Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace

Capítulo 3: Las reglas de la clase

Tomi jaloneaba la corbata alrededor de su cuello al subir por los escalones del edificio de música Rauhe.

Era el primer día de clases y las primeras dos le habían costado un poco, pues estaba entusiasmado por entrar a Composición y Teoría de la Música. Moría de curiosidad por saber cómo se veía el profesor Kaulitz, y si todas las historias podrían ser ciertas. Casi se le había olvidado lo que había pasado durante la fiesta de la noche anterior, pero su curiosidad había regresado vengativa esa mañana. Ya para ese momento, había sufrido una clase de literatura musical, y una de canto para finalmente poder pasar a Composición. Docenas de estudiantes a su alrededor subían las escaleras corriendo para llegar a sus clases a tiempo. Tomi se apresuró, pero sus pantalones eran muy estrechos, y no le dejaban caminar correctamente. Sentía como si fuera a arrancar una costura con cada paso que daba.

Batalló con su horario, intentando recordar el tour que había tomado en esa parte del edificio. En ese entonces, no había estado muy interesado en Composición y Teoría porque creía que ya sabía todas esas cosas, pero ahora, recordarlo le sería muy útil.

El resto de los estudiantes parecían estar desapareciendo dentro de otros salones y Tomi se encontró a sí mismo quedándose atrás hasta que fue el último que quedó en el pasillo. Le dio un último vistazo desesperado a su horario antes de encontrar la puerta que decía “Composición y Teoría de la Música” con el nombre del Profesor Kaulitz escrito abajo.

Tomi suspiró de alivio y entró. Su alivio se detuvo en ese mismo instante.  Ya todos estaban en sus lugares y el profesor ya estaba al frente del salón. Tomi se detuvo cuando el profesor levantó la cabeza. Lo miró con sus grandes ojos oscuros rodeados con maquillaje gris negruzco. Era el hombre extraño con el que Tomi se había encontrado tan atraído al pie de las escaleras de la casa privada; el hombre que Tomi había admirado desde lejos. Pero también era Bill Kaulitz, el hombre del que todos le habían advertido.

Las cejas del profesor Kaulitz se juntaron y sus labios formaron una línea estrecha. Tomi sintió unas ganas repentinas de voltearse y correr fuera del salón por miedo a ser castigado severamente por haber llegado tarde. El profesor bajó la vista a su lista, antes de levantar sus oscuros ojos entrecerrados nuevamente

Sr. Trumper —dijo en un tono bajo—. Llega un poco tarde.

Una risilla se escuchó desde la primera fila, y el profesor Kaulitz miró rápidamente en esa dirección con irritación antes de volver a ver a Tomi.

¿Por qué no toma asiento? —dijo, haciendo un ademán con sus dedos largos y finos. Estaban adornados con anillos y sus uñas estaban pintadas con esmalte gris.

Sí, señor —murmuró Tomi, casi corriendo a través de la sala y hundiéndose en una silla vacía. Sentía como si su rostro completo estuviera en llamas, y los ojos del profesor lo siguieron hasta que estuvo sentado, encogiéndose en su asiento. En ese punto, el profesor enfrentó a todo el salón y comenzó a presentarse a sí mismo y dio un breve resumen de la clase.

Tomi a duras penas pudo mirarlo antes de que sus ojos volvieran hacia él. El día de hoy estaba vestido elegantemente con un par de pantalones negros. Usaba un saco a rayas sobre una camisa purpura de botones. Sin embargo, la parte más desconcertante de su atuendo, eran sus zapatos. Eran de cordones, y estampados con un diseño de una galaxia. El hecho de que parecieran de más de seis pulgadas de altos casi hizo que los ojos de Tomi se salieran de sus cuencas. Estaba seguro de que los ojos de todos los demás seguían los pies del profesor Kaulitz mientras caminaba de un lado a otro con lentitud. Mantenía perfectamente su balance, pareciendo completamente cómodo sobre sus zapatos ridículos.

Tengo reglas simples en mi clase —le decía a los estudiantes distraídos—. Si van a asistir todos los días, van a poner atención y tomar medidas apropiadas para asegurarse de que están entendiendo lo que les presento. Si no son lo suficientemente responsables para lograrlo, mejor ni entren. En cuanto a los retardos, sólo tienen una oportunidad.

Los ojos del profesor Kaulitz parecieron moverse directamente hacia Tomi, y él se removió más abajo en su asiento.

