Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace

Capítulo 20: A la guerra

Horas después

Las sábanas sobre la cama seguían arrugadas y torcidas… eran la única evidencia que mostraba que Tomi había estado ahí, además de los recuerdos en el cerebro de Bill. La habitación ahora estaba trágicamente vacía y fría sin su presencia, y la cama solo hacía que la verdad de sus propios pecados lo carcomiera por dentro.

Bill se hundió en el borde, cubriendo su rostro con su mano. Intentó respirar calmadamente e hizo su mejor esfuerzo por no derrumbarse. ¿Pero cómo podía evitarlo cuando la persona que más le importaba en el mundo estaba a punto de serle cruelmente arrebatada de sus manos? Por primera vez en mucho tiempo, Bill se permitió darse cuenta de que Tomi le importaba más de lo que se preocupaba por sí mismo.

Ahora, al estar sentado ahí en la habitación que conservaba la esencia de su acto de amor, Bill se dio cuenta de que había sido un mecanismo de defensa, una técnica de auto-supervivencia , y ahora que lo había dejado ir, había expuesto a su corazón a los cuchillos y a las lanzas más dolorosas. Pero también se había hecho vulnerable ante ese amor cariñoso… a ese tipo de cariño que tanto había anhelado, ¿no?

Bill dejó escapar un fuerte grito, un sonido de enojo, frustración y angustia. Se dejó caer sobre la cama, golpeando el colchón con sus puños. Una lágrima se derramó de su ojo, pasando por su sien y llegando a su cabello. Su pecho se elevó y sus ojos se llenaron de lágrimas sin su control. Se puso de costado y se acurrucó, llevando las sábanas a su rostro y sosteniéndolas en ese lugar. Intentó tranquilizar su respiración, pero lo único que podía oler era a Tomi.

Al llevarlo ahí, había estado listo para dejarlo ir. Por unas horas, había sido un pedacito de cielo simple, pero hermoso… el tipo de santuario que una alma tan oscura como la suya jamás podría conservar, al menos no por mucho tiempo. Había sido probablemente el mejor momento de su vida. ¿En verdad estaba listo para dejarlo caer de sus manos?

Bill se sentó y frotó debajo de sus ojos, aunque de cualquier forma era probable que su maquillaje ya estuviese arruinado. Inhaló profundamente y se acomodó su cabello.

No estaba seguro de tener derecho alguno en el asunto, pero nunca se había rendido sin antes pelear. Y ahora que tenía algo más importante por lo que podía luchar, estaba listo para ir a la guerra…

En la actualidad

Tomi era incapaz de pensar mientras seguía a Bill por la calle atestada de gente y luego por una más pequeña. Una vez que salieron del ojo público, Tomi tomó la mano de Bill, apretando fuertemente sus dedos. Bill volteó a verlo y sus ojos se agrandaron por un segundo antes de darle un apretón también y dejando que una sonrisa se apoderara de sus labios.

El hotel en el que se hospedaba Bill estaba a varias cuadras de donde se hospedaba Tomi con sus padres, lo cual era algo conveniente. Sin embargo, no pensó mucho en eso pues lo desechó en cuanto Bill lo llevó adentro. En ese momento, Tomi sólo podía pensar en una cosa. Una sola cosa.

Tomaron el elevador, y Bill se abalanzó sobre él tan pronto como las puertas se cerraron. Lo acorraló contra la pared y sus manos acariciaron sus costados y su trasero para acercarlo más.

Tomi buscó un beso y su boca se conectó con la de Bill en un choque ardiente de labios, lengua y dientes mientras ambos luchaban por dominar la boca del otro. Tomi se aferró al frente de la chaqueta de Bill, gimiendo suavemente cuando Bill logró meter su lengua en su boca mientras frotaba sus caderas.

Mmm… —gimió Tomi cuando su erección se frotó contra la de Bill, separadas sólo por unas cuantas capas de ropa… capas que pronto no estarían ahí.

La boca de Bill se alejó de la suya, bajando por su mandíbula  y su cuello. Tomi casi chilló cuando sintió a Bill lamiendo y mordisqueando su arteria carótida. Los dedos de Bill apretaron sus nalgas, acercándolo nuevamente y haciendo que la totalidad de los lados frontales de sus cuerpos se frotaran.

