“Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace
Capítulo 16: Ahora
La aparición de Bill frente a la puerta de su dormitorio no debió ser tanta sorpresa, debido al último mensaje que le había enviado, pero de todas formas, Tomi se quedó sin palabras en cuanto vio al profesor.
—Tomi —la voz de Bill fue baja. Su cabeza estaba inclinada hacia adelante cuando lo ojeó con una mirada oscura. De su mano colgaba su portafolios, que Tomi sabía que contenía más juguetes sexuales que herramientas de trabajo.
Lo primero que pensó cuando Bill se adentró en la habitación fue: Mierda, y después de eso le siguió un: ¡Oh, sí, carajo!
Retrocedió mientras Bill avanzaba y tan pronto como pasó del marco Bill cerró la puerta detrás de él. Tom no podía quitarle los ojos de encima. Su cuerpo repentinamente se sentía diez veces más caliente y excitado que durante la corta sesión de sexteo.
—No puedo dejar a mi chico sucio sin supervisión, ¿verdad? —preguntó Bill, acercándose hasta que sus cuerpos estuvieron casi pegados. Bill levantó una mano a su mejilla y su pulgar acarició su labio inferior, jugueteando con el piercing labial de Tomi.
—N-no —suspiró Tomi con una voz ronca. Su corazón golpeaba en su pecho y se sintió un poco aterrado.
Bill y él nunca se habían juntado en su tiempo extracurricular, si no era en la oficina de Bill, y, aunque las opciones eran pequeñas, alguien podría tocar a la puerta en ese mismo instante. Además, él le había insistido a Bill que quería tener sexo, y pronto. Bill se había rehusado a tomarlo sobre el escritorio de su oficina, pero ésta no era la oficina, y Tomi tenía una cama perfectamente capaz de satisfacer esa necesidad del otro lado de la habitación.
—Bill… —gimoteó, sintiendo las intenciones del profesor.
—Ven aquí —ordenó Bill, con un tono suave pero autoritario, y Tomi obedeció de inmediato.
La boca de Bill se presionó contra la suya, tomándolo en un beso que se profundizó inmediatamente. La lengua de Bill emergió, caliente e insistente, pasando entre sus dientes y acariciando su paladar. Tomi gimió, hundiéndose contra el pecho de Bill y aferrándose de sus solapas.
Ya estaba completamente duro y deseoso, pero sabía que no sería tan fácil quedar satisfecho.
Los mensajes de Bill volvieron a su mente y Tomi gruñó, separando sus labios.
—¿Qué… —jadeó, levantando la mirada para ver a Bill, con sus ojos que parpadeaban rápidamente—. ¿Qué vas a hacer?
Los labios de Bill se curvaron. Sus ojos destellaron un deseo oscuro y brutal que Tomi ya había saboreado muchas veces.
—Castigarte, cariño —contestó Bill—. Últimamente has sido muy sucio, ¿no es así?
Tomi mordió su labio inferior, reprimiendo un lloriqueo patético en respuesta a las palabras de Bill.
Bill lo empujó hacia la cama, le dio vuelta y lo puso bocabajo. Tomi cayó sobre sus sábanas suaves y sus caderas se levantaron mientras Bill se colocaba detrás de él. Estaba usando solamente unos pantalones deportivos en la parte inferior, y Bill enganchó sus dedos en el elástico para bajárselos lentamente. Tomi se mordió su labio, aferrándose fuertemente con sus puños a las sábanas mientras Bill bajaba sus pantalones, desnudando su trasero para lo que sería, sin duda alguna, una nalgueada duradera y dolorosa.
Las manos de Bill pasaron sobre sus muslos, dejando piel de gallina en todo su recorrido hasta que llegaron a sus nalgas. Las palmeó; apretándolas con sus suaves y largos dedos, y separándolas.
—Oh, dios… —susurró Tomi, presionando más su rostro contra su almohada. Estaba respirando de forma muy agitada y si bajaba sus caderas, podría frotar su miembro duro contra las sábanas.
—Creo que sabes que… —dijo Bill, arrastrando un tortuoso pulgar sobre su entrada—…hoy traje la tabla.
—Nnng… —Tomi empujó su rostro contra la almohada, intentando no convertirse en un desastre excitado y rogón.
