“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 24: Te amo
Tomi sintió como si todos estuviesen mirándolo cuando Georg y él entraron a una fiesta en una de las casas de la propiedad privada. Le ponía nervioso que pudiesen descubrirlo cuando saliera de la fiesta. Sin embargo, muy dentro, ansiaba ver a Bill nuevamente. Esa necesidad roía su interior como si se tratara de una enfermedad devastadora cuya única cura era el toque de su amante. Necesitaba ver a Bill de nuevo para asegurarse de que lo que había escrito en la nota era cierto. Quería mirarlo a los ojos y asegurarse de que no era un sueño.
Casi no dijo nada cuando Georg y él cruzaron el campus. Mantuvo su cabeza abajo y sus manos metidas en los bolsillos de sus pantalones grandes. Llevaban unos minutos caminando cuando Georg aclaró su garganta.
—¿Estás bien?
—Sí —dijo Tomi, levantando la vista. Suspiró al entrecerrar los ojos, mirando al sol poniente y los últimos rayos de luz natural que iluminaban el campus frente a él. En pocos días dejaría de ver este paisaje. Al final admitió—: Es que es… abrumador.
—No puedo creer que te vayan a echar —dijo Georg—. No tienen ninguna evidencia.
—Tienen algo contra Bill —dijo Tomi—. No lo sé… Hay algo que no sé.
—¿Como qué?
—No tengo idea —Tomi se encogió de hombros—. Digo, sé lo que pasó en Hanns Eisler, pero… por alguna razón lo contrataron de cualquier forma y ahora quieren deshacerse de él. No lo entiendo.
—¿Sabes qué paso? —preguntó Georg.
—Sí, Andrej me contó —respondió Tomi. Georg lo miró atentamente y Tomi resopló—. No te voy a decir.
—¿Por qué no?
—Porque no —dijo Tomi—. Es personal. Y tampoco le preguntes a Andrej. Te cortaría los huevos.
Georg hizo una mueca.
—Como quieras.
Tomi inhaló profundamente.
—Mi prioridad es verlo. No me importan esos malditos idiotas.
—Sí, que se jodan.
—Sí —repitió Tomi, en voz baja—. Que se jodan todos.
El sol ya se había ocultado cuando llegaron al área de propiedad privada y todo estaba a oscuras. Un fuerte retumbar ya sonaba desde adentro de una de las casas y había media docena de carros estacionados enfrente. Un par de estudiantes mayores estaban en el porche bebiendo y fumando, y por el olor, Tomi sabía que no era sólo nicotina. El espeso humo se juntó a su alrededor cuando subieron por las escaleras, pasando de los ya drogados estudiantes en el porche. Negó con su cabeza y siguió a Georg adentro.
No había estado en una fiesta desde la primera a la que había asistido en el campus, y el oscuro y ruidoso interior de la casa le trajo varios recuerdos. En ese entonces todo había parecido complicado, negarse a los coqueteos de Georg, conocer a Bill afuera y experimentar esa conexión inmediata. Ahora, Tomi deseaba poder volver a la simplicidad de todo aquello, cuando lo único de lo que había tenido que preocuparse había sido de quién eran las manos que estaban sobre él y cómo le haría para entrar a los dormitorios después de medianoche. Por otro lado, no cambiaría su relación con Bill por nada.
Tomi ignoró a todos los que estaban bailando y bebiendo. Sólo estaría ahí unos minutos y después saldría por atrás y caminaría a la calle más cercana para tomar un taxi. No sabía qué tan lejos quedaba la dirección, pero con suerte, había llevado consigo suficiente dinero para pagar.
Estaba ansioso por irse y caminó de un lado al otro, negándose a beber cualquier cosa que Georg le ofreciera. Sentía como si hubiese estado ahí ya por una hora cuando sólo habían pasado diez minutos, y decidió que ya no podía más. Como lo habían planeado, Georg y él se excusaron para salir a fumar un cigarro por la puerta trasera. Tomi bien hubiese podido fumarse uno en ese momento, pero tan pronto como salieron, se despidió de Georg y casi corrió hacia la calle.
Su corazón latió rápidamente durante toda su caminata y estaba casi temblando cuando logró parar un taxi. Sacó la nota que mantenía en su bolsillo y le dio la dirección al chofer; le alivió saber que no estaba muy lejos. Y después de decirle que le gustaría llegar lo más pronto posible, Tomi se recargó sobre el respaldo e intentó tranquilizarse.
