
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 37
Acaricio las rastas largas de Tom sin dejar de ver su rostro.
Luego de que llegamos a casa mis padres estuvieron consintiéndolo un rato a pesar de que Tom respondía mal. Nick y yo nos quedamos afuera de la habitación oyendo para no interrumpir aquel momento y hablamos muy poco. La cena que teníamos planeada se pospuso para otra ocasión. Una dónde Tom se encontrara mejor y en dado caso de que las diferencias entre ambos se aclaren… podamos compartir entre los tres un rato ameno.
Tom no puede llevarse mal con Nick toda la vida. En algún momento va a tener que hacerse a la idea de que es su papá y que entre él y yo no va a pasar nada más.
Sus amigos mandaron un bonito detalle con un mensaje de pronta recuperación ya que por la universidad no pudieron venir a verlo, pero era lindo que estuvieran presentes en algo ¿no?
En fin.
¿Cómo llegué a estar en la habitación de Tom con su cabeza recostada en mis piernas?
Pues luego de quedarnos solos decidí hacerle unos fideos instantáneos de pollo para que no se durmiera con el estómago vacío y el muy desgraciado me obligó a darle de comer en la boca como un nene pequeño.
No me negué para evitar una discusión entre los dos pero fue divertido hacerle la del avioncito.
Para la última cucharada de sus fideos me lanzó la de «hubiera sido bonito que compartieras estos momentos conmigo cuando estaba pequeño. Habrías sido un buen padre.»
Uh, con eso me mató.
Finalmente para tenerme atrapado entre sus cobijas me pidió que lo cuidara toda la noche, que le dolía mucho el bracito y aquí estaba.
Tom suspira profundamente, acomodando su mejilla contra mis muslos, despertando poco a poco.
— Oh, mierda. La universidad… — susurra con sueño y sin moverse.
— Está bien, no vas a ir. Nick va a justificar tu falta, ¿de acuerdo?
— Mhmm. — me acaricia la pierna desnuda de arriba abajo con su mano buena. Me anoté a mi mismo en la cabeza el no volver a usar shorts cuando tenga a Tom así de cerca. — Lamento tanto haber arruinado su salida, Bill. En serio.
— Está bien, no pasa nada… — mordí mi labio inferior con nervios puesto que la mano de Tom estaba muy cerca de mi trasero, a punto de tocarlo.
Me remuevo en la cama y accidentalmente aprieto mi sexo que empieza a palpitar deseoso por el mínimo contacto de su piel contra la mía.
Era una tortura.
— Creo que… debo ir a mi habitación. — empujé suave la cabeza de Tom para poder levantarme. El rastafari suelta un bufido y se despereza el cuerpo, teniendo cuidado de no mover tanto su muñeca.
Salí tratando de verme tranquilo cuando en realidad el pulso lo tenía descontrolado. Entré a la habitación principal para ir corriendo hasta la mesita de noche a buscar mi dildo, mismo que había comprado ayer para complacerme luego de pensar que nunca volvería a ser tocado por un hombre y que mi deseo tenía que ser apagado por cualquier cosa que no fuera el responsable.
¡Y no estaba ahí!
Entonces empiezo a buscarlo apresuradamente en toda la cama, tirando las cobijas al suelo y nada. De pronto algo que me enojó se prendió en mi cabeza pensando en el momento que encontré a Tom en mi habitación… este pudo haberlo agarrado y escondido en cualquier lugar.
Me levanté de un salto de la cama, yendo a su habitación para reclamarle.
— ¡Tom! — grité dando un golpe en la puerta luego de abrirla. El rastafari se encontraba a medio desvestir y por la toalla que tenía a su lado deduje que era para bañarse.
— ¿Qué? — arquea una ceja. Juro que se me olvidó a lo que venía por ver su pectoral desnudo y gran parte de esa «v» que yo ya había visto muchas veces me hace relamer los labios. Mi boca se secó y apreté mis piernas, sintiendo pulsar mi sexo otra vez. — ¿Qué? — repitió chasqueando sus dedos en frente de mí.
Me sobresalté porque no supe en qué momento llegó hasta donde estaba yo.
— Y-yo… yo tenía un… algo en mi habitación ayer. Justo lo terminaba de usar y ahora que lo estoy buscando para limpiarlo… desapareció. Estoy seguro que lo tienes tú… entrégamelo. — extendí la mano derecha, mostrando la palma y moví mis dedos para que se apurara si en verdad lo tenía él.
