Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace

Capítulo 22: El día del juicio

Tomi estaba seguro de que esto era una pesadilla.

Cada día al despertar rezaba que todo hubiese sido un mal sueño para poder volver a su clase de Composición y Teoría y que todo volviera a ser igual que antes.

Pero no era así y Tomi sabía que nunca volvería a ser lo mismo.

Una mujer gruñona, desaliñada, gorda y vieja llegó como sustituta y se veía extrañamente fuera de lugar. Cuando se sentaba en el lugar de Bill parecía una completa abominación y Tomi tenía el presentimiento de que a nadie en la clase le gustaba. Ellos no sabían lo que estaba pasando, pero Tomi podía escuchar los susurros y lo que murmuraban. Cuando volvió a clases el lunes, sintió como si todos lo estuviesen mirando, especialmente la maestra sustituta. Le habían dado tantas nauseas que casi salió corriendo del salón para ir a vomitar.

No volvió a la clase del martes.

Tomi no había visto a Bill desde aquella desdichada noche del festival y estaba muriendo por dentro, preguntándose qué estaría haciendo y pensando. ¿Estaba enojado con Tomi? ¿Todavía sentía lo que habían compartido esa noche? Se preocupó por el estado de ánimo de Bill al haber sido suspendido durante la investigación. Sabía que era algo que probablemente lo había aplastado y Tomi se odiaba a sí mismo por habérselo causado.

Habían pasado tres días desde esa noche y eran los peores que Tomi había experimentado. Tres días habían pasado, y sabía que debía ver a Bill de nuevo… creyó que si no lo hacía, podría morir.

El miércoles, Tomi despertó temeroso de lo que le esperaba ese día. Hoy debía presentarse ante el consejo y con la simple idea sintió ganas de vomitar. Sabía que no tenían evidencia tangible contra Bill y que iban a usar fuerza pura para intentar quebrarlo. Sería una interrogación bastante dura en la que intentarían conducirlo a una trampa creada por sus propias palabras, intentarían atraparlo con alguna mentira.

Tomi se vistió con su uniforme y amarró sus rastas ante el espejo, evitando mirarse a sí mismo. Ya sabía cómo se veía… cansado y usado, como si hubiese sido atropellado por un puto camión.

Escuchó la puerta de la habitación y supo que era Georg, llegando de la fiesta de la noche anterior. Su compañero había intentado convencerlo para que fuera con él, diciéndole que dejara de pensar en eso y que relajarse y divertirse un poco le haría bien. Tomi le había respondido un poco enojado argumentando que no podía dejar de pensar en eso, que nunca podría y que ninguna cantidad de alcohol cambiaría eso.

Georg entró más silenciosamente a como lo hacía normalmente y se detuvo en la puerta de baño.

¿Hoy es el día, eh? —preguntó, mirando a Tomi a través del espejo con una mirada de empatía.

Tomi arrugó su frente y acomodó su corbata. ¿Por qué mierda se preocupaba por una puta corbata?

Sí. —respondió con una voz ronca.

Nunca debí… —empezó Georg, negando con su cabeza—. No debí dejarte solo.

No —espetó Tomi, dándose vuelta—. ¿Cuántas veces debemos hablar de esto? No es culpa de nadie más que mía. Yo dejé que pasara. Lo defraudé, ¿ok?

Su voz se elevó rápidamente con las oraciones cortas que dijo y se encontró a sí mismo respirando agitadamente y sus ojos escocieron con las lágrimas que creyó ya se habían terminado hace días. Aclaró su garganta y se volteó hacia el espejo, parpadeando rápidamente e intentando alejar las lágrimas. Llorar no le serviría de nada. Las lágrimas no harían retroceder el tiempo y sabía que tampoco le devolverían a Bill.

Ok, pero estoy de tu lado. —dijo Georg, y Tomi levantó la vista logrando que sus ojos se encontraran en el espejo.

Asintió, sin poder decir nada. Finalmente, se dio vuelta y cruzó el baño para abrazar a Georg. Los brazos fuertes de Georg lo envolvieron y Tomi dejó escapar una exhalación, sintiendo la tentación de dejarse llorar como un bebé ahí en el hombro de su amigo.

Al final, palmeó la espalda de Georg y se alejó.

Gracias, amigo. —dijo.

Claro, para eso están los amigos. —dijo Georg con ojos verdes grandes y preocupados.

