grave, causando que Tomi gimoteara. Jaló las rastas de Tomi, atrayéndolo contra él abruptamente y forzando la punta de su miembro hasta el fondo de la garganta de Tomi—. ¿Te gusta, mi chico sucio?
—Mmm —Tomi intentó asentir contra su pene, pero sólo se alojó más adentro. Respiró bruscamente por su nariz, rogándole a Bill con sus ojos.
—Te va a gustar cuando te castigue —prometió Bill, y Tomi se sintió endurecer dolorosamente bajo sus pantalones. Se balanceó sobre sus rodillas, cerrando sus ojos mientras Bill comenzaba a embestir contra él de nuevo. Tomi bajó una mano a su entrepierna, donde los pantalones restrictivos del uniforme de la universidad abrazaban su pene erecto de forma tan estrecha que dolía. Gimió, intentando bajarse el cierre y aliviar la presión.
Desde arriba, Bill gimió más fuerte; sus caderas continuaban embistiendo enérgicamente, pero más lento.
—Chúpame. Chúpame más fuerte —jadeó, sin aliento.
Tom obedeció, apretando su boca en torno al pene grande y duro. Chupo una y otra vez hasta que Bill comenzó a estremecerse contra él, sus dedos se retorcían con más fuerza en su cabello. Dejó salir un grito bajo y se tensó. Sacó su pene de la garganta de Tomi, salpicando su lengua y su labio inferior. Espació otro chorro de semen sobre su mentón, dejando motas en su labio superior y su mejilla. Tomi jadeó silenciosamente con sorpresa mientras el semen chorreaba de su boca, algo goteaba de las orillas, algo se deslizaba por su cuello. Al final, tragó, mirando al profesor de cabello enmarañado.
Bill jadeó, inclinándose pesadamente sobre el escritorio. Miró a Tomi con ojos oscurecidos y medio abiertos; una mirada que prendió incluso más deseo en su interior. Se irguió, volviendo a abotonarse sus pantalones.
—¿Listo para ser castigado? —murmuró, acunando la mejilla de Tomi en una mano y pasando su pulgar sobre el semen de su mentón.
El corazón de Tomi se impactó violentamente contra sus costillas, y por un momento, le costó responder.
—Sí, señor —respondió, finalmente; su voz sonaba ronca debido a la violenta cogida que Bill le había dado a su boca.
—Bien —dijo Bill—. Levántate.
Tomi se tambaleó y Bill lo acercó; pudo sentir ligeramente su respiración contra su mejilla.
—Inclínate sobre el escritorio —ordenó con un tono grave y bajo que envió maripositas nerviosas y excitadas que se retorcieron en el estómago de Tomi.
Mierda, pensó. Su corazón estaba retumbando.
El escritorio de Bill estaba ordenado y sólo tuvo que mover algunos objetos antes de que el torso de Tomi estuviera tumbado sobre él. Bill se pasó atrás de él, alcanzando el botón y el cierre de sus pantalones para abrirlos. Los bajo, antes de bajar los bóxers también y Tomi volteó su cabeza en el escritorio, con sus mejillas ardiendo. No podía creer que estaba haciendo eso, pero al mismo tiempo, se preguntaba cómo no podría.
Los dedos largos y suaves de Bill rozaron su erección, haciéndole dar un respingo.
—Luego nos encargamos de eso, ¿hmm? —murmuró Bill antes de que su mano se dirigiera a su espalda baja, acariciando una nalga. Tomi tragó saliva, sintiendo como si estuviese respirando de forma muy ruidosa mientras la mano de Bill cubría su glúteo. Su pulgar lo acarició suavemente, y Tomi gimió silenciosamente.
—Hermoso —elogió Bill en tono bajito—. Muy hermoso.
Tomi no sabía qué decir a cambio, ni siquiera sabía si podía hablar en ese momento con la forma en la que su lengua estaba hecha nudos. Estaba desnudo de la cadera para abajo, con sus pantalones alrededor de sus tobillos, y estaba inclinado sobre un escritorio, listo para ser castigado por su profesor, a quien apenas y conocía. Era de locos, pero al mismo tiempo, Tomi sabía que eso era exactamente lo que quería.
Repentinamente, la mano de Bill lo azotó, y Tomi jadeó, arqueándose contra el escritorio. Había esperado eso, algún tipo de rutina de castigo corporal, pero le había resultado sorpresivo cuando Bill en verdad lo azotó. Su piel escocía, pero la sensación fue directo a su pene. Su trasero se impulsó hacia atrás, como entregándose a la mano de Bill, y éste no dudó en darle otro. Tomi gimió, presionando su cara en la madera suave y dura del escritorio.