Tom sonrió con maldad.
Camina hasta un cajón para buscar entre sus cosas y del interior de ese maldito cajón sacó a MI lilito.
— ¿Hablas de esto, Billy? — tragué saliva cuando lo pasó delante de su naríz. Tom inhala ese aroma que dejé luego de usarlo y jadeo, sintiendo más calor de lo normal.
¡Pero qué descuidado fui!
— ¡Dámelo! — me acerco hacia Tom con pasos largos e intento quitárselo pero lo mete de inmediato entre sus boxers. Yo abrí la boca de par en par, incapaz de meter mis manos una vez más en él para sacar mi precioso dildo de esa tela.
— Tom. — hice un puchero de frustración. Me pasé la mano por el cabello y coloqué una mano en la cintura. — Joder, no debiste tomarlo. Eso es mío.
— Y yo no entiendo por qué decidiste usarlo cuando estoy yo.
— Dámelo… — insistí.
— Cógelo… — señaló sus boxers. — Y mi pene también. — miré fijamente sus boxers, donde mi juguete se veía divino bajo la tela oscura y no estoy hablando precisamente de aquel objeto inerte.
— Eres un atrevido, Tom. — susurré, aunque mi voz no tenía ni un rastro de seriedad. Estaba ronca, excitada…
— ¿Soy un atrevido por querer que me toques, Bill? — dio un paso hacia mí, acortando la distancia hasta que pude sentir el calor de su piel. — ¿O soy un atrevido porque sé perfectamente que te mueres por meter la mano ahí dentro?
No respondí.
— Cógelo. — repitió bajando el tono de voz. — No vas a tocar nada más que el dildo, Bill.
Mis dedos temblaron.
El una parte me gritaba que diera media vuelta y cerrara la puerta, pero la humedad entre mis piernas era una orden superior. Di un paso al frente, con la palma de la mano sudorosa, y la acerqué lentamente al elástico de su ropa interior. Justo cuando mis nudillos rozaron la tela, unos toques fuertes en la puerta nos hizo sobresaltar.
— Oh, mierda. — murmura Tom al ver que doy media vuelta para bajar corriendo y atender a aquella persona que consideré mi salvador antes de cometer una locura.
Era Nick con una sonrisa de oreja a oreja con un sobre de papel amarillo entre las manos.
— Hola, Bill. — sonrió de lado. — ¿Cómo está Tom?
Oh, mierda. La excitación me hizo verlo extremadamente guapo.
— Aquí traje la…
— Nick… — jadeé interrumpiendo sus palabras y cerrando la puerta tras de él cuando ya lo dejé entrar. Él ni siquiera tuvo tiempo de terminar su frase cuando lo tomé de las solapas de su chaqueta ~ignorando por completo el papel que sostenía~ y lo atraje hacia mí con una fuerza que lo tomó por sorpresa para besarlo.
Nick soltó un gemido sorpresa que pronto se perdió en mi boca. Dejó caer el sobre al suelo sin importancia, y rodeó mi cintura con sus brazos firmes, pegándome a su cuerpo. Su lengua invadía mi boca igual o mejor que hace muchos años.
— Bill… — logró articular entre besos, con la respiración entrecortada. — Pensé que…
— Cállate y llévame arriba. — susurré mordiendo el lóbulo de su oreja mientras mis manos bajaban con desespero a su correa. — Por favor. — Nick no necesitó que se lo repitiera. Me cargó entre sus brazos, y mientras subíamos las escaleras, no pude evitar mirar de reojo la puerta entreabierta de Tom. Sabía que él estaba ahí, escuchando, rabiando o quizás viendo cómo el hombre que él despreciaba se llevaba lo que tanto ansiaba a la cama.
.
By TOM
Cada día el odio que siento por Nick crece.
Recuerdo muy bien como lo tenía abierto a cuatro patas con la cabeza enterrada en medio del culo haciéndole un oral. A pesar de que Bill intentaba callar sus gemidos mordiéndose el labio inferior o cubriéndose el rostro con la almohada para que yo no los escuche no sirvió de nada.
Porque los había estado observando.
