“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 19: Asustado
La mañana siguiente, Tomi despertó lentamente, y lo primero que pasó por su mente fueron los eventos del día anterior. Se dio vuelta sobre su espalda y se le quedó viendo al techo, intentando procesar todos sus pensamientos. Fue casi demasiado y, al final, se levantó de la cama y fue a darse un baño.
La habitación se sentía fría y solitaria sin Georg. Tomi no había esperado extrañar tanto a su compañero ruidoso, a veces odioso y constantemente borracho; pero escuchar sus propios pensamientos agobiantes no era tan pacífico como había pensado que sería. Georg también era una de las únicas personas en las que podía confiar su secreto, y consideró enviarle un mensaje y preguntarle qué mierda debía hacer.
Finalmente, decidió no hacerlo, y se apresuró con su ducha. No había empacado la noche anterior y para cuando salió del baño, tenía menos de quince minutos antes de la hora en la que sus padres supuestamente lo recogerían. Se maldijo por procrastinar y rápidamente tiró algunas cosas en su maleta, sin poder elegir ropa para poder combinar colores como le gustaba.
Tomi escuchó un golpe a la puerta y bajó la mirada a su reloj para darse cuenta de que desde hace cinco minutos debía haber estado en la puerta de los dormitorios para recibir a sus padres. Se apresuró a abrir, ya disculpándose con su madre posiblemente irritada al abrir la puerta y arrastrando la maleta detrás de él. Se detuvo en seco, sorprendido, cuando vio que se trataba de Bill.
—Bill —tartamudeó antes de echarle un vistazo a los pasillos y sisear en voz baja—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Tenía que ver a mis papás desde hace como diez minutos!
Bill no respondió, y cuando Tomi se tomó un momento para mirar su rostro, notó la vacilación y la duda.
—¿Qué pasa? —preguntó, mientras una nerviosa sensación revoloteaba en su estómago.
Bill frunció el ceño y se aclaró la garganta al levantar su mentón y enderezar sus hombros.
—Creo que deberíamos… —se detuvo y sus ojos se movieron trémulamente.
—¿Qué? —preguntó Tomi, sintiendo como si el aire le estuviera siendo aspirado lentamente de sus pulmones. No podía ser lo que creía que era…
—Creo que deberíamos dejar esto. —dijo Bill en voz bajita, y bajó su cabeza, pero no antes de que Tom pudiera ver el dolor que residía en sus ojos.
—¿Qué? —jadeó una vez más. Algo muy en el fondo tembló, resonando y provocando un escozor en sus ojos. Parpadeó sintiéndose pasmado, confundido… lastimado.
Bill levantó la vista; sus cejas estaban juntas y sus ojos de color café oscuro lucían titilantes.
—Creo que no sería sabio de nuestra parte continuar con esto. —afirmó, su voz estuvo lejos de su típico tono demandante y estable.
—No —Tomi negó con su cabeza, tan violentamente que una de sus rastas golpeó su mejilla—. No, Bill, por favor…
Comenzó a rogar; y sí, estaba listo para ponerse de rodillas, si era necesario.
—Tomi —Bill también negó—. Créeme cuando te digo que es lo mejor.
—¿Qué? ¡No! —gritó. Sus emociones ya estaban completamente destruidas. Por dentro se sentía usado y dolido, y luchó por contener sus lágrimas. Después, repentinamente enojado, repitió—: ¡No! ¡No puedes hacer esto!
Bill dio un paso atrás y su mandíbula se apretó como si estuviera reteniendo sus emociones.
—Es lo mejor. —repitió.
—¡Bill! —gritó Tomi con un tono de súplica, sin ser capaz de pensar en algo más.
Los ojos de Bill se movieron rápidamente hacia un lado y su rostro se endureció aún más. Tomi volteó también en esa dirección y su estómago cayó en picada cuando vio a su madre acercándose.
—Mierda —maldijo, secando sus lágrimas rápidamente. Ésta era la peor coincidencia en la historia. Volteó a ver a Bill, con ojos enojados y dolidos, y escupió venenosamente—. Vete a la mierda de aquí, Bill.
—¡Tomi! —la voz de Simone sonó muy cerca y Tomi se frotó sus ojos nuevamente, maldiciendo a la humedad restante que se alojó en sus pestañas gruesas.
Simone desaceleró cuando vio a Bill todavía frente a la puerta.
—Y profesor Kaulitz… —dijo, con un ceño fruncido.
—Lo siento, ya me iba. —murmuró Bill. Miró nuevamente a Tomi, con una expresión apesumbrada antes de darse la vuelta y alejarse por el pasillo con un paso veloz.
—¿Qué estaba haciendo aquí? —preguntó su madre, mirando la espalda de Bill antes de voltearse a Tomi quien miraba vacíamente hacia el suelo—. ¿Estás bien, cariño?
Simone tomó ambos lados de su rostro para levantarlo y mirarlo a los ojos.
—Sí, estoy bien —se alejó de ella rápidamente—. Vámonos.