Nunca había imaginado que alguien golpeándolo pudiera ser tan excitante, pero ahora estaba dolorosamente caliente; su pene palpitaba con tanta fuerza que sentía que iba a estallar. Podía sentir la punta caliente presionándose contra su estómago, esparciendo el pre-semen cálido sobre su piel.
Bill le dio otro manotazo, esta vez, golpeando piel nueva. Tomi se removió, pero la mano de Bill en su espalda era firme y lo sostuvo ahí mientras lo golpeaba más fuerte y más rápido. Los manotazos agudos resonaban en la oficina, que de no ser por ellos, estaría en completo silencio y eran acentuados por los gemidos o gritos bajos de Tomi. Podía escuchar a Bill, respirando con dificultad, y su estómago se retorció, a sabiendas de que el profesor le ponía golpearlo así.
—Bill, por favor… —jadeó, al final.
Los golpes estaban empezando a doler, más que sólo un poco de ardor. Unas punzadas adormecedoras estaban tomando posesión de sus nalgas, y se retorció contra el escritorio mientras la mano de Bill hacía que su piel se enrojeciera—. Por favor.
Chilló cuando Bill no mostró señas de detenerse. Sin embargo, al final, la mano de Bill se posó contra una de sus rojas y dolientes nalgas, acariciándolo con suavidad.
—¿Aprendiste tu lección, chico sucio? —preguntó, inclinándose y presionando un beso en la espada baja de Tomi.
—Sí, sí —Tomi jadeó, aunque estaba bastante seguro de que estaría dispuesto a arrodillarse frente a Bill de nuevo, sólo para inclinarse sobre el escritorio otra vez.
—Voltéate —dijo Bill con suavidad, dejándolo levantarse del escritorio. Tomi se dio vuelta con lentitud y con la cabeza baja. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos un poco llorosos, y no quería que Bill lo notara. Bill se acercó a él, bajando una mano al pene de Tomi. Éste inhaló profundamente, apoyándose contra el escritorio. Las manos de Bill eran perfectas, su piel era suave, sus dedos largos y eficientes. Lo acarició lenta y suavemente, apenas apretando con la fuerza suficiente para llevarlo al orgasmo.
—¿Alguna vez habías sido castigado? —preguntó, levantando su otra mando para acunar el mentón de Tom.
Tomi tragó saliva, intentando desviar la vista de nuevo.
—No —dijo, finalmente.
—Mmm —fue la única respuesta de Bill, antes de murmurar—. Ven aquí.
Alejó a Tomi del escritorio, volviendo a sentarlo en la silla y arrodillándose entre sus muslos; sus manos comenzaron a acariciarlo con más fuerza.
—Oh… —susurró Tomi, sus caderas se levantaron hacia el agarre tan apretado. Bill comenzó a darle placer con jaladas firmes; retorciendo su muñeca cada cuantos movimientos. Su pulgar se levantó para enrollarse sobre la cabeza y Tomi se dejó caer en la silla; su cuerpo cantaba con placer. Quería derrumbarse ahí en las manos de Bill; sabía que sería el orgasmo más satisfactorio que hubiese experimentado.
Gimió cuando vio que Bill se estaba inclinando y que tenía sus labios cerca de la punta de su pene.
—Sí, sí… —cantó, tendió una mano temblorosa para hundir sus dedos en el cabello grueso y suave en la cabeza de Bill. Bill se hundió repentinamente en él, su boca se tragó el pene de Tomi con una chupada firme. Tomi casi gritó, arqueándose en la silla y golpeando el brazo de madera del que previamente se había agarrado.
—Coño, mierda, maldición… —jadeó, respirando desesperadamente para obtener aire suficiente. Nunca había sentido algo parecido a esto. Era como hundirse en un pedazo de cielo; era mucho mejor que lo que cualquier chica le había hecho, mejor que cualquier cosa…
La boca de Bill lo chupó, su lengua se retorcía expertamente. Tomi sintió una bolita dura contra su pene antes de caer en cuenta, sorpresiva y excitantemente, de que el profesor tenía su demente lengüita perforada. Era lo más sexy en lo que Tomi podía pensar, especialmente cuando la estaba usando para darle placer tan bien como lo hacía.