La campana sonó, señalando que ya habían llegado a su piso y Tomi jadeó.

Bill… Bill… la puerta…

Bill se alejó con sus mejillas sonrojadas y sus ojos llenos de lujuria. Volteó hacia las puertas que se abrían y sin querer, lo soltó. Compartieron una pequeña sonrisa al salir del elevador, en busca de un lugar más privado. Bill sacó la llave de su habitación y abrió rápidamente. La puerta se cerró tras ellos y Bill lo agarró de nuevo. Su boca atacó a la de Tomi incluso con más fuerza.

Se tambalearon hasta que chocaron contra el borde de la cama y Tomi observó los ojos deseosos de Bill mientras éste le quitaba su camisa. Tomi se recostó sobre la cama, levantando sus brazos sobre su cabeza e invitando a Bill a desvestirlo por completo.

Bill subió a la cama después, desabotonando y bajando el cierre de su pantalón rápidamente. Luego lo bajó por sus piernas, un tanto apresurado. Se cernió sobre Tomi, palmeando su erección por encima de su bóxer y frotándolo por un momento mientras besaba uno de sus muslos desnudos.

Bill… —Tomi se estremeció, retorciéndose.

Bill metió un par de dedos debajo del resorte de sus bóxers y los bajó más lento a como lo había hecho con sus pantalones. Tomi jadeó cuando su erección se liberó, cerca del rostro de Bill. Pateó sus bóxers lejos de sus piernas antes de separarlas y jadeando con anticipación.

Bill se sentó y se quitó su chaqueta y su camisa mientras Tomi lo miraba, dándose cuenta de que estaba a punto de ver a Bill completamente desnudo por primera vez. Se mordió su labio inferior, observando con mucha atención cada centímetro de la piel perfecta y pálida del otro. Era delgado, pero firme… sus músculos se movían debajo de su piel. Cada curva era suave, casi delicada, pero también daban una sensualidad masculina.

Bill se quitó sus pantalones y Tomi observó sus piernas y luego su entrepierna. Su cuerpo tembló alocadamente. Esto es lo que quería. Quería contacto de piel contra piel…

Bill se cernió sobre él y sus pechos y sus entrepiernas se frotaron con una dulce fricción.

Tomi pasó sus dedos por el cabello de Bill, haciéndole bajar para otro beso. Esta vez, cuando sus bocas se encontraron, fue más lento. Bill chupó su labio inferior y luego el superior antes de que su lengua emergiera para entrar en su boca. Todo el tiempo, acarició un costado de Tomi con una de sus manos antes de acunar su trasero y levantar sus caderas contra las suyas. Tomi gimió fuerte, incapaz de reciprocar el beso ahora que estaban frotándose el uno contra el otro con movimientos desesperados y eróticos.

Bill… Bill… —jadeó entre besos.

Levantó una pierna y la enganchó alrededor de la cintura de Bill, acercándose a sí mismo más hasta que estuvieron totalmente juntos. Sus penes se frotaron el uno con el otro, y eso fue suficiente para hacer que el corazón de Tomi latiera con fuerza y que la sangre bombeara por la excitación, casi llegando al orgasmo. Se empujó más fuerte contra Bill, lloriqueando y persiguiendo su culminación.

Bill le permitió frotarse contra él mientras besaba el cuello de Tomi, mordiendo tendones notorios y lamiendo las curvas y los hundimientos en su piel. Movió sus propias caderas en un ritmo lento contra los frenéticos movimientos de Tomi.

Bill, por favor… —jadeó, levantando su mano para tomar la de Bill.

¿Quieres que te toque? —preguntó Bill, levantando su cabeza para mirar los ojos de Tomi.

Sí, por favor. —pidió.

Mmm… —murmuro Bill, soltando la nalga de Tomi y moviendo su palma caliente hacia el miembro de Tomi.

Comenzó a masturbarlo con movimientos lentos y fuertes mientras continuaba frotándose contra él. Tomi se arqueó sobre las sábanas, jadeando cuando el placer se disparó por su cuerpo rápidamente en respuesta a los dedos mágicos de Bill. Estaba seguro de que iba a venirse, y rápido. No había forma de detenerse ahora.

