Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 9

— … sí, Billy. Pon tu mente a trabajar imaginando que me rodeas con las piernas en la cintura y mi enorme polla te atraviesa todo, todo, todo. Hasta el fondo. — la voz de Tom retumba en mis oídos ahora que estábamos en llamada y traía puesto los audífonos.

Estaba sudando por la excitación, por la fuerza en que mis dedos me complacen y me hacen sentir.
Cerré los ojos y ya no estaba en mi habitación. Estaba en una pieza pequeña en Leipzig, exactamente la habitación de Tom.
Estaba en la cama, con las sábanas enredadas entre nuestros cuerpos y mis piernas lo rodean mientras lo abrazo. Imaginé el roce de sus rastas cayendo en mi rostro, su respiración agitada cerca de mi oído, murmurando mi nombre una y otra vez.

Imaginé su sexo atravesándome con una embestida lenta pero dura que me dejó sin aliento. Imaginé el placer que me daba, haciéndome arquear la espalda contra el colchón. Imaginé… sus manos fuertes sujetándome las caderas, clavando los dedos en mí.

Se sentía real.

— Sí, te puedo imaginar. — hablé con dificultad, ahora mirando el teléfono que está bien ubicado en un punto de la cama y que dejaba ver a un Bill con las piernas abiertas y desnudo en la pantalla mas pequeña de la videollamada.

Tom estaba del otro lado en la pantalla, en el interior de su baño, permitiendome ver su torso húmedo ya que me había dejado ver cómo se dió una ducha y lo disfruté mucho.
Su cuerpo era fuerte, varonil, como me encantaba a mí.

— ¿Sabes qué pienso, Billy?

— ¿Qué? — eso lo dije en medio de un suspiro como si estuviera soltando mi último aliento.

— En lo bien que debe saber ahí abajo… su sabor sería como a vainilla o fresa. No lo sé. — relamió sus labios y echó la cabeza hacia atrás. — Quiero poner mi boca ahí hasta que suene como perro tomando agua. — gemí sin control, ya moviendo los dedos con urgencia, siguiendo el ritmo de su respiración pesada que llegaba a mis oídos a través de los audífonos.

— Tom… joder… Tom… — logré hablar entre suspiros. — No digas eso… me vas a volver loco.

— Es que ya estás loco, Billy. Loco por mí, igual que yo por ti. — respondió, y vi cómo su mano libre baja hasta tocarse los huevos con ansias. — Quiero tener mi lengua ahí, justo donde te estás tocando… quiero saborear hasta que no puedas más y te vengas en mi cara.

La imagen mental que me dió mi cabeza lo fue todo, sentí como el calor empieza desde la punta de los dedos, sube por mis piernas y me deja sin aire.

Muevo mis caderas a un ritmo que me permitió llegar al orgasmo con rudeza.

— ¡Agh! ¡Tom! — mi grito se perdió en la habitación vacía mientras me estremecía, poniendo los ojos en blanco. En la pantalla vi a Tom apretar los ojos, soltando un gemido desde lo más profundo de su garganta. Se quedó rígido un par de segundos y luego dejó caer la cabeza contra las baldosas del baño, jadeando, con el pecho subiendo y bajando sin control.

— Maldita sea… — susurró Tom después de un rato, limpiándose la frente con el brazo. — Eres… eres lo más divino que he visto en mi puta vida, Bill.

Yo sonreí, tratando de recuperar el aliento. La vergüenza que normalmente sentiría luego de esto no estaba por ningún lado, solo había una necesidad dolorosa de viajar antes de tiempo para hacer esto realidad.

— No puedo esperar más para verte, Bill. Te necesito aquí o yo allá, no sé, maldición. — tomó la toalla para cubrirse la cintura y llevarme a la habitación. Yo también tomé mi teléfono para llevarlo al baño y orinar en lo que se llena mi tina de agua con sales minerales. — Me gustas mucho.

Mi cuerpo se tensó y fruncí el ceño.

— No bromees con esas cosas.

— ¿Tengo cara de estar bromeando? — veo unos segundos su cara antes de meterme a la bañera y sentarme, soltando un gemido de gusto.

— Tienes cara de idiota.

Tom empezó a reír a carcajadas, logrando hacerme sonreír.

— ¿Yo no te llamo la atención, Billy?

