“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 2: Si fuera otro profesor…
La fiesta de esa noche se hizo en el auditorio de recreación de los estudiantes. La música estaba a todo volumen, había chicos y chicas bailando, y litros de… ponche. En realidad era mucha exageración y poca fiesta; que era más o menos lo que Tomi había estado esperando de la universidad de Hamburgo.
Georg lo encontró parado en los laterales, bebiendo un vaso de ponche que sabía verdaderamente asqueroso.
—¿Quieres ver una fiesta de verdad? —preguntó, deslizándose a su lado ya con su sonrisa traviesa en su rostro.
—¿Dónde? —preguntó Tomi, ya mirando a sus alrededores. De verdad necesitaba salirse de esa maldita atmósfera platónica, o ésta terminaría estrangulándolo al igual que su puta corbata del uniforme.
—Sí, vamos, larguémonos de aquí —dijo Georg. Tom lo siguió sin hacer otra pregunta. Dejaron el auditorio, y se dirigieron hacia el lado izquierdo del campus.
—Propiedad privada —dijo Georg con una sonrisa—. Conozco a un chico que conoce a otro chico.
La propiedad privada era una calle con pequeñas casas que eran propiedad del campus, donde los estudiantes podían vivir. Tomi tenía padres ricos, pero estaba seguro de que no eran tan ricos como los de estos estudiantes.
Pudo ver en dónde era la fiesta incluso desde el otro lado de la calle. La música retumbaba con un ritmo constante, y podía ver luces en la tercera casa al igual que la forma de varias figuras; sombras que podía ver a través de la ventana.
—Vamos —Georg rio mientras se echaba a correr para cruzar la calle. Tomi lo siguió, levantando sus pantalones holgados para poder mantenerse al paso de Georg.
Cuando llegaron a la casa, la puerta se abrió completamente. Andreas y Ria estaban en el portal con los brazos encima del otro y vasos en mano.
—¡Pásenle! —Andreas movió su mano alocadamente invitándolos a pasar; algo del contenido de su vaso se derramó por los bordes. Tomi vio con diversión que el pobre ya estaba bastante ebrio. Los dos se tambalearon a un lado para dejar entrar a Georg y a Tomi, y Tomi se adentró en la caliente y pesada atmosfera. A donde quiera que viera, había vasos rojos y gente bailando. Bueno, no sólo bailando, sino frotándose y besándose; fajando explícitamente ahí en medio de todos.
Todos los muebles habían sido puestos a los lados para hacer lugar para las dos docenas de personas apretadas en la pequeña sala.
—¿De quién es esta casa? —gritó Tomi por encima del ruido.
—No me acuerdo —contestó Georg con una sonrisa—. ¿Quieres bailar?
—¿Yo? —preguntó Tomi—. ¿Contigo?
—Claro —dijo Georg con una sonrisa simple, guiñándole un ojo—. Vamos, vive el lado salvaje de la vida.
Agarró a Tomi y lo atrajo contra él, apoyando sus brazos sobre sus hombros. Empezó a mecerse al ritmo de la música, sus ojos destellaron cuando se presionó más fuertemente contra Tomi. Tomi sintió cómo su corazón ya comenzaba a martillar y todavía ni siquiera había tomado un solo trago. Vaciló con el agarre de Georg, a pesar de la sonrisa tímida que se estaba formando en su rostro.
—Anda —insistió Georg, presionándose más. Acercó su rostro al cuello de Tomi, sus labios se presionaron húmeda y calientemente contra su piel. Tomi se agarró de los hombros de Georg, sosteniéndose mientras comenzaban a restregarse juntos, meciéndose contra el otro al ritmo de la música. En realidad, a eso no podía llamársele “bailar”, pero a Tomi no le importó cuando las manos de Georg comenzaron a subir y bajar por su cuerpo, sintiéndolo por debajo de su ropa holgada. La forma en la que sus labios besaban todo su cuello, en la que sus manos lo tocaban y en la que sus caderas chocaban contra las suyas era casi demasiado. Pasaron unos intensos minutos antes de que la canción se terminara.
—C-creo que necesito un trago —Tomi jadeó al separarse.
Georg asintió con una sonrisa.