Bill se inclinó hacia donde había colocado su portafolio y Tomi se atrevió a mirar justo a tiempo para ver emerger la tabla de madera y cuero. Bill agarraba el mango con sus perfectos dedos largos, decorados con sus uñas pintadas de negro.
—Oh, dios —repitió una vez más, cerrando los ojos.
Bill se movió sobre la cama y Tomi se tensó. Sus caderas se arquearon contra el colchón. Escuchó a Bill chasqueando su lengua antes de hablar.
—Arriba.
Tomi gimió, moviendo sus rodillas debajo de él para levantar su trasero sobre el resto de su cuerpo en una posición bastante sumisa y humillante.
—Buen chico —elogió Bill.
—Por dios, Bill, por favor… —gimió Tomi, aunque no estaba seguro de qué era lo que estaba suplicando.
Sus pensamientos fueron destrozados de un momento al otro y un grito escapó de sus labios. La tabla envió un dolor abrasador por su piel y un sonido abrupto, creado por el contacto entre piel y contra cuero, se escuchó en el aire. Dejó caer sus caderas de inmediato, pero Bill lo levantó de nuevo, azotando la tabla por segunda vez.
—Mierda… —gruñó Tomi, retorciéndose contra el agarre de Bill, y hundiendo su rostro en la almohada mientras intentaba superar las intensas oleadas de dolor.
—Deja de moverte. —ordenó Bill, sacudiendo su cadera.
Tomi gimió sin palabras contra la almohada, levantando su trasero una vez más. Su piel ya estaba punzando de dolor y estaba seguro de que estaba roja.
Bill lo golpeó de nuevo, justo por debajo de su nalga derecha, enviando el dolor ardiente por su muslo. Tomi intentó respirar desesperadamente, pero no quería levantar su rostro de la almohada. Dolía mucho, pero sólo hacía que el deseo ardiera más en él.
—Bill… —gimió contra la almohada, levantando su trasero más, a pesar del castigo. Todo su cuerpo parecía haber despertado por el cuero despiadado. Todo en su interior parecía palpitar, y quería a Bill dentro de él con tanta intensidad que casi se daba vuelta para atacarlo.
Bill chasqueó su lengua suavemente. Una mano acarició su espalda baja.
—Sabes que todavía no terminamos. —regañó.
—Pero… pero por favor… —Tomi gimoteó, alejando su rostro de la almohada el tiempo suficiente para rogar—. Por favor, te deseo…
Gruñó en el próximo instante cuando Bill volvió a azotarlo, apenas agradeciendo su confesión. El cuerpo de Tomi se tensó y quiso arquearse nuevamente, pero se forzó a sí mismo a mantenerse arriba. Todas sus extremidades temblaban, pero se iba a quedar así hasta que Bill entrara en él.
La tabla volvió a impactarse y Tomi jadeó bruscamente, meciéndose en sus codos y rodillas, y gimiendo en voz alta.
—Bill… mierda, por favor…
—¿Quieres coger? —preguntó Bill con voz baja y provocante mientras pasaba las frescas puntas de sus dedos sobre la piel de su trasero. Tomi se encogió de dolor y mordió su labio inferior cuando sintió que las uñas de Bill rasgaban su piel lastimada.
—Mmm —logró emitir un sonido de afirmación, pero no pudo hacer mucho más cuando Bill lo tocaba de esa forma. Dejó de respirar cuando Bill se inclinó y presionó sus suaves y húmedos labios contra una nalga, dándole algunos besitos suaves antes de que su nariz acariciara su hendidura. Escuchó a Bill respirar antes de que su cálido aliento al exhalar chocara contra su entrada.
—Bill… —gimoteó. Sus palabras apenas y eran distinguibles.
Bill levantó una mano y lo acunó por debajo de la misma nalga. Su pulgar se levantó para acariciar sus testículos y luego más arriba hasta su entrada. Tomi gimió bajito, separando sus piernas un poco más y arqueando su espalda para empujar su trasero más cerca del rostro de Bill.
Los labios de Bill lo tocaron, plantando besos a lo largo de su entrada.
—¿Me quieres aquí? —murmuró.
—Sí —jadeó Tomi.
El pulgar de Bill se levantó para acariciarlo con más fuerza y Tomi se mordió su labio, intentando no retorcerse incontrolablemente ante el toque tan simple.