Bill, Bill…. —gimió y jadeó. Sus caderas se mecieron rápidamente contra la mano de Bill hasta que su trasero comenzó a doler por el movimiento repetitivo.

Podía sentir el pene de Bill frotándose contra el suyo y abrió los ojos para verlos juntos, atrapados por la mano de Bill.

Oh… oh, mierda… —susurró, levantando sus caderas y dejando que la punta chorreante de Bill tocara su longitud. Gimió al sentir el líquido pre-seminal esparciéndose por su piel.

Sí, bebé, mueve tus caderas —jadeó Bill, masturbándolo con más fuerza y embistiendo contra él.

Sí, sí… —gimió Tomi, presionándose desesperadamente contra el otro—. Por favor… quiero… te quiero…

Mmm… —gimió Bill, bajando su cabeza para besar el pecho de Tomi. Sus labios se pegaron a uno de sus pezones y Tomi gritó, levantando su mano para agarrar la cabeza de Bill mientras éste chupaba el pequeño pezón.

¡Mierda! —gritó Tomi mientras el placer se aproximaba a él. Estaba cerca… tan cerca…

Mmm, vente para mí, bebé —entonó Bill, con voz ronca y sensual contra su pezón húmedo.

Tomi gritó un sonido ahogado al perder control de sí mismo. Su semen se derramó en su estómago y su pecho, manchando también el pecho perfecto de Bill.

Luego se dejó caer contra las sábanas, jadeando y cansado.

Ven aquí, chico sucio —ordenó Bill, recostándose sobre la cama y jalando a Tomi de las rastas. Tomi se puso a cuatro patas débilmente, tambaleándose entre las piernas de Bill, colapsando y abriendo la boca de inmediato para recibir el miembro de Bill, quien guió la punta de su pene a la boca de Tomi y gimió cuando éste lo chupó ávidamente.

Oh, sí, chúpalo —jadeó Bill, mirando a Tomi con una expresión extasiada—. Chúpalo así.

Mmm —gimió en torno al miembro duro y grueso de Bill, tomándolo hasta el fondo.

¡Ah! —gritó Bill. Sus muslos se apretaron en cada lado de la cabeza de Tomi. Estaba tensándose e intentando no embestir contra Tomi cuando éste se metió su miembro hasta donde pudo—. Mierda…

Gruñó y sus dedos se enroscaron en las rastas de Tomi, apretando y jalando.  Lo acercó más y sus caderas se levantaron cuando metió su miembro hasta la garganta de Tomi. Tomi casi se ahogó, y entró en pánico por un segundo antes de respirar por su nariz y relajar su garganta. Se hundió profundamente, entrando y saliendo con la calidez de su boca.

Mierda… —maldijo Bill desde arriba y Tomi levantó la vista para verlo sonrojado por la excitación. Sus músculos se tensaron bajo su piel. Su cabeza se ladeó hacia atrás y Tomi pudo ver sus venas pulsando cuando Bill se quedó callado al venirse. Se hizo un poco hacia atrás y derramó su semen en la lengua de Tomi, quien intentó tragarlo todo, pero una parte se coló a su labios y su mentón mientras Bill continuó moviéndose en su boca hasta que se cansó.

Al final, se hundió en el colchón y Tomi se levantó, colocándose junto a Bill. Un poco dudoso, se acurrucó a su lado, descansando su cabeza en el pecho de Bill y levantando la vista para verlo.

Su primera vez en los dormitorios no había tenido mucho acurrucamiento post-coital y eso lo había decepcionado un poco. Ahora, tenían toda la noche, y Tomi se preguntó si Bill se lo permitiría.

Se relajó cuando Bill no se movió y le dejó quedarse aquí.

Estuvieron en silencio por un rato antes de que Tomi hablara.

¿Por qué eres maestro?

¿De qué hablas? —preguntó Bill, sonando más tenso que confundido.

Tomi se encogió de hombros.

Digo, si te… —batalló, intentando ponerlo de una forma que no sonara condenatoria—. Si te gusta la gente de mi edad.