Tengo que irme —dijo Tomi, mirando su reloj—. No puedo llegar tarde.

Seguro. —dijo Georg, dejándolo pasar.

Tomi salió de la habitación y caminó por el campus hasta el edificio principal. Sus padres estaban esperándolo y él evitó sus miradas. Casi no pudo soportar su cercanía cuando caminaron por e pasillo largo y frío, para acercarse a él.

Se había distanciado más de ellos desde aquella noche en el hotel y no podía entender cómo lo que habían hecho era por su bien. Ni siquiera había intentado verlo todo desde su perspectiva  y no quería hacerlo.

Bill era suyo. Lo era, y no podían alejarlo de él de esta forma. No los dejaría. Por eso debía ser fuerte. Tenía que luchar.

Estaba mirando el suelo al caminar hacia la sala del consejo académico y Tomi escuchó a Simone inhalar sorpresivamente. Levantó su cabeza rápidamente y vio a Bill afuera de la puerta, caminando de un lado al otro con las manos en sus bolsillos. Tomi se congeló en el corredor, mirándolo mientras Bill caminaba hacia el lado opuesto, sin haber notado su presencia todavía. Se veía increíblemente hermoso y la ausencia de esos días parecía intensificarlo más.

Tomi resistió las ganas de correr a Bill para besarlo y abrazarlo. Le tomó todo su autocontrol quedarse plantado donde estaba y contener su emoción.

Bill se volteó cuando se acercaron más y su expresión cambió: sus ojos demostraron un montón de emociones al ver primero a Tomi y luego a sus padres. Sin embargo, al final las ocultó todas, enderezándose y poniendo una expresión seria.

Gordon ni siquiera se detuvo para mirarlo y entró directo a la sala, pasando de él. Tomi lo siguió débilmente, pero sus ojos permanecieron en Bill al pasar. Sus miradas se encontraron por un instante y vio que los labios de Bill se entreabrían cuando dio un paso adelante, como si estuviese a punto de hablar. Sin embargo, mordió su labio y sólo se quedó viendo cuando Tomi desapareció por la entrada.

Las puertas se cerraron detrás de él y Tomi miró hacia adelante, encontrando al consejo en una mesa larga, todos ellos con caras ceñudas. El estómago de Tomi dio un vuelco y sintió como si estuviese a punto de vomitar. Intentó tragarse su miedo al acercarse a las sillas que estaban del otro lado de la mesa. Sintió como si estuviera en un juicio, como si estuviese siendo juzgado por un crimen…

Sr. Trumper, gracias por asistir. —dijo el Director Hoffman, aunque no parecía nada feliz de estar presidiendo la reunión.

Tomi asintió pero no pudo forzar a su garganta a trabajar. Se sentó en una silla y sus padres se quedaron atrás, dejándolo enfrentar eso solo…

Tomi se desplomó en la silla cuando sus piernas se sintieron demasiado débiles. Sabía que debía ser fuerte y verlos  a los ojos, pero sólo los miró rápidamente antes de bajar la vista a su regazo. Sabía que era un aspecto de hombre culpable, pero no podía soportar sus miradas.

Sr. Trumper, ¿sabe por qué está aquí hoy? —empezaron las preguntas.

Sí. —susurró Tomi, su voz apenas flotó por la habitación espaciosa.

¿Niega las acusaciones que están en su contra?

Sí. —dijo, esta vez más fuerte y con sus dientes apretados.

Hubo un momento de silencio. Los miembros del consejo murmuraron entre ellos y Tomi cerró sus ojos, resistiendo toda emoción que quería dejar salir.

Hijo, mentir no es la decisión más sabia. —dijo Hoffman, intentando mirarlo a los ojos.

Tomi frunció el ceño y se removió en la silla.

No estoy mintiendo.

Tenemos numerosos testigos visuales que aseguran haberte visto entrando a la oficina del profesor Kaulitz muy tarde por la noche. ¿Qué razón tienes para haber ido allí?

Clases —dijo Tomi, levantando los ojos e intentando mantener una voz fuerte—. Pensé que para eso estaban las oficinas de los profesores. Hablamos sobre la clase.

Los miembros del consejo lo miraron sin creerle.

¿De qué hablaron, exactamente?

Tareas. —Tomi se encogió de hombros, aunque sentía como si un lazo estuviese apretando su cuello.