La universidad estaba en una parte un tanto exclusiva de Hamburgo y cuando el taxi dio vuelta para dirigirse al área residencial, Tomi se inclinó hacia adelante, preguntándose si Bill le había dado la dirección de su casa. Observó las casas al pasar, todas eran grandes y hermosas. Sabía que Bill tenía dinero, pero estaba impresionado por el tamaño de las residencias, el paisaje tan elaborado y los carros lujosos en los estacionamientos.
Cuando se detuvieron frente a una casa, Tomi salió y sus ojos y boca se ampliaron cuando vio la inmensa estructura. El pasto estaba verde y perfectamente cortado, algunos rociadores estaban esparcidos en el patio. Las flores que estaban plantadas alrededor de la orilla de la casa seguían viéndose hermosas a pesar del clima frío que habían estado experimentando y Tomi sabía que no era precisamente Bill quien se ocupaba de ellas. Caminó hacia la puerta principal por un camino que estaba marginado con pequeñas lámparas y flores mientras observaba la casa que estaba iluminada con luces. Era una casa modelo.
Llegó a la puerta principal, sintiéndose intimidado. Levantó su mano y dudó. Se sentía aterrado por primera vez desde que había recibido la nota. Todo lo que había sentido antes había sido emoción, pero de repente un montón de pensamientos aterradores entraron en su mente… ¿y si Bill cambiaba de opinión? ¿Y si lo rechazaba y le decía que no quería volver a verlo? ¿Y si Bill había aceptado que no podían estar juntos? ¿Y si…
Los pensamientos de Tomi se vieron interrumpidos cuando la puerta se abrió repentinamente frente a él. Bill estaba del otro lado y Tomi se quedó en blanco, con la boca seca. Bill no estaba usando maquillaje; su rostro estaba completamente desnudo y su cabello estaba suave y despeinado. Sus cejas eran de un tono más ligero sin el maquillaje, pero sus pestañas seguían luciendo largas y oscuras. Seguía luciendo hermoso y deslumbrante.
—Viniste. —dijo Bill, sonando aliviado.
—Sí, claro que sí. —dijo Tomi, dando un paso adelante.
Bill lo dejó entrar e inmediatamente lo atrajo hacia su pecho. Cerró la puerta y lo apretó más contra sí, acunando la parte trasera de su cabeza y envolviendo su cuerpo con su otro brazo. Tomi se hundió contra su pecho cálido y suave, pero firme y estable. Presionó su cara en el cuello de Bill, inhalando desesperadamente el olor de su piel, intentando memorizarlo. Pasó sus manos sobre la espalda de Bill, sintiendo cada curva y cada flexión de músculos debajo de su suave piel.
—¿Qué pasó en el consejo? —preguntó en un susurro, su voz se vio ahogada contra el pecho de Bill.
—Shh —murmuró Bill—. No hablemos de eso.
Por un momento, Tomi quiso resistirse, pero sólo asintió.
—Ok.
Bill acarició sus rastas antes de alejarlo un poco para acunar su cara con sus manos. Acarició sus mejillas con sus pulgares y sus ojos oscuros observaron su rostro.
—¿Estás bien?
—Sí. —respondió Tomi, un poco confundido.
—Pude haberlos destruido por lo que te hicieron. —dijo Bill con una voz baja pero seria.
Tomi no pudo evitar la pequeña sonrisa que apareció en sus labios.
—Todo está bien ahora —dijo—. Estoy aquí y dijimos que no íbamos a hablar de eso.
—Tienes razón. —dijo Bill, acercándolo para presionar su boca contra la de Tomi. En el segundo en el que sus labios se rozaron, Tomi se pegó; sus manos agarraron las muñecas de Bill cuando se hizo hacia adelante, con hambre. Su boca se abrió fácilmente bajo la de Bill, permitiendo profundizar el beso cuando sus lenguas emergieron, acariciándose y ondulando entre sí. Tomi gimió contra la boca de Bill cuando su sabor inundó sus sentidos. Los recuerdos y deseos de la última vez que habían estado juntos le pasaron por la mente y acercó más a Bill, deseándolo y necesitándolo.
Al final, sus labios se separaron y ambos estuvieron jadeantes, con ojos brillantes por el deseo.
—Arriba. —murmuró Bill.
Tomi asintió rápidamente, su cuerpo ya estaba quemándose con lujuria. El sabor de Bill se sentía fresco en su boca y quería más, mucho más.
Bill se volteó y lo guio por una escalera. Tomi casi no pudo prestarle atención a las exquisitas y sin duda costosas pinturas en la pared y la falta de cosas personales como lo son las fotos familiares.
