“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 32: El futuro
Tomi despertó sintiendo como si necesitara levantarse e ir a algún lado o hacer algo. Un momento después se dio cuenta de que no tenía que hacerlo. Lo único que tenía que hacer, era estar con Bill.
Abrió sus ojos y estiró sus brazos hacia su amante, pero frunció el ceño cuando terminó con las manos vacías. Se dio vuelta lentamente y sólo encontró sábanas a su lado. Se sentó, se estiró y sintió un agradable dolor en todo el cuerpo debido a las rigorosas actividades del día anterior.
Después de despertar de su siesta, Bill lo había llevado abajo, insistiendo con que debía alimentarlo. A Tomi le pareció adorable la forma en la que Bill había preparado todo para comer. Era divertido ver a Bill siendo tan doméstico, pero era encantador al mismo tiempo. Después de eso, habían dado un tour por la casa y Tomi se había impresionado al ver la espaciosa biblioteca que Bill tenía; sabía que nunca podría aburrirse ahí, especialmente después de haber visto la sala de entretenimiento y la enorme pantalla plana de televisión. Vieron una película, pero al final terminaron besándose y tocándose. El resto del día pasó volando y no volvieron a hablar de Laura. Tomi sabía en el fondo de su mente que en algún momento deberían sacarlo a colación, pero no quería arruinar su primer día juntos como hombres libres.
Por supuesto, habían terminado regresando a la habitación y Tomi no había vuelto a mirar el reloj. Era bastante temprano, pero Tomi se sentía descansado y sabía que probablemente se habían cansado cuando aún no era muy tarde.
Se levantó de la cama y fue a la ducha. Sabía que necesitaba limpiarse después de las muchas veces que habían hecho el amor el día anterior. Estaba abrumado con un buen humor y cantó en la ducha, saliendo después con cada centímetro de su cuerpo limpio y oliendo bien para Bill otra vez.
Se puso unos pantalones deportivos de una de sus maletas y luego salió en busca de Bill. Lo encontró abajo en la gran cocina y por el olor, supo que estaba cocinando el almuerzo. Tomi dio vuelta a la esquina y encontró a Bill vestido de forma similar mientras cuidaba los sartenes; uno con huevos revueltos, uno con tocino y otro con las tostadas que estaba emparrillando.
—Wow. —dijo Tomi, sonriéndole a Bill.
Bill volteó a verlo.
—Buenos días.
Tenía una pequeña sonrisa en su rostro, se veía muy satisfecho con todo lo que le había hecho a Tomi la noche anterior.
—¿Vas a hacer esto todas las mañanas? —preguntó Tomi, colándose a su lado para mirar la comida.
Bill se encogió de hombros.
—Si quieres.
Tomi sonrió y luego envolvió la cintura de Bill con sus brazos, quedándose ahí y viendo a Bill terminar con el desayuno. Sacó los platos y los sirvió antes de ponerlos en la isla de cocina.
Tomi gimió en satisfacción al comenzar a comer. Su estómago estaba prácticamente vacío y Bill cocinaba bastante bien.
Comieron en silencio, intercambiando sólo algunas palabras hasta que sus platos estuvieron casi limpios.
—Estaba pensando… —empezó Bill, lentamente.
—¿Qué? —preguntó Tomi, empujando hacia adelante su plato vacío.
—Sobre qué te gustaría hacer ahora. —terminó, mirando a Tomi con sinceridad.
Tomi se encogió de hombros.
—¿A qué te refieres?
—¿Aun quieres ir a la universidad? —preguntó Bill.
Tomi suspiró.
—Ésa es una pregunta difícil.
—No digo que deberías —dijo Bill—, pero estoy dispuesto a pagar para que regreses.
—Bill —empezó Tomi.
—No —Bill levantó una mano y le mandó una mirada que lo silenció—. Te arrebaté tu primera oportunidad y no quiero privarte de una educación superior por todo esto.