Tareas —repitió un hombre al final de la fila. Tomi miró la placa donde se escribía su nombre: David Jost—. ¿Qué tipo de tareas?

Las que deja en clase. —respondió Tomi con un tono de obviedad.

La mirada de Jost cambió, dándole una expresión irritada.

Sí, claro… pero explícalo mejor.

¿Y eso qué importa? —preguntó Tomi, levantando las manos—. ¡El punto es que no hicimos nada de lo que ustedes están insinuando!

Estuvo dos veces en tu habitación —dijo Patrick Benzner—. Tus padres nos han reportado que estuvo en tu baño.

¿Y qué? Tenía que mear. —espetó Tomi, empezando a sentirse irritado.

¿Qué razón tenía para estar en tu habitación en primer lugar?

Fue a felicitarme por haber sacado una buena nota —respondió, a sabiendas de que no era algo convincente—. Sólo porque tenemos una buena relación alumno/maestro, no significa que me estoy acostando con él.

Lo que más me preocupa —dijo Jost—, es tu desaparición en el festival este fin de semana pasado.

¿Y eso qué tiene que ver con esto? —demandó—. No estaba en la escuela, así que ¿qué derecho tienen para juzgar eso?

Incluso si no estabas en territorio de la escuela —dijo Hoffman—. Estuviste en compañía del profesor Kaulitz, quien seguía siendo empleado de esta universidad. Y tú, jovencito, seguías siendo un alumno.

Tomi negó con su cabeza, sin ser capaz de hablar. Su corazón estaba latiendo con fuerza y sus manos se sentían frías y entumecidas. Se sentía asqueado por el miedo que todo eso causaba y sus emociones estaban hechas jirones. Quería tirarse al piso y desaparecer en su habitación.

¿Niegas haber estado con él esa noche? —se burló Jost desde el otro extremo.

Yo…

Tomi se hundió en su asiento, mirando hacia el suelo, el cual comenzó a verse borroso. No podía hacerlo. Sólo tenían unos cuantos minutos en la habitación y ya se sentía derrumbado. Sabía que no tenían evidencia, pero otros profesores habían sido despedidos por cosas menores. Con el historial de Bill, podrían terminar con él fácilmente y nadie discutiría. Tomi se preguntó por qué se molestaban con esa interrogación cuando probablemente despedirían a Bill de cualquier forma, y sólo dios sabía qué planeaban hacer con él.

¿No puedes responder a eso? —preguntó Hoffman.

No, pero no… —susurró. Su voz tembló e intentó contener sus lágrimas desesperadamente.

Entonces —dijo Jost, inclinándose hacia adelante—, ¿estás diciéndome que desapareciste sin rastro alguno y terminaste en compañía del profesor Kaulitz aproximadamente a las dos de la mañana, pero no hicieron nada?

Tomi negó una vez más, levantando una mano para alejar las lágrimas que se acumulaban en las esquinas de sus ojos. Inhaló profundamente e intentó estabilizar su respiración.

Entonces, si no fue un encuentro sexual, ¿qué fue?

Tomi lamió su piercing, dudando en responder.

Sólo… caminamos por el festival, fuimos a comer… —levantó su cabeza con ojos suplicantes—. Sólo es una amistad. Eso es todo.

Los miembros del consejo parecieron malhumorados; la mayoría estaban irritados porque todavía no sucumbía ante la presión.

Sr. Trumper, los profesores son maestros, no amigos —dijo Hoffman finalmente—. No importa cómo vea esta situación, sigue siendo inapropiada.

Pero no hicimos nada. —insistió, mirando todos sus rostros en busca de empatía al menos en alguno de ellos. Su mirada aterrizó en una mujer al final de la mesa, quien todavía no había hablado. Fijó sus ojos en su mirada más suave y femenina, esperando a que pudiera leer la desesperación en sus ojos.

Tal vez… ¿te hizo algo que no querías? —preguntó ella, inclinándose hacia adelante. El corazón de Tomi se hundió cuando se dio cuenta de que la mujer había entendido mal.

No. —susurró. Él había querido todo lo que Bill le había hecho. Lo había querido tanto desde el primer día de clases.

Miró el nombre de la mujer… Dunja Pechner. Tenía un puesto alto en el consejo. Tomi se hundió en su asiento dándose cuenta de que no tendría palancas con esta gente.

Si ha hecho algo en contra de tu voluntad, puedes decirnos. —dijo la mujer.