—Vamos —guio a ambos hacia el chico joven que estaba haciendo de DJ y de barman, pasándole a todos bebidas de una hielera. Tomi tomó una botella que le dio y sirvió dos vasos para Georg y para él.
—¿Demasiado para ti? —preguntó Georg, tomando del vaso y observando a Tomi con sus ojos verdes entrecerrados.
Tomi se removió, pasando su lengua por su aro del labio.
—No —dijo, arrastrando los dedos de sus pies por encima de una mancha en la alfombra. Georg se rio.
—Eres virgen.
—¿Qué? No, no lo soy —dijo Tomi, indignado.
—O sea, virgen del culo —aclaró Georg.
—¿Qué? Eh, bueno, yo… —Tomi se sintió enrojecer resplandecientemente bajo la mirada divertida de Georg, y se empinó el resto de su bebida, un poquito –demasiado- rápido. Tosió y limpió su boca con la manga de su camisa.
—Está bien, hombre —dijo Georg, palmeándolo en el hombro—. Para eso es la universidad. Para perder la virginidad. Cualquiera de las dos.
—Pensé que sólo tenía una virginidad —dijo Tom.
—Nop —Georg negó con su cabeza—. Claro que puedes cogerte a una chica, o si vamos al caso, cogerte a un chico, y perder la virginidad así, o…
Georg hizo un movimiento con la mano, dejando que su voz se detuviera antes de encogerse de hombros con una risa.
—Que te cojan a ti.
—Dios, eso es… —Tom arrugó su nariz.
—Por favor, no digas que es asqueroso porque sé que así te gusta —Georg rio. Tomi se ruborizó de nuevo, mirando a otro lado.
—Bueno, soy virgen del culo. ¿Y qué?
—Que puedes arreglar eso —dijo Georg, antes de bajar su bebida—. Anda, vamos a bailar.
Tomi se dejó llevar nuevamente. Esta vez, Georg se puso atrás de él, sus manos descansaban en las caderas y los costados de Tomi, y su boca en su cuello. Esta vez era mucho más intenso y caliente, al tener la entrepierna de Georg restregándosele en el trasero; sus manos se colaron debajo de su ropa. Sus palmas se sentían calientes contra la piel de Tomi, y no estaba seguro de querer que eso continuara o no. Quedó atrapado entre festejar y divertirse, y los hechos reales y brutales; todavía no conocía bien a Georg, y probablemente podría ser un error.
Volvieron por más y más tragos, pero Georg continuaba arrastrándolo de vuelta a la pista de baile. El cuerpo más esbelto de Tomi no aguantaba tanto alcohol como el de Georg, y se encontró a sí mismo un poco borracho, probablemente llegándole a ebrio. Supo que estaba perdiendo sus inhibiciones cuando Georg lo besó en la boca y le correspondió, aunque un poco descuidadamente. A Georg pareció no importarle y se presionó más contra su cuerpo, hasta que Tomi se encontró con la espada contra la pared. Las manos de Georg estaban a sus costados y lo besaba a lo largo del mentón y su cuello. Tomi jadeó y boqueó, intentando pensar por encima del alcohol que nublaba su mente. Todo parecía moverse en cámara lenta, ladeándose y enrollándose frente a él. Tal vez estaba más ebrio de lo que había pensado.
Las manos de Georg bajaron por su pecho, acariciando su estómago y sus caderas. Levantó la camisa que Tom estaba usando, sus palmas se deslizaron por su estómago, antes de volver a bajar, jugueteando con el borde de sus pantalones. Tomi se quedó helado contra la pared, a pesar de que verdaderamente no quería que ese encuentro continuara. Georg tomó su hesitación como aprobación, metiendo una mano en sus pantalones. Sus dedos se curvaron en torno al pene de Tomi por encima de sus bóxers, y fue entonces cuando Tomi se movió.
—Espera, espera… —jadeó, aventando a Georg. Georg lo soltó rápidamente, haciéndose para atrás.
—¿Qué? ¿Qué pasó?
—Yo… yo, oh… —Tomi gruñó, inclinándose hacia adelante. Su estómago se estaba agitando, y sentía como si su cabeza estuviera bajo el agua. Se tambaleó lejos de la pared, en camino hacia la puerta. Hacía mucho calor en la casa, demasiado calor. Sentía como si su cuerpo entero estuviera a punto de prenderse en llamas si no salía de ahí. Se aventó corriendo hacia la puerta, acunando su estómago y dejando a Georg en medio de la pista de baile.