—Pero no eres mi padre, Bill.
—No, no lo soy —dijo Bill rápidamente—. Soy tu compañero y tu amante.
Sonrió suavemente.
—Y quiero que seas exitoso —estiró un brazo y tomó la mano de Tomi—. Eres inteligente.
Tomi se sonrojó y desvió la mirada, mordiendo su labio inferior.
—No lo sé. —evitó.
—No tienes que decidirlo ahora —dijo Bill—. Sólo estoy haciendo una sugerencia.
—Bueno, ¿y qué hay de ti?
Bill se inclinó hacia atrás, frunciendo el ceño.
—Creo que estoy cansado de trabajar para otras personas.
—¿A qué te refieres? —preguntó Tomi, curiosamente.
Bill lo miró, pensativamente.
—Oh, es sólo una idea que he tenido desde hace unos años.
—¿Qué? —preguntó Tomi una vez más.
—Bueno, cuando era más joven mi sueño era tener mi propia escuela privada que se concentrara únicamente en instrucción vocal.
—¿En serio? —preguntó Tomi, emocionado por la idea porque sabía que Bill podía hacerlo si quería.
—Tengo algunas conexiones y podría conseguir un lugar y alumnos en una semana. —Bill se encogió de hombros como si fuera simple.
—¡Deberías hacerlo! —exclamó Tomi, sonriendo—. ¡Olvídate de la universidad! Quiero que sigas siendo mi maestro.
Bill guiñó un ojo.
—Siempre seré tu maestro.
Tomi se removió en el banco y mordió su labio nuevamente.
—Bueno, sí, pero… —su voz se desvaneció.
Bill se rio y Tomi se vio atraído por su sonrisa tan enorme que no estaba seguro de haber visto antes. Tomi pensó que se veía mucho más hermoso cuando estaba feliz.
—Hazlo de nuevo. —dijo.
—¿Qué? —preguntó Bill.
—Sonríe. —dijo Tomi.
Como si se tratara de una orden, el rostro de Bill se iluminó y sus labios formaron una hermosa sonrisa.
—Eso es hermoso. —murmuró Tomi antes de inclinarse y besarlo.
Como siempre, dejaron que se profundizaron.
Tomi no creyó ser capaz de poder quitarle a Bill las manos de encima.
–
Con Bill, todos los días pasaban rápidamente y eran tan hermosos que Tomi no quería que terminaran. Estaba más que feliz, en algún tipo de nirvana terrestre. Pero había una cosa que perturbaba su paz.
Después de una larga noche de hacer el amor, finalmente cayeron dormidos, demasiado exhaustos.
Tomi estaba muerto, pero de repente despertó. Empezó lentamente al principio, algo irritante que hizo que sus sentidos volvieran a la vida. Podía reconocer la voz de Bill en cualquier lugar y los suaves sollozos ciertamente eran suyos.
Tomi abrió sus ojos, despertando por completo. El cuarto estaba a oscuras y apenas pudo reconocer la figura de Bill, encorvada al otro lado del colchón y dándole la espalda. Estaba temblando y Tomi pudo escucharlo gemir un sonido suave y agonizante.
—¿Bill? —susurró.
Su voz casi no se escuchó.
—¿Bill? —repitió, acercándose. Tocó el hombro de Bill encontrándolo sudado—. Bill.
Agarró su hombro y lo sacudió un poco cuando se dio cuenta de que no estaba despierto. Repitió su nombre y lo acostó sobre su espalda. El peso muerto de Bill rodó antes de que se moviera ligeramente, despertando poco a poco. Parpadeó lentamente y en la luz tenue, Tomi pudo ver unas lágrimas cayendo por sus mejillas.
—¿Estás bien? —preguntó Tomi, preocupado. Nunca había visto a Bill llorar así.
El entrecejo de Bill se frunció.
—Es-… —tragó saliva—. Estaba soñando.