La puerta de la habitación de Bill era doble, de madera y estaba tallada hermosamente. Cuando Bill las abrió, Tomi pudo ver una cama King size en la mitad de la habitación y un tocador frente a ella. Una ventana mirador estaba en uno de los costados y unas oscuras cortinas de satén colgaban de los cortineros. Dentro de la habitación estaba oscuro y era un ambiente sensual que hizo que Tomi deseara estar con Bill en su propio espacio personal.
Bill lo llevó hacia la cama inmediatamente y Tomi se dejó, aferrándose a él y queriendo meter sus manos por debajo de su ropa. Bill lo inclinó sobre la cama y sus manos levantaron la camisa de Tomi. Tomi se retorció para quitársela y aventarla a un lado mientras Bill bajaba hasta sus pantalones. Sus dedos largos y delgados lo desabotonaron rápidamente y bajó los bóxers de Tomi al mismo tiempo también.
Bill se inclinó sobre él capturando su boca nuevamente mientras Tomi buscaba el borde de la camisa de Bill, una cosa simple y sin mangas que Tomi había querido quitarle desde que había abierto la puerta. La levantó y sus dedos frotaron su piel, acariciando sus pezones en su paso. Bill se hizo para atrás, jadeando mientras se quitaba la camisa y sentándose sobre sus talones para poder abrir sus pantalones. Tomi se irguió para seguirlo, encargándose de desvestirlo. Bajó sus pantalones y sus bóxers, liberando a su ya dura erección de sus confinamientos. Bill dejó escapar un sonido complacido cuando las manos de Tomi lo tocaron.
—Recuéstate. —murmuró Tomi. Su mente pasó de la idea de que él nunca le decía a Bill qué hacer. Sin embargo, Bill obedeció rápidamente, recostándose sobre su espalda y pateando sus pantalones. Sus ojos parpadeaban velozmente y su pecho se elevaba y bajaba tan rápido como Tomi se puso entre sus piernas.
—Oh… —gimió cuando la cabeza de Tomi se dirigió hacia entrepierna. Lo tomó en sus manos y lo dirigió a su boca, chupándolo inmediatamente —. Tomi…
Bill gimió y apretó sus muslos en cada lado de su cabeza. Sus manos se agarraron de las rastas de Tomi, haciéndole bajar sobre su pene. Tomi lo dejó entrar más profundamente y la caliente longitud palpitó insistentemente contra su lengua y contra el fondo de su garganta. Gimió en torno a él, chupando de arriba abajo. Bill enterró sus talones en la cama y levantó sus caderas contra Tomi al usar su mano para frotar su base, torciendo su muñeca un poco mientras él mantenía su boca en la punta de su miembro.
—Mierda, Tomi… —maldijo Bill. Sus uñas se enterraron en el cuero cabelludo de Tomi cuando apretó sus rastas con más fuerza. Jadeó fuertemente cuando Tomi pasó su lengua sobre la hinchada cabeza de su pene, lamiendo de arriba abajo y saboreando su hendidura chorreante. Bill dejó escapar un gruñido e hizo que Tomi bajara sobre su pene, perforando su boca de nuevo y empujando hasta el fondo de su garganta—. Sí…
Siseó cuando Tomi gimió, antes de tragar y dejar que su garganta apretara la cabeza de Bill. Sus piernas temblaron y gimió con más fuerza mientras sus caderas se mecían contra la boca de Tomi, metiendo y sacando su pene. Tomi lo dejó controlar la situación, saboreando el miembro de Bill dentro de su boca, el cual se deslizaba sobre su lengua una y otra vez.
Sintió que Bill comenzó a temblar debajo de él y pudo sentir que su orgasmo se acercaba. Se hizo para atrás, sabiendo exactamente lo que quería. Frotó su húmedo y doliente miembro con unos movimientos rápidos y cerró sus ojos cuando Bill explotó sobre su boca y mejillas. La sustancia caliente resbaló por su mentón, cayendo por su cuello en forma de líneas pequeñas y húmedas, logrando que su cuerpo se estremeciera.
—Ooh… —Bill estaba gimiendo, levantando débilmente su cabeza para mirar su semen pintando la cara de Tomi. Se retorció y estremeció por unos momentos más antes de hundirse en el colchón. Luego bajó una mano para acunar la mejilla de Tomi, acariciando sus pómulos con cariño.
Tomi se bajó de la cama y encontró una caja de Kleenex en la mesita que estaba a un lado de. Limpió su rostro y regresó al lado de Bill, recostándose contra su costado caliente y agitado. Bill lo miró, acariciando su rostro para alejar una rasta que descansaba en su mejilla.
