“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 4: Trato especial
El jueves llegó más rápido de lo que Tomi había esperado, y pronto, se encontró a sí mismo dirigiéndose nuevamente hacia el edificio de música Rauhe. Esta vez, recordó hacia dónde iba, y poco después, estaba en su asiento, delante de varios otros estudiantes.
El profesor Kauliz estaba frente a la pizarra blanca, escribiendo notas para la clase del día, con una caligrafía perfecta. Miró sobre su hombro cuando Tomi se hundió en su asiento.
—Qué bueno que decidió unírsenos hoy, señor Trumper —dijo, como si le causara gracia.
Tomi se encogió en su asiento, cerrando sus ojos con completa vergüenza. ¿Cómo por qué demonios sentía el más mínimo afecto por esta persona?
La clase se congregó en unos minutos, y Tomi miró a su alrededor para encontrar el salón de clases casi lleno. ¿Era por las amenazas que había hecho el profesor el primer día, o por curiosidad masiva entre los estudiantes? Al menos Tomi sí estaba completamente seguro de por qué él estaba ahí.
El profesor Kaulitz comenzó la clase, pero Tomi estaba mirándolo más de lo que lo estaba escuchando. Ese día, iba vestido con un par de pantalones blancos, una camisa blanca y una chaqueta de cuero encima, con las mangas levantadas. Una bufanda larga de seda hacía un nudo alrededor de su cuello y colgaba frente a él, hasta la mitad de sus muslos. Sus botas blancas tenían un tacón de dos pulgadas, y las puntas eran largas y cuadradas. Se veía bellísimo, como de costumbre. Su cabello se estilizaba en un perfecto copete. Su maquillaje era más oscuro y pesado ese día, y Tomi se preguntó de nuevo cómo el estricto y estirado consejo de la universidad de Hamburgo había empleado a semejante hombre.
Tomi estaba tan perdido, echándole el ojo al profesor, que ni siquiera escuchó cuando dijo su nombre la primera vez.
—Señor Trumper —la voz del profesor Kaulitz quebrantó su burbuja y Tomi dio un respingo en su asiento, sentándose derecho. Encontró al profesor mirándolo fijamente, y sintió que sus mejillas se calentaban… otra vez. Demonios, lo había atrapado mirándolo, sin mencionar también soñando despierto, cuando se suponía que tenía que estar tomando notas.
—¿Sí, señor? —dijo Tomi con voz aguda.
—¿Cómo resumiría lo que acabo de decir? —preguntó el profesor, elevando una de sus pobladas cejas.
—Eh, ehm… —Tomi balbuceó, echándole una mirada a la chica que estaba a su lado. Estaba sonriendo, al borde de la carcajada porque le habían vuelto a llamar la atención.
El silencio se prolongó, y el profesor Kaulitz caminó de un lado al otro; sus tacones chasqueaban contra el piso. Unió sus manos detrás de su espalda, y esperó a que Tomi respondiera.
—N-no… no sé —admitió tontamente al final.
—Hmm —dijo el profesor Kaulitz, su ceja se movió nuevamente—. ¿No entendió lo que dije, o no me escuchó?
—Yo… —Tomi quería que se lo tragara la tierra, o sólo morirse.
Cualquiera de las dos sonaba más llamativa que estar retorciéndose como lombriz ante la mirada oscura, penetrante y desaprobadora del profesor.
—N-no sé —repitió; su voz sonó casi como un susurro.
—Hmm —repitió el profesor Kaulitz.
Se volteó hacia otro estudiante, haciendo la misma pregunta. Tomi se hundió de alivio en su asiento mientras el otro alumno daba una respuesta adecuada, ganándose una leve sonrisa de parte del profesor.
Después de eso, Tomi se aseguró de escuchar y tomar notas, pero no volvió a ser llamado. De hecho, el profesor Kaulitz no le hizo otra sola pregunta a nadie más, dejando a Tomi preguntarse si lo había hecho sólo para verlo retorcerse, a sabiendas de que había estado más interesado en mirarlo que en tomar apuntes.
Al final, la clase se terminó, y Tomi agarró su mochila, haciéndose paso entre los otros estudiantes para salir del salón. La última cosa que escuchó, fue al profesor dándoles a los estudiantes una alegre despedida y deseándoles un día maravilloso. Tomi logró salir al pasillo, aminorando su paso sólo hasta que estuvo varios metros lejos del salón de Composición y Teoría de la Música.
—Amigo, creo que el profe se la trae contra ti —dijo uno de sus compañeros cuando pasaba, y dándole una mirada compasiva.
—Sí —murmuró Tomi, bajando la vista a sus zapatos y subiendo un poco sus pantalones para poder salir más rápido del edificio.
Si se tratara de otra clase, quizá Tomi hubiese decidido no volver a presentarse más. Sin embargo, había algo que le hacía volver; y esas razones estaban lejos de ser estudiosas. Tal vez era la forma en la que el profesor le hablaba, la forma en la que lo miraba. Tal vez a Tomi le gustaba, incluso aunque todavía no estaba listo para admitirlo.