— ¿Me lo preguntas en serio? — arqueo una ceja y luego paso una mano libre por mi rostro, dejando que el agua caliente empezara a relajar mis músculos tensos.

— Para saber.

— Ay, Tom… después de lo que acaba de pasar, ¿de verdad crees que no me llamas la atención? — me acomodé en la tina, hundiendo los hombros en la espuma y mirando fijamente la pantalla donde él se terminaba de secar con una energía tan ruda que me volvía loco. Tom, como respuesta se encogió de hombros. — Si llamas mi atención. — confesé, bajando la voz. — Me gusta tu voz, me gusta cómo piensas, tu actitud y… joder, tienes un cuerpo que… — hice una pausa, mordiéndome el labio— … que me dan ganas de lamer por completo. Así que no, no solo me llamas la atención. Me tienes obsesionado.

Tom guardó silencio un segundo, su sonrisa burlona se transformó en una expresión de satisfacción.
Los ojos le brillaron a través de la cámara.

— Me gusta oír eso, Billy. Porque la obsesión es mutua.

— Perfecto.

— Eso significa que te gusto también. — torpemente y todo sonrojado dejé caer el teléfono al agua, mierda. No reaccioné de inmediato hasta que me doy cuenta de la gravedad del asunto.

Metí la mano en el agua caliente, tanteando desesperadamente entre la espuma hasta que mis dedos dieron con el móvil. Lo saqué de un tirón, goteando sobre mi pecho y recé a todos los dioses habidos y por haber para que la resistencia al agua de este teléfono valiera cada maldito dólar que pagué por él.
La pantalla parpadeó un segundo mostrando la imagen congelada de Tom con una expresión de desconcierto total, antes de que la llamada se cortara abruptamente.

— ¡No! — chillé levantándome de golpe. — ¡No, no, no, no! — sacudí el aparato y trato de sacarlo con la toalla que ví a la mano.

¡Ni siquiera lo acababa de pagar y no podía sacar otro mientras no termine de pagar este!

¡MALDITA SEA!

&

By TOM

.

[@billKchonda se ha desconectado]

— ¿Pero qué…? — fruncí el ceño al ver cómo la llamada se perdía de repente y me dejaba todo frustrado.

¿Qué es lo que había pasado? o mejor dicho, ¿qué es lo que le acabo de decir que se ha enojado?

— Dios, que estúpido. Lo he asustado. — me regañaba a mi mismo deslizando la palma de la mano por mi rostro hasta tocar la visera de la gorra. Con una cara de pocos amigos tomó el dinero de mis ahorros, mis llaves y el móvil para salir de la habitación, escaleras abajo.

— ¿A dónde vas, Tom? — me detuve en la puerta de salida, volteo a ver a mi madre en medio de una sonrisa avergonzada y voy hacia ella para darle un abrazo.

— Voy a salir con Gustav y los chicos.

— Mhmm, bueno. — hizo un mitch con la boca como si no estuviera de acuerdo en que salga tan tarde. — Cuídate, mi niño. Te amo mucho, ¿sí?

— Si mamá, tú también. — le di un besito en la frente, después ella me dió la bendición y finalmente salgo de la casa. El auto de Georg ya estaba esperándome a la salida de mi casa y me monté de un brinco en el convertible antes de que lo ponga en marcha.

Gustav me extendió una cerveza enlatada abierta y la bebí de un solo trago, listo para entrar en honda con los chicos.

— ¿Cómo estás, Tom? ¿Qué dice tu novio? — sonreí agachando la cabeza con pena ante la pregunta de Gustav. — ¿No tendrá una amiguita por ahí que me presente?

— ¡Gustav! — exclamé riendo a carcajadas junto con él y Georg.

— ¿¡Qué!? ¡Tú estás con alguien más grande que tú! ¡Yo también tengo derecho a probar algo así!

— Y yo también. — agregó Georg desde su asiento. — Desde que hablas con Bill te notamos más feliz, más activo aunque no salgas mucho de tu casa solo por hablar con él, ¡olvidando que Gustav y yo somos parte de aquí!

— Somos el culo de Tom.

Yo no podía estar más cagado de la risa.

— Hay que cambiar el nombre del grupo a «el culo de Tom», ¿están de acuerdo? — Gustav sacó su teléfono para teclear un par de cosas con una sonrisa de picardía y no lo entendía hasta que la notificación del grupo de los tres nos puso en conocimiento.