—Qué es lo que me haces… —murmuró, con ojos todavía cansados por el orgasmo.
Tomi sonrió y se frotó contra él, presionando su propio pene contra el muslo de Bill, ondulando suavemente. Besó el pectoral de Bill y lo miró, expectante.
—¿Qué quieres, eh? —le preguntó Bill. Sus ojos brillaron con deseo.
—Todo —mumuró él —. Todo lo que puedas darme.
Las fosas nasales de Bill se abrieron y su pecho se infló rápidamente.
—Boca abajo. Ahora. —dijo, con un tono bajo que hizo que el estómago de Tomi diera vueltas de emoción. Rápidamente obedeció, rodando y poniéndose sobre su estómago.
Bill se levantó de la cama y Tomi lo observó con su corazón palpitante mientras iba a su tocador. Sacó algo del cajón y volvió. Tomi gimió bajito contra las sábanas cuando vio un par de esposas colgando de los dedos de Bill.
—Pon las manos atrás. —ordenó Bill al subir de vuelta a la cama.
Tomi obedeció rápidamente y sintió el frío metal contra sus muñecas.
—Ahora —dijo Bill, bajando un dedo por el trasero de Tomi y trazando una línea debajo de una nalga—, quiero que este hermoso traserito se levante para mí.
Tomi dejó escapar otro sonido ahogado al levantarse sobre sus rodillas. Al tener las manos atadas, no tuvo más opción que mantener su pecho y su cara contra el colchón, quedando completamente vulnerable ante los deseos de Bill.
—Y ahora —dijo Bill, con una voz igual de baja y sensual—, creo que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te di de nalgadas.
Tomi volteó la cabeza contra las sábanas, casi sin poder hacer sonido debido al deseo y a calor. Su pene dolía entre sus muslos; estaba duro y deseoso.
Tomi escuchó a Bill dejar la cama y su corazón se aceleró. Sabía que Bill iría por alguna herramienta para nalguearlo y sólo podía preguntarse qué usaría. Su cuerpo estaba ansioso, preguntándose si sería la tabla cubierta con cuero otra vez o tal vez algo que nunca hubiese visto. Volteó la cabeza cuando Bill volvió y vio el instrumento en su mano. Era una larga vara que tenía un brillante doblez de cuero en la punta. Bill azotó el instrumento contra su mano, observando el trasero de Tomi y tarareando de forma aprobadora.
—Mmm, ¿y cuántas deberíamos darte el día de hoy? —preguntó, arrodillándose detrás de Tomi. Colocó el instrumento contra una nalga, sacándole a Tomi un sonido de la garganta —. ¿Sólo las suficientes para ponerlas rojas y bonitas, hmm?
Tomi se retorció.
—Sí, por favor. —jadeó; apenas podía respirar.
La vara se levantó y se impactó contra él repentinamente. Dolía. Tomi jadeó, moviéndose contra la cama. Mordió su labio inferior y enterró su rostro en el colchón. Otro gemido ahogado escapó de sus labios y Bill golpeó la otra nalga con firmeza.
Sintió que sus dedos acariciaban la piel lastimada y su pulgar se movía suavemente de un lado al otro.
—Mmm, qué hermoso. —alabó.
—Nnng…. —Tomi gimió e impulsó su trasero hacia Bill.
—¿Más? —preguntó Bill, pasando la punta de la vara entre sus nalgas y tocando ligeramente su entrada con el cuero suave. Tomi inhaló un respiro y su cuerpo se tensó antes de que Bill volviera a azotar su piel sensible, casi golpeando sus testículos. Soltó un grito, haciéndose hacia adelante al sentir más dolor que antes.
—Mierda, Bill… —se quejó, jadeante, queriendo tirarse en la cama y cerrar sus piernas.
—No, no, quédate arriba —Bill agarró sus caderas y lo puso de nuevo en posición. Mantuvo su agarre en él cuando volvió a azotarlo y Tomi gimió. Sus brazos se jalaron contra las esposas y Bill casi no hizo pausa entre los azotes. Lo hacía una y otra vez, golpeando una nalga y luego la otra, dejando marcas rojas en su piel. Tomi gimió con cada azote, tensándose contra la mano firme de Bill y las esposas, hasta que finalmente Bill se detuvo. Su cuerpo dolía, pero estaba incluso más deseoso que antes.