Bill suspiró suavemente.

O sea, si no puedo resistirme.

No, sólo… —Tomi dejó de hablar.

Hay una cosa que me gusta más que el sexo, Tomi, y eso es la docencia —dijo Bill—. Si no tuviera eso…

Pausó por un momento antes de sacudir su cabeza.

No sé qué haría.

Tomi asintió y se acercó más.

Bueno, me alegra haberte conocido. Y me alegra que seas mi profesor y mi… —se cortó, pues no sabía cómo podía llamar a Bill—. Mi Bill.

Finalmente se decidió por eso, tartamudeando. Levantó la vista hacia Bill, un poco avergonzado.

¿Tu Bill? —preguntó Bill, y Tomi notó que sus labios intentaban formar una sonrisa.

Sí… supongo —murmuró, bajando su cabeza.

Si yo soy tu Bill —dijo Bill, acercando el rostro de Tomi al suyo—. Entonces supongo que eso significa que tú eres mi Tomi.

Tomi mordió su labio inferior, intentando no sonreír como un tonto.

Sí —jadeó.

Bill sonrió y levantó una ceja.

¿Quieres coger?

Tomi asintió, relamiéndose los labios.

Sí, mucho.

Mucho —repitió Bill—. Puedo darte mucho.

Tomi asintió mientras Bill se levantaba sobre su codo, inclinándose sobre él.

Sí, por favor. —susurró.

Bill se inclinó, atrapando el labio de Tomi en su boca inmediatamente. Lo chupó antes de pasar su lengua por su labio superior y juntar sus bocas. Tomi gimió y ancló una pierna alrededor del muslo de Bill, acercándose mientras el beso se volvía más acalorado. Sus alientos se tornaron más ruidosos y los encuentros húmedos de sus bocas dominaban al silencio de la habitación.

Bill gimió y bajó una mano para agarrar una nalga de Tomi. Lo apretó fuertemente y sus uñas se hundieron en su piel mientras sus caderas se movían contra las de Tomi. Su pene estaba empezando a endurecerse nuevamente.

Bill se alejó un poco, jadeando.

Dios… podría hacerte cualquier cosa… todo…

Tomi lamió sus labios, saboreando a Bill en ellos y respirando igual de entrecortadamente que Bill.

Hazlo —se retorció contra Bill y su corazón comenzó a latir de forma emocionada—. Lo que tú quieras.

Los ojos de Bill destellaron y sus mejillas se sonrojaron por la excitación. Sus dedos apretaron su trasero nuevamente y luego humedeció sus labios.

Dime qué es lo que quieres. —dijo, sorprendiendo a Tomi.

Tomi se mordió su labio inferior y su mente se aceleró. Habían muchas cosas que quería, y muchas cosas que Bill sabía que probablemente nunca había escuchado.

Elige una —dijo Bill como si leyera su mente. Sonrió y le guiñó un ojo—. O dos…

Tom cerró sus ojos fuertemente y escondió su rostro en el pecho de Bill, sonrojándose.

Eh… quiero que… —se retorció—. Quiero que me ates.

Volteó a ver a Bill, cuya expresión resplandeció.

¿Y luego qué, chico sucio? —provocó.

El corazón de Tomi latió con más fuerza.

Quiero que me comas… como lo hiciste en mi habitación.

Oh, ¿te gusto eso, eh? —le preguntó Bill mientras sus dedos acariciaban el espacio entre sus nalgas.

Tomi asintió rápidamente y Bill se sentó.

Ponte boca abajo —ordenó, dejando de lado su lado provocador y reasumiendo su papel autoritario.

Tomi obedeció rápidamente. Se acostó sobre su estómago, esperando mientras Bill se levantaba de la cama para ir a encontrar algo para atarlo. Volvió un momento después, con una de sus bufandas; era larga y negra, y Tomi creyó haberlo visto usándola en alguna ocasión. Bill se apresuró a atarlo y a asegurarse de mantenerlo en ese lugar. Lo ató lo suficientemente flojo como para no lastimarlo, pero lo suficientemente apretado para evitar que se moviera.

Bill se acomodó detrás de él entre sus piernas. Tomi se retorció y enterró su rostro en la almohada.