En mi clase no hay lugar para holgazanes —enunció, sus ojos continuaron cavando los de Tomi por varios intensos segundos, antes de desviar la mirada y continuar hablando.

Tomi se sintió más cómodo después de que el profesor Kaulitz les entregó un programa y habló acerca de los trabajos y las tareas. Eso lo podía manejar. Lo que no podía manejar era al profesor llamándolo frente a todos. Estaba empezando a entender a lo que Andreas se había referido con lo de la forma en la que el profesor miraba a una persona. Pero no podía entender cómo Ria no había podido sentir esa mirada tan penetrante.

Para cuando la clase terminó, Tomi se sintió sudar como puerco y estaba listo para huir de la mirada escrutadora e indiscreta del profesor. Sin embargo, mientras los demás comenzaban a recoger sus libros e irse, el profesor habló desde detrás de su escritorio.

Sr. Trumper, me gustaría hablar con usted.

Tomi sintió que su estómago se retorcía y se hacía nudos, y pudo sentir la diversión de los otros estudiantes. Tomi se quedó encorvado en su asiento hasta que la puerta se cerró detrás de los otros alumnos, dejándolos solos adentro.

Venga acá —el profesor Kaulitz tamborileó el escritorio con una uña larga y perfecta, y Tomi se arrastró de su asiento. Su corazón golpeaba su pecho, y no sabía exactamente de lo que tenía miedo. Lo más probable era que no le daría nada más que un sermón severo por haber llegado tarde a clase, pero Tomi sabía que todas las historias, los chismes y su propia imaginación era lo que lo tenía tan asustado de acercarse al escritorio.

¿Por qué llegó tarde? —preguntó el profesor, juntando las puntas de los dedos de sus dos manos y mirando a Tom con sus entrecerrados ojos maquillados.

No… no podía encontrar el salón —susurró Tomi, dándose cuenta de que su voz era un susurro, casi muy bajito para ser escuchado.

¿Es su primer día? —preguntó.

Su voz se escuchó tranquila, casi coloquial, y Tomi quería sentirse a gusto, pero todos sus músculos estaban tensos, como si esperaran a que el profesor diera el último paso; el último paso con esos zapatos gigantes.

Sí —Tomi jugueteó nerviosamente con una cuerda del puño de su sudadera, apenas a duras penas siendo capaz de ver al profesor a los ojos.

Entonces fue un poco pronto para estar festejando —la voz del profesor tomó un tono de reprimenda.

L- lo fue… —Tomi levantó su cabeza, intentando explicar—. Un amigo de un amigo de un amigo. No volverá a pasar.

Mmm —el profesor asintió lentamente, y sonó incrédulo.

Lo prometo —Tomi añadió débilmente.

¿Escuchaste lo que dije acerca de llegar tarde y holgazanear en mi clase, verdad? —preguntó, repentinamente cambiando la conversación de vuelta al retardo de Tomi.

Sí —respondió—. Pero le prometo que soy un buen estudiante.

Sí, no te gustaría tener malos antecedentes en la primera semana —el profesor levantó una ceja y Tomi se removió, incómodo. A pesar de que se lo había dicho con un tono ligero y casi sarcástico, se sentía como una amenaza. Tomi estuvo a punto de decir algo, cuando el profesor continuó—. Tus padres te criaron para ser un buen chico, ¿hmm?

Yo… —la boca de Tomi se sintió seca y quiso dar un paso atrás cuando el profesor se inclinó sobre el escritorio.

¿Dices que eres un buen estudiante? —el profesor Kaulitz preguntó, ignorando los silencios de Tomi.

Sí —susurró Tomi, sin saber hacia dónde se dirigía la conversación.

¿Siempre obtienes buenas notas? ¿Nunca te han disciplinado? —los ojos del profesor se clavaban en los suyos como si fueran ganchos y la forma en la que lo dijo hizo que el estómago de Tomi diera mil vuelcos. De repente la habitación se sintió muy caliente y el profesor Bill Kaulitz estaba muy cargado de sensualidad, dotado con el rostro más hermoso que Tomi había visto en un hombre.

No —Tomi prácticamente gimoteó, esta vez dando un paso hacia atrás.

El profesor Kaulitz sonrió finalmente; sus dientes eran perfectamente blancos y derechos.

Bien —dijo, sonando complacido—. Entonces estaré feliz de tenerte en mi clase.

Y así de simple, la tensión bajó a cero cuando el profesor bajó la vista a su escritorio de nuevo.

Una conversación, y Tomi ya estaba jodidamente asustado. No podía imaginarse cómo sería el resto del año.

