“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 26: Discursos y sacrificios
Gordon y Simone estaban esperando fuera de los dormitorios cuando Tomi y Georg llegaron. Tomi suspiró sin tener ganas de verlos, pero sabiendo que debían estar ahí.
—Tomas, ¿dónde te metiste? —preguntó Simone, alterada—. Subimos a tu habitación y nadie abrió.
Tomi la miró con irritación.
—Fui a una fiesta privada.
Simone le echó una mirada a Georg y Gordon se cruzó de brazos.
—¿De verdad piensas que está bien hacer ese tipo de cosas durante esta situación?
—Sí, papá, es una grandiosa idea —espetó Tomi, dirigiéndose hacia las puertas. Necesitaba un cambio de ropa y su cepillo de dientes y no estaba de buen humor para un sermón.
—Deja esa actitud —llamó Gordon detrás de él, pero Tomi entró al edificio y azotó la puerta ante sus protestas. Ya nadie podía darle órdenes, nadie excepto Bill.
Georg lo siguió sin decir una palabra hasta que llegaron a su habitación.
—Vas a hacer algo drástico, ¿no? No me da buena espina.
—Mira, ya no me importan sus opiniones —espetó Tomi, dándose vuelta y señalando con un dedo hacia el suelo—. No me importa nadie excepto Bill. Esta puta universidad puede irse a la mierda y mi mamá y mi papá pueden joderse. No me van a decir lo que debo hacer.
Ahora estaba hirviendo de pura rabia, enojado por lo injusta que era la situación, por lo ridículo que era el consejo y por lo estúpidos que eran sus padres por pensar que podían controlar lo que él amaba.
Abrió uno de sus cajones y sacó un uniforme limpio antes de encaminarse al baño y azotar la puerta detrás de él. Dejó a un Georg impactado y callado del otro lado. Rápidamente se cambió y cepilló sus dientes y luego volvió a atar sus rastas en una coleta detrás de su cabeza, tomando un respiro profundo.
Tenía que controlarse antes de ir ante el consejo si iba a hacer lo que tenía planeado. Nunca escucharían a un niño mimado y berrinchudo. Tal vez escucharían a un adulto calmado y compuesto, y debía hacer todo en su poder para asegurarse de que fuera así.
Cuando salió del baño estaba calmado nuevamente. Pasó de Georg y bajó al primer piso. Al salir, encontró a sus padres esperándolo todavía. Estaban hablando en silencio y cuando se acercó, dejaron de hacerlo para mirarlo. Pensó que iban a regañarlo otra vez por su actitud, pero en lugar de eso, Gordon gruñó:
—Vámonos.
El viaje al edificio principal fue tenso y silencioso y los nervios y los miedos de Tomi sólo crecieron. Había muchas direcciones en las que podía ir la decisión del consejo y ninguna de ellas sería buena para Bill y él. Tomi se dio cuenta de que no había un solo escenario en el que los dos salieran intactos, pero ahora, lo único que le importaba era hacer lo mejor para Bill.
La asamblea dentro de la sala era seria y sombría. Los miembros del consejo estaban sentados en una fila enfrente y Tomi se sentó frente a ellos una vez más. Esta vez, había un lugar también para Bill y Tomi se encontró a sí mismo con un corazón retumbante mientras esperaban a que el profesor apareciera.
Los segundos se prolongaron, siendo contados por un gran reloj en la pared.
Adelante, algunos de los miembros se removieron y murmuraron entre ellos.
Tomi intentó tomar algunos respiros para calmar el revoltijo en su estómago. Cada segundo parecía una hora. Se removió, moviendo su rodilla con una ansiedad sin descanso.
Un sonido de la parte trasera de la habitación los alertó a todos y Tomi se volteó en su silla para ver a Bill empujando las puertas dobles y entrando a la sala. Su mentón estaba levantado y estaba vestido con el fino traje que se había puesto esa mañana antes de que Tomi saliera de su casa. Llevaba un par de botas extremadamente altas y su cabello estaba peinado con un impresionante copete. Se veía precioso, preciosamente abrumante y confiado.
—Buena tarde, Sr. Kaulitz —dijo irónicamente el director Hoffman desde el frente de la sala, como si hubiera estado esperando ese tipo de entrada.