—Sí. Estabas… —Tomi hizo una pausa—. Estabas llorando.
Bill suspiró y desvió la mirada.
—¿Qué fue? —preguntó Tomi en tono bajito.
—Mi madre —dijo Bill finalmente, cerrando sus ojos.
Tomi tragó saliva sin saber qué decir. No estaba seguro de que en algún momento sabría qué decir sobre ella.
—A veces sueño con eso —dijo Bill silenciosamente.
—¿Con eso? —preguntó Tomi, con un poco de miedo.
—Con encontrarla —susurró Bill.
El corazón de Tomi se hundió y su estómago se revolvió al pensar en un niño de seis años encontrando a su madre muerta.
—Era pintora —siguió Bill, sorprendiendo a Tomi—. Tenía su propio estudio pequeño. Mi padre lo hizo para ella, se lo dio por su décimo aniversario de bodas… Una de las pocas buenas cosas que hizo.
Su voz mostró cierta amargura.
—Ella solía encerrarse ahí cuando tenía un mal día y nadie podía entrar cuando estaba pintando. Siempre sentí curiosidad de por qué no me dejaban entrar, pero un día lo hice y fue cuando me di cuenta de que nadie podía entrar porque nadie tenía permitido verla cuando consumía.
La voz de Bill se ahogó y Tomi sintió lágrimas en sus propios ojos. Se acostó junto a Bill y se acurrucó contra él mientras Bill susurraba:
—Luego un día… cuando entré… —su voz se desvaneció y negó con su cabeza—. La encontré temblando y vomitando, y no sabía qué hacer. No quería meterla en problemas con mi papá porque sabía que le había pegado cuando encontró su parafernalia en la casa, pero luego ella sólo… dejó de moverse.
Tomi entrelazó sus dedos con los de Bill, apretándolo mientras su corazón latía con fuerza.
—Intenté despertarla, pero… —hizo una pausa y frunció los labios antes de seguir—. Corrí y fui por una de las trabajadoras y ella fue por mi padre… Después encontramos la nota… Fue… el peor día de mi vida y a veces vuelve para perseguirme.
Bill suspiró, sonando resignado.
—¿Y eso fue lo que soñaste? —susurró Tomi.
—Sí, pero… —empezó Bill.
—¿Pero? —preguntó Tomi, levantando su cabeza.
—Esta vez cuando entré al cuarto, ella… Charlotte… estaba ahí —admitió Bill al final.
Tomi levantó su cabeza y sus ojos se agrandaron. Era la primera vez que Bill mencionaba a su hija desde su confrontación con Laura.
—No creo en todas las cosas que se dicen sobre la analogía de los sueños —dijo Bill en voz baja—, pero no puedo negar esto.
—¿Qué pasó en el sueño? —preguntó Tomi, preguntándose qué había hecho cambiar a Bill de opinión tan repentinamente.
—Entré y mi madre estaba en el suelo, como siempre. Pero en esta ocasión, Charlotte estaba escondida en la esquina del cuarto… y me preguntó si yo también la iba a abandonar —Bill levantó una mano y cubrió sus ojos—. No puedo hacer esto, Tomi. He huido por tanto tiempo… y lo odio.
Tomi no sabía que decir, así que se quedó callado. Hace unos días, había estado dispuesto a pelear con Bill por esto, pero ahora estaba sin palabras.
—Me dijiste que tenía que tomar la responsabilidad y lo haré. Ninguna cantidad de dinero puede sustituir… la preocupación el cariño… y debí saberlo —susurró Bill—. Supongo que después de que todo lo demás me fallara, puse todas mis creencias en las cosas materiales.
Tomi lo abrazó.
—Yo nunca te voy a fallar.
El brazo de Bill lo apretó con más fuerza.
—Lo sé —murmuró—. Y no podría hacer nada de esto sin ti.
Tomi sonrió.
—Entonces… ¿vas a hablar con Laura? —preguntó, sin poder contener su sonrisa—. ¿Irás a ver a Charlotte?