Tomi sabía que no iba a durar mucho, pero fue casi vergonzoso lo rápido que levantó sus caderas de la silla y su cuerpo se tensara. El orgasmo se propagó por su cuerpo con una intensidad que nunca antes había experimentado, y no tuvo tiempo para advertirle a Bill. Gimió y chilló, sonando absolutamente patético mientras se agarraba del cabello y el hombro de Bill; su cuerpo se retorcía bajo el peso del placer aplastante. Sus caderas se mecieron contra la boca de Bill al comenzar a derramarse en su lengua. Sin embargo, Bill chupó su miembro con más fuerza; sus manos agarraban firmemente los muslos de Tomi, sosteniéndolo abajo y con las piernas separadas mientras el cuerpo de Tomi se sacudía por el clímax. No lo soltó hasta que Tomi se hundió débilmente en la silla, con su corazón latiendo ruidosamente en sus oídos y su cuerpo cantaba su relajación postcoital.
Bill lo chupó una última vez, su pene flácido se escurrió de esos labios pecaminosos y carnosos. Tomi intentó levantarse de la silla, pero todas sus extremidades se sentían débiles y como si no tuvieran huesos.
—Buen chico —murmuró Bill, acariciando uno de sus muslos y besando el otro.
—Oh, dios —gimió Tomi al final, forzándose a sí mismo a sentarse derecho.
Bill se levantó de entre sus piernas, apoyándose contra el escritorio. Sus labios carnosos estaban mojados y rojos, sus mejillas estaban sonrojadas. Su cabello, que normalmente estaba peinado perfectamente, estaba enmarañado y, para Tomi, se veía como la criatura más hermosa en el mundo.
Tomi se movió con lentitud, volviendo a subirse sus pantalones mientras Bill lo miraba con una expresión indescifrable.
Al final, Tomi se levantó de la silla y tomó su mochila. Limpió el resto del semen que se estaba secando en su mentón, caminando incómodamente hacia la puerta.
—Eh… em, gracias —dijo finalmente, aunque no estaba seguro de haberlo cubierto todo.
Bill sonrió desde su escritorio.
—La puerta siempre está abierta.
Tomi escapó en ese preciso momento, preguntándose qué demonios había hecho al dirigirse de vuelta a la acera. Sentía como si estuviera saliendo de otro mundo y adentrándose de nuevo a la realidad.
Los dos podrían meterse en serios problemas si alguien se enteraba de lo que había pasado en la oficina, y Tomi se preguntó por qué Bill había repetido el mismo error, si los rumores en verdad eran ciertos. Obviamente, debía haber un poquito de verdad entre todos los chismes, y Tomi acababa de experimentarlo por sí mismo.
Su mente estaba completamente atónita. En ese momento le costaba pensar bien para procesar lo que acababa de suceder, o para pensar en si quería que volviera a pasar.
Caminó lentamente hasta los dormitorios, llegando antes de que las puertas se cerraran. Cuando se escabulló a su dormitorio, se dio cuenta de que Georg todavía no llegaba, y se sintió aliviado, a sabiendas de que probablemente el chico pasaría la noche afuera, en alguna casa privada, dejándolo solo para cubrir la evidencia de su encuentro amoroso con el profesor Kaulitz.
Tomi entró al baño y miró su reflejo. Todavía tenía semen en su mentón, y se estremeció, recordando la forma en la que Bill había embestido tan violentamente contra su boca, tan excitado y salvaje por el placer; porque Tomi lo había puesto así.
Se quitó su uniforme lentamente y se metió a la ducha, enjuagando el aroma de su excitación. Cuando salió, se cepilló sus dientes, limpiando de su boca el sabor de Bill. Pero incluso después de que la evidencia hubiera sido eliminada, no podía borrarla de su memoria, y no estaba seguro de querer hacerlo.
Cuando se metió a su cama y cerró sus ojos, sólo pudo ver imágenes de Bill en su mente, excitándolo una vez más. Intentó forzarse a sí mismo a dormir, pero al final se rindió y se quitó las sábanas de encima; bajándose sus pantalones, con manos temblorosas. Volvió a acariciarse hasta llegar al orgasmo, repitiendo los eventos de la noche en su mente, una y otra vez. Se obsesionó con la sensación de Bill azotándolo, y con la boca de Bill en su pene después, dándole tanto placer que Tomi apenas había podido soportarlo.
Cuando se hundió en las sábanas, de nuevo exhausto, supo inconscientemente que tenía que volver. Debía tener más, incluso si eso significaba inclinarse otra vez sobre el escritorio…
& Continuará &
Gracias por la visita
Wow ezo si que fue excitante,creo que necesito hieli para enfriarme jijijijiji y al final se han rendido contra su deseo y creo que Tom ahora que lo probó se ha vuelto adicto a él, pero no lo culpo, quien no se volvería adicto a Bill Kaulitz 😘😘😘