—Oh… —susurró Bill, suavemente, antes de que sus labios volvieran a presionarse, esta vez, con más firmeza y más húmedos. Su lengua emergió para lamer una línea caliente sobre su agujero. Tomi apuñó las sabanas en sus manos, gruñendo mientras su cara se retorcía con placer. Tembló en su posición, sin saber si debía dejarse caer en la cama o moverse contra el rostro de Bill.
Tomi escuchó que la tabla caía al suelo, siendo olvidada. Bill palmeó sus dos nalgas, separándolas mientras lamía su entrada con más fuerza, lengüeteándolo de forma mojada.
—Oh, Bill… —gimió Tomi. Su estómago estaba retorciéndose con placer sólo porque Bill lo estaba tocando ahí. Todavía ni siquiera había entrado en él, y Tomi sentía como si estuviera a punto de explotar.
La punta firme de la lengua de Bill se empujó justo en el centro, queriendo entrar. Tomi jadeó, abriéndose en torno a la intromisión con una repentina contracción de músculos. Ahogó otro jadeo cuando sintió cómo se movía la lengua de Bill dentro de él. Bill hizo un pequeño sonido de placer que hizo que su estómago entero se apretara, y hundió su rostro en la almohada, peleando por control. Sin embargo, cuando sintió el piercing de lengua de Bill, casi perdió el control. Su cuerpo se hizo para atrás cuando el frío metal se movió dentro de él. Al mismo tiempo, la lengua de Bill daba vueltas, en busca de su próstata y cuando la localizó, Tomi gritó y su cuerpo se movió desesperadamente.
—Mierda, Bill, por favor… —jadeó. No sabía si podría lidiar con esto. Era muy bueno, casi demasiado bueno.
La lengua de Bill se retrajo, y acarició el costado de Tomi.
—Mmm, te abres tan bien —susurró.
Tomi casi se ahogó con su propia saliva ante el elogio y gimoteó al balancearse hacia atrás.
—Te deseo… —logró decir entre sus rápidos jadeos.
Volteó cuando Bill se inclinó hacia su maletín nuevamente y el cuerpo completo de Tomi ardió con deseo cuando vio la botella de lubricante en la mano de Bill.
—Sí, sí… —dijo suavemente. Bill ya había usado sus dedos antes, pero al saber lo que vendría después de eso, Tomi se emocionó.
Escuchó cómo el lubricante chorreaba en los dedos de Bill y unos segundos después, sintió el líquido frío y resbaladizo tocándolo. Bill lo separó, acariciando y masajeando su entrada antes de meter un dedo.
—Ohhh… —gimió Tomi, presionando su frente contra el colchón mientras el dedo entraba con facilidad. Sus músculos ya estaban relajados gracias a la lengua de Bill, así que, un poco después, Bill pudo meter un segundo dedo. Ambos se movían dentro de él, bombeando dentro y fuera y creando un sonido húmedo y erótico.
Los dedos de Bill eran largos, por lo que alcanzaron rápidamente su próstata. La acarició con pequeños movimientos de las puntas de sus dedos, causando que Tomi gruñera y se impulsara hacia él.
Su corazón latía a un ritmo muy rápido y lo único que podía pensar era en lo bien que se sentiría el pene de Bill.
—Bill… Bill… —gimió, una y otra vez, rogando.
—¿Quieres tres? —preguntó Bill. Sus dedos dieron un giro que hizo que Tomi se arqueara. Las regiones bajas del cuerpo de Tomi se apretaron, y se preguntó cuánto tiempo lo torturaría Bill de esa forma antes de que se viniera.
—Quiero… quiero… tu pene —dijo, impulsándose contra los dedos de Bill una vez que la oleada de placer pasó, regresando a un grado soportable.
—Lo tendrás —murmuró Bill.
Tomi se estremeció porque era la primera vez que lo decía.
—Te lo voy a dar… duro y fuerte. —le aseguró en un tono tan bajo que hizo que la columna de Tomi temblara y que todo su cuerpo se cubriera con piel de gallina.
Tomi gruñó cuando Bill metió tres dedos para dilatarlo. Se mordió su labio inferior, pues era una sensación incómoda, aunque no del todo dolorosa.