Él se deleitaba con el sabor de Bill. Profanaba con su sucia polla la intimidad de Bill que a mí me encantaba disfrutar y pensaba fielmente que sería mío.
Quizás no era el primer hombre en su vida pero antes de todo me propuse ser el último en todo y Nick Trümper no va a evitar eso.
Bill se había percatado de que lo estaba viendo pero como no tenía decencia alguna, le valió. Es más, parecía encantado con mi presencia sin que él imbécil de su amante supiera.
De nada me sirvió la estúpida caída porque de todas formas Nick estaba rodeándolo cerca.
¿Qué debía hacer?
— Tom. — la voz de Bill al otro lado de la puerta me hace salir de mis pensamientos. El pelinegro dió tres toques suaves en la puerta antes de entrar con tan solo un albornoz cubriéndolo. Se abraza así mismo con la mirada incapaz de sostenerla en mí.
Era un cobarde.
— ¿Sí?
— Jörg y Charlotte están abajo, quieren verte.
— Está bien. Diles que ya voy, por favor. — Bill asintió pero no se movió.
— ¿Qué quieres, Bill?
— Disculparme.
— ¿De qué?
— Tom… — hizo una pausa. Levantó la mirada hacia mí finalmente para verme con el rostro sonrojada, lleno de vergüenza. En cambio yo arqueo una ceja. — Sé que lo viste, sé que escuchaste y… eso…
— Ah… — sonreí luego de pasear mi lengua por el labio inferior. Me detengo a jugar con la perforación en lo que me pongo de pie para caminar hasta estar cerca de él. — …eso.
— Ujum.
— Ah… ¿y no pensaste en mí mientras lo sentías adentro?
Bill no respondió.
— ¿Qué sentiste al verme? — acerqué mi cuerpo lo suficiente como para invadir su espacio personal, obligándolo a retroceder hasta que sus talones chocaron con el marco de la puerta. Se había puesto nervioso. — ¿Mhmm? y no vayas a mentirme porque yo vi cómo te excitabas más cuando nuestras miradas se cruzaban… como si cada embestida de ese imbécil fueran mías. — Bill soltó un suspiro tembloroso. — Estabas pensando en mí mientras follabas con él.
— Tom, cállate… — murmuró apretando los ojos. — Él es… él es tu padre. No debiste haber mirado y yo debí haber tenido más cuidado.
— Pero no lo tuviste.
— No voy a seguir hablando de esto contigo, Tom. Si quieres me disculpas, si no pues ni modo. Solo quiero llevar la fiesta en paz. — dió media vuelta y salió de la habitación. Yo lo seguí atrás en silencio a pasos lentos hasta estar de frente con mis… ¿papás? ¿abuelos?
— Tom. — sonrió Charlotte tratando de darme un abrazo, siendo lo más cuidadosa posible.
Jörg me dió un toque en la nuca y con eso bastaba.
— ¿Qué hacen aquí, eh?
— Eh…
— Yo los llamé. — intervino Bill desde la cocina, con una copa de vino en manos.
Qué ganas de darle un manotazo en la cara para que deje de beber a cada rato.
Me da cólera que no pasara sobrio mucho tiempo.
— ¿Se puede saber para qué?
Bill suspira y da un bocado enorme a su bebida. — Nick se va a ir a los Estados Unidos en unos días porque le salió trabajo de intercambio. Entonces me voy a ir con él y si los llamé es porque quiero que lo sepan. No quisiera que se considere abandono por ir a rehacer mi vida con el hombre que siempre he querido.
A mis papás les dió igual, a mi no.
Me dolió la noticia aunque no lo haya demostrado.
— Bueno. — murmura Jörg dándome un par de palmadas en el hombro. — Vamos a casa, Tom. No tienes nada más que hacer aquí. — quité la mano de aquel hombre mayor de un movimiento enojado. Observo a Bill con la mirada seria pero dolida a la vez.
— Te vas… ¿así de fácil? — Bill bajó la mirada, apretando la copa entre sus manos.
No me miraba, y eso me enfurecía más.
— Eres un cobarde… un maldito cobarde, un egoísta, ¡un imbécil que solo piensa en lo mejor para él!
— Tom, es lo mejor… Nick dice que me ama y yo…
— ¡No, Bill! ¡No! — interrumpí colérico. — ¡Tú no lo amas a él!
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 😉