

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 42
El gatito se restriega en las piernas de un Bill que se encuentra con la mirada fija en cualquier lugar de la sala, con el cabello húmedo y tan solo el albornoz cubriendo su cuerpo.
Luego de ver lo sucedido salí un rato a distraerme con tal de no llorar. Tasha y Georg son unas personas divertidas. De Gustav ya no puedo decir lo mismo porque desde que está con Sara ¡creo que le contagió el mal humor! ahora es más serio, casi no bromea, no habla demás.
¿Qué será?
En fin.
Veo a Bill absorto en su mundo, muy extraño para alguien tan impulsivo y activo como él. No quiero dirigirle la palabra en ningún momento pero la situación lo requería.
— ¿Bill? — llamé por su nombre pero no me hizo caso. Con temor camino hasta posarme delante de él. Sus ojos están llenos de lágrimas y el maquillaje oscuro se cae con ellas porque se había maquillado demás los párpados.
Parecía un mapache.
— Bill. — repito estando de cuclillas, acariciando el gato junto con él. Mi mano y la suya rozaron logrando que me enviara una corriente eléctrica y justo ahí centró su mirada en mí.
— Tom. — susurró entregándome el gatito y poniéndose de pie con rapidez. Yo me senté donde estaba él para continuar dando mimos al gato que empezaba a ronronear moviendo su cola. — ¿A qué hora llegaste? no te escuché.
— Hace unos minutos, no fue mucho.
— Bueno.
— Uhm… ¿en qué piensas, Bill?
— En nada, cielo. Solo estoy triste.
— Entiendo.
«¿Cómo no? Si mañana ya se iba y lo supe por Tasha, más no por su boca.»
— Sí, pero dime… ¿qué pasa?
— Los chicos te invitaron a una fiesta de despedida. Es en la casa de Georg, me imagino que Tasha te va a mandar la ubicación por mensaje. — Bill suspiró, y ese sonido pareció arrastrar el poco ánimo que le quedaba. Se pasó el dorso de la mano por la mejilla, manchando la manga del albornoz sin querer. Luego aprieta la tela del mismo contra su cuerpo, como si tuviera frío a pesar de que la calefacción estaba encendida.
— Una fiesta de despedida… — repitió en un susurro amargo, mirando a la nada. — Qué irónico. Celebrar que me voy a un lugar con alguien que… — y se calló de golpe, mordiéndose el labio inferior.
— ¿Que qué? — arqueo una ceja.
— ¿Tú vas a ir, Tom? — preguntó cambiando de tema, con la voz temblorosa.
— Pues sí.
— Entonces no puedo ir. A Nick no le gusta que yo vaya a…
— ¿Que a Nick qué?
— No le gustaría que yo vaya… — repitió.
— ¿Disculpa? — abrí la boca demás. — ¿Te estás oyendo?
— Sí, es que ahora que vamos a vivir juntos debo empezar a cuidar mi imagen como su pareja. Ya no soy un adolescente como antes… debo… debo madurar. — Bill se abrazó a sí mismo, hundiendo los dedos en la felpa del albornoz y me dió la espalda.
¿Qué mierda estaba escuchando?
— Nick te succionó las neuronas mientras te follaba ¿o qué? — dejé que el gatito se escapara de mis piernas para levantarme a encarar a Bill. Hice que obligatoriamente se diera vuelta para que me vea enojado. — ¡No puedes estar hablando en serio!
— Tom…
— Cállate, mierda. — puse mi dedo índice sobre sus labios y las mejillas de Bill se enrojecieron. — Vas a ir a esa maldita fiesta, ¿okay? — Bill asintió con la cabeza y luego sin tanto rodeo me abrazó.
Lo sentía como asustado…
«¿Qué te está pasando, Bill?»
&
— Listo. — sonreí acomodando la gorra en mi cabeza con una sonrisa. — Te ves divino, bello, hermoso, rompe calzones… de todo, Tom. — me subo el ánimo sin dejar de verme al espejo.
¿Por qué cuando uno se baña se ve más bello?
Uff.
Pero yo me pasaba de bello.
Para la ocasión elegí una camisa negra con un estampado color azul con brillantes, pantalones oscuros y la gorra de por ley oscura. Mis rastas se acomodan perfectas luego de sufrir como tres horas tratando de secarlas, pero nada, las adoraba.
Observo el reloj de mi teléfono fijandome que solo falta media hora para que inicie la fiesta y me apresuré en ir a buscar a Bill.
Detrás de su puerta se oyen algunos murmullos que por instinto me hacen apegar la oreja en la madera.
«Después de esto juro que voy a dejar de ser metiche.»