—No —dijo Simone—. No me gusta ese hombre, y no me gusta que esté aquí todo el tiempo. Especialmente cuando estás solo.
—¿Quién? ¿El profesor Kaulitz? —Tomi escupió su nombre, con odio—. No te preocupes por él, mamá. Yo también odio a ese hijo de perra.
Simone lució confundida, antes de cruzarse de brazos.
—Tomas —dijo con un tono firme y autoritario—. ¿Qué está pasando aquí?
—¡Nada! —insistió Tomi—. ¿Podemos irnos? Necesito salir de este puto lugar por unos días.
—Cuida esa boca —regañó, antes de empezar de nuevo—. No me agrada ese hombre, Tomi, y no lo quiero ver aquí de nuevo, ¿oíste?
—Puedo cuidarme solo, mamá. —dijo, jalando su maleta al salir de la habitación.
—Sigues siendo mi hijo, y no me importa lo que digas, sus intenciones no son buenas.
Tomi cerró sus ojos, combatiendo su histeria y sus ganas de volver a su baño y vomitar.
—Vámonos. —murmuró y caminó por el pasillo, antes de que su madre volviera a protestar.
–
El viaje de tres horas de Hamburgo a Berlín se sintió como el doble de lo que Tomi creyó que tomaría. Estuvo en silencio durante casi todo el tiempo en el asiento trasero, incluso cuando sus padres intentaban meterlo a la conversación. Simone sabía que algo andaba mal y lo vigiló a través del espejo retrovisor, con una expresión preocupada.
Tomi la ignoró y se encogió en su asiento, intentando recuperar el sueño que había perdido la noche anterior al ir a la oficina. Sin embargo, no pudo, pues no dejaba de pensar en Bill.
Después de su enojo, comenzó a darse cuenta del por qué Bill lo había hecho. Probablemente estaba aterrado, al recordar lo mal que había terminado su relación con Laura Kleinas. Estaba intentando protegerse a sí mismo, y tal vez también a Tomi de ser lastimado y descubierto. Tomi lo entendía, pero no podía aceptar la decisión de Bill. No quería a nadie que no fuese él, y estaba seguro de que si no podía tenerlo, pasaría el resto de su vida siendo una persona infeliz, solitaria y célibe.
Para cuando llegó a Berlín, Tomi decidió que cuando volviera a Hamburgo, tendría que persuadir a Bill, de alguna forma, de continuar con su relación. Y si no podía lograrlo, entonces no sabría qué hacer.
–
La emoción y la publicidad estrepitosa estaban al máximo. El aburrido rugir de miles de personas clamaba los oídos de Tomi, y a donde quiera que mirase, habían banderas de color rojo, negro y amarillo, ondeando en las manos de todos, desde lo más chicos, hasta los más viejos. Las calles frente a la majestuosa Puerta de Brandeburgo estaban llenas con multitudes que habían acudido a celebrar el día de la unidad alemana.
Docenas de vendedores ambulantes hacían filas en las calles y cientos de globos flotaban sobre las cabezas de la gente. En el escenario había karaoke durante el día, y en unas horas, habría una presentación en vivo. Estaba comenzando a oscurecer y Tomi sabía que la verdadera diversión estaba a punto de comenzar.
Georg le había mandado mensaje, sugiriéndole encontrarse en algún puesto donde se vendiera alcohol y Tomi había dejado a sus padres, diciéndoles que iba a pasar un rato con su amigo y que los vería después. Sin más explicación, se hizo camino entre la multitud.
Se sentía sofocado ante las miradas de sus padres y sus preguntas fastidiosa, pero bien intencionadas. Tomi no había sido él mismo desde que se habían ido, y lo único que quería hacer era emborracharse antes de que la noche acabara.
—¡Hey! —lo saludó Georg con una sonrisa y un abrazo—. ¿Qué onda? ¿Cómo has estado?
—Bien —Tomi se encogió de hombros y se acercó al vendedor—. Estoy pensando en embriagarme.
—¡Whoa! ¿Por qué? ¿Qué pasó? —preguntó Georg. Sabía que Tomi no solía salir a fiestas o beber, así que levantó una ceja mientras Tomi ordenaba.
Tomi volteó a verlo, preguntando en voz baja, aunque no había nadie alrededor.
—¿Le has contado a alguien sobre… —miró a los lados—… ya sabes, Bill y yo?
Los ojos de Georg se agrandaron por un momento, antes de fruncir el ceño.
—No, claro que no.
—Bien —Tomi suspiró y sus ojos le echaron otro vistazo a la multitud. Tuvo que recordarse que ya no estaban en el campus, rodeados por orejas escuchonas y ojos curiosos.
—¿Qué pasó? —preguntó Georg una vez más mientras tomaban sus bebidas y se movían a una banca que estaba en un costado de la calle, para ver a la gente y beber.
Tomi se encogió de hombros.
—Tuvimos sexo.
Georg casi escupió su cerveza, inclinándose hacia adelante para evitar que cayera en sus pantalones.