— Listo.

— ¡Si lo hizo! — decía Georg divertido. Yo no dije nada pero mantenía una sonrisa de diversión hasta que llegamos a nuestro destino.
Era un parque donde se centraban la mayoría de los jovenes a pasar el rato en medio de bebidas, carros descapotables con música en los parlantes a todo volumen, mujeres por todos lados y en cualquier otra ocasión hubiera salido corriendo a buscar una con la cual pasar el rato entre bebidas y besos pero hoy no era esa ocasión.

Me estaba reservando para uno que iba a seguir insistiendo hasta que venga a mí o yo a él.

Lo más probable es que él a mí.

— Veo a Tom muy aburrido con nosotros.

— ¿Qué tienes? — solo hice una mueca, eso bastó para que se dieran cuenta de mi pequeño problema. — Oh, ya.

— Debería venir a visitarte.

— No. — niego con la cabeza. — Bill no quiere venir a verme porque tiene algo aquí en Alemania y es… grave si podría decirlo así.

— ¿Que cosa? — preguntaron los dos con curiosidad.

— Bill tiene un hijo aquí. — Gustav sonrió de oreja a oreja mientras que Georg se tornó pensativo.

— ¡Pff, Tom! Si Bill tiene un hijo no sabes cómo debe moverse ese hombre en la cama, cuando se anime y venga a verte no sabes lo rico que te va a menear las caderas. ¡Los maduros siempre son los mejores en la cama! — muerdo mi labio inferior tragando una sonrisa.

Gustav poco hablaba pero cuando hablaba era para dejarse conocer cada cosa nueva en él.

— Ya no hablemos de Bill, por favor. ¡Estamos para divertirnos! ¿Por qué no nos traes unas pollitas para pasar el rato, Tom?

— No siento ganas. — arrimo mi cuerpo en el coche, abriendo otra lata de cerveza.

— Pero yo sí. — cuando me doy cuenta Gustav ya regresaba con tres mujeres guapas, ¿para qué voy a mentir? todas tres tenían un cuerpo lindo. Una de ellas tenía tez pálida como me gustaba a mí y lamentablemente…

No era pelinegra con ojos pintados en tonos negros y grandes.

Eso me frustró.

— Lady es para ti. — Georg con una sonrisa le tomó la mano, antes de darle un beso en la mejilla. — Chantelle para tí. — yo no hice ni siquiera intención de tomarle la mano, solo le sonreí y continué en lo mío. — Y Mónica para mí.

— Hola, guapo. — sonrió la rubia acercándose a mí, yo arqueo ambas cejas haciéndole un espacio a mi lado, sacando el teléfono para ignorarla terriblemente pero Gustav estaba tan pendiente el de eso que me lo arrebató.

— ¡Oye!

— Basta. No está aquí, ¿okay? — hice una mueca de aburrimiento.

— ¿Tienes pareja, guapo?

— No.

— Entonces ¿por qué no nos vamos a divertir por algún lugar, eh?

— Soy gay. — la miro con seriedad.
Chantelle parpadeó un par de veces, procesando la información mientras me miraba de arriba abajo con decepción.

— ¿En serio? — preguntó. — No te creo… tienes toda la pinta de ser un rompecorazones, de los que dejan a las tías llorando en la acera.

— Bueno, lo de rompecorazones sigue en pie. — intervino Gustav, recuperando el habla con una sonrisa burlona mientras me devolvía el teléfono. — Solo que ahora las chicas pueden dormir tranquilas. El problema lo tienen los chicos, especialmente los que viven al otro lado del mundo. — guardé el móvil en el bolsillo, dedicándole una sonrisa de lado a la chica.

— No te lo tomes como algo personal, preciosa. — dije dándole un trago largo a mi lata. — Es que mi tipo es muy específico. Pelinegro, ojos delineados, un poco dramático y con una voz que me hace querer portarme muy, muy mal.

Georg soltó una carcajada y le dio un empujoncito a Mónica para suavizar el ambiente.

— Ya la oyeron, chicas. Nuestro Tom está fuera de servicio pero nosotros dos seguimos disponibles, ¿verdad, Gusti? — las chicas se rieron menos tensas y empezaron a hablar con mis amigos. Yo me quedé ahí, apoyado contra el metal del convertible, mirando hacia el cielo oscuro.

¿Qué estás haciendo, Bill?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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