—…no quiero que vayas a esa puta fiesta, Bill. ¿Es que acaso olvidas como eres?
— ¿Y cómo soy según tú, Nick?
— ¡Eres regalado! no confío en tí.
— Entonces ven conmigo, yo no haré nada. En serio…
— ¡Qué no, Bill! ¡y ya he dicho que te saques esa ropa y te metas a la cama, ahora! — se oyó un golpe seco que me hace entrar pronto a la habitación.
— ¿Qué carajos está pasando aquí? — pregunté cabreado observando a Nick, que está con el rostro desencajado por una rabia que nunca le había visto, y a un Bill contra la pared, con una mano en la mejilla y los ojos desorbitados. El golpe seco había sido Nick estrellando su puño contra la madera del armario, a centímetros de la cara de Bill, pero el miedo que emanaba el pelinegro era como si le hubieran dado dónde se está cubriendo.
Nick se giró lentamente. Sus ojos se entrecerraron al verme listo para salir. — ¡Incluso van combinados!
Observé a Bill de pies a cabeza. Lleva un buso de cuero que se adhiere riquísimo a su torso, una cadena de plata, un pantalón azul eléctrico con tirantes, zapatos de tacón negros y un chaleco de lana que va más abajo de sus rodillas.
Se veía hermosísimo y Nick más cabreado solo porque mi camisa tenía casi los mismos tonos de azul.
— ¿Y qué?
— Tom, esto es un asunto privado entre Bill y yo. Vete a tu cuarto ¡o a dónde sea que te vayas pero sin Bill!
— Oh, lo siento tanto. — caminé directo hacia Bill, ignorando la mirada asesina de Nick y lo tomé de la mano. Estaba helado pero no fue motivo de interrupción para que empezáramos a caminar ignorando a ese loco. — Él va a venir conmigo quieras o no.
— Bill, no te atrevas. — le jaloneó la mano haciendo que Bill gimiera de dolor.
— No eres su dueño, Nick. — amenacé con el dedo índice de mi mano libre.
— ¡No me importa, tú déjalo! ¿¡qué creen que soy estúpido!? ¡lo de la tal fiesta de despedida es solo excusa para estar solos y revolcarse! porque Bill es una maldita puta. — Bill aflojó mi agarre de su mano para levantarla y estrellarla en el rostro de Nick con furia.
— ¡Cállate, imbécil!
Me empecé a reír con satisfacción en la cara de ese loco pero dejo de hacerlo cuando ese mismo loco intenta devolverle y Bill se esconde detrás de mí cuerpo. La mano de Nick se detuvo en el aire ¡y yo me enojé más de lo que estaba!
— ¿Acaso tú…? ¿es lo que creo que pienso?
— ¡Quítate! — me gritó. — ¡O te juro que…! — ahora el golpe que recibió fue mi puño en toda su nariz, haciendo que sangrara.
— ¿¡QUÉ!? ¿¡QUÉ ME VAS A HACER, EH!? ¡IMBÉCIL! — Nick cae al suelo mirándome con los ojos muy abiertos, desconcertado por mi reacción impulsiva pero no se quedó así.
¡Se lanzó sobre mí para iniciar una pelea!
— ¡Oh, por dios! ¡Nick no lo hagas! — ambos nos golpeamos feo, como un par de machos heridos en el orgullo. Me sentía ligero porque sabía que en cualquier momento iba a pasar ¡Y YA LLEGÓ! — ¡TOM, ES TÚ PAPÁ!
— ¡ME IMPORTA UNA MIERDA! — grité estrellando otro puño en su nariz.
A cambio recibo otro en el abdomen y flaqueo con dolor porque se me escapó el aire.
— ¡NICK, BASTA!
— ¡NO, ZORRA! ¡ESTOY PELEANDO CON ESTE IMBÉCIL COMO UN HOMBRE POR TU CULPA!
— ¡NO, JODER! — Bill se lanzó sobre Nick ahora que el estaba encima de mí golpeándome en el rostro. Veo como Bill le jalonea el cabello en el proceso, le da puños y de ser posible hasta patadas. — ¡BASTA! ¡DÉJALO! ¡NOOO!
A ninguno le importó porque no nos detenemos hasta que los tres estuvimos exhaustos y nos dejamos caer al suelo, jadeando y tratando de controlar la respiración.
Bill sollozaba en todo momento un «Dios mío, es mi culpa».
Pero no era su culpa.
Tomé la iniciativa de ponerme de pie jalando su mano sudorosa—porque ya no quería oírlo llorar—y recojo la gorra que había volado lejos.
— Vamos.
— No vayas. — insistió.
