Teacher’s Pet” Fic de EngelTraumer. Traducido por OuterSpace

Capítulo 11: ¿Por qué te importa?

Una semana después

El campus estaba en completa oscuridad y el viento azotaba las aceras y los edificios. A pesar de la hora y la temperatura, Tomi corrió con rapidez hacia el edificio de oficinas con la cabeza baja. No necesitaba ver para saber por dónde iba. Ya había recorrido ese camino tantas veces que podía llegar incluso estando dormido.

No era lunes, ni martes, ni jueves. Era viernes, y Tomi no había visto a Bill en todo el día. Había un deseo que lo carcomía por dentro de una forma que no podía controlar. Dormir era casi imposible y sabía que masturbarse sólo sería un alivio temporal.

Por lo tanto, se encontró a sí mismo, tarde por la noche, enfrentando las bajas temperaturas para  darse un paseo a la oficina de Bill, con la esperanza de que siguiera ahí. Sabía que quedaría afuera de los dormitorios después de irse pero eso no le había importado cuando salió.

Llegó al edificio, entró y exhaló un suspiro de alivio cuando la calidez lo envolvió. Caminó de puntitas por el pasillo, mordiéndose su labio al pasar frente al escritorio de la recepcionista, y miró hacia la luz de la oficina de Bill. Su corazón dio un brinco dentro de su pecho cuando notó que la ventana opaca de la puerta de la oficina de Bill resplandecía.

Se acercó a la puerta y su pulso se aceleró tanto que tropezó consigo mismo cuando levantó una mano para tocar. No estaba acostumbrado a entrar a la oficina de Bill sin invitación y, por un momento, se preguntó si Bill lo negaría.

Al final, dio un golpe rápido, conteniendo su respiración mientras esperaba por una respuesta.

Adelante. —la suave y melodiosa voz de Bill llegó a sus oídos y el simple sonido hizo que el estómago de Tomi diera giros de emoción.

Agarró la manija con dedos temblorosos y le dio vuelta con lentitud. Entró y encontró a Bill inclinado sobre el escritorio sobre un montón de papeles, folders y su laptop frente a él. Casi pareció que había olvidado que alguien había tocado a la puerta, pues mantuvo su cabeza baja, escribiendo furiosamente sobre un papel.

Tomi tragó con dificultad al observar las cejas oscuras de Bill, el oleaje que creaban sus pestañas negras y pintadas sobre sus pálidas mejillas, su nariz perfecta y finalmente, el par de labios carnosos. Tomi inhaló, inclinándose pesadamente contra la puerta.

Al final, Bill levantó la vista y sus cejas se unieron cuando vio a Tomi ahí de pie.

Es un poco tarde para estar afuera de los dormitorios, Sr. Trumper. —dijo, levantando una ceja inquisitiva. Bajó la mirada a su reloj para ver qué hora era.

Ya sé que no es lunes, martes o jueves —dijo Tomi con una voz ronca—. Pero… no podía dormir.

Mordió su labio inferior, alejándose de la puerta para acercarse al escritorio. Su erección, que había sido abordada por el frío, estaba regresando con toda fuerza tan sólo con ver a Bill. Sólo llevaba unos pantalones deportivos en la parte baja de su cuerpo, y el pedazo de carne dura fue fácil de ver al darle vuelta al escritorio.

Los ojos de Bill titubearon y Tomi pudo ver la pequeña curva de su manzana de adán subiendo y bajando. Las fosas nasales de su fina nariz se abrieron conforme Tomi se acercaba más.

Pensé que tal vez… —susurró Tomi, encerrándose a sí mismo entre el escritorio y las piernas de Bill. Pasó una mano sobre su cadera, jugueteando con la banda de sus pantalones y logrando que se apretaran sobre su pene.

Bill estaba sentado, rígido, en su silla, y sus dedos se aferraban de los brazos de ésta.

Por favor, lo necesito. —Tomi rogó, con su voz elevando su tono. Se bajó los pantalones, dejando que su pene se liberara. Quería tomar a Bill del cabello y forzar su boca contra él; hundirse en el placer que le ofrecía esa boca caliente y húmeda.

Repentinamente, Bill se levantó de la silla, haciendo las manos de Tomi a un lado. Agarró su pene; sus dedos se apretaron fuertemente en torno a su base y subieron, creando un movimiento rápido.

¡Oh, dios! —Tomi soltó un grito ahogado, poniendo sus manos atrás para agarrarse del escritorio. Estaba seguro de que su pene ya estaba chorreando abundantemente, pero la mano de Bill lo soltó un instante después.

¿Eso es lo que querías? —preguntó con un tono grave.

Sí, sí —jadeó Tomi, abriendo sus ojos para observar la expresión oscura y sensual de Bill.

Bill chasqueó su lengua suavemente y Tomi sintió que su estómago daba una sacudida. Sabía lo que venía después de ese sonido de desaprobación.