—Bill, por favor —jadeó, pero Bill ya estaba tirando la vara y alcanzando el lubricante. Luego, sus dedos húmedos pasaron entre las nalgas de Tomi, lo cual resultó suave en comparación a la vara, y Tomi gimió, moviéndose hacia atrás mientras Bill acariciaba su piel lastimada. Luego, Bill giró sus dedos alrededor de su entrada antes de que un solo dedo lo penetrara. Tomi gimió, impulsándose hacia atrás inmediatamente porque se sentía demasiado bien después de cuatro días de celibato. Ese solo dedo fue suficiente para hacerle desear más a Bill.
—Sí, Bill, sí… —jadeó, meciéndose contra el dedo de Bill. Se abrió fácilmente ante las penetraciones rápidas y gruñó cuando sintió un segundo dedo. Los dos bombearon dentro de él con un ritmo que expresaba el propio deseo de Bill y Tomi no pudo evitar gritar—: Bill, por favor… por favor, quiero…
Su voz se desvaneció cuando las puntas de los dedos de Bill rozaron su próstata. Se sacudió hacia adelante y las esposas lastimaron sus muñecas cuando intentó luchar contra la sensación tan abrumante.
—Sé lo que quieres. —murmuró Bill, sacando sus dedos sólo para volver a meterlos.
—Oh, por favor… —Tomi jadeó, haciendo sus caderas hacia atrás y gimiendo mientras los dedos largos y delgados de Bill se hundían dentro de él.
Pronto, un tercer dedo se unió para dilatarlo pero se sentía tan genial que sus regiones bajas se apretaron por un momento y él gimió contra el colchón mientras sus músculos se apretaban en torno a los dedos de Bill.
—Por favor, por favor… —jadeó nuevamente, sin poder ser capaz de formular otra palabra hasta que Bill entrara en él.
—¿Quieres mi pene, hmm? —preguntó Bill, aunque era bastante obvio.
Tomi gimió, intentando asentir contra la cama. Ya estaba sudando y jadeando, y estaba tan excitado por el placer que no podía formar una oración completa.
—Bien. —murmuró Bill en voz baja, sacando sus dedos.
Tomi lo observó sacar los condones y regresar a su lugar detrás de él. Su corazón se sintió como si estuviese a punto de estallar y su mente daba vueltas. Tomi se estremeció cuando Bill se agarró a él de la cadera y de las esposas. Sintió la cabeza de su pene frotándose contra su entrada y presionó su frente en el colchón, gimiendo suavemente mientras Bill se adentraba lentamente. Tomi mordió su labio inferior mientras el dolor inicial lo asaltaba, seguido por una corriente de presión. Explotó con un gemido cuando Bill entró completamente, exhalando una palabrota con una voz suave. Su cuerpo se estremeció cuando Bill se hizo para atrás para poder hacer la primera embestida que iniciaría lo que debía ser un ritmo satisfactorio.
—Sí, Bill… —gimió Tomi, separando más sus rodillas sobre la cama mientras Bill comenzaba a mecerse contra su cuerpo. Lo penetraba profundamente; la larga y dura longitud de su pene llegaba hasta el centro de su cuerpo, frotándose contra esas partes sensitivas—. Oooh…
Tomi soltó un gemido largo y bajo al mismo tiempo que arqueó su espalda. Sus brazos dolían, pero el agarre de Bill en las esposas los mantuvo estirados hacia atrás, con el rostro contra el colchón. No tenía más opción que quedarse ahí y recibir el abrumante placer que Bill le otorgaba.
Detrás de él, Bill estaba soltando gemidos bajos y gruñidos cada vez que lo embestía. Sus delgadas caderas se movían rápidamente, llevando a Tomi cada vez más cerca del límite. Ya estaba en un buen ángulo, con su trasero levantado únicamente para los cuidados de Bill y Bill se los daba; su pene apuntaba directo a la próstata sensible de Tomi. El pequeño punto palpitaba con cada embestida, hinchándose contra el pene de Bill. La piel torturada y excitada de ambos se frotó junta, creando una dulce fricción que logró que Tomi gimiera alto mientras su cuerpo se tensaba conforme el orgasmo se acercaba.
Bill se inclinó sobre él, presionándolo con más fuerza contra la cama mientras sus caderas aumentaban el ritmo. Sus cuerpos se juntaban con un golpe tras otro, una y otra vez, y los sonidos de su acto de amor llenaban el aire, acentuándolo con gemidos y gruñidos de puro placer.
Todo el cuerpo de Tomi dolía. Sus brazos estaban estirados, su cuello estaba torcido y su trasero todavía ardía por los azotes. Pero más que nada, era su interior lo que más dolía, aunque de la forma más placentera y deseable. No podía quejarse cuando Bill se lo estaba haciendo tan bien; haciéndole sentirse de puta madre.