—Tienes que abrirte para mí, cariño —murmuró Bill. Sus dedos se movían ahora lentamente. Tomi gimoteó y hundió su frente en la almohada, frustrado y casi queriendo rasgar las sábanas. Quería a Bill, y lo quería ahora. Lo había querido desde el primer momento en el que lo había visto caminando en la acera el primer día, cuando ni siquiera sabía quién era.
La boca de Bill se presionó contra su espalda baja, dejando besos por su nalga mientras continuaba moviendo sus dedos, abriéndolo y preparándolo con movimientos decididos.
Tomi quería voltearse, empujar a Bill en la cama y treparse encima de él, si era necesario. No podía soportar esto, incluso si en algún lugar en el fondo de su mente, sabía que era necesario. Sus sentidos estaban nublados por el deseo, y lo único en lo que podía pensar era en Bill entrando en él, llevándolo al orgasmo más intenso que hubiese tenido en su vida…
Los dedos de Bill se separaron y Tomi dejó salir un jadeo.
—Sí, sí… —susurró, apenas consiente de lo que había dicho. Miró sobre su hombro, queriendo ver a Bill.
El profesor estaba sentado sobre sus talones, poniéndose el condón que obviamente había llevado en el maletín. Tomi se sintió un poco decepcionado con eso, pero no se iba a quejar, al menos no en ese momento. Bill sólo estaba protegiéndose y siendo prevenido.
Cuando Bill se colocó detrás de él, todo pensamiento voló de la cabeza de Tomi. Su corazón comenzó a retumbar como loco y un temblor se apoderó de sus piernas. Era miedo y deseo; su lujuria y sus temores se habían vuelto uno. Una emoción atolondrada se mezcló con el abrumante entendimiento de que estaba a punto de perder su virginidad otra vez.
Unos dedos de Bill acariciaron sus caderas y luego lo agarraron, guiándolo hacia atrás. La caliente y gruesa cabeza de su pene, protegida, descansó contra él por un momento antes de que Bill separara sus dos nalgas para impulsarse.
Tomi se removió contra las sábanas y su boca se abrió mientras Bill lo penetraba. Un dolor se disparó inmediatamente a través de él, y escuchó un lloriqueo salir de su garganta. Estaba jadeando rápidamente y cerró sus ojos con fuerza, esperando a que el dolor pasara.
Bill se adentró más y Tomi gimoteó; de repente, su cuerpo se apretó. Jadeó cuando la reacción sólo causó que doliera más.
—Carajo… —gruñó, intentando relajar sus músculos temblorosos.
—Relájate, Tomi —la voz de Bill fue calmada y controlada, tranquilizadora, pero al mismo tiempo, autoritaria. Tomi inhaló, y se relajó gracias a su voz. El pene de Bill se hundió dentro de él hasta el fondo y Tomi dejó escapar un gemido ante la sensación. Se retorció contra las caderas de Bill. Se sentía… bien.
Como si hubiera leído sus pensamientos, las caderas de Bill comenzaron a mecerse contra él, intensificando las sensaciones. Tomi gritó; su cuerpo se retorcía contra Bill.
Había un ligero dolor en cada penetración, pero el placer que le llegaba, rápidamente sobrepasó cualquier dolor que hubiera podido sentir. De hecho, la forma en la que lo abría y lo llenaba comenzó a sentirse lo suficientemente bien para que Tomi gimiera con cada embestida, y sus dedos se apretaron en las sábanas. Se impulsó contra Bill, seguro de que nunca podría tener suficiente de esto.
Bill se inclinó sobre él; una de sus manos se agarraba de sus caderas y la otra se plantó entre sus omóplatos, sosteniéndolo en esa misma posición mientras metía su pene una y otra vez. Había esperado un lado dominante de parte de Bill, y la forma en la que lo estaba haciendo, sólo hacía que Tomi se excitara más. Intentaba retorcerse y removerse, sólo para sentir a Bill regresándolo a su lugar, y su miembro lo penetraba con más fuerza.
Bill movió sus caderas en otro ángulo, dirigiendo su pene hacia la próstata de Tomi. Tomi empujó su boca contra la almohada, intentando no gritar demasiado fuerte mientras Bill martilleaba su piel sensitiva. Era lo más excitante que Tomi había sentido y aunque apenas podía soportarlo, quería que Bill continuara haciéndolo hasta que lo llevara al orgasmo, y luego otra y otra vez…
Sin embargo, cuando Bill se separó, Tomi gruñó en protesta, intentando empujar su trasero hacia atrás para que Bill volviera a lo suyo. Bill le dio un jalón con fuerza y detuvo sus caderas cuando se inclinó para susurrar algo en la oreja de Tomi, con ese tono excitante y autoritario que lo había cautivado desde el principio.