Voltéate. —ordenó con suavidad, sin siquiera molestarse por enlistar las transgresiones esa noche.

Tomi lloriqueó.

No… —en realidad no había sido su intención decir esa palabra, pero se le había escapado al quedarse ahí, agarrándose del escritorio y rogándole a Bill con sus ojos.

La ceja de Bill se levantó rápidamente y levantó un dedo debajo de la barbilla de Tomi; su uña se encajó en su piel.

¿Qué me dijiste? —preguntó.

Tomi tragó con dificultad, su corazón se aceleró con mucha rapidez, bombeando sangre hacia su pene erecto.

Sí, señor —susurró finalmente.

Las cejas de Bill se levantaron una vez más, pero quitó su dedo de su barbilla. Tomi se volteó lentamente y volvió a agarrarse del escritorio cuando estuvo de frente a él. Bajó su cabeza y sus rastas cayeron sobre sus mejillas calientes.

Bill se deslizó contra su cadera, bajándole con una mano sus pantalones. Cayeron hasta sus tobillos y Tomi se mordió su labio para evitar más sonidos sin dignidad.

Con esa actitud, tienes suerte de que no haya traído la tabla esta noche —dijo Bill suavemente, acariciando una nalga con una de sus manos. La garganta de Tomi se apretó ante la amenaza, e intentó respirar con calma. Aunque era casi imposible, debido a la forma en la que Bill lo estaba tocando, sabiendo lo que iba a hacer.

Su palma se impactó repentinamente y Tomi no pudo contener el grito inesperado que se escapó de sus labios. Su piel ardía, pero sabía que se iba a poner peor.

Bill lo golpeó de nuevo en el mismo lugar y Tomi se arqueó contra el escritorio, cerrando sus ojos. Su rostro estaba completamente caliente y sabía que la mitad del dolor de los azotes se debía a la humillación de estar siendo castigado como un niño pequeño. Aun así, no pudo detener la excitación que sentía en su estómago con cada golpe.

Bill volvió a azotarlo; su palma abierta chocó contra la piel desnuda de Tomi con una fuerza intencionada. Tomi se presionó más contra el escritorio, gimiendo y retorciéndose bajo el tormento que habían causado sólo tres nalgadas.

Bill no lo volvió a poner en posición. En lugar de eso, dejó que Tomi resistiera el castigo, poniendo una mano en su espalda mientras usaba la otra para dar los fuertes azotes. Tomi hizo a un lado algunos papeles y folders, en busca de un poco de soporte en el escritorio. Ya estaba tan excitado y necesitado que apenas podía soportar las nalgadas. Esta noche no quería soportarlas. Quería a Bill, lo deseaba muchísimo.

Bill, por favor… —gimió contra el escritorio—. Por favor, quiero que…

Bill lo golpeó de nuevo, y él gruñó; su trasero se arqueó contra el contacto.

¿Qué quieres? —murmuró Bill, y su mano volvió a la piel de Tomi para acariciarla. Las puntas de sus dedos se hundieron en la hendidura entre su trasero y Tomi jadeó; su piel se erizó mientras Bill rozaba su tensa entrada.

Te… te quiero ahí. —dijo con voz áspera, dejando caer su frente contra la suave madera de imitación. Desde su discusión, había estado rogándole a Bill que se lo hiciera en cada ocasión que habían estado juntos la semana anterior. Bill lo había castigado más severamente ese día; usando su cinturón para darle una lección. Tomi aún no comprendía por que Bill había intentado terminar con sus reuniones aquel día, pero desde entonces, sus encuentros en la oficina se habían vuelto más candentes, más desesperados, más ansiosos.

Bill, Bill… —susurró Tomi cuando la pausa de los azotes se prolongó—. Te quiero dentro de mí.

Lo susurró, casi gruñendo. Sólo había pasado una semana, pero sentía como si hubiese estado rogando desde hace años.

¿Quieres mi pene ahí adentro? —murmuró Bill con un tono suave que hizo que el estómago de Tomi diera un vuelco de excitación.

Sí —lloriqueó, intentando entregarse a los dedos acariciadores de Bill.

¿Crees poder soportarlo? —preguntó Bill, y Tomi encontró que su tono había sido burlón. Su rostro se enrojeció y su pecho se apretó por la indignación.

Sí —espetó, levantando su cabeza—. No es tan grande.

Dejó de sentir las manos de Bill y el silencio hizo eco fuertemente en los oídos de Tomi. Miró sobre su hombro, pensando que quizá había ido demasiado lejos y dicho algo malo.

Te voy a enseñar lo grande que es —dijo Bill finalmente, con una voz baja y burlona.

Tomi tragó con dificultad y su pene dio un tirón contra su estómago.

¿En serio?