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Tomi de verdad estaba empezando a tener una relación de amor y odio con su clase de Composición y Teoría de la Musica… o más bien, con el maestro que la impartía. Parecía como si cada día, el profesor Kaulitz, encontrara una razón para llamarle la atención o para pedirle que se quedara después de la clase, sólo para preguntarle si estaba entendiendo el contenido y si le estaba yendo bien académicamente. Tomi sentía como si estuviese recibiendo trato especial, y sabía que el resto de sus compañeros también podía verlo. Empezó a captar miradas extrañas cuando el resto salía del salón para dejarlo a solas con el profesor Kaulitz. Todos sabían acerca de las historias, y todos tenían curiosidad.
Del otro lado del espectro, ahora las fantasías de Tomi se habían salido casi completamente de control. Casi todos los días, se sentaba en la clase, tomándose las dos horas completitas para repasar el cuerpo del profesor Kaulitz con sus ojos. Era extremadamente alto, y tenía las piernas más hermosas que Tomi había visto en un hombre. Tenía un trasero perfectamente formado; pequeño, firme y redondeado; y los pantalones estrechos que normalmente usaba, abrazaban cada curva. Sus caderas tenían un toque femenino que Tomi encontraba absolutamente delicioso. Estaba seguro de que ya al final de las primeras dos semanas, se había memorizado cada curva de ese cuerpo, y lo estaba volviendo loco. Se encontró a sí mismo con erecciones espontáneas, y se escondía debajo del escritorio hasta el final de la clase, con la esperanza de poder tenerlas bajo control para cuando el profesor le ordenara pasar al frente.
Sin embargo, en su mente construía escenarios en donde el profesor descubría su estado excitado antes de inclinarlo y azotarlo por ser tan “malo”. Lo peor de todo, era que a veces, podía jurar que el profesor podía ver el deseo en sus ojos cuando Tomi se acercaba a su escritorio y se miraban el uno al otro. En ocasiones, entrecerraba sus ojos, y los pasaba de arriba abajo sobre su cuerpo, antes de continuar. A veces, se preguntaba qué significaba el ligero aleteo de sus fosas nasales, o la forma en la que se mordía su labio inferior. Era mcasi ás de lo que Tomi podía soportar, pero seguía regresando. Cada día que tenía Composición y Teoría de la Música, se apresuraba a su clase para ver qué nuevo atuendo fantástico utilizaría el profesor; para ver lo absoluta y devastadoramente cautivador que se veía.
Una tarde, Tomi salió de una específica e intensa charla que había tenido con el profesor Kaulitz después de clase, y encontró a Georg y Andreas afuera. Su corazón todavía seguía alocado, al acercarse a ellos.
—Hey —saludó débilmente con su mano.
—Qué onda —dijo Georg, frunciendo el entrecejo—. Vinimos a ver si querías venir a almorzar con nosotros. Ya nos íbamos a ir porque pensamos que no habías entrado a clase hoy.
—¿Por qué? —preguntó Tomi.
—Pues, todos salieron, menos tú… —la voz de Andreas se apagó, y miró minuciosamente a Tomi.
—¿Qué? —preguntó Tomi, haciéndose para atrás.
—¿Qué estabas haciendo ahí? —el tono de Andreas bajó; sus ojos estaban bien abiertos con lo que parecía ser asombro.
—Hablando con el profesor Kaulitz —dijo Tomi con lentitud.
—¿Qué? —preguntó Georg con un jadeo.
—Sí… a veces me pide que me quede —murmuró Tomi, intentando pasar de ellos.
—Espera un segundo —dijo Andreas, riendo tontamente—. O sea, ¿sólo él y tú? ¿Solos?
Tomi se sonrojó rápidamente.
—No es así. Es sólo que…
—¡Oh por Dios! ¿Te ha… ya sabes…? —las cejas de Andreas se menearon, a pesar de las protestas de Tomi.
—No, dios, no —dijo Tomi, irritado.
—Le gusta —Georg estaba sonriendo, y Tomi lo vio con ojos furiosos.
—¿Qué? —Andreas se giró hacia Georg antes de volver hacia Tomi—. ¿Te gusta el señor Chupavergas?
—Cierra el puto hocico —estalló, pasando de ellos, hacia las puertas.
—Ay, ya Tomi… regresa —le gritó Georg—. ¿Qué hay del almuerzo?
—A la mierda con eso —gritó Tomi.
Se dio cuenta de que estaba siendo muy infantil, pero Georg se había ido demasiado lejos al decirle eso a Andreas, y Andreas había estado equivocado al asumir cosas.
—Hey —una voz llamó la atención de los tres, y Tomi se dio vuelta, encontrando nada más y nada menos que al tema de su conversación, de pie en la entrada del salón de Composición y Teoría.