Ven aquí. —murmuró Bill, levantando las caderas de Tomi. Tomi empujó sus rodillas debajo de sí mismo, levantando su trasero hacia Bill.

Bill tocó sus nalgas, masajeándolas suavemente antes de inclinarse. Tomi pudo sentir su cálido aliento sobre su entrada y se tensó, intentando no alejarse antes de que la lengua de Bill lo tocara. Permaneció tenso pero quieto mientras Bill presionaba un beso en su coxis antes de bajar su boca. Exhaló sobre la entrada de Tomi, haciéndole estremecerse.

Bill… —se quejó Tomi, presionando su frente contra el colchón. Sus brazos ya dolían por el estiramiento y Bill  apenas había empezado.

Mmm —respondió Bill con un sonido complacido, frotando su nariz ahí e inhalando—. Hueles tan bien, bebé.

Lo murmuró de forma sensual y ronca, y Tomi lloriqueó.  Bill apretó sus nalgas de nuevo, separándolas y lamiéndolo repentinamente.

¡Ahhh! —gritó Tomi.

Sus caderas se movieron hacia adelante y luego hacia atrás en respuesta a la sensación tan erótica.

Bill lo agarró y lo hizo para atrás para pasar su lengua sobre él de nuevo, esta vez, más lento. La punta de su lengua se presionó contra la entrada de Tomi, moviéndola en círculos hasta que Tomi gimió y comenzó a mecerse contra la cara de Bill.

Quédate quieto —ordenó Bill en voz baja y Tomi se forzó a obedecer, sabiendo lo que le esperaba si desobedecía.

La boca de Bill volvió y su lengua comenzó a moverse de nuevo, ayudando a su piel a abrirse. Al final, el músculo entró, de forma caliente y húmeda. Tomi gimió contra el colchón y sus manos se apretaron contra el amarre de la bufanda. No podía ir a ningún lugar ni hacer nada. Estaba completamente bajo el control de Bill y nada hubiera podido excitarlo más.

Bill movió su lengua rápidamente, antes de que su boca se cerrara en torno a su entrada, chupándolo. Sus dientes lo rozaron levemente hasta que Tomi gritó.

¡Ah, Bill! —jadeó. Los dedos de sus pies estaban rizados y su estómago se retorcía por el placer.

Bill lo sostuvo en lugar y comenzó a meter y sacar su lengua, moviendo su cabeza para hacerlo desde todos los ángulos. Su piercing creaba algunas sensaciones eróticas, Tomi perdió el control cuando lo usó en su próstata. Un grito salió de su garganta y se dejó caer contra las sábanas; su cuerpo parecía casi incapaz de soportar el placer.

La lengua de Bill salió de él y Tomi sintió una nalgada. Fue dolorosa en contraste a la suave textura de la lengua de Bill, y gimió.

Bill acarició la piel que acababa de golpear y preguntó:

¿Necesitas más?

Tomi mordió su labio. Los azotes de Bill nunca fallaban para excitarlo, pero también quería más de la lengua de Bill.

No —decidió finalmente.

Buen chico —murmuró Bill, dándole una palmadita a la pierna—. Arriba.

Tomi se levantó nuevamente, y Bill volvió a bajar su boca y haciéndole estremecerse. Lo lamió de nuevo y entró directo hasta la próstata de Tomi, quien intentó mantenerse quieto, pero le fue casi imposible. Cada movimiento de la lengua de Bill lo llevaba más cerca al orgasmo, y no pudo evitar retorcerse contra el rostro de Bill.

¡Bill, por favor! —gritó. No podía más con esto. La necesidad de venirse y la necesidad de tener a Bill dentro de él era abrumante y ya no podía no estar sin satisfacerlas.

¿Ahora quieres que te lo meta? —preguntó Bill mientras sus manos apretaban las nalgas de Tomi.

Sí… —gimió Tomi.

Bill se levantó de la cama y Tomi lo observó con ojos cansados mientras iba por el condón y el lubricante.