Casi no podía moverse ya para el final. Su aliento le había sido robado y sus músculos se tensaron mientras su mente se concentraba en ese pequeño momento de placer que lo consumía todo. El clímax lo capturó repentinamente, arrasándolo una y otra vez. Las olas de placer radiaron desde su interior hacia afuera, haciendo que sus brazos y sus piernas hormiguearan mientras alcanzaba el punto más alto de placer, donde se impulsó contra Bill y terminó derramándose sobre las sábanas. Se vino con fuertes y largos chorros, mientras su cuerpo tembloroso terminaba su orgasmo.
Bill se vino de una forma más silenciosa. Sus caderas se movieron rápidamente y sus manos temblaron mientras eyaculaba en el condón. Jadeó con fuerza mientras salía del cuerpo de Tomi, débilmente.
Tomi se tiró a su lado, sintiendo su cuerpo completo como gelatina.
Bill liberó sus brazos sin decir una palabra y lanzó las esposas sobre el borde de la cama hacia el suelo. Tomi se dio vuelta, se movió contra su costado y descansaron en silencio por unos momentos. Presionó su rostro contra el pecho de Bill. Su piel era suave y cálida, sus músculos eran firmes e invitantes y olía delicioso.
Tomi envolvió su brazo alrededor de su cintura y se agarró con fuerza. Su corazón se apretó repentinamente con emoción. Habían llegado ahí en los brazos del deseo, perdidos el uno en el otro, pero la fría y dura verdad era que ésta podría ser su última vez juntos y eso era difícil de ignorar.
—Bill… —susurró con una voz pequeña.
—¿Hmm? —preguntó Bill. Sus dedos acariciaban las rastas de Tomi.
—¿Por qué te odian tanto? —preguntó Tomi. Era algo que se había estado preguntando desde el comienzo.
Bill dejó escapar un largo suspiro.
—Es… complicado.
—Sé sobre Laura, pero… —Tomi levantó la vista para ver a Bil, cuya expresión flaqueó ante la mención de su ex amante.
—Me equivoqué con ella —admitió silenciosamente después de un rato—. Y por eso tuve muchos problemas para encontrar trabajo después… básicamente compré mi camino hasta aquí.
—¿A qué te refieres?
—Mi padre…
La voz de Bill se tornó fría con su mención. Tomi observó su expresión, preguntándose nuevamente qué era eso que hacía a Bill como era.
—Mi padre es un hombre muy poderoso. En pocas palabras, tiene mucho dinero y yo comparto algunas acciones en todas sus compañías, lo cual significa que yo también tengo dinero. Esta universidad necesitaba una generosa donación y yo se la di a cambio de mi trabajo —dijo Bill silenciosamente, como si estuviese avergonzado de ello.
—Entonces… ¿te necesitan para lograr que la universidad siga trabajando?
Bill suspiró.
—La mayor parte, sí… y no les gusta, nunca les ha gustado.
—Pero de cualquier forma podrían despedirte. —dijo Tomi suavemente.
—Sí. —respondió Bill en voz baja, cansado y derrotado.
Tomi mordió su labio inferior y su corazón palpitó con un miedo repentino que hasta ese momento había ignorado.
—¿Crees… crees que… —levantó su cabeza para ver a Bill, quien ahora lo miraba con una expresión preocupada—. Digo, ¿volveremos a estar así… de nuevo?
Las cejas de Bill se juntaron y luego apoyó su cabeza hacia atrás, mirando el techo.
—Si pudiera, me quedaría contigo para siempre.
Tomi lo apretó con más fuerza y envolvió una pierna alrededor de las de Bill.
—Te amo. —susurró antes de poder pensar en retirar las palabras.
El pecho de Bill se inmovilizó contra su cabeza por un momento antes de levantarse y caer bruscamente. Sus brazos lo apretaron.
—Yo… —empezó Bill, con una voz ahogada.
Tomi levantó su cabeza para ver a Bill tomado por sorpresa ante su confesión. Estaba negando con su cabeza y tenía los ojos abiertos ampliamente.
—Yo…
Su ceño fruncido se profundizó y sus ojos lo miraron por un instante antes de volver a desviar la mirada.
—Yo debería poder decir lo mismo. —susurró finalmente, sonando derrotado.
Tomi sintió que su corazón dio un pequeño vuelco y luego se alejó del costado de Bill, confundido.
—Pero en la carta dijiste que…
—Lo sé —dijo Bill, sentándose también para tomar las manos de Tomi—. Es sólo que…
Suspiró.
—Es difícil decirlo en voz alta.