—Oh, mierda —escuchó a Andreas mascullar.
—Está prohibido holgazanear después de clase —dijo el profesor Kaulitz, severamente; su entrecejo estaba fruncido, y sus brazos cruzados.
—Sí, disculpe, ya nos íbamos —dijo Georg, agarrando a Andreas del brazo y jalándolo—. Vamos.
Le siseó a Tomi cuando pasaron. Tomi volvió su vista hacia donde estaba el profesor Kaulitz, pero todo lo que vio fue un atisbo de un brazo largo cerrando la puerta. Rápidamente, siguió a sus amigos, pero cuando salieron, comenzó a alejarse de Georg y Andreas.
—Ya, Tomi, no lo decíamos en serio —dijo Georg a la ligera.
—Sí, como sea, váyanse a la mierda, chicos —Tomi refunfuñó, acomodando su mochila sobre su hombro—. Voy a la sala de estudiantes a estudiar. ¿Alguna vez escucharon de ella?
Caminó hacia el centro de estudiantes sin esperar por una respuesta.
&
La sala de estudiantes era monótona y aburrida, y Tomi se encontró a sí mismo distraído con su tarea. En primer lugar, nunca había estado realmente interesado en hacerla, pero con la nueva distracción en sus pensamientos acerca del profesor Kaulitz, la tarea parecía casi inevitable. Si no fuera por ese hombre, era probable que para ese entonces ya se hubiese rendido con la universidad.
En lugar de eso, Tomi se encontró escuchando música de su iPod. Lo había encendido para ahogar el ruido de la sala, con un poco de esperanza de poder concentrarse; pero ahora sólo estaba recargado en su asiento, con los ojos cerrados mientras murmuraba silenciosamente junto a Samy Deluxe.
Se sobresaltó cuando una mano suave y cálida tocó su hombro. Se sentó derecho, quitándose los audífonos mientras el profesor Kaulitz rodeaba la mesa. Se sentó frente a Tomi con una sonrisa en sus preciosos labios.
—Me asustó —dijo Tomi, poniéndole pausa a la canción.
—No fue mi intención —dijo el profesor Kaulitz, sonriendo—. ¿Cómo va la tarea?
Señaló los libros y las hojas que estaban extendidos sobre toda la pequeña mesa de café entre ambos. Tomi se encogió de hombros.
—Supongo que nada bien.
—Sólo han pasado dos semanas desde que empezó el año escolar, señor Trümper —el profesor chasqueó su lengua con una negación de su cabeza. Tomi se encogió de hombros de forma sumisa.
—Ya sé. Sí la voy a hacer, pero… pero no ahora.
La baja risa del profesor Kaulitz hizo que el interior de Tomi se calentara, y se removió en su asiento.
—Eso es lo que yo decía cuando estaba en la universidad, y al final nunca la hacía. Ciertamente, espero que ese no sea el caso con usted… especialmente en mi clase —el profesor ahora lo estaba viendo con aquella mirada oscura, y Tomi se hundió más en los almohadones.
—No, no, señor —negó con su cabeza. Su estómago se retorcía, formando docenas de nudos de excitación, y se preguntó si el profesor podía ver el efecto que estaba teniendo en él.
—Sí, porque eres un buen chico —dijo el profesor suavemente, y Tomi estuvo a punto de convertirse en un completo desastre chillante y excitado.
De alguna forma, se mantuvo sereno hasta que el profesor lo liberó de su intensa mirada.
—Si alguna vez necesita ayuda con los trabajos, sabe dónde está mi oficina —el profesor lo invitó con un tono más simple, levantándose del asiento.
—Sí, gracias —logró decir Tomi, con debilidad, a pesar del hecho de que sentía como si una roca le estuviera aplastando el pecho.
—De hecho… —murmuró el profesor al detenerse junto a Tomi, posando una mano en su hombro—. Creo que deberíamos tener dicha reunión pronto.
Su mano se deslizó, alejándose y dejando el corazón de Tomi latiendo con fuerza y con las piernas débiles como gelatina.
Cuando logró voltear, el profesor ya se había ido. Tomi se hundió en su asiento, cubriendo su rostro con sus manos y gruñendo fuertemente. Podía sentir su pene rozando su ropa interior; un zumbido necesitado emanaba desde su región baja. Tomi no sabía cuánto más de todo eso podría aguantar.
Ni siquiera tuvo que pensar en la proposición que le había hecho el profesor Kaulitz. En cuanto tocó su brazo, supo que iría.
& Continuará &
Gracias por la visita
Pero claro que va a ir, si eso es lo que ha estado anhelando desde el principio, y el profesor se dio cuenta entonces. Ahora hay que ver lo que va a pasar, oh Dios! Esto está sumamente bueno y excitante
La tensión sexual se ve a kilometros entre esos dos
Es que es Bill yo ya estuviera en camino a donde me lleve 🔥