&

Tomi no tenía clase de Composición y Teoría hasta el jueves y estaba un poco aliviado. No estaba seguro de cómo podría soportarlo tres días a la semana. Sentía como si el excéntrico profesor le estuviera dando un trato diferente, y Tomi se dijo a sí mismo que nunca volvería a llegar tarde.

Cuando regresó a su dormitorio esa noche, Georg ya estaba ahí, jugando un videojuego desde su sillón puff.

Hey, ¿quieres jugar? —preguntó Georg, aplastando a uno de sus oponentes.

Claro —dijo Tomi—. Sólo déjame quitarme este puto uniforme.

Tomó un cambio de ropa y se dirigió al baño. Normalmente, se hubiera cambiado en la habitación, pero después de la fiesta, no estaba seguro de poder manejar cualquier tipo de interacción sexual con Georg, inadvertida o no.

Estar en el baño, también le permitió tranquilizarse. El profesor Kaulitz había logrado destruirlo en unos minutos y cuando Tomi pensó en la conversación que habían tenido, sintió que su corazón latía un poco más rápido. Todavía podía escuchar la voz en su cabeza. “¿Siempre obtienes buenas notas? ¿Nunca has sido disciplinado?” la forma en la que lo dijo, sus ojos oscuros y ardientes, hicieron que Tomi se preguntara lo que en verdad había estado pensando. Tragó saliva, recordando los rumores que Georg le había contado. Se inclinó pesadamente sobre el lavabo, apretando sus ojos cuando una imagen del hermoso e intimidante maestro sosteniéndolo sobre el escritorio, empuñando una  regla, le pasó por la mente.

Maldita sea —siseó Tomi al abrir los ojos, encontrándose a sí mismo excitado debajo de sus bóxers.

Mierda —maldijo una vez más al posar una mano sobre su medio erecto miembro, lo cual sólo sirvió para hacerlo palpitar más. La carne dio un empujoncito ansiosamente contra su mano, recordándole que no se había dado una buena jalada desde que se había ido de su casa, hace casi una semana.

Antes de que Tomi pudiera detenerse a sí mismo, se quitó sus bóxers, arrodillándose en el baño al agarrarse su pene. Los sonidos del videojuego de Georg quedaron ensordecidos a través de la puerta, pero Tomi estaba seguro de que era lo suficiente para cubrir cualquier sonido que pudiera llegar a hacer. Agarrándose de la orilla del lavabo, cerró sus ojos al comenzar a masturbarse.

Mmm —gimió, entusiasmado por el toque que inmediatamente se disipó. Un deseo hambriento sacudió su mano y se encontró a sí mismo estremeciéndose en cuestión de segundos. Respiró con dificultad por su nariz, intentando mantener su boca cerrada. Sin embargo, apenas pudo evitarlo, cuando la misma imagen erótica de hace unos momentos se impactó en su mente. El corazón de Tomi latía a un ritmo desenfrenado al imaginarse al profesor golpeándolo en su trasero desnudo con la regla, haciendo que doliera, haciendo que ardiera.

Mierda… —Tomi gimoteó, su palma comenzaba a quemarse con la fricción al frotarse de arriba abajo. Pasó su pulgar por encima de la cabeza, encontrándose goteando por todos lados. Estaba llegando al límite, tan cerca. Sentía como si apenas pudiera respirar y sabía que sería un orgasmo sensacional.

En su mente, el profesor Kaulitz azotaba la regla y se posicionaba detrás de él. Tomi se mordió su labio inferior, fantaseando que se lo estaban cogiendo duro y rápido encima del escritorio, mientras era sostenido con esas hermosas y largas manos.

Con un gemido ahogado, Tomi se vino, eyaculando lo suficientemente fuerte para salpicar su estómago y su pecho, incluso su cuello y su mentón. El exceso, escurrió por su mano, y Tomi se dejó caer, respirando con dificultad. Inmediatamente se amonestó a sí mismo, pensando que era estúpido fantasear con el profesor Kaulitz. Era para reírse, igual que los rumores, al menos, eso era lo que intentó decirse al levantarse sobre sus piernas débiles para limpiar la evidencia. Cuando se miró en el espejo, sus ojos estaban amplios, y sus pupilas estaban dilatadas al máximo. Había un fresco brillo en sus mejillas y su cuello, y sus orejas estaban de un tono rojo definido.