—¿Debo detenerme y castigarte de nuevo?
Tomi sólo pudo gimotear, completamente excitado y ya destruido como para ni siquiera poder formar una oración. Se inmovilizó debajo de Bill, y su cuerpo cayó sólo un poco, derrotado. Lentamente, negó con su cabeza.
—Bien —jadeó Bill—. Quiero que mi chico sucio se venga con fuerza.
—Oh, por favor… —gimoteó Tomi cuando las caderas de Bill comenzaron a moverse de nuevo, adentrándose nuevamente—. Sí, sí…
Tomi separó más sus rodillas, intentando que Bill entrara aún más.
Las caderas de Bill chocaron contra su trasero y Tomi amortiguó un grito contra la almohada.
—Sí, sí, más fuerte… —gimió.
—¿Más fuerte? —preguntó Bill, su propia voz estaba afectada por la excitación y su esfuerzo físico.
—Sí —pidió Tomi. Su cuerpo dolía y ya estaba listo.
Sintió cómo Bill se impactaba contra él, destruyendo la poca compostura y aguante que le quedaba. Se sintió a sí mismo acercándose al clímax y ni un dedo había tocado su pene duro. Pero Bill había tocado su próstata y el pequeño órgano ya estaba hinchado y doliente, punzando dentro de él.
A pesar de que el orgasmo se formaba rápidamente, Tomi intentó levantar una mano para agarrar su pene deseoso y olvidado. Las puntas de sus dedos apenas lo habían tocado cuando Bill tomó su brazo y alejó su mano.
—No —dijo en la oreja de Tomi.
—Pero… —Tomi se quejó mientras las caderas de Bill disminuían su velocidad—. Mierda, Bill, por favor.
—Shh —Bill lo calló—. Ven aquí.
Para consternación de Tomi, Bill salió de él, pero el profesor lo puso de espaldas.
Cuando Tomi pudo ver a Bill, quedó impactado por la imagen cruda y excitante. Su perfecto copete estaba completamente despeinado, su cara y cuello estaban sonrojados por la excitación, y sus ojos estaban oscurecidos, nublados y brillosos por el deseo.
Bill tomó las piernas de Tomi y las levantó, dejando todo a la vista. Se acomodó entre sus muslos y Tomi gimoteó, levantándose a sí mismo hacia su pene. Gimió cuando volvió a entrar.
—Sí… —dijo, complacido, apretando sus músculos en torno a Bill cuando Bill lo penetró por primera vez.
—Ah… —gruñó Bill, bajando su cabeza mientras Tomi apretaba en torno a su pene. Cuando sus ojos volvieron a encontrarse con los de Tomi, brillaban de deseo y con una necesidad que también se había apoderado del cuerpo de Tomi.
Bill lo agarró firmemente de las piernas y lo embistió, volviendo a su ritmo de antes.
—¡Oh, mierda! —gritó Tomi antes de morder su labio. Tenía que recordar en dónde estaban. Pero Bill se lo estaba dificultando al cogerlo en la forma en la que lo estaba haciendo.
Bill le dio un manotazo en la parte interna del muslo. Su pene se sacudió casi dolorosamente en respuesta, escurriendo un chorro de pre-semen, incluso aunque Bill le advirtió.
—Silencio.
Miró a Bill lastimosamente con sus ojos, rogándole que lo hiciera venirse pronto.
Bill se movió sobre él, plantando una mano a su lado sobre la cama y llevando la otra al pene de Tomi. Comenzó penetrarlo de nuevo, embistiéndolo al mismo tiempo que movía su mano.
Tomi sabía que no duraría mucho más y dejó que el orgasmo se apoderara de él. Se retorció debajo de Bill, poniendo una mano sobre su propia boca para reprimir los roncos gritos que querían dejar sus labios. Su cuerpo se apretó y se estremeció cuando el orgasmo rompió dentro de él, emitiendo olas de placer en todo su cuerpo mientras su miembro soltaba semen caliente y espeso en abundancia.