—Caballeros —Bill sonrió de una forma enfermizamente dulce, antes de asentir hacia Dunja Pechner—. Damas.
No se movió para sentarse en la silla y en vez de eso permaneció de pie, afrontando al consejo en un campo al mismo nivel. Tomi lo observó con la boca ligeramente abierta. Nunca había visto a Bill enfrentando al consejo.
—Bueno, creo que todos sabemos por qué estamos aquí el día de hoy. —dijo Hoffman, fulminando con la mirada a Bill.
—Sí, no necesitamos darle vueltas al asunto, ¿hm? —dijo Bill juntando sus manos detrás de su espalda. Desde ese punto, Tomi pudo ver que sus dedos estaban apretados y tensos, tornándose blancos. Bill estaba fingiendo confianza y arrogancia, pero Tomi podía ver que estaba angustiado debajo de esa capa de control.
—¿Alguno de ustedes tiene algo que decir antes de que el consejo dé su veredicto?
—¿Qué más hay que decir? —preguntó Bill.
—¡Yo sí! —Tomi saltó de su asiento, con una voz temblorosa. Nunca antes en su vida había tenido más miedo. Todos esos momentos terribles de presentaciones en clase no lo habían preparado para hablar ante una asamblea como esta y sabía que no sería algo agraciado.
Los ojos de Bill volaron hacia él y su máscara se cayó por un segundo. Tomi pudo ver un flash de miedo en sus ojos antes de que su mandíbula se apretara y parpadeara para alejar las emociones de sus ojos.
—¿Sí, Sr. Trumper? —Hoffman le sonrió superiormente.
—Yo… eh… n-no soy muy bueno hablando en público —empezó, dando un paso adelante—. Sólo soy un chico universitario, pero sé cómo va a funcionar todo esto.
Miró a Bill quien estaba observándolo con una expresión demacrada. El consejo se le quedó viendo, sin saber a dónde quería llegar.
—Verán, he pensado en esto de todas las formas posibles —dijo Tomi, abriendo sus manos—. He sacado diferentes variables y reacomodado la ecuación, pero siempre obtengo la misma respuesta.
Ahora, Tomi bajó la mirada al suelo. Su corazón estaba palpitando con fuerza y sabía que estaba a punto de hacer algo que podría cambiar su vida para siempre, sin importar que lo que pudiera pasar después estuviese directamente relacionado o no. Estaba a punto de tomar una decisión que no sólo incluía su asistencia a la universidad. Estaba tomando una decisión de vida, prometiendo en ese momento que sin importar lo que pasara después de esto, no iba a darse por vencido con su relación con Bill.
Tomi levantó su cabeza, encontrando su voz nuevamente.
—No me necesitan aquí —empezó—. En primer lugar, yo ni siquiera estaba seguro de querer venir a esta escuela, pero…
Se volteó para mirar a Bill, quien estaba negando ligeramente con su cabeza y mirándolo con ojos amplios y un ceño fruncido. Tomi lo ignoró y volvió a enfrentar al consejo.
—Lo necesitan a él. Lo necesitan para hacer que esta universidad funcione, y tal vez no les guste, pero es la verdad. —su voz se levantó firmemente al señalar con un dedo en la dirección en donde estaba Bill.
La reacción del consejo fue colectiva, pequeños sonidos de impresión rompieron el humor serio.
—Es una buena universidad, hay buenos programas, buenos deportes… buenos maestros. ¡Y este hombre que están intentando derrumbar es uno de ellos! Así que les guste o no, ¡lo necesitan a él, no a mí! —levantó la vista y miró sus rostros, respirando entrecortadamente—. No quieren un escándalo y yo entiendo eso completamente, pero apelo ante esta universidad. La decisión que tomen hoy afectará no sólo a la gente en esta habitación sino al resto de los estudiantes. Les pido que piensen en lo que es importante a largo plazo. Les pido que no piensen en sus propios sentimientos y que piensen en el bien de la universidad. Creo que si lo hacen, verán que estoy en lo correcto.
Hizo una pausa y dejó que eso se digiriera. Todos se removieron, desviando la vista o mirándose los unos a los otros. Tomi sabía que tenía su atención y una agonía lo atravesó, a sabiendas que de que si lo escuchaban, probablemente nunca volvería a ver a Bill. Luego concluyó en una voz más baja:
—A veces no hay forma de ganar. Sólo debes sacarte de la ecuación.