Tomi desvió la vista y tomó los pantalones de chándal que había llevado. Se puso la camiseta extra grande sobre su cabeza, estando ahora un poco irritado consigo mismo. Era estúpido, no sólo por los rumores, sino también porque era algo que nunca podría tener. Bill Kaulitz estaba tan fuera de su alcance, que era prácticamente intocable. El hecho de que fuera un maniaco sexual tenía poco que ver con eso. Tomi salió del baño un momento después, manteniendo la cabeza baja. No quería que Georg viera su nuevo estado de satisfacción.

Pensé que te habías perdido en algún lugar entre la puerta y el excusado —dijo Georg.

No —murmuró Tomi, tirando su uniforme en el cesto de ropa sucia.

Se sentó en el suelo junto a Georg y tomó un control. Georg lo miró de reojo.

Hey, está bien. Todos tenemos que tener nuestra privacidad de vez en cuando.

Tom sintió que sus mejillas se enrojecieron inmediatamente y se removió en el suelo.

¿Podemos jugar?

Sí, claro —Georg rio. Detuvo el juego para añadir otro jugador, preguntando—. ¿Y qué tal tu primer día de clases?

Estuvo bien —Tomi se encogió de hombros—. Parece bastante fácil.

Qué bueno —dijo Georg. Tomi podía sentir que quería preguntar más; que prácticamente estaba muriéndose por cualquier historia acerca del profesor Kaulitz, pero él no estaba seguro de querer contarle. Vivirlo había sido lo suficientemente vergonzoso. Realmente no quería recordar el encuentro. El silencio entre ellos se alargó, a excepción de los pequeños sonidos que Georg hacía mientas lo agregaba.

Sólo dilo —dijo Tomi finalmente, suspirando.

¿Qué? —preguntó Georg, haciendo como si no supiera de lo que hablaba.

Me vas a preguntar qué pasó en la clase del profesor Kaulitz —dijo Tomi, levantando las manos—. Sólo pregunta.

Ok, bien —dijo Georg, con culpa—. ¿Qué pasó? Llegaste todo… no sé.

Llegué tarde a su clase y me hizo quedarme cuando se acabó, ¿ya? —Tomi espetó, sonrojándose dolorosamente por lo que parecía como la centésima vez esa semana.

¿Qué te dijo? —Georg se inclinó, olvidándose del juego.

Básicamente, me dijo que no volviera a llegar tarde y me preguntó si era un buen alumno. Le dije que sí y me dijo que estaría feliz de tenerme en su clase —dijo Tomi, dejando afuera algunos detalles.

¿Y ya? —preguntó Georg.

Si lo que quieres saber es si me castigó con una regla, pues no —Tomi se levantó del suelo, aventando el control a un lado. Georg comenzó a reírse antes de que Tomi lo fulminara con la mirada.

Ok, ya, lo siento —dijo Georg, pero sus ojos brillaban—. Anda, vamos a jugar.

Tomi lo miró con rabia por un momento y después se volvió a sentar, agarrando el control. Georg empezó el juego y por unos minutos, sólo el sonido de las armas disparando se escuchaba. Finalmente, Georg preguntó con un tono incrédulo.

Te gusta, ¿verdad?

¿Qué? —preguntó Tomi, casi soltando el control. Inmediatamente le dispararon a su hombre, pero no le importó. Volvió a tirar el control, argumentando—. ¡No!

Te gusta el maestro Chupavergas —dijo Georg, en un tono de asombro.

No le digas así —espetó, levantándose del piso de nuevo. Por última vez esa noche, pensó en sí mismo al dirigirse a su cama.

¡Whoa! ¿Por él te la estabas jalando? —preguntó Georg, volteando hacia atrás para ver a Tomi con una expresión divertida.

Cierra el puto hocico, Georg —dijo Tomi, metiéndose en su cama y jalando las cobijas sobre su cabeza. Estaba mortificado, más que humillado por no saber en lo que se estaba metiendo.

Escuchó a Georg riéndose y sacó una mano de las sábanas para mandarlo a la mierda. Tal vez Georg tenía razón, pero Tomi no lo admitiría, ni loco.

& Continuará &

Gracias por la visita

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Teacher’s Pet 3: Las reglas de la clase»
  1. Jajajaj pobre Tom llega tarde, se enteró quien es el profesor, se quedó despies de clase y ya casi hasta tiene un orgasmo de solo estar frente a él. Jajjaja
    Pero el profesor Bill lo hizo con toda la malicia, para ponerlo así de nervioso y excitado. A ver que hacen esos dos en cada clase que se vean, porque a la primera Tom se masturbó pensando en él, no imagino en las demás 😄😄😄😄

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