—No jodas —dijo, viendo a Tomi—. ¿Y es como… raro en la cama?
Tomi rodó los ojos e intentó no darle mucha importancia.
—Supongo.
—¿En serio? —preguntó Georg, boquiabierto—. ¿Cómo un animal o algo así?
Tomi resistió una sonrisa, antes de recordarse que Bill había intentado terminar con él.
—Sí, pero… —su voz se desvaneció, y tomó otro trago
—¿Qué? —preguntó Georg.
—Creo que estoy, no sé… —Tomi se inclinó y bajó la vista a su bebida—. Suena estúpido, pero creo que… me estoy enamorando de él.
Terminó su oración débilmente y no se atrevió a mirar a Georg. Por un momento, éste no contestó, pero finalmente preguntó:
—¿Y cuál es el problema?
Tomi suspiró.
—Mi mamá sospecha de él… y ayer en la mañana, él fue al dormitorio e intentó terminarlo todo.
—¿Y entonces ya se terminó? —preguntó Georg.
—Lo hizo sonar así, pero… —Tomi negó con su cabeza—. Yo no quiero.
—No jodas. —repitió Georg, sonando anonadado.
—Él también tiene sentimientos, ¿ok? —espetó, repentinamente irritado—. No es como si fuera sólo una máquina de sexo o lo que sea. De todas formas todos esos rumores son pura mierda.
—Ok, entiendo —dijo Georg, levantando sus manos—. ¿Y entonces qué vas a hacer?
—No tengo ni puta idea —Tomi negó y frotó sus ojos con sus dedos—. Es un puto desastre.
Georg se quedó callado por un segundo, antes de hablar en voz baja.
—Y, ¿qué harías si te dijera que está sentado por allá mirándote?
—¿Qué? —la cabeza de Tomi se levantó de golpe y miró a su alrededor, casi derramando su cerveza sobre él mismo. Sus ojos se fijaron a la figura alta que estaba de pie, resaltando sobre el resto. Sus ojos se encontraron y Tomi sintió como si alguien lo hubiera golpeado y le hubieran sacado todo el aire.
Bill estaba parado del otro lado de la calle, en otro puesto ambulante, vestido casualmente con unos pantalones estrechos de color negro, una camisa negra escotada y una chaqueta de cuero. Y estaba mirando a Tomi.
—Amigo. —dijo Georg, golpeando su brazo.
Tomi casi no lo sintió, y observó pasmado cuando Bill comenzó a moverse entre la multitud.
—Hombre, yo me largo de aquí —dijo Georg—. Nos vemos después.
—Sí —dijo Tomi, débilmente, sin poder dejar de ver a Bill mientras Georg se iba.
Cuando Bill llegó al otro lado de la calle, se sentó junto a Tomi, sin decir nada.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Tomi. Sus palabras salieron en un tono bajo.
—Es una celebración nacional, Tomi —contestó Bill, sonando divertido—. ¿Por qué no estaría aquí?
—Entonces… ¿por qué estás hablándome? —preguntó, mirándolo.
Bill bajó la mirada y picó una de sus uñas al mismo tiempo que sus cejas se fruncían.
—Supongo que por la misma razón por la que no pude evitar tener sexo contigo —murmuró—. Y por la razón por la que no pude dejarte ir, en primer lugar.
Suspiró y volteó a ver la expresión afligida de Tomi.
—La misma razón por la que no puedo dejar de soñar contigo. —su mirada era honesta, pero lucía resignado.
Por un momento, Tomi no pudo decir nada, e intentó comprender el mensaje oculto en las palabras de Bill.
—Sé por qué lo hiciste —dijo, finalmente—. Fue por lo que pasó con Laura.
El dolor se apoderó de los rasgos de Bill, quien desvió la vista.
—Pero, por favor, Bill… —dijo Tomi, rotando un poco sobre el banco para enfrentar a Bill y tomar su mano—. Te prometo que no soy como ella.
Bill soltó una risa, sin humor.
—En eso tienes razón.
—A lo que me refiero es que haría cualquier cosa con tal de continuar con esto… contigo…
Los ojos de Bill se suavizaron al mirar a Tomi, su mano se cerró sobre el agarre de Tomi.
—Eres… —negó con su cabeza—. Hermoso y maravilloso, y… demasiado dulce.
Levantó una mano al rostro de Tomi, acariciando su pómulo con su pulgar. Tomi sonrió ante el cumplido de Bill, inclinándose hacia su caricia. Levantó una mano a la de Bill, aferrándose a él.
—Por favor —murmuró—. No me alejes de ti.
Bill dejó escapar un suspiro y lo acercó.
—No creo poder —susurró. En su rostro se reflejó su conflicto.
Lo acercó, presionando un beso rápido en su boca, tan breve que Tomi se preguntó si alguien lo había visto, y esperando que no fuese así. Sin embargo, las siguientes palabras de Bill y su mirada ardiente destruyeron el resto de sus pensamientos.
—Vámonos de aquí.
& Continuará &