Se estrelló contra la puerta, abriéndola, y medio tropezó por los escalones. Apenas llegó al suelo, cuando su estómago comenzó a dar arcadas. Se calló sobre sus manos y sus rodillas, sus rastas golpearon sus mejillas al caer. Regurgitó todo el alcohol que acababa de consumir, y luego el duro acto de repulsión lo dejó débil y jadeando. Se recargó contra los escalones, respirando con dificultad. El aire de la noche se sentía refrescante contra su piel, tranquilizador.
—¿Estás bien? —una voz a su izquierda lo alertó y abrió sus ojos con un gemido.
Una figura alta se apresuró hacia él y Tomi frunció el entrecejo cuando vio que se trataba del extraño hombre que había visto el primer día en el campus. Se acercó más y Tomi pudo ver que estaba usando una camisa de vestir de seda blanca, y unos pantalones de vestir que se ensanchaban en la parte de abajo, danzando voluminosamente alrededor de sus pies. Cuando se acercó, Tomi pudo ver su rostro; uno bastante hermoso, con grandes ojos oscuros rodeados con un delineador negro y definido; tenía una pequeña nariz respingona, y unos deliciosos labios. Su cabello estaba peinado hacia atrás con un esponjado perfecto, y sus costados estaban rasurados. Tomi se volvió a preguntar qué hacia este tipo de persona en la universidad de Hamburgo.
—Esa fue una fea caída —dijo el extraño en un tono suave, arrodillándose junto a Tomi y colocando una mano suave sobre su hombro.
—Es- estoy bien —susurró Tomi en un tono débil; su voz estaba rasposa debido al vómito.
—¿Seguro? —el extraño frunció el ceño; sus cejas perfectamente depiladas y estilizadas se juntaron, para crear unas líneas de preocupación entre ellas.
—Sí, creo que sólo… voy a regresar de nuevo… —Tomi levantó una mano débil hacia el campus.
—Creo que es una buena idea —el hombre entrecerró sus ojos—. Si fuera otro profesor, te hubiera llevado directamente con el consejo de disciplina.
—¿Qué? —preguntó Tomi, confundido, mientras el hombre se ponía de pie, sacudiendo con delicadeza sus pantalones y sus manos.
El hombre lo miró con una ceja levantada.
—Soy profesor aquí, chico.
Tomi tragó saliva. Santa mierda, era su primera semana ahí y ya se estaba metiendo en un chingo de problemas.
—Lo siento —Tomi se disculpó rápidamente, poniéndose de pie. Se bamboleó un poco y el profesor estiró sus brazos para estabilizarlo.
—Eres nuevo —dijo, levantando uno de sus delgados hombros—. Te la voy a pasar sólo por esta ocasión.
La forma en la que lo dijo fue ligera, casi provocadora, pero Tomi pudo escuchar el trasfondo de autoridad en su tono, haciendo que su estómago diera unas volteretas de nervios. Podría estar en muchos problemas en ese momento, pero éste extraño hombre había decidido no mandarlo con el consejo.
—Será mejor que regreses a los dormitorios como dijiste —aconsejó el profesor al comenzar a darse la vuelta. Le envió una mirada irritante a la casa donde la fiesta continuaba—. Pero dile a tus amigos que le paren, o no tendrán tanta suerte.
Tomi asintió lentamente, viendo cómo el alto y extraño profesor se daba vuelta con sus hombros bien en alto y su paso confiado incluso en las botas altas que parecía estar usando de nuevo. Tomi lo vio cuando sacó un paquete de cigarros de su bolsillo, y encendió uno antes de empezar a andar por la acera.
El corazón de Tomi revoloteaba dentro de su pecho, y no quería admitir que se sentía terriblemente atraído por el profesor elegante y andrógino, pero en realidad no podía convencerse de eso, con la forma en la que su pene estaba intentando ponerse duro. Tomi lo vio alejarse, pensando, que lamentablemente no le había preguntado su nombre.
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Tomi volvió a entrar a la fiesta, mirando a sus lados en busca de Georg.