Les echó una última mirada severa antes de voltearse y caminar a su asiento.
La sala quedó en silencio y Tomi volteó para ver a Bill, mirando hacia el suelo. Lentamente, giró su cabeza y sus ojos se encontraron. Bill volvió a negar con su cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas que Tomi sabía que no dejaría caer.
Al final, Hoffman rompió el silencio.
—Profesor, Kaulitz… ¿hay algo que quiera decir?
Bill aclaró ligeramente su garganta y parpadeó unas cuantas veces.
—Sólo que… —dijo, con una voz ronca—. Tomi es el mejor alumno que he tenido y ha sido un privilegio poder enseñarle.
Miró a Tomi y luego al consejo.
—Y creo que sería un error expulsarlo.
Hoffman asintió lentamente.
—Bueno, creo que ahora necesitamos deliberar.
Hubo murmuraciones de acuerdo y el corazón de Tomi se tropezó. En verdad había llamado su atención con su discurso y su estómago dio un vuelco porque sabía que lo que había hecho era algo irreversible, pero… ¿sería mejor o peor de lo que habían planeado en primer lugar?
Les pidieron salir de la sala por quince minutos y Tomi rápidamente se levantó de su asiento. Pasó de sus padres quienes lucían más impactados que nada más. Lo siguieron y Bill fue el último en salir de la habitación.
—Tomas —empezó Simone, consternada y levantando las manos—. ¿Qué estabas pensando?
Tomi negó con la cabeza y se alejó de ellos.
—Ya está hecho.
—Invertimos mucho dinero para ponerte en esta escuela. —gruñó Gordon.
Tomi se dio vueta.
—Sí, lo sé y les agradezco que se preocupen, ¡pero ésta es mi decisión! —miró las expresiones de ambos; su madre estaba desconsolada y su padre enojado—. Tengo diecinueve y soy un adulto. Créanme, lo he pensado mucho y no fue difícil, pero…
Sacudió su cabeza, queriendo terminar y proclamar su amor por Bill… pero no podía. No hasta que todo terminase.
—Pero es algo que debía hacer.
—¿Qué? ¡¿Debías tirar tu futuro al caño?! —demandó Gordon—. ¡Ni creas que voy a pagar para encontrarte otra escuela!
—¡No me importa! —gritó Tomi—. Estoy cansado de este puto lugar, ¡y estoy cansado de ti!
Lo señaló con un dedo y el rostro de Gordon se enrojeció por el enojo antes de lanzarse hacia adelante con ojos furiosos.
—¿Qué? —preguntó Tomi, levantando las manos—. ¿Me vas a pegar otra vez? ¡Anda, hazlo!
—¡Tomi, basta! —chilló Simone, intentando ponerse entre los hombres Trumper.
—¿Qué te parece si pateo tu trasero desagradecido? —gruñó Gordon.
—¡Inténtalo! —rugió Tomi, encabronado al pensar que alguien que no fuera Bill pudiera ponerle una mano encima.
—¡Basta! —exigió Simone, poniendo un brazo sobre el pecho de Tomi y haciéndole retroceder.
Gordon y Tomi se miraron, respirando entrecortadamente. Permanecieron así por unos segundos antes de que los ojos de Gordon se movieran hacia otro lado al notar a Bill detrás de ellos.
—¿Qué estás viendo? —demandó Gordon.
Tomi se dio vuelta, sintiéndose inmediatamente avergonzado de que Bill hubiese presenciado todo su encuentro.
Bill sólo frunció el ceño y negó con su cabeza antes de salir por las puertas principales.
—Voy a salir, ¿ok? ¿Está bien? ¿Puedo hacer eso? —preguntó Tomi sarcásticamente antes de voltearse y seguir a Bill por los escalones del edificio. Escuchó a sus padres comenzando a hablar tan pronto como se alejó, pero ni siquiera intentó escucharlos.
Encontró a Bill afuera fumando en silencio. Estaba mirando el campus con una mirada perdida en sus ojos.
—Hey. —dijo Tomi con suavidad.
Bill le dio una fumada a su cigarro antes de dejar que su mano colgara a su costado. El humo salió lentamente de entre sus labios cuando suspiró.
—No deberías hablarle así a tus padres.