Sí, sí —cantó, suavemente, esperando ansiosamente mientras Bill se ponía el condón sobre su miembro duro y erecto y se lubricaba. Suspiró cuando los dedos del mayor se hundieron en su agujero, cubiertos con lubricante. Ya estaba dilatado por la lengua de Bill y éste metió tres dedos rápidamente. Ninguno podía esperar mucho más, así que Bill alejó su mano y la intercambió por su miembro. Se deslizó dentro de él y frotó la columna de carne entre las nalgas de Tomi antes de entrar en él.

Uuuh… —gimió Tomi mientras Bill lo llenaba, alejando cualquier resistencia que hubiese podido quedar.

Bill comenzó a mecerse, jadeando al conectar sus cuerpos con un ritmo fuerte y desesperado.

Sí, bebé… —susurró al guiar las caderas de Tomi contra su propio cuerpo, empalándolo una y otra vez.

Tomi sólo pudo gemir y jadear fuertemente mientras el pene largo y grueso de Bill se adentraba en él. Su ritmo se aceleraba con cada embestida y pronto lo estuvo cogiendo con más fuerza que la que había usado en las ocasiones previas. Tomi gritó; con cada embestida, su cuerpo se impactaba contra las sábanas. Dolía un poco, dentro de él, pero era también lo más sensacional que había sentido. Cuando Bill tocó su próstata, el placer se acumuló dentro de él rápidamente, pero luchó contra él, pues quería prologar su encuentro.

Sí, bebé —jadeó Bill sin aliento desde atrás—. Sólo mírate… recibiendo mi pene…

Hmmm… —Tomi hizo un sonido de afirmación, que fue lo máximo que pudo lograr. No podía formar palabras para decirle a Bill lo bueno que era, lo excitante que era su voz…

Bill se impactó contra él, metiendo su pene tan dentro de Tomi que le hizo sentir como si estuviese acuchillando su estómago. Era una locura, completamente asombroso, y Tomi estaba seguro de que nunca en su vida alguien podría cogerlo así.

Llegó al precipicio demasiado pronto, cayendo al abismo del placer. Su cuerpo se tensó, apretando a Bill al venirse. No hubo nada que pudiera hacer para evitarlo, y sólo la bufanda, y las manos de Bill en sus caderas pudieron mantenerlo en su lugar. El orgasmo explotó desde el centro, corriendo por todo su cuerpo con una intensidad que lo dejó débil y tembloroso. Liberó una cantidad abundante de semen sobre las sábanas. Y bajó de su placer justo a tiempo para darse cuenta que Bill lo estaba siguiendo. Lo escuchó venirse y sus orejas se alegraron al escucharlo.

Ambos cayeron sobre las sábanas, débiles y cansados.

Bill  salió de él momentos después para quitarse el condón. Lo aventó al cesto de basura después de atarlo y falló por unos centímetros, pero ninguno de ellos le dio importancia.

Se recostaron sobre las sábanas, jadeando y sudando hasta que Bill lo desató. Cuando estuvo libre, Tomi se acurrucó inmediatamente contra el pecho de Bill y el profesor lo envolvió con un brazo, abrazándose en silencio.

Tomi no se dio cuenta de que se había quedado dormido hasta que despertó unas horas más tarde, encontrándose con un cuarto oscuro y el cuerpo de Bill junto al suyo. Sonrió, registrando que era la primera vez que había dormido junto a un amante.

Bill era tan hermoso y pacífico cuando dormía y Tomi lo observó, sorprendido de que alguien tan hermoso pudiera estar tan atormentado. Al mirarlo, Tomi se dio cuenta de los sentimientos que revoloteaban en su estómago, subiendo a su corazón. Nunca se había sentido así por alguien más. Claro, le habían gustado otras personas, había querido a alguien más, pero estaba seguro de que nunca se había sentido así. Era tan difícil describirlo y comprenderlo, pero sabía que no quería dejar ir a la persona que estaba junto a él. Repentinamente, estaba decidido a conservar a Bill por el resto de su vida, de una u otra forma. No sabía si el profesor tenía los mismos sentimientos por él, o tal vez todavía no lo descubría…

Sin embargo, un sonido hizo que Tomi frunciera el ceño y que levantara la cabeza. El sonido se repitió y Tomi se dio cuenta de que era su teléfono. Estaba en algún lugar de la habitación, probablemente en el bolsillo de su pantalón. Se sentó, echándole un vistazo a la hora y se bajó de la cama rápidamente al ver la hora que era. Buscó su teléfono y lo sacó, encontrando que la pantalla estaba encendida y que seguía vibrando. El nombre de Georg aparecía y Tomi se apresuró al baño porque no quería despertar a Bill. Cerró la puerta y contestó.