—No entiendo. —Tomi intentó zafarse. Sus ojos escocieron repentinamente con lágrimas.
—Espera —chilló Bill, atrayéndolo de nuevo. Cuando Bill levantó la vista, sus oscuros ojos color café estaban nadando en lágrimas no derramadas, y esto hizo que su corazón se apretara—. Dije que no podía ser lo que necesitas. No soy una buena persona, Tomi, ¿me escuchas?
Su mandíbula se apretó y sus ojos destellaron, haciendo que Tomi retrocediera nuevamente.
—Soy avaro, egoísta y no me importa otra gente. No he hecho nada en mi vida como para merecer a alguien tan amable, bueno y confiable como tú.
Tomi sintió que una lágrima cayó de su ojo y volteó su rostro hacia otro lado, secándola rápidamente.
—Pero te amo. —repitió en tono angustiado.
Escuchó que Bill dejó salir un suspiro, y cuando levantó la mirada Bill le estaba dando la espalda al estar sentado al borde de la cama. Tímidamente fue detrás de él y envolvió sus brazos alrededor de su cintura. Presionó un beso contra el hombro de Bill y susurró:
—No me importa lo que has hecho, ¿ok? No me importa lo que otras personas piensen. Tú eres quien me importa.
Apretó sus brazos alrededor de Bill cuando intentó levantarse. Bill se resistió por otros momentos y sus manos apretaron los brazos de Tomi lo suficientemente fuerte para lograr que sus uñas se hundieran en su piel antes de relajarse contra su pecho. El pecho de Bill se elevaba rápidamente. Tomi aflojó sus brazos y su palma acarició el estómago de Bill.
—Lo dije antes y lo diré de nuevo —murmuró—. Eres el indicado para mí. Lo eres. No hay, ni habrá nadie más.
Bill dejó escapar un suspiro tembloroso y levantó una mano para acunar la mejilla de Tomi descansando su cabeza sobre su hombro. Al voltear su cabeza, sus ojos se encontraron y Bill se giró ligeramente para juntar sus bocas nuevamente, esta vez más suave y gentil. Besaron los labios del otro por un momento antes de que sus bocas se separaran y que la lengua de Bill saliera para lamer el labio inferior de Tomi, pasando sobre su piercing. Cuando su lengua entró a su boca, ambos gimieron al mismo tiempo y Bill se dio vuelta completamente, haciendo a Tomi para atrás. Tomi se recostó en la cama y Bill se subió encima de él, dejando que sus bocas volvieran a encontrarse. Tomi levantó una mano y tocó el rostro de Bill mientras sus lenguas bailaban juntas.
Pronto, la boca de Bill estuvo acariciando su costado y su muslo. Tomi levantó su pierna contra el costado de Bill, levantando sus caderas mientras los dedos de Bill toqueteaban su entrada. Gimió contra la boca de Bill mientras éste tocaba la ya sensible piel. Perdió la concentración en el beso cuando un dedo medio se presionó en busca de entrada. Jadeó y se abrió para él; un gemido se filtró de sus labios inmediatamente después de eso. El dedo de Bill se adentró en él gracias a la humedad restante del lubricante y Tomi apretó a Bill más fuerte con sus piernas, mordiendo su labio inferior mientras el otro metía y sacaba su dedo en él lentamente.
En esta ocasión estaban cara a cara y Tomi abrió los ojos para encontrarse con la mirada de Bill. Su respiración se detuvo cuando vio la forma en la que Bill lo estaba mirando. Sus grandes ojos cafés estaban llenos de adoración y cariño.
—Te quiero… —exhaló Tomi, levantando una mano para tocar el rostro de Bill nuevamente. Tomó su mejilla y lo atrajo durante su petición. Sus ojos se cerraron cuando un segundo dedo lo penetró. Gruñó y se agarró fuertemente de Bill, haciendo que sus caderas giraran rápidamente contra su mano. Bill movió los dos dedos dentro de él, enterrándolos hasta los nudillos y curvándolos. Encontró la próstata de Tomi de nuevo, acariciándola por unos pocos tortuosos segundos. Tomi gimió y se retorció debajo de él mientras Bill usaba su dedo, dejándolo abierto y deseoso.
Cuando sacó sus dedos, se estiró por otro condón y más lubricante, pero Tomi lo detuvo, jadeando.
—No, no…
—¿Qué? —preguntó Bill, frunciendo el ceo.
—Sin… sin condón. —susurró, mirándolo suplicante.
—Tomi… —empezó Bill.
—Quiero que te vengas adentro de mí —susurró Tomi, mordiendo su labio inferior mientras los ojos de Bill destellaban—. Por favor.