Tomi estaba seguro de que nunca había tenido un orgasmo tan fuerte en toda su vida. Cuando lo dejó, se sintió completamente usado y cansado; su cuerpo estaba débil y cantaba en su relajación postcoital.
Bill continuó moviéndose otro momento y Tomi observó su expresión excitada. Al acercarse al orgasmo, su mandíbula se apretó y sus ojos se cerraron con fuerza. Cuando comenzó a estremecerse, su boca se abrió y Tomi jadeó mientras Bill se liberaba dentro de él, llenando el condón.
Salió lentamente, y Tomi hizo una mueca cuando el pene de Bill lo dejó dolorido. Bill se inclinó sobre él, respirando agitadamente. El sudor brillaba en su rostro y cuello y sus brazos temblaron a los lados de Tomi.
Tomi levantó sus manos y lo jaló hacia él. Bill se resistió sólo por un momento antes de colapsar contra su pecho. Tomi prácticamente podía sentir su corazón latiendo con fuerza a través de sus prendas y su piel.
Permanecieron acostados por un momento en silencio, y Tomi pensó que era un sueño. Hace unas semanas, no estaba seguro de qué género prefería y ahora había consumado completamente su relación con Bill. Al tener a Bill contra su pecho, repentinamente se dio cuenta de que quería esto nuevamente, y que lo querría por siempre.
Bill se alejó y Tomi intentó evitarlo, pero el profesor se levantó de la cama y se retiró al baño. Tomi se apoyó sobre sus hombros, mordiendo su labio preocupadamente. Escuchó a Bill descartando el condón y jalando la cadena antes de escuchar el agua en el lavabo. Hubo unos cuantos momentos de silencio y Tomi estuvo casi listo para levantarse de la cama e ir por él, pero Bill regresó un segundo después. Nunca se había quitado por completo su ropa, así que ahora estaban de vuelta bien acomodadas, tan bien como era posible.
Los ojos de Bill titilaron cuando vio a Tomi todavía en la cama, medio desnudo, sólo con sus pantalones que todavía colgaban de un tobillo. Al final, bajó la vista y sus cejas se fruncieron cuando fue por su maletín y comenzó a recoger sus cosas lentamente.
Tomi se recostó sobre la cama, sintiéndose repentinamente descorazonado. Así no era como se había imaginado que sería el momento después del coito.
—¿Y ahora qué? —preguntó repentinamente. Su garganta se sentía seca.
De repente tenía el presentimiento de que Bill se estaba arrepintiendo de lo que acababa de pasar, y le hizo tener miedo. Había creído que tener sexo con Bill no lo haría sentirse diferente a como se sentía después de sus encuentros en la oficina, pero ahora…
Los labios de Bill se fruncieron y se sentó en la orilla de la cama. Tomi observó su perfil mientras inhalaba, mirando el piso por un momento antes de echarle un vistazo a él.
—No sabes —dijo Tomi, apenas con un susurro.
Los labios de Bill parecieron caer y luego desvió la mirada. Tomi se sintió herido con su mirada y por su falta de palabras. ¿No quería hacerlo de nuevo…?
Tomi se sentó lentamente, desenredando sus pantalones y volviendo a ponérselos.
—¿Yo… —empezó, sin saber cómo decirlo—. ¿Yo… te importo?
Los ojos de Bill se ampliaron y la agonía se apoderó de su rostro.
—Por supuesto que sí —susurró.
Tomi mordió su labio y desvió la mirada también.
—¿O sólo soy otro más?
Estaba seguro de haber escuchado a Bill tragar saliva y cuando volvió a levantar la mirada, la expresión de Bill titubeó. Se levantó de la cama repentinamente, pero Tomi agarró su mano y lo jaló para enfrentarlo.
—No soy estúpido —dijo, intentando evitar que sus emociones lo superaran—. Sé que…
Su voz se detuvo cuando Bill quitó su mano de la de Tomi para levantarla y acunar su mejilla.
—Yo… —empezó, antes de aclarar su garganta—. No.
Negó con su cabeza.
—No eres como el resto —sonrió suavemente y Tomi sintió que su corazón volvía a la vida.
Se perdieron un momento, mirándose mutuamente, antes de que un sonido les hiciera brincar… un golpe a la puerta.
& Continuará &