— Silencio, Nick. — pedí con fastidio retomando la caminata ¡y el muy desgraciado nos estaba siguiendo!
— ¡Bill! — gritó más fuerte. — ¡Qué no vayas! — Bill levantó la vista, miró a Nick y luego me miró a mí. Su rostro triste cambió de inmediato dándole paso a uno rebelde.
— Me voy, Nick. Jódete. — cuando cruzamos el umbral de la puerta principal, Nick nos gritaba desde el interior algunas maldiciones, pero no me detuve hasta que Bill estuvo dentro del Cadillac junto a mí y lo puse a andar hasta la casa de Georg.
&
Otra vez me duele la puta mano pero no se siente tanto el dolor porque estaba borracho hasta las patas.
— No puedo creer que te hayas peleado con el profe, Tom. — Georg me miraba igual o peor de borracho. — ¿¡Por qué lo hiciste!?
— No sé, Georg. No sé… pero pienso en que Bill no debería irse con ese imbécil, ¡lo trata mal! ¡yo no le haría eso! ¡yo lo cuidaría con mi vida porque lo amo, Georg! ¡lo amo! — mi vista se dirigió hacia Bill que está sentado en la barra de la cocina, con la cabeza escondida entre sus brazos mientras Tasha le acaricia la espalda.
— A veces prefieren esos estúpidos que los tratan mal y no a los que les dan amor.
— No, yo… yo… Georg. — me tapé el rostro con la mano para empezar a llorar como un crío. Mi amigo me abraza y Gustav también aunque no estuviera tan borracho como nosotros. — Mierda, no…
— Tom, no llores. Qué si lloras, también lloro yo.
— ¡Es que no se puede ir! — balbuceé, limpiándome las lágrimas con mi camiseta. — Tú no viste cómo lo tenía… lo tenía contra la pared… ¡Casi le pega! y Bill… Bill se hacía chiquito. ¿Cómo va a vivir con alguien así?
Georg me apretó más fuerte contra su hombro.
— ¡Entonces ve! — alentó Gustav señalando en su dirección. — ¡Fájate esos pantalones y dile que lo amas, que no se vaya! ¡ruégale y si es posible secuéstrale! ¡corta de raíz esos malos tratos con ese imbécil porque la puede pasar muy mal! queremos mucho a Bill y Nick no lo merece. ¡Bill es tu novio!
— Y mi papá. — agregué con molestia.
— ¡Ya sabemos, Tasha nos dijo! ¡pero tú anda! ¡anda y evita que se desgracie la vida!
Me solté del abrazo de mis amigos, tambaleándome un poco. Mis ojos nublados por el llanto enfocaron a Bill en la barra. Se veía tan frágil y tan pequeño a pesar de lo imponente que se veía usualmente.
Verlo así me rompió lo poco que me quedaba de cordura.
Caminé hacia él, apartando a la gente invitada que bailaba. Tasha me vio venir y se hizo a un lado, dándome espacio y le agradecí infinitamente.
Pero en mi cabeza.
— Bill… — susurré, llegando a su lado y sentarme.
Él levantó la cabeza. Tenía los ojos hinchados, el maquillaje ahora sí completamente arruinado por el llanto de la pelea y el de la fiesta. Por abajo de todas esas capaz se veía un morado que me puso a temblar.
Creo que Nick si le había pegado.
— Tom, tu cara… tienes un corte en el labio. — murmuró estirando su mano para acariciarme la mejilla con una delicadeza que me hizo cerrar los ojos. — Perdóname. Todo esto es por mi culpa. Debería haberme quedado, debería haberle hecho caso… mañana puede ser peor.
— ¡No digas estupideces! — le grité bajito, agarrándole la mano y apretándola contra mi pecho, justo donde mi corazón latía desbocado. — Luego de lo que ví… creo y estoy seguro que él no te ama, Bill. Él te quiere poseer. Yo… yo te amo de verdad. Me importa una mierda si somos familia, si es pecado o si el mundo se acaba mañana. ¡Solo te amo!
— Tom, pero soy tu papá.
— No me importa… quiero ser tuyo.
— Carajo, ¡soy mayor que tú!
— Quiero ser tuyo. — repetí.
— ¿Qué va a pasar cuando decidas explorar el mundo y no quieras nada conmigo?
— Solo quiero ser tuyo, tuyo, tuyo, ¡tuyo, maldición!
— Tom. — sollozó llorando junto conmigo. — No me hagas esto.
— Bill, solo quiero eso. ¡Quiero ser todo para ti, tú tomas las decisiones, se hará lo que tú digas pero solo quiero ser tuyo! ¡porque lo que siento es real! ¡TE AMO!
Continúa…
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