—Tenemos que irnos —dijo cuando encontró a su amigo, inclinándose sobre la pared, bebiendo. Se veía decepcionado, y Tomi pensó que tal vez deberían hablar de lo que había pasado.
—¿Qué? —preguntó Georg, sus ojos se alarmaron cuando Tomi se acercó.
—Había un profesor allá afuera —dijo Tomi—. Me dijo que regresara al campus y que le dijera a todos que terminaran la fiesta, o nos meteríamos en problemas.
—Mierda, ¿qué diablos está haciendo un profe de este lado del campus? —Georg se preguntó mientras pasaba de Tomi. Tomi lo vio ir por Andreas, Ria, Gustav y Natalie, antes de hablar por un momento con otro estudiante.
En unos minutos, la fiesta se estaba terminando. Tomi se fue antes de que se dieran cuenta de que todo había sido su culpa. Pasó por encima de su vómito al bajar las escaleras y pensó con aversión, que toda su noche había sido un desperdicio, a excepción de su oportunidad para conocer al extraño profesor.
—¡Oye, Tomi! —escuchó que Georg lo llamó y miró por encima de su hombro.
—¿Qué?
—Oye, lamento lo que pasó —dijo Georg, pareciendo sincero al alcanzar a Tomi.
Tomi se encogió de hombros.
—No hay problema.
—No estaba pensando —dijo Georg—. Entonces podemos…
Se mordió su labio inferior.
—¿Olvidarlo?
Tomi asintió, rápidamente.
—Sí, claro. Está bien.
—Bien —Georg exhaló, aliviado—. Digo, vamos a ser compañeros por un año, así que no quiero que estemos en malos términos, y la verdad, me agradas.
—Y tú a mí, Georg —Tomi sonrió.
Caminaron juntos el resto del camino hacia el campus, y lograron escabullirse en los dormitorios antes de que las puertas se cerraran. Se escaparon por un pelo, y Tomi se preguntó qué hubieran hecho si no hubieran regresado a tiempo.
Ya en el dormitorio, Tomi se fue a la ducha, sintiéndose pegajoso por el sudor, el olor a alcohol en su ropa y su piel. Aventó su ropa en el canasto, y se metió a la ducha, dejando que el agua caliente corriera por todo su cuerpo.
Cerró sus ojos, e inmediatamente, pensó en el hermoso profesor, inclinándose a su lado; acercando sus ojos oscuros y sus labios carnosos. Había tocado su brazo dos veces: una cuando todavía seguían en el piso, y otra cuando Tomi se había levantado. Tomi pasó sus dedos por la piel donde lo había tocado, recordando con toda claridad cómo se habían sentido sus uñas rasgando su piel.
Tomi jadeó y sus ojos se abrieron. Gruñó cuando se encontró a sí mismo medio duro debajo de la regadera. Ni siquiera sabía quién era ese hombre. ¿Cómo podía estar fantaseando con él?
Tomi agarró su gel de ducha y logró terminar con su baño. Era ridículo pensar en una persona que ni siquiera conocía. Lo había visto dos veces, y la primera había sido desde las ventanillas polarizadas del asiento trasero del Audi A4 de su papá.
Tomi se salió de la ducha y se alistó para irse a dormir. Las clases comenzaban el día después de mañana, y tenía el presentimiento de que necesitaría descanso y preparación suficientes para los días venideros.
& Continuará &
Notas finales: Le pregunté a la autora por qué había puesto Tomi en lugar de Tom y me explicó que sí, en realidad no es un nombre, es un apodo que se usa para el nombre de “Tom” y que cuando uno escucha “Tommy” o “Tomi”, la gente piensa en un niño pequeño, pero ella quería hacer ver a Tom como un chico joven e inocente, por eso decidió usarlo así.
Ya entendí el punto del por qué Tomi, aún me sigue descolocando pero ya me estoy acostumbrando conforme voy leyendo.
Me alegro que no le haya dado su virginidad trasera a Geo ya que creo se hubiera lamentado mucho por ello, por fin tuvo al chico andrógino cerca de él y hasta ya fantasea zen la ducha con él vamos a ver que pasa entre esos dos jejejeje 😊😊
Me está gustando mucho 🥰