—¿Qué? —preguntó Tomi sin esperarse que Bill pudiera ponerse de su lado—. Pero…
—Son tus padres —dijo Bill severamente mirándolo a través del humo—. Son los únicos que vas a tener. Deberías estar agradecido de que se preocupen tanto por ti.
Tomi tartamudeó antes de levantar las manos.
—¡Pero quiero estar contigo!
—Lo sé —dijo Bill, sonriendo suavemente—. Sólo te estoy diciendo que no todos en este mundo tienen padres como los tuyos… que te amen y que simplemente quieran verte triunfar.
Tomi se calló, ahora sabía que estaba hablando de sí mismo.
—Sé que tu papá no fue tan bueno, pero… —su voz se desvaneció.
Bill fumó silenciosamente por otro segundo antes de hablar en voz baja.
—¿En vedad quieres esto, Tomi? —preguntó.
—¿Qué? ¡Sí! —dijo Tomi, acercándose.
Bill levantó la vista con ojos amplios y oscuros.
—¿De verdad vale la pena abandonar tu carrera por mí? —preguntó.
—Sí —dijo Tomi con firmeza—. Te lo he dicho una y otra vez… eres para mí. ¿Por qué no me crees?
Los hombros de Bill se levantaron ligeramente cuando desvió la vista y volvió a levantar su cigarro.
—Pensé que era obvio.
—No, no lo es. —dijo Tomi, cruzando sus brazos.
Bill exhaló pesadamente enviando humo por sus labios y sus fosas nasales.
—Podrías encontrar a alguien mejor en ese mundo, Tomi, créeme.
—No crees que eres una buena persona —Tomi resopló—. No te creo. Eres una maravillosa persona, sólo que te han pasado cosas malas.
Las cejas de Bill se levantaron.
—He creado la mayoría de las situaciones en las que me he metido. Solía pensar que era culpa de todos los demás que mi vida fuese un desastre, pero la verdad es que… me lo he hecho a mí mismo… y no quiero hacerlo de nuevo y destruir la vida de alguien más.
Bill lo miró sinceramente.
—Tal vez sea cierto —dijo Tomi—. Pero yo nunca podría considerarte un error. ¿No fue eso lo que dijiste de mí una vez?
Preguntó en voz baja, acercándose hasta que estuvieron casi tocándose.
—Sí —murmuró Bill, mirándolo a los ojos—. Sólo te lo preguntaré una vez más… ¿estás seguro?
—Y la respuesta siempre será la misma —respondió Tomi en voz baja—. Sí, estoy seguro. Cien por ciento seguro.
Bill negó con su cabeza lentamente, pero había una pequeña sonrisa en sus labios.
—Podría besarte ahora mismo. —susurró.
Tomi miró a su alrededor a los estudiantes que pasaban por ahí.
—Eso crearía un escándalo.
Bill resopló.
—Como si no hubiéramos creado uno ya.
—¿Sabes que podría hacer yo?
—¿Hmm? —preguntó Bill, poniendo el cigarro entre sus labios perfectos.
—Podría escaparme contigo y nunca volver.
Bill sonrió, pero negó con su cabeza.
—No quieres eso.
—¿Por qué no? —preguntó Tomi.
—Porque no quieres alienarte de tu familia y amigos —contestó Bill—. Créeme, la vida sin ellos es solitaria.
—Pero no estaría solo… te tendría a ti. —Tomi le sonrió.
—Eres dulce —contestó Bill, levantando una mano para acariciar ligeramente su pómulo antes de bajarla—. Demasiado dulce.
Tomi sonrió y luego quedaron en silencio por un momento antes de que Bill mirara su reloj.
—Deberíamos volver.
Tomi suspiró y asintió, notando la hora. Los quince minutos se habían pasado bastante rápido.
—Ok.
Bill tiró su cigarro al suelo y lo pisó con su pie antes de darse vuelta y entrar al edificio.
Después de su conversación, Tomi se sentía más fuerte de alguna forma. Todavía estaba asustado, pero ahora sabía que estarían bien. Sin importar qué pasara, se amaban y para Tomi, eso valía mucho más que cualquier título.
Se sentía como el final, pero era sólo el comienzo y Tomi estaba listo para afrontarlo todo con la cabeza en alto.
& Continuará &