Bill frunció el ceño.
—Antes he tenido miedo, pero nunca dejé que me detuviera. Esto no debería ser diferente —inhaló y exhaló lentamente—. Tengo que intentarlo.
Tomi lo apretó.
—Estaré a tu lado.
Era un paso más en sus vidas y Tomi se sintió feliz de inmediato. Tenían un largo camino por delante, pero llegarían ahí. Mano a mano, lo lograrían.
–
5 meses después
Estaba a punto de llegar el verano a Hamburgo y el sol estaba brillando en el parque, rodeado de niños riéndose y sus padres.
Sentado en uno de los bancos, sosteniendo la mano de Bill, Tomi no pudo evitar sonreírle a la pequeña niña que los saludaba desde la resbaladilla. Sus mejillas estaban rojas después de tanto juego y su cabello estaba despeinándose de sus coletas. Sin embargo, sus ojos grandes y cafés brillaban con felicidad y Tomi sabía que si no le hubiese tomado cariño ya a Charlotte, ciertamente para el fin de esa tarde lo haría. Ya les había sacado un helado. Para ser una niña de cuatro años, era convincente y astuta.
Se había ajustado a tenerlos en su vida y aunque Bill seguía inseguro por el prospecto de ser padre, Tomi sabía que sus instintos naturales estaban haciendo un buen trabajo. Era obvio que compartían la misma sangre sólo con mirarlos o al notar los mismos patrones en sus comportamientos.
Todo el rencor entre Bill y Laura no se aquietaba aun y todavía tenían discusiones. Sin embargo, Bill estaba decidido a dejar los demonios atrás y mirar hacia el futuro.
El estudio privado de Bill iba muy bien y a Tomi le gustaban más sus clases ahí que las que tenía en la Universidad de Teatro y Música de Hamburgo. Georg y él habían mantenido contacto junto con su amigo Gustav y habían comenzado una banda que Bill elogiaba siempre que escuchaba.
Tomi había ido a ver a sus padres hace unas semanas y aunque todavía no estaba bajo los mejores términos con su padre, Simone parecía haberlo perdonado completamente, incluso invitándolo a llevar a Bill la próxima vez.
Gordon y él se habían sentado a tener una larga charla, algo como una conversación de hombre a hombre. Al final del día, Gordon seguía sin aceptar a Bill, pero se había dado cuenta de que era la decisión de Tomi como adulto. En ese punto, era todo lo que Tomi podía pedir. Tal vez algún día su padre comprendería.
Aun con todo eso, Tomi no podía pedir una vida mejor.
Tenía al hombre que amaba. Hacía lo que le gustaba hacer. Tenía una casa y un auto extravagante (un Audi que Bill había insistido en regalarle). Y finalmente, pero no menos importante, podría decirse que tenía una hija que ya los adoraba a ambos. Le gustaba que Tomi la cargara para poder jugar con sus rastas, diciendo cosas como: “tan suaves” o “Tomi bonito”.
Si había una definición de felicidad, era ésta.
Tenían un camino largo y difícil por delante, lleno de sacrificios y sufrimiento, pero ya habían llegado hasta aquí. Habían muchas lecciones de vida que ya había aprendido junto a Bill, algunas que nunca podría olvidar. Pero la más importante era que el amor lo es todo.
Nadie parece merecer amor, pero todos lo necesitan para ser felices y para ser mejores personas. Como un diamante en bruto, tal vez sea difícil al principio, pero con el tiempo será hermoso y perfecto.
Tomi creía que Bill y él seguían aprendiendo a amarse cada día, así fuera con pasos grandes o pequeños. Tal vez nunca dejarían de aprender, pero Tomi sí estaba seguro de una cosa: nunca dejarían de amarse.
& FIN &
Me encantó esta hermosa historia no puedo creer todas las historias hermosas de esta página tan maravillosa gracias