Ven aquí —Bill lo agarró de las rastas tan bruscamente que hizo que Tomi gritara. Se dejó llevar por la mano de Bill, más que nada, para aliviar el dolor en su cuero cabelludo. Bill lo puso de rodillas y Tomi gritó, mirándolo.

No, por favor, Bill… ¡quiero que me lo metas!

Bill se abrió sus pantalones con una mano y sacó su pene de sus bóxers, llevándolo hacia la boca de Tomi. Sin embargo, Tomi volteó su cabeza y cerró sus labios, presionándolos. Ya se había cansado de jugar con Bill. Quería sexo, y lo quería desde ayer.

Tomi —la voz de Bill fue más grave de lo que era usualmente, autoritaria—. Abre la puta boca.

Tomi apretó los dientes, sin siquiera dignarse en echarle un vistazo petulante a Bill.

No. —contestó.

Los dedos de Bill se apretaron más en sus rastas y jaló a Tomi más cerca, la longitud de su pene duro y caliente golpeó su mejilla. Tomi dio un respingo cuando la punta húmeda se arrastró sobre su rostro y su boca, embarrando pre-semen en su labio inferior grueso.

Abre. La. Boca. —Bill ordenó nuevamente, entre dientes.

Tomi miró la pared del lado opuesto con su mandíbula apretada.

No. Quiero que me lo hagas. —repitió.

Maldita sea —Bill gruñó, y la exasperación se coló a su tono—. ¡No te lo voy a hacer sobre un escritorio!

Finalmente, con sus ojos bien abiertos, Tomi levantó la vista.

¿Eso qué importa?

Bill parpadeó, su garganta bombeó y su erección se levantó sólo un poco.

Yo… —empezó; su vista empezó a moverse por todos lados, menos hacia Tomi.

Si esto se trata de sexo —dijo Tomi lentamente, levantando una mano hacia el muslo de Bill—. ¿Por qué te importa en dónde lo hagamos?

Tal vez si no fuera tu primera vez —dijo Bill rápidamente—. Pero lo será. Ahora, abre la boca.

Espera —Tomi agarró las piernas de Bill, obstaculizándolo—. No es por eso.

Repentinamente, Bill soltó a Tomi, empujándolo casi despiadadamente. Se volvió a abotonar sus pantalones y Tomi observó consternadamente cuando se alejó, dejándolo medio desnudo en el suelo.

Vete. —dijo Bill finalmente, parándose y dándole la espalda a Tomi, mirando por la ventana hacia el campus frío y oscuro.

No —repitió él nuevamente, por lo que pareció la centésima vez en su encuentro. Se levantó del suelo, subiéndose sus pantalones a la cadera. Se acercó a Bill y se puso frente a él para verlo a la cara—. ¿Por qué no me coges?

La mandíbula de Bill se apretó y desvió la vista.

Tienes miedo de que nos atrapen —adivinó Tomi—. Pero ya hemos hecho todo lo demás, esto es sólo un paso más.

¡Sí! —explotó Bill repentinamente, su cuello y sus mejillas se sonrojaron—. ¡Sí, es otro paso!

¿Y eso te molesta? —contestó Tomi, su voz se alzó para igualar a la de Bill—. De repente eso te molesta. No lo entiendo.

¿Crees que me conoces? —demandó Bill, sus ojos ardían—. ¿Crees que entiendes todo lo que ha pasado?

Tomi se hizo para atrás, su corazón palpitaba con fuerza. No, no sabía. Casi no conocía a Bill, y lo poco que había escuchado de él, eran rumores.

No —exhaló al final—. No sé. Y tal vez nunca lo haga. Pero sí sé una cosa…

Levantó la vista y observó la expresión de Bill, la cual se había tornado cansada y vacilante.

Nunca he sentido con nadie lo que siento contigo.

Las cejas de Bill se juntaron y Tomi estaba lo suficientemente cerca como para ver cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Levantó una mano y presionó sus dedos contra sus labios temblorosos. Por un momento, no habló. Al final, bajó la vista al suelo.

No sabes de lo que hablas.

No —Tomi negó con la cabeza—. Yo sé lo que siento. No puedes venir a decirme que sólo soy un estudiante caliente y estúpido. Sé lo que quiero, y te quiero a ti. Vas a tomar mi virginidad, Bill…

Caminó alrededor de Bill, dándole la vuelta y dirigiéndose hacia la puerta.

O nadie lo hará.

& Continuará &

Gracias por la visita

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Teacher’s Pet 11: ¿Por qué te importa?»
  1. Pero quién no tendría miedo al estar en la situación en la que Bill se encuentra? Yo me moriría del miedo y angustia de no saber qué hacer y con el consejo presionandolo y Tom presionandolo y aparte decepcionará a su papá de nuevo. Es mucho lo que está en juego en cualquier a de la decisión que tome.😥😥

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