¿Qué?

Oye, tienes que regresar —dijo Georg sin saludarlo. Sonaba preocupado e hizo que el corazón de Tomi se hundiera.

¿Qué? —preguntó.

Tus papás —dijo Georg, enviando todo tipo de escenas horribles al cerebro de Tomi.

¿Ellos qué?

Están enloquecidos —dijo Georg—. Estaban buscándote y cuando me encontraron dijeron que tú les habías dicho que ibas a estar conmigo. ¡No supe qué hacer!

Georg sonaba al borde del pánico y Tomi se sintió igual.

¿Qué? —chilló, pasando una mano por sus rastas. Vio su propia expresión en el espejo: sus ojos estaban bien abiertos y su piel estaba pálida—. ¿En dónde estás? ¿Y ellos en dónde están?

No jodas, están a punto de llamar a la policía —dijo Georg.

¡No tengo cómo regresar al hotel!

Les dije que no sabía en dónde estabas porque si les decía que sí entonces me hubieran hecho llevarlos conmigo. Amigo, no puedo ir por ti —dijo Georg.

¡Mierda! —chilló—. No tengo dinero para pagar taxi.

Hubo un repentino golpe a la puerta y Tomi dio un respingo.

Mierda —maldijo.

¿Qué? —preguntó Georg desde el otro extremo de la línea.

Bill está despierto —dijo Tomi—. Espera un momento.

Bajó el teléfono y abrió la puerta lentamente.

¿Qué pasa? —preguntó Bill. Seguía desnudo y Tomi no pudo evitar mirar.

Sin embargo, el rostro de Bill estaba serio y su expresión lucía igual de preocupada que la de Tomi.

Mis papás —tragó saliva—. Están enloqueciendo porque no he vuelto.

La garganta de Bill bombeó y luego desvió la vista, pensando.

No sé qué hacer —dijo—. Georg dice que están a punto de llamar a la policía y no tengo dinero para tomar un taxi. Y él no puede venir por mí porque mis padres lo tienen bajo interrogación.

Mierda —dijo Bill, tenso. Se alejó, dándole a Tomi una vista muy buena de su trasero.

¿Qué estás haciendo? —preguntó Tomi, saliendo del baño para seguirlo.

¿Qué está pasando? —preguntó la voz de Georg desde el teléfono.

Dame un segundo —repitió Tomi, antes de ver a Bill vistiéndose—. Bill, ¿qué estás haciendo?

Te voy a llevar. —dijo Bill, con el ceño fruncido.

¡¿Qué?! —gritó Tomi—. No, no puedes. Si te ven, van a saber.

No hay forma de salir de esto —espetó Bill, volteándose con una expresión enojada—. Es mejor que la policía no se involucre. Ahora cuelga el teléfono y vístete.

Lo ordenó como un adulto y Tomi no quiso obedecer, solamente porque no podía creer que Bill estuviese usando ese tono con él.

¡Hazlo! —la voz autoritaria de Bill se elevó.

Tom —sonó la voz de Georg desde el teléfono.

Cállate —dijo Tomi entre dientes—. Tengo que colgar.

Colgó sin otra palabra y comenzó a tomar su ropa del suelo. Se dio cuenta de que tenía sudor y semen seco en su cuerpo, y necesitaba una ducha desesperadamente, pero no podía hacer nada al respecto. Bill ya estaba poniéndose sus botas y tomando su chaqueta, con una expresión adusta.

Tomi siguió sus órdenes, silenciosamente, poniéndose su ropa y caminando hasta la puerta. Siguió a Bill hasta el estacionamiento del hotel donde estaba su Audi. Era un auto hermoso, pero Tomi no tuvo tiempo para admirarlo con la forma en la que su estómago estaba retorciéndose en ese momento. Se subió y le dio la dirección a Bill en voz baja, después de que Bill se lo ordenara.