Bill dudó por un momento antes de hacer los condones a un lado y lubricar su pene desnudo. Tomi exhaló rápidamente, sintiendo cómo su corazón golpeteaba contra sus costillas. Había hecho la petición, pero no sabía que Bill en verdad aceptaría a hacerlo.
Tomi levantó su rodilla contra su pecho mientras Bill le aplicaba un poco de lubricante. Acunando su pierna, se presionó contra sus muslos, metiendo su pene en él por segunda vez esa noche. La cabeza de Tomi cayó hacia atrás de puro placer mientras Bill lo llenaba, entrando en él tan lejos como pudo. Descansó ahí por un momento hasta que Tomi abrió sus ojos y se miraron el uno al otro.
Tomi se había decepcionado cuando Bill no devolvió las palabras, pero sentía como si pudiese leer el sentimiento dentro de esos profundos ojos oscuros, más fuerte que como si lo hubiera dicho. Sabía que Bill lo amaba, muy en el fondo, e incluso si todavía no podía decirlo, se lo estaba mostrando y por ahora, eso era lo único que Tomi podía pedirle.
Bill se inclinó sobre él, juntando sus cuerpos cuando comenzaron a moverse al mismo tiempo, en a un ritmo más lento que antes; en una unión que hizo que el corazón de Tomi se llenara.
Por primera vez desde que esto había iniciado, Tomi se sintió tranquilo y en paz al estar con Bill. No se sentía estresado, asustado o nervioso, sólo contento. Al tener a Bill meciéndose contra él, no quería que esto terminase. Deseó que esa noche pudiera extenderse por siempre, pues era un mejor recuerdo incluso que la vez que se habían estado en el hotel durante el festival.
Bill lo besó con suavidad en sus labios y sus mejillas; los pequeños gemidos de ambos se desvanecían mientras sus respiraciones se mezclaban.
Tomi apretó los hombros de Bill, acercándose más a él mientras el otro golpeteaba su próstata. Gimoteó una exhalación y su cuerpo comenzó a tensarse hasta que Bill retrocedió, dejando que sus caderas dieran penetraciones poco profundas que hicieron que Tomi se volviera loco. Su pene estaba palpitando contra su estómago y Bill se sentía tan bien dentro de él. Podía ver el propio placer de Bill escrito en su rostro mientras estaban juntos, sin ninguna barrera entre ambos.
Pronto, su lento y perezoso ritmo dejó de ser suficiente y Bill comenzó a moverse con más rapidez. Su rostro se distorsionó mientras su clímax se acercaba y Tomi lo acercó más. Sus labios temblorosos se encontraron, primero rozándose y luego presionándose juntos cuando se hundieron en su propia burbuja de placer.
Los dedos largos y suaves de Bill acariciaron su pierna antes de deslizarse hasta su pene, sosteniendo la carne con un firme agarre. Tomi gimió y se arqueó hacia la mano de Bill, sintiendo cómo el placer aumentaba mientras Bill lo masturbaba rápidamente.
Tomi no quería cerrar sus ojos por no querer dejar de ver a Bill, pero no pudo evitarlo cuando el placer se elevó dentro de él, apretando su interior con un mango de acero. Se sacudió, gritando al derramarse sobre la mano de Bill y su estómago. Durante el próximo segundo, su boca se abrió amplia y silenciosamente mientras Bill se venía dentro de él. El caliente fluido de esperma se disparó dentro de él y le hizo estremecerse, lo cual resultó ser una réplica de su orgasmo mientras Bill, sobre él, terminaba de embestir.
Al final, se derrumbó encima de él, cubriéndolo con su cuerpo sudoroso. Permanecieron acostados juntos y enredados, respirando entrecortadamente por varios segundos.
Bill habló y lo hizo con un susurro tan silencioso que Tomi casi no pudo escucharlo. Su voz fue ensordecida por su hombro, pero la respiración de Tomi se detuvo cuando pensó haber escuchado las palabras: “Te amo”.
Levantó su cabeza y bajó la vista a la cabellera oscura de Bill. Éste levantó su cabeza contra el pecho de Tomi, mirándolo con ojos oscuros y de corderito.
—Te amo. —susurró nuevamente, aleteando sus pestañas con rapidez.
Tomi sintió cómo una sonrisa se desplazaba en su rostro y abrazó a Bill con más fuerza.
—Yo también te amo. — dijo, aunque ahora lo dijo riéndose porque se sentía muy bien poder escucharlo—. Yo también te amo.
& Continuará &
Llore se aman al fin Bill se lo dijo 🥰