Su voz era amable, y supo que si sólo se tratara de él, podría aprovecharse de eso. Pero si lo hacía, no podría salvar a Bill. Además, no podía hacer ese tipo de acusación en contra de la persona que amaba. Tan solo pensar en eso le dolía.

No, no. —repitió, levantando sus manos para frotar su cara.

Bueno, hijo, algo tienes que decir —dijo Hoffman—. Obviamente nos estás mintiendo.

Tomi no pudo responder eso.

Quiero que piense muy bien en su futuro, Sr. Trumper —espetó Hoffman—. Quiero que piense en lo que es importante para el resto de su propia vida. ¿Terminar con su carrera o tener una aventurilla con un profesor?

Las palabras aplastaron a Tomi por dentro. Planeaban expulsarlo y probablemente acabar también con Bill. La reunión no tenía sentido, era sólo un dolor extra en su corazón lastimado y sólo deseó que se terminara pronto.

En el fondo de su corazón, no quería ser expulsado, por el simple hecho de que sus padres se habían esforzado mucho para hacerle entrar, y quería enorgullecerlos. Pero más al fondo, había una conclusión diferente.

Alejó las manos de su rostro para mirar a los miembros del consejo con ojos húmedos e hinchados.

Me importa mucho mi futuro —dijo, con una voz temblorosa, pero juntó fuerza para seguir—. Pero obviamente ustedes están intentando arruinarlo.

Todos los rostros de los miembros del consejo se tornaron irritados.

No intentamos arruinarlo —dijo Hoffman, levantándose de la silla—. ¡Intentamos salvarlo!

No, no… —Tomi negó con su cabeza.

Ahora dinos qué ha hecho ese hombre —Hoffman se inclinó sobre la mesa, enojado y con su cara roja por el coraje.

¡Nada! —gritó Tomi. Su garganta se ahogó con lágrimas.

Es obvio lo que está pasando —dijo Jost desde su lugar—. Sólo escúpelo, niño.

No creo que eso ayude. —dijo Dunja en un tono más suave.

Cada miembro del consejo comenzó a hablar y una discusión se elevó por la mesa. Tomi se encorvó sobre su silla, cubriendo su rostro una vez más y queriendo cubrir también sus orejas.

¡Es una pregunta sencilla! —la voz de Hoffman se elevó sobre todas las demás. Las otras voces comenzaron a mermar—. ¿El profesor Kaulitz te ha tocado inapropiadamente?

¡No! —gritó Tomi. Su voz se mutiló debido a la emoción que intentó reprimir tanto—. ¡No, no, no!

La habitación poco a poco quedó en silencio y Tomi recargó su espalda contra el respaldo, jadeando y ahogándose con sus lágrimas. Secó su rostro y sus palmas terminaron mojadas.

Creo que fue suficiente. —recomendó Dunja.

Gracias por asistir, Sr. y Sra. Trumper. —gruñó Hoffman finalmente.

Tomi escuchó pasos detrás de él y luego sintió la mano de su madre en su hombro. Tomi miró con odio al consejo y luego se quitó la mano de su madre de encima, dirigiéndose hacia la puerta con el rostro en alto.

Tomi… —llamó Simone, apresurándose detrás de él.

Salieron y Tomi se encontró con la expresión boquiabierta de Bill. Se veía despeinado y desesperado. Su típica apariencia autoritaria estaba aplastada.

Tomi… —se acercó a él, pero Tomi sintió que Simone agarraba su codo.

Se torció para alejarse del agarre de su madre y luego Bill tomó su mano. Tomi bajó la vista, confundido por el repentino saludo de manos. Fue entonces que sintió el pequeño pedazo de papel en la palma de Bill. Se aseguró de tomarlo y soltó a Bill, levantando la vista.

Gracias. —susurró Bill y sus ojos brillaron tenuemente.

Tomi asintió lentamente sin saber por qué Bill le agradecía.

Vámonos. —gruñó Gordon y luego Tomi fue jalado hacia otro lado.

Apretó el pedazo de papel en su palma como si fuera lo último que podría acercarlo a Bill, a pesar de que no sabía lo que contenía. Intentó mantener su vista en él lo más que pudo, volteando hacia atrás de vez en cuando mientras se alejaba. Lo último que alcanzó a ver fue a Bill ajustando su saco e irguiéndose antes de entrar en la boca del lobo.

& Continuará &

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!