Bill encendió el carro y comenzó a manejar por la calle, haciendo que las llantas rechinaran al arrancar. Tomi notó que sus dos manos agarraban el volante con mucha fuerza.

Las calles y los edificios parecieron volar a través de la ventana, y cuando se acercaron al hotel, Tomi divisó a sus padres de inmediato. Los mayores estaban afuera, dirigiéndose a su propio auto… probablemente listos para ir en busca de su hijo perdido.

Cuando Bill se estacionó, ambos voltearon debido a las luces brillantes. Tomi vio que los ojos de su madre de abrieron de sobremanera y abrió la puerta del auto antes de que pudiera vomitar en los interiores de piel. Logró tragarse su miedo y salió del carro.

Para cuando levantó la vista, Simone ya estaba volando por el estacionamiento hacia él. Sabía que no había forma de explicar esto. Simone ya había tenido sospechas sobre Bill, y Tomi sólo podía pensar en que esto era el fin.

¡Tomas! —gritó al acercarse al auto.

Tomi cerró la puerta detrás de él, esperando que Bill arrancara y escapara. Sin embargo, cuando volteó, Bill pareció congelado en su lugar. Sus ojos grandes y cafés brillaban y temblaban bajo la tenue luz azul del tablero del Audi.

¡Aléjate de ese auto! —chilló Simone, llegando a él y jalando su brazo.

Tomi se tambaleó hacia ella, volteando para ver a Bill con una expresión que, esperaba, pudiese darle a entender lo mucho que lo lamentaba.

¡Tú! —gritó Simone, señalando a Bill a través de la ventana—. ¡Nunca volverás a tocar a mi hijo!

La mujer estaba al borde del llanto, casi hiperventilando por lo enojada que estaba.

Tomi estaba asustado y horrorizado, y no era capaz de hacer algo. Pero entonces, volteó para encontrarse con que Gordon caminaba furiosamente por el estacionamiento y fue hasta ese momento que reaccionó. Se alejó de la mano de su madre y se puso entre el auto y Gordon, porque sabía que el hombre golpearía a Bill y éste no tenía oportunidad alguna contra su padre.

Los ojos de Gordon estaban llenos de furia y empujó a Tomi, quitándolo de su camino y pasando de él para abrir la puerta del Audi.

Sal de ese puto auto y enfréntame como un hombre —exigió.

Bill permaneció congelado dentro de su auto, pero Tomi pudo verlo temblando. Sus manos seguían apretando el volante mientras miraba hacia el frente y una lágrima salía de su ojo.

Maricón —se burló Gordon—. Vas a caer.

Se inclinó hacia el auto, junto al rostro de Bill.

Te llevaré ante el consejo universitario y nunca más en tu puta vida volverás a dar clases, ¿me oyes?

Esta vez, Bill dio un respingo y su cabeza cayó. Sus hombros y su pecho se elevaron bruscamente y Tomi quiso correr al auto y empujar a Gordon, quiso proteger a Bill de todo eso, pero no pudo. Estaba pegado al suelo y su boca se abrió al ver cómo su mundo se derrumbaba.

Vete a la mierda de aquí —dijo Gordon finalmente, cuando Bill no respondió—. Y no te atrevas a volver a mirar a mi hijo.

Azotó la puerta del Audi y se dio vuelta. Su rostro estaba encolerizado y rojo por el coraje. Agarró el brazo de Tomi y lo jaló hacia el hotel. Simone, quien ahora lloraba, los siguió.

Tomi miró sobre su hombro para encontrar a Bill mirándolo con ojos amplios y oscuros, con una expresión devastada. Tomi se ahogó con su llanto, y sus lágrimas opacaron su visión, así que parpadeó para alejarlas.

Fijó su mirada a los ojos de Bill y articuló las palabras que había querido decir toda la noche.

Te amo.

No supo si Bill lo entendió, porque Gordon lo jaló por las puertas del hotel y perdió a Bill de vista. Cuando las puertas se cerraron tras él, Tomi temió que esa podría ser la última vez que lo